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El primer intento de Joachim von Knobloch
Es más que probable que los intentos de asesinato de José Antonio en Alicante, junto con el tránsito de personalidades que huían a través de los barcos que atracaban en el puerto de la ciudad, o alguna gestión personal de la que no tenemos noticia, acabaran interesando al cónsul Joachim von Knobloch que, audazmente, trabajaba para que no pocos perseguidos pudieran abandonar la zona frentepopulista.
La legación germana, en estos meses, era un punto marcado en la ruta de la huida. A través de Alicante, entre otros muchos, escaparon Pilar Primo de Rivera, que no pudo contactar con su hermano, Dolores Primo de Rivera, Rosario Urquijo[1], varios familiares de Nicolás Franco y muchos más. Así pues, tres familiares de José Antonio habían escapado de la zona frentepopulista por Alicante y no es descartable que, de un modo u otro, pidieran su intervención a Knobloch para conseguir sacar de la ciudad al resto de la familia.
En el mes de agosto von Knobloch debió de empezar a trazar planes para conseguir la liberación de José Antonio. Probablemente debió llegarle alguna oferta, pues él mismo informó que con dinero era posible liberarlo. Temiendo por su vida llegó a proponer que Alemania garantizase su vida con la de Ernst Thälmann[2]. El cónsul pidió a Berlín que se le pusiera en contacto con los dirigentes falangistas de la zona nacional para abordar esta cuestión[3].
A través de los trabajos de Merkes y Viñas sabemos que von Knobloch no abandonó su decisión de intervenir[4]. De hecho, a principios de septiembre parece que había hecho algunos avances. Por cien mil pesetas estimaba que era posible sacar a José Antonio de la prisión. Después en una embarcación sería llevado al crucero alemán Nürnberg. Solo quedaba la llegada de los delegados españoles. Lo que no previeron es que el valor político de José Antonio crecía día a día de forma exponencial para las autoridades del Frente Popular.
Von Knobloch veía con cierta simpatía a la Falange y a José Antonio. Según parece estimaba, o al menos así lo transmitió a Berlín para avalar su propuesta y conseguir la luz verde necesaria, que la incorporación de José Antonio a la zona nacional, conseguida gracias a la colaboración alemana, se traduciría en una mayor inclinación de la misma hacia Alemania; lo que demuestra lo superficial de su conocimiento sobre el pensamiento de José Antonio. Quizás, indirectamente, planteara que era el mejor camino para torcer la proximidad con Italia que el dirigente falangista tenía. Con este planteamiento se encontró con la llegada de unos delegados de Franco a Alicante para tratar de conseguir la liberación del máximo dirigente de la Falange.
El submarino italiano
Más como ejemplo que como realidad, vamos a referirnos a uno de esos intentos que sin ningún tipo de fundamentación documental clara han circulado por la bibliografía y los artículos de prensa. Son varios los que podríamos citar. A veces, al investigador, sorprende la escasa capacidad de algunos escritores a la hora de rehacer los relatos para que tengan algún viso de realidad.
Así, por ejemplo, el 20 de julio, dos días después de la sublevación en la península, cuando aún no se habían decantado innumerables plazas, se estaría poniendo en marcha una operación con ayuda italiana, en la que un comando falangista de 8 hombres, entre los que estaría un tal Perico Ansuátegui, llegarían en un submarino italiano hasta la playa del Postiguet. De noche irían hasta la prisión para asaltar la prisión y regresar a la costa con José Antonio para ser trasladado a Baleares. Todo ello acompañado de la oposición de Franco, quien diría: «no es bueno que por la sola vida de un hombre, aunque sea de excepcional valía, se arriesguen tantas vidas humanas». La frase se comenta por sí sola y la historia aún más[5]. Así pues, el 20 de julio, ya tenían los que iban a formar el presunto comando, abiertas negociaciones con Italia y en pocos días se entrevistaban con un Franco que aún andaba encerrado en África estudiando cómo pasar a la península. Como es natural no es extraño encontrar sucesivas variantes del relato buscándole un acomodo más coherente con la cronología que por fuerza tendría que retrasar esta vía hasta el mes de octubre[6].
Ahora bien, en el fondo de todo relato siempre subyace algo de verdad y es que parece que existió un intento con submarinos alemanes que más adelante referiremos. En cuanto a Italia lo único que realmente se llegó a plantear como posibilidad fue la concesión de la nacionalidad a José Antonio para poder reclamarlo, lo que también carecía de toda viabilidad.
El primer comando falangista
El 26 de agosto Franco había establecido su cuartel general, como jefe del pequeño ejército de columnas que avanzaba hacia Madrid, en Cáceres. El teniente coronel Yagüe apunta hacia Oropesa y las columnas de Varela se están ultimando en Sevilla para su marcha hacia las frentepopulistas que al mando de Miaja intentan conquistar Córdoba. La situación sigue siendo muy difícil: el cuartel de Simancas ha caído, la progresión hacia Oviedo es muy lenta con diversos reveses, las columnas anarquistas fluyen por Aragón con destino Madrid, faltan municiones y la cobertura aérea es escasa. Pese a todo, el avance de las fuerzas de Franco parece imparable: el 3 de septiembre toman Talavera de la Reina, mientras que los republicanos lanzan su aviación de bombardeo sobre Oviedo, una ciudad que será duramente castigada; el 8 de septiembre la ciudad será bombardeada durante 13 horas, el 10 sufrirá otro bombardeo de 12 horas continuas[7].
En este ambiente Agustín Aznar, que nos ha dejado un texto con su testimonio, se entrevista con Franco en Cáceres probablemente entre el 1 y el 5 de septiembre para pedirle su ayuda con los mandos alemanes y dinero para el soborno[8]. Es más que posible que el general planteara esta cuestión al teniente coronel Walter Warlimont en la reunión del domingo 6 de septiembre, ya que Aznar pudo confirmar que se ponía en marcha entre el 12 y el 13 de septiembre. Aunque este indica que Franco hizo la gestión final con el propio jefe de la flota alemana en el Mediterráneo, quien por fuerza debía de ser el contraalmirante Hermann Boehm y no el vicealmirante Rof Hans Wilhem Karl Carls que estaba ausente, bien pudiera ser indirecta a través de Warlimont y desde Berlín[9].
En esas fechas, el contraalmirante Boehm recibe órdenes para trasladar a Alicante en un buque de guerra a «dos delegados del gobierno blanco» que podrían ser recogidos en Gibraltar o Lisboa, lo que se correspondería con la gestión abierta en Portugal por Carlavilla y Miguel Primo de Rivera.
Que una unidad de la marina alamana llevara a unos «negociadores» hasta Alicante y retornaran con José Antonio tras un soborno no era algo que comprometiese su situación con las autoridades republicanas; este tipo de gestiones eran habituales en esos momentos. Lo que no esperarían era encontrarse con un comando fuertemente armado dispuesto a embarcar. Algo similar le sucedió a Mauricio Carlavilla cuando o fue informado o se encontró con esos hombres armados, su opción era buscar el canje y no el plan de Aznar, pero su acompañante, futuro cuñado de Aznar, decidió sumarse al grupo armado[10]. Aznar estaba dispuesto a actuar si la opción del soborno no prosperaba.
Es evidente que se han cruzado los dos proyectos. El que abrieron las gestiones en Portugal y la modificación que sobre el mismo ha hecho Agustín Aznar. Es probable que Aznar no fuera preciso en su informe escrito treinta años después y que la gestión final de Franco, seguramente vía Walter Warlimont, fuera la de hacer posible el cambio de planes con respecto a lo que se había autorizado desde Berlín para que el comando falangista fuera admitido en el navío alemán.
El contralmirante Hermann Boehm, comandante directo de las unidades navales alemanas en España en ese momento, puso a disposición de los enviados de Franco un torpedero, el Iltis al mando del capitán de corbeta Hans Schottky. Aznar no precisa el punto de embarque, que se ha situado en Chipiona (las fuentes alemanas indican que en Bonanza, pero es cuestión de matiz al estar en la misma línea). Acompañaban al jefe de la primera línea falangista hombres de absoluta confianza dispuestos a todo: Carlos María Rodríguez de Valcárcel, Miguel Primo de Rivera y Cobo de Guzmán, Guillermo Aznar, Alberto Aníbal Álvarez, José María Díaz Aguado, Federico Menéndez Gundín, Serafín Olano, Rafael Garcerán, Gumersindo García Fernández y Fernando Alzaga[11]. Este último y Aznar, por ser rubios, iban provistos de documentación alemana. Llevan consigo un millón de pesetas que Franco ha ordenado que les entregue Barbero, presidente en funciones del Banco de España en la zona sur para los nacionales[12].
Franco les indicó que deberían ponerlo en conocimiento de Queipo de Llano; entre otras razones porque los fondos eran los del Banco de España en Sevilla y Queipo era quien tenía la autoridad territorial en la zona y por tanto era preciso su visto bueno para la entrega. El general Queipo, pese a su antiguo enfrentamiento con José Antonio, no mostró públicamente ningún recelo y apoyó la decisión[13]. Importante cantidad, ya que Hedilla subraya que los fondos totales de la España nacional, en aquel momento, ascendían a seis millones de pesetas, dinero necesario para pagar a las tropas. Como dato orientativo, aunque la conversión resulte difícil, el dinero entregado por orden/indicación de Franco equivalía algo más de 2.2 millones de euros actuales. Franco llegaría a autorizar hasta noviembre un gasto cuatro veces superior.
Cuando Aznar se dirigió al palacio de los Golfines le acompañaba José Ramón Gavilán, este esperó al jefe de la primera línea a las puertas del despacho de Franco. Muchísimos años después dejó un testimonio de lo sucedido que ha pasado desapercibido:
«Se escuchó la puerta y vi aparecer a Agustín con una sonrisa de lado a lado: “José Ramón, el General ha aceptado, nos brinda su apoyo, aunque con algunas matizaciones. Como militar, no es partidario de una operación en que no se contempla la retirada, la cree un suicidio, aunque el objetivo se cumpla. La discreción y el silencio, me ha dicho, son cuestiones esenciales, puesto que cualquier género de filtración podría dar al traste con nuestra misión. En cuanto al dinero, nos autoriza de forma inmediata a extraerlo de las cajas del Banco de España en Sevilla. No debemos hacerlo sin dejar de informar al general Queipo de Llano”.
Agustín, sin pérdida de tiempo, decidió partir de inmediato para intentar el soborno»[14].
En las primeras horas del lunes 14 de septiembre los hombres de Aznar ya estaban en Cádiz aguardando el transporte. Tan seguro estaba Aznar de alcanzar su propósito que en su equipaje llevaba los cordones de Jefe Nacional que le había entregado Sancho Dávila para que el líder falangista entrara como tal en la zona nacional. El 15 de septiembre los alemanes estiman que toto va a salir bien, von Knobloch ha indicado que es factible el soborno. Una vez liberado el prisionero lo llevarán en una barca hasta el crucero Nürnberg.
La situación se tornó compleja para Aznar y sus hombres. Ya no se trataba de unos emisarios. Al Iltis, el miércoles 16 de septiembre, había subido un comando armado, pero eran los emisarios de Franco y poco cabía objetar[15]. El contraalmirante Boehm se muestra contrariado al conocer los planes de Aznar y no cree en la viabilidad de un golpe de mano, por lo que decide pedir autorización a Berlín para adecuar la misión de aquellos hombres a los intereses alemanes; no quiere comprometer a sus barcos y teme que una acción armada suponga el asesinato inmediato de José Antonio, por lo que no era partidario de dejar actuar al comando y solo permitiría que un negociador bajase a tierra[16]. La contestación revelada por Viñas es positiva: «ejecuten la operación» con las condiciones propuestas.
