CONOCIDÍSIMA es su aportación literaria a la letra del Cara al Sol. Hay, por lo menos, cuatro o cinco versiones diferentes -de Bravo (relato de Ridruejo), de Foxá, de Miquelarena, del Marqués de Bolarque y de Tellería, el autor de la música-. Todos, variando en detalles accesorios y de aportación personal a la genial canción, coinciden en que gran parte de ella es de José Antonio. Bolarque dice (»Por un angosto agujero entra escasa luz, que alumbra el cuadro. Brillan intactos, blancos, salientes, apretados, con feroz expresión de rabia agónica, los dientes de una momia; a pedazos, desgarrado, pendiente, cuelga el cuero cabelludo de otra. Una niña, vestida con un trajecillo que le llega a las rodillas, cruzados los brazos beatamente, reposa en pie en un rincón. En su cara intacta se lee la resignación fervorosa e ingenua…»): «Conviene restablecer la verdad y decir, porque es de justicia, que Cara al Sol es exclusivamente obra de José Antonio. Si bien es verdad que todos en él pusimos nuestras manos, no es menos cierto que la mayor parte de los versos son de José Antonio y que los que no son suyos fueron incorporados por él al himno después de rechazar otros muchos. Hasta aquí impuso su autoridad de Jefe y su cuidado por la Falange.»
Esto es lo evidente, aunque los detalles de la composición varían en las versiones.
Hay un detalle que nadie ha contado. Sobre la música de Tellería se hizo un «monstruo». Y también en la confección de éste intervino José Antonio. Alguna vez le he oído cantar el primer verso del «monstruo», que decía:
«A-gustín Foxá con las Cañó-ongo…»,
aludiendo a la amistad del gran poeta con Margarita y Dolores Pedroso. Ignoro si la sugestión de hacer un himno para la Falange es de Bravo a la salida del mitin del 17 de noviembre. Lo que sé es que una tarde, saliendo con José Antonio del Centro de Santo Domingo, me dijo:
-Te vas a tener que encargar de hacer la letra de un himno para la Falange.
-¿Yo? -le pregunté, asombrado-. Yo no soy poeta.
-No ser poeta está reñido con ser falangista.
-Otros camaradas lo pueden hacer mejor… José María Alfaro, por ejemplo…
-En José María había pensado desde el primer momento y él tiene la orden de hacerlo. Pero está atravesando una crisis de vagancia y no tiene tiempo ni de hacer versos… Ya sé que tú no lo harás tan bien como José María, que es el mejor de nuestros poetas, pero es preciso hacer la canción para los escuadristas.
-Y la música, ¿está hecha?
-Sí. Es de Tellería y creo que está muy bien.
-Dámela.
-Me parece que también está sin escribir. ¿Por qué serán tan holgazanes los artistas? En fin, yo se la pediré a Telleria, y ya hablaremos.
-Habla antes con Alfaro y que escriba él la letra. A mí no me saldría. No volvimos a hablar del asunto hasta un mes más tarde.
Estábamos en casa de Marichu Mora; con ella, Rafael Sánchez Mazas, Luis Escobar y yo. Llegó José Antonio con Agustín Foxá. Venía radiante. En la mano traía arrollado el himno autógrafo de Tellería, con la letra magnífica recién nacida.
-Ya tiene himno la Falange. Pero no un himno cualquiera como el de la J.A.P. Una canción de guerra y amor.
-¿Por fin se ha sacudido Alfaro la pereza? -le pregunté.
-He sacudido la pereza de todos -contestó José Antonio-. Escuchad.
Y con muy mediana entonación nos dio a conocer la letra -no la música, ciertamente- del Cara al Sol (El oído musical de José Antonio era muy mediano. Y tampoco era muy aficionado a la música. «Una sinfonía es para mí un laberinto en que me he perdido a los cinco minutos», le oí decir en alguna ocasión.).
-¿Qué os parece?
-La letra, estupenda. La música no se puede juzgar en esa versión sonora. Déjamelo que me lo lleve a casa para copiarlo y aprenderlo.
-¿Sabes música?
-Sí.
-¿Tocas el piano?
-Sí.
-Magnífico. Alquilaremos uno, lo llevaremos al Centro y se lo enseñarás a los chicos. Toma el himno. Pero mañana me lo devuelves, si no quieres que se te dé ricino. Bastante tiempo hemos estado sin él. No es cosa que ahora que está hecho vaya a perderse.
-Mañana sin falta lo tendrás.
Me lo llevé a casa. No tenía papel pautado para copiarlo, pero lo ensayé en el piano. Por la mañana compré un cuaderno en la Unión Musical y dediqué las horas de trabajo en el Ministerio a copiar el original de Tellería. A la una y media se lo pude llevar a José Antonio, que volvió a decirme: «Tienes que aprenderlo bien para que lo canten los muchachos.» Como ya lo tenía en el oído, se lo canté a Mateo, a Cadenas y algunos otros camaradas.
