El diario Público, en un infame artículo del 6 de febrero de 2016, firmado por David Bollero y titulado “La desbandá, la mayor tragedia de la guerra civil, encerrada políticamente”, afirma, sin ningún tipo de rubor, que la masacre de la carretera de Málaga a Almería, conocida como la Desbandá, es la gran olvidada de la Guerra Civil española, a pesar de ser la peor matanza vivida durante la contienda.
“Los muertos, muertos son, pero mientras que el bombardeo de Guernica, con 250, es conocido internacionalmente, el de la carretera de Almería, con 5.000 asesinados, siempre se ha ocultado porque fue una vergüenza para todos”, afirma el historiador Miguel Alba, a preguntas del periodista responsable del artículo.
Algo hemos ganado: por lo menos, este historiador solo exagera en 124 el número de víctimas causadas por el bombardeo de Guernica, aproximadamente más de un 95% de las que en verdad hubo, pero no tiene ningún tapujo en hablar de 5.000 muertos en los sucesos acaecidos el 8 de febrero de 1936.
El artículo sigue en esa línea y afirma que “si en Guernica las bombas fascistas cayeron sobre 5.000 vascos, en la Desbandá más de 150.000 malagueños, en su mayoría mujeres y niños, tuvieron que huir de la ciudad a pie, descalzos incluso, mientras eran bombardeados desde el aire por aviones alemanes e italianos y desde el mar por buques nacionales”.
En el periódico El Español, el periódico de Pedro J. Ramírez, van mucho más allá que en el diario Público en un artículo publicado el 6 de febrero de 2017. Las cifras ofrecidas por uno y otro medio no se parecen en nada, y uno se queda dubitativo y pensando si todo esto forma parte del puro sensacionalismo, pero sin ninguna base real.
En otro pintoresco reportaje sobre nuestra contienda siguen manteniendo la idea de que es la peor matanza de la Guerra Civil española. Se dice: “Cuando llegaron las tropas franquistas a Málaga, cundió el pánico en la ciudad. Muchos optaron por la carretera de Almería”, en la que fueron bombardeados por los nacionales.
Afirman que por la carretera huyeron 300.000 personas, justo el doble de lo que sostiene el diario Público, y, por supuesto, excepto algunos pocos milicianos, todos eran civiles indefensos. Los muertos por los bombardeos serían entre 5.000 o 10.000.
Otras fuentes reconocen que el cálculo de la cantidad de huidos es confuso y difícil. Las cifras que ofrecen son más “ambiguas” y calculan que el éxodo pudo variar entre 15.000 a 150.000 personas, y que la acción de las “tropas franquistas” provocó entre 3.000 y 5.000 muertos.
El profesor de la Universidad de Málaga, Miguel Ángel Melero, calcula el número de desplazados entre 200.000 o 250.000 y entre 4.000 o 6.000 el número de víctimas.
Es muy llamativo el baile de cifras que desde distintos ámbitos de la izquierda se nos da, y resulta mucho más llamativo todavía las pocas pruebas que ofrecen y la poca documentación aportada, fuera de los consabidos eslóganes mitineros.
Si no teníamos bastante con las falsedades y exageraciones del bombardeo de Guernica o la mal llamada matanza de Badajoz, de un tiempo a esta parte se nos habla de la Desbandá de Málaga. Es curioso que un supuesto de tal envergadura y gravedad no formara parte de la constante “quejumbre” roja hasta hace apenas unos pocos años, lo que ya de inicio ofrece dudas sobre su credibilidad.
La excusa ofrecida para haber mantenido estos sucesos en “perfil bajo” lo achacan a que fue precisamente el gobierno de la República el que abandona la ciudad de Málaga, dejándola caer con facilidad a las tropas nacionales.
Málaga solo tenía una carretera de acceso y, por el resto, estaba rodeada de montañas y mar, lo que significa que su defensa hubiera sido muy fácil.
El historiador Antonio Somoza sostiene “que el gobierno no acababa de fiarse de Málaga, conocida como Málaga la Roja, porque había demasiados comunistas y anarquistas y no le prestó el apoyo debido, ni siquiera envió armas suficientes, de manera que los más de 12.000 milicianos que se quedaron en la ciudad estaban indefensos, con apenas 8.000 fusiles y con escasa munición”.