No podía ser de otro modo cuando el propio Franco había gestionado el traslado, pero el contraalmirante Boehm lo haría según la hoja de ruta comunicada. Es más que probable que Warlimont hubiera sido informado de este cruce de mensajes. De hecho, el día 19, anota Viñas, había remitido un nuevo informe a Berlín sobre la situación en la zona nacional destacando la importancia que estaban adquiriendo los falangistas, siendo mayoritarios, aunque «la dirección y la organización dejan mucho que desear, podría ser que ellos fuesen el futuro». Algo que coincidía con las tesis de von Knobloch. También indicaba el agradecimiento ante la decisión de apoyar el rescate: «parece que los preparativos han transcurrido hasta ahora de forma satisfactoria y la explotación de un éxito eventual por la propaganda merece una atención especial por nuestra parte»[17]. Es decir, Warlimont se posicionaba a favor de contribuir a la liberación de José Antonio.
Ignorantes del cruce de comunicaciones realizado entre Alicante y Berlín, Aznar y sus hombres, dispuestos a todo, navegan en el Iltis hacia Alicante. Según la documentación alemana el cazatorpedero llegó a la ciudad el día 17 de septiembre, según García Venero el 15 (probablemente se trate de la fecha en que el comando estaba listo). En Alicante el encargado de negocios alemán, Hans Hermann Helmuth Völckers, también se opone a la acción del comando, porque ello comprometería gravemente a la representación alemana y en esos momentos el Tercer Reich mantiene relaciones diplomáticas con la República y además aún no se ha completado la evacuación de alemanes que podrían ser objeto de represalias. Es más, ni tan siquiera quiere que Fernando Alzaga y Agustín Aznar lleven a cabo las gestiones; de hecho, les retira los pasaportes alemanes de que van provistos. La situación debió ser muy tensa. Esos hombres eran enviados de Franco. Mientras, sobre Madrid, caían hojas de propaganda firmadas por Agustín Aznar pidiendo a los falangistas de la capital que estuvieran preparados ante la llegada de las fuerzas nacionales:
«¡Camaradas de Madrid! ¡Camaradas de primera línea!
Está próxima la hora de vuestra liberación. El sublime y heroico sacrificio de las Falanges madrileñas toca a su fin. Atentos al hecho decisivo que va a producirse. ¡Cada uno en su puesto en el momento que recibáis mi orden! ¡En los enlaces permanentes desde mañana! Preparados para secundar a nuestros aviones en la noche de los grandes actos de justicia. Cine mil falangistas estrechan cada día su círculo de acero para estrangular a nuestros verdugos. Nada podrá oponerse a nuestro impulso arrollador. El enemigo no lo impedirá. ¡Nadie ignora que la Falange sabe morir! ¡Y matar! ¡Por la España una! ¡Por la España grande! ¡Por la España libre! ¡Arriba España!
El Jefe Nacional de 1.ª línea.- Agustín Aznar».
Al llegar a Alicante entra en escena, el barón Joachim Kindler von Knobloch, partidario de implicar más a los alemanes en las gestiones para liderar a José Antonio. Mientras la legación alemana no se trasladó a Alicante, participó activamente en la huida de perseguidos, para lo que consiguió la colaboración del representante argentino, utilizándose el crucero de guerra 25 de mayo[18] y el destructor Tucumán[19].
Von Knobloch debió protestar ante la decisión del encargado de la embajada y fue él quien propuso que Aznar bajase a tierra, pero a él solo: «si usted se atreve –le dijo– le bajo al puerto». En esta tesitura el contraalmirante Boehm explica que solo se autorizará las gestiones que el jefe del comando pueda realizar para intentar el soborno y que sus hombres deberán volver. Es su decisión que cuenta con el apoyo de Berlín. Los hombres del comando serán trasladados a otra navío, la motonave Moewe, para que vuelvan a la zona nacional a excepción de Rafael Garcerán que permanecerá en el Iltis, pero según los hechos debieron continuar algún día más en Alicante. Algún testimonio indica que von Knobloch y Aznar hablaron con aquellos hombres. Ahora solo quedaba la posibilidad de que el soborno prosperara. Pero probablemente, en los días siguientes, Aznar empezara a madurar la idea de, en caso de fracaso, asegurar la protección de José Antonio para volver con un comando con mayor número de efectivos.
Aznar y Knobloch bajan a tierra provistos de dinero para intentar el soborno. No podrán coincidir, ya que la representación alemana en la ciudad no puede quedar comprometida: «Bueno amigo, usted viva su vida. No nos comprometa a nada». Aznar va a operar en Alicante pensando que podrá hacer desembarcar a sus hombres si su plan tiene viabilidad y aún están en el barco alemán[20]. En la buhardilla de la heladería Las Palmeras (la Gelatería italiana) tendrá su refugio durante cuatro días, hasta el 22 o el 23 de septiembre.
El primer contacto es con los familiares de un agente nacional, el práctico del puerto Vicente Pérez López[21]. Sus hijas, María del Carmen y Matilde, militantes de la Sección Femenina, junto con su cuñada Julia Riera, actúan desde ese momento como enlaces: Aznar pasa a ser, en clave, el «primo Antonio». Las reuniones se celebrarán en la heladería y en una casa facilitada por Nicolás López, un obrero del puerto. Naturalmente es necesario contactar con José Antonio. Según testimonio de las hermanas, estas lograron entrevistarse con Carmen en la prisión del Reformatorio y con José Antonio[22]. De ser cierto, lo más probable es que se tratara de algún tipo de mensaje que pudieron hacer llegar a la prisión, porque las comunicaciones directas con José Antonio ya no eran posibles, ambos hermanos estaban en régimen de aislamiento desde agosto, aunque Miguel podía recibir correspondencia de Margot; de hecho, el 19 de septiembre tuvieron carta de ella. Lo que podemos poner en relación con la declaración del funcionario Abundio Gil en el juicio de Alicante que, fuera de este marco, podría resultar poco explicable:
«también después del movimiento preguntaba constantemente José Antonio sobre el movimiento en el puerto de buques alemanes e italianos y si desembarcaba la tripulación de los mismos, pregunta que reiteradamente hacía».
Aznar pacta con Vicente Pérez y sus hijas que en caso de tener éxito tuvieran una lancha dispuesta para llevar a José Antonio hasta un barco de guerra fondeado fuera de las aguas del puerto. Es el modo de no comprometer a los alemanes tal y como se había planteado.
En Alicante, Aznar busca a quién sobornar. Sabe que un alto cargo de la ciudad, amigo de Martínez Barrio, ayudó a escapar a un capitán, pero ¿quién le ha facilitado la información? ¿Quién es el enigmático e influyente personaje? ¿Un hombre de Prieto? Como enviado de aquel capitán decide visitarle. En las reconstrucciones literarias se puede leer que le ofreció seis millones de pesetas, aunque solo tiene uno, y la salida de la ciudad junto con su familia. Por el relato que Aznar hizo al periodista Julio Trenas parece que, con seguridad, se trataba del dirigente local de la UGT, hombre de Prieto, Antonio Cañizares[23].
«No se me ocultaba lo peligroso que esto era. Encontrarme frente a un hombres, con todo el mando en la zona roja, y proponerle lo que yo le iba a proponer. No te digo más, que una vez en su casa, subiendo hasta el piso, estuve más de un cuarto de hora detenido en el descansillo de la escalera, antes de llamar. Por fin lo hice. Le dije por las buenas, que iba de parte del Capitán. Se puso blanco. En seguida me dijo que me fuera, que no quería verme. Yo no le hice caso. Pensé que si ya no me había pegado un tiro o enviado a que me lo pegasen, lo tenía en mi poder. Entonces, le expliqué mi propósito. Traté de convencerle por todos los medios. Subí en mis ofrecimientos. Lo primero que le brindaba era la entrega de la cantidad que quisiera en pesetas, su vuelta a la zona nacional y el respeto a su cargo, a más de sacarle de Alicante a él y su familia».
Pero no puede darle lo que necesita: una orden de libertad porque hay órdenes inhabilitándolas, siendo solo efectivas si llevan un número importante de firmas. Se habían extremado las precauciones para evitar que José Antonio fuera paseado. Además, hombres de la FAI le vigilaban[24]. El interlocutor pide a Aznar que se marche («¡Váyase! ¡Váyase cuanto antes! ¡No me comprometa! ¡No responderé de lo que le pase a usted!»). Poco a poco Aznar consigue nombres. Es posible contactar con un oficial de la prisión «simpatizante nuestro». Es cuanto necesita para actuar. Si este se compromete a cerrar la puerta de la celda para evitar que los anarquistas lo asesinen cuando asalten la prisión, será suficiente para volver a Alicante con hombres armados. También que es posible sobornar a los anarquistas a través de un dirigente portuario de la CNT.
La clave está en sobornar a los anarquistas, lo que en principio parece factible. Las hermanas Carmen y Matilde se mueven bien. Las negociaciones con el misterioso alto cargo alicantino continuaron. Sin renunciar a un futuro plan de asalto, Aznar se entrevista con el jefe de la CNT de los trabajadores del puerto y con uno de los abogados de la central anarquista, que bien pudiera ser Rafael Antón Carratalá. Aznar reparte dinero. Llegado el caso está dispuesto a intentar sobornar al gobernador civil Francisco Valdés, siendo posible que alguien le indique que no sería descabellado contactar con el alcalde Lorenzo Carbonell, aunque es un juego muy peligroso[25]. Poco a poco extiende su red en la ciudad, ahora cuenta con la colaboración de José Ivars Gómez, amarrador de los prácticos del puerto. Según el testimonio de otro de los integrantes del comando, Carlos María Rodríguez de Valcárcel, Agustín Aznar llegó a prometer hasta cuatro millones de pesetas y la protección a los colaboradores. Cifra que Franco le había autorizado a manejar[26].
Al mismo tiempo, von Knobloch se entrevista, siguiendo indicaciones de Carmen y Matilde, con un individuo al que apodan Vaselina; un anarquista estibador del puerto, cargo de la CNT[27]. El cónsul se presentó como periodista dispuesto a pagar por conseguir una entrevista con José Antonio; Vaselina se mostró receptivo y Knobloch ofrece un millón de pesetas para quien ayude a liberar a José Antonio. El individuo le contesta: «Es difícil, pero puede intentarse. Primo de Rivera no es un enemigo del pueblo»[28]. Concierta la entrevista con Aznar, al que presenta como un miembro de la Croix de Feu. Las gestiones están en marcha.
En 1939, los Riera, confirmaron que Aznar consiguió llegar hasta el subdirector de la prisión Víctor Viñes. Es una doble baza, podrá asegurar la vida de José Antonio si se lanza una operación de asalto a la prisión, pero lo que Aznar le propone es que aprovechando su autoridad saque a José Antonio y se lo entregue. A través de la embajada alemana Víctor Viñes podría salir de Alicante sin problemas escapando a cualquier tipo de represalia. Según los testimonios el subdirector aceptó y se comprometió con Aznar. Ahora solo quedaba fijar el día y la hora y tener preparada la embarcación. Según la declaración todo estuvo preparado para realizar la liberación por la noche. Probablemente ese fue el día en que la presencia de Aznar fue detectada en Alicante.
En contra de lo que se podía suponer, las indiscreciones abundaron en la zona nacional y estas pudieron poner en alerta a las autoridades republicanas contribuyendo a la frustración de la operación. El 20 de septiembre, mientras las gestiones de Aznar avanzan, el Correo de Andalucía, anuncia el inminente rescate de José Antonio. El propio Aznar, de forma imprudente había hecho el 13, antes de partir el comando, un anuncio indirecto:
«El domingo, en ocasión de los actos conmemorativos del trece de septiembre, vinieron a ésta, en viaje de Burgos a Ceuta, el jefe nacional de Milicias de FE, don Agustín Aznar, y el presidente de la Junta de Mando de la Primera Línea. Al mismo tiempo de tener la satisfacción de saludarles, experimentamos la gran alegría de conocer noticias fidedignas del jefe de la Falange, José Antonio Primo de Rivera. Escuchamos de labios del señor Aznar detalles que se refieren al perfecto estado de salud del supremo dirigente. Tenemos que ser parcos por hoy; pero sí podemos decir que muy pronto desempeñará su cargo de honor en FE, José Antonio»[29].
