Si se hubieran hecho encuestas de satisfacción institucional, probablemente la Sección Femenina hubiera sido una de las instituciones del régimen de Franco mejor valoradas por lo que fue su acción social. A diferencia de lo que sucedió en gran parte del régimen de Franco, especialmente a partir de finales de los cincuenta, donde existía una notable diferencia entre lo que el andamiaje institucional estaba creando, la democracia orgánica, y su aplicación práctica, en las filas de la Sección Femenina se dio un fenómeno contrario: el discurso, más o menos monolítico, sobre la mujer y la sociedad decía una cosa y en la práctica, básicamente a partir de la década de los cincuenta, era reivindicativo en lo referente a la promoción de la mujer y a la consecución de la igualdad legal entre el hombre y la mujer[1]. Con la nota de peculiaridad de que el equipo dirigente de la SF fue prácticamente el mismo desde la guerra hasta su disolución oficial en 1977. Pilar Primo de Rivera, su líder, ha sido la mujer que más tiempo ha ocupado un cargo público en la política española, cuarenta años[2]. Si en diciembre de 1975 el rey Juan Carlos I le aseguraba que iban a continuar adelante con su obra, en poco más de un año Pilar asumió que había llegado el final de la SF como parte del Estado:
<<Si vuestra política es una política de servicio -les dijo Juan Carlos I-, ya os digo que esa es también mi política: el servicio a España, el servicio a todos los españoles. Y si decís que seréis fieles a Franco por la común empresa realizada con él y por todo lo que le debéis, aún más fiel debo serle yo, que le debo más que nadie. Yo sé de vuestra lealtad, y contamos la Reina y yo con vosotras para la tarea de hacer esta España Una, Grande y Libre, que todos deseamos>>.
No es difícil encontrar como referencia a lo que fue la Sección Femenina una síntesis tan falsaria como distorsionadora: elemento clave para mantener la sumisión de la mujer al varón; instrumento de dominación de la mujer para retenerla en el hogar o relegarla a coser y bordar; autora de un célebre manual de cocina y promotora del folklorismo de los coros y danzas. Pero en la mayor parte de los casos el aparato crítico y documental con el que estos autores sustentan tal visión se reduce a la SF de los años cuarenta/cincuenta evitando plantearse una pregunta fundamental: ¿si el equipo dirigente de la SF fue prácticamente el mismo durante toda su vida, los cambios operados, la realidad práctica frente a la realidad teórica, no avalaría la tesis de sus dirigentes de que practicaban una aquiescencia formal y trabajaban por cambiar la realidad dentro de sus márgenes ideológicos?
<<La Sección Femenina -escribe Mónica Plaza[3]– desde su aparición en la vida nacional, con plenitud de funciones y vida pública a partir de 1940, centra sus objetivos en romper la cerrada mentalidad y acentuada visión masculina de la vida y de la propia Sociedad de aquellos tiempos, de que, la existencia de la mujer, no podía quedar reducida, incluso muy limitadamente y no bien interpretada, a la casa, al hogar, con ser muy importante el tema a la hora de una recta interpretación, ya que la Sección Femenina participa siempre del principio, permanente y prioritario, de que, la mujer, fue y es y será siempre, al lado del hombre factor decisivo de la humanidad, y consecuentemente, con ello, había que, cambiar la situación real y legal de la mujer, en la vida, en la sociedad, en la familia, en el trabajo y vida profesional, en la política y en su proyección como ser humano, a partir de cuyo principio y realidad, toda reforma y promoción social de la mujer, por propias exigencias de la justicia y de la vida misma, se hacía absolutamente necesaria>>[4].
Se ha escrito que la Sección Femenina fue la <<letra pequeña>> del franquismo y, añadimos, un elemento fundamental del <<franquismo social>> en los años cuarenta y cincuenta, pero era algo más que la elaboradora de canastillas[5]. Pilar Primo de Rivera asumió el papel político que la mujer iba a tener, desde el hogar, en el Nuevo Estado como difusora y transmisora de los valores del mismo concretizados en el ideario falangista, al igual que lo hacían las organizaciones juveniles en los años cuarenta; iban a ser las encargadas de contribuir a crear en España un <<orden armonioso>> que superara la guerra: <<nuestras manos de mujer pueden mucho para restablecer la armonía, y en el antiguo molde de todos los tiempos que se llama dolor depuraremos pasiones y amores>>[6]. La SF iba a exaltar el valor de la mujer casada, del matrimonio católico, de sustento de la familia cristiana. Con palabra sencilla, lo que no implica ausencia de una carga conceptual muchas veces orillada, se utilizaba el término <<servicio>> como misión de la mujer, pero ignorando de forma consciente por parte de algunos autores que era un concepto falangista que no implicaba, como se suele explicar erróneamente, subordinación. La mujer fue creada por Dios <<para su ayuda y compañía [del hombre], y para que sirviera de madre>>, mantenía en su discurso la SF. De hecho, en los años cuarenta, la SF no estaba bien vista por las clases conservadoras, ni muchas de sus propuestas eran asumidas (bastaría recordar la campaña contra el deporte para las niñas promocionado por la SF). Además, bastaba ojear las publicaciones falangistas de la guerra y la inmediata posguerra para encontrarse con formaciones y desfiles de la SF junto con su papel en hospitales, Auxilio Social, lavaderos, etc. La SF reivindicaba en los cuarenta el título de <<mujer>>, que en explicación de Carmen Werner es la resultante de la <<recuperación del ser tradicional de la mujer española y cristiana>>[7]. Política nata, a diferencia de sus camaradas masculinos, Pilar asumió que debía mantener una política de no enfrentamiento abierto con la Iglesia (lo que suponía asumir el discurso de la misma sobre la mujer que también asumía el Régimen[8]) y el Ejército, sellando, después de no radicales desconfianzas iniciales, una estrecha alianza/colaboración recíproca con Franco que se prolongó más allá de la muerte de este. Si se repasa el discurso de la Sección Femenina es fácil percibir que, sin variar los elementos permanentes, la <<mujer>>tenía que vivir y cambiar con la época, y en los años cuarenta era la que era y, aunque pueda parecer paradójico, estar en la SF era estar en un espacio de libertad para la mujer y de hecho no pocos padres prohibían a sus hijas entrar en la SF. Pero no es menos cierto que en el seno de la SF iban a convivir los dos discursos el que situaba a la mujer en la esfera de lo privado y el que quería su promoción y que por tanto tenía espacios de reivindicación. Equilibrando ambos, Pilar Primo de Rivera y su equipo acabaron inclinándose hacia lo segundo.
