En noviembre de 1975, el General Manuel Díez Alegría publicó en el diario ABC un artículo titulado «El soldado Francisco Franco», dedicado exclusivamente a analizar la figura de Franco desde su condición de militar.
El autor deja deliberadamente al margen otras facetas de su trayectoria —como político, Presidente del Gobierno, Jefe del Estado o protagonista de la Historia de España— para centrar su reflexión en el hombre de armas. Desde esa perspectiva, presenta una semblanza basada en valores que considera esenciales en la vida militar: el honor, la fidelidad a la palabra dada, el sentido del deber, la disciplina, el valor personal y la serenidad.
Díez Alegría recurre también al testimonio de personas que, pese a haber sido adversarias de Franco, reconocieron algunas de sus cualidades militares. El resultado es un retrato centrado en el comportamiento de Franco como soldado y en la consideración que sus virtudes profesionales merecieron dentro y fuera del ámbito militar.
El general Don Manuel Díez Alegría, Académico de la Lengua, escribió en ABC, del 21 de noviembre de 1975, un interesante artículo sobre «El soldado Francisco Franco». Aplica a Franco la letra de una balada militar inglesa en la que se dice que «los veteranos no mueren, sólo se desvanecen», ya que a Franco le rindió la muerte tras una lucha titánica. Piensa Don Manuel que la estampa de Franco no morirá nunca en la Historia de España. No quiere tratar Franco político, ni Presidente del Gobierno, ni Jefe de Estado, ni como protagonista de la Historia Universal, ni como cristiano, o padre de familia ni simple ser humano, «aspectos todos en los que él destacó». Lo estudia como soldado. Y creo que otro soldado puede enjuiciarlo. Practicó las virtudes militares y lo lega a los hombres de armas como un paradigma inmarcesible.
Es la del amor patrio la que corona todas, y añade: «El oficial Franco fue en todo momento un hombre de honor. Nunca faltó a su palabra y aun en la vida azarosa de la guerra su conducta fue ejemplar. Pocos como él han sentido la llamada del deber que le lleva una y otra vez al combate, posponiéndole sus grandes amores: su madre, su esposa… Es un canon su concepto de la disciplina, esa virtud, columna vertebral de los ejércitos y de las naciones que —y son sus palabras— reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía o cuando la arbitrariedad o el error van unidos a la acción de mando». Legendario fue su valor personal y Don Manuel Díez Alegría lo muestra con testimonios de Arturo Barea y de Indalecio Prieto, dos adversarios suyos. Se refiere luego a su serenidad, a sus cualidades como «extraordinario pedagogo militar». Y termina de esta manera: «Que los militares españoles pongan toda su abnegación de que su espíritu es capaz en emular a distancia los ejemplos que en su vida militar nuestro adalid Francisco Franco a todos nos legó».
El artículo de Manuel Díez Alegría constituye, ante todo, una valoración de Francisco Franco desde la perspectiva de su carrera militar. El autor destaca especialmente su concepción del honor y de la disciplina, su capacidad para afrontar el peligro, su serenidad y su permanente sentido del deber.
Más allá de las interpretaciones políticas o históricas que puedan hacerse sobre la figura de Franco, el texto permite conocer cómo uno de sus contemporáneos y compañeros de profesión quiso recordar al militar. Díez Alegría construye así una semblanza en la que las virtudes castrenses ocupan el lugar central y en la que presenta al soldado como la faceta de Franco que pretende preservar para la memoria histórica.
El texto queda, por tanto, como un testimonio de época y como una muestra de la percepción que determinados sectores militares tuvieron de Francisco Franco, especialmente de su trayectoria, su carácter y sus cualidades como hombre de armas.
