La unión entre Falange Española y las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), formalizada en febrero de 1934, constituyó uno de los acontecimientos más relevantes en la configuración del nacional-sindicalismo español durante la Segunda República. El presente texto, extraído del libro José Antonio. Una biografía apasionada, recoge el relato de aquel proceso de unificación, las declaraciones de sus principales protagonistas y las reacciones que suscitó entre los militantes de ambas organizaciones.
La creación de Falange Española de las JONS respondió al convencimiento de que ambos movimientos compartían principios doctrinales y objetivos políticos fundamentales, circunstancia que hacía lógica su integración en una sola organización. Sin embargo, la fusión no estuvo exenta de matices. Junto a las declaraciones de fraternidad y de unidad de destino pronunciadas por sus dirigentes, también surgieron recelos, diferencias de estilo y distintas sensibilidades respecto al carácter y la orientación del nuevo movimiento.
El propio proceso de unificación puso de manifiesto la coexistencia de un sincero deseo de entendimiento y de ciertas reservas que reflejaban las trayectorias particulares de ambas organizaciones. Precisamente esos «matices» permiten aproximarse con mayor profundidad a uno de los episodios más significativos de la historia política española de los años treinta.
NO fue perfecta la fusión, pues se designaron triunviratos ejecutivos en todas las provincias y uno nacional directivo en Madrid, formado por José Antonio, Ledesma Ramos y Ruiz de Alda. Se creó el carnet de Falange Española de las J. O. N. S. con la maravillosa fórmula de nuestro juramento. Con ocasión del reparto de los cien primeros, José Antonio tuvo un gesto caballeresco y elegante, muy poco conocido. Espontáneamente, no obstante hacerle el número uno entre todos los camaradas su inmensa personalidad, su talento y su jerarquía intelectual, insistió en no tenerlo. Las J.O.N.S. eran más veteranas y el número uno del carnet de F. E. y de las J. O. N. S. correspondía al fundador de aquéllas, Ramiro Ledesma Ramos. José Antonio se reserva el número dos. El tres es para Onésimo, y el cuatro para Julio Ruiz de Alda. Así, alternados, los cincuenta jonsistas más viejos y los cincuenta falangistas primeros forman la Centuria de fundadores de Falange Española de las J. O. N. S., de la que pocos sobreviven. Los cuatro primeros, en ejemplo insuperable -¿qué otro partido puede decir otro tanto?-, han ofrendado su vida por España a las balas enemigas.
José Antonio, lleno de alegría santa por esa unión, escribía en el número 7 de F. E. (22 de febrero de 1934) el siguiente artículo: «Desde la semana pasada F. E. y J. O. N. S. forman una organización única, con una Junta única de mando, con una perfecta fusión en todos los grados nacionales y locales de la jerarquía, Con una entrañable fraternidad en todas las masas de afiliados. No podía ser de otra manera. No es una unión lo que se ha logrado, sino una hermandad lo que se ha reconocido. Por eso no nos ha costado un solo minuto de discusión programática, y luego, en toda la práctica labor de acoplamiento de mandos, la generosidad y buena voluntad han sido tales por ambas partes, que ninguna dificultad ha surgido en las deliberaciones y resoluciones de la superioridad, cuyo solo criterio ha sido el de dar el máximo incremento a nuestra empresa común de redención de España y de constitución del nuevo Estado. Sirva de ejemplo a todas las Juntas provinciales. F. E. y J.O.N.S. eran dos movimientos idénticos, procedentes de un mismo estado de espíritu ético y patético, con raíces intelectuales comunes, nacidos de una misma escueta autenticidad española. Uno y otro estaban y están puestos al servicio de las mismas grandes invariantes de la historia patria y nutridos de la misma actualidad técnica y universal frente a la vicisitud de los tiempos. Además, las gentes de F. E. y de las J.O.N.S. estaban ligadas por amistades verdaderas y por un exacto y mutuo conocimiento ( 95), que tenía que sobreponerse de una vez para siempre a toda superficial diferencia y a toda competencia circunstancial. Este último momento de F. E. como entidad separada de las J.O.N.S. es necesario que lo aprovechemos para levantar el elogio que dentro nos cantaban de siempre estos camaradas que ya son uno con nosotros, no ya solamente en la fe y en el combate, desde siempre comunes, sino en la disciplina, en el destino de cada momento bajo ese claro símbolo imperial, las flechas y el yugo, que tomamos desde hoy como nuestros y que siempre sentíamos como nuestros e insustituibles. Con las J.O.N.S. en hermandad única y nueva vamos a reponer en el escudo, en el cuadrante solar de las Españas, yugo y haz; equilibrio perfecto de la pastoral y la epopeya. Esa es nuestra meta de combate, camaradas de la que hoy se llama para siempre Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista. Nuestros hermanos de las J. O. N. S., guiados por Ramiro Ledesma, fueron los primeros en abrir la brecha difícil. Fueron la primera guerrilla del estilo nuevo, los gallos de marzo (96), que cantaron escandalosos y aguerridos la gentil primavera de las Españas, la que hoy nos da ya por todas partes su brote irresistible de verdor. Y no podía ser, decimos, de otra manera. Dos movimientos con una finalidad idéntica y con una técnica idéntica, afianzados además en el principio inconmovible de la unidad y la abolición de los partidos, no tenían otro remedio sino aniquilarse uno a otro, lo cual hubiera sido inhumano, ininteligente y absurdo, o fundirse en uno solo apenas demostrada la ya demasiado evidente vitalidad de entrambos. Hecha la unión, en todo nos ha sonreído la fortuna.
