INTRODUCCIÓN
La historia del primer franquismo no puede entenderse plenamente sin analizar las tensiones internas que se desarrollaron en el seno de las propias organizaciones del régimen. Entre ellas, una de las más significativas fue la disputa mantenida entre Mercedes Sanz-Bachiller, fundadora de Auxilio Social, y Pilar Primo de Rivera, máxima dirigente de la Sección Femenina de Falange. Ambas compartían una misma adscripción ideológica y un profundo compromiso con la construcción del nuevo Estado surgido de la Guerra Civil, pero defendían concepciones distintas sobre el papel de la mujer, la organización de la asistencia social y el control político de las estructuras femeninas del Movimiento.
El presente trabajo, basado en los cuatro textos remitidos y sustentado en la investigación desarrollada por la historiadora María Jesús Pérez Espí en su tesis doctoral, aborda el origen, evolución y alcance de esta pugna política y personal. A través de la documentación, la correspondencia y las disposiciones normativas de la época, se pone de manifiesto cómo el conflicto entre Mercedes Sanz-Bachiller y Pilar Primo de Rivera trascendió las diferencias individuales para convertirse en un enfrentamiento por la dirección de los servicios sociales, la formación de las mujeres y la definición del modelo femenino que el franquismo pretendía impulsar.
El estudio de esta rivalidad permite comprender mejor las complejas relaciones de poder existentes dentro de Falange y del primer Estado franquista, así como las contradicciones y matices que caracterizaron la participación de determinadas mujeres en las estructuras políticas y asistenciales de la España de los años treinta y cuarenta.
Llegó el mes de octubre de 1938 y Auxilio Social, además de celebrar su segundo aniversario, convocó a todos sus delegados en el II Congreso de AS, que se celebró en Valladolid entre los dias 16 y 23 de octubre de 1938. Este congreso sirvid, entre otras cosas, para que Mercedes Sanz-Bachiller certificara que el Servicio Social de la Mujer estaba consolidado en el seno de AS y que tenia continuidad. Este era el resultado del trabajo de todo un afio desde que se decreté en octubre de 1937***, El balance de la Delegada Nacional no podia ser mas positivo, y mas en relaci6n al litigio que mantenia con Pilar Primo de Rivera. El inicio de la «Obra Nacional del Ajuar», que tenia como objetivo proporcionar prendas de ropa a los usuarios de este servicio, era una muestra de la buena marcha del Servicio Social, puesto que eran las cumplidoras las que, o bien reparaban la ropa de segunda mano, o bien la confeccionaban*®’. Mercedes, consciente de la importancia de los gestos publicos, aproveché para hacer un publico reconocimiento a Franco por la asignacién del Servicio Social de la Mujer al Auxilio Social, manifestando que! «En el curso del ultimo afio, dos decretos del Caudillo han venido a encomendarnos ampliamente la organizacion y direccién del Servicio Social de la Mujer» pero en especial aRamon Serrano Suñer, a la sazn ministro del Interior, «por otro tercer decreto, decisivo del ministerio del Interior, se ha unificado nuestra obra la pluralidad de instituciones benéfico sociales posteriores al 18 de julio, y que nos ha proporcionado valiosa representacion, tanto en las Juntas Provinciales de Beneficencia como en el Consejo Superior de Beneficencia y Obras Sociales; por varias ordenes ministeriales se ha dispuesto el fortalecimiento de la Ficha Azul, la facilitacion de terrenos para la construccién de nuevas instituciones sociales y de créditos para las residencias y hogares del aludido Servicio Social, y por ultimo, el propio ministro del Interior nos ha encargado asumir las funciones de la antigua beneficencia de guerra y montar las viviendas de urgencia para este proximo invierno en Belchite (..). (…) debo destacaros la ayuda tenaz y definitiva de nuestro camarada Serrano Stjier (…) reconocimiento a quien como ministro del Interior ha sabido recoger con entusiasmo las consignas mas apremiantes de la politica social nacional-sindicalista». Sin embargo, desde que se decreté el Servicio Social de la Mujer, asignandose al Auxilio Social, las relaciones entre Auxilio Social y la Seccién Femenina se habian tensado en gran manera. Bien pronto, Pilar Primo consideré que sus afiliadas no tenian la obligacion de cumplir con lo que establecia el decreto. Asi, en una circular, la Delegada Nacional de la SF ordenaba la desobediencia de cualquier orden que tuviera origen en la Delegacion Nacional de AS**!. Este pulso de Pilar a Mercedes acabé resolviéndose con un acuerdo, en el que medio también Raimundo Fernandez-Cuesta, por el que quedaban convalidados como Servicio Social cumplido, todos los servicios prestados con anterioridad al decreto. Asimismo, la Delegacion Nacional de AS, aceptaba que el Servicio Social pudiese realizarse en los puestos que ofrecia la SF”.
