«Rebelaos contra todos. No hay nada o casi nada bueno. Rebelaos contra todos. No hay nadie o casi nadie justo. Jóvenes bárbaros de hoy, entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura. Destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevarlas a la categoría de madres para virilizar la especie. No os detengáis ni ante los sepulcros ni ante los altares. No hay nada sagrado en la tierra. El pueblo es esclavo de la iglesia. Hay que destruir la iglesia. Luchad, matad, morid.»
Tras estas palabras y otras similares de dirigentes políticos de la República, la Iglesia, en el Boletín Oficial de la diócesis del 18 de abril de 1931, publicó lo siguiente:
Primero, no mezclarse en contiendas políticas, a tenor de los sagrados cánones.
Segundo, en cuanto a la predicación, eviten las alusiones directas o indirectas al estado actual de las cosas.
Tercero, guarden con las autoridades seculares todos los respetos debidos y colaboren con ellas por los motivos que les son propios.