Incardinar los hechos en la realidad de la época es lo que, a nuestro juicio, no hacen no pocos historiadores y comentaristas. Mercedes Sanz Bachiller y Pilar Primo de Rivera inclinaron la SF hacia la asistencia social en plena guerra. Ante las penalidades de la posguerra Pilar Primo de Rivera incidió en esa asistencia social que, además, cubría otros objetivos como eran ayudar a las mujeres, la inmensa mayoría analfabetas, campesinas, a organizar y optimizar el hogar, que era su espacio habitual (pensar otra cosa era desconocer la realidad social de la España de los treinta y los cuarenta) pero también a elevar su situación desde un punto de vista cultural. Sintonizaba con Girón en la necesidad de una política de hechos y no de proclamas retóricas. Sus objetivos reales a nivel divulgativo quedan reflejados en algo tan conocido como la Enciclopedia escolar (el libro único del colegio) de 1943:
<<La Falange femenina tiene por objeto unir a todas las mujeres españolas en el sentimiento ardiente del servicio a la Patria sobre los principios del Nacional Sindicalismo. La Falange femenina se extiende a todas las capas de la sociedad, porque considera que, en cumplimiento de los deberes sociales y patrióticos, tanto tienen que hacer las clases afortunadas como las humildes. Crea instituciones de educación y formación de la mujer para el hogar, para el auxilio al débil, para la formación física y deportiva de la mujer con miras a su condición fuerte y sana; organiza campamentos y colonias de salud, retiro y descanso; fomenta la hermandad entre la ciudad y el campo, se preocupa del mantenimiento y perfeccionamiento del arte folklórico, del embellecimiento del hogar campesino, del servicio social de la mujer, organiza conferencias para el perfeccionamiento cultural, instala bibliotecas y talleres; no olvida, en fin, ninguna de las líneas directrices que procuran la formación de un tipo humano de mujer con la gran preocupación del hogar, que es la base de la familia y del bienestar ciudadano>>.
Curiosamente, cuando se revisan los reportajes, las fotografías de las publicaciones falangistas (FOTOS) y de la Sección Femenina (Medina, Teresa, Consigna, Y…), además de bordar y rezar, de cantar y coser, de recetas de cocina (¿alguien conoce alguna revista actual de divulgación sin recetas de cocina?) y consejos para el hogar o economía doméstica, es usual encontrarse con noticias sobres los equipos deportivos femeninos de la SF, la presencia de Pilar Primo de Rivera como líder política al nivel del resto de los dirigentes falangistas, la actividad social de la SF, la presencia de la mujer en los ámbitos educativos, con mensajes en no pocas ocasiones contradictorios. La SF, de algún modo, quiere una mujer formada aunque, en los años cuarenta y cincuenta, su orientación sea para el hogar; aunque, al mismo tiempo, promocione determinados tipos de trabajo para la mujer como la enfermería o el magisterio para lo que iba a facilitar becas o desarrollar sus propios centros formativos[9], pero cualquiera que tenga conocimiento directo de la España de los años cuarenta-cincuenta sabe que no pocos padres se negaban a aceptar los ofrecimientos porque el papel de sus hijas era aprender lo justo y casarse. Una mentalidad muy propia de la época. Así, por ejemplo, la abogada falangista Mercedes Formica recordaría que cuando se empeñó en estudiar en la Universidad le decían a su madre que si se marchaba a estudiar nunca se casaría en Sevilla.
La SF en los años cuarenta defendía la presencia de la mujer en <<profesiones netamente femeninas>> que no contravenían la idea de liberar a la mujer de la esclavitud de la fábrica y el taller expresada en el Fuero del Trabajo. Y aunque pudiera parecer contradictorio, de la pluma de una de sus dirigentes, Carmen Werner, se podía leer en 1942 en Medina:
<<La consecuencia de mi vida de estudiante será la Licenciatura, y ganar, en brillantes oposiciones, la plaza decorosa que me mantenga en mi antigua posición familiar, con la libertad sentimental de esperar, en compañía de mi trabajo y con su fruto económico, la oportunidad de felicidad que Dios me depare>>.
Contradictorio, por las espitas que abría, porque en sus discursos públicos el mensaje era unívoco:
<<Cada una -afirmaba en público Pilar Primo de Rivera en 1944- tenéis en vuestro pueblo la base de nuestra organización, que es la familia, la parroquia donde aprendéis el Evangelio, el Municipio y el Sindicato, y alrededor de esto se tiene que desenvolver la vida de la Falange. Tenéis vosotras en vuestras manos la mejor parte de España: la gente campesina; por eso, queremos elevar la vida de los pueblos; para que esta gente no sienta la necesidad de irse a las capitales, donde todo les es extraño: desde la fábrica donde trabajan, que no les pertenece, hasta la casa donde viven, que es alquilada; queremos que se encariñen con la tierra que es suya, con la casa que es suya y que será de sus hijos, con el ambiente limpio y despejado del campo […]
Para que todo esto sea una realidad tenéis que meter bien dentro del espíritu de todas las camaradas este modo de ser de la Falange […] Y una vez que conozcan nuestra doctrina y que tengan ya este modo de ser de la Falange, yo os aseguro que si les mandáis levantar una catedral en cada plaza os la levantarán, porque la fe mueve los montes.
