INTRODUCCIÓN
A lo largo del tiempo, una de las afirmaciones más repetidas en torno al franquismo ha sido la idea de que se trató de una etapa estéril desde el punto de vista cultural, carente de figuras intelectuales relevantes o de apoyo por parte del mundo de la cultura. Sin embargo, este texto plantea una visión radicalmente distinta y controvertida, cuestionando ese relato dominante.
A través de una extensa enumeración de nombres propios pertenecientes a distintos ámbitos —literatura, música, pensamiento, arte— se sugiere que la realidad fue más compleja, con la presencia de numerosos intelectuales que, de una u otra forma, convivieron con el régimen, lo apoyaron o simplemente lo toleraron. Esta perspectiva invita a reflexionar sobre la relación entre cultura y poder, así como sobre las contradicciones humanas en contextos históricos difíciles.
Una de las más grandes mentiras que incansablemente han venido propagando las aguerridas y contumaces gentes consiste en afirmar categóricamente que Franco estuvo solo, sin intelectuales valiosos, sin personas de la cultura que lo apoyaran o al menos lo toleraran, durante la Guerra Civil y luego tras la contienda. Decir, como propalan todavía hoy, que la España de Franco era un desierto cultural es una gran infamia. Aquí pongo relación nominal de más de diez docenas de personajes de primera fila que son esenciales para nuestro acervo cultural. Algunos mencionados dirán que no, pero la verdad es que participaron del poder franquista en mayor o menor medida, y vivieron sin quejarse, disfrutando de alguna regalía. En León, algunas veces, juraban bandera y desfilaban por el Paseo de Papalaguinda los reclutas del Ferral. Las tribunas de invitados al solemne acto castrense siempre estaban engalanadas de banderas, repletas de entusiastas aplaudidores que se pueden ver en las históricas fotos. ¿Les obligaban? ¿No podían escaquearse?
Podría poner aquí una legión de nombres propios de personajes o personalidades de todos los campos del saber que defendían el régimen franquista, o de los que lo toleraban solamente, sin más, y también de los muy «cucos», que pasaban por ser «antifranquistas» cuando en realidad eran «chivatos delatores» al servicio del franquismo, de un franquismo que les daba cuerda, o ramal, para que alardearan de valientes largando dialéctica «subversiva» de tono menor en los medios de comunicación controlados por el poder.
Algunos, al llegar la Democracia en 1975-1978, empezaron a renegar de aquella dictadura, se presentaron como adalides defensores de la libertad, pero sin reconocer lo que habían sido. En fin, que muchos de estos genios de «alto nivel cultural» que ahora no paran de insultar a los demás llamándoles fascistas, fueron funcionarios e hijos de funcionarios que amenazaban con aquello de «se va usted a enterar, no sabe con quien está hablando», siempre estaban dispuestos para meter miedo, tomar represalias, chulearse de su «poderío» amenazando a los adultos con multas y cárcel y a los niños pobres con mandarlos al reformatorio.
Con afán de concordia, y de armonía, un servidor pone aquí esta pequeña lista de personas de gran relieve que me merecen respeto y en algunos casos hasta admiración. Excluyo a algunos leoneses de altos vuelos que, más o menos, todos conocemos o podemos conocer.
A nadie se le puede recriminar que no fuera un héroe, que no diera la cara en defensa de la democracia y la libertad, pero tampoco es demasiado digno que al morir el dictador que los protegía se pusieran chulitos y arremetieran contra él. Deberían haber empezado por arrepentirse sinceramente y pedir perdón.