(En la versión de la creación del himno de Falange, dada por Ridruejo a Bravo, se afirma que el himno pudo perderse, de no haber sido porque la camarada Angelita Ridruejo guardaba una copia del original regalada por Pilar Primo de Rivera. He de hacer constar que al estallar el Movimiento Nacional existía una edición de 20.000 ejemplares grabada clandestinamente en Madrid y que había empezado a repartirse en los primeros días de julio. Los gastos de esta edición los costeó el gran recitador José González Marín, y se ocuparon de hacerla y repartirla -con autorización expresa de José Antonio- los camaradas Aurora Jauffret, la Goya y Tomás Borrás. Se había intentado por Cadenas hacer el disco, pero la casa Ureña, de Madrid, no se atrevió a lanzarlo -después de impresionado- en pleno Frente Popular. Cadenas, que amenazado de muerte tuvo que marchar de Madrid a Fuenterrabía, estaba en tratos con una casa francesa al estallar el Movimiento. Unos ejemplares de la edición primera, que yo tenía, se difundieron rápidamente por Mallorca. Y por las radios de todas las ciudades adictas se oyó, mejor o peor cantado, el Cara al Sol desde los primeros días. En Palma, donde yo me encontraba, se cantó a las nueve de la mañana del glorioso domingo 19 de julio) (José Antonio, entusiasmado con la Canción de guerra y de amor de la Falange, nunca llegó a cantarla bien, pues no tenía un gran oído para la música. Tampoco pudo oírla, como los camaradas que le sobrevivieron, en ocasiones solemnes o populares, acompañada por tambores y trompetas o subrayada por el fragor de los cañonazos en el frente o en su tremenda audición en el mar cuando el hundimiento del «Baleares». El camarada Francisco Valencoso López, de la vieja guardia de Quintanar del Rey, refirió el 24 de octubre de 1961, en Arriba, la ocasión en que los falangistas de su pueblo aprendieron -en presencia de José Antonio- la hermosa canción; -Fue el 29 de diciembre de 1935. José Antonio había acudido para celebrar uno de esos mítines campesinos que tanto le gustaban. En una modesta posada se reunieron los camaradas de Madrid, Quintanar del Rey, Cuenca, Albacete y Mota del Cuervo en una comida de hermandad a base de platos típicos, entre otros un gazpacho manchego que le gustó mucho a José Antonio, quien prometió volver otro día para comerlo de nuevo. Se hicieron fotografías. Al terminar la comida, José Antonio preguntó si, había algún músico entre los presentes. Contestó Valencoso que él tocaba un poco el clarinete. José Antonio mandó que trajeran el instrumento. «Una vez allí el clarinete, José Antonio empezó a tararear las estrofas del Cara al sol, y yo, sin el menor conocimiento de su verdadera música, lo iba entonando como Dios me daba a entender. Pasé sudores por la categoría del director. Hubo tropiezos serios. El verso “Impasible el ademán” no había manera de entonarlo. Por fin (gracias a Dios), las notas de mi clarinete entonaron fielmente las correspondientes al verso. “Eso es”, exclamó con aire de satisfacción José Antonio. Pidió entonces una pluma y una cuartilla, que le facilitó el camarada Victoriano E. Chávarri Peñalver, de Cuenca, y se puso a escribir el autógrafo del Cara al sol. Al terminar de escribirlo extendió la mano sobre la mesa y lo alargó hacia mí, y el camarada Chávarri, que estaba tras de mi, alargó la mano para cogerlo, pero José Antonio dijo: “No, no; éste es para el del clarinete. Cuando vaya a Cuenca te daré a ti otro.” Al dármelo dijo: “Apunta las notas para que no se te olviden.” Y yo, bajo el verso “Impasible el ademán”, con lápiz, escribí mi, fa, mi, re, do, si, la, que eran las notas que debían corresponderle…» «Desde aquel día, mejor dicho, desde aquel momento, la Falange de Quintanar del Rey supo cantar -tal vez la primera en España- el Cara al sol, porque todos los camaradas presentes en la comida, bajo la batuta improvisada con un tenedor por José Antonio, cantaron, siguiendo las notas de mi clarinete, la canción de amor y de guerra con que murieron tantos camaradas y con la que serían asesinados tantos y tantos españoles…» «José Antonio se negó a tomar café en el del pueblo. Y seguidamente de terminar la comida montó en su coche -creo que era un Chevrolet- y salió hacia Madrid. Le acompañamos en otros coches hasta el pueblo vecino de Villanueva de la Jara, y allí nos despedimos del Jefe que no habíamos de ver más en vida.» ).
José Antonio, entre las espiritualidades de la amistad y la violencia del combate político, seguía adivinando el porvenir. Respecto a la Falange aseguraba que llegaría hasta el final en la lucha por España. «Pero quienes os salvéis de la catástrofe -decía una vez a Foxá-, celebrad misas gregorianas por mi alma.»