Y al mismo tiempo el quehacer diario y vulgar de cada día: el comedor, el taller, el lavadero; pero todo con alegría, que no tenemos motivo para estar tristes cuando España empieza a ver nuevamente el sol.
Pero sobre todo tenéis que encauzar la voluntad de las afiliadas hacia la casa, hacia la familia, que es el único puesto que las mujeres tienen asignado en las tareas de la Patria.
Porque todo es sublime heroísmo, toda la esplendidez de raza que España ha demostrado en estos momentos, se debe en gran parte a que las familias españolas no habían perdido su contenido, a que en cada casa el hombre estaba pendiente de la mujer y la mujer del marido, y lo dos miraban para que los hijos fuesen sanos de cuerpo y de espíritu. Y eso es lo que pretendemos nosotras se siga, completándolo con aquellas cosas que quizás les faltaban: más alegría dentro de la casa, más gusto y más comodidades para que los hombres no tengan que ir a buscar a la taberna o al casino los ratos de expansión, sino que se queden allí, con su mujer, con sus hijos; y sobre todo, queremos que las mujeres sean absolutamente morales y cristianas, que solo con esta base pueden hacerse grandes cosas en las naciones>>.
Pero la realidad es que la mujer, especialmente en el campo, trabajaba. El número de mujeres trabajadoras no hizo, pese a lo que pudiera pensarse, sino crecer a lo largo del régimen hasta tasas no minusvalorables, en 1967, por ejemplo, ya trabajaban 3.000.000 de españolas (Tabla 21).
| Tabla 21 Incorporación de la mujer al trabajo | ||
| Años | Total mujeres | Mujeres activas |
| 1930 | 12.112,0 | 1.109.8 |
| 1940 | 13.524,4 | 1.116,6 |
| 1950 | 14.575,8 | 1.708,9 |
| 1960 | 15.736,5 | 2.119.9 |
| 1967 | 16.713,8 | 2.932,4 |
El Fuero del Trabajo establecía un deseo pero no una prohibición, como a veces se indica, sacar a la mujer casada de la fábrica y el taller, pero no de otros oficios. Lo hacía porque entendía que ello iba en detrimento de la <<salud del hogar>>. Los pluses salariales contribuían a incentivar esa salida de la fábrica y el taller. Con las disposiciones y la realidad en la mano se podría hablar de una prohibición parcial (las mujeres solteras, las que mantenían a su familia, sí trabajaban). El Ministerio de Trabajo y la SF lo que harán será establecer, de un modo u otro, básicamente a través de las Reglamentaciones en el caso de Trabajo, qué tipo de oficios consideraban apropiados para la mujer estableciendo además restricciones a los <<despidos>> por matrimonio a mediados de los años cuarenta; pero el discurso oficial era en parte tendente a reducir el trabajo de la mujer que estaba mal visto más allá de los ámbitos de la empresa familiar, las actividades agrarias propias o algunos oficios tradicionales para las obreras, pero esta realidad era anterior al régimen de Franco.
Paralelamente, con todo lo que significaba de trabajo real fuera del hogar, en los años cuarenta la SF continuó con su labor de apoyo real a la maternidad a través de la Obra de Protección a la Madre y al Niño destinada a las trabajadoras o mujeres sin recursos básicamente. En consonancia con lo que era su ideario se trataba de ayudar a la infancia protegiendo la salud de la madre y elevando sus niveles culturales entre los menos favorecidos. Auxilio Social, pese a las sucesivas reformas en lo referente a beneficencia y obras sociales, continuó conservando su personalidad jurídica como organismo autónomo aunque compartiera en la práctica adscripción entre el Ministerio de la Gobernación, la SF y la Secretaría General del Movimiento. En este servicio, la SF, bien a través de Auxilio Social, bien desde su propia estructura, puso en pie Policlínicas y Servicios de Maternología, Hogares para madres y para embarazadas, Colonias de Recuperación y Descanso para las madres trabajadoras o para mujeres sin recursos… Con estas instituciones se pretendía cubrir cualquier contingencia ya que se vigilaba el embarazo y se actuaba en los casos de riesgo. Tras el período de recuperación había que atender las necesidades del niño por lo que se crearon los Centros de Alimentación Infantil, Hogares de lactantes, los Jardines Maternales y las Guarderías junto con las Colonias de Auxilio Social. Se implementó también un servicio de ayuda para las madres que no pudieran atender a sus hijos, de tal modo que podían estar en Hogares Cuna e Infantiles para pasar después a Hogares Escolares, de Estudio y de Aprendizaje. Podían estar los niños el tiempo que fuera preciso hasta que las madres pudieran hacerse cargo de los mismos[10]. Auxilio Social que desaparecería formalmente casi con la muerte de Franco contaba con guarderías infantiles, colegios menores, residencias, comedores, centros de alimentación infantil, clubs de ancianos…[11].
Independientemente de las intenciones, y no hay por qué dudar de las declaraciones de las dirigentes de la SF de que iban a luchar por la mejora de la situación de la mujer, lo cierto es que en los años cuarenta y cincuenta la discriminación de la mujer era un hecho. Lo anota Mónica Plaza: <<diferencia de salarios en el trabajo, falta de capacidad legal para obrar, prohibición generalizada del trabajo a la mujer casada, limitación y prohibición del ejercicio profesional a la mujer universitaria, en la Administración de Justicia, en puestos técnicos y de alto nivel en la Administración del Estado y Entidades privadas y Empresas, limitación de funciones y responsabilidad plena de la mujer en la familia, etc.>>, a lo que se añade la discriminación existente en el Código Civil. Teóricamente, con las Leyes Fundamentales, a partir de la promulgación del Fuero de los Españoles, como subrayaron las dirigentes de la Sección Femenina, no era posible mantener la discriminación existente.
