1.
¿En qué momento surgió en Francisco Franco la idea de que necesitaba acudir al mercado alemán para la adquisición del material de guerra tan imprescindible?
Un antecedente ha sido puesto de relieve recientemente por Ángel Viñas: durante su etapa de Jefe de Estado Mayor, había llegado a la conclusión de que únicamente Alemania poseía las condiciones industriales y financieras para proporcionar el armamento que figuraba en el proyecto de Gil Robles para la modernización del Ejército español. El recuerdo actuó, seguramente, de una manera automática.
Esto nada tiene que ver con la leyenda de que hubiese una participación nazi fascista en la preparación del Alzamiento. Franco lo explica así:
Tengo «necesidad de aclarar cuáles fueron nuestras relaciones con Alemania e Italia». Circula la «falsedad de que antes del Movimiento, y en su preparación, hubiese habido ninguna clase de relaciones entre los directores del Movimiento Nacional y esas dos naciones».
La única relación la establecí yo desde Marruecos, al dar noticia del cambio de situación ocurrido al entonces presidente general francés, esperando establecer las buenas relaciones de vecindad, y al Gobernador de Gibraltar con motivo de la presencia de destructores rojos que habían asesinado a sus oficiales y que se refugiaban en sus aguas, y a Mussolini e Hitler dándoles cuenta del cambio operado, de nuestros propósitos anticomunistas y de la petición de facilitarnos la venta de diez y seis aviones de combate, para evitar que cayese el Occidente europeo en manos del comunismo.
Hemos de recordar que el avión que me trajo de Canarias a Marruecos fue un avión inglés alquilado, Dragón Rapide, y los dos, piloto y mecánico ingleses, ya entonces, ingleses, ya entonces, ingleses, que preveíamos lo que iba a pasar en Europa con el comunismo.
2.
La decisión de acudir al mercado alemán nació probablemente el mismo día 20 en que llegaba la noticia de que Sanjurjo había muerto al intentar el avión que debía conducirle de Lisboa a Pamplona. Franco ordenó a Orcaz que se incautara del bimotor de la Lufthansa que acababa de llegar a Canarias y que viniese en él a Marruecos.
El 21 recibió ya en Canarias una misión financiera alemana establecida en el Protectorado, Johannes Bernhardt, que tenía dificultades económicas y no era muy grato en la Wilhelmstrasse, pero cuyas relaciones con Adolf Langenheim, Ortsgruppenführer nazi en Marruecos, podían ser muy eficaces para abrir puertas de comunicación con el Partido.
Bernhardt se ofreció para hacer una gestión personal en Alemania; obraba sin duda como hombre de negocios con la esperanza de obtener también algunas ventajas.
Franco, a quien la muerte de Sanjurjo privaba de inmediato superior jerárquico, demostró una vez más el respeto por los conductos reglamentarios y prefirió cursar el 22 de julio un telegrama al general Kühlenthal ofreciéndose a reanudar las negociaciones ya entabladas el año antes. Consultada la Wilhelmstrasse, ésta opuso una rotunda negativa.
Franco informó a Mola, que no se sorprendió: daba por segura la oposición germana al movimiento español.
Pero, mientras tanto, los proyectos de acudir a los mercados de armas en Inglaterra y Francia tuvieron que ser definitivamente abandonados.
El Gobierno de París anunció, en una fecha muy inmediata al 18 de julio, en todo caso antes del día 23, que prestaría apoyo a la República.
Por su parte, el Gobierno británico, cuyo interés básico se centraba en Bilbao y su entorno, al conocer la actitud de los nacionalistas vascos, decidió encerrarse en rigurosa neutralidad.
La embajada británica en Madrid negó derecho de asilo a refugiados políticos y Serrano Súñer atribuyó a esta negativa el triste fin de sus hermanos.
El Gobierno de Madrid disponía de libres mercados en Francia y de una ayuda crediticia muy sustancial de la Unión Soviética, como veremos.
A Franco no quedaban otras posibilidades de aprovisionamiento que Alemania e Italia.
