Este será quizás uno de los capítulos más importantes, no solo por lo anterior, si no por varias circunstancias que se entrelazan en este caso y que es necesario relatar.
Primero iremos al desarrollo de los hechos que comienzan cuando el Guardia Civil Pardines y su compañero Félix de Diego Martínez regulan el tráfico en una zona de obras en la Nacional I a la altura de Villabona, (Guipúzcoa), a una distancia de varios cientos de metros el uno del otro. En un momento determinado Pardines ve algo sospechoso en un vehículo y decide pedir la documentación del mismo a sus dos ocupantes que se bajan del mismo mientras Pardines procede a comprobar el número de bastidor con el que figura en la documentación, para lo que se agacha en la parte trasera.
Cuando descubre que los números no coinciden y trata de incorporarse, los terroristas se dan cuenta de que les ha descubierto, uno de ellos, Txabi Echebarrieta, le dispara un tiro en la cabeza y cuando cae al suelo le dispara en varias ocasiones más, mientras su compañero tira la moto al suelo y ambos se dan a la fuga en el vehículo Seat 850 Coupé, con matrícula falsa Z-73.497.
Un valiente camionero del que luego hablaremos presencia los hechos e incluso llega a encararse con los miembros del comando, después de llamarles “Hijos de Puta” y otros calificativos merecidos y viendo que no puede hacer nada por la vida del Guardia Civil, decide cruzar en su camión el tramo de obras en busca del compañero de Pardines, al que alerta de lo sucedido.
De la forma más inmediata posible se pone en marcha un dispositivo de búsqueda de la Guardia Civil que da su fruto horas después. Aunque previamente refugiados en la casa del cura de Tolosa, viendo que la cosa se pone fea, los huidos abandonan el lugar y son interceptados por la Guardia Civil, abren fuego produciéndose un tiroteo en el que al autor de los disparos se le devuelve “el plomo” que previamente había lanzado contra Pardines. Aunque es trasladado a un centro hospitalario fallece en esa misma fecha convirtiéndose en el primer terrorista de esa banda que muere en un enfrentamiento con la Guardia Civil. Su compañero Iñaqui Sarasketa tuvo más suerte, logra escapar y se refugia hasta el día siguiente en iglesia de Regil, también de la localidad de Tolosa, cuando decide abandonarla la Guardia Civil le está esperando y decide actuar de manera diferente a su compañero.
Conviene resaltar en este momento algunas consideraciones relativas a estos sucesos, la primera de ellas es que el segundo de los terroristas es condenado ese mismo año en “Consejo de Guerra” a “Pena de Muerte”, aunque esta no es ejecutada, siendo conmutada por “Cadena Perpetua” por la máxima autoridad del Gobierno de la Nación que teníamos en ese momento.
En 1977, en virtud de que la que algunos califican de “generosa” y yo de “vergonzosa” ley de Amnistía 46/77 de 15 de octubre, sale a la calle libre de cargos, a diferencia de otros que aprovechándose de esta ventaja se volvieron a reintegrar en la lucha armada, no fue su caso, tras una temporada viviendo en Noruega concurrió a las elecciones de 1984 por un grupo independentista falleciendo en 2017.
Durante unos años y hasta 2014, año en el que el ayuntamiento lo retira en vista del clamor popular de esa parte de la sociedad que sin conseguirlo añora justicia, el primero de ellos tuvo un busto homenaje en Bilbao, El Guardia Pardines no lo tuvo hasta que se cumplió el cincuentenario de su muerte en 2018, cadena de actos a los que tuve el honor de asistir. Si fue cierto que en su localidad natal de Malpica de Bergantiños se le dedicó una calle el año de su muerte.
Según investigaciones posteriores, al momento de ocurrir estos hechos los terroristas estarían preparando un atentado contra el Inspector de Policía “Melitón Manzanas”.
La historia del compañero de Pardines tampoco está exenta de contrariedades, si él mismo había manifestado que jamás se había recuperado de la muerte de su compañero hemos de trasladarnos al año de 1974, donde también de servicio y con las mismas labores en la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, al acudir a una emergencia sufre un accidente con su motocicleta y cae por un barranco del alto de Echegárate. Aunque de forma milagrosa salva la vida sufre lesiones permanentes que son incompatibles con el servicio y es pasado a la situación de reserva.
Por si esto fuera poco años después le es diagnosticado un cáncer del que es tratado aunque le mantiene impedido y con fuertes dolores.
El colmo de su mala suerte llega en la mañana del 31 de enero de 1979, desayunando en el bar que la familia de su esposa tiene en Irún es sorprendido por dos individuos que sacan sendas pistolas y sin mediar palabra lo acribillan a balazos huyendo a continuación en un vehículo donde lo esperaba otro consorte.
Es su esposa Dolores la que reclama ayuda y le traslada en compañía de otras personas al hospital de la cruz roja de Irún donde ya ingresa Cadáver.
En el año 2004, tras 23 de condena, sale de prisión el “Capuchino” Fernando Arburúa Iparaguirre, autor material de los disparos, fue también el que robó a punta de pistola el vehículo que sirvió para perpetrar el hecho. Pese a su vocación religiosa jamás mostró arrepentimiento. Cuando fue preguntado por otros atentados como Hipercor se limitó a contestar “En todo proceso mueren inocentes”.
Los consortes de este, Manuel María Ostolaza Alcocer y Luis María de Marcos Olaizola, fueron condenados también por este crimen a la pena de 29 años, pero salieron de prisión antes que el anterior.
Se dio la circunstancia de que cuando fueron detenidos, preparaban otros hechos similares, también expurgaron penas por el asesinato del comerciante Pedro Garrido Caro.
Este es el muy noble y simpático camionero que trató de auxiliar en el momento de su asesinato al Guardia Civil Pardines y se encaró con los terroristas. En el año 2013 y con 87 años volvió a ser condecorado y en una entrevista volvió a relatar lo sucedido; “No sé como lo hice”, “Agarré al “Sarasketa del hombro y mientras lo insultaba el otro me encañonó y tuve que soltarlo”.
Cuenta que aquella semana le llamó un alto cargo del Ministerio del Interior y tras agradecerle su colaboración en los hechos le dijo que podía pedir lo que quisiera, tras valorar la posibilidad de pedir un camión nuevo, Fermín nos vuelve a sorprender y en otro acto de nobleza se inclina por pedir el ingreso en “La Guardia Civil”, lo que se cumple al año siguiente.
Lejos de aquel día y en otro acto vil, el terrorismo vuelve a golpearle de cerca en 1988, cuando una bomba de la banda terrorista estalla en una furgoneta adosada al muro de la Casa Cuartel de la calle Guzmán el Bueno de Madrid, donde residía. La explosión causa la muerte de un inocente niño de dos años y de un directivo de Televisión Española que transitaban en sendos vehículos por esa calle sin tener nada que ver con el asunto. Allí estuviste nuevamente al pie del cañón para demostrarnos otra vez lo que valías, otra vez en auxilio de las víctimas.
Durante el período de escritura de este volumen que tienen en sus manos, hemos tenido noticia de su fallecimiento por causas naturales, nos ha dejado el 12 de abril de 2022 a la edad de 93 años. El Instituto Armado ha expresado su profundo pesar por esta pérdida y su agradecimiento por los hechos de aquel día y por los años que ha prestado servicio en la Benemérita, a lo que nos sumamos.