<<A pesar -anota la dirigente falangista Teresa Loring[12]– de que las Leyes Fundamentales, no discriminaban a la mujer, en la práctica, se buscaban excusas, se soslayaban preceptos, pero sobre todo, no se desarrollaban los Principios Fundamentales y sí, se seguían las rutinas y trabas del pasado>>.
A principios de los años cincuenta, la SF va a iniciar una campaña política para el cambio de la legislación con la convocatoria de reuniones como el Congreso Femenino Hispano-Americano-Filipino (1950-1951) y el 1º Congreso de Justicia y Derecho (1952) donde se abordó la necesidad de modificar el Código Civil[13]. Años en los que la SF quiere acentuar su peso político y su independencia al plantearse desvincularse de la Secretaría General del Movimiento. Al mismo tiempo, desde sus publicaciones lanzarán la campaña <<Las mujeres quieren trabajar>>, lo que obligaba a cambios en las reglamentaciones de trabajo[14] . Era la propia Pilar Primo de Rivera la que acudía, al producirse las convocatorias discriminatorias, <<solo para varones>>, a los ministerios a exigir la retirada hasta que a partir de 1961 esta ofensiva discriminación prácticamente desapareció aunque aún le quedaba por vencer al Ministerio de Justicia. También habían jugado un importante papel en la defensa de las numerosas mujeres que trabajaban en el servicio doméstico en colaboración con el Ministerio de Trabajo. Girón ya se había planteado este tema, de hecho las chicas que trabajaban en el servicio doméstico estaban explícitamente incluidas en el SOE. Pero la desprotección era un hecho porque no era factible realizar una Reglamentación para ellas en razón de horarios, salarios, tipo de trabajo, etc. La SF no solo buscó incrementar la formación de estas trabajadoras sino que emprendió una campaña para que tuvieran la necesaria protección en la que chocó con las <<señoras influyentes>>. De todos modos el 17 de marzo de 1959 conseguían crear el Montepío Nacional del Servicio Doméstico. En vez de intervenir un inexistente sindicato sería la SF la encargada de asesorar y proteger a estas trabajadoras.
Igualmente importante era conseguir una reforma profunda de un anticuado Código Civil que no pocos juristas consideraban injusto con la mujer. La campaña por la reforma del Código Civil de 1889 fue llevada adelante por la prestigiosa abogada falangista Mercedes Formica[15]. En el fondo, lo que era fundamental era ganar la voluntad de Franco. A través de la SF Mercedes Formica fue recibida por Franco quien le dio su apoyo, según la abogada el Caudillo estaba muy sensibilizado con este tema. En abril de 1958 las Cortes aprobaban la reforma de 66 artículos del Código que establecían un conjunto de incapacidades para la mujer:
<<Antes de la reforma, el artículo 168, establecía que la viuda que contraía matrimonio, perdía la patria potestad sobre sus hijos de su anterior unión, lo que no sucedía con los viudos en las mismas circunstancias. Tras la reforma, el art. 168 quedó redactado de la siguiente forma, “Las ulteriores nupcias del padre o de la madre, no afectarán a la patria potestad”.
Asimismo la esposa que pedía la separación con justa causa perdía el domicilio conyugal, considerado “casa del marido”. Quedaba “depositada” en casa ajena, en compañía y al cuidado, de un depositario elegido o al menos autorizado por el marido; que finalizado el juicio podía aparecer como cónyuge culpable. Por si fuese poco, se le privaba de la guardia de los hijos, durante el litigio (seis años con apelaciones) sustanciado ante los tribunales eclesiásticos.
En el aspecto económico, al disponer el marido, de los bienes gananciales, sin el consentimiento de la esposa, aquellos desaparecían con evidente perjuicio para la educación de los hijos.
La reforma suprimió el depósito. El domicilio conyugal fue considerado “casa de la familia” y la esposa pudo permanecer en ella. También se le concedió la guardia de los hijos y sobre ambos extremos, los jueces tienen un amplio arbitrio para decidir.
En la disposición de los bienes gananciales se exigió el consentimiento de la mujer para los inmuebles, de acuerdo con la nueva redacción del art. 1.413 del Código Civil.
El adulterio considerado delito, con tratamiento diferente, según lo cometiera el marido o la esposa, se calificó en la nueva redacción del art. 105, causa de separación, sin distinguir si lo cometía el hombre o la mujer.
La reforma del estatus en el derecho privado, beneficiosa y revolucionaria para estos tiempos, conservó sin embargo, una serie de limitaciones que afectaban a la mujer casada.
El marido regía el matrimonio como una sociedad sui generis conyugal. Incluso la que vivía en armonía, necesitaba la licencia del esposo para comparecer en juicio, litigar sobre sus bienes parafernales, adquirir a título oneroso o gratuito, enajenar bienes y constituir derechos reales, obligarse en general, hacer donaciones por contrato, enajenar, gravar o hipotecar sus parafernales, aceptar o repudiar la herencia, pedir participación de bienes, ser albacea>>[16].
El trámite en la Comisión de Codificación y de Justicia de las Cortes fue rápido, además no hubo enmiendas importantes en la Cámara. Frente a los que demandaban una revisión total del Código se optó por una urgente que afectará a los artículos más problemáticos referidos al matrimonio, porque ya había sentencias que, en definitiva, reinterpretaban el Código a favor de la mujer en caso de separación. Como sintetiza el profesor Manuel Batlle: <<la reciente ley puede decirse que en el orden jurídico del Derecho privado se ha consagrado el principio de la igualdad jurídica del hombre y de la mujer como tal, independientemente de su posición en el matrimonio. La mujer soltera o viuda ha visto desaparecer las clásicas diferencias de trato con respecto al varón y a los que anteriormente hicimos referencia, que se mantenían por tradición pero que no resultaban justas>>[17].
