INTRODUCCIÓN
La figura de José García Rodríguez ‘El Algabeño’ ocupa un lugar destacado en la historia de la tauromaquia española. Nacido en La Algaba en 1875, este matador de toros se convirtió en uno de los grandes referentes del cambio de siglo, gracias a su elegancia, técnica y capacidad como estoqueador. Su estilo, profundamente enraizado en la tradición andaluza, le permitió alcanzar un notable reconocimiento en las principales plazas del país.
García Rodríguez, José. Algabeño. La Algaba (Sevilla), 21.IX.1875 – Sevilla, 7.I.1947. Torero.
Padre del matador de toros del mismo nombre y apodo, al primer Algabeño, don Ventura le define como “un excelentísimo matador de toros que supo dar un acento lírico a la ejecución de la estocada a volapié”. Y añade Claramunt: “El señor José ‘El Algabeño’ era un hombre bien plantado, tenía la planta de los pies bien asentada en el suelo, bien enraizada en sus raíces, las culturales, de estirpe labradora y ganadera.
Su personalidad respondía a esa estampa de armonía y fuerza, de gracia y prestancia, que pueden dar los nacidos en las márgenes del Guadalquivir y al pie de las sierras al sur de Despeñaperros”.
Estudió Veterinaria en Córdoba, carrera que no llegó a finalizar. Vistió su primer traje de luces en Sevilla, el 9 de diciembre de 1894. Los novillos eran de Miura. Alcanzó El Algabeño un gran triunfo, que repitió en dos festejos más durante ese mismo mes. En Madrid se presentó el 10 de marzo del año siguiente, mostrando ya entonces su gran calidad como estoqueador.
En el verano, en la plaza de la capital se disfrutó de la competencia entre Algabeño y el aragonés Nicanor Villa Villita, que llegaron a actuar mano a mano en tres novilladas en sólo ochos días, las celebradas el 8, el 11 y el 15 de agosto.
Tras diez novilladas en Madrid, Algabeño tomó la alternativa en esa plaza el 22 de septiembre de ese mismo año 1895, con Fernando El Gallo como padrino de la ceremonia y Emilio Torres Bombita de testigo. El toro se llamó “Pasajero”, y era del duque de Veragua.
Según don Ventura, El Algabeño “mantuvo su apogeo durante diez años, y el mayor esplendor de su carrera taurómaca corresponde a los años 1899, 1900 y 1901. Sufrió varios percances y el más grave de todos fue en Madrid, el 21 de abril de 1904, en que un toro de José Palha le hirió gravemente en la cara y el cuello”.
Pero no fue ésa la única cornada que sufrió, pues Cossío contabiliza más de una docena entre 1895 y 1910. También ofrece el erudito escritor la relación de corridas que toreó entre 1895 y 1912: quinientas dieciocho actuaciones y mil doscientos sesenta y un toros estoqueados. La última tuvo lugar el 11 de agosto de 1912 en Pontevedra Según Cossío, la peor de todas las cornadas fue la que le infirió en la barbilla un toro del marqués de Villamarta, el 2 de junio de 1901, en Algeciras: “Fue de tal gravedad —indica José María— que a Madrid se telegrafió su muerte, y con este motivo se publicó un extraordinario con su cogida y muerte”. Y finaliza don Ventura: “Disfrutó de un dorado y apacible retiro en Sevilla hasta el 7 de enero de 1947, fecha de su muerte”.
CONCLUSIÓN
La trayectoria de José García Rodríguez ‘El Algabeño’ refleja la esencia de una época dorada del toreo, marcada por la rivalidad, el riesgo y el arte. A lo largo de su carrera, dejó una huella imborrable tanto por sus triunfos como por las numerosas cogidas que sufrió, demostrando el compromiso y la valentía inherentes a la profesión. Su legado perdura como parte fundamental de la historia de la tauromaquia en España.
