LA PROPIEDAD
Hubo un señor, que dicen que era un sabio, y que escribió estas palabras: «la propiedad es un robo».
Y yo, que no soy un sabio, sino un niño, digo sencillamente: «sin propiedad no podría vivir nadie». Pues si le quitan a uno el traje que lleva, y la cama en que duerme, y el dinero que se ha ganado con su trabajo, le han quitado los medios de vivir. ¿Qué le queda, pues? Morirse.
La propiedad legítimamente adquirida y disfrutada es sagrada, y nadie debe atentar contra ella.
La propiedad privada es un estímulo para vivir honradamente.
El dueño de una tierra se entrega a ella con pasión; el dueño de una fábrica procura que esté siempre en actividad; el dueño de una casa se preocupa de tenerla saneada, reparada y confortable; el dueño de sus ahorros procura acrecerlos para asegurarse el porvenir.
No hay nadie que no aspire a tener una propiedad privada. Hasta los mismos salvajes defenderían con las uñas y los dientes sus armas, su choza y sus ganados.
Pero la propiedad no ha de servir para el solo uso de su dueño; ha de estar al servicio de la comunidad, porque es ésta la que le da el valor de utilidad y es el Estado quien la necesita y defiende.
Texto de la viñeta
Como soy niño, las cosas que tengo no son mías; son de mis padres. Pero algún día yo tendré cosas que serán de mi propiedad. Entonces, no pensaré egoístamente que podré hacer de mi propiedad lo que quiera; pensaré que también el Estado podrá servirse de ella para sus fines colectivos, y ayudaré a ellos muy gustoso.

