INTRODUCCIÓN
El 6 de octubre de 1938, una comisión de enfermeras que prestaban servicio en hospitales de primera línea visitó a Francisco Franco para hacerle entrega de un álbum con las firmas de las damas enfermeras como homenaje en el segundo aniversario de su acceso al poder. El acto, recogido por la prensa del momento, formó parte de la escenografía pública destinada a destacar el papel del personal sanitario en la retaguardia y en los frentes de combate durante la Guerra Civil española.
El texto de la respuesta del jefe del Estado combina el reconocimiento al trabajo humanitario de las enfermeras con un discurso de exaltación moral y política, en el que se subraya el sacrificio, la abnegación y el valor simbólico de su labor en el contexto del conflicto. Se trata de una pieza representativa del uso propagandístico de los encuentros con colectivos civiles vinculados al esfuerzo de guerra.
«Sur», 6 de octubre de 1938.
Una comisión de damas enfermeras de las que prestan sus servicios en primera línea, visitó al Caudillo para hacerle entrega de un álbum con la firma de todas las damas enfermeras en hospitales de los frentes como homenaje de las mismas en el segundo aniversario de su elevación al Poder.
Una de ellas, con voz entrecortada por la emoción, pronunció unas palabras haciendo el ofrecimiento del álbum.
– Todas las enfermeras que actuamos en los hospitales de los frentes -dijo -hemos tomado la Santa Comunión el Día. del Caudillo, impetrando la protección divina para V. E., salvador de España, y hemos recogido en este álbum sus firmas haciendo entrega con él de la expresión de nuestra gratitud y adhesión inquebrantable.
El Caudillo les contestó con voz lenta, armoniosa, paternal. ¡Qué distinta su voz persuasiva, del tono brillante con que impusiera las condecoraciones a los voluntarios extranjeros y qué distinta de como sonaba días antes, al pronunciar su mensaje al pueblo español! Hablaba lentamente ante el símbolo del dolor sublime y de la prueba más patente de nuestro humanitarismo.
– Un gran bien me hacéis -replicó el Caudillo -con vuestro recuerdo y con vuestra presencia, y nunca mejor que ahora aprecio qué grado de fidelidad representa vuestra valiosa colaboración.
En los momentos en que me dejan mis ocupaciones, yo os he visto en los hospitales. Yo creo que las visitas a los hospitales no deben ser rápidas ni hechas para no pasar de los dinteles de las puertas. Un hospital, para ser visitado, requiere horas y aun días. Yo no tengo tiempo para hacerlo así. Pero en las pocas que los he visitado yo os he visto, mujeres, en los sitios donde os reclamaba la Patria. Os he visto en Griñón, en Aragón, y, mientras los hospitales eran bombardeados, vosotras seguíais trabajando. Pude comprobar que nadie más ajeno que vosotras al peligro, porque vuestras manos seguían curando a los heridos, limpiando el sudor de la frente de los agonizantes, sirviendo el agua al que la pedía asfixiado por la fiebre, escribiendo sus cartas a las madres, a las novias. Gracias, señoras, gracias de todo corazón.
Sé de vuestra obra trascendental que lo será más el día de mañana porque para entonces vuestro espíritu de sacrificio y de entereza será mucho más útil por vuestro ejemplo que toda clase de programa.
Vuestra obra no termina cuando termine la guerra de España con su victorioso final, porque después os necesitamos, ya que sois la emoción y serviréis para dar ejemplo de fraternidad, igualdad y justicia social.
Vuestra abnegación a las cabeceras de las camas de los heridos hace que vuestros nombres sean bendecidos por millares de bocas y sois en los hospitales el emblema de nuestra Sanidad, con vuestros hábitos.
Entre los rojos han prendido todos los grandes venenos, pero en toda España no prendió el veneno contra el hogar, la familia o la mujer santa que nos trajo al mundo. Aun pueden salvarse esas gentes. Yo lo tengo por seguro al ver vuestro entusiasmo interno que no entiende de colores y que lo mismo atiende a un comunista que mató a vuestro hermano que a un soldado de nuestras Divisiones herido por nuestra santa Causa.
Para mañana, España cuenta con vosotras. Yo reclamo vuestra cooperación para cuando no haya tierras que conquistar a los rojos, pero sí conquistar corazones para ganarlos para la Causa de Dios y de España.
Las damas enfermeras escucharon hondamente emocionadas, la breve y sentida alocución del Caudillo y luego le hicieron entrega del álbum.
CONCLUSIÓN
La intervención de Franco ante la comisión de enfermeras de primera línea ofrece una ventana al modo en que el régimen en formación construyó un relato en torno al papel de la sanidad, la mujer y el sacrificio humanitario durante la Guerra Civil. A través de un tono paternalista y emotivo, el discurso vincula la labor sanitaria con valores morales, religiosos y políticos que formaban parte del imaginario oficial del bando nacional.
Desde una perspectiva histórica, este documento permite analizar tanto el reconocimiento social del trabajo de las enfermeras en condiciones extremas como la instrumentalización simbólica de su figura dentro de la propaganda del conflicto. Su interés actual reside en aportar contexto sobre el papel del personal sanitario en la guerra y la manera en que su labor fue integrada en el discurso político de la época.