El martes 22 de septiembre, pasado el mediodía, Aznar es reconocido por un capitán de la Guardia de Asalto, Antonio Zárraga García, al que había alcanzado con un disparo en una reyerta en la Universidad. Este no se atreve a detenerle, ya que el jefe de la primera línea falangista se echa la mano al bolsillo como si llevara una pistola. Poco después, cuando almuerza en el restaurante en el que ha quedado con los anarquistas se presenta la policía. Es posible que le haya denunciado aquel hombre o los mismos individuos con los que ha quedado; también que estuvieran buscando sospechosos. Le piden la documentación:
«yo rebusqué –escribe Aznar– inútilmente en mis bolsillos, dije que la había dejado en el hotel, y me dijeron que fuera con ellos. Les pedí que me dejaran tomar un café, pedí la cuenta y pregunté al camarero por los servicios. Fui allí con los dos policías detrás, entorné la puerta para que no se escamasen, salté por la ventana y, dando un rodeo, llegué a la Embajada alemana, donde tuve la suerte de encontrar a von Knobloch».
Probablemente, Aznar pensó que había solventado la cuestión, que no había comprometido a nadie, aunque ahora las gestiones serían más difíciles, por lo que esperaba volver a salir[30]. Durante cinco dramáticas horas estuvo encerrado en la embajada mascullando su mala suerte y preguntándose si habrían sido informados sus contactos aplazándose las reuniones. Fuera se discutía. El encargado de negocios tenía ahora la excusa perfecta para oponerse a que continuara la operación: la embajada estaba siendo comprometida.
Von Knobloch, en cuya habitación se ha refugiado Aznar, quiere llevar al jefe de la primera línea falangista al Iltis. Esperarán a que todo esté en calma y volverán para entrevistarse con el Vaselina. El encargado de la legación, el doctor Völckers, quiere poner punto y final a una operación que compromete a la embajada situada en el Hotel Victoria y, evidentemente, también librarse de Knobloch. La discusión debió ser tensa, pues el encargado de la representación espetó: «échele a la calle y que le maten los rojos».
Años después, von Knobloch, que era quien había dado la primera versión a García Venero, escribirá a Mora Figueroa desmintiéndola: lo que el encargado dijo fue, «nosotros no podemos retener en las habitaciones de la Embajada a este hombre si la policía del Gobierno de Madrid exige su entrega». Tocaba decidir al jefe del grupo naval alemán, pero, evidentemente, no podía abandonar al enviado de Franco. Mientras aguardaban, Völckers insistió en hacer salir a Aznar de la embajada. La orden de la autoridad naval alemana al comandante del Iltis fue enviar hombres al puerto para recoger a Aznar. Poco antes de las nueve de la noche, un oficial acompañado de varios marinos del navío llegó a la embajada. Desde allí, con uniforme de la marina alemana se trasladó al puerto. Aznar observó que los alemanes que le aguardaban estaban fuertemente armados. Como anota Rodríguez de Valcárcel:
«La policía roja estaba ya en movimiento y todo se complicó aún más ante la noticia, imprudentemente propagada por una emisora nacional, de que un grupo de arriesgados falangistas van a intentar la evasión del Jefe Nacional de la Falange».
Los contactos abiertos quedaron en el aire, pero Aznar sabía que, en caso de lanzar un ataque sorpresa sobre la prisión, Víctor Viñes y otros funcionarios asegurarían la vida de José Antonio.
Lo que Aznar no esperaba es que fuera a ser transferido al crucero pesado alemán Admiral Graf Spee. Habían pasado algunos días inciertos. El viernes, 25 de septiembre, en el nuevo navío se encontraron con Felipe Ximénez de Sandoval y Pedro Gamero del Castillo. Podían ser otra baza para la negociación ya que Sandoval era un buen diplomático y no era alguien conocido[31].
Aznar comentó a Sandoval su misión y el interés que Franco tenía por liberar a José Antonio, indicándole que Franco le ha autorizado a ofrecer hasta cuatro millones de pesetas (unos 9 millones de euros actuales). La mayor parte de los relatos cierran aquí este intento. Sin embargo, aunque la fecha es imprecisa, quizás entre el 23 y el 24 de septiembre o antes, bajaron a tierra otros dos miembros del comando falangista: Díez Aguado y Miguel Primo de Rivera. Solo tenemos confirmación de ello, pero no de las gestiones que pudieran llevar a cabo, que estarían en relación con las conversaciones de Aznar, probablemente con los anarquistas del puerto.
Aunque los intentos de mantener los contactos para lograr el soborno continuaron, la situación de Knobloch se hizo muy precaria en Alicante. Tras sufrir el día 24 un atentado por parte de elementos de la FAI, el gobierno republicano decretó su expulsión. Este hecho debió de influir en la decisión que, presionados por la propia embajada, finalmente adoptaría el mando de la flota alemana en España. Unos días después del traslado al crucero alemán la operación quedaba cancelada. A bordo del crucero ligero Nürnberg iban a volver a la zona nacional[32]. En su diario el contraalmirante Boehm culpa del fracaso a la escasa habilidad demostrada por «los emisarios de Franco», lo que no era exactamente cierto.
Los intentos de rescate ahora cruzaban los planes españoles con los intereses alemanes contrapuestos de tres esferas de poder distintas: el partido, el ministerio de exteriores germano y el mando de las fuerzas navales alemanas en España. Algo que se trasluce en las anotaciones del propio contraalmirante Boehm: «la liberación de Primo de Rivera es para nosotros de gran importancia, pero, a la vez, no tan importante que tratemos de conseguirla por la fuerza. Esto llevaría, con seguridad a una ruptura a causa de una personalidad que, en último término es española»[33].
Sin embargo, es más que probable que los rumores sobre el intento discurrieran entre los círculos políticos de Alicante mezclados con las propuestas de canje.
Unos días después, el 3 de octubre, con la apertura del sumario contra los Primo de Rivera el tiempo comenzaba a correr de forma acelerada, aunque publicitariamente tuvo muy poca trascendencia. Solo tuvo mayor realce la llegada a Alicante del magistrado Federico Enjuto Ferrán, diez días después, para iniciar la instrucción de la causa[34].
Franco jefe del Estado
Cuando Aznar desembarcó en Alicante, aunque no lo apunte en su informe, su inquietud por el futuro de José Antonio debió de incrementarse. Probablemente las hermanas Riera le informaron de lo que estaba aconteciendo en la ciudad y el jefe de la primera línea debió sentir que el tiempo se les estaba acabando. El Tribunal Especial Popular había comenzado a actuar. El 6 de septiembre se abrieron las puertas de la vista en la que comparecían los más de 60 detenidos por los hechos del 19 de julio al intentar llegar a Alicante para liberar a José Antonio.
Presidió la sala el magistrado Vidal Gil Tirado. En la misma hay jueces de derecho y «jueces de hecho» (el jurado compuesto por representantes de los partidos del Frente Popular). No pocos de los que participaron en aquel juicio también lo harían en noviembre en el de José Antonio. La clave de la actuación radica en las preguntas que redacta el juez para que sean respondidas por el jurado para dictar veredicto. Vidal Gil Tirado hizo su trabajo para que estas condujeran a la pena capital para la inmensa mayoría de los acusados. La resultantes fueron 52 penas de muerte y 7 absoluciones por no haber participado en los hechos juzgados o ser menores de edad. En la noche del 12 al 13 de septiembre fueron ejecutados en el cementerio y enterrados en fosa común. Antes, mientras eran sacados de sus celdas, sufrieron escarnio y apaleamiento. Mirando de frente a la muerte, firme ante la situación, José Guillén Bernabéu gritó para animar a sus camaradas: «No temáis, no acobardaros. Esto no tiene remedio y es cuestión de un instante. Morimos por Dios y por la Patria, y, según nuestras doctrinas de creyentes vamos al Cielo. Sepamos morir como somos»[35]. Aznar y sus hombres debieron tener información de los procesos que tuvieron lugar mientras ellos estaban en los navíos alemanes. La preocupación debió incrementarse.
El 21 de septiembre comparecieron los detenidos de Elche (15 penas de muerte ejecutadas), el 26 los de Crevillente (8 penas de muerte ejecutadas). La conclusión era lógica: José Antonio podía ser juzgado en cualquier momento.
Aznar retorna a la España nacional con un plan en la cabeza: volver a Alicante con hombres para realizar un asalto con probabilidades de éxito sin recurrir al apoyo alemán. Para él, la clave es Franco.
La situación del general ha variado considerablemente. El 21 de septiembre, mientras él estaba en Alicante, la Junta de Defensa asumió que para ganar la guerra era preciso recurrir al mando único. Nombramiento que solo puede recaer en Franco. Se abría el proceso que iba a llevar a Franco a ser nombrado «Jefe del Gobierno del Estado», con la proclamación oficial en Burgos.
La postura de la Falange con respecto a la situación bélica quedó fijada en las reuniones de principios de septiembre que condujeron a la constitución de la Junta de Mando falangista y al nombramiento, con carácter provisional, de Manuel Hedilla como presidente de la misma. En aquella reunión se optó por apoyar la creación de un mando militar único, mostrándose partidarios, la mayoría, de la candidatura de Franco. Más adelante, según se puede deducir de la crónica-testimonio de García Venero –recordemos que entre los postuladores de la exaltación de Franco al mando político estaba el coronel Yagüe–, parece que los falangistas propusieron un plebiscito para elegir al jefe del Estado en el que ellos hubieran apoyado a Franco pues: «entre los falangistas que conocían el pensamiento de José Antonio, el general Franco tenía tácitos postuladores de su capitanía en el Movimiento».
En el argumentario del relato que presenta a Franco como contrario, desinteresado y, llegado el caso, opositor a la liberación de José Antonio, es usual anotar que inicialmente prestó su colaboración, pero que ello cambió a partir del 1 de octubre al considerarlo como un competidor. La lógica obliga a recordar que el proceso que llevó a Franco a la jefatura del estado se abrió a mediados de septiembre, por lo que esa consideración como posible competidor debía estar ya en la mente del Generalísimo cuando sus «representantes» estaban en Alicante, si compartiéramos las tesis del relato.
Más de 13 millones de euros por José Antonio.
El hecho es que el mismo jueves 1 de octubre o quizás el 2, Franco recibe a Manuel Hedilla quien, con urgencia, viene a pedirle, como jefe del Estado, su apoyo para una propuesta que le ha llegado para conseguir la liberación de José Antonio mediante una fuerte suma de dinero.
Es probable que el origen de esta posibilidad esté en las gestiones que Eugenio Montes está realizando en Francia con republicanos. La filtración, quizás interesada, quizás porque el propio Prieto ya asuma la posibilidad de utilizar políticamente a José Antonio para crear disensiones en la zona rebelde, pudo llegarle a través de Sánchez Román, amigo personal de Prieto, de Santiago Alba o de Miguel Maura (amigo personal de José Antonio). Según las confidencias que traían, Indalecio Prieto estaría dispuesto a facilitar un canje por 30 rehenes seleccionados y 6 millones de pesetas (unos de 13.2 millones de euros actuales), es de suponer que para comprar voluntades, pues no parece lógico que el dirigente socialista estuviera dispuesto a aceptar un soborno para su enriquecimiento personal. Por ello hay que reiterar la idea de que esta vía indirecta estuviera motivada por la tesis de que con la liberación del jefe falangista se pudiera quebrar el equilibrio en la zona nacional reduciendo, además, los limitados fondos de los nacionales. Por otro lado, no es descartable que todo ello tuviera como origen un mediador dispuesto a obtener fondos en provecho propio realizando las pertinentes gestiones. Tuviera o no tuviera base aquella posibilidad, ni quienes la recibieron podían ignorarla ni Hedilla no plantearla. Pero el dirigente falangista ni podía reunir la cantidad exigida ni disponer de los presos necesarios. Ahora hay un jefe del Estado al que dirigirse.
Franco acepta de inmediato y le pide a Hedilla que también se entreviste con los generales Mola y Queipo de Llano. Las críticas sobre la utilización de tanto dinero para conseguir la liberación de José Antonio comienzan a aflorar. Ambos generales brindan su apoyo. Según algunos testigos, se comenzó a reunir a los prisioneros importantes en Sevilla.