Como en ocasiones anteriores, las cifras de víctimas o muertos que ofrecen “los historiadores de combate” cercanos a la izquierda de este país varían enormemente, con estudios poco serios, en una loca carrera por ofrecer muertos al peso.
Se nos vende como la masacre de la carretera Málaga-Almería un ataque a civiles ocurrido durante el transcurso de nuestra guerra civil española, el 8 de febrero de 1937, que huían de la ciudad de Málaga, una vez que esta había sido liberada, huyendo hacia Almería, ciudad bajo control del ejército popular republicano.
Málaga era conocida como Málaga la Roja por el alto grado de implantación del Partido Comunista y los anarquistas de la CNT. Desde la fraudulenta victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, los incidentes en la provincia contra elementos desafectos a la República, o simplemente contrarios a las organizaciones marxistas, eran más que habituales.
Una vez producido el alzamiento nacional el 18 de julio de 1936, y estando la provincia bajo control republicano, la autoridad desaparece y pasa a manos de milicianos y organizaciones obreras que actuaron, en muchas ocasiones, al margen del propio gobierno.
Los asesinatos indiscriminados, la quema de conventos, la destrucción del barrio de la Caleta, considerado como burgués, las violaciones y las salvajadas de distinto tipo y pelaje son la norma habitual. El terror se extiende por toda la comarca y, como sucediera en otras muchas poblaciones, los milicianos no dan la talla en el frente y se ensañan con la retaguardia.
Las milicias obreras cometen importantes desmanes ante la impunidad de una autoridad en la práctica inexistente. El prestigioso historiador Ramón Salas Larrazábal contabiliza en 2.800 asesinatos los cometidos por las izquierdas en Málaga antes de su liberación, resaltando la brutalidad de los crímenes y el ensañamiento con las víctimas.
A las violaciones se le debe sumar el arrancamiento de ojos y genitales en multitud de casos. En estos crímenes participan gran número de personas de izquierda, milicianos y civiles.
Es lógico pensar que, ante el avance nacional, cundiera el pánico y los responsables de tales “desmanes” huyeran a toda prisa.
El propio Salas Larrazábal sostiene que, en los meses posteriores a la liberación de Málaga, serían fusilados, como colaboradores o responsables de los crímenes cometidos, unas 3.800 personas en toda la provincia.
Larrazábal, en un estudio serio y pormenorizado, expone sus datos y cálculos en el excepcional libro “Pérdidas de la guerra”.
Hugh Thomas no da detalles de sus cálculos; se limita a decir que debieron ser unos 8.000 el número de fusilados, como quien saca un dedo al aire para saber su dirección.
Otro historiador de referencia como Pío Moa, en su editorial del programa radiofónico “Una hora con historia” y abordando este asunto, nos recuerda cómo el historiador Juan Ramos, en su libro “Hitos de la guerra civil en Málaga”, recoge un informe de los subcomisarios políticos encargados de investigar los hechos, que dice:
“La carretera desde el frente hasta Almería era un verdadero río humano, dándose el espectáculo de mujeres, niños y hombres que morían por completo agotamiento y otros muchos que se suicidaban, aumentándose así el cuadro de horror. Toda esta masa en desenfreno pánico marchaba hacia Almería y pasaba de ella, cometiendo toda clase de desmanes”.
Continuaba el informe de los subcomisarios políticos diciendo: “En el terreno militar, diremos como detalle que todo el frente, hasta Almería e incluso esta misma capital, ha estado totalmente desguarnecido durante tres días. Esto pudo dar motivo a una verdadera catástrofe si el enemigo más audaz y mejor preparado hubiera continuado su avance”, y el informe menciona el hecho de que 8.000 milicianos “venían deshechos y no tenían comida alguna”.
En este mismo editorial del programa radiofónico, Pío Moa saca conclusiones que yo acepto como propias y, a modo de resumen, nos habla de varios puntos que detallamos a continuación:
- Hubo lo que se conoce como “la desbandá” de miles de milicianos (no de algunos) por temor al castigo, dadas las atrocidades cometidas. Al pánico se sumó la imprevisión delictiva de los jefes.
- Los miles de milicianos, una masa muy considerable, huían a menudo con sus familiares y probablemente obligaron a acompañarles, quisieran o no, a otros civiles, una conducta común durante la guerra.
