Girón[i] protagonizó el intento de materializar el franquismo social. Con él y con el ascenso en 1941 a la Secretaría General del Movimiento de Arrese se ponía fin a una fase de “confusionismo”[ii] en el sentido de romper con el afán revolucionario de los elementos más abiertamente falangistas e independientes dentro del nuevo Estado. Fue, en palabras de su amigo Ismael Herraiz, uno de los dos grandes hombres del sistema revolucionario sustentado sobre los ideales falangistas.[iii]
Diseñadas las opciones fundamentales del franquismo social en el Fuero del Trabajo, el ministerio del ramo tuvo como función básica la de desarrollar los proyectos de mayor trascendencia en orden a materializar la mencionada política social. A la cabeza del Ministerio de Trabajo estuvo de 1941 a 1957 José Antonio Girón de Velasco.[iv] A lo largo de estos años su mano derecha fue el subsecretario del ministerio, cargo que fue ocupado por distintas personalidades como Manuel Valdés Larrañaga (quien duraría pocos meses),[v] Esteban Pérez González (de 1941 a 1945), Carlos Pinilla (hasta 1951), Francisco Ruiz Jarabo o Ambrosio López Giménez.
En lo político, la vida de Girón estaba prendida de dos tendencias. Por un lado, su ansia por participar en la Guerra Civil en defensa de lo que él creía eran las esencias de lo hispánico; y por otro “rehacer a España desde sus cimientos, según la propuesta joseantoniana”.[vi] Este proyecto se asentaba en la devoción inquebrantable a José Antonio Primo de Rivera, aquel hombre “dotado de una excepcional capacidad de mando… que recorrió los caminos de la patria hasta sacarla de sus casillas”.[vii] Como se puede observar, la personalidad de Girón aparece marcada por un intenso lirismo no exento de una cierta demagogia. “Claro está que había mucho de escenografía en aquel aparato. Pero también lo había de poético. Y ya sabemos que a los pueblos solo los mueven los poetas”, afirmaba Girón.[viii]
Por otro lado, su discurso aparece transido de un toque catastrofista. La visión que tenía de un mundo dominado por el liberalismo y el marxismo le hacía ver el problema de la Guerra Civil como una cuestión de supervivencia debido a la cual era necesario derrotar absolutamente y por medio de una labor demoledora al enemigo de España. De ahí arranca la idea de reconstruir España desde sus cimientos. España era en la mente de Girón un desierto que en otra época (esa que se pretendía resucitar) había sido un vergel donde los valores del catolicismo imperaron en un ambiente social de paz y armonía próxima a la del Edén bíblico. Todo ello aparece envuelto de una confianza absoluta en los principios de la Falange.[ix] Esa paz, según Girón, había de sustentarse sobre lo que él denominaba las tres libertades: la de mandar, la de saber y la de poseer. La libertad de saber tenía su materialización en las Universidades Laborales; la de poseer en el crédito laboral y ambas habían de ser soportadas económicamente por el gran potencial de los montepíos que deberían transformarse en algo más que en simples entidades de previsión para hacer las veces de un sustitutivo de los presupuestos generales del Estado. En último lugar, los Jurados de Empresa habían de materializar la libertad de mandar.[x]
La época que Girón encarnó en parte, era para el exministro de Trabajo un tiempo “infinitamente mejor que cualquier otro pasado”.[xi] Uno de los motivos que justificaron la publicación de sus memorias en 1994 era, a su juicio, la escasa preocupación del régimen de Franco por escribir su propia historia. En teoría, el objetivo de estas memorias era contribuir a esclarecer esa parte de la Historia de España, esos “cuarenta años de libertad, paz, justicia y progreso”.[xii] Este era para Girón el colofón de una España que había empezado a amanecer después de una contienda nacional tras la que nuestro país alcanzaría una situación inmejorable y desconocida en los siglos anteriores:
