INTRODUCCIÓN
A lo largo del siglo XX, diversas instituciones benéficas desempeñaron un papel fundamental en la atención a los sectores más vulnerables de la sociedad española. Entre ellas, la Cocina Económica de La Coruña ha destacado por su labor continuada en la asistencia alimentaria a miles de familias necesitadas, una misión que se ha mantenido hasta nuestros días.
En este contexto, distintos testimonios documentales recogen la implicación de figuras públicas en el sostenimiento de esta institución. Entre ellas, se encuentran las aportaciones económicas y gestiones realizadas por Francisco Franco y su esposa, Carmen Polo, especialmente durante sus estancias estivales en Galicia. Estas acciones, reflejadas en archivos históricos, muestran una faceta vinculada a la beneficencia en momentos clave para la supervivencia de la entidad.
En las actas que obran en los archivos de la cocina económica de la Coruña, que alimenta a día de hoy a más de 3500 familias de la Coruña y área metropolitana, figuran donaciones particulares del Jefe del Estado Su Excelencia Don Francisco Franco, así como de su mujer, Doña, Carmen Polo y su íntima amiga la Condesa de Fenosa y su marido.
Entre muchas donaciones del Generalísimo, podemos ver la que realizó en 1941 cuando la cocina económica estuvo apunto de desaparecer, el Generalísimo consciente de la labor de la institución, realizó un importantísimo donativo para la época. Fue tan importante que saneó las cuentas y dio oxígeno a la institución.
En 1965 Doña Carmen habla con su amiga la condensa de Fenosa para que se ayude a la Institución a través de su marido, importantísimo empresario gallego. Don Barrie atendiendo a doña Carmen Polo tras las indicaciones de su mujer, en septiembre de 1965 dona una importante suma económica para que la cocina siga funcionando.
La primera dama de España, recurre de nuevo a su íntima amiga en uno de los muchos veranos que el Generalísimo pasaba en Meirás y en 1966 don Barrie de la Maza invierte más de 600.000 pesetas de la época en víveres, combustible y alimentos y se sustituyen las viejas cocinas de carbón por unas de gas, ya que el precio del carbón era muy elevado y no paraba de subir.
Está sobradamente contrastado y documentadas las obras numerosas de caridad que tanto el Generalísimo como su mujer han realizado a la cocina económica de la Coruña, para paliar el hambre. Incluso intercediendo esta última a través de sus amigas para sacar fondos y donaciones para dicha institución, claro esto no sale en los libros, ni le interesa a la izquierda sectaria.
CONCLUSIÓN
Las donaciones y gestiones descritas evidencian el papel que determinadas figuras públicas desempeñaron en el apoyo a instituciones benéficas durante periodos de dificultad económica. En el caso de la Cocina Económica de La Coruña, estas aportaciones contribuyeron a garantizar su continuidad en momentos críticos y a mejorar sus medios materiales.
Más allá de interpretaciones ideológicas o lecturas políticas, estos hechos forman parte de la historia social de la ciudad y de una red de solidaridad que permitió atender necesidades básicas en contextos complejos. Su análisis contribuye a comprender mejor el funcionamiento de la beneficencia en España y la colaboración entre iniciativas privadas y figuras relevantes en la atención a los más necesitados.