A pesar de este acuerdo, y a un afio de los decretos que establecian el Servicio Social de la Mujer y su reglamento, la rivalidad entre Mercedes Sanz-Bachiller y Pilar Primo estallo y se situo en niveles de conflictividad elevados. A instancias de Pilar Primo de Rivera, el Secretario General del Movimiento, Raimundo Fernandez-Cuesta , paso a la accion. Pilar pretendia que éste dirimiera y tomase una resolucion en relacién a las funciones que debia desempejiar el Auxilio Social y, como se vera, el Servicio Social de la Mujer. Una de las cuestiones que separaba a ambas mujeres era que el Auxilio Social no era una organizaciOn integrada unica y exclusivamente por mujeres, sino que, desde el punto de vista de Mercedes, eran los varones los que debian hacerse cargo de las actividades politico-sociales, tal como ocurria en los regimenes totalitarios. Pretender que estas actividades fueran desarrolladas solo por mujeres era, segin Mercedes, un «capricho feminista» que no se habia llevado a cabo ni tan siquiera en Inglaterra y Francia, una acusacion de feminismo que, irénica y sorprendentemente, Mercedes lanzaba sobre Pilar Primo de Rivera y la Seccion Femenina, argumentando que «Yo no conozco en los movimientos totalitarios a nadie que se haya atrevido a mantener que las actividades politico-sociales del Movimiento deban ser realizadas por las mujeres. A esto no han llegado los grupos feministas de Inglaterra y Francia. (…) Cuantos trabajamos fervorosamente en el “Auxilio Social” y nos forzamos en hacer justicia social en nombre de todo el Movimiento, y cuantos reciben sin humillaciones lo que la Falange las da [sic] como Organizacion total del pueblo, no podriamos aceptar que todo esto se desnaturalizase para caer en un capricho feminista».
Claro, este posicionamiento de Mercedes entraba en contradiccién con el hecho de que ella misma fuera la maxima dirigente del Auxilio Social y, consecuentemente, tuviera bajo su mando tanto a varones como a mujeres. Lo cual era, para nuestra protagonista, el verdadero motivo de la oposicién Pilar Primo de Rivera:
«quizas ha contribuido a desenfocar el problema mi presencia al frente del servicio. Pero esto es tan absurdo como si (…) una mujer llegase por sus propios méritos a ser (…) Ministro de Trabajo, pudiese decir la Sección Femenina que el Ministerio del Trabajo le correspondia»*”.