Ahora bien, para las dirigentes de la Sección Femenina su gran éxito fue la victoria en las Cortes de la Ley de Derechos Políticos, Profesionales y de Trabajo de la Mujer en julio de 1961, presentada con el apoyo de 200 procuradores. Ello no quiere decir que no tuviera resistencia en las cámaras de representación del Régimen, incluso llegó a considerarse que la propuesta caía en contrafuero (inconstitucionalidad):
<<Estamos convencidas -explicó Pilar en las Cortes- de que al proteger el trabajo y sobre todo el estudio de la mujer no cometemos desafuero. Una mujer refinada y sensible por esa misma cultura, es mucho mejor educadora de sus hijos y más compañera de su marido.
Si a las universitarias, se les ha exigido el mismo esfuerzo y las mismas pruebas que a los varones, se les deben de dar después las mismas oportunidades. En noble competencia ganará quien se lo merezca; en todo caso ganará España, en una elevación del nivel medio de cultura al tener que luchar más los contendientes.
Insensiblemente, en lo referente al trabajo de la mujer, se había producido una regresión. Sin ninguna norma de carácter general, que lo declarase, la mujer se vio desplazada poco a poco de las oposiciones, que para ingresar en diversos cuerpos se fueron convocando, haciendo así caso omiso del Fuero de los Españoles que les otorgaba los mismos derechos que al varón>>.
Las universitarias convocaron, al aprobarse la Ley, un homenaje a Pilar Primo de Rivera porque el cambio era revolucionario y la única crítica posible es que había tardado mucho en producirse pero, a la vez, indicaba que la discriminación no formaba parte programática del régimen de Franco, aunque se hubiera mantenido por razones explicables desde un punto de vista sociocultural que no era, ni mucho menos, exclusivo de España. Al mismo tiempo es necesario subrayar que estos avances no fueron una concesión sino obra de la labor reivindicativa de la SF, pues, además, nunca entendieron que con ello quedaban culminadas sus reivindicaciones:
<<Ello significó -anota Mónica Plaza- para la mujer que a partir del año 1961, se produjo la igualdad de derechos en el trabajo, respecto al hombre y lo que fue y es más importante, esta ley consagró plenamente el principio de la igualdad de salarios a igual trabajo hombre y mujer. La mujer hasta entonces y por el solo hecho de ser mujer, percibía a igual trabajo que el hombre retribuciones distintas y más bajas, llegando incluso, y ello recogido en Reglamentaciones de Trabajo, Convenios Colectivos, etc., a cobrar la mujer el 70 o el 80% de lo que cobraba el hombre a trabajos iguales, el reconocimiento de la plena capacidad a la mujer para celebrar toda clase de contratos, para intervenir en las negociaciones y Convenios y para ejercitar toda clase de derechos laborales y sindicales, sin limitación alguna, y eliminación de la “excedencia forzosa para la mujer al contraer matrimonio”.
A partir de esta Ley, la supresión o cese en el trabajo, por razones de matrimonio, que hasta entonces, limitaba acentuadamente las posibilidades de trabajo de la mujer casada, tendría carácter voluntario, anulándose toda cláusula que en las Reglamentaciones de Trabajo, Convenios, normas interiores de empresa, etc., aparecieran limitando los derechos de la mujer casada al trabajo y en el trabajo>>.
La Ley de 1961 y las mejoras de 1966 y 1968, junto con la labor realizada a través del trabajo conjunto con los servicios jurídicos sindicales para la promoción de la mujer, impulsaron también el incremento de la participación política a través de los mecanismos de representación del régimen de Franco. El número de mujeres trabajadoras no hizo sino incrementarse a lo largo de los años sesenta y también el número de enlaces sindicales que superó los 22.000. La Ley de 1961 obligaba a cambios en la representación política. Las mujeres podían votar en referéndum y en las elecciones sindicales; en las elecciones municipales (existentes a partir de 1948) solo podían hacerlo viudas y solteras mayores de edad (estas últimas si tenían vivienda a su cargo)[18]. En 1970 se produjo el cambio definitivo ya que todas las mujeres podían concurrir a las elecciones para ser electoras y ser elegidas. La SF impulsó a sus afiliadas a participar con unos resultados muy modestos. En 1970 ya existía una pequeña representación política de la SF en las instituciones del Régimen: 3 Consejeros Nacionales, 8 Procuradores en Cortes, 8 Alcaldes, 84 Concejales, 9 Diputados Provinciales y 70 Consejeros Provinciales que la SF consideraba como un comienzo[19]. No es extraño pensar que tanto Pilar y su SF como los falangistas refugiados en la OSE estimaran que de la mano de la <<democracia orgánica>> funcionando pudieran recuperar a través de las urnas de Franco el peso político que habían perdido. Lo destacable es que la SF continuaba con sus reivindicaciones en aras de la mejora de la situación de la mujer, mientras se trabajaba por la igualdad en el trato jurídico que llevaría a nuevas reformas. Así en el XXV Consejo Nacional (1970) las falangistas reclamaban:
<<-Se necesita un estudio riguroso de la problemática de la mujer en todos los aspectos.
-Aunque la igualdad de derechos políticos, profesionales y laborales está reconocida plenamente por la Ley, se producen en la práctica diferencias que deben ser eliminadas.
-Es imprescindible que todos los trabajos que ejerce la mujer, posean reglamentación laboral.
-La participación de la mujer en la política y los sindicatos, debe ser proporcional al número de mujeres que trabajan, alcanzando además los niveles superiores.
-La ayuda familiar debe ser concedida a toda mujer casada, incluso si trabaja fuera del hogar.
-Es imprescindible llegar al reconocimiento laboral, con todos sus derechos, del trabajo que la mujer realiza en su propio hogar[20].
-Hay una desproporción que debe ser corregida entre el salario mínimo y el gasto diario de una familia>>.
