Jaime Casanovas, catalanista de pro, demócrata de izquierdas, según su propia confesión, conoció a Francisco Franco durante la guerra de África.
-¿Cómo surgió aquel encuentro?.
– Bueno…yo estaba cumpliendo el servicio militar en Marruecos, como cabo de complemento. Pertenecía al llamado Regimiento de Badajoz, de Barcelona, y me enviaron a cubrir unas bajas en el Zoco el Harbás, como consecuencia de la retirada de Xauen. Era el 18 de noviembre de 1924, y hubo un momento en que cundió el pánico, saliendo todos en desbandada. Huíamos de los moros como si fuéramos conejos.
-¿Usted también?.
– Todos sin excepción, menos Franco. Él estaba ya en el Zoco y cuando vio aparecer a los legionarios del Tercio de Extranjeros, División que estaba bajo sus órdenes, empezó a gritar: “¡La Legión a los parapetos!”, mientras iba imponiendo la disciplina y el orden que se había perdido. Ni aquellas palabras ni aquella voz de tenor que tenía las he olvidado en la vida. Fue por su parte un gesto impresionante.
– ¿Habló luego con él?.
– No. Yo era un soldado de veintiún años y él un comandante de treinta y tres.
– ¿Le ha visto alguna vez con posterioridad?.
– No, nunca más. Pero su actuación me causó un gran impacto.
– ¿Qué se decía entonces de Franco entre los militares?.
– Como militar, era un hombre de una valentía poco común. En la Legión se le admiraba mucho, aunque he de confesar que yo no he sido ni soy franquista. Es, simplemente, un dato de entonces objetivamente observado.
– ¿Franco ya empezaba a ser Franco?.
– No. Era simplemente un militar valeroso al frente de un Tercio en el que había que poner muchas agallas porque estaba compuesto por gente muy curtida en la vida. Por supuesto que no se adivinaba el político.
– ¿Y qué concepto histórico le merece éste?.
– El de una figura mítica que, como tal, ha pasado a la Historia por su gran fuerza de carácter.
-¿Cuál supone que será el futuro del postfranquismo sin su presencia física?.
– En todo régimen de larga duración hay aciertos y equivocaciones. La estructura ideológica pienso que no permanecerá. Se respetarán las Leyes vigentes, por supuesto. Y si Don Juan Carlos sabe armonizar las distintas tendencias políticas del país y reconciliar definitivamente a todos los españoles, tendremos ante nosotros un futuro difícil, pero esperanzador, basado en las normas que rigen todo sistema liberal y democrático.
Por el bien de todos, que sepa…