“… tengo que decir que si en última instancia he dado rienda suelta a ese cúmulo de recuerdos es al contemplar, al cabo de tantos y tantos años, el hundimiento vertical de la fórmula de democracia social que sobre un sistema de representación orgánica logró para España -economía, trabajo, convivencia- el período de tiempo más brillante de su historia contemporánea. Se partió de cero y se culminó no solo en la sociedad del bienestar que en 1975 acogía a la totalidad del censo nacional, sino, simultáneamente, al engrandecimiento de nuestro pueblo”.[xiii]
El ascenso de Girón en la pirámide de poder del franquismo, aunque fraguado antes, comienza en el verano de 1939. El Gobierno de agosto de 1939 supuso un golpe para algunos falangistas como el delegado nacional de Auxilio Social, Martínez de Bedoya. Según el testimonio de Girón fue él, quien enfrentándose a Serrano Suñer, ministro de Gobernación, logró evitar que las represalias contra Martínez de Bedoya, contrario al Gobierno de agosto de 1939, fueran mayores. En un contexto de enfrentamiento de los falangistas contra un Gobierno que aparentemente explicitaba el triunfo de la CEDA, Girón aupado por el secretario general del Movimiento, el general Agustín Muñoz Grandes, era nombrado delegado nacional de Excombatientes. Según el propio Girón, con la aceptación de aquel puesto contravenía su propia vocación de servir a España y a la Falange desde puestos de poder distintos al de delegado nacional.[xiv]
Girón de Velasco llegó al Ministerio de Trabajo a raíz de la crisis de 1941. El mes de mayo de este año fue un momento de gran inquietud entre los medios más próximos a la Falange. Algunos gobernadores civiles y jefes provinciales habían dimitido, entre ellos Miguel Primo de Rivera. “Los delegados nacionales vivíamos como una especie extraña de huelga. O de predimisión; Pilar Primo de Rivera había hecho llegar a Ramón Serrano Suñer la suya, firmada aunque sin fecha”, relata el exministro.[xv]
Tres días antes del nombramiento de Girón como ministro, Serrano Suñer le había telefoneado para poner en su conocimiento que él o Jesús Rivero Meneses ocuparían la cartera de Trabajo. El día 17 recibió la llamada del general Franco. Girón en sus memorias relata aquellos hechos, no sin apasionamiento sincero, de la siguiente manera:
“Franco me recibió sonriente, amable. Y sin más me dijo:
-Girón, va a ser usted ministro de Trabajo.
Jamás había pensado ni en ese ministerio, ni en otro; por lo menos hasta aquel instante. Tenía veintinueve años y estaba demasiado abrumado por la incorporación a la vida civil de miles y miles de excombatientes. De manera que con la espontaneidad con que siempre le hablé, sin recovecos ni valores entendidos, le contesté:
– ¡No me haga usted eso, mi general! ¡Yo no sé una palabra de ese departamento!…
Me miró. Por unos instantes dejó de sonreír y se limitó a transformar la comunicación anterior en una orden. No lo dijo así, pero en la expresión de su rostro se daba por entendido sin lugar a equívocos.
-No tiene más remedio que aceptar. No se preocupe…
… No son pocos los historiadores que consideran que aquella crisis vertebró bastante al Movimiento. Los más perspicaces dicen que también sirvió de aviso para el bueno de Ramón Serrano Suñer”.[xvi]
Para Suárez Fernández, Girón representaba, junto a Arrese y Miguel Primo de Rivera un falangismo sincero. “Eran más católicos que socialistas, más racionalistas que hegelianos, más españoles que ninguna otra cosa”.[xvii] En definitiva representaban el sector de la derecha de la falange, quizás el de mayor capacidad de adaptación y acomodamiento a una situación en la que progresivamente sus principios iban a ser paulatinamente postergados. Era la falange de “derechas” frente a “los (pocos) guías de la izquierda”[xviii] que pugnaban por imponer los viejos ideales de la Falange en referencia esencialmente a Ridruejo y Tovar, dos de los protagonistas de la crisis de 1941.
