La Junta de Mando provisional mostraba síntomas de esclerosis política a finales de enero de 1937, a consecuencia del problema sucesorio y de las incompatibilidades que iban surgiendo entre sus vocales.
En ese trance surgió la iniciativa de celebrar conversaciones con los mandos de la Comunión tradicionalista. Estos se hallaban reunidos en Portugal, para celebrar una Asamblea, presidida por Javier de Borbón-Parma, en el palacio de los Alburquerque, del pueblo lusitano de Insúa —13 febrero 1937—.
En aquélla acordaron postular que la instauración de la Regencia precediese a la designación de un rey. En la exacta realidad política, la Asamblea tenía por objeto ratificar el nombramiento de regente a favor de Javier de Borbón-Parma.
El análisis del acuerdo autoriza la hipótesis de que los tradicionalistas, como los falangistas, columbraban la unificación decretada por el Jefe del Estado y Generalísimo.
La iniciativa del viaje a Portugal partió de dos neofalangistas: el abogado Pedro Gamero del Castillo y el ingeniero de Caminos José Luis Escario. Aquél declara: «La unión de la Falange y de la Comunión tradicionalista era un tema que estaba en el ambiente; en algunos ambientes por lo menos. Unión espontánea u obligada. Al llegar Sancho Dávila a la zona nacional en el otoño de 1936, él y yo habíamos hablado, y seguíamos haciéndolo en 1937, de aquella unión, que, a nuestro juicio, podía desembocar en la instauración de la monarquía.
«En Sevilla, donde actuábamos Dávila y yo, era corriente escuchar alusiones a la unión de las dos fuerzas, y solía añadirse: «lo que Sevilla quiere, en Salamanca no lo querrán nunca».
«De ese futuro había hablado yo, por ejemplo, con los tradicionalistas José María Oriol y José María Arauz de Robles» 154.
He aquí otra declaración: «En conversaciones privadas sostenidas con personas sumadas al Movimiento nacional, entre ellas Antonio Itur-mendi y Mariano Puigdollers, y en el curso de mi trato con Pedro Gamero, hablamos de la unión del falangismo con el tradicionalismo. Pensábamos que una fuerza compacta y homogénea al servicio de la patria sería muy valiosa. Entendíamos que cuanto se hiciera en tal sentido resultaría una digna empresa patriótica. Había que conocer cuál era la actitud del mando de la Comunión, cuyo jefe delegado residía por entonces en Lisboa» 155.
Ambos testimonios solicitaron permiso del jefe de la Junta de Mando para establecer un contacto informativo con los tradicionalistas. «Estuvimos forcejeando con Hedilla algún tiempo» —señala Escario.
Este agrega: «Emprendimos el viaje en mi coche y vestidos de paisano. Gamero decidió avisar a Sancho Dávila para que nos acompañara, por su calidad de miembro de la Junta de Mando y jefe territorial de Andalucía».
Dávila se reunió con sus amigos en Mérida. Hedilla desconocía la participación en el viaje de aquél.
La convocatoria a Sancho Dávila obedecía a convenios establecidos entre los viajeros oficiosos y el jefe territorial de Andalucía. La declaración de éste es definitiva, pues la dio a conocer en 1967: treinta años después. (Sancho Dávila: «José Antonio, Salamanca… y otras cosas», Madrid, 1967, págs. 106, 107, 112.) Señala el jefe territorial de Andalucía que escribió una carta a Fal Conde en la que declaraba: «… Abandonada a la imprevisión, hace mucho tiempo que España siente la necesidad de aplastar de una vez luchas fratricidas; es decir, la necesidad de que para siempre la decisión de un hombre superior, aunándonos, imponga a todos la paz, porque fuera de nosotros, el Requeté y la Falange, no existe organismo alguno con soluciones positivas ni con medios para el desahucio».
Prosigue Sancho Dávila: «Estos primeros contactos míos fueron bien vistos por la minoría que ciegamente creía en mí, los que me obedecían sin reparo, y apoyados por elementos destacados de la Comunión tradicionalista.
«Un alto miembro de la Junta de Guerra de la Comunión instó a celebrar sin demora una entrevista en Lisboa con el señor Fal Conde y escribió a Pedro Gamero del Castillo la carta siguiente:
«8 febrero 1937. Sr. D. Pedro Gamero. Mi querido amigo: He recibido carta de Fal Conde. Un primor de ideas y de forma. Me dice urge ya la entrevista con él. Quiere tenerla contigo y con Sancho, y no después del miércoles 10. Está en el hotel Avenida Palace de Lisboa.
