La hispanidad elaborada por Maeztu reivindicaba, como destino nacional, el liderazgo cultural y espiritual de los países hispanoamericanos, en aras de su misión histórica de «expansión universal de la catolicidad». El sentido del hombre de los pueblos hispanos es que todos pueden ser buenos, para lo que basta creer en el bien y realizarlo, como pensaban los descubridores del siglo XVI.
El franquismo hizo hincapié en los símbolos nacionales de la «nueva España»: la bandera tradicional rojigualda sustituyó a la republicana tricolor y, por decreto del 2 de febrero de 1938, se le añadió en el centro un escudo que, además de las flechas de los Reyes Católicos, incluía el Águila de San Juan, heredada de la reina Isabel. Asimismo, se divulgó para la Marcha granadera (o Marcha real) una letra compuesta en 1928 por José María Pemán, cuyas primeras estrofas dicen:
Viva España,
alzad los brazos, hijos
del pueblo español,
que vuelve a resurgir.Gloria a la Patria
que supo seguir,
sobre el azul del mar
el caminar del sol.
Otro símbolo de la hispanidad fue la fiesta del 12 de octubre, que siguió festejándose en la posguerra. Ya en 1937, el Gobierno de Burgos había anunciado un futuro calendario de fiestas patrióticas que incluiría la llamada Fiesta de la Amistad de los Pueblos Hermanos, en referencia al 12 de octubre, cuya primera celebración tuvo lugar en Zaragoza en 1939. Esa elección sirvió para conectar con la festividad del Pilar y enlazar la hispanidad con una ciudad que, desde principios del siglo anterior, simbolizaba la independencia nacional.
Fue el primer acto oficial de gran envergadura después del desfile de la Victoria, con la presencia de unas 50.000 personas, y sirvió para reunir a los representantes de los países hispanoamericanos.
Para dotar a su acción exterior de un organismo capaz de enlazar Iberoamérica y la «nueva España», el régimen creó el Consejo de la Hispanidad en 1940, con la misión de «velar por el bien e intereses de nuestro espíritu en el mundo hispánico». El preámbulo precisaba que no animaba a España ningún espíritu hegemónico, sino la voluntad de devolver al mundo hispánico su «conciencia unitaria».
Tras la reorganización del Ministerio de Asuntos Exteriores, se potenció la acción cultural y el Consejo de la Hispanidad fue sustituido por el Instituto de Cultura Hispánica (ICH), creado en 1946 con ocasión de la clausura del XIX Congreso Mundial de Pax Romana, en San Lorenzo de El Escorial. Esta nueva agencia estaba destinada a fomentar las relaciones de fraternidad hispanoamericanas en el ámbito educativo y cultural.
Uno de sus principales ámbitos de acción fue el fomento de los estudios superiores y la cooperación universitaria hispanoamericana. La importancia otorgada a Hispanoamérica en los estudios universitarios se manifestó también con la creación de becas de estudio para que estudiantes americanos fueran a España. Para alojarlos, se fundaron sendas residencias en la reconstruida Ciudad Universitaria de Madrid, los colegios mayores significativamente bautizados como Nuestra Señora de Guadalupe y Hernán Cortés, además del sevillano Santa María del Buen Aire.
Fuera de este activismo universitario, consistente en congresos, intercambios y labor editorial (con las publicaciones Revista de Indias y Cuadernos Hispanoamericanos), las demás iniciativas del Instituto de Cultura Hispánica se produjeron en el ámbito cultural. En abril de 1941 se fundó el Museo de América para dotar a la capital española de un lugar de exposición para sus ricas colecciones. El propio Franco inauguró la Primera Bienal Hispanoamericana de Arte en Madrid el 12 de octubre de 1951, fecha que conmemoraba la Fiesta de la Hispanidad, pero también el V Centenario del Nacimiento de Isabel la Católica.
En 1946, la joven Iberia inauguró la «línea del Plata» entre Madrid y Buenos Aires, convirtiéndose en la primera aerolínea que enlazaba Europa con América del Sur.