Sin que tengamos precisión sobre las fechas, las negociaciones se estancan. En esta ocasión es el propio Montes, que ha buscado el contacto con el dirigente socialista a través de la embajada de Rumanía, quien transmite que Prieto no está dispuesto a colaborar. Algún autor ha indicado que el dirigente socialista indicó que los anarquistas, que tenían la autoridad en Alicante, se negaron. En sus memorias, el dirigente socialista nada dice de esta propuesta. Como poco debió estar sobre la mesa una parte del mes de octubre. Conviene recordar que hay que tener presente que, dado el momento y las circunstancias, Prieto y el gobierno tenían en su mano la posibilidad de salvar las vidas, pues probablemente serían condenados a muerte, de un número importante de compañeros socialistas y republicanos.
Reiteremos, y es importante hacerlo, que para el gobierno y más concretamente para el socialismo, que en ese momento dominaba el ejecutivo, debió de ser mucho más importante retener, juzgar y ejecutar a José Antonio Primo de Rivera que «salvar» a sus compañeros.
El papel de Eugenio Montes en Francia
Los intentos para conseguir la liberación de José Antonio tuvieron una dimensión externa cuyo objetivo siempre fue conseguir el apoyo de personalidades y gobiernos para, al menos, garantizar la seguridad del preso de Alicante y forzar al gobierno del Frente Popular a aceptar un canje o su liberación. Montes, además, asumía que la red que iba pacientemente a tejer podría ser útil si se llegaba a condenar al preso de Alicante, pues nadie dudaba en aquellos meses que, en caso de comparecer ante los Tribunales, la pena sería la muerte.
Eugenio Montes, que tenía una amplia red de amistades, era corresponsal del diario El Debate en París, en la Francia del Frente Popular; un gobierno que podía, llegado el caso, intervenir a favor del prisionero de Alicante. En Francia, tanto en San Juan de Luz como en otros puntos cercanos a la frontera y en París, se habían establecido varias personalidades, especialmente intelectuales, que habían buscado en el país vecino refugio ante los temores que les despertaba su continuidad en la zona frentepopulista. Montes contactó con Santiago Alba, expresidente de las cortes republicanas, y con Sánchez Román. Alba era amigo personal del presidente León Blum y tenía amplias influencias en los círculos políticos de izquierda franceses. Santiago Alba, según García Venero, llegó a ofrecer un millón de pesetas para colaborar en la liberación de José Antonio. «Sin embargo, –prosigue– Santiago Alba no fue utilizado en la amplia medida a que él se brindaba». ¿Por qué? No nos lo dice.
Sí consta que Eugenio Montes tuvo la aquiescencia de Franco, manteniendo, como veremos más adelante, sus gestiones hasta el mismo 20 de noviembre. Contaba con el poderoso lobby que se estaba formando en Francia con exilados de la zona republicana a favor de los rebeldes. Además de sus constantes visitas, Montes publicó diversos artículos en la prensa internacional a favor de José Antonio. Siendo posible atribuirle a él la creación del mito de que el líder de la Falange estaba sentenciado por Moscú. Transcribamos uno de ellos publicado en octubre de 1936:
«Ley de la guerra existe en el campo nacional. Solo a los sorprendidos con armas en la mano se les somete a juicio o a los reos de delito común. Éstos son juzgados por la magistratura ordinaria. Aquéllos, con arreglo al Código, con rito de juramento e invocación divina, por los abogados del Cuerpo Jurídico Militar, en quienes las exigencias del derecho brillan con el resplandor de las estrellas. En cambio, en la zona roja, sin que el Gobierno sienta el rubor de ceder sus inadmitibles atributos, y sin que los maestros de la juridicidad se conmuevan ante nada, funcionan esos «tribunales populares» de presidiarios, incluso para juzgar a los detenidos políticos que no han podido levantarse en armas por la irrefutable razón de hallarse en la cárcel antes de que estallase el Movimiento.
Tal es el caso de José Antonio Primo de Rivera y sus familiares. Por mandato expreso de Moscú, el Gobierno del Frente Popular lo encarceló a los pocos días de llegar al Poder, a finales de febrero. Hace ocho meses. Pronunciando el «no importa» del alcalde de Móstoles y de los héroes de la independencia, se fue a la cárcel de Madrid.
Un mes después se celebraron elecciones parciales a diputados por la provincia de Cuenca. El clamor del pueblo español presentó su candidatura. Va a Cuenca su hermano Miguel en calidad de apoderado. Cuando se hallaba en el hotel lavándose las manos, le dispararon por la espalda. En vez de detener a los delincuentes, fue Miguel detenido. A José Antonio le robaron el acta para que no pudiese salir de la prisión, y sin el decoro del más mínimo pretexto lo llevaron a la cárcel de Alicante. Desde allí me escribía cartas que conservo y no puedo recordar sin que la emoción se traduzca en llantos. Procuro luchar contra el embrutecimiento de una prisión prolongada. Hago gimnasia y juego a la pelota con mi hermano Miguel. Leo lo poco que puedo y escribo mucho. Como la leyenda dice de Cervantes, José Antonio también desde la prisión concentraba su experiencia de la vida en una novela y en ensayos filosóficos que conozco fragmentariamente. No se ha movido de allí; no le dejaron moverse. Un periodista extranjero le visitó hace unos días. Lo ha encontrado delgadísimo, con la huella del sufrimiento y el tatuaje del dolor en la mirada. Es que no hay un drama humano más conmovedor y de más trágica grandeza. Saber que lejos crece, hasta hacer estío y madurez de agosto su creación, la Falange, y sentirse él entre rejas.
Ahora la prensa recoge la noticia de que algún monstruo ha pensado en hacerle juzgar por un tribunal revolucionario de milicianos. ¿Pueden, ante amenaza tal, seguir afónicas las vestales de la juridicidad, sin que se les caiga la toga –y la cara– de vergüenza? ¿Puede la Academia de Jurisprudencia en Madrid, que él ennobleció con discursos científicos, hacerse la sorda a su callada queja –y a mi queja en gritos–?
¿Puede don Ángel Osorio y Gallardo invocar el derecho de Ginebra y no enterarse del caso? ¿Puede don Felipe Sánchez Román dejar morir, sin hacer nada por evitarlo, a su alumno predilecto, a quien aprendió en su aula la hermosura del orden jurídico y a mirar en sus ojos la justicia?
¡Ah, mentiras arbitreras, abogados! Sí, hay algo más trágico todavía que el saber ser traicionado por los discípulos, y es el saberse traicionado por los maestros. Por esos maestros de las Ligas de Derechos del Hombre que se alarman histéricamente cuando la terrible burguesía no le deja a Trotzky [sic] ir a cualquier balneario, o cuando Hitler lleva a un campo de concentración a cualquier asesino, y en cambio se tapan los oídos para no oír el dolor de un ser noble y quizá para no oír la voz, más implacable aún de la conciencia»[36].
Los movimientos de Eugenio Montes parecen ir por buen camino. Pueden ser la mejor vía. El brillante escritor logrará llegar hasta el ministro francés Yvon Delbos, que simpatizaba más con los rebeldes que con los republicanos. También interesará a Ortega y Gasset, quien según su hijo siguió desde París, «las vicisitudes sufridas por José Antonio en la prisión de Alicante, hasta su trágico final», pero sin que quede rastro de su intervención directa. De todos modos, la realidad es que el filósofo Ortega y Gasset, que se había exilado de la zona frentepopulista, tenía muy escasa capacidad de influencia sobre el gobierno de Largo Caballero.
La red de contactos de Eugenio Montes más que para facilitar un canje, algo siempre difícil, podía ser muy útil para proteger su vida. En este sentido, que José Antonio estuviera en Alicante, poblado de representaciones consulares, con barcos de diversas nacionalidades en el puerto, y no en otro sitio, facilitaba que la presión diplomática sobre las autoridades republicanas evitara su asesinato.
Pero lo cierto es que hasta el mes de noviembre, salvo la intervención argentina, Montes consiguió avanzar muy poco, más allá de las palabras, para que desde fuera se presionara al gobierno del Frente Popular para que se liberase a José Antonio.
Una posibilidad frustrada que nunca se comunicó a Franco
A principios de octubre, sin mucha precisión cronológica, Pilar Primo de Rivera recibía en Sevilla al jefe territorial de la Falange marroquí Ramón Casaña Palanca con una propuesta, no falta de lógica, debajo del brazo. Pilar le autorizó a ponerla en práctica. Lo escrito sobre la misma es un ejemplo de cómo se manipulan los datos, con verdaderos ejercicios de recreación, para que se constituyan en prueba de acusación del cambio de intereses de Franco tras su nombramiento como jefe de Estado y el modo en que tuvo de «torpedear» los intentos de rescate/liberación.
La mujer del general Miaja, junto con cinco de sus hijos, estaba detenida en Melilla donde residía. Habían sido trasladados a la prisión y alojados en la casa del director siendo tratados con toda consideración, además los falangistas tenían encargada su protección. Otro de sus hijos se había desplazado hasta Orán para intentar liberar a su familia. Ramón Casaña estimaba que sería posible plantear un canje por José Antonio (probablemente también por Miguel y Margot).
Pilar le remitió a Agustín Aznar que había regresado de Alicante y tenía en marcha un nuevo plan. Sorprendentemente, según el testimonio de García Venero, el dirigente falangista le prohíbe que siga adelante con las gestiones porque está en marcha otro proyecto («me prohibió que siguiera ocupándome de él»)[37].
Si nos atenemos a los testimonios, esto no desanimó al jefe territorial falangista quien siguió con sus gestiones con total autonomía. Consiguió enlazar con «cierta persona, que yo sabía era de la amistad de Miaja», para que se trasladara hasta Orán para formalizar una propuesta que incluía hasta el soborno del propio general. Hasta ahí llegó la gestión, porque Casaña no consiguió en el territorio un salvoconducto para su agente[38].
Pese a la claridad del texto de Venero, recogiendo el testimonio de Casaña, Preston inventa que Franco negó los salvoconductos y Payne, que le utiliza como referente, le sigue, lo mismo que otros tantos, ampliando literariamente la cita: Franco, «desde luego, rechazó el asunto como impracticable y deshonroso, e hizo lo mismo con la propuesta del jefe de prensa falangista, Maximiano García Venero de organizar una campaña de prensa internacional» ya que atraería «la atención hacia la Falange y su jefe nacional, lo que en aquel tiempo resultaba claramente indeseable para Franco desde el punto de vista político». La realidad es que Franco nada tuvo que ver ni en lo uno ni en lo otro, solo hay que leer el testimonio de García Venero que es el que se cita como fuente de referencia de esta información.
Con respecto a la campaña de prensa internacional, que por otra parte ya realizaba Eugenio Montes, leyendo a García Venero es imposible deducir, como hace Payne, que Franco se opusiera. Es más, lo que se infiere es que fue en los propios ámbitos falangistas donde encontró la oposición: «El proyecto no fue aceptado. Su simple exposición me causó algunos disgustos. Algunos de los que me los produjeron, con el paso del tiempo, se arrepintieron vivamente». ¿Cómo ha caído alguien tan riguroso como Payne en esta trampa? Sencillamente porque recurrió a la fuente indirecta de Preston quien, curiosamente, remite a García Venero quien, como hemos visto, no menciona para nada a Franco. Otros autores que se limitan a copiar o a trazar relatos desde lo anterior han seguido como fuente real a estos historiadores[39].
Reproduzcamos lo que en realidad afirma el testimonio citado por todos como fuente sobre el intento de intercambio con la familia de Miaja: «Yo no tenía dinero, pero estaba seguro de encontrarlo. No había consultado con Franco, ni con Hedilla y la Junta de Mando, pero estaba convencido de que la liberación de nuestro jefe me permitiría cumplir mi palabra»[40]. Como anota Elena Fernández, «Casaña Palanca cometió la ligereza de no consultar»[41].
Que Franco hubiera apoyado la propuesta es posible, pero probablemente no el intento de soborno, pues conocía a Miaja y la sola mención se podría considerar un insulto, al igual que tentarlo con el doble de paga. Meses después, sin problema alguno, apoyó el canje de la familia de Miaja por la familia del diputado tradicionalista Joaquín Bau, nombrado por Franco, el uno de octubre de 1936, presidente de la Comisión de Industria, Comercio y Abastos de la Junta Técnica del Estado, que además había sido jefe provincial de la Unión Patriótica.
