EL AHORRO
Cuando una persona, después de satisfacer sus necesidades de todo orden, se encuentra con que aún le sobra dinero, esa persona ha ahorrado, y lo que le ha sobrado recibe el nombre de «ahorro».
El ahorro se guarda para cubrir las necesidades o los gastos inesperados que mañana pueden sobrevenir. Es decir que el dinero que nos haya sobrado no debemos malgastarlo sólo porque sea dinero sobrante, sino que debemos guardarlo para asegurarnos el porvenir. Y si las sumas ahorradas fuesen grandes, entonces ya no deben guardarse todas, sino una parte, y el resto destinarlo a crear mayor riqueza en beneficio de la comunidad nacional.
El ahorro debe comenzar a partir del momento en que nuestras necesidades normales están satisfechas.
Si una persona deja de comprar parte de lo que necesita para vivir y se guarda el dinero, no es ahorradora; es avara.
La avaricia es un pecado, porque atenta contra la salud y porque es un ejemplo inmoral para los ciudadanos.
Sobre lo imprescindible para la vida no se debe guardar nada; hay que gastarlo, porque al darnos Dios la vida, la primera obligación nuestra es vivir.
Los niños no solemos ser avaros; antes bien, solemos ser despilfarradores, lo que también es un defecto grave. Pero conviene que desde pequeños nos acostumbremos a la virtud del ahorro, a fin de conservar ese hábito cuando seamos mayores. Quien ahorra puede mirar el porvenir cara a cara con toda tranquilidad.