Mercedes, ademas, hablaba con los hechos. Pues, si bien al principio habia situado a mujeres al frente de las delegaciones locales de AS, la experiencia le habia demostrado que en su mayoria habian fracasado, hecho por el cual preveia sustituirlas en los puestos de responsabilidad por varones, y mantenerlas inicamente en puestos subalternos. Esta circunstancia no podia esgrimirse por Pilar como argumento porque «también mujeres trabajan en puestos sin importancia en Sindicatos, Prensa y Propaganda, Administracién etc.»*®, Lo que estaba haciendo Mercedes era dotar de una identidad propia y diferenciada de la SF, al Auxilio Social’, para ganar terreno en la lucha que mantenia con Pilar. Sin embargo, esta politica de Mercedes acabo entrando en contradiccién con su fomento de la participacion de la mujer en los deberes con la patria, a través del Servicio Social. Si bien, de una parte, por primera vez las mujeres se integraban a las tareas de reconstruccién del estado desde esta pretendida igualdad con los varones a la que aludia el decreto del Servicio Social, al darse la circunstancia de que los varones tenian, en general, mejor preparacién intelectual y profesional que las mujeres, acabaron copando los puestos clave, relegando a las mujeres a puestos subalternos*”®, Esta dinamica iba en consonancia con lo que perseguia el fascismo en relacién a la mujer y su posicién y papel en la sociedad: el reforzamiento de un modelo de sociedad jerarquizado en el que la mujer quedaba sometida al varon por razon de su sexo’, aunque la propia Mercedes, o Pilar, entraban en contradiccién con esta idea por ostentar ambas, puestos de rango nacional y, en el caso de nuestra protagonista, tener bajo su autoridad tanto a mujeres como varones.
Ahora bien, la propia Mercedes era partidaria de que la mujer participara de la politica, un espacio tradicionalmente masculino, pero sin renunciar a sus aptitudes y tareas naturales de madre y esposa, como se vera.
Para nuestra protagonista, la Seccion Femenina y el Auxilio Social tenian cometidos y funciones totalmente diferentes, porque la Seccion Femenina «bastante tiene con formar la conciencia de las mujeres de un modo nacional-sindicalista y en determinar su conducta mediante normas falangistas»>”°.
Por otro, en manos del Auxilio Social estaban las obras sociales. Por lo tanto, se trataba de dos servicios diferentes y con cometidos diferentes que, en opinién de Mercedes, debian relacionarse de la misma manera que lo hacian con el resto de servicios del partido, de igual a igual.
El argumento final de Mercedes era de tipo legal, puesto que era el propio Caudillo el que, mediante los decretos n° 333, por el que se establecian los estatutos de FET-JONS y se determinaban los servicios o delegaciones nacionales del partido; el n° 378, que establecia el Servicio Social de la Mujer; y el n° 418, por el que se promulgaba el reglamento de dicho servicio social, habia sefialado al Auxilio Social como una Delegacién Nacional diferenciada de la Seccién Femenina y como la encargada de desarrollar las obras sociales. Mercedes, por lo tanto, no podia actuar ni en contra de estos decretos ni de la voluntad de Franco porque «Yo creo que mi lealtad mantenida al Caudillo en todas las circunstancias me obliga en este momento a no prestarme a ningun cambio, en cuestién tan fundamental como esta de la marcha y de la organizacion del “AUXILIO SOCIAL”, cuando él ha hablado con toda claridad en esta materia»!
Raimundo Fernandez-Cuesta, de forma inmediata, reenvié la carta de Mercedes a Pilar Primo de Rivera, la cual le contest6 por escrito contrarrestando los argumentos de Mercedes. Segun Pilar, la Seccion Femenina no reclamaba para si el Auxilio Social, sino la formacién de las mujeres que, en su opinidn, se le habia arrebatado de forma consciente al no consultarle ni convocarla con anterioridad a la publicacion del decreto del Servicio Social porque, segun Pilar,«no les convenia entrevistarse conmigo porque sabian que la movilizacion y formacién de mujeres correspondia integramente a la Seccion Femenina y que en ese decreto se le arrebataba, abusando quizas de la confianza del Caudillo o haciéndole creer que estabamos de acuerdo»*°?. Por lo visto, Mercedes Sanz-Bachiller habia hecho unas declaraciones al «Diario Vasco», el 8 de noviembre de este mismo aifio, en las que atribuia toda la formacién de las mujeres al Auxilio Social, declaraciones a las que se acogia Pilar Primo de Rivera para reclamar «para esta Delegacién Nacional la formacién completa de las mujeres, sin que nadie se entrometa en nuestros procedimientos, ni por dos meses ni por un afio»>3. Pilar sostenia, como argumento principal, que el 30 de abril de 1937, Ladislao Lopez Bassa, en nombre de Franco, la habia nombrado, provisionalmente, «Delegado Nacional femenino del Movimiento de Falange Espafiola Tradicionalista y de las JONS» con la tarea de integrar a todas las organizaciones femeninas bajo su mando™™, y que «entendiendo que el Auxilio Social era un servicio que en si no tenia nada que ver con la Seccion Femenina, esta Delegacién Nacional renunci6 a él en beneficio de la Falange»*.