Quedaba aún en zona nacional otro de los hijos del general, el teniente José Miaja, capturado en 1936. En Alicante permanecían Miguel y Margot, esta última sería trasladada de prisión, pero al gobierno frentepopulista nunca les interesó un canje. Prieto no los creía útiles para provocar disensiones en la zona nacional, pues sus testimonios invalidarían sus maniobras. Avanzada la guerra, siendo los canjes moneda común, el propio teniente general Miaja plantearía o aceptaría, a través de la Cruz Roja, el canje de Miguel y Margot por su hijo:
«Ministerio de Defensa Nacional
JEFE SUPREMO DE LAS FUERZAS DE TIERRA, MAR Y AIRE
Ruégase a la Dirección General de Prisiones se den facilidades para que la Cruz Roja Internacional pueda localizar al detenido Primo de Rivera, con objeto de hacer propuesta de canje por mi hijo JOSE MIAJA ISAAC.
Valencia, 3 de marzo de 1939.
El Teniente General
Miaja»[42].
«Le diría que no es verdad»
No pocos historiadores, analistas, falangistas o periodistas han resaltado la importancia de la entrevista que el periodista norteamericano Jay Allen, abiertamente alineado con los frentepopulistas, realizó a José Antonio en la cárcel de Alicante, para buscar en su contenido una prueba más de las razones de la animadversión existente entre el Caudillo y el jefe falangista.
Allen fue el único periodista que merced a sus amistades tuvo ese privilegio. Quienes la permitieron tenían un interés manifiesto en que se hiciera público que, al contrario de lo que se especulaba, José Antonio continuaba con vida. De hecho, en la entradilla de la entrevista, en la que Allen presenta de forma algo sensacionalista su reportaje, se hace eco de los rumores que corrían: lo habían matado, estaba encarcelado o había huido al extranjero. Frente a ello, él lo había encontrado en la cárcel[43]. En este sentido Allen hace referencia a unas declaraciones del general Mola afirmando que estaba muerto.
La entrevista que realizó Allen, reproducida en parte por Francisco Bravo en 1939, pasó bastante desapercibida en la historiografía hasta las precisiones realizadas por Ian Gibson recogiendo las versiones aparecidas en la prensa americana. Desde entonces, aún antes, ha formado parte, manipulando su contenido o no leyendo correctamente lo que Allen escribe, como prueba evidente, del relato que establece que Franco no hizo todo lo posible por rescatar a José Antonio, no mostró interés o estimó que era un estorbo en su permanencia en el poder al incluir una supuesta crítica a la evolución política de la zona nacional. Es más, estiman que el contenido de la entrevista pudo, según estos autores, encrespar la animadversión de Franco con respecto a José Antonio. Eso sí, suelen obviar que Allen incluyó la preocupación, el mal presagio, que por José Antonio le había trasladado Franco[44].
El encuentro con José Antonio en la prisión tuvo lugar el 2 o el 3 de octubre, Franco acababa de ser nombrado Jefe del Estado. El artículo de Allen fue publicado, tal y como reveló en su investigación Ian Gibson, en el Chicago Daily Tribune el 9 de octubre, y con algunas diferencias en una nueva versión incluida el día 24 en el News Chronicle[45]. Retengamos las fechas.
Según Gibson, de la primera versión nunca se tuvo noticia en España; de la segunda fueron recogidos numerosos párrafos en la prensa de la época unos días más tarde[46]. ¿Cuándo? Es posible que desde Londres se hiciera llegar a la España nacional alguna copia del texto en los días siguientes, pero la agencia Febus no distribuyó un resumen en la zona frentepopulista hasta el día 6 de noviembre. Si es así, evidentemente, no pudieron influir en el ánimo de nadie con respecto al intento de rescate en Alicante que en esas fechas se estaba produciendo y menos aún condicionar a Franco. Los comentarios en la prensa frentepopulista no siempre fueron favorables y, en algún caso, la publicación sirvió para recordar que José Antonio continuaba con vida en Alicante.
Una vez publicados diversos párrafos del texto en la prensa republicana, es fácil que también llegara a conocimiento de las autoridades nacionales el total de la entrevista, aunque no sabemos cuándo. Pero tampoco influyó en la decisión de Franco de continuar adelante con las gestiones, ya que él mismo, como veremos, hará la última propuesta importante el 4 de noviembre cuando el texto debía ya ser conocido. Continuó apoyando las gestiones en marcha y confió en la gestión que los alemanes estaban realizando en Alicante; aunque sí es posible que pudiera tener algo que ver con la indicación atribuida a Franco de que, en caso de prosperar el rescate, se le mantuviera aislado hasta que se enviara a una persona para informarle directamente de la situación. En ningún caso, pese a algunas interpretaciones o a la curiosa forma con la que algunos analizan los textos, la entrevista supone una descalificación de Franco y, en cualquier caso, como el propio José Antonio expresa, cabría estimarlas como fruto del desconocimiento[47].
Por otro lado, resulta poco probable que en la zona nacional se diera una gran importancia al contenido de la entrevista, tanto por la consideración política del autor, como por la situación bélica que hacía pasar cualquier declaración o artículo por el tamiz de la propaganda[48]. Igualmente, si es que podía elevar algún resquemor a posterioridad, José Antonio, durante el juicio de noviembre, se encargó de desmentir algún párrafo que pudiera ser susceptible de ser interpretado contra Franco o el «movimiento»[49]; reiterando, además, tal como consta en el sumario del proceso, que sus declaraciones solo habían sido recogidas «con alguna fidelidad» y que la entrevista contenía numerosos disparates. Sus palabras exactas fueron: «Esa entrevista está llena de disparates»[50]. Se trata pues de un texto, que no es una entrevista, sino un artículo sobre el encuentro, que es repudiado públicamente por el propio José Antonio.
No son pocos los autores que al abordar la que sería la última entrevista concedida por José Antonio, prescinden, a la hora de interpretar correctamente lo que allí se dice, de dos claves insoslayables: primero, se trata de un artículo sobre una entrevista en tiempo de guerra publicada por un periodista izquierdista más que tendencioso, que no suele tener reparos a la hora de recurrir al invento; segundo, las palabras de José Antonio (pálido reflejo de lo que diría) están atravesadas por la necesidad de no quedar en una posición comprometida ante el juicio próximo a que se tenía que enfrentar. De hecho, estas declaraciones serían presentadas como prueba acusatoria en el juicio, aunque mal utilizadas por el fiscal.
Los extractos publicados en la España republicana ahondaron en la interpretación de que la posición de José Antonio era de crítica con respecto a Franco, a Gil Robles y al «movimiento», y algunos, que no leen con atención, han seguido a pies juntillas esta interpretación. ¿Qué decía exactamente José Antonio?
José Antonio probablemente decidió utilizar sus respuestas como un argumento más para su defensa. Por eso sostiene que su aislamiento en Alicante es la mejor prueba de que nada sabía del movimiento, lo que era muy relativamente cierto. El periodista, por otro lado, que aparentemente experimenta una cierta simpatía por José Antonio, al que conocía de antaño, no quiere agravar su situación con sus preguntas («su situación es muy seria. Lo menos que puedo hacer es no agravarla»), pero no tiene dudas a la hora de sugerir que la suerte del prisionero está sellada; lo que compensa con expresiones poco agradables («impacientes como perros cobradores»).
José Antonio está dispuesto a utilizar en su defensa, como coartada, para explicar que nada ha tenido que ver con el «movimiento», su constante oposición a Gil Robles, al «bienio estúpido» y a las posiciones de la derecha, lo que por otro lado no era nada nuevo. En la entrevista sostiene esa línea argumental. La opinión que vierte sobre el líder de la CEDA era muy similar a la que tenían no pocos españoles entre las filas de los nacionales: «Gil Robles tiene la culpa de todo por no hacer nada cuando pudo hacerlo». Por otro lado, José Antonio buscó en la entrevista noticias sobre la situación real de la guerra. Lo que Allen aprovecha para tenderle varias trampas dialécticas.
Es evidente que el periodista desea que José Antonio se pronuncie contra Franco, lo que además podía convenirle. ¿Era esa la intención de quienes le habían autorizado?[51] José Antonio no solo lo esquiva, sino que además cada vez que Allen le tiende la trampa dialéctica, la condena por elevación, pese a lo disparatado de algunas preguntas, le dice que no es verdad. Dos veces lo repite. Jay Allen insiste a la hora de decirle que el «movimiento» no es más que la unión de las fuerzas reaccionarias, de aquellos que van a restaurar la política antigua, por lo que sus muchachos están siendo utilizados. Y José Antonio repite: «diría que no es verdad».
«–¿Qué diría usted si le dijese que, a mi juicio, el movimiento del general Franco se hubiera desmandado y que, fuera cual fuera su propósito inicial, representa ahora sencillamente a la vieja España que lucha por sus privilegios perdidos?
–Yo no sé nada. Espero que no sea verdad, pero si lo es, es un error[52].
–¿Y si yo le dijese que sus muchachos están combatiendo codo a codo con mercenarios al servicio de los terratenientes?
–Diría que no es verdad […] Recuerde mi actitud firme, y de mis discursos en las Cortes. Usted sabe que yo decía que si la derecha, después de octubre, seguía con su negativa política represiva, Azaña volvería al poder en poquísimo tiempo, y así ha sido. Pasa lo mismo ahora. Si esto es simplemente para retrasar el reloj, están equivocados. No podrán controlar España simplemente. Yo representaba otra cosa, algo positivo […] Yo espero y creo que lo que usted dice no es verdad. Pero no olvide que después de mi encarcelamiento no tenían líderes, y no olvide usted que ellos y otras muchas personas fueron empujados a la violencia por la política de provocación de Casares.
–¿Qué diría usted si le dijese que Franco, un patriota nacionalista, había traído aquí a alemanes e italianos, prometiendo entregar territorio español –Mallorca a los italianos y las islas Canarias a los alemanes–, y que había llevado a Europa más cerca que nunca de la guerra?[53]
–¡Diría que no es verdad!, –contestó bruscamente–»[54].
Solo podemos encontrar un aparente reproche a Franco cuando le dice que el general le dijo que «el Fascismo Español no se puede comparar con otros fascismos, sino que es simplemente una defensa de la Iglesia». A lo que José Antonio «molesto», repuso: «el problema con todos los españoles es que no dedicarán diez minutos de su tiempo a hacer una estimación objetiva de las personas o de las cosas. Probaré…». Pero Allen corta a José Antonio, o prefiere no transcribir lo que dijo, para poner fin a la charla porque se tenía que ir para tomar un avión.
José Antonio aprovecha estas preguntas para explicar su posición a favor de la justicia social. Recurso que también utilizará en su defensa ante el Tribunal Especial Popular en noviembre. Con sus declaraciones trata de separarse de las derechas y, probablemente, de dar algunas instrucciones políticas para sus seguidores.
Para Primo de Rivera si no se acomete la labor de renovación que España demanda, la situación volverá a ser la misma, «si lo que hacen es simplemente para retrasar el reloj, están equivocados. No podrán controlar España […] Yo representaba otra cosa, algo positivo. Usted ha leído mi programa de sindicalismo nacional, reforma agraria y todo aquello». Pero, «yo no sé nada. Ni sé si estaré incluido en el nuevo Gobierno, si ganamos… Yo sí sé que, si este movimiento gana y resulta que no es más que reacción, entonces retiraré a mi Falange y yo… ¡volveré probablemente a estar aquí, o en otra cárcel, dentro de pocos meses!». Estas frases, que podrían interpretarse como expresión de su deseo de transmitir una última orden a sus hombres, nunca fueron censuradas en España desde su publicación en 1939. Ahora bien, subrayemos que en el artículo original Allen nos indica el tema sobre el que estaban hablando y que hace más compresibles las palabras reproducidas de José Antonio: «la forma en que Franco puede fracasar. José dice que no basta la reacción».