Curiosamente, frente a la práctica desintegración del Movimiento, la SF intenta volver a la calle mientras que, sin ocultarlo, busca una independencia funcional del mismo. Así en el XXVI Consejo Nacional (1972), se propone <<promover Asociaciones familiares, culturales, deportivas, profesionales o sindicales>>, vincularse a las Asociaciones de Amas de Casa y <<reincorporar>> a la SF a las <<camaradas casadas>>. En los inicios de los setenta la SF pide una reforma de la Asistencia Social (en los años sesenta había conseguido dar vida a los Asistentes Sociales)[21]. Sus nuevos objetivos asistenciales, a los que la SF nunca dio la espalda, estaban en relación con los cambios socioeconómicos que estaba experimentando la sociedad española. La protección a la infancia pasaba por la creación de un sistema de guarderías dado el incremento constante de mujeres trabajadoras. Ahora aparecía una nueva necesidad que ya estaba siendo contemplada desde el II Plan de Desarrollo, la atención a los mayores[22]. La SF quería desarrollar los servicios de gerontología y dedicar a ello parte del personal que aportaba cada año el Servicio Social. En definitiva, volver a unir su capacidad de penetración social entre las mujeres y seguir trabajando en el auxilio social cuando su tiempo político comenzaba a agotarse.
En realidad, a lo largo del régimen de Franco, la SF dirigida por Pilar Primo de Rivera, había sido un <<partido>> y una institución de poder prácticamente intocable que buscó acompasar, de la mano de su líder, su discurso, sin variar sus raíces, a cada época. Ahora bien, sin la presencia de la Sección Femenina de Falange, que siempre actuó desde la austeridad, el sacrificio y la optimización de unos recursos que se le regateaban, sin escándalos económicos ni corrupción, sería muy difícil comprender cómo se consiguieron objetivos fundamentales para la mujer y la familia durante cuarenta años.
[1] De hecho las dirigentes de la SF distaban de dar esa imagen, sacrificaron en muchos casos su vida personal por el servicio en la SF. Pero, más allá de ellas, millares de mujeres formaron en sus cursos, fueron visitadoras, divulgadoras, delegadas, tenían que salir del hogar y formarse. En los años cuarenta eran criticadas y los propios falangistas no hurtaban su incomodidad ante ellas y su poder, era usual llamarlas <<machas>>. Cfr. MORALES VILLENA, Amalia: Género, Mujeres, Trabajo Social y Sección Femenina. Historia de una profesión feminizada y con vocación feminista. (Tesis doctoral) Granada, 2010.
[2] Pilar Primo de Rivera sufrió enormes presiones por parte del gobierno de Adolfo Suárez y de su sobrino Miguel Primo de Rivera para que apoyara la Ley Para la Reforma Política, a la que iban a combatir gran parte de los procuradores que constituían la Vieja Guardia falangista, sus amigos, camaradas y colaboradores. Fue sometida, menospreciando el valor de su biografía, a un inmisericorde chantaje: la promesa de que las muchas trabajadoras de la Sección Femenina, que no eran funcionarias, serían colocadas como tales y no acabarían, después de años de servicio, en el paro. Pilar Primo de Rivera, por ello, se abstuvo en la votación. La Sección Femenina iba a desaparecer pero era evidente que el gobierno no se atrevía a su disolución por la resistencia que la veterana política podía presentar. No fue así. En 1977 presentó su dimisión con la intención de que la SF sobreviviera de la mano de Vicky Eiroa. No eran esos los planes de Adolfo Suárez. Pilar fue recibida desabridamente por Suárez tras negarse a hacerlo reiteradamente. Pilar acudió a Presidencia del Gobierno para el preceptivo cese y toma de posesión de su sustituta. Suárez no estuvo, sí lo hizo el Vicepresidente del Gobierno, Alfonso Osorio, que se limitó a decirle: <<Gracias, Pilar>>. El gobierno del antiguo falangista y último Secretario General del Movimiento, que había escalado en la política desde Ávila merced a una camisa azul, no iba a trazar ningún párrafo de gratitud por la labor desempeñada. Pilar fue despedida multitudinariamente en un homenaje que se le hizo en el castillo de la Mota que Franco regalara a la Sección Femenina, su auténtico cuartel general, en mayo de 1977, al que asistieron millares de personas. Allí, José Farré, director general de Asistencia y Servicios Sociales advirtió: <<surgirán tentativas de enlodar su obra, pero nadie podrá […] ensombrecerla, porque nadie tiene títulos suficientes para enfrentarse con la honestidad, con la eficacia, con el rigor, con la austeridad, con la abnegación y con el bien hacer con que han trabajado… La Sección Femenina ha sido la excepción, probablemente la única excepción, de estricta identidad con lo que José Antonio había soñado para nuestro pueblo>>. Cfr. PRIMO DE RIVERA, Pilar: Recuerdos de una vida. DYRSA; Madrid, 1983.
[3] Cuando Mónica Plaza, natural de Cervera de Pisuerga, falleció en 2010, el periódico El Norte de Castilla la despidió recordando que fue una de las <<precursoras de la presencia de la mujer en la política española>>. En 1942 fue elegida concejala del Ayuntamiento de Palencia, siendo entonces Regidora de la Hermandad de la Ciudad y el Campo. El primer choque lo tuvo cuando como concejala acudió a la Catedral para la celebración de Nochevieja y se le quiso impedir el paso al coro, prohibido para las mujeres. Mónica no se arredró y con el apoyo de los demás concejales estuvo en el coro (todo un desafío para la época).
Afiliada a la Sección Femenina fue una de las grandes colaboradoras de Pilar Primo de Rivera. Ostentó el cargo de Regidora Nacional de Trabajo. Fue Consejera Nacional del Movimiento por elección y Procuradora en Cortes desde 1967 a 1977; entre 1947 y 1977 Directora General de Promoción Social de la Mujer. En 1977 se presentó al Senado como candidata de Alianza Popular (el actual PP). Tuve la fortuna de conocer a Mónica Plaza y mantener una larga entrevista con ella a finales de los años ochenta, insistió en que la SF siempre luchó a favor de la igualdad entre hombres y mujeres pero lo hizo en las circunstancias que imponía un <<mundo de hombres>>, su táctica fue siempre la del doble lenguaje que les permitió ir ganando batallas una a una hasta las leyes de los sesenta. Me decía: <<no era fácil, pero siempre contamos con el apoyo de no pocos procuradores, no pocos eran camaradas de la Falange y por tanto podíamos apoyarnos en ello. Pilar siempre conseguía muchísimas más firmas de las necesarias para sacar adelante nuestras propuestas y puso en un brete a más de un ministro contrario a nuestras reivindicaciones, especialmente a alguno de justicia>>.