Olvidaba Pilar, a nuestro entender, que el 24 de mayo de 1937, el mismo Ladislao Lopez Bassa nombraba Delegada Nacional de Auxilio Social a Mercedes Sanz-Bachiller «autorizandosela para unificar dentro de la organizacién de “AUXILIO SOCIAL”, de acuerdo siempre con el Gobierno General del Estado Espafiol a todas las obras benéficas que perciben subvencion del fondo de Proteccion Benéfico-Social (creado por orden de 29 de diciembre de 1936) y aquellas otras que nutriéndose de donativos, suscripciones voluntarias, etc. han sido creadas con fecha posterior a la iniciacién del Movimiento salvador».
Con lo que Mercedes consideraba que se habia librado de la tutela de Pilar Primo de Rivera y, a partir de entonces, podia dirigir el Auxilio Social con autonomia e independencia, al haberse convertido en un servicio de FET-JONS, y por lo tanto deberse solo a esta jerarquia y no a la de la SF. Aun asi, incluso Ladislao Lopez Bassa, a la sazon secretario general de FET-JONS, actuaba dubitativamente y entrando en contradicciones, cuando, en una circular de 19 de julio de 1937, a penas dos meses después de haber nacido la Delegacion Nacional de AS, decia lo siguiente: «Todas las afiliadas al Movimiento pertenecen a la Seccién Femenina y por tanto estan sujetas ala disciplina y jerarquia de la citada Delegacion (…). La Delegacién de Asistencia al Frente y Hospitales es una Delegacién con los mismos derechos y atribuciones que cualquier otra Delegacién del Movimiento. Los afiliados femeninos que prestan servicios en la Delegacion de Asistencia al Frente y Hospitales dependen de la Seccion Femenina en términos generales, como dependen de ella los que los prestan en cuarquier otra Delegacién»*”’. Pero Pilar, en definitiva, ademas de tener bajo su mando a todas las mujeres de Falange, lo que reclamaba era la reforma del decreto n° 378, que instituia el Servicio Social de la Mujer y lo asignaba al Auxilio Social, por entender que «se mete de Ileno en la formacion y movilizacién de las mujeres y eso, segan mi nombramiento solo corresponde a la Seccién Femenina»*°’, Reclamaba, por Ultimo, que el Auxilio Social reconociera el trabajo realizado por la Seccién Femenina desde octubre de 1936, sin el cual, Auxilio Social no hubiera conseguido sus objetivos. Y pedia a la Junta Politica de FET-JONS y a su presidente, el Caudillo, que resolvieran sobre este asunto, presentando a la Junta Politica un detallado proyecto de formacion para las mujeres de la Seccién Femenina, que apoyaria su peticion. Ademas, segiin recoge Kathleen Richmond en una entrevista a Mercedes Sanz-Bachiller, Raimundo Fernandez-Cuesta llegé a llamar por teléfono a nuestra protagonista para pedirle que «cediera ante Pilar».
