INTRODUCCIÓN
José María Cortés y López fue una figura destacada del ámbito judicial español durante el primer franquismo, con una trayectoria marcada por el ejercicio de altas responsabilidades jurisdiccionales en un contexto de profunda convulsión política e institucional. Formado en Derecho en la Universidad de Granada, desarrolló una carrera sólida dentro de la Judicatura, alcanzando puestos de relevancia tanto antes como después de la Guerra Civil. Su intervención como juez instructor en el célebre sumario de los sucesos de Casas Viejas y su posterior participación en la reorganización del sistema judicial del nuevo régimen lo sitúan entre los magistrados clave en la construcción del aparato jurídico del Estado surgido tras 1936.
Cortés y López, José María. Baeza (Jaén), 13.IX.1883 – Madrid, 14.IX.1964. Magistrado.
Estudió Derecho en la Universidad de Granada. En 1913 ingresó en el Cuerpo de Aspirantes a la Judicatura y Fiscales. Tras una etapa de excedencia fue juez de Cazalla de la Sierra (1931). Fue magistrado de la Audiencia, en 1933, y nombrado juez instructor especial en el sumario por los sucesos de Casas Viejas, ese mismo año.
Nombrado presidente de Sala de Las Palmas, en septiembre de 1934 y en diciembre de 1935, llegó a presidente accidental en dicha Audiencia. Con el levantamiento militar fue designado gobernador civil de las Palmas.
El 1 de octubre de 1936 fue llamado como presidente de la Comisión de Justicia, equivalente a ministro de Justicia, en la Junta Técnica del Estado, del 1 de octubre de 1936 hasta el 31 de enero de 1938, fecha en la que se reorganizó la Administración, restableciéndose los ministerios.
Fue presidente de las Audiencias de Teruel (1944) y de Guadalajara y, el 14 de octubre de 1947, ascendió a magistrado del Tribunal Supremo. También fue presidente de la Comisión de Incautaciones del Estado.
A su jubilación, el 24 de septiembre de 1958, fue condecorado con la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort.
CONCLUSIÓN
La carrera de José María Cortés y López refleja el papel central que desempeñó la Judicatura en la consolidación del régimen franquista. Desde su actuación en la instrucción de causas de gran repercusión política durante la Segunda República hasta su responsabilidad al frente de la Comisión de Justicia de la Junta Técnica del Estado, su trayectoria se inscribe en el proceso de institucionalización del nuevo orden jurídico. Su ascenso al Tribunal Supremo y la presidencia de diversas Audiencias territoriales evidencian el reconocimiento del régimen a una figura considerada fiable y competente en el ámbito judicial. La concesión de la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort al término de su vida profesional cerró una carrera dedicada íntegramente al servicio del Estado y de la magistratura.