Girón se integró en el Gobierno nacido el 19 de mayo de 1941[xix], momento de creciente influencia progermánica a través del ministro de Gobernación, Serrano Suñer. Según Payne, para “… aumentar la representación falangista en el Gobierno, Serrano sugirió a su cuñado que el Ministerio de Trabajo, que llevaba en las manos del ministro de Agricultura un año y medio sin ninguna actividad, se le diera al joven camisa vieja de Valladolid, José Antonio Girón”.[xx] Desde ese momento “Girón se convirtió en el primer auténtico ministro de Trabajo del régimen…”.[xxi] La labor de este, al igual que la de Arrese desde la Secretaría General del Movimiento o la de Fermín Sanz Orrio desde la Vicesecretaría de Obras Sociales de la FET, sería la de domesticar a las instituciones emanadas del falangismo y adaptarlas a la nueva realidad que España vivía encabezada por el Caudillo.[xxii]
En todo momento, Girón dio muestras de su empuje y de su vitalidad política, independientemente de que esta fuera más o menos acertada. Siempre demostró empuje, brío en su tarea y la fortaleza propia de su juventud. Era un ministro puro nervio, con más fibra y romanticismo que la mayoría de los políticos de los gabinetes franquistas; enérgico y vigoroso en su vocabulario, dio muestras de ello desde el día de su nombramiento:
“Tras las ceremonias habituales de juramento y toma de posesión me presenté en el ministerio y ocupé el despacho. Había visto en las caras de los altos dirigentes del departamento una cierta ironía, probablemente por mi juventud. O acaso porque suponían que frente a sus brillantes historiales administrativos, el joven ministro podía vacilar. Ignoraban algo bastante importante: en el Ministerio de Trabajo entraba un ministro que desconocía los organigramas del ramo. Pero ignoraban también que ese ministro era un falangista con las ideas doctrinales muy claras y con la certidumbre de que los españoles llevaban más de cien años esperando la hora de la justicia social”.[xxiii]
Sobre la personalidad de Girón hay otros enfoques que inciden en el carácter demagógico de su retórica, en su conservadurismo, en la lealtad inquebrantable a Franco[xxiv] y en su desafecto, como otros falangistas, por Serrano Suñer.[xxv] Ludevid afirma de él y de Arrese que defendían un sindicalismo concebido por encima de una lucha de clases que se proclamaba superada.[xxvi] Para otros no era más que un demagogo, al igual que otros altos jerarcas de la administración franquista, que promovía la esclavitud del proletariado encadenando “discursos y viajes, ofreciendo al exterior cuanto les piden… prometiendo resolver los problemas que sus amos -los del poder económico- han creado…”.[xxvii] Algunos sectores empresariales veían en Girón a un revolucionario, a un rojo[xxviii] o un izquierdista.[xxix] Independientemente de estas consideraciones la figura del ministro de Trabajo aparece como claramente progermana en los años de la segunda guerra mundial.
Para Girón, la crisis de agosto de 1942, nacida de los sucesos acontecidos en el santuario de Begoña (16 de agosto), no fue más que agua de borrajas. Y ello, pese a considerar que en aquel momento, tras el atentado contra la vida del general Varela, ministro del Ejército, se produjo un intento de los militares por acabar con la Falange y establecer una nueva dictadura militar que prescindiera de Franco. Girón no sacó más conclusión de aquellos acontecimientos que la salida de Varela, Galarza y Serrano Suñer del gabinete franquista. Independientemente de ello, Girón, como representante de facto de la Falange, y el general Asensio, ministro del Ejército, en vista de lo que suponía el comienzo de la operación Torch el 8 de noviembre de 1942 y el consiguiente desembarco de los aliados en el Norte de África, parecían ser partidarios de que España entrase en la guerra del lado de los alemanes.[xxx] Inmersa Europa en la Segunda Guerra Mundial, la posición de los falangistas era abiertamente germanófila. De hecho, en el Consejo de Ministros del 16 de noviembre de 1942 la minoría germanófila encabezada por Girón (además de Asensio y Arrese) presionó para que España se colocara más abiertamente al lado del Tercer Reich.[xxxi] Este mismo año, el 2 de abril, estallaba una bomba en el coche de Girón, sin que nadie resultara herido ni detenido.
Girón defendía la necesidad de “dignificar moral, profesional y económicamente al trabajador” lo cual en ocasiones chocaba con los plutócratas y los conservadores que desde dentro del Movimiento veían con ojos sospechosos al ministro de Trabajo.[xxxii] Los proyectos del franquismo social que Girón representaba hacían continua referencia al hombre con un cierto sesgo teologizante. Para el ministro, su política social había de tener presente en todo momento que el objetivo era lograr que el trabajador español cumpliera su destino metafísico y eterno a través del mundo del trabajo, la empresa y de las unidades sociales naturales: la familia, el municipio y el sindicato.