La prensa republicana destacó precisamente aquella parte en la que, en realidad, José Antonio expresaba que no creía que lo que se le decía sobre Franco y la zona nacional fuera verdad. Vemos, por ejemplo, lo reproducido en el órgano de expresión del POUM, el diario La Batalla que se corresponde con lo distribuido a la prensa y reproducido con mayor o menor extensión el día 6 de noviembre[55]:
«Acerca de Gil Robles ha dicho Primo de Rivera que merece el desprecio de todos, pues durante dos años pudo hacer todo por España y no hizo nada.
No cree que el movimiento del general Franco haya degenerado y que represente a la vieja España luchando por los privilegios, pero si así fuera, a su juicio, sería un error imperdonable. Tampoco cree que los falangistas luchen al lado de mercenarios a sueldo de los grandes terratenientes.
Usted recordará algunos de mis discursos en las Cortes –dijo Primo de Rivera al periodista–. Y recuerde que decía que si después de la victoria electoral del 36, nos estacionábamos en una política partidista, España no tardaría en sufrir las consecuencias y no avanzaría. Pues lo mismo ocurriría ahora si Franco no se da cuenta de las realidades. Usted conoce mi programa de sindicalismo nacional y de Reforma Agraria.
–¿Qué diría usted si Franco hubiera requerido el concurso de alemanes e italianos a cuenta de concesiones contrarias a los intereses de España y que ante su actitud se halle el grave peligro de una guerra europea?
–Considero que eso no puede ser cierto. En el fondo ignoro lo que pasará. No sé si formaré parte del nuevo gobierno. Lo único que sé es que si el movimiento de Franco solo ha de servir a la ambición, Falange y yo nos retiraremos y por lo que a mi concierne volveré probablemente a esta cárcel. A esta o a otra en el término de algunos meses»[56].
Por otro lado, Nuestra Lucha. Portavoz de la Unidad Obrera, de las JSU de Murcia, resumía: «Las cosas pintorescas que, según un periódico inglés, dice ahora Primo de Rivera».
La realidad es que en lo teórico poco diferían algunas de las afirmaciones de José Antonio con lo que el Generalísimo había dicho en algunos discursos. Una y otra vez repite que su movimiento no viene a restaurar el pasado y que su horizonte es la justicia social. Ese era el discurso de Franco en octubre-noviembre de 1936 que, lógicamente, José Antonio desconocía el 3 de octubre.
Por si alguna duda quedase sobre el pensamiento de José Antonio con respecto a quienes dirigen el movimiento a partir de la entrevista del periodista Allen, queda su testimonio ante el Tribunal. Compareció como testigo José González Prieto, vocal de la Comisión de Orden Público, y en el interrogatorio José Antonio aprovechó para precisar: «lo que dije es que si el movimiento tuviera por objeto el restablecimiento de una política reaccionaria, de privilegiados, etc., que no solo no hubiera tomado parte en el sino que estaba en contra. Y también dije que si el resultado de este movimiento, del que carecía de noticias porque estaba incomunicado, al triunfar, consistiera en la implantación de ese género de cosas y a la vuelta de esos usos políticos, yo volvería, probablemente a la cárcel». En su alegación, José Antonio hizo referencia a determinadas parte del artículo de Allen: «me hizo declarar mi punto de vista sobre esa rebelión. Me dijo: se han unido todas las fuerzas antiguas. Si es así, le dije que yo estaba en contra del movimiento. No creo que el Ejército se haya sublevado para restaurar la política antigua. Si lo hubiera hecho no creo que algunos de los que figuran se hubiera adherido, pero ello sería la razón para que volviese pronto el régimen de izquierdas»:
«Mis declaraciones al yanky, al periodista americano […] Le hago unas declaraciones que reproduce con mediana regularidad. Inserta un párrafo que no le dije y que podía en estos momentos haberlo dicho o decir que lo dijera; el párrafo es este: “Yo no hubiese tolerado que estuviese Falange Española combatiendo don los mercenarios y fuerzas traídas de fuera”. Me convenía haber pronunciado esa frase.
Pues bien, yo no la pronuncié. Son fuerzas que han luchado por España en África, vertiendo su sangre y no puedo menospreciarlas».
No pareció quedar contento José Antonio con la explicación, por lo que decidió ahondar en la cuestión en su testamento. Es la última orden a sus hombres. Y en ella se contenía aquel párrafo que comenzaba diciendo: «yo no puedo injuriar a unas fuerzas militares que han prestado a España en África, heroicos servicios» y esas eran las fuerzas que en el proyecto de golpe diseñado por Mola correspondía dirigir al general Francisco Franco:
«Otro extremo me queda por rectificar: el aislamiento absoluto de toda comunicación en que vivo desde poco después de iniciarse los sucesos, sólo fue roto por un periodista norteamericano que, con permiso de las autoridades de aquí, me pidió unas declaraciones a primeros de octubre. Hasta que hace cinco o seis días conocí el sumario instruido contra mí, no he tenido noticia de las declaraciones que se me achacaban, porque ni los periódicos que las trajeron, ni ningún otro, me eran asequibles. Al leerlas, ahora, declaro que entre distintos párrafos que se dan como míos, hay uno que rechazo del todo: el que afea a mis Camaradas de la Falange de cooperar en el movimiento insurreccional con «mercenarios traídos de fuera». Jamás he dicho nada semejante: y ayer lo declaré rotundamente ante el Tribunal, (aunque el declararlo no me favoreciera). Yo no puedo injuriar a unas fuerzas militares que han prestado a España en África, heroicos servicios. Ni puedo desde aquí lanzar reproches a unos camaradas que ignoro si están ahora sabia o erróneamente dirigidos, pero que a buen seguro tratan de interpretar de la mejor fe, pese a la incomunicación que nos separa, mis consignas y doctrina de siempre. Dios haga que su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada en otro servicio que el de la gran España que sueña la Falange».
Cuando Allen salió de la cárcel, los miembros del Comité le confirmaron que José Antonio sería sometido a juicio. Con buen criterio, al escribir la crónica, publicada a fin de mes, estimó que no sería un juicio a Primo de Rivera, sino al «Fascismo español», y en esa situación era «imposible imaginar cualquier circunstancia que salve a este joven».
Mercedes Formica piensa en Negrín
Aunque muchos de los posibles intentos de rescate/liberación del fundador de la Falange no han pasado de ser rumores de la época o ensoñaciones posteriores, muy habituales por otra parte en los testimonios personales, o, simplemente, fueron el resultado de meras conjeturas en los ámbitos falangistas, algunas propuestas que no prosperaron no estaban exentas de posibilidades.
Mercedes Formica, en sus memorias, habla de uno de estos proyectos de canje que no tuvieron acogida y por lo tanto no se llevaron a la práctica. Cierto es que su relato adolece de errores que indican que no indagó sobre sus recuerdos para corregir los «rumores de guerra».
Refiere la dirigente de la Sección Femenina cómo, entre las rehenes que estaban bajo la autoridad de Queipo de Llano, es de suponer que para proponer canjes de forma autónoma, se encontraba la actriz Rosita Díaz Gimeno. Según el relato de la destacada falangista, el doctor Negrín estaba «enamoradísimo» de ella, por lo que se buscaría establecer un contacto con él para proponer su canje por José Antonio recurriendo a Manuel Altolaguirre. Se reforzaría la propuesta con Esther Casares Quiroga, hija natural del expresidente de la República Santiago Casares Quiroga, que estaba detenida entonces en El Ferrol o en Coruña.
El nombre de la actriz pudiera hoy no decir nada, pero en 1936 era una de las grandes estrellas de la pantalla. Se encontraba al mismo nivel que Imperio Argentina y, como ella, había trabajado en Hollywood contratada por la FOX. Había protagonizado cintas muy populares como La Dolorosa, Susana tiene un secreto y la versión para la pantalla de Angelina o el honor de un brigadier. Desde el punto de vista de la fama tenía sentido el ofrecimiento, aunque en sus memorias Mercedes Formica alega que la propuesta se hizo por otra razón: porque el doctor Negrín, en ese momento ministro de Hacienda, estaba enamoradísimo de ella. No es cierto, Mercedes Formica recoge el rumor que corrió en Córdoba y Sevilla tras su detención, pero no comprobó para sus memorias la veracidad de la historia. Quien estaba enamoradísimo de ella era el hijo del ministro, que tenía el mismo nombre, que era su novio y con quien se casaría en 1939. La actriz se encontraba en Andalucía rodando El genio alegre al estallar la sublevación militar. Trascurridas algunas semanas fue detenida en Córdoba, al parecer tras ser interceptada una llamada de su novio, Juan Negrín (hijo), junto con otros componentes del rodaje. Rosita era la actriz favorita de Enrique Jardiel Poncela y tenía amistad con Edgar Neville. Aunque los datos son imprecisos parece que por la situación de la actriz se interesaron artistas o representantes del cine americano, por lo que fue especialmente protegida. Además, Queipo debió tomar buena nota, ya que no se quería que se produjera un nuevo caso como el de García Lorca. En mayo de 1937, probablemente con la intervención directa de Serrano Suñer, fue canjeada o puesta en libertad[57]. Todo se hizo con cierta discreción ya que, al no tener noticias sobre ella, la prensa frentepopulista llegó a publicar que había sido fusilada en Sevilla[58].
Teniendo presente el significado de ambas mujeres no era un despropósito, aunque Negrín, en octubre no tenía el peso político que después alcanzaría. Si se tiene presente que, en esos momentos, aún se planteaba el canje de José Antonio por el hijo de Largo Caballero, una propuesta como esta implicaría tanto a Manuel Azaña, por su proximidad con Casares Quiroga, como a Indalecio Prieto por su amistad con Negrín.
Mercedes Formica no indica en sus memorias a quién planteó esta opción. Según sus palabras esta «idea fue considerada frívola y, a cambio, salió para Alicante Pedro Gamero del Castillo». Y Gamero iba a participar en el nuevo intento en Alicante que se inició a principios de octubre de 1936. No es difícil estimar que, sin éxito, debieron llevar su plan a Hedilla o a Aznar[59].
El general Asensio Torrado
Como en el proyecto anterior, otras vías de canje han quedado en la nebulosa de la falta de concreción o datos aunque tengamos, como en esta ocasión, alguna certeza de que en algún momento estuvo encima de la mesa en una de las zonas o en ambas.
El coronel Asensio Torrado, que en la primavera de 1936 se aproximó a la UMRA, se había convertido en una de las figuras militares de la zona republicana. Partidario de la entrega de armas a las milicias fue quien dirigió el asalto al Cuartel de la Montaña en Madrid. El 18 de julio estaba de vacaciones en San Rafael y al producirse la sublevación volvió a Madrid. Inmediatamente, al frente de fuerzas, fue enviado a Málaga para dirigir el avance para recuperar Granada. Se le ordenó volver a la capital para asumir el mando de las columnas que intentaban recuperar el alto el León y abrir Guadarrama.
El coronel Torrado conocía a Franco desde la niñez, pues ambos eran de Ferrol, había estado con él en la academia preparatoria de Suanzes, luego en la Academia de Toledo y en África (estuvo bajo las órdenes de Franco en el desembarco de Alhucemas)[60].
Si seguimos su biografía durante la guerra estuvo prácticamente en campaña permanente hasta octubre de 1936. Largo Caballero le ascendió a general de brigada, asumiendo el mando del Teatro de Operaciones del Centro, su primer objetivo fue acabar con la resistencia enemiga en el Alcázar de Toledo. Sin lograr la toma de la fortaleza se le confía la operación para recuperar Talavera de la Reina y acabar con el avance de las columnas de Franco. El general Asensio Torrado, diplomado de Estado Mayor, solo pudo plantear una batalla defensiva frente a las tropas mandadas por Yagüe. Su derrota permitió el avance sobre Maqueda y Torrijos. Decidió enfrentarse otra vez a las columnas de Franco manteniendo una línea defensiva ante Toledo, aferrado al río, y maniobrar hacia Maqueda. Nuevamente fue derrotado. Esto provocó su sustitución, decidiendo Largo Caballero nombrarle subsecretario para aprovechar sus cualidades en la forja del nuevo Ejército Popular.
