A las seis y veinticinco de la madrugada de hoy se efectuó el traslado –con sencillo ceremonial- del cadáver del Caudillo desde el Palacio de El Pardo al Salón de Columnas del Palacio de Oriente, donde quedó instalada la capilla ardiente. El cortejo fúnebre estaba formado por el coche mortuorio y una veintena de vehículos más, a los que daban escolta todos los motoristas de Palacio, con uniforme de gala. Acompañaban al coche fúnebre los jefes de las Casas Civil y Militar, miembros de éstas y algunos familiares del Caudillo. El primer turno de vela estuvo integrado por los tres miembros del Consejo de Regencia, presidente del Gobierno, vicepresidentes y algunos miembros del Gabinete.
Entre las primeras personas que desfilaron ante el féretro figuraba una señora que llevaba en la mano las cinco rosas simbólicas y que prorrumpió en sollozos al llegar ante el cadáver de Franco. También pasó un joven que había estado toda la noche en un saco de dormir ante las puertas de Palacio.
Desde las ocho de la mañana, el desfile de personas, de todas las edades y condiciones sociales, es incesante por el Salón de Columnas del Palacio de Oriente donde se encuentra instalada la capilla ardiente abierta al público, con los restos mortales del Jefe del Estado español, Generalísimo Franco. Ante el féretro se encuentra un túmulo cubierto con un tapiz fúnebre franqueado por ocho candelabros. Hacen guardia de honor en todo momento ocho miembros de las Fuerzas Armadas y del orden público al mando de un cabo de la guardia del regimiento del Jefe del Estado.
Debido a la emoción, se han registrado algunos desvanecimientos momentáneos, tanto entre el público que acude a rendir el último homenaje al Caudillo, como entre los miembros de la guardia.
Ante la capilla ardiente ya han desfilado las más altas autoridades de la nación: el presidente de las Cortes y de los Consejos del Reino y de Regencia; presidente del Gobierno, ministros, subsecretarios, directores generales, miembros de las Mesas de las Cortes y del Consejo Nacional, autoridades provinciales y locales de Madrid, etc. Asimismo, desde las primeras horas se encuentran en la capilla ardiente el obispo de Cuenca, monseñor Guerra Campos, que se encuentra muy afectado.
Las personalidades y autoridades de la nación entran de diez en diez al Salón de Columnas, donde se encuentra la capilla ardiente y se sitúan en unos reclinatorios tapizados en terciopelo negro, situados a ambos lados del féretro. Junto a éste hay algunos ramos de flores, entre ellos uno de rosas rojas con una inscripción que dice: “Tus hijos”. Han sido enviadas asimismo infinidad de coronas que mandan autoridades, representaciones, corporaciones, etc., y que han sido colocadas en el piso inferior del Palacio, en uno de los salones por los que pasa el público que acude a rendir el último homenaje de respeto y cariño al Generalísimo.
Larguísimas filas en la calle.
El público acude a las inmediaciones de la plaza de Oriente, desde todos los puntos de Madrid. A la zona se accede a pie, ya que ha sido declarada «zona de silencio» y no se permite el paso de vehículos. Las filas para la entrada del público en el Palacio son dos, una de las cuales está situada a lo largo de la calle Bailén, y la otra, atravesando la plaza de Oriente, desde la zona de la plaza de la Ópera. A las diez de la mañana se puede calcular que tendrían, cada una de las filas, un kilómetro de longitud, con miles y miles de personas de toda condición esperando en ellas el momento de acceder al Palacio. Las filas se formaron esta madrugada, aún de noche, a pesar del frío reinante en las primeras horas.
Inmediatamente de abrirse al público la capilla ardiente, han comenzado a desfilar los madrileños y españoles venidos de otras provincias ante el túmulo donde se hallan los restos mortales del Jefe del Estado. El ritmo del paso de personas ante el féretro es, aproximadamente, de unas cuarenta a cuarenta y cinco por minuto. En las dos primeras horas desde que se abrió la capilla ardiente en el Salón de Columnas del Palacio de Oriente, se calcula que habrán desfilado ante el cuerpo del Caudillo unas cinco mil personas.
Momentos de emoción.
