INTRODUCCIÓN
Pedro Gamero del Castillo fue uno de los intelectuales y juristas más destacados del primer franquismo, con una sólida formación académica y una temprana vinculación al pensamiento católico y al nacional-sindicalismo. Licenciado y doctor en Derecho, formado también en Filosofía y Letras y con estudios en Alemania gracias a la Junta de Ampliación de Estudios, su trayectoria combinó reflexión política, acción ideológica y ejercicio del poder en los años fundacionales del nuevo Estado surgido de la Guerra Civil.
Gamero del Castillo, Pedro. Sevilla, 20.XI.1910 – Madrid, 7.XII.1984. Letrado del Consejo de Estado, ministro y miembro del Consejo privado de don Juan de Borbón.
Se licenció en Derecho y en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla. En Madrid se doctoró en Derecho y siguió los cursos de Ortega y Gasset y de García Morente, para pasar, posteriormente, pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios, a estudiar en Bonn y Friburgo.
En 1930 ingresó en la Asociación Nacional de Propagandistas Católicos y fue profesor del Centro de Estudios Universitarios (CEU). En 1934 organizó la campaña “Pro Ecclesia et Patria”, promovida por Ángel Herrera Oria desde Acción Católica, para protestar contra la Ley de Confesiones Religiosas, de la Segunda República. En 1935 ingresó, por oposición, en el cuerpo de letrados del Consejo de Estado. Durante la Guerra Civil Española, estuvo alistado como voluntario en la Armada y en 1937 se afilió a Falange (FET y de las JONS). Ese mismo año, bajo la protección de Ramón Serrano Suñer, “número dos” y cuñado de Franco, empezó su carrera política como gobernador civil en la Sevilla del general Queipo de Llano. Junto a José Luis Escario y Sancho Dávila formó parte de la comisión que, el 16 de febrero de 1937, viajó a Portugal para convencer a los jefes carlistas, que capitaneaba Javier de Borbón Parma, para que aceptasen el Decreto de Unificación que creaba el partido único denominado Falange Española Tradicionalista (FET) y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), bajo el caudillaje absoluto de Francisco Franco.
En 1939 fue nombrado por Franco ministro sin cartera y vicesecretario general de FET, contribuyendo a la creación del Instituto de Estudios Políticos y de la revista Escorial (noviembre de 1940), dirigida por Dionisio Ridruejo y Laín Entralgo.
Accedió a la Secretaría General del Movimiento el 15 de marzo de 1940. Según declaraba en el diario Arriba, el 18 de enero de 1941, “con la paz a la Falange le toca prestar un peligroso servicio de eclipse parcial porque la verdad es que la Falange no rige todavía un Estado propio —que no está aún construido— ni combate ya un Estado enemigo, que quedó derrumbado”. Tras la caída de Serrano Suñer, cesó como ministro el 19 de mayo de 1941, pero continuaría como miembro del Consejo Nacional de Falange, hasta que, en 1943, fue destituido por Franco, junto con García Valdecasas, Fanjul, Halcón y Yanguas, que como procuradores se habían dirigido al jefe del Estado planteando la necesidad de trazar la evolución política de España hacia la Monarquía.
Alejado del poder, formó parte del Consejo Privado de don Juan de Borbón hasta su disolución. Desde 1961 formó parte de quince consejos de administración de importantes sociedades mercantiles: fue presidente de la inmobiliaria Vallehermoso, de la Sociedad Española de Construcción Naval y de la Compañía Continental Hispánica de importación-exportación; vicepresidente del Banco Hispano Americano; consejero del Banco Urquijo, de Astilleros Españoles, de Hidroeléctrica de Cataluña, de la Unión Eléctrica-Fenosa; vocal de CAMPSA, del Banco de San Sebastián y consejero del Banco de España, en representación de la banca privada.
Gamero, escribió Dionisio Ridruejo en Casi unas memorias (1976), “era culto, fino, moderado, exigente y decididamente inclinado a los modos civiles y jurídicos”, y Francesc Cambó se lamentaba en su Diario el 9 de mayo de 1941: “Ha salido [del Gobierno] Gamero, probablemente la inteligencia más despierta”.
CONCLUSIÓN
La figura de Pedro Gamero del Castillo encarna el perfil del intelectual-político que aspiró a dotar al régimen franquista de una arquitectura jurídica e ideológica coherente. Su paso por la Secretaría General del Movimiento y su participación en la creación de instituciones clave como el Instituto de Estudios Políticos reflejan su voluntad de construir un Estado estructurado y doctrinalmente definido. Sin embargo, su progresivo distanciamiento del poder, especialmente tras la caída de Serrano Suñer y su defensa de una evolución monárquica del sistema, lo situaron en una posición marginal dentro del régimen. En las décadas posteriores, desarrolló una intensa actividad en el ámbito empresarial y financiero, cerrando una trayectoria marcada por la inteligencia política, el rigor intelectual y una concepción civil y jurídica del ejercicio del poder, reconocida incluso por algunos de sus contemporáneos más críticos.