Era importante esta digresión porque probablemente fue en esta posición cuando Asensio Torrado, a finales de septiembre o principios de octubre, fiando quizás en su vieja relación con Franco, pudo plantear la posibilidad de intentar canjear a su hijo por José Antonio Primo de Rivera[61]. En esas fechas el Partido Comunista, que había intentado atraerlo, ya lo tenía señalado como uno de sus enemigos políticos en el entorno de Largo Caballero, desde septiembre era públicamente calificado como el «general de las derrotas». Es probable que Asensio Torrado planteara esta petición al presidente del gobierno quien confiaba en él, ya que en realidad carecía de autoridad para realizar tal proyecto y este desechara la propuesta, dado que tampoco aceptó el canje por su hijo que en esos días estaba planteado. Es posible que también sea un rastro de las opciones que se barajaran cuando se habló de una propuesta de Prieto de canjear a José Antonio por varios millones de pesetas y una serie de rehenes. También pudiera esta en relación con la propuesta que se hizo llegar de canje por el hijo de Largo Caballero y los rehenes que se señalaran.
No existe constancia alguna de que fuera un planteamiento, como en el caso del hijo de Largo Caballero, hecho desde la zona nacional o desde los ámbitos falangistas[62].
Hacia Alicante con la aprobación de Franco
El 6 de octubre se reúne en Sevilla la Junta de Mando Provisional de FE de las JONS. A la misma acuden Agustín Aznar y Rafael Garcerán que informan de lo sucedido en Alicante. Solo están presentes Manuel Hedilla, José Moreno, Sancho Dávila, Jesús Muro, Andrés Redondo y Francisco Bravo. El jefe de la primera línea plantea que sea la Falange quien organice una operación autónoma contratando un barco, pero por cómo se desarrollaron los acontecimientos se debió acordar informar a Franco. Hedilla ya había tenido su apoyo para la gestión de un canje por 6 millones de pesetas y 30 rehenes. La Junta de Mando acordó también, como se recogió en la prensa, «por unanimidad y con todo entusiasmo, comunicar al general Franco que la organización le prestará su máxima asistencia para lograr el pronto término de la guerra. La victoria sobre los rojos y la favorable solución para el país, de todos los problemas que hay planteados»[63].
En la segunda semana de octubre Aznar informó directamente a Franco sobre lo sucedido en Alicante: de la colaboración de von Knobloch que ahora está en la zona nacional; de la oposición de la representación diplomática alemana en la ciudad que no quiere comprometerse («insidiosa y miserable» la juzga Aznar ante Franco). Del testimonio de Aznar sobre la entrevista es fácil deducir que había llegado a la conclusión de que la vía con posibilidades de éxito pasaba por lanzar una operación sobre Alicante, indicándole que durante la acción el contacto que había conseguido, el oficial de la prisión, evitaría que José Antonio fuera asesinado. Es más que probable que tanto Aznar como Franco estimaran que era muy difícil conseguir un canje, dados los sucesivos fracasos, ya que se trataba de la gran figura política de los nacionales que estaba en manos del gobierno del Frente Popular. El valor de José Antonio para el Frente Popular se incrementaba día a día, a la vez que en la zona nacional se producía la expansión de la Falange. De esto, ambos eran conscientes.
Por otro lado, lo que Aznar ignoraba es que en Alicante las gestiones alemanas, de forma autónoma o con comunicación con Franco a través de Warlimont, continuaban bajo la premisa de conseguir que el prisionero les fuera entregado merced al soborno de los anarquistas. José Antonio saldría en uno de sus barcos o en el navío argentino que realizaba este tipo de viajes con evadidos. Los agentes alemanes contactaron con el grupo anarquista Alpha encargado de la vigilancia externa de la prisión.
Opinión distinta, dada su experiencia en Alicante, era la sostenida por von Knobloch que creía posible alcanzar un acuerdo, aunque fuera a espaldas de la embajada alemana, retornando a la ciudad levantina. El cónsul utilizó sus recursos para recurrir a los hombres de Warlimont. Ahora el mando de las unidades navales en España, a diferencia de la primera vez, estaba nuevamente en manos del vicealmirante Rolf Hans Wilhem Karls Carls[64].
Dos operaciones superpuestas, con la autorización y colaboración del Generalísimo, se van a poner en marcha: una implica negociar con las autoridades republicanas en Alicante (Knobloch); otra, lanzar una operación militar (Aznar). Si la primera no progresaba, se lanzaría la segunda en breve espacio de tiempo. Nuevamente el camino es conseguir el apoyo de Franco. Aznar y von Knobloch debieron visitar a Franco en Salamanca entre el 6 y el 9 de octubre.
Von Knobloch plantea a Franco el soborno del gobernador civil de Alicante, Francisco Valdés[65]. El intermediario que permitiría llegar hasta él sería el consignatario de la naviera Ybarra, Gabriel Ravello, familia política de la mujer de Nicolás Franco, entonces con un papel importantísimo en el Cuartel General de su hermano, pero distante con respecto a los falangistas.
No sabemos quién contactó con Ravello, si fue el propio von Knobloch o Nicolás Franco, pero pese a su edad decidió sumarse a aquella operación; Pedro Gamero del Castillo[66], por designación de Agustín Aznar, sería el representante de la Falange en la expedición[67]. Muchos años después, Agustín Castejón, dirigente del Frente de Juventudes y gobernador civil, preguntó, en confianza, a Gamero del Castillo por la posición de Franco con respecto a los intentos de rescate manifestando que para él «brindó su colaboración sin cortapisas»: «Yo traté a Pedro y una vez le pregunté por su participación en los intentos de rescate y la posición de Franco. Gamero me comentó que Franco le preguntó si tendría con el dinero enviado indicando que si se necesitaba más se le pidiera»[68].
Los tres irían a Alicante como agentes de Franco, comprometiéndose este a enviar el dinero que fuera necesario. Entre 3 y 4 millones de pesetas (cerca de 9 millones de euros actuales) según las fuentes, saldrán del Banco de España para apoyar estas gestiones. Naturalmente necesitaban el concurso de los barcos alemanes y de la representación diplomática en Alicante. La presencia de von Knobloch es un inconveniente: ni la marina ni la representación alemana le quieren en Alicante. Según la documentación analizada por Ángel Viñas, el vicealmirante, consideraba que el soborno de la FAI era el mejor camino («parecía la única posible», anota el alto mando de la marina alemana), que es lo que estaba haciendo la representación diplomática en Alicante, por lo que paralizó la salida del Albatros con Knobloch, Ravello y Gamero del Castillo.
Los sucesivos cruces de telegramas entre Walter Warlimont, von Knoblock y el vicealmirante Carls, indican que al ser una misión aprobada por Franco había que aceptarla. El alto mando de la marina alemana la refrendó en los mismos términos que en septiembre en concordancia con lo dispuesto por la Wilhelmstrasse: decidir sobre el terreno sin comprometer. El lunes 12 de octubre un nuevo navío alemán, el torpedero Luchs, aguardaba en Algeciras[69]. Un nuevo problema surge cuando el comandante del navío se niega a embarcar a Ravello y a Gamero del Castillo por ser españoles, Knobloch protesta, ellos forman parte de una misión apoyada por Franco. Ciertamente, la operación no había empezado con buen pie.
El Luchs llega a las aguas alicantinas el martes 13 de octubre. Sus pasajeros son transferidos a un buque cisterna alemán, el Hansa. Tanto Pedro Gamero del Castillo como Gabriel Ravello son inmediatamente marginados. Von Knobloch va a entrevistarse con el vicealmirante Rolf Carls en el acorazado Deutschland en presencia del consejero de la representación diplomática Karl Schwendemann. Knobloch les explica que vienen a tratar de sobornar al gobernador civil, para ello se entrevistarían con él aprovechando cualquier visita protocolaria al Deutschland o al crucero argentino ARA 25 de Mayo. Si en tres días no se consigue nada se lanzaría una operación militar nacional, lo que concuerda con las fechas que Aznar indica en su informe con respecto a la operación de desembarco. La documentación de la marina alemana extractada por Viñas confirma que la operación estaba apoyada por el mando nacional pues habla de un «cuerpo de desembarque español trasladado en barco con el apoyo de dos cruceros nacionales».
La directa explicación de von Knobloch no hace más que despertar los impedimentos. Es evidente que tanto el comandante en jefe alemán como la embajada actúan en concordancia. Mantienen que lo prioritario es la línea de actuación que ellos llevan intentando sobornar a la FAI para lo que piden más dinero (petición que llegará a Warlimont y gestionará con Franco); descartan el intento de soborno del gobernador que les comprometería y aunque no niegan el posible éxito de una acción de fuerza estiman que José Antonio podría ser asesinado. El vicealmirante Carls prohíbe a von Knobloch bajar a tierra y realizar cualquier contacto. Solo si fracasan las gestiones de soborno, valorarán la situación y llegado el caso estarían dispuestos a «participar activamente en el golpe de mano». Lo que significaba que la gestión de Knobloch, Ravello y Gamero del Castillo, por decisión alemana quedaba aplazada. ¿Fue informado Franco por Warlimont de esta decisión?
En una línea similar se va a pronunciar la embajada: primero, juzga inviable el soborno del gobernador civil; segundo, estima que la acción de fuerza «ofrece escasa garantía de sacar al prisionero con vida»; tercero, entiende que lo más conveniente es seguir con los «esfuerzos iniciados por la embajada» y solo si no se tiene éxito, reconsiderar la «liberación por la fuerza, a realizar únicamente por españoles». Tras la reunión en el Deutschland, el viernes 16 de octubre, el doctor Völckers remite un largo telegrama informando de la situación pidiendo a Exteriores instrucciones. En el texto se hace evidente, una vez más, la oposición del encargado de negocios a la propuesta de los enviados de Franco, por lo que pide instrucciones que le permiten dilatar las gestiones[70]:
«Del encargado de Negocios en España al Ministerio de Asuntos Exteriores.
Ganz Geheim!
Telegrama n.º 441 del 16 de octubre.
Alicante, 17 octubre, 1936
Recibido octubre 17- 10:00 horas. Pol. I 3125 g.
Para el Subsecretario de Asuntos Exteriores personalmente
El 13 de octubre pasado, el funcionario Knobloch, cónsul accidental, vino a vernos acompañado de dos españoles. Nos dijo que, de acuerdo con Franco, estaba autoriza- do por el Partido Fascista Español para celebrar una entrevista secreta con el gobernador de aquella provincia, en un barco alemán o argentino, situado en el puerto y a ofrecerle una muy importante (ilimitada) cantidad de dinero[71] para asegurar la salida de la cárcel del jefe fascista Primo de Rivera y sus amigos[72]. Si en el plazo de cuatro días no se llega a una solución, se habla de una acción militar de más envergadura; una expedición de 1.000 fascistas llegaría en barcos mercantes, protegida por dos cruceros blancos, para intentar el rescate. Esta acción ya estaba preparada.
Antes de la llegada de Knobloch, la Embajada alemana en la España republicana ya se había puesto al habla con el grupo anarquista Alpha que es el que vigila más de cerca la cárcel en que está preso José Antonio sin lograr resultado alguno.
A bordo del acorazado de bolsillo Deutschland, se celebraron reuniones entre Knobloch y técnicos alemanes para ver hasta qué punto eran posibles sus proposiciones, revelándose faltas de realismo. El almirante Carls, quien actuaba siguiendo instrucciones de la OKM, para tomar una decisión, de acuerdo con el Ministerio de Asuntos Exteriores, adoptó, con mi acuerdo, las siguientes resoluciones:
1º) La posibilidad de entendimiento a través del soborno con el gobernador parece condenada al fracaso dada su posición izquierdista; además, no puede liberar al prisionero sin la colaboración de los anarquistas que vigilan a José Antonio Primo de Rivera, tanto en el interior como fuera de la cárcel. Sin su concurso no hay seguridad de que se pueda sacar con vida al preso y tal tentativa llevaría a la muerte del prisionero.