Ya en el año 1943 (concretamente el 12 de mayo) se produjo un intento por parte de Girón de que el jefe del Estado interfiriera en favor de sus proyectos y en contra de los criterios del ministerio de Hacienda (una de las bestias negras de Girón), que entorpecía la capacidad financiera del Instituto Nacional de Previsión con el Proyecto de Ley de inversión de fondos y exención tributaria de entidades aseguradoras de fondos públicos aparecido en el Boletín Oficial de las Cortes Españolas el 15 de abril de 1943. A juicio del ministro, este proyecto constituía un importante freno en la capacidad de acción del INP, organismo por medio del cual se desarrollaba la política social del Ministerio de Trabajo, y más concretamente la política de previsión por lo cual se expresaba ante el general Franco en los siguientes términos:
“No escapa a la penetración de V.E. que la labor social, llevada a cabo desde el 18 de julio de 1936 por el Estado actual, ha venido siendo entorpecida con obstaculizaciones, unas veces determinadas por necesidades circunstanciales y otras por la actividad de concepciones político-sociales rebasadas que pugnan por sobrevivir. La dificultad de establecer con exactitud la línea que separa el obstáculo natural de la resistencia intencionada y la grave responsabilidad que entraña una acusación de obstruccionismo nos obligan a combatir y denunciar a V.E. objetivamente las orientaciones que pueden oponerse al cumplimiento de vuestras consignas prescindiendo de calificar su intención”.[xxxiii]
La segunda mitad de los años cuarenta fue un período de incertidumbre para un falangismo que progresivamente era más marginado dentro del propio régimen pese a ser uno de sus soportes fundamentales. La labor de Girón en esas difíciles circunstancias (sobre todo desde 1945) estuvo presidida por el afán de desarrollar el mayor número de proyectos que dieran coherencia al afán supuestamente revolucionario del ministerio que él presidía:
“… Sin ministro secretario general del Movimiento… desde la crisis de julio de 1945 y con Raimundo Fernández Cuesta en el ministerio de Justicia, me propuse tres cosas: mantener mi absoluta fidelidad al jefe nacional, seguir desarrollando el esquema doctrinario del nacional-sindicalismo y no parar ni un solo día, ni un solo instante, en la obra emprendida desde el Ministerio de Trabajo…”.[xxxiv]
Para Girón 1947 fue un año de singular trascendencia; hasta el punto que en sus memorias afirma que este año “representa el avance prometedor de mis escuadras en pos de una revolución que yo no dejé pendiente”,[xxxv] pese a lo cual, el primer franquismo no serviría para materializar los sueños joseantonianos que teóricamente había de ayudar a construir. Este año también sería el elegido para que su ministerio y su política recibieran los “hachazos del capitalismo y de algunos ilustres camaradas…”.[xxxvi] La fuerte presión de los sectores antifalangistas, sobre todo de los monárquicos, molestaba de forma evidente a Girón. Según él, nunca participó en los incidentes, en las discusiones o en las pequeñas conspiraciones de salón.[xxxvii] Sin embargo, la obsesión que manifestó dos años antes por quitar de en medio al subsecretario de Trabajo, Esteban Blas Pérez, indica que Girón, en mayor o menor medida, también luchó desde aquellos salones por mantener la posición de los falangistas dentro del régimen.
Sería Girón el ministro que, tras Carrero Blanco (la eminencia gris del régimen de Franco),[xxxviii] ocupara más tiempo un sillón ministerial junto al general. Desde el 19 de mayo de 1941 al 25 de febrero de 1957. Con respecto a la larga duración en el cargo afirma Payne:
“No obstante, el falangista Girón, cuya flexible demagogia sería muy útil, continuó como ministro de Trabajo (un puesto que conservaría 17 años, hasta 1957, lo que le convirtió en el ministro más longevo de Franco después de Carrero Blanco”.[xxxix]
La figura de Girón también fue utilizada como mecanismo de domesticación de los elementos falangistas. Dada su lealtad al general Franco, este confiaba en él por muy demagógicas que fueran sus declaraciones públicas[xl] porque, a través de las promesas y discursos de Girón se desactivaban las posibles protestas y demandas de los elementos más radicales del partido, imposibilitando que los viejos falangistas y sus programas penetraran profundamente en la política española.
