INTRODUCCIÓN
La relación entre José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco ha sido uno de los temas más debatidos y controvertidos de la historia contemporánea española. Dos figuras clave —una como fundador de Falange y otra como futuro jefe del Estado— cuyas trayectorias se cruzaron en un momento de extrema tensión política, marcado por conspiraciones, incertidumbre y decisiones de enorme trascendencia.
Entre testimonios contradictorios, especialmente los de Serrano Suñer, y la abundancia de interpretaciones posteriores, reconstruir esa relación exige atender tanto a los hechos documentados como al contexto en que se produjeron. Desde los contactos previos al Alzamiento hasta los intentos de liberación de José Antonio en Alicante, se dibuja una relación compleja, en la que se entrelazan cautela, intereses estratégicos y percepciones personales.
La relación personal entre los que serían los dos grandes protagonistas del Régimen de Franco ( uno real y el otro como símbolo) ha sido siempre motivo de controversia, sobre todo por los recuerdos contradictorios de Serrano Suñer ( la persona más cercana a los dos y quien les presentó ) y por las leyendas urbanas tejidas en torno a los intentos de liberación de Jose Antonio en Alicante
Ya Ricardo de la Cierva desmintió algunos detalles aportados por Serrano en sus distintos libros de memorias . De la Cierva en Misterios de la Historia desveló la historia de amor imposible entre el todopoderoso cuñado de Franco y la marquesa de Llanzol que desembocaría en el nacimiento de Carmen Díaz de Rivera . Este hecho personal, ocultado, pero conocido en los círculos de El Pardo ( como revela el propio De la Cierva ) coloca a Serrano en una situación límite . Si bien y al final ( Franco era sorprendentemente discreto y respetuoso con la vida privada de sus colaboradores ) la caída de Serrano se propicia tras la resolución de la crisis de Begoña ( la bomba en una iglesia donde asistía junto a numerosos tradicionalistas el general y ministro Varela ) con la intervención decisiva de Luis Carrero Blanco ya muy apreciado por Franco tras un informe secreto que aconsejaba la neutralidad en la Segunda guerra mundial, Carrero comenta con el Jefe del Estado la resolución de la crisis. Un falangista ha sido fusilado ( García Dominguez, acusado de atentado ), Varela ha salido del Gobierno, pero Serrano continua . Y Carrero , muy sibilino, le comenta a Franco : tiene su Excelencia que cesar a los dos, si no, la gente va a pensar que en España es Serrano quien manda realmente “.
Serrano es cesado – como contaremos en su capítulo correspondiente- tras los incidentes de Begoña, el ascenso de Arrese en la confianza de Franco, el amor prohibido de la marquesa de Llanzol y el informe de Carrero Blanco. Serrano respirará desde entonces por la amarga herida del resentimiento. En sus memorias Serrano arremete y desprecia a casi todos Pero la realidad es mucho más compleja. El papel del poderoso cuñado había sido muy grande y la primera construcción del Estado ( casi totalitario ) es suya , pero la lectura de las impresionantes cartas de Hedilla donde le tacha de soberbio además de responsable de su calvario, forman también parte de la historia . Lo veremos en su capítulo.
Así habló el mismo Serrano Súñer de la relación entre Franco y José Antonio :
«Respecto al mismo José Antonio no será gran sorpresa, para los bien informados, decir que Franco no le tenía simpatía. Había en ello reciprocidad, pues tampoco José Antonio sentía estimación por Franco y más de una vez me había yo -como amigo de ambos- sentido mortificado por la naturaleza de sus críticas. Allí, en Salamanca, me tocaba sufrir la contrapartida. A Franco el culto a José Antonio, la aureola de su inteligencia y de su valor, le mortificaban».
Francisco Torres matiza no poco las notas de Serrano Da cuenta de les numerosas reuniones secretas que se van produciendo : Jose Antonio con Goded el 25 de octubre de 1935, Raimundo con el entonces coronel Moscardó , Jose Antonio con Yague . Hasta llegar a un encuentro decisivo entre Franco y Jose Antonio que Torres cifra entre el 6 y el 12 de febrero (Franco estuvo en Londres en el entierro del rey Jorge V de Inglaterra, después se traslada a París donde tiene una cena privada con Gregorio Marañón y finalmente el 6 de febrero llega a Madrid ).