«No dejéis de ir; no creo exagerado decir que esa entrevista será tal vez histórica. ¡Hacedlo por esta España idolatrada! Sería cuestión de sólo un día, pero preciso saberlo con toda seguridad para comunicárselo. Desde luego, y sin perjuicio de que contéis con Hedilla, precisa absoluta reserva. Un abrazo muy fuerte».
He anotado que los viajeros oficiosos contaron con Manuel Hedilla Larrey.
Los falangistas se hospedaron en el lisboeta hotel Avenida, donde residía Fal Conde. Las conversaciones o intercambio de puntos de vista comenzaron el 16 de febrero. Según testimonio de Fal, los falangistas sostuvieron diálogos previos con Arauz de Robles y José María Valiente.
Hubo una concordancia inicial, según declaran Gamero y Escario:
«La desembocadura del problema político de España sería la monarquía. Si los tradicionalistas aceptaban el ideario de la Falange, era lógico que ésta aceptara el régimen monárquico».
El concepto de conversaciones no parece definir exactamente las entrevistas de Lisboa, pues los enviados oficiosos falangistas presentaron unas bases por escrito, a las que contestaron, en la misma forma, los tradicionalistas. De los documentos cambiados hay testimonios en el archivo carlista de Sevilla y en poder de Gamero y de Escario. He confrontado los sendos ejemplares y están concordes.
He aquí las bases de los enviados oficiosos falangistas.
I.—La Comunión Tradicionalista ingresa en Falange Española de las JONS.
II.—La Falange declara su intención de instaurar, en momento oportuno, la nueva Monarquía de España, como garantía de la continuidad del Estado Nacional-sindicalista y base de su Imperio.
III.—La nueva monarquía, como resultante que será del Alzamiento nacional, entroncará directamente con los reyes imperiales de la monarquía tradicional española, rompiendo todo vínculo con la monarquía liberal, que, como dijo José Antonio, había terminado su misión. La nueva dinastía llevará nombre español.
IV.—Falange Española se constituye en custodia de que la organización de las instituciones políticas y de la Corte, así como la educación del Príncipe, respondan exactamente a las características indicadas.
V.—El actual Regente de la Comunión tradicionalista delega en el Mando de la Falange, de manera definitiva, todas sus atribuciones, títulos y pretensiones. No obstante, el mando de la Falange contará con él para la designación de la persona que haya de ocupar el trono.
VI.—El mando de la Falange determinará si conviene o no que previamente se establezca la institución monárquica por medio de una regencia.
VII.—El único uniforme es el de la Falange. No obstante, mientras dure la guerra, y seis meses después, podrán utilizar los tradicionalistas el uniforme propio con el emblema del yugo y las flechas. Al lado derecho podrán usar el aspa de Borgoña. Terminada la guerra, dichos uniformes sólo podrán ser usados por los que hubieran sido miembros efectivos, durante un trimestre, de las unidades combatientes del Requeté y en las ocasiones que el mando determine.
Las bases de los tradicionalistas declaraban:
I.—Unión sin incorporación del uno al otro, y nombre nuevo, bien mixto de los dos, bien distinto, pudiéndose recordar en este caso los dos como subtítulo.
II.—Declaración del ideario, bien por la aceptación del tradicionalista, bien por la especificación del mismo, en cuyo caso pueden emplearse, en algunos de sus puntos, textos de Falange y de autores tradicionalistas.
III.—Exclusión de elementos altamente perjudiciales y selección del personal directivo.
IV.—Declaración del principio monárquico como régimen del organismo.
V.—Declaración del régimen monárquico tradicional español como medio de reconstitución nacional y de rápida instauración.
VI.—Aceptación de la regencia, como autoridad suprema del organismo, en la persona de don Javier de Borbón-Parma.
VII.—Compromiso de instaurarla en España, siempre que sea necesaria para la restauración monárquica, y desde luego, aceptación de su intervención esencial para resolver, con Cortes de auténtica representación nacional, la cuestión dinástica o la instauración de una nueva dinastía.
VIII.—Declaración de principios por el regente y compromiso por el mismo de observancia de aquellos puntos programáticos que a Falange interesen dentro del Ideario, y de conservación de signos o modos de su estilo.
IX.—Delegación habitual de sus facultades en un jefe propuesto en el pacto de común acuerdo, y no lográndose el acuerdo, delegación en tres: uno de Cultura, otro de Política y otro de Milicias, cuya delimitación de funciones se establecerá y cuyas discrepancias serán resueltas por el regente.
