Asi fue la histórica jornada del 1 de octubre de 1975
El multitudinario acto de la Plaza de Oriente y el último gran respaldo popular al régimen de Franco frente a la presión internacional y el terrorismo.
Bajo los gritos de “España unida, jamás será vencida”, “No queremos apertura, solamente mano dura”, “ETA al paredón” y “¡Muera el comunismo!”, varios cientos de miles de personas, que Televisión Española calcula en un millón, se reúnen en la plaza de Oriente para oponerse a la campaña internacional desatada contra el Régimen español.
Horas antes, grupos de manifestantes, con banderas y pancartas alusivas a los Gobiernos italiano, portugués y francés, han roto los escaparates del Credit Lyonnais y de las oficinas de las aerolíneas de México.
El ambiente es tenso porque entre nueve y nueve y media de la mañana son asesinados en Madrid tres policías que cumplían su servicio en agencias urbanas bancarias y otro resulta gravemente herido.
Poco después de las doce y media hace su aparición en el balcón Franco, acompañado de los Príncipes de España. Durante cuatro minutos y medio, Franco, que en algunos momentos irrumpe en sollozos, se dirige a los manifestantes:
“Españoles: gracias por vuestra viril adhesión y por esta serena y digna manifestación pública que me ofrecéis en desagravio a las acciones de que han sido objeto nuestras representaciones y establecimientos españoles en Europa, que nos demuestran una vez más lo que podemos esperar de determinados países corrompidos, que aclara perfectamente su política constante contra nuestros intereses.
No es la más importante, aunque se presenta en su apariencia, el asalto y destrucción de nuestra Embajada en Portugal, realizada en un estado de anarquía y de caos en que se debate la nación hermana y que nadie más interesado que nosotros en que pueda ser restablecido en ella el orden y la autoridad.
Todo obedece a una conspiración masónica-izquierdista en la clase política, con contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social, que si a nosotros nos honra, a ellos les envilece.
Estas manifestaciones demuestran, por otra parte, que el pueblo español no es un pueblo muerto, al que se le puede engañar; está despierto, vela sus razones y confía que la valía de las fuerzas guardadoras del orden público y suprema garantía de la unidad de las fuerzas de Tierra, Mar y Aire, respaldando la voluntad de la Nación, permitan al pueblo español descansar tranquilo.
Evidentemente, el ser español vuelve a ser hoy una cosa seria en el mundo. ¡Arriba España!”
En cinco ocasiones se cantó el “Cara al Sol”, y en una de ellas, Franco da los gritos de ritual.
El Príncipe guarda silencio y le abraza el Jefe del Estado cuando éste, visiblemente emocionado, se retira del balcón principal de la plaza de Oriente. Se producen los gritos de “Viva Franco”, “Viva España”, “Príncipe, Príncipe”, “Arias, Arias”, etcétera. Al tiempo que se entonan los slogans “ETA al paredón”, “Ni FRAP ni ETA, España es nuestra meta”.
Durante toda la tarde pequeños grupos de manifestantes se dirigen hacia varias Embajadas europeas, entre ellas la británica, la italiana y la portuguesa, para expresar su protesta por la situación.
El grupo más numeroso se concentra poco después del mediodía frente a la Embajada de Portugal, en el paseo de la Castellana, en Madrid. Frente a la Embajada, un fuerte contingente de policías armadas, con cascos, metralletas y fusiles lanzagranadas, disuelven cualquier acto de violencia. Los jeeps rodean casi totalmente el edificio y la circulación en los momentos de mayor agobio es desviada por otras calles. Se reproducen los gritos y se canta en repetidas ocasiones el “Cara al Sol”, pero en ningún momento se producen escenas de violencia.
Puede decirse que casi la totalidad de los embajadores europeos en Madrid ha abandonado la capital española. En algunas cancillerías europeas se insiste en que por ahora sus titulares diplomáticos no tienen previsto volver a Madrid.
Representantes diplomáticos de los nueve países de la Comunidad Económica Europea no asisten a la recepción del Jefe del Estado en el Palacio de Oriente, con ocasión del 39 aniversario de su exaltación a la Jefatura del Estado.
Mientras tanto, la Comisión Ejecutiva europea, el órgano administrativo del Mercado Común, que preside el señor Ortoli, aprueba una decisión que se presentará ante el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores del lunes y donde se recomienda la suspensión de las actuales negociaciones con España que venían celebrándose para preparar un nuevo acuerdo preferencial entre el Mercado Común y Madrid.
Por cuarenta y ocho horas, numerosos países europeos declaran el boicot de comunicaciones y transportes a España.
El capitán general de Cataluña, Salvador Bañuls, afirma que “las Fuerzas Armadas están a las órdenes de Franco, y os garantizo que no tenemos dudas sobre nuestra misión ni temores por cumplirla. Queremos la paz y el orden, pero estamos preparados para repeler cualquier tipo de agresión”.
El Gobierno Arias, combatido durante año y medio por la extrema derecha, que le acusa de poner en marcha un programa de reformas que puede terminar con el Régimen, es vitoreado y aclamado en la calle por los mismos manifestantes que en numerosas ocasiones han pedido su dimisión.
En el extranjero, los periódicos no dudan en afirmar que la situación española es de guerra civil por parte de los grupos extremistas.