Sin embargo, y a pesar de las gestiones de Pilar Primo, el Servicio Social continud en manos de Auxilio Social hasta finales de diciembre de 1939, como deciamos, tiempo durante el cual, ambas mujeres publicaron circulares y efectuaron nombramientos en relacién al Servicio Social de la Mujer, en una lucha por imponer sus ordenes y directricessobre la oponente*!°,
La necesidad de mano de obra para llevar a cabo las actividades de AS fue una de las causas mas importantes, mas alla de las diferencias personales, del conflicto entre Mercedes y Pilar. Fue el caso del conflicto desatado entre Syra Manteola, regidora de personal de la SF, y Mercedes, en la víspera de la ocupación de Madrid, por el control de las afiliadas a la SF y su actuación en la próxima entrada a la capital*!!. Esta dependencia del trabajo de las afiliadas a la SF y el hecho de que tuvieran que atender las actividades de ambas delegaciones nacionales, derivó también en conflictos que, más allá de los que se daban en la cúpula de ambas delegaciones, se reproducían en las delegaciones locales**?,
Además, el nombramiento de Mercedes como Delegada Nacional de AS, supuso una mengua importante del poder de Pilar Primo, tanto que, como reconoció en sus memorias’!*, «esta dispersión de quehaceres femeninos era, sin duda, una complicación para la Sección Femenina, que, prácticamente, se quedaba sin función». Aunque, con la perspectiva que da el tiempo, Pilar echaba un bálsamo interpretativo al valorar su reacción ante tal pérdida de poder: «Pero la verdad es que comprendí que no debía amilanarme, y que lo más conveniente era aceptar por el momento, ya que a la larga, sin duda, volvería a nosotras lo que en aquel momento parecíamos perder». Sin embargo, a pesar de todas las luchas políticas, Pilar reconoció que, cuando Franco comunicó en una junta, la muerte de José Antonio, Mercedes Sanz-Bachiller «en esos momentos de triste certidumbre, se portó muy bien conmigo»*’*,
En la pugna entre ambas mujeres había, tal y como señaló M* Teresa Gallego, una «cuestión de fondo»”’? que tenía mucho que ver con las simpatías alemanas de Mercedes, y las italianas de Pilar, aunque bien es cierto, como reconoce esta autora, que también Pilar viajó a Alemania en varias ocasiones*!*, Pero es que, además, en la mente de Mercedes no estaba la configuración de un servicio benéfico gestionado por las mujeres, sino un servicio que pudiera encargarse, dentro de un marco totalitario, de la asistencia social en el estado franquista.
Añadida a la cuestión de la lucha por el control del Servicio Social, en Mercedes y Pilar concurrían dos circunstancias que las hacía aglutinar a su alrededor a sectores importantes del partido único. Pilar Primo de Rivera, hermana del «Ausente», y Mercedes Sanz- Bachiller, viuda del «Caudillo de Castilla». Legitimistas y jonsistas, respectivamente, tenían en estas dos mujeres las referencias políticas, como herederas del legado de José Antonio y Onésimo Redondo, ya que ambos habían muerto tempranamente, dejando huérfanas sus dos organizaciones políticas que, aunque unificadas en FE-JONS, funcionaban autónomamente y, en el caso de los falangistas de José Antonio, imponiéndose en número y posibles, sobre los jonsistas.
Otro elemento que contribuyó al aumento de los recelos de Pilar respecto a Mercedes fue que, a lo largo de estos años, la prensa falangista presentaba a las dos mujeres a la misma altura, e incluso prestaba una atención destacada al Auxilio Social*””,
Muchos años después, Pilar Primo de Rivera*!* reconocía que tanto el Auxilio Social como el Servicio Social de la Mujer habían sido obra de Mercedes Sanz-Bachiller, pero que ambas organizaciones estaban «nutridas por mujeres, de manera que si no dependían de la Sección Femenina ésta (…) controlaba las mujeres de que se nutría, y, por lo tanto, gran parte de la Sección Femenina se convertía por el momento en sólo un fichero con el que proporcionar camaradas a Auxilio Social y al Servicio Social» Esta situación, como sabemos, fue causa de litigios entre ambas mujeres, aunque Pilar, en su autobiografía, los presentaba con una elegancia contundente: «Todo esto suponía dificultades para la Sección Femenina, y había que usar de mucha diplomacia, pero, al mismo tiempo, de una tenacidad insobornable para poner las cosas en su sitio y devolver a cada cual su contenido» y género. Palabras estas con las que Pilar, en el momento de escribir su autobiografía, volvía a reclamar el Servicio Social para la SF, ya que la formación de las mujeres era tarea de su Delegación Nacional y no de Auxilio Social.