X.—Compromiso del regente de no revocar su delegación sin graves causas y sin audiencia del Consejo.
XI.—Consejo consultivo del regente y del delegado o de los delegados.
XII.—La unión durará el tiempo que se tarde en llegar a una restauración sobre bases monárquicas y orgánica, pues entonces serán los órganos autorizados de la nación los instrumentos de gobierno.
(Nota privada: Esta nota se ha dado como transacción final y ante el absurdo que representa para la Comunión la petición de Falange de nuestra incorporación. 17 de febrero de 1937.)
Los enviados oficiosos de la Falange suscribieron un acuerdo privado que decía así:
«La Comunión Tradicionalista y Falange Española de las JONS acuerdan:
«1.—No admitir intervención alguna de tercero en las relaciones entre ambas fuerzas.
«2.—Oponerse a la constitución de cualquier gobierno civil que no esté formado, exclusivamente, por representantes de ambos Movimientos.
«3.—Ninguna de las dos fuerzas realizará alianzas o inteligencias con otras agrupaciones políticas.
«4.—Este acuerdo subsistirá en tanto dure el diálogo entre ambos Movimientos para lograr la Unidad.
«Lisboa, 17 de febrero de 1937.»
El jefe delegado de la Comunión declara muchos lustros después:
«Dije en 1937 que la Falange y el Requeté eran sustancialmente inasociables. Tenían ideas diferentes; no contrarias. Mi concepto de la libertad orgánica, según la estructura de la sociedad, salió a relucir. Falange basaba la libertad en la autoridad.
«Manifesté que los dos éramos partidarios de integridad, con una estructura orgánica perfecta. Si a cualquiera le quitaban una de las piezas, ya no sería perfecta la estructura.
«Una de mis propuestas ante los falangistas consistió en que puesto que no habíamos tenido nunca fricción por causa militar, nos manifestásemos, ante el Ejército, acordes en la Milicia voluntaria; mantener a la vez nuestra propaganda y nuestros diarios con independencia, y cuando acabara la guerra veríamos lo que debía hacerse, con sentimientos de hermandad.
«La unión, de haberse hecho, habría cesado cuando el país hubiese restañado sus heridas. Una vez instaurada la monarquía tradicional, la Comunión tenía que desaparecer para que gobernasen los órganos autorizados de la nación. Creo que de haberse concertado la Falange y el Requeté, la historia de España habría que escribirla de otra manera»¹⁵⁶.
Un nuevo giro de las conversaciones
José Luis Escario y Pedro Gamero testimonian que su concreta aspiración era la de conseguir que fuera rey de España Juan de Borbón y Battenberg. Seguían la trayectoria de ciertos monárquicos alfonsinos, desautorizados y reprobados por Alfonso XIII el año 1935¹⁵⁷.
Surge la natural interrogación: ¿Pensaban encontrar apoyo en núcleos de tradicionalistas y de falangistas? Si contemplamos la coyuntura desde la perspectiva de 1970, responderemos afirmativamente. Se ha cumplido una evolución pública, sin ambages, de falangistas y de tradicionalistas hacia la monarquía de la rama isabelina. Estaba latente. Y el personaje tradicionalista de más entidad, el conde de Rodezno, presentó su adhesión y la de otros antiguos tradicionalistas a Juan de Borbón en 1946.
Los enviados oficiosos autorizados por Manuel Hedilla, testimonian que después de haber llegado las conversaciones con Fal a un «impasse», recibieron a varios tradicionalistas, quienes lamentaban el final y «nos aconsejaban que no estimáramos definitivas las palabras de Fal Conde. Nos animaba a proseguir.»
El conde de Rodezno había tenido que ceder el mando de la Comunión —según he señalado— a Fal Conde, durante el segundo bienio republicano, obedeciendo órdenes de Alfonso Carlos. Un probado historiador y militante carlista nos sitúa en los días de febrero de 1937:
«En la Asamblea de Insúa se habló de que en Salamanca, en aquel entonces, se descontaba la destitución del cargo de jefe delegado que ostentaba el señor Fal Conde, y el nombramiento del conde de Rodezno en su lugar. En cualquier asamblea, o reunión o junta, que se haya celebrado desde 1936 hasta acá, siempre se ha pensado en un lugar destacado para el señor conde de Rodezno, pero todas estas juntas, reuniones o asambleas, siempre eran de carácter más o menos indisciplinado… En 1935, los elementos que querían entregarnos a Calvo Sotelo bajo la etiqueta de Bloque Nacional, intentan derribar al señor Fal Conde por saberlo opuesto a dicho conglomerado. ¿De quién se habla para nuevo jefe delegado? Del conde de Rodezno. Personalmente a mí me lo dijo, en diciembre de 1935, un destacado elemento de Renovación Española»¹⁵⁸.
