INTRODUCCIÓN
En los meses previos a la proclamación de la Segunda República española, el ambiente político y cultural del país se encontraba marcado por una intensa efervescencia ideológica. En este contexto, durante febrero de 1931, tuvo lugar en el madrileño café de Pombo un episodio que simboliza el nacimiento de una nueva corriente política encabezada por el joven intelectual Ramiro Ledesma Ramos.
Aquel ambiente de tertulias y debates literarios derivó en una confrontación política que revelaba las tensiones de la época. Pocos días después de este incidente, Ledesma redactó el manifiesto titulado La Conquista del Estado, que buscaba movilizar a una nueva generación de jóvenes universitarios en torno a una propuesta política revolucionaria que aspiraba a transformar el sistema político español.
Febrero de 1931, vísperas republicanas. En el madrileño café de Pombo, rico en sugestivas tertulias, se celebra un homenaje a Giménez Caballero, que ejercía en su Gaceta Ilustrada una especie de consulado intelectual del fascismo. Esto explicaba la presencia de Bagaglia, renovador del teatro italiano. En los brindis, Antonio Espina, calificado escritor surrealista, poniendo una pistola de madera encima de la mesa, comentó garbosamente el suicidio de Larra, ocurrido en otro febrero, lamentando que un representante mussoliniano se encontrara en lugar destacado en una reunión de españoles. Protestaron muchos asistentes. Uno, joven, de aspecto rudo, dando vítores a España e Italia, esgrimió una pistola auténtica, anunciando el comienzo de una campaña para recuperar la Patria con razones y armas verdaderas. Terminó brazo en alto, gritando: «Arriba los valores hispanos.» Ramiro Ledesma Ramos borraba así la preparada intervención de Espina y daba el primer toque de atención hacia una política distinta, revolucionaria, independiente de intereses económicos y de tópicos espirituales.
Ramiro Ledesma, zamorano, licenciado en la Facultad de Filosofía, becario de sí mismo con un trabajo modesto, admiraba a Ortega y colaboraba, si bien con parquedad, en La Revista de Occidente. Pocos días después del incidente del café de Pombo, Ramiro redactaba un manifiesto, para el que conseguiría, trabajosamente, diez firmas de jóvenes ganados por la arrogancia de los camisas negras y con inocultable influencia de Curzio Malaparte, se denominó La conquista del Estado. El lenguaje del manifiesto era claro, directo y sugestivo; comenzaba así: «Un grupo compacto de españoles jóvenes se dispone hoy a intervenir en la acción política de un modo intenso y eficaz.»
«Somos, en gran parte, universitarios. La Universidad es para nosotros el órgano supremo, creador de los valores culturales y científicos. Pueblos sin universidad permanecen al margen de las elaboraciones superiores. Sin cultura no hay tensión del espíritu, como sin ciencia no hay técnica. La grandeza intelectual y la preeminencia económica son imposibles sin una Universidad investigadora y antiburocrática.» Más adelante, recalcando su carácter juvenil, declaraba: «Contamos con la presencia activa y sincera de una generación en cuya sangre fermenta la sustancia del porvenir.»
Y reafirmaba con original audacia:
«Los españoles de más de cuarenta y cinco años no podrán intervenir, de modo activo, en nuestras falanges.» No faltaban las invocaciones a un Estado total, lógica reacción frente al desmadejado armatoste liberal que regía al país, ni las promesas de grandeza nacional, como contrapunto de tanto enanismo.
El sentido social revolucionario era rotundo, decía el punto14: «Expropiación de los terratenientes. Las tierras expropiadas se nacionalizarán y serán entregadas a los municipios y entidades sindicales de campesinos.»
Las adhesiones fueron escasas, apenas una docena de estudiantes. Ramiro lo explicaba en razón a que la juventud «generosa e inexperta» estaba ilusionada, sin más, con la presentida República. La primera adhesión escrita venía de un estudiante, Matías Montero, y el primer ofrecimiento personal, de un alicantino de la Facultad de Medicina, Luis Batllés.