Según Serrano, Franco estivo evasivo y divagatorio en la reunión, muy cauteloso ( lo extraño es que eso pudiera sorprender a Jose Antonio sin duda avisado por Serrano del carácter del general ). Lo que el líder de Falange le pide y apremia es que antes de que Franco deje de ser Jefe de Estado Mayor organice una acción quirúrgica preventiva para encauzar el ritmo de la República y evitar males mayores . En mayor o menor medida es un golpe de Estado o un autogolpe al ostentar el puesto de Jefe de Estado Mayor . Es muy probable que Gil Robles y Calvo Sotelo le pidieran lo mismo por aquellas fechas . Pero Franco sabe la dificultad de esa acción y es consciente del peligro de guerra civil por lo que no se decide a dar el paso . Semanas después tratará precisamente de convencer – por las buenas – a Portela Valladares de dar un golpe de timón para salvar la República . Franco le llega a preguntar a José Antonio por el potencial de Falange en determinadas provincias, es el único acercamiento. Ricardo de la Cierva en sus biografías sobre Franco y en los episódicos históricos de España recuerda una larga entrevista que tuvo con Serrano en 1973 en la que éste no le describió tensión alguna en aquella entrevista entre el jefe de Falange y su cuñado.
Sin embargo, el 29 de septiembre de 1934 Jose Antonio había publicado una Carta al General Franco lo que demuestra que ya entonces le consideraba el más importante de los militares en activo. La carta comenzaba con un tono dramático: Tal vez estos momentos que empleo en escribirle sean la última oportunidad de comunicación que nos quede , la última oportunidad que me queda de prestar a España el servicio de escribirle “ . El escenario político con la amenaza de una revolución socialista ( el golpe de octubre de 1934 ) le lleva a añadir :
Parece que el Gobierno tiene el propósito de no sacar el Ejército a la calle si surge la rebelión Cuenta, pues, con la Guardia Civil y con la Guardia de Asalto. Pero, por excelentes que sean todas esas fuerzas, están distendidas hasta el límite al tener que cubrir toda el área de España en la situación desventajosa del que, por haber renunciado a la iniciativa, tiene que aguardar a que el enemigo elija los puntos de ataque
Y concluye : Una victoria socialista, ¿puede considerarse como mera peripecia de política interior? Sólo una mirada superficial apreciará la cuestión así. Una victoria socialista tiene el valor de invasión extranjera, no sólo porque las esencias del socialismo, de arriba abajo, contradicen el espíritu permanente de España; no sólo porque la idea de patria, en régimen socialista, se menosprecia, s no porque de modo concreto el socialismo recibe sus instrucciones de una Internacional. Toda nación ganada por el socialismo desciende a la calidad de colonia o de protectorado.
http://deltoroalinfinito.blogspot.com/2016/07/memoria-historica-carta-de-jose-antonio.html
Los hitos de la tensión entre Franco y José Antonio tienen varios elementos :
- La preparación del Alzamiento. Es curioso como Serrano describe con detalle el presunto desencanto de Jose Antonio por la indecisión de Franco ante posibles acciones militares y posteriormente se ensalza la postura del Fundador de la Falange tratando de alcanzar un acuerdo de paz en el verano de 1936 o las multiples dudas que le asaltaron antes de dar su visto bueno a la participación de Falange en el 18 de julio. Si hay una persona en aquella vorágine que duda del levantamiento, que trata de evitar lo que sabe va a derivar con alta probabilidad en una guerra civil, es el propio Franco . Hasta incluso impacientar al resto de conspiradores, Mola y Queipo sobre todo . En este intento desesperado por evitar o parar la guerra, van a coincidir tanto Franco ( que lo intenta con Portela Valladares ) como Jose Antonio ( que propone en agosto 1936 un gobierno de concentración presidido por Martinez Barrio ) . El 23 de junio de 1936, tres semanas antes del Alzamiento el general Francisco Franco alertaba al jefe del Gobierno, Santiago Casares Quiroga : un deber hacerle llegar a su conocimiento lo que creo una gravedad grande para la disciplina militar”
- La repetición electoral de Cuenca en marzo 1936. Francisco Torres lo cuenta con todo detalle en su biografía : El ultimo Jose Antonio . Franco – tal vez en un error impulsado por Serrano – acepta encabeza la lista de las derechas . Pero cuando se comprueba la delicada situación de Jose Antonio en la cárcel, se le incluye en la candidatura para obtener la inmunidad . El jefe de Falange con buen criterio observa que es un error que un general como Franco este en la candidatura política Y de buen o mal grado, Franco acepta y se retira . No servirá de nada porque el gobierno no acepta la candidatura de segunda vuelta al considerar que no es posible incluir nombres que no estuvieron en la primera lista de febrero.