¿Sabían los enviados por Hedilla que había una conjura contra Fal Conde, hombre de una pieza, al que se pretendía reemplazar con persona dúctil, muy politizada y avenida con la designación de Juan de Borbón para rey? La coincidencia entre las fechas del viaje a Lisboa de los falangistas y la celebración de la asamblea de Insúa, es, por lo menos, muy curiosa.
A su regreso a Salamanca, los enviados oficiosos reanudaron sus conversaciones con significados tradicionalistas: de éstos, el conde de Rodezno. Empezaron a intervenir nuevos personajes, José María Pemán, alfonsino, y Julián Pemartín, falangista jerezano, de familia también monárquico-alfonsina, y amigo personal de José Antonio.
También en los nuevos contactos hubo testimonios escritos. De éstos, una teoría de Gamero del Castillo sobre la unión de las dos organizaciones.
¿Qué aporta —decía— la Comunión tradicionalista a la edificación del nuevo Estado? Esencialmente una cosa, en la que va implícitamente, desde luego, una política: la monarquía católica tradicional de España.
«¿Qué aporta la Falange? Quizá más que nada la capacidad de incorporar la gran masa a la comprensión y al sostenimiento de los valores espirituales que han de ser base del nuevo Estado, y que, por tanto, entroncarán a éste con la Tradición. Piénsese que esta función de la Falange en el nuevo Estado es esencial…
En definitiva, simplificando hasta lo exagerado la cuestión, podría decirse que el Tradicionalismo representa predominantemente la doctrina, y la Falange, predominantemente, el proselitismo…
«Esta alianza del proselitismo y el sentido actual de Falange Española con la Tradición parece realizar a fondo la unión verdadera. Una unión auténtica, que en realidad mal podría ser llamada ingreso del Tradicionalismo en la Falange. Los tradicionalistas no se suman individualmente a la Falange de hoy. Sino que la Comunión se incorpora a una Falange que, como resultado de tal incorporación, experimenta una transformación sustancial, aunque, desde luego, en la línea de su actual modo de ser.
«Por otra parte, el gobierno de la Falange estaría encomendado a un Triunvirato, en la designación de cuyos miembros había de tener influencia suficiente el regente de la Comunión tradicionalista, para garantizar que su conducta habría de ser seguramente fiel a los principios que inspiran la fusión.»
He ahí, por segunda vez en el curso de las conversaciones, el nuncio del triunvirato como órgano de dirección de las dos organizaciones. Semanas después, la fórmula triunviral sería adoptada por los adversarios falangistas de la continuidad de Manuel Hedilla y de la Junta de Mando provisional. Gamero del Castillo sugería tres posibilidades:
a) El triunvirato tendría la plenitud de la autoridad delegada por el regente, con el cual, no obstante, se contaría para designar a la persona que habría de ocupar el trono.
b) Franco, regente.
c) Don Juan, futuro rey, una vez resuelta por el tradicionalismo, de acuerdo con su regente, la cuestión monárquica, asumiría monárquicamente, y desde ahora mismo, la jerarquía de Falange, hasta tanto que viniese al trono de España.
«Así como al instaurarse la monarquía el Tradicionalismo había contado siempre con disolverse y actuar a través de los órganos naturales de la nación, así ahora también el Tradicionalismo aseguraría su perduración al fundirse con todas las garantías en el Movimiento totalitario que por coyuntura histórica va a ser el soporte del nuevo Estado, y después, con arreglo al constitucionalismo hoy en vigor, ha de ser órgano del nuevo Estado para la integración nacional.
«Se trata, simplemente, de la conducta lógica que impone el hecho feliz de haber desaparecido el régimen de partidos.
«En resumen, la Comunión Tradicionalista, con su incorporación a Falange, asegura:
1.—La instauración sobre base nacional y entusiasta, a tono con el estilo del tiempo, de una monarquía católica y tradicional. España habrá dado así al mundo, en la hora presente, una forma original de Estado nuevo. Habrá incorporado el pueblo a la monarquía y a la tradición. Por lo demás, una instauración de este tipo no podría concebirla el tradicionalismo sin su incorporación a Falange.