[4] Cfr. PLAZA, Mónica: <<La Sección Femenina de la Falange cambió profundamente el estatus real y legal de la mujer española>>. FF. Boletín Informativo, nº 123 (Madrid 2011).
[5] En la memoria popular de la época las canastillas de la SF fueron algo permanente. Se trataba de un equipo que se enviaba a las mujeres que daban a luz. La SF las popularizó en los años cuarenta. Posteriormente, ya entrados los cincuenta y en los sesenta, era una de las formas de cubrir el Servicio Social de la Mujer por parte de las estudiantes. Aunque menospreciadas por los investigadores eran una ayuda importantísima, un complemento, para las clases populares que recibían así equipo para el bebé. Conviene no perder de vista que esta política es hoy habitual en los países del norte de Europa donde la madre recibe al dar a luz una <<caja>> del Estado con contenidos equivalentes a los que se daban en las canastillas. En Finlandia, por ejemplo, la caja se transforma en cuna. Seguramente a no pocos españoles, especialmente a mileuristas o parejas con menos ingresos, les gustaría hoy recibir una <<canastilla>> del Estado cuando tienen un hijo, acompañada del premio que daba el franquismo social al dar a luz.
[6] <<No hay nada más bello que servir>>. Medina, 12-7-1942.
[7] Natural de Málaga, de familia noble -su padre y tres de sus hermanos fueron asesinados por los republicanos-, se afilió muy pronto a la SF. Mantuvo una relación de amistad/amor con el propio José Antonio que no llegó a fructificar, a ella dedicó con unas sentidas palabras una de sus últimas cartas, pero el romance debió de circunscribirse a 1935, nunca llegó a ser novia formal de José Antonio y en 1936 ya mantenía un romance con quien después sería su marido. En Málaga se iba a formar un núcleo importante de la Sección Femenina pues además de Carmen estarían otras figuras como Mercedes Formica y Teresa Loring. Una vez tomada por los nacionales la capital, las chicas de la SF se integraron en la ayuda social, en los comedores de Auxilio Social. En la ciudad había muchos hijos de republicanos abandonados o escasamente atendidos. La SF estableció entre sus prioridades atenderlos independientemente de la ideología de sus padres. Entre ellos estaban los hijos de los asesinos de los familiares de Carmen Werner. Delegada Provincial de la SF en Málaga desempeñó la Regiduría Central de las Juventudes de la SF (1938); se ocupó de temas de ayuda social. En los años cuarenta escribió varios libros de formación de la SF (Convivencia Social). Al casarse abandonó su carrera en la SF pero fue Consejera Provincial del Movimiento y Diputada provincial en Málaga.
[8] Debemos tener presente que el régimen de Franco, por razón de su propio discurso, asumió como fundamental la recatolización de España y en ello, en los años cuarenta y parte de los cincuenta, iba a jugar un papel fundamental la Acción Católica en el terreno de la reconstrucción de la moral católica por lo que la SF tenía que asimilar un discurso que le era próximo. Ello implicaba una convergencia entre lo que la SF iba a difundir en sus manuales de formación, en su acción política y cultural, con lo que difundía la Iglesia aunque ello no le exonerara de más de una crítica desde los púlpitos o las publicaciones católicas.
[9] Incluyamos una referencia a las Cátedras Ambulantes de la SF que se pusieron en marcha en 1946. Con sus vehículos transformables, las instructoras no solo iban a los pueblos a enseñar sino que también recogían denuncias, inspeccionaban trabajo, etc. a la vez que actuaban como difusores culturales en el medio rural. Pero, pese a las críticas, también trabajaban en la recristianización familiar impulsando bodas y bautizos (naturalmente extendieron los nombres de Pilar y José Antonio). Cfr. MORALES VILLENA, Amalia: Género, Mujeres, Trabajo Social y Sección Femenina. Historia de una profesión feminizada y con vocación feminista. (Tesis doctoral) Granada, 2010, pp. 345-634.
[10] Cfr. SÁNCHEZ BLANCO, Laura: <<Auxilio Social y la educación de los pobres: del franquismo a la democracia>>. FF. Boletín informativo, nº 117 (abril-junio 2009); CENARRO, A.: La sonrisa de la Falange. Auxilio Social en la guerra civil y en la posguerra. Crítica; Barcelona, 2006; FET de las JONS: Auxilio social y el problema demográfico español (1939-1950). Auxilio Social. Madrid; SERNA ESPINA, L.: Acción de Auxilio Social en la protección del niño abandonado. Delegación Nacional de Auxilio Social; Madrid, 1952.
[11] Al llegar la Transición todo lo referente a la Asistencia Social pasaría a depender del Ministerio de Trabajo. Ya no era Auxilio Social sino el Instituto Nacional de Asistencia Social. Rodolfo Martín Villa, antiguo falangista, ministro con la UCD, fue el último Ministro de la Gobernación del que dependió, al menos reconoció que Auxilio Social había sido una institución protagonista en el cambio de la asistencia caritativa a los fundamentos del Estado del Bienestar.
[12] Se afilió a la Falange en 1935, durante la guerra civil estuvo como enfermera. Fue Consejera Nacional del Movimiento y procuradora en Cortes por la provincia de Málaga (1964-1971 y 1975-1977). Ocupó la última Secretaría Nacional de la Sección Femenina. Se abstuvo en la votación de la Ley para la Reforma Política. Fue una de las fundadoras de la asociación Nueva Andadura que quiso continuar ya en democracia la obra de la Sección Femenina; igualmente participó en la fundación de la Plataforma 2003 para recuperar el legado de José Antonio Primo de Rivera.