El Servicio Social de la Mujer, como vemos, desató la lucha entre Mercedes y Pilar, pero también puso sobre el tapete otro conflicto en el que, curiosamente, ellas dos estaban del mismo lado, no por ser mujeres, sino por ser mujeres falangistas. Como señala Morant Ariño**, con la publicación del decreto sobre el Servicio Social se planteó, en el terreno discursivo, la lucha entre lo que en aquella España de los años treinta se entendía por femenino, y lo que se entendía por masculino. El decreto en cuestión, en el preámbulo, hablaba del trabajo como un derecho y como un deber en pos de contribuir a la patria, de la misma manera que lo hacían los varones llamados a filas. En esta pretendida igualdad había, como punto de partida, una idea diferenciada de las aptitudes y tareas que debían desarrollar los varones y las mujeres, y en el caso de ellas estaba bien claras: las mujeres deberían desarrollar «funciones mecánicas, administrativas o técnicas» en el ámbito de la asistencia social, y en las instituciones del Auxilio Social. Estas tareas, que ya venían desarrollando en los frentes y en la retaguardia miles de mujeres, se equiparó al servicio militar masculino y adquirió la categoría de deber nacional, lanzando a la mujer, conceptualmente hablando, a un espacio tradicionalmente masculino. Y esto solo sería tolerable si se trataba de un deber con la patria y, por supuesto, si la mujer no perdía su feminidad. Parece que, entre finales de 1937 y principios de 1938, abundaron los discursos sobre el rol que varones y mujeres debían desarrollar en la sociedad. Quizá por eso, Mercedes Sanz-Bachiller, se afanó en publicar un artículo en la prensa titulado «La mujer y la política»: «También la mujer debe incorporarse a la digna tarea de la reconstrucción de España.
Mujeres hay, muchas mujeres, a las que la intervención en la política les parece cosa exclusiva del hombre. ¿Acaso España y el destino de España les importa e interesa exclusivamente a los hombres? Pues si así no es, si España pertenece lo mismo a mujeres que a hombres, ¿por qué entonces la mujer no ha de estudiar, se ha de preocupar y en muchos casos ha de intervenir en la política española?
Hay otras, y no faltan hombres, que participan también de esta opinión, que creen que la mujer pierde su feminidad interviniendo en política. La feminidad no se pierde ni se gana por la intervención política. La feminidad es algo que la mujer lleva o no dentro, y que exterioriza en todos sus actos o, por el contrario, en ninguno lo pone de manifiesto. En España hemos tenido varias mujeres, mujeres admirables, que han sabido muy bien compaginar sus quehaceres y deberes políticos con sus ocupaciones domésticas, auténticamente femeninas, resolviendo con la misma facilidad un tema nacional o internacional, que un problema casero. La educación de los hijos, el adorno de la casa, la costura, hasta el cuidado y aderezo femenino, es perfectamente compatible con la preocupación política.
La intervención de la mujer en la política puede tener una expresión puramente femenina mediante la aportación, al desenvolvimiento de la misma, de cualidades características de la mujer, como son: cordialidad, sentido espiritual de la vida, finura diplomática, intuición, sensibilidad. Cualidades todas estas muy necesarias en cualquier ambiente político.
Por el contrario, hay mujeres que interpretan el feminismo de un modo totalmente falso, creyendo que se actúa muy en mujer rodando de salón en salón o de cine en cine.
