La relación entre el régimen de Franco y la Doctrina Social de la Iglesia constituye uno de los aspectos que permiten comprender la política social desarrollada durante buena parte de aquel periodo. Más allá de las interpretaciones políticas posteriores, existen discursos y documentos en los que el propio Franco presentó determinadas actuaciones sociales como inspiradas en los principios de la doctrina social católica.
Uno de ellos fue el pronunciado en Madrid el 17 de julio de 1962, en el Gran San Blas, donde Franco se refirió expresamente a las encíclicas Rerum Novarum, de León XIII, y Mater et Magistra, de Juan XXIII. En aquel discurso relacionó la reconstrucción social de España con cuestiones como el salario de los trabajadores, la vivienda, la protección de la familia, la extensión de la cultura y las ayudas al estudio.
Su exposición ofrece, por tanto, una visión concreta de cómo el propio Jefe del Estado presentaba la política social de su régimen y de qué manera la vinculaba con los principios de la doctrina social de la Iglesia.
En este artículo recogemos aquel testimonio y las palabras de Franco, sin pretender agotar el análisis histórico de la política social del franquismo, sino poniendo el foco en su discurso sobre la justicia social y en las referencias explícitas a las enseñanzas sociales de la Iglesia.
Franco tuvo un discurso muy importante en el Gran San Blas, Madrid, el 17 de julio de 1962, sobre la inspiración católica social. De ese discurso es el párrafo siguiente:
«Desde los primeros días de nuestra contienda, empezamos a reconstruir nuestro edificio social inspirados en los principios de aquella encíclica papal de León XIII, la ‘Rerum Novarum’, plena de doctrina. Incluso fuimos más lejos de lo que en ella se establecía. Nos manda la Iglesia santificar las fiestas; nosotros creíamos desde el primer momento que no cabía plena santificación sin jornal, y así establecimos los salarios de los domingos; que no cabía la conservación de la familia si no disponía de un lugar salubre. Y por eso empujamos la construcción de las viviendas; pero no era posible la existencia de la familia numerosa si no se bendecía el hogar con el salario familiar. Y aún esto no nos bastaba: necesitamos la extensión de la cultura, que la cultura llegase a todos los lugares y a todos los rincones de la Patria, que no se perdiese ninguna inteligencia por falta de medios. Y hemos llegado este año a dedicar 1.200 millones, todo el importe del impuesto sobre la renta, para becas de estudios y aprendizaje para las clases menos dotadas. Es decir, que cuando llegan a nosotros las voces de los Pontífices en la magnífica encíclica ‘Mater et Magistra’, de Juan XXIII, la recibimos con alborozo, porque venimos caminando hacia ella desde hace veinte años. Y estos mismos días en las Cortes Españolas fue aprobada una ley de gran trascendencia moral para los trabajadores españoles: la de coparticipación en los Consejos de Administración de las Empresas, esto es, la elevación de nuestros obreros, que conozcan los problemas de la Empresa y que se sientan solidarios de ella. Sé que hemos echado sobre vosotros una grave responsabilidad, confiados y seguros de que habréis de responder a ella con la hombría de bien y con la caballerosidad que en todas las ocasiones habéis demostrado».
