El “Himno del Trabajo” forma parte del repertorio de canciones difundidas en el entorno falangista durante los años de la posguerra, en un momento en el que el discurso oficial buscaba articular una narrativa de reconstrucción nacional a través del trabajo, la disciplina y la unidad social. La letra combina imágenes del taller, el hogar y la vida cotidiana con referencias ideológicas propias del nacionalsindicalismo, presentando el trabajo como eje moral y simbólico del nuevo orden.
Como ocurre con otras composiciones de este periodo, el himno adopta un tono épico y programático, en el que se plantea una visión idealizada de la armonía social entre obreros y patronos, enmarcada en un discurso que rechaza el conflicto de clases y propone una supuesta superación de las divisiones sociales bajo una misma identidad nacional. Este tipo de canciones cumplían una función pedagógica y propagandística dentro de actos públicos, organizaciones juveniles y entornos laborales vinculados al régimen.
LETRA
Con el rumor de la faena,
ritmo febril de mi taller,
formo el latido de la vida
a una nación que vuelve a ser.
Tiendo la vela de aventura,
que hay otro mundo que encontrar;
siembro la flor junto a la espiga
y se hacen versos en mi hogar.
Soy nacionalsindicalista,
creo en las leyes del amor.
¡Basta de obrero envenenado
y de patrón explotador!
Soy la Falange del trabajo,
para que el bien triunfe del mal;
soy la alegría y la justicia,
y soy la España imperial.