2.—La segura implantación de todos los valores políticos de la tradición española: sentido católico de la vida nacional, Imperio, personalidad de las regiones, etc.
3.—Plena garantía de que el mando de la Falange respondería con fidelidad al principio monárquico y a las bases de unión.
4.—Conservación generosa de símbolos y recuerdos.
5.—Eliminación definitiva de los restos de la vieja política, asegurando la implantación de una justicia cristiana a base del nacionalsindicalismo.
Está de relieve en el anterior documento la convicción de la provisionalidad de la jefatura del Estado asumida por Franco. Dos años antes de que fuera ganada la dura guerra, aparece prejuzgado el fruto de la victoria, a la que contribuirían, con sangre, trabajo y padecimientos, millones de españoles neutros ante las ideologías políticas, o adscritos a las más diversas tendencias. Por imperio de la ley de reclutamiento, bajo la bandera de Franco lucharon republicanos, sindicalistas, clasistas, socialistas, monárquicos alfonsinos, populistas, etc. En el territorio de la República Popular actuaban contra ésta, en la forma que las circunstancias permitían, incontables españoles que también profesaban ideas políticas y sociales diversas. Perdieron la vida o la libertad decenas de millares de españoles que no eran falangistas, ni tradicionalistas, ni monárquicos alfonsinos.
Intento clarificar la realidad histórica: es mi esencial cometido en esta obra. En la guerra de España hay precisiones que se omiten, por malicia o por considerar —o fingir— que son consabidas. El primer poder constituido —la Junta Nacional de Defensa— surgió sin hipoteca alguna deducida de un pacto con cualquier organización política. El nombramiento de Franco estuvo, asimismo, liberado políticamente.
Otro aspecto, importante, tiene el documento. Consideraba caducado el período de la Junta de Mando provisional, y por esto, la jefatura o presidencia que del directorio colegiado asumía Manuel Hedilla. Un vocal de la Junta Política de Falange designada el año 1935, y a la vez miembro de la Junta de Mando y jefe territorial, secundado por un núcleo de falangistas, llevaba en febrero de 1937 la iniciativa política en cuestiones trascendentales.
Las conversaciones en Salamanca terminaron, el 23 de febrero, con una carta del conde de Rodezno, en la que se dejaba abierto el camino para concordancias parciales. La fecha tiene interés histórico. Sancho Dávila, al publicar sus recuerdos, declara que notificaba de la tramitación de sus gestiones a personalidades significadas:
«Con lógica preocupación, el general Queipo de Llano quiso informarse de las gestiones realizadas, y le aclaré sus dudas al hacerle ver que todas ellas iban siendo conocidas por el Generalísimo, a través de Gamero del Castillo y Serrano Suñer, los cuales ni por un momento habían dejado de estar enlazados».
Y añade:
«Por tanto, con Escario y Gamero pasé a Portugal. Nos entrevistamos con don Manuel Fal Conde»¹⁵⁹.
Es imposible que Ramón Serrano Suñer pudiera estar informado en la sazón señalada por Dávila: hasta el día 20 de febrero de 1937 no pisó tierra de la zona franquista.
El conde de Rodezno suscribió la siguiente carta, fechada en Burgos el 1 de marzo de 1937 y dirigida a José Luis Escario, en Salamanca:
«Mi distinguido amigo: Adjunto a usted nota sincera acerca de las posibilidades de la Comunión Tradicionalista, en orden a lo que fue objeto de nuestras conversaciones en ésa. Lo suficientemente razonado para no insistir en estas líneas cordiales sobre los varios aspectos de su contenido.
«Pero sí quiero, al tiempo de enviar a usted y demás compañeros un afectuoso saludo, insistir en la apreciación acerca de la convivencia (¿?) que para nuestros fines supone el mantenimiento de relaciones que puedan significar, en momentos propicios, expresión de unidad y exponente del espíritu del Alzamiento nacional. Muy de usted y demás amigos affmo. s. s. q. e. s. m., el Conde de Rodezno»¹⁶⁰.
De pronto, Rodezno decidió apartarse de los centros nerviosos de la política en la zona franquista. Esos centros nerviosos eran Salamanca, Burgos, Pamplona, San Sebastián, Sevilla. El hecho es interesante.
«Más tarde, en marzo de 1937, el conde de Rodezno comunicó que se retiraba a su casa de Cáceres. Lo comunicó a S. A. R. el Príncipe Regente, y también incidentalmente al señor Fal Conde.
«Parecía que estaba un poco separado de toda la actividad política del momento»¹⁶¹.