Girón logró pasar indemne la crisis ministerial de 1951 gracias a su papel “eminentemente útil y leal”[xli] para Franco. Quizás por ello fueron estos los años rosas del ministro de Trabajo. Las cosas marchaban bien; la época del racionamiento (en 1952 llegó a su fin) y de la penuria dejaba paso a una época de mayor progreso. En definitiva, estos años cincuenta constituyeron para el franquismo su verdadera encrucijada:
“… iba a decidirse el destino de España. Cuando esa década terminó, la España que nos propusimos desde los lejanos días de las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica o desde el glorioso amanecer del 29 de octubre de 1933, iba a ser distinta. En quince años, tras el deslumbrante milagro español… la fisonomía de nuestro pueblo cambiaría radicalmente…
… No solo el entramado del estado social cuya construcción puso en mis manos Francisco Franco, sino en todos los otros órdenes de la vida -desde la política hidrográfica a la revolución industrial- se perfilaba ya el amanecer de un nuevo tiempo, perfectamente mejor que cualquier tiempo pasado”.[xlii]
Pese al papel de Muñoz Grandes en el acceso de Girón al cargo de delegado nacional de excombatientes, hasta la mitad de la década de los cincuenta su relación con este fue peculiar. Según Payne,[xliii] para Muñoz Grandes, Girón fue su principal bestia negra, considerándole un demagogo y una de las principales fuentes de corrupción en el Gobierno. A su vez, Girón había denunciado a Muñoz Grandes como uno de los principales conspiradores contra el régimen de Franco en los años cuarenta.
En la crisis del 1956, Girón veía un movimiento de desafectos al franquismo y a su obra. El movimiento contra las esencias del régimen podría encontrar su génesis, siempre según Girón, en un artículo publicado por el miembro del Opus Calvo Serer en 1953 en París. En él, ante lo que parecía un polarizado gabinete ministerial dividido entre la izquierda falangista y la derecha democristiana representada por Joaquín Ruiz-Giménez, el años más tarde integrante de la Junta Democrática, proponía una tercera vía que, asentada en la antigua Acción Española, “diese a la monarquía por venir el contenido doctrinal que necesitaba”.[xliv]
Girón no estaría en el Gobierno de febrero del 57. Su buena estrella había terminado por apagarse:
“Después de quince años sustituyó al veterano Girón, hasta entonces el único ministro de Trabajo del régimen, a quien consideraba muy bueno y extremadamente leal, pero demasiado impetuoso y políticamente comprometido por sus largos años en el cargo”.[xlv]
“Así, la representación falangista en el Gobierno no disminuyó numéricamente, pero esto no ocultaba el hecho de que la retirada de los proyectos de reforma y la tendencia principal del reajuste del Gobierno representaban una derrota fundamental para el Movimiento y el principio de su relegación final”.[xlvi]
Según Girón, y sin dejar de tener en cuenta todas las salvedades que habría que hacer, en lo que a su Ministerio de Trabajo se refiere, la revolución pendiente no constituía más que un argumento retórico de sus oponentes dentro del régimen. La política social del régimen había ofrecido a España, al menos hasta la Ley de Reforma Política de 1976, “una edad de oro y… transformó la amarga faz de nuestro pueblo en el rostro sonriente del mejor tiempo vivido a lo largo de muchos siglos de historia”.[xlvii] Por tanto, según el exministro, el general cometió el único error de su vida política al permitir la crisis de 1957; su marcha, a su juicio, deshilachaba las únicas hebras que mantenían unido el espíritu de la Falange con el régimen personalizado en el viejo general. La percepción del león de Fuengirola era que con ello, el embrión de la antiEspaña, incubando la toxina fétida que desarticularía la obra de la Falange, había triunfado por medio de la provocación del citado error:
“El error de Franco -error del que saldría cuando se iniciaba la década de los setenta- fue creer que con viviendas, frigoríficos y automóviles iban a matarse los virus de una revolución que, salvada la circunstancia de cada tiempo, obedecía a la pavorosa máquina de la anti-España”.[xlviii]
