Muchos han sido los actos de agravio de los “demócratas” contra simbología “franquista” en la provincia de Cuenca, especialmente los últimos años en nombre de la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, más coloquialmente conocida como Ley de Memoria Histórica y con más precisión llamada Ley de Desmemoria Histérica.
Esta ley tiene como objetivo borrar la historia en unos casos y cambiarla en otros, bajo el paraguas de, supuestamente, eliminar todo vestigio “franquista” o que los “demócratas” digan que es franquista.
Muchos han sido los casos de este aquelarre contra la historia y la verdad, al “mejor” estilo talibán, y no sólo a raíz de la infame ley, sino ya desde la misma “Transición”, siendo uno de los ejemplos más notorios y reciente la eliminación de la inscripción “José Antonio Primo de Rivera” y los tres escudos de Falange que había en una fachada lateral de la Catedral de Santa María y San Julián de Cuenca, en la conocida por los conquenses y visitantes como la Cruz de José Antonio.
No vamos a recordar quién fue José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia ni cómo lo asesinaron. Ni siquiera a explicar que una inscripción que hace alusión a José Antonio no puede considerarse “franquista”, pues al asesinado José Antonio no le dio tiempo a ser franquista, ya que fue asesinado tras una farsa de juicio por el bando republicano al amanecer del 20 de noviembre de 1936, antes de que existiera el franquismo como tal.
Sólo vamos a centrarnos en el símbolo “franquista” en cuestión y cómo se comportaron los diferentes intervinientes en la eliminación de semejante afrenta a lamemocraciaquenoshemosdao. Los herederos ideológicos del Frente Popular que asesinó a José Antonio solicitaron al Pleno del Ayuntamiento de Cuenca, el 5 de octubre de 2016 mediante una moción conjunta del Grupo Municipal Izquierda Unida y el Grupo Municipal Socialista, la “retirada de los símbolos franquistas de la fachada lateral de la Catedral, exhibidos en la vía pública”. La moción fue aprobada con los nueve votos de los concejales socialistas, los tres votos comunistas y los tres votos del ya casi extinto a nivel nacional Ciudadanos y sin el casi a nivel local.
Los que, con cierto nivel de conocimientos histórico y de la verdad, vimos el Pleno referido, sólo pudimos sentir bochorno y vergüenza por las barbaridades que allí se dijeron por parte de los promotores de la moción y los que se sumaron en la votación al voto “progresista” y antifranquista. Entre tanda indigencia intelectual y demagogia habitual del Novus Ordo frentepopulista cabe destacar la defensa de la no eliminación de estos símbolos de un concejal en su momento popular, en el que humilló intelectualmente a sus adversarios y recordó la verdadera historia. Este concejal, que ya abandonó la socialdemocracia popular, no sólo actuó con rigor histórico en este Pleno, sino que era habitual verle en los Plenos con una insignia de la gloriosa División Azul.
Hubo más mociones en nombre de la Ley de Desmemoria Histérica. Los mismos frentepopulistas también instaron al Pleno del Ayuntamiento de Cuenca a acosar a las comunidades de vecinos que todavía osaban lucir las placas del Instituto Nacional de la Vivienda del Ministerio de Vivienda para que las quitaran. Ésta sí que era simbología franquista y por eso las querían quitar, para que a la gente se le olvide quién fue el gobernante que más vivienda social hizo en España. Pues en estos Plenos la misma persona que en la moción de la Cruz de José Antonio alzó la voz contra la mentira y la demagogia frentepopulista defendiendo la historia y la verdad y hasta exhibiendo una de esas placas.
Pero volviendo al tema de la Cruz de José Antonio, simplificando y resumiendo para no hacer farragoso el asunto, pasaremos a relatar objetivamente lo que ocurrió después de aprobarse la moción el 5 de octubre de 2016 y desenmascara por sus actos a esa socialdemocracia llamada Partido Popular y al Obispado de Cuenca, con su obispo del Opus a la cabeza.