La carta de Matías Montero decía: «Señor don Ramiro Ledesma Ramos. Muy señor mío: Habiendo leído el manifiesto La conquista del Estado, que usted suscribe como presidente, y sinceramente convencido de que su ideario viene para abrir un camino salvador en la actual confusión político-social, envío desde luego mi adhesión y le ruego me envíe folletos que expliquen detalladamente lo que va a ser el partido. Yo soy estudiante de Medicina y cuento actualmente diecisiete años, pero me falta muy poco tiempo para cumplir dieciocho años. Espero de su bondad no demore el envío de los detalles que solicito. De usted afectísimo y seguro servidor, Matías Montero y Rodríguez de Trujillo. Mis señas son: Marqués de Urquijo, 21, 3.°. Madrid, 9 de febrero de 1931.»
El 14 de marzo se voceaba: La Conquista del Estado, primer número de un semanario también fundado por Ramiro Ledesma, que en un análisis del manifiesto de los intelectuales, tras reconocer su prosa perfecta, señalaba:
«Permanece todo él alejado de las realidades políticas universales.» Parecen considerar como muy importante «su republicanismo, en último extremo, cosa desde luego adjetiva.» Concluía con la idea de que no era bastante la proclamación republicana para dar solución a España.
Ramiro reconocía a la F. U. E. dentro del espíritu jonsista: En «la España que hace —decía— hay que rendirse a la evidencia de que la F. U. E. representa la joven vitalidad universitaria. Frente a ellos, los estudiantes católicos que disponían de los recursos magníficos que proporciona la cultura católica y la tradición hispana significan bien poco. Por culpa suya, claro. Por falta de impulso nuevo, de talento y de visión. Enviamos a la F. U. E. un cordial saludo de camaradas».
Y recalcaba este entendimiento uno de los primeros de la F. U. E., Antonio Riaño, firmante también del manifiesto:
«En las F. U. E. S, —afirmaba— se trataba, en definitiva, de dar una batalla a todo cuanto hubiera en la Universidad de viejo y decrépito. Frente a la desintegración individualista de generaciones jaraneras, levantar una juventud con brío y empuje.» «Contra el pupilo de casas dehuéspedes, la alegría deportiva. Queremos ser serios del modo más alegre.» Después vino la Unión Federal de Estudiantes Hispanos. Luego, el ingreso en la C. I. E. Destacamos la gran labor de Arturo Soria Espinosa, incansable fundador de esa fuerza juvenil en la que hay que poner grandes esperanzas.
La inicial euforia republicana hizo aparentemente estéril el llamamiento, por lo que se redujo la pequeña minoría inicial. Entre los impacientes huidizos, Antonio Riaño intentaría con otros universitarios, entre los que figuraba el profesor Valdecasas, poner en pie un partido, con el nombre de Frente Español.
Fueron cofundadores del Frente Español, Elíseo García del Moral, Antonio Bouthelier y Patricio González de Canales, que encabezaba un grupo católico dentro de la F. U. E. El F. E. fue presentado por Alfonso García Valdecasas en una conferencia en la Academia de Jurisprudencia.
Ramiro publicó el mismo año un pequeño libro con el título Hay que hacer una revolución hispánica, dedicado al camarada Ramón Franco, cuya adhesión, como la de Ruiz de Alda, buscaba afanosamente.
En el Lejano Oriente, los japoneses inician su ataque a China, apoderándose de Manchuria. La maniobra imperialista nipona habría de engendrar el comunismo maoísta.
CONCLUSIÓN
El manifiesto y posterior semanario La Conquista del Estado representaron uno de los primeros intentos de articular en España un movimiento político de carácter nacional-revolucionario inspirado en corrientes europeas de la época. Aunque inicialmente contó con un número reducido de seguidores, el proyecto impulsado por Ramiro Ledesma Ramos influyó en el desarrollo posterior de diversas organizaciones políticas y en el debate ideológico dentro del ámbito universitario.
La iniciativa surgió en un momento de profundas transformaciones políticas, sociales e intelectuales, cuando la caída del sistema monárquico y la llegada de la Segunda República generaban grandes expectativas y también nuevas corrientes de pensamiento. En ese escenario, La Conquista del Estado se convirtió en un símbolo del intento de movilizar a la juventud en torno a una visión alternativa del futuro político de España.