Girón dio sus últimos coletazos a principios del año 1956. El 16 de febrero José Luis de Arrese se hacía cargo de la Secretaría General del Movimiento tras negarse Girón a que recayera en él tal responsabilidad. Sin embargo, el león de Fuengirola incrementó notablemente sus poderes y su peso dentro del régimen franquista cuando, nombrado Arrese, aquel se hizo cargo de la Vicesecretaría General de Obras Sociales en febrero de 1956. El hecho de que bajo su mando quedara la Delegación Nacional de Sindicatos probablemente fue un hecho decisivo que ayudó más si cabe a su caída posterior.[xlix] Girón pretendía que Ismael Herraiz, fuera nombrado delegado nacional de Prensa y Propaganda del Movimiento. El vicesecretario general del Movimiento, Diego Salas Pombo, se opuso a ello pese a tener Girón el beneplácito del secretario general. La negativa o las dificultades para que el nombramiento de Herraiz se llevara a cabo tenían como base el peligroso ascenso del propio Girón dentro de la estructura de poder del Estado franquista. Estaba relativamente cerca su salida del Ministerio de Trabajo, pero por estas fechas había hincado el diente dentro de la Secretaría General, había incrementado su peso dentro del Organización Sindical y ahora se proponía dar la batalla para conseguir lo que seguramente le podría haber catapultado a cotas todavía mayores de poder en un momento en que la televisión comenzaba su andadura en España. Ismael Herraiz era su hombre; sin embargo, el intento no llegó a buen puerto y Herraiz acabó como agregado de prensa en Viena. Probablemente este fue un primer signo del deterioro de la figura de Girón dentro del gabinete franquista y un indicio de que el final de sus días en aquel Gobierno podía estar cerca. Teniendo en cuenta la trascendental importancia que los medios de comunicación iban a tener a lo largo de la década de los sesenta en la sociedad española, la figura de Girón, encaramada por medio de Herraiz a esa fuente de poder, podía haberse defendido más vigorosamente de los grupos y las personalidades que lograrían su salida del Gobierno en febrero de 1957. Según el propio Girón, “Francisco Franco había jugado la última baza en defensa de la Falange, sin que los falangistas lo advirtiéramos”.[l]
El resultado de todo ello, como ya se ha dicho, fue la salida de Girón del Gobierno en la crisis de febrero de 1957. La operación de Arrese y la subida de salarios decretada desde el Ministerio de Trabajo fueron el pretexto que los sectores contrarios al falangista aprovecharon para lanzar a este fuera del Gobierno. En palabras del exministro, él ya conocía por boca del general Franco el resultado de la crisis desde enero de 1957:
“En los primeros días de enero de 1957, al salir de un Consejo, Franco me pidió que me quedase.
-Girón, voy a hacer un reajuste profundo del Gobierno y tendré que prescindir de usted.
-Gracias, mi general.
-Le ruego que no diga una sola palabra hasta que tenga más perfilada la solución de la crisis. Hasta ese momento, todo seguirá igual”.[li]
La cartera de Trabajo fue a parar a Fermín Sanz Orrio y la de Vivienda a José Luis de Arrese. Su toma de posesión a punto estuvo de tener tintes violentos; evidentemente la Falange encontraba grandes dificultades para aceptar la salida de su hombre del Ministerio de Trabajo. La situación se complicó hasta tal punto que el discurso que el exministro pronunció en la toma de posesión de su sucesor no fue publicado en la prensa escrita. De hecho, la percepción de la valía de Sanz Orrio por parte de Girón estaba en niveles muy bajos; aquel hombre no era el idóneo para continuar la labor social que España necesitaba.[lii] Algunas referencias en las memorias de Girón en torno a Sanz Orrio son fiel reflejo de la idea que tenía sobre su sucesor:
“O sea, que sin dejar de atender a las cuestiones más acuciantes de la vida política y desdeñando la ramplonería con que la Delegación Nacional de Sindicatos operaba bajo la dirección de Sanz Orrio, decidí, por lo que más urgía: conversar con los obreros…
La toma de posesión en el Ministerio de Trabajo de Fermín Sanz Orrio fue tensa y estuvo a punto de ser violenta”.[liii]
En esta línea está la correspondencia entre el delegado nacional de Sindicatos y el ministro de Trabajo. A la luz de algunos ejemplos se puede palpar la difícil relación entre la Organización Sindical y el ministerio. Y es que desde el Sindicato salían las denuncias sobre la dejadez de los organismos dependientes del Ministerio de Trabajo y el desamparo al que se veían sometidos los trabajadores fruto de la alianza tácita entre algunos empresarios y las delegaciones provinciales del Ministerio de Trabajo.[liv]