- Los intentos de liberación de José Antonio en Alicante Aparte de Torres en su libro mencionado, Raimundo Fernández Cuesta resume en sus memorias todos y cada uno de los intentos, la mayor parte protagonizados por Agustin Aznar, el jefe de la primera línea y gran amigo además del fundador de Falange .
Los intentos de sacar a José Antonio de la cárcel por vía de canje comenzaron en septiembre de 1936 y tuvieron dos protagonistas principales: Eugenio Montes, escritor falangista, y Miguel Maura, republicano de derechas y uno de los padres del nuevo régimen en 1931. Ambos lograron entrar en contacto con el líder socialista Indalecio Prieto por mediación del republicano Sánchez Román, que había sido abogado de Largo Caballero. Prieto exigió a cambio treinta presos que estaban cautivos en zona nacional y seis millones de pesetas de la época. El volumen del rescate da fe del valor de la pieza. Eugenio Montes acudió al cuartel general de los sublevados y tanto Mola como Franco dieron su aprobación al canje. Quien no lo dio fue Prieto porque, según dijo, entretanto la cárcel había caído en manos de los anarquistas y éstos no permitirían el intercambio.
¿Había otra opción? Sí: en Sevilla estaba preso un hijo de Largo Caballero. El muchacho, de nombre también Francisco, había vivido una peripecia singular: en el momento del alzamiento estaba haciendo el servicio militar en el regimiento de Ingenieros de El Pardo, unidad favorable a la sublevación; cuando el levantamiento fracasó en la capital, el regimiento entero marchó a Segovia y con él llevó, evidentemente, al soldado Francisco Largo Calvo, que, por su filiación, acabó en una cárcel de Sevilla. ¿Para qué querían al hijo de Largo Caballero en Sevilla? Para canjearlo en caso de necesidad. Y esa fue la baza que esgrimieron los falangistas: ofrecer a “Paco” –así le llamaban sus hermanas- a cambio de José Antonio. Franco estuvo de acuerdo. Se sabe que la propuesta llegó al consejo de ministros del Frente Popular y que Largo, ya entonces jefe del gobierno, la vio y la dejó en manos de sus ministros con un elocuente “No me obliguen ustedes a asumir el papel de Guzmán el Bueno”. Así que tampoco hubo canje.
Francisco Torres: El último José Antonio, Ed, Barbarroja, Madrid, 2013
Como las vías de negociación parecían cerradas, se pasó a la acción directa. Hubo al menos tres planes para liberar a José Antonio mediante un golpe de mano. Franco dio su aprobación a todos. El más conocido, porque su principal responsable lo contó en detalle, fue el de Agustín Aznar. Éste, con otros doce falangistas, se fue a Cáceres a ver a Franco y le expuso su proyecto. Se trataba de entrar en la cárcel de Alicante con ayuda alemana –el consulado más activo en la ciudad- y previo soborno de algún carcelero venal. Franco lo aprobó y, aún más, firmó un pagaré por un millón de pesetas, con cargo al Banco de España, para sufragar la aventura. Como el dinero estaba en Sevilla, feudo de Queipo de Llano, hay quien ha atribuido la generosa donación a este general, pero hay que recordar que Queipo y José Antonio se profesaban una enemistad irreconciliable (habían llegado a las manos años atrás), así que es poco probable que la iniciativa partiera del “general radio”. En todo caso, esta aventura de Aznar terminó de mala manera porque, una vez en Alicante, el principal responsable de la diplomacia alemana, Voecklers, puso toda clase de impedimentos.