Edgar Neville/ Miguel Mihura/ Tono/ Enrique Jardiel Poncela/ Álvaro de la Iglesia/ Antonio Mingote/ Jorge Guillén/ Dámaso Alonso/ Luis Rosales/ Joaquín Romero Murube/ José María Castroviejo/ Francisco Villena/ Ramiro de Maeztu/ Salvador Dalí/ Ortega y Gasset/ Eugenio D’Ors/ Gregorio Marañón/ Ignacio Zuloaga/ Álvaro Cunqueiro/ Camilo José Cela/ Regino Sainz de la Maza/ Víctor Ruiz Iriarte/ Juan de la Cierva/ Ricardo de la Cierva/ Joaquín Calvo Sotelo/ Agustín de Foxá Torraba/ Leopoldo Panero/ José María Pemán/ Alfonso Paso/ Torcuato Luca de Tena/ Miguel Delibes/ Pedro Lain Entralgo/ Antonio Buero Vallejo/ Gonzalo Torrente Ballester/ Valentín García Yebra/ Alonso Zamora Vicente/ Azorín/ Pío Baroja/ Fernando de los Ríos/ Vázquez de Mella/ Julio Caro Baroja/ Rafael Sánchez Mazas/ Eugenio Montes/ Juan Aparicio López/ Antonio Tovar/ Julián Marías/ Ernesto Giménez Caballero/ Martín de Riquer/ Manuel de Falla/Isaac Albéniz/ Joaquín Rodrigo/ Enrique Granados/ Joaquín Turina/ Ernesto Halffter Escriche/ Narciso Yepes/ Antonio López/ Alfredo Kraus/ Saénz de Tejada/ Sotomayor/ Quintero-León y Quiroga/ Sáenz de Heredia/ Luis Lucía Mingarro/ Vallejo-Nájera/ López Ibor/ Melchor Fernández Almagro/ Ramón Carande y Thovar/ Luis Fernández Suárez/ Carmelo Bernaola/ Carmen Laforet/ Ignacio Agustí/ José María Gironella/ Ignacio Aldecoa/ Rafael García Serrano/ Elena Quiroga/ Cecilio Benítez de Castro/ Tomás Salvador Espeso/ Sebastián Juan Arbó/ Josep Pla y Casadevall/ Adriano del Valle/ Eduardo Marquina/ Dionisio Ridruejo/ Jesús Juan Garcés/ Rafael Duyos/ Manuel Cerezales González/ Celso Emilio Ferreiro/ Carles Riba/ Luis Felipe Vivanco/ Manuel Díez Crespo/ José García Nieto/ Manuel Alcántara/ José María Alfaro/ Ramón de Garciasol/ Federico Muelas/ Pedro de Lorenzo Morales/ Rafael Morales Casas/ Vicente Gaos/ Carlos Bousoño Prieto/ José Luis Hidalgo/ Jacinto Benavente y Martínez/ Wenceslao Fernández Flórez/ Américo Castro/ José María de Cossío/ Xavier Zubiri/ Fernando Lázaro Carreter/ Martín Almagro Basch/ Samuel Ros/ Luys Santa Marina/ Pilar Nervión/ Ana María Matute/ Josefina Aldecoa/ Antonio Gala/ Fernando Vizcaino Casas/ Eduardo Mendoza/ Javier Cugat/ Monserrat Caballé/ Charlie Rivel/ Llorenc Villalonga…
Los cinco personajes catalanes más importantes y famosos en el mundo eran entusiastas españolistas y franquistas: Salvador Dalí, Montserrat Caballé, Xavier Cugat, Charlie Rivel y Josep Pla.
El Ejército español, tan denostado y atacado por algunos «aguerridos pacifistas de tertulias», fue esencial y decisivo en la Transición, en la llegada y consolidación de la democracia que quiso conformar a todos. Derechas e izquierdas alcanzaron un gran acuerdo, una concordia, un mirar para el futuro, una Constitución que fue estudiada, admirada, y puesta como gran ejemplo de reconciliación y progreso en todas las universidades y esferas de poder político, económico y social del mundo libre y democrático. Es la verdad, y la verdad sí es revolucionaria. La mentira siempre es conservadora, aunque se la barnice de «progresismo».
El que esté libre de culpa…
CONCLUSIÓN
Más allá de posturas ideológicas, este texto pone sobre la mesa un debate necesario: la dificultad de simplificar la historia en categorías absolutas de blanco o negro. La relación entre intelectuales y poder político rara vez es lineal, y suele estar marcada por matices, intereses, miedos y circunstancias personales.
Reconocer esa complejidad no implica justificar ni condenar de manera automática, sino comprender mejor una época y a quienes la vivieron. En última instancia, el análisis del pasado exige honestidad intelectual, memoria crítica y la capacidad de aceptar que la historia, como la condición humana, está llena de contradicciones.