La figura de Girón era ensalzada por los órganos periodísticos de la Falange. Y así, desde el periódico Arriba, el luego columnista del diario ABC, Jaime Campmany, publicó en el mes de noviembre de 1962, tras el accidente de tráfico que dejaría secuelas perennes en Girón, un artículo del cual reproducimos unas líneas:
“… el hombre se llama José Antonio Girón. Ver a José Antonio Girón en el rincón de una habitación de clínica es algo así como contemplar un genio metido en una botella, como ver un gigante encadenado, como ver un rayo cautivo…
… Somos muchos los españoles para quienes siempre ha sido una tranquilidad, una confiada esperanza saber que Girón estaba ahí… Fue él quien nos anunció la conquista de tantas cosas que hoy poseemos con naturalidad; fue él quien durante muchos años nos convocaba y encaminaba hacia metas sociales y políticas que, apenas alcanzadas, él mismo remplazaba por otras más lejanas y hermosas; fue él quien simbolizó muchas ilusiones y precisamente aquellas ilusiones que han encontrado mayores y más difíciles obstáculos para hacerse realidad”.[lv]
[i]Por medio de estas líneas no pretendemos llevar a cabo una biografía del personaje central en la política realizada por el ministerio de Trabajo de 1941 a 1957, objeto la tesis que dio origen a esta publicación. Sin embargo, resulta necesario dar alguna pincelada sobre su biografía. Girón de Velasco nació en Herrera de Pisuerga (Palencia) el 28 de agosto de 1911 y falleció el 22 de agosto de 1995 en Fuengirola (Málaga). Se matriculó en Derecho en la Universidad de Valladolid, terminando la licenciatura en 1932 en la Universidad de Salamanca. Participó en la creación de las JONS y formó parte del Consejo Nacional de FET y de las JONS. El 17 de julio participó en el alzamiento desde Valladolid y mandó una centuria que marchó sobre el puerto de los Leones; en agosto mandó dos centurias en Puerto Ventana y en septiembre de 1936 preparó una fuerza de choque para rescatar a José Antonio en Alicante. La decantación de Manuel Hedilla por Girón le llevó, en pugna con Andrés Redondo, al cargo de inspector territorial. Al finalizar la guerra estuvo al frente de la Delegación Nacional de Excombatientes. Equipo Mundo: Los 90 ministros de Franco. Dopesa, págs. 103-104.
[ii]Ludevid, Manuel: Cuarenta años de Sindicato Vertical. Laia, Barcelona, 1976, pág. 21.
[iii]Girón de Velasco, José Antonio: Si la memoria no me falla. Barcelona, Planeta, 1994, pág. 85.
[iv]Sobre su llegada al ministerio realiza Aparicio la siguiente afirmación: “La exaltación del mundo del trabajo corresponderá en adelante, con práctica exclusividad, a José Antonio Girón de Velasco que, dentro de la estructura gubernamental y sin contacto directo con los trabajadores, tendrá un margen de maniobra más seguro y potencialmente menos peligroso en el desempeño de esa repetitiva advocación a la clase obrera a quien se prometerá la entrega de la justicia social a través de un lenguaje que no intenta siquiera ocultar el paternalismo autoritario que le sirve de fuente inspiradora”. Aparicio, El sindicalismo…, op. cit., pág. 203.
[v]Sobre él afirmaba Girón que le resultaba totalmente “inaceptable” en el cargo de subsecretario. “Por más que yo lo intentaba, no me entendía con él. Puedo asegurar que lo intenté todo para que la confianza y el entendimiento se produjesen, pero no se producían..”. afirmaba el ministro de Trabajo. Girón (1994), op. cit., pág. 95.
[vi]Girón (1994), op. cit., pág. 17.
[vii]Ídem, pág. 31.
[viii]Ídem, pág. 46.
[ix]Ídem, pág. 41.
[x]Soler Serrano e Irurozqui: Girón entre el ayer y el mañana. Barcelona, ed. Jaime Solá, 1973, págs. 153-154.
[xi]Girón (1994), op. cit., pág. 30.
[xii]Ídem.
[xiii]Ídem, pág. 82.
[xiv]Ídem, págs. 52-58.
[xv]Ídem, pág. 76.
[xvi]Ídem, págs. 78-79.
[xvii]Suárez Fernández, Luis: Francisco Franco y su tiempo. Tomo IV. Fundación Francisco Franco, 1984, pág. 263.
[xviii]Ídem, pág. 266.
[xix]El Gabinete quedó constituido de la siguiente forma: Gobernación, Blas Pérez González; Ejército, Fidel Dávila Arrondo; Marina, Francisco Regalado; Aire, Eduardo González Galarza; Exteriores, Alberto Martín Artajo; Educación, José Ibáñez Martín, Industria y Comercio, Juan Antonio Suanzes; Obras Públicas; José María Fernández Ladreda; Agricultura; Carlos Rein Segura; Hacienda, Joaquín Benjumea Burín; Justicia, Raimundo Fernández Cuesta; Secretaría General del Movimiento; José Luis de Arrese y Magra; Trabajo, José Antonio Girón de Velasco.
[xx]Payne (1987), op. cit., pág. 300.
[xxi]Ídem, pág. 301.
[xxii]Ídem, pág. 407.
[xxiii]Ídem, pág. 79.