(…)
El segundo intento de este carácter prescindió de operaciones militares y se concentró en el soborno: el objetivo era ganarse la aquiescencia del gobernador civil de Alicante, Vázquez Limón. ¿Quién lo haría? La naviera Ybarra, que mandó a su consignatario en Sevilla, Gabrel Ravello, con una buena cantidad de pesetas. Con él marchó el falangista Pedro Gamero. La idea era invitar al gobernador a subir a bordo de un barco alemán y, allí, proponerle el negocio. Pero una vez en Alicante, el diplomático alemán Voecklers frustró nuevamente el intento. Hubo un último plan para excarcelar a José Antonio por vía armada. Franco participó en su planificación. Se trataba de un golpe de mano que debía ser ejecutado entre el 19 y el 21 de octubre por un comando especial formado por falangistas y reforzado con legionarios, apoyado logísticamente por el consulado alemán en Alicante y cubierto por mar con el crucero “Canarias”, que era el único navío de fuste que tenían los sublevados en el área. Pero el “Canarias” no pudo moverse de su emplazamiento y el plan quedó inédito.
Finalmente, y al parecer por iniciativa del propio Franco, el 4 de noviembre de 1936 se intentó una última propuesta de canje: José Antonio por el líder socialista Graciano Antuña, cautivo de los nacionales, más cuatro millones de pesetas (unos 8,6 millones de euros al cambio actual). Una vez más, la iniciativa fracasó porque el gobierno del Frente Popular se negó a cualquier negociación.
Años después Pilar Primo de Rivera recordaría : “ alguien puede creer que si hubiéramos tenido alguna duda sobre la actuación de Franco en los intentos de liberación de mi hermano José Antonio, tanto Miguel ( su otro hermano vivo ) como yo hubiéramos apoyado a Franco como lo hicimos ¿ “
La historia es como sucede aunque la tentación de interpretarla de forma ucrónica o incluso alentar teorías de posibles conspiraciones es una frecuente tentación
La pregunta que un observador imparcial se puede formular décadas después es la siguiente: como pudo ser posible que un partido que había obtenido menos del 1 por cien de los sufragios electorales en febrero de 1936 y poco después es ilegalizado siendo encarcelada casi toda su Junta política, logra entre los meses de marzo y julio de ese mismo 1936 recoger miles de afiliaciones y absorber casi por completo los apoyos del Bloque Nacional y de la CEDA . Ambos grupos poderosos se iban deshaciendo día a día, dando la razón a José Antonio que desde 1934 vio claro que solo la Falange poseía la entraña intelectual y pasional para hacer frente a la Revolución marxista Pero la extrañeza y la interrogación pueden permanecer. Cualquier analista político convencional – sobre todo de hoy – hubiera señalado que la futura unificación se haría sobre las bases de la CEDA o del Bloque. Sin embargo los partidos mayoritarios no existían ya. Falange se había quedado con casi todo ( a excepción del consolidado carlismo que ya tenía tres guerras civiles a sus espaldas en el siglo XIX ).
Es evidente que el voto útil funcionó en febrero de 1936 con una derecha agrupada en bloque ( aunque con fisuras y no solo las que corresponden al siempre contradictorio PNV ) y una Falange aislada . Pero no puede explicar por completo el fenómeno de la salida en masa de las Juventudes de Acción Popular (CEDA ) a Falange a partir de marzo de 1936 . Aunque el resultado previsible y dramático fuera la desnaturalización posible de la Falange originaria, fenómeno que solo los meses de gestión de Manuel Hedilla al frente de la Junta política de Falange intentaron controlar y neutralizar entre septiembre 1936 y abril de 1937.
CONCLUSIÓN
El análisis de las relaciones entre José Antonio y Franco revela una interacción marcada más por la prudencia y la circunstancia que por una afinidad personal clara. Ambos coincidieron en algunos diagnósticos sobre la situación de España, pero diferían en ritmos, métodos y prioridades, lo que explica tanto sus contactos como sus distancias.
Los intentos de liberación de José Antonio y la posterior evolución política demuestran que la historia no responde a esquemas simples ni a interpretaciones unívocas. Más bien refleja la complejidad de un periodo en el que decisiones individuales, condicionantes estructurales y acontecimientos imprevistos confluyeron en un desenlace que marcaría el devenir de España durante décadas.