[13] El cambio que se inicia a partir de aquí con respecto a la defensa de la igualdad y promoción de la mujer abrirá a la SF su presencia internacional. En 1970 participará en el Congreso Internacional de la Mujer y en 1975 en Conferencia Mundial de la Mujer de Naciones Unidas.
[14] En realidad se trataba de un conjunto de profesiones que reivindicaban como adecuadas para la mujer de acuerdo con lo que había sido el discurso de la SF: Enfermeras, Maestras, Traductoras de idiomas e intérpretes, organización y gestión de secretarías, Auxiliares de Investigación, Especialistas en organización y desarrollo de Congresos, Actividades relacionadas con el cine (scripts, figurinistas, maquilladoras, montadoras), Artes Plásticas, Radio, Periodismo, Educación Física, Educación de Hogar, Formación Profesional (confección, corte, mecanografía, estenotipia, comercialización…), Archivística, Museología, Restauración, Arqueología, Publicidad, Policía Femenina.
[15] Según sus propias declaraciones decidió hacerse falangista al escuchar la emisión radiada que se hizo del discurso de José Antonio en el Teatro de la Comedia en 1933. Estudiante de Derecho militó en el SEU primigenio. Al estallar la guerra se encontraba en Málaga de donde consiguió escapar a una posible muerte con su familia. Colaboró con la SF después de la guerra sin ostentar cargos importantes debido a que estaba casada, aunque estuvo en la dirección de la revista Medina. En 1948 concluyó la carrera de Derecho y chocó con el <<solo para varones>> de las oposiciones. En 1950, Pilar Primo de Rivera le encarga la elaboración de una ponencia sobre la situación de la mujer para el Congreso Hispanoamericano. Juzgada por conveniente fue retirada y se encargó a Javier Conde una nueva redacción en la que colaboraron Sofía Morales, Carmen Llorca, Josefina Aráez, María de la Mora, Pilar Villar, Carmen Segura, Carmen Werner, Matilde Ucelay, Mercedes Maza y María Ontañón. Esta reflexión sobre la situación de la mujer abre los cambios que se van a producir. Se debe reconocer a Mercedes Formica el valor del primer impulso al abordar la situación de la mujer en el caso de separación que confería todos los derechos al varón, pero además, parte de sus propuestas de 1951 fueron incorporadas a la ley defendida por Pilar Primo de Rivera en las Cortes en 1961. Su oficio de abogada le lleva a ello y plantea la situación públicamente en un artículo periodístico El domicilio conyugal no es la casa del marido (1953) apoyándose en los valores que el propio Régimen afirmaba defender y pidiendo la reforma del Código Civil. Pues el Código mantenía una visión del matrimonio de dependencia y superioridad en vez de la inherente al concepto cristiano de compañerismo que era el mismo que sostenía el malentendido discurso de la Sección Femenina. Mercedes se hacía eco de la presión que ya existía para la reforma del mismo. Es la Sección Femenina la que da cobertura política a Mercedes Formica al llevarla a sus centros a dar conferencias bajo el título de La situación jurídica de la mujer española. También publicará una premiada novela, A instancia de parte, sobre esta cuestión. Además de poder continuar defendiendo la reforma en el diario ABC contará con el apoyo de no pocos juristas. La reforma del Código Civil impulsada por Mercedes fue fundamental. Pese a algunos homenajes lo cierto es que su papel fue silenciado desde la muerte de Franco dado que contravenía la <<verdad oficial>> sobre los cambios en la situación de la mujer que algunos querían desplazar hasta la Constitución de 1978.
[16] Esto permanecería así hasta las modificaciones del Código Civil de 1972 y a la revisión del Derecho de Familia emprendida en esa época, y culminaba con una nueva reforma de 59 artículos del Código Civil y 9 del Código de Comercio, aprobada en mayo de 1975. Básicamente lo que significaba era que los dos cónyuges eran iguales en el matrimonio en su capacidad de obrar y que el régimen económico familiar podía cambiar por mutua decisión.
[17] BATLLE VÁZQUEZ, Manuel: <<Observaciones sobre la reforma del Código Civil>>. Anales de la Facultad de Derecho. UMU; Murcia, 1958.
[18] La Ley Orgánica del Estado confería a las mujeres casadas el derecho a voto por el tercio familiar del que salían dos representantes por familia para las Cortes.
[19] Recordemos que hasta 1970 solo 40 mujeres habían llegado al Parlamento. Las primeras 18 lo habían hecho para formar parte de la Asamblea Nacional de Primo de Rivera. En contra de lo que pudiera parecer el número de diputadas durante la II República fue muy reducido, en total 9. Todas situadas en el republicanismo o en el socialismo menos la olvidada diputada de la CEDA Francisca Bohigas. Durante el régimen de Franco fueron 12 las mujeres que estuvieron en las Cortes: Pilar Primo de Rivera, Mercedes Sanz Bachiller, Belén Landáburu, Mónica Plaza, Teresa Loring, Purificación Sedeño, Josefina Veglison, Ana Ballenilla, Montserrat Tey, María del Carmen Cossio, Ana Bravo y Pilar Careaga. Belén Landáburu sería además Directora General de Asistencia Social. Pilar Careaga fue la primera mujer ingeniera industrial y alcaldesa de Bilbao entre 1969 y 1975, militó en Fuerza Nueva y fue víctima de un atentado de ETA en 1979.
[20] Una reivindicación que se prolonga hasta la actualidad y que implicaba un cambio notorio con respecto al discurso de los cuarenta en el que se rechazaba la calificación de trabajo para las labores en el hogar por parte de los falangistas en aras de su alta consideración.
[21] A mediados de los años sesenta la SF contaba con Asistentes Sociales.
[22] También la SF iba a dedicarse a la atención a discapacitados.