»El movimiento de las J. O. N. S. había, sobre todo, insistido en una cierta crudeza de afirmaciones sindicales, que en nosotros habían quizá retardado su virtud operante y expresiva, aunque estuviesen bien dibujadas en nuestras entrañas ( 97). Con las J. O. N. S., hoy todavía más que ayer, al formarnos en un solo haz de combate, somos rotundamente “ni de izquierdas ni de derechas”, o sea, de España, de la Justicia, de la comunidad total de destino, del pueblo como integridad victoriosa de las clases y de los partidos. »Uno de los primeros efectos que la superioridad había previsto como resultado inmediato de la reunión era la seguridad de que nuestro Movimiento aumentaría poderosamente sus capacidades de atracción. El mismo día de firmado el pacto, este resultado previsor se producía en gran escala, no sólo por mayor afluencia de adhesiones, sino por la incorporación en bloque de núcleos importantes ( 98), que daremos a conocer en breve. Saludemos todos esta unión fraternal absoluta y sin reservas, camaradas de F. E. y de las J.O.N.S. Al escribirse este artículo es la última vez ya que sé verán separados nuestros nombres. Nos hemos unido por arriba y no por subalternos intereses para defender particulares que unen a los partidos de clase bajo máscaras de grandes principios. Nosotros no tenemos intereses subalternos de clase, y quienes nos conozcan, y nos miren de cerca y en lo hondo, lo saben. Nos hemos unido no sólo por lo más alto y noble, sino por la emoción, aun más que por la inteligencia. La sangre de nuestros muertos nos ha unido y ella es la que ha sellado nuestro pacto. Aquí abajo nos abrazamos nosotros en un solo haz; pero allá arriba, sobre el cielo azul de las Españas, se dan hoy abrazo estrecho José Ruiz de la Hermosa y Matías Montero y Rodríguez de Trujillo. Ante nuestras filas cerradas ellos están presentes. Camaradas de la Falange Española y de las J. O. N. S., ya para siempre un solo grito: «¡ARRIBA ESPAÑA!»
Este bellísimo artículo es posible que a Ledesma Ramos, poseedor de una prosa eficaz, pero llena de tópicos revolucionarios facilones, le pareciese entonces -como habría de decir más tarde- «retórico y relamido». Pero a los muchachos falangistas y jonsistas les indujo a un abrazo de Hermandad Sagrada que nada ni nadie ha podido deshacer. Desde su lectura la inmensa mayoría de los jonsistas reconoció en José Antonio al Jefe indiscutible. Una minoría retorcida, demagógica o envidiosa, siguió recelando de su condición de Grande de España y de hijo del Dictador. Con el tiempo -salvo los contumaces- reconocieron su error.
A las cordiales palabras de José Antonio en F. E. respondió Ledesma Ramos en J. O. N. S. con éstas:
«Nos apresuramos a informar a todas las Secciones jonsistas acerca de la situación creada al Partido con motivo de nuestra fusión o unificación con Falange Española. Ante todo, hacemos a nuestros camaradas la declaración de que tanto el Consejo Nacional como el Triunvirato Ejecutivo decidieron la unificación de las J. O. N. S. con Falange Española para fortalecer y robustecer la posición nacional-sindicalista revolucionaria, que nos ha distinguido siempre. No hemos tenido, pues, que rectificar nada de nuestra táctica, y menos, naturalmente, de los postulados teóricos que constituían el basamento doctrinal de las J. O. N. S. Los amigos de Falange Española seguían un camino tan paralelo al nuestro, que ha sido suficiente el contacto personal de los dirigentes de ambas Organizaciones para advertir y patentizar totales coincidencias en sus líneas tácticas y doctrinales.