El Ayuntamiento de Cuenca, gobernado por la socialdemocracia del Partido Popular, solicitó al Juzgado Contencioso-Administrativo nº 1 de Cuenca “autorización judicial para la ejecución subsidiaria del Acuerdo del Pleno del Ayuntamiento de Cuenca adoptado en fecha 27-XII-16, para la eliminación de símbolos franquistas en la Catedral de Cuenca”, o lo que es lo mismo, el Partido Popular tenía prisa porque se quitaran los símbolos “franquistas” porque el Obispado de Cuenca no lo había hecho todavía. Esta forma de actuar no nos sorprendió absolutamente en nada, pues era el mismo partido de M. Rajoy que anunció que recurriría la Ley de Desmemoria Histérica de 2007 por inconstitucional y nunca lo hizo, engañando a sus votantes como siempre hacen los partidos.
El asunto estaba pendiente de un recurso contencioso-administrativo, que tenía por un lado al Obispado de Cuenca, recurrente del acuerdo plenario del Ayuntamiento de Cuenca y por el otro al propio Ayuntamiento de Cuenca, recordemos que gobernado por el Partido Popular. La sentencia, o mejor dicho el fallo, tuvo lugar el 15 de septiembre de 2017 y desestimaba el recurso presentado por el Obispado de Cuenca obligando al Obispado a retirar, asumiendo los costes, la inscripción de José Antonio Primo de Rivera y los tres escudos de Falange. En este punto tengo que decir que se le brindó ayuda al obispo de Cuenca, el riojano José María Yanguas Sanz, para defender la causa de la no retirada de los símbolos, ofreciendo a los abogados de una famosa fundación, a lo que este señor contestó “estoy harto de los unos y los otros”. Este señor era equidistante entre los herederos ideológicos de los que asesinaron religiosos y católicos y los que los defendieron. ¿Sería falta de memoria, ésta sí histórica, o el simple reflejo de la actual jerarquía bergogliana de la Iglesia?
Poco después de la sentencia coincidí en una misa celebrada el día de San Miguel Arcángel, patrón de la Policía Local, con el equidistante. Le dije que conocía la sentencia (aún no era pública) y que se debía recurrir, porque hay que seguir peleando ante esta injusticia, precisamente para recordar la historia real de lo que pasó con los católicos a manos de los frentepopulistas. Me contestó, de forma altiva y con cierto tono chulesco, que ya había dicho en su momento que acataría la sentencia y que no la recurriría y que estaba a punto de anunciar a los medios el acatamiento de la sentencia.
Pocas semanas después, tras haber solicitado el Obispado de Cuenca la licencia de obra correspondiente y tras una concesión de dicha licencia por parte del Ayuntamiento de Cuenca (gobernado por el Partido Popular) con una velocidad que ni los más viejos del lugar recuerdan, el Obispado procedió a retirar los símbolos colocando un andamio y elementos para que no se viera el bochornoso agravio contra la verdadera historia.
Todos estos hechos relatados son tal cual se han contado y demuestran cómo son esa socialdemocracia llamada Partido Popular y los súbditos de Jorge Mario Bergoglio, usurpador del Vaticano y colaborador del nuevo Frente Popular en temas de desmemoria histérica (recordemos la profanación del Valle de los Caídos, por ejemplo, y su total colaboración). Pues a pesar de todo, todavía hay católicos que votan a los unos y defienden a los otros.
“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” (Apocalipsis 3:15-16)
«No me prediques la paz, que la tengo miedo. La paz es la sumisión y la mentira. Ya conoces mi divisa: primero la verdad que la paz. Antes quiero verdad en guerra que no mentira en paz.» (Miguel de Unamuno)
Calles e iconografía. Curioso es el caso de poblaciones como La Peraleja, donde se concentran hasta nueve calles que exaltan a figuras poco recordadas en la actualidad como Matías Montero, considerado el primer mártir de la Falange; Ruiz de Alda, aviador conocido por ser el piloto del Plus Ultra; o López Ochoa, militar colaborador de Miguel Primo de Rivera. En Almendros se contabilizan siete, y en La Alberca de Záncara hay tres: una en homenaje a Millán-Astray, fundador de la Legión