[xxiv]Ídem, pág. 302.
[xxv]Ídem, pág. 308.
[xxvi]“A partir de tal concepción de la armonía de clases surge una concepción peculiar del sindicalismo. Este se configura como un aparato del Estado, que se estructura de forma jerarquizada y autoritaria y desarrolla un tipo de actividad sindical de tipo paternalista y asistencial”. Ludevid, op. cit., pág. 22.
[xxvii]Llorens Castillo, Carlos: La primera década. Una aportación al proceso político e ideológico del franquismo y a la historia del Partido Comunista de España. Valencia, Fernando Torres, 1983, pág. 154.
[xxviii]Ídem, pág. 155.
[xxix]Equipo Mundo, op. cit. pág. 103.
[xxx]Payne (1987), op. cit., pág. 592.
[xxxi]Ídem, pág. 324.
[xxxii]Girón (1986), op. cit., pág. 119.
[xxxiii]Archivo de Presidencia del Gobierno (APG), Sección de Jefatura del Estado-Varios ministerios (JE), leg. 59, nº 2, pág. 1.
[xxxiv]Girón (1986), op. cit., pág. 134.
[xxxv]Ídem. Sin embargo, la apreciación que Soler e Irurozqui hacen sobre los resultados de la política de Girón (pese a estar en una línea de abierta apología del personaje) pone de manifiesto la conciencia por parte del personaje de la distancia entre los deseos teóricos en torno a la pretendida revolución y las realizaciones efectivas: “El Girón de la España agria que desembocó en la Guerra Civil, el Girón que tomó partido a pecho descubierto, y dio fe de su fe, ha dado paso a un Girón pragmático, posibilista, a un político que no renuncia a sus sueños, que ha capitaneado los movimientos más audaces de la justicia social en España y que sin embargo sabe que no ha llegado ni a la quinta parte de los que él se propuso”. El subrayado es nuestro. Soler Serrano e Irurozqui, op. cit., pág. 8. Desde otra perspectiva Payne reconoce buenas intenciones al ministro Girón como un ejemplo de los pocos que se preocuparon efectivamente de la elevación del nivel de vida del trabajador español: “… el único falangista que alcanzó alguna popularidad a lo largo de dieciséis años de ministro del Trabajo (1941-1957) fue el antiguo jefe de milicias José Antonio Girón. Este se tomó en serio su cargo y trató de infundir en el gobierno cierta preocupación por los trabajadores. Estableció una legislación social bastante avanzada, aunque las disposiciones oficiales quedaban muy por debajo de las necesidades reales de los trabajadores. La realización más destacada de su sistema fue la garantía de estabilidad en el empleo. Existía un subempleo, pero el paro prácticamente desapareció. A pesar de estar rodeado de paniaguados, famosos por sus inmoralidades económicas, la gente reconocía que había intentado sinceramente mejorar la situación de los trabajadores y logro incluso cierta popularidad entre los mineros asturianos”. Payne (1985), op. cit., pág. 203.
[xxxvi]Ídem, pág. 142.
[xxxvii]Ídem, pág. 135.
[xxxviii]Tusell, Javier: Carrero. La eminencia gris del régimen de Franco. Madrid, Temas de Hoy, 1993.
[xxxix]Payne (1987), op. cit., pág. 363.
[xl]Ídem, pág. 408.
[xli]Ídem, pág. 432.
[xlii]Girón (1994), op. cit., págs. 148-149.
[xliii]Payne (1987), op. cit., pág. 439.
[xliv]Girón (1994), op. cit., pág. 154.
[xlv]Franco Salgado-Araujo, Francisco: Mis conversaciones privadas con Franco. Barcelona, 1976, pág. 182.
[xlvi]Payne (1987), op. cit., pág. 466.
[xlvii]Girón (1994), op. cit., pág. 99.
[xlviii]Ídem, pág. 194.
[xlix]Arrese, José Luis de: Una etapa constituyente. Barcelona, Planeta, 1982, pág. 26.
[l]Girón (1994), op. cit., pág. 164.
[li]Ídem, pág. 172.
[lii]Ídem, pág. 183.
[liii]Girón (1994), op. cit., págs. 113 y 180.
[liv]Carta de Fermín Sanz Orrio a Girón de Velasco de 29 de noviembre de 1943. AGA, Sección de Sindicatos (SS); IDD 90.02., R/0007, Nº 97-13ª.
[lv]Girón (1994), op. cit., págs. 200-201.