«Vamos a constituir, pues, un movimiento único. En él tenemos la seguridad de que los camaradas de los primeros grupos jonsistas destacarán sus propias virtudes de acción y movilidad, influyendo en los sectores quizá algo más remisos, para que se acentúe nuestro carácter antiburgués, nacional-sindicalista y revolucionario.
»A continuación os exponemos las líneas generales que presiden nuestra fusión con Falange Española, y que habrán de completarse con instrucciones concretas, dirigidas particularmente a cada Triunvirato local, a los efectos de que en el más breve plazo, con absoluta disciplina, tengan en cuenta todos los jerarcas y camaradas jonsistas las siguientes bases del acuerdo:
»1) Todas las Secciones locales del nuevo movimiento se denominarán Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (J. O. N. S. de…), y la integración nacional, la denominación total del Partido será Falange Española de las J.O.N.S. Las J.O.N.S., actualmente constituidas, permanecen, y las Secciones locales de F.E. pasarán a ser J. O. N. S., rigiéndose unas y otras por los nuevos estatutos que se están elaborando.
»2) Falange Española de las J.O.N.S. tendrá al frente una Junta de Mando, formada por siete miembros, funcionando en su seno un Triunvirato Ejecutivo: los camaradas José Antonio Primo de Rivera, Julio Ruiz de Alda y Ramiro Ledesma Ramos.
»3) El emblema y la bandera del nuevo movimiento son los mismos de las J. O. N. S. Nuestros camaradas no tienen, pues, que modificar en lo más mínimo las insignias que hoy posean, y esperamos que constituyan en el futuro una ejecutoria y un orgullo disponer de los primeros modelos jonsistas.
»4) Exactamente a como ya ocurría en nuestras Juntas, el nuevo movimiento tenderá a ser la expresión vigorosa de toda la juventud, y regirá en su organización el principio de recusar para los mandos a camaradas mayores de cuarenta y cinco años.
»5) F. E. de las J. O. N. S. elaborará un programa concreto que afecte a las inquietudes económicas de las grandes masas, interpretando la actual angustia de los trabajadores y de los industriales modestos.
»En fin, camaradas, os repetimos como última orden nuestra que entréis en bloque, con todo entusiasmo, en las nuevas filas, que, desde luego, son las mismas anteriores. Y que en vez de interpretar este hecho de nuestra fusión como una rectificación o una política de concesiones a nuestros afines, os reafirméis en la línea jonsista de siempre, disponiéndoos a ser más nacional-sindicalistas y más revolucionarios que nunca.
¡Viva España! ¡Vivan las J. O. N. S.!
—El Triunvirato Ejecutivo Central.—
Madrid, febrero de 1934.
La lectura de esta nota, tan falta de cordialidad como llena de agresividad para los nuevos camaradas, en quienes supone carencia de «espíritu antiburgués, nacional sindicalista y revolucionario», el grito final de vivan las J. O. N. S., la ausencia de todo elogio a los Caídos de la Falange y de toda efusión para sus Jefes -deliberadamente fría es la frase «los amigos de Falange Española seguían un camino tan paralelo al nuestro»- demuestran el poco entusiasmo del Triunvirato Ejecutivo Central jonsista por la fusión. Parece que hubiese sido impuesto por alguien. Sin embargo, bien patente queda que fue por necesidad de ellos y no de la Falange, que vivía en un magnífico período de crecimiento.
José Antonio advirtió en seguida esa falta de calor y esa obra de recelo, pero no les dio demasiada importancia.
El 16 de febrero apareció en parte de la Prensa española esta otra nota:
«Ha sido firmado el documento por el cual las J. O. N. S. y Falange Española forman una organización única.
»El nombre oficial del movimiento será Falange Española de las J.O.N.S.
»Se ha establecido como imprescindible que el nuevo movimiento insista en mantener una personalidad que no se preste a confusionismo alguno con los grupos derechistas. Las jerarquías superiores de F. E. y de las J. O. N. S. han constituido una Junta única de mando. En todos los grados nacionales y locales de la organización la fusión se realiza con el mismo criterio de totalidad. Todos los mandos serán encomendados a militantes más jóvenes de cuarenta y cinco años.
»El emblema del movimiento ha de ser las cinco flechas y el yugo de las J.O.N.S. En el programa aparecerán siempre mantenidas las bases fundamentales en que ya existía perfecta coincidencia: Unidad, patria, acción directa, antimarxismo, antiparlamentarismo, revolución económica que instaure la redención de la población campesina, obrera y de todos los pequeños productores.»
Todos los falangistas y todos los jonsistas —salvo los discrepantes por reaccionarismo o demagogia de una u otras— aceptaron con júbilo la unificación.