Ante el cadáver del Generalísimo se están produciendo infinidad de momentos de máxima emoción. Muchas de las personas que han pasado por la capilla no han podido reprimir las lágrimas y han estallado en sollozos. Otras pasan rezando. Muchos de los que han accedido hasta ahora al Salón de Columnas se santiguan ante el cuerpo de Francisco Franco o inclinan con respeto la cabeza. Otras personas se arrodillan momentáneamente. Ha habido sacerdotes que, al pasar delante del féretro, han bendecido con su mano derecha los restos mortales del Caudillo.
Las personas que están pasando con respeto y dolor ante el féretro descubierto que contiene el cuerpo del Generalísimo, son de todas las edades, sin que sea posible destacar si hay más jóvenes, personas de edad madura o ancianos. También se reparten por igual los hombres y las mujeres.
Colas de cinco kilómetros
Las gentes que, ordenadamente, esperan desfilar ante los restos mortales del Generalísimo Franco, llegaban, sobre las once de la mañana, más allá de la Puerta del Sol una de ellas y de la estación del Norte, en el paseo de Onésimo Redondo, la otra, con lo que ya forman ambas unos cinco kilómetros de apretada fila.
Terminados los turnos de vela del Consejo de Regencia, del Gobierno y del Consejo del Reino, ha comenzado el de ex ministros, que, de diez en diez, oran ante el cuerpo yacente del Jefe del Estado. Los turnos se suceden cada veinte minutos aproximadamente. La relación de ex ministros que se han presentado en el Palacio se haría interminable.
Una representación de la Unión del Pueblo Español, integrada por unas cincuenta personas, ha acudido también al Palacio para prestar su último homenaje al Generalísimo.
No cesan entre el público las manifestaciones de dolor y emoción y el enorme silencio que reina no sólo en el Palacio sino en toda la zona se ve continuamente quebrado por los sollozos y, a veces, el llanto incontenido de muchas personas.
Al pasar ante el féretro, algunas personas saludan brazo en alto y otras hacen genuflexión, aunque la mayoría se santiguan.
El Salón de Columnas del Palacio de Oriente, donde se encuentra la capilla ardiente, está presidido por una estatua del emperador Carlos. Ocupa el Salón la caja de lo que fue una antigua escalera. Está adornado con valiosos frescos y pinturas, de las que es autor el artista napolitano Giaquinto. Está asimismo adornado el Salón con estatuas pertenecientes al siglo XVII. El pavimento es de mármol y las columnas están ornadas con castillos y leones. Las arañas del techo son isabelinas.
El Palacio de Oriente donde se halla la capilla ardiente está edificado sobre el antiguo Alcázar de los Habsburgos, y fue edificado entre 1735 y 1768 por Sacchetti y Ventura Rodríguez. El Palacio es de un estilo clasista elegante en su exterior, y de sobria suntuosidad en el interior, tanto en las principales como en la decoración, a la que contribuyeron los tapices y alfombras de la Real Fábrica, cristalerías y lámparas de la Granja, porcelanas del Buen Retiro y pinturas de los famosos artistas de la época. El Palacio estuvo habitado hasta 1931 y cada uno de los monarcas que vivió en él dejó huella de sus gustos y su vida. Así, el comedor dejó de utilizarse desde que se expuso en él el cadáver de la malograda reina Mercedes, en 1876. Las habitaciones privadas de Alfonso XIII y su familia se conservan con el mismo aire confortable y sencillo con que las hicieron decorar los soberanos.
El Palacio de Oriente está situado ante la plaza de Oriente, que surgió después de la construcción del Palacio para abrirle perspectiva al edificio real. En el centro de la plaza hay una estatua de Felipe IV, que fue encargada por el propio rey al escultor italiano Pedro Tacca. Fue el famoso Galileo Galilei quien resolvió los cálculos necesarios para que las 18.000 libras de bronce se mantuvieran en equilibrio.
La plaza de Oriente ha sido pieza fundamental de adhesión a la figura de Franco durante la historia del Régimen. En diciembre de 1946 hubo una manifestación popular de apoyo al Caudillo ante el bloqueo decretado por las Naciones Unidas con la retirada de embajadores de Madrid.
En diciembre de 1970 y octubre de 1971 hubo nuevas manifestaciones masivas de apoyo a Franco en la plaza de Oriente.
El 1 de octubre de este año, mes y medio antes de su muerte, centenares de miles de personas volvieron a congregarse en la plaza de Oriente en lo que se ha considerado la mayor muestra de apoyo popular a Franco en toda la historia de España.