El perder tiempo en los paseos, en charlas insustanciales y en “flirteos”, es defecto que se puede producir porque la mujer como tal no tenga otras preocupaciones más elevadas.
Dentro de la manera de ser de la mujer, sin salir nunca del ambiente que no es propio, debemos trabajar políticamente, poniendo nuestro corazón, nuestra sensibilidad y afán espiritualista al servicio de España»
Estaba claro, pues. El modelo de mujer que defendía Mercedes, de mujer falangista, era el de una mujer comprometida con la patria que, sin descuidar sus deberes «naturales» ni su feminidad, contribuía, como lo hacían los varones, a la reconstrucción y el crecimiento del estado. Una mujer que podía ocupar los espacios tradicionalmente masculinos, el espacio político y el público, sin por ello renunciar a ser «una mujer». Hubo también otros casos de mujeres que se dedicaron exclusivamente al partido, como es el de Pilar Primo de Rivera, renunciando, voluntaria o involuntariamente, a ejercer de madres y esposas.
Lo cierto es que tanto en el caso de Mercedes como en el de Pilar, el fascismo en general, y Falange en particular, les ofreció la posibilidad de ocupar puestos clave en la estructura del partido y de dirigir organizaciones de ámbito nacional con miles de personas a su cargo. Este camino, para todas las mujeres que estaban en el extrarradio de Falange, estaba vetado. Así pues, queda claro que el fascismo defendía un modelo de sociedad jerarquizado y patriarcal, pero no es menos cierto que para algunas mujeres, pocas en realidad, el partido fascista, y en este caso Falange, significó la posibilidad de penetrar en el terreno tradicionalmente masculino, es decir, el político y, por lo tanto, el público, fuera de los límites del hogar. Fue una realidad que, tanto Mercedes como Pilar, consideraban que eran los varones los que debían encargarse de las cuestiones políticas, aunque ellas dos ostentaran puestos políticos muy destacados. Dentro de sus propias organizaciones, pusieron en práctica estas ideas. Pilar, dirigiendo una organización exclusivamente femenina que tenía como cometido desarrollar y formar a las mujeres en las «tareas propias» del sexo femenino. Mercedes, promocionando a una minoría de mujeres con formación superior e integrándolas a las estructuras de AS y, para la mayoría, el deber de reconstruir la patria a través del Servicio Social. Bien es cierto que, progresivamente, estas mujeres se fueron situando bajo la autoridad de los varones y que las mujeres que ella misma había nombrado en, por ejemplo, las delegaciones provinciales, fueron relegadas a puestos subalternos para para ser sustituidas por varones, considerados por Mercedes más aptos y más profesionales para las tareas de responsabilidad. Esta tendencia, además, se fue acentuando con el final de la guerra.
A la muerte de Pilar, acaecida en el mes de marzo de 1991, Mercedes publicó una nota en la que, reconociendo que, a pesar de compartir los ideales, en muchas ocasiones habían disentido. Mercedes hizo un digno reconocimiento a la que, a lo largo de tres años, fue su rival:
«Señor director: Ha muerto Pilar: luchamos juntas muchos años, discrepábamos en algunos aspectos, pero teníamos los mismos ideales.
Nadie podrá decir de ella más que entregó toda su vida y su trabajo a una España en la que creía y a la que amaba con la misma pasión de su hermano.
Su vida fue austera y hasta de una modestia extremada, sin olvidar nunca la dignidad de ser una Primo de Rivera.
Pilar realizó a través de la Sección Femenina (tan injustamente olvidada hoy) una gran labor de formación de la mujer, y aun dando la valoración necesaria al papel que ésta tiene que desarrollar en la familia, impulsó y alentó siempre la participación femenina en la vida política, social y cultural de España.
Disentimos muchas veces, Pilar, pero siempre nos sentimos unidas en comunes ideales. Descansa en paz.»