- El número de huidos no podía llegar ni remotamente a los 300.000 que dicen estos seudohistoriadores, ya que Málaga no tenía entonces más allá de 180.000 o 190.000 habitantes y, desde luego, la mayoría continuó en la ciudad, aunque se incorporasen a la huida otros pueblos cercanos. Es imposible hacer un cálculo claro, pero difícilmente pasarían de los 30.000, una cifra de todas formas muy considerable.
- Los bombardeos desde el mar o por aviones entran en una conducta militar normal contra enemigos en retirada.
- Hablan de 5.000 o 10.000 muertos. ¿Y por qué no de 10.000 a 20.000, o de 500 a 1.000? Las cifras de los historiadores-propagandistas de izquierda, sigue diciéndonos Pío Moa, suelen multiplicar por diez las cifras reales. En el caso de Guernica llegaron a hacerlo por veinte. Los bombardeos de Málaga no podían causar muchas víctimas, pues no atacaban a columnas compactas, sino a un reguero de gente irregular y dispersa, como muestran las fotos, y en carretera mayormente de montaña, no en terreno llano.
- Muchos murieron por hambre y agotamiento debido a la improvisación de los jefes, como denuncian sus propios informes.
- Añádase que la flota del Frente Popular salió de Cartagena, pero, pese a ser más numerosa, no se atrevió a combatir con los dos cruceros Canarias y Cervera que los nacionales tenían en la zona.
Como bien apuntilla Pío Moa: “Estamos ante otro mito más. Es asombroso cómo esta gente, cuando se les desmonta un embuste, inventa otro, situándose una y otra vez como fiscales cuando tendrían que estar en el banquillo de los acusados por mentir y resucitar odios que debían estar olvidados”.
Hoy día se nos habla de la desbandá como otro mito más a tener en cuenta, poniendo en pie de igualdad a víctimas y verdugos, a inocentes y culpables. Pocos historiadores hacen mención de los desmanes republicanos y frentepopulistas; pocos son los que recuerdan a las víctimas, y pocos, muy pocos, los que reconocen que el avance de las tropas nacionales suponía una vuelta al orden y una liberación que la gran mayoría de la población anhelaba. Resulta curioso hablar de la desbandá y no hablar de las miles de víctimas anteriores.
La cobardía de los milicianos quedó patente en innumerables episodios de nuestra contienda nacional, pero como muestra un botón. Cuando la aviación nacional bombardeó una estación petrolífera de CAMPSA en los muelles de Málaga, produciendo 9 víctimas mortales —todos ellos empleados de la petrolera o militares, todos varones y no mujeres y niños como se había dicho—, los responsables del autodenominado Comité de Salud Pública (tribunales populares) organizaron la primera saca el 22 de agosto de 1936.
Personándose en la cárcel y sin la oposición de ninguna autoridad competente, sacaron a 46 personas, las cuales, todas ellas sin excepción, serían fusiladas sin juicio previo y a plena luz del día en las tapias del cementerio y con la presencia de numeroso público. Entre las víctimas se encontraban el general Francisco Patxot Madoz y su ayudante, el capitán Agustín Huelin Gómez, varios políticos de partidos de la oposición como José Méndez y un grupo de diez religiosos.
No sería la única saca. El 30 de agosto se produjo otra similar, con cerca de cien asesinados, y los días 20, 21 y 24 de septiembre se calcula que se asesinan otras doscientas personas más. Como vemos, las víctimas son de lo más variopintas y, ni mucho menos, la mayoría de ellas eran militares.
Como antes nos recordaba Salas Larrazábal, unas 2.800 personas fueron asesinadas entre julio de 1936 y febrero de 1937. Podemos imaginarnos el horror que hubieran sufrido los habitantes de la ciudad de haberse retrasado más la llegada de las tropas nacionales.
Sería deseable que los “amagos” de historiadores fueran más precisos en las cifras que nos ofrecen, muestra de la poca credibilidad que transmiten, y sobre todo que fueran mucho más serios en sus planteamientos. Y ya por pedir, que dejen de rendir homenaje a asesinos y se acuerden de las víctimas de la represión republicana.
Después de lo que conocemos, después de lo que sabemos y de la documentación que se tiene, solo cabe recordar que estos crímenes y asesinatos se hacían con el consentimiento, o como poco con la tibieza de las autoridades en oponerse a los desmanes. La bonita ciudad de Málaga dejó de conocerse como Málaga la Roja y pasó a denominarse Málaga la Mártir.
