INTRODUCCIÓN
El documento que se presenta a continuación recoge el texto íntegro de una carta dirigida por Blas Piñar, en su calidad de Director del Instituto de Cultura Hispánica, al Jefe del Estado. En ella se expone el alcance y las limitaciones de los llamados Estudios Hispánicos de Desarrollo Económico, así como la aspiración de extender este tipo de análisis a los países de raíz hispánica con el fin de articular una cooperación económica más estrecha entre España y el ámbito hispanoamericano.
El texto permite comprender el contexto intelectual y político en el que se formulaban proyectos de integración económica dentro del marco de la Hispanidad, en una etapa marcada por los esfuerzos de reconstrucción, planificación y proyección internacional de la economía española durante la década de 1950.
Excelencia:
Me cabe el honor de acompañar a un grupo de especialistas que durante dos años y medio han trabajado asidua y afanosamente elaborando los volúmenes que os presentamos bajo la rúbrica común de «Estudios Hispánicos de Desarrollo Económico».
A quince años vista –unidad irreductible en este género de trabajo– se proyecta el desenvolvimiento de la vida económica española: Agricultura, Repoblación Forestal, Vivienda, Ferrocarriles, Carreteras y Población activa. Nueve volúmenes de documentación importante avalan y respaldan con su pléyade de datos las conclusiones que en los fascículos y monografías se mantienen.
La obra –que ha vivido gracias a una subvención del Ministerio de Hacienda– queda sin concluir. Los últimos reajustes presupuestarios la dejan a medio hacer. Todo lo concerniente al ahorro y a la industria, al turismo y a la productividad, espera con ilusión la llegada de otro momento propicio.
Con ello, sin embargo, la tarea no se cumple. Todo lo que pretendimos al dar comienzo al “Plan Hispánico de Desarrollo Económico” se cifra en llevar a término estudios similares en cada uno de los países de raíz hispánica. Mientras las economías de nuestros pueblos no enlacen entre sí, mientras no haya una relación de interés que nos vincule, una plataforma comercial e industrial común que nos ligue y abrace, la hispanidad seguirá siendo una nebulosa, sin concreción, desarraigada del mundo real en que vivimos.
Pero todo esquema de vinculaciones comerciales e industriales, todo plan coherente de desarrollo económico común necesita de un estudio previo de las posibilidades de cada uno de los países, de su mercado interior, de su riqueza, de sus artículos –manufacturados o no– que pueden exportarse y de su programa industrial para el futuro.
Muchas son, pues, Excelencia, las razones que abonan la continuidad del trabajo interrumpido, pero de ellas me permito apuntar dos que estimo fundamentales:
Una de carácter psicológico y político a la vez: El fracaso de la última Conferencia Económica de la Organización de los Estados Americanos ha reforzado el sentimiento de solidaridad entre los pueblos de raíz hispánica que desean, mediante su unión económica, liberarse de un sistema que los viene considerando como países subdesarrollados, proveedores de materias primas a precios fijados al capricho del comprador. Pues bien, todo plan que les permita insistir en esa línea –que apoya resueltamente el primer magistrado argentino– reforzará el sentimiento de independencia de los pueblos hispánicos frente a órbitas extrañas a su historia y a su cultura, brindándoles una oportunidad seria de ir tejiendo las bases de una auténtica comunidad política.
De otro lado, resulta evidente que el enfoque conjunto del quehacer económico de nuestros pueblos pondrá de relieve la imperiosa necesidad de rehacer las corrientes comerciales abandonadas. Las conservas, los tejidos, los artículos de perfumería y tocador, la cerrajería, los adornos de casa, los libros…, toda una serie de productos españoles con que Hispanoamérica sigue soñando y que no salvan o salvan con dificultades el mar, deben apresurarse a la lucha con las mercancías extranjeras que han ocupado el hueco que España, por diversos motivos, produjo con su ausencia.
A la luz de ese estudio podrá descubrirse que es preciso distinguir –al hablar de inversiones industriales en España– entre las inversiones extranjeras, en el sentido propio de la palabra, e inversiones de capital hispanoamericano, que no pueden en realidad considerarse como extranjeras. Monedas fuertes como el quetzal de Guatemala, los pesos de Cuba y Santo Domingo y el bolívar de Venezuela podrían suponer un riego fecundo para nuestro mercado de divisas. Si una legislación especial permite el matrimonio de los militares y de los diplomáticos españoles con hispanoamericanas, brasileñas o filipinas, ¿no es justo y a la vez lógico que el capital hispanoamericano, con todas las garantías y precauciones que eviten la persona interpuesta, tenga una consideración distinta de aquélla que merece el capital a secas?
Aquí tenéis, Señor, a un grupo de hombres que ha demostrado con estas obras su preparación, su tenacidad y su entusiasmo. Sabed que con tales obras han trabajado los Ministerios y los Organismos oficiales españoles; que sus datos se han incluido en las estadísticas internacionales; que la propia Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos ha solicitado, con todo interés, la pronta remisión del Estudio y que, en todo caso y en cualquier momento este grupo de hombres, al que me cabe el honor de acompañar, está dispuesto a deciros, cuando lo estiméis justo, cuando deis la orden de continuación en la marcha, que para ese trabajo al que les empuja su vocación y patriotismo, estarán siempre a vuestras órdenes.
CONCLUSIÓN
La carta de Blas Piñar constituye un testimonio significativo de los planteamientos que, desde determinadas instancias oficiales, se promovían en torno a la idea de una comunidad hispánica no solo cultural, sino también económica. Más allá de los resultados concretos de aquellos proyectos, el documento refleja la voluntad de articular una visión común del desarrollo entre España y los países hispanoamericanos, así como las expectativas puestas en la cooperación, el intercambio comercial y la inversión mutua.
Como fuente histórica, este texto permite aproximarse a los debates y aspiraciones de una época en la que se buscaban fórmulas de integración en un contexto internacional cambiante, ofreciendo al lector una perspectiva directa sobre el pensamiento institucional en torno a la Hispanidad y el desarrollo económico en el siglo XX.