2º) Una acción armada de mayor envergadura, llevada a cabo con la debida preparación y ejecución, ofrecería, teóricamente, mayores posibilidades de éxito, pero nunca podría asegurar la vida de Primo de Rivera. El prisionero cuenta con una guardia especialmente escogida formada por anarquistas dentro de la cárcel.
3º) Teniendo presente lo anterior, lo más adecuado es que la Embajada alemana continúe las negociaciones en curso sobre la libertad del prisionero; sólo si fracasan totalmente cabrá pensar en una acción de fuerza, llevada a cabo en exclusiva por españoles. Knobloch tiene otro plan relacionado con los italianos a través de Serisi. Se trataría de dar nacionalidad italiana a Primo de Rivera y de pedir después su extradición a Italia. Pero este plan pondría también en peligro la vida del prisionero, pues la guardia anarquista no le dejaría salir vivo de la prisión.
Knobloch insiste sobre la necesidad de la liberación de Primo de Rivera, según él es una cuestión vital para el fascismo español, ya que es el único capaz de hacer en España una auténtica revolución nacionalsocialista, durante la guerra civil, pues de otro modo, después de la victoria, los elementos reaccionarios, tales como el movimiento clerical-militar (kirchen-militär) y los carlistas, impedirían a Franco la ejecución de su programa. Ésta es la opinión que prevalece en los altos círculos del partido en Alemania.
El almirante Carls se opone a plan alguno de este tipo antes de la victoria, porque la pondrían en peligro. Los planes presentados no le ofrecían confianza alguna. Por otro lado, ni él ni la Embajada alemana habían recibido instrucciones oficiales sobre el asunto. Yo adopté la misma actitud. Llamo la atención sobre el hecho que los planes de Knobloch, quien no puede desembarcar y quiere valerse de los servicios de la Embajada, de llevarse a efecto, arriesgarían el trabajo de ésta aún de realizarse satisfactoriamente. Un intento de liberación por la fuerza haría dudosa la permanencia de la Embajada en Alicante[73].
Solicito instrucciones sobre:
1.Si el supuesto plan para una Revolución Nacional Socialista cuenta con el apoyo de los departamentos autorizados para ello[74].
2.Si la liberación de Primo de Rivera es tan importante que debe dársele prioridad sobre el trabajo de la embajada[75].
Völckers».
La Wilhelmstrasse, en líneas generales, apoyó aquello en que ambas tesis coincidían. Los emisarios de Franco quedaban pues marginados de la operación por decisión de Berlín[76]. Alguna variación sobre los hechos ofrece los sucesivos testimonios de von Knobloch, ya que según sus palabras el jefe de las unidades navales germanas se mostraría favorable a intentar el golpe de mano, estando dispuesto incluso a enviar lanchas a la playa, lo que no parece corroborarse en los documentos utilizados por Viñas, pero sí parece estar en consonancia con unos supuestos planes alemanes de acción de comandos que desactivaban el plan español[77].
Consciente de lo poco que puede hacer, probablemente, von Knobloch consultó con Gamero del Castillo y Ravello. Según su testimonio dieron un plazo de ocho días a la embajada para continuar con las gestiones[78]. Lo que concuerda con la segunda fecha conocida para la puesta en marcha de la operación española de comandos fijada ahora para el 21.
El representante militar alemán ante Franco, teniente coronel de Estado Mayor Walter Warlimont, es también informado de la decisión adoptada. La Marina germana pide ahora el envío de más dinero. Es evidente que Warlimont habló con Franco. La entrevista pudo tener lugar a partir del 17 de octubre. Parece lógico pensar que Warlimont le explicara las condiciones que para colaborar ponían tanto la embajada como la Marina, que implicaban la postergación de la acción de fuerza hasta la resolución de los intentos de soborno que se estaban llevando a cabo. No es probable que Franco quedara contento con las objeciones que se ponían a una operación que él había apoyado, pero tenía que escuchar los deseos alemanes porque necesitaba que bloquearan la llegada de los suministros soviéticos por el Mediterráneo.
Lo que sí es evidente es que Franco autoriza el envío de más dinero tal y como le han pedido. Un barco alemán llevará el dinero hasta Alicante. Al Albatros se subirán las sacas del dinero. Según Viñas se reunirán en Alicante tres millones, otras fuentes (Sancho Dávila) hablarán de cuatro millones. El domingo 18, la embajada ha comunicado que cuentan con alguien que está dispuesto a sacar a José Antonio y su familia por colaboración y tres millones de pesetas. En total, Franco ha autorizado, hasta esa fecha, por un lado el gasto de seis millones de pesetas que le han pedido para la gestión con Prieto, y otros tres o cuatro millones para el soborno en Alicante. Mucho dinero cuando los fondos eran aún escasos y el papel se necesitaba para pagar a las tropas.
El lunes 19 de octubre el teniente coronel Walter Warlimont transmite al vicealmirante un telegrama. Es, evidentemente, la contestación a la petición de instrucciones hecha por la flota y la embajada tras conocer la propuesta de von Knobloch. Según Viñas este telegrama contiene una serie de «deseos de Franco que parecen contradecir algunas de las gestiones hasta entonces realizadas». ¿Estaba Franco, como podría deducirse, dispuesto a ordenar la acción inmediata sobre Alicante? ¿Warlimont le insistió en las prevenciones expresadas por el jefe de la flota alemana aceptando que podía ser la solución, pero temiendo por la vida de José Antonio? Estamos hablando del telegrama, no reproducido por Viñas, sino solo extractado, que mal leído y peor interpretado se exhibe como prueba definitiva del torpedeamiento de Franco de los intentos de rescate de José Antonio.
Viñas, reiteramos, no nos ha brindado la traducción íntegra de un texto fundamental, se limita a enumerar esos «deseos» que según él mismo anota «parecían contradecir algunas de las gestiones hasta entonces realizadas»:
«en primer lugar, que se intentase rescatar a José Antonio sin dar dinero, que no se comprometieran (blamage vermeiden), que no se hiciera ningún adelanto, que si se entregaba el dinero fuera a cambio de la persona, que no se hiciera ningún pago en tierra, que se tuviera cuidado con la identidad de la persona entregada, que no había por el momento más dinero disponible, que en la medida de lo posible se regateara el precio y, lo que es más significativo, que no interviniera el cónsul von Knobloch»[79].
La propia relación ya hace estimar posible que no todos fueran «deseos» de Franco, siendo difícil sostener que ellos fueran encaminados a boicotear la liberación del prisionero de Alicante. Ángel Viñas duda.
Es evidente que trata de forzar los datos, dando cierta base a la leyenda de la oposición al rescate. Ignora los otros proyectos en marcha en esas fechas (acción de fuerza, gestiones en París…) al no engarzarlos convenientemente en su relato. A pesar de todo, Viñas tiene que admitir que «no se oponían a la operación». Y si no se oponían ¿en qué queda el torpedeamiento? Quienes exhiben este documento para fundamentar la oposición de Franco al rescate suelen ocultar dos hechos: primero, que en ningún momento suponen los supuestos «deseos» una cancelación de la operación en marcha; segundo, que el 4 de noviembre, es el propio Franco quien, como veremos, insistirá en que se utilice el dinero que está en Alicante para intentar un nuevo soborno a instancias suyas.
Si reflexionamos detenidamente sobre los supuestos «deseos» de Franco, lo primero que salta a la vista es la aparente contradicción interna que presentan si se evalúan de forma conjunta. El historiador debe leerlos en correlación tanto a las circunstancias como a las propuestas que se están barajando: soborno de la FAI (embajada y mandos de la flota); soborno del gobernador civil (propuesta avalada por Franco); operación de desembarco (Franco); papel de los emisarios de Franco (no se les deja intervenir) y de los alemanes. El críptico lenguaje de este tipo de documentos militares, donde la brevedad es importante, se presta fácilmente a la confusión.
Leyendo en este marco la aportación de Viñas, la primera duda razonable que tiene el historiador es si todos son realmente «deseos de Franco» o el teniente coronel Warlimont traslada, incluyendo algunas instrucciones de su cosecha, los resultados de su conversación con el general español. Analicemos los «deseos» con detenimiento. Los dos primeros parecen formar un bloque:
–El primero de los «deseos» es que se intente el rescate sin dar dinero, pero Franco, al mismo tiempo, ha autorizado el envío de dos o tres millones de pesetas más. ¿Cómo se puede intentar el rescate sin dar dinero? La única traducción posible de estas palabras, que no es frustrar la operación, sería la autorización para poner en marcha la acción de fuerza. Viñas supone que el golpe de mano se encontraba desechado en la zona nacional el 19 de octubre, pero como veremos es en esas fechas cuando todo está preparado para actuar. ¿Es posible que con la decisión de seguir adelante con la operación de comandos que se infiere de este «deseo» Franco intente presionar a los alemanes para que colaboren?
–El segundo «deseo» habla de no comprometerse, pero el texto no dice quién no debe comprometerse o a qué no debían comprometerse. Se debe suponer que se refiere a los alemanes y puede interpretarse como que no debían participar en la acción bélica que parece autorizar lo anterior. Pero también conviene recordar que quienes insisten, una y otra vez, en la necesidad de no comprometerse son las autoridades alemanas. Situación de la que Warlimont era plenamente consciente. Franco se limitaría a ceder avalando esta decisión, pero en todo caso puede suponer que su orden es que la negociación la realicen los enviados españoles y no los alemanes.
El segundo bloque del mensaje, siguiendo el extracto que hace Viñas, que podría entrar en contradicción con lo anterior, está constituido por una serie de recomendaciones para la negociación, y supone la aprobación implícita para las gestiones de soborno para las que se ha enviado más dinero, ¿tal y como las proponen los alemanes o como las que proponen sus enviados? Por otro lado, anula cualquier interpretación del primer deseo en el sentido de no pagar el rescate, ya que ahora se habla de condiciones para el pago.
Las mayores «suspicacias» con respecto a la actitud de Franco se derivan de la afirmación de que no se disponía de más dinero y de que «en la medida de lo posible se regateara el precio», pero, remarquemos, «en la medida de lo posible», lo que para cualquier lector medio significa que en caso de ser necesario se utilizara todo el dinero. Sin entender el texto y su trastienda, las palabras pueden ser fácilmente manipuladas y malinterpretadas; lo que han hecho algunos autores a partir del resumen de Viñas.
Nos encontramos pues con el problema del dinero. Recordemos que, según el texto de Hedilla-García Venero, los fondos nacionales eran, en aquella época, escasos: unos seis millones en el Banco de España en Sevilla. La acuciante falta de monetario en la zona sublevada era un hecho. El propio Viñas recoge la reacción de Hitler cuando es informado de que Franco solo dispone de doce millones de pesetas y algunos francos («¡Así no puede empezarse una guerra!»), por lo que en Bayreuth decidió que la ayuda a los rebeldes se suministrara a crédito, para que «los escasos fondos de que disponía Franco se destinara a pagar a sus soldados». Curiosamente Ángel Viñas, al tratar el tema del dinero para el rescate, olvida sus propias investigaciones[80].
Viñas, que busca lanzar dudas sobre la actitud de Franco, argumenta que, dado que se utilizaba la moneda republicana, resulta difícilmente explicable ese intento de regateo, afirmando que, al menos en teoría, era posible reunir una cantidad mayor. Entiende que si el dinero se hubiera pedido en oro, plata o divisas la dificultad hubiera sido muy importante. Algunos testimonios han asegurado que lo que se envió a Alicante eran monedas de plata pues al Albatros según los testigos se subieron sacas. Merkes, según cita del propio Viñas, indica que, en el primer intento de soborno en colaboración con los alemanes realizado en Alicante, se pidió un millón de dólares y Aznar anota que llevaba el dinero en billetes (el primer millón)[81]. Según declaraciones recogidas en la Causa General de quienes estaban en Alicante en esas fechas, el ofrecimiento de dinero para el soborno en noviembre se hacía en oro. Si en realidad eran monedas en oro o en plata, el mensaje remitido de que no había más dinero sería rigurosamente exacto.
No es cierto que ese dinero republicano, que se utilizaba en las dos zonas, fuera a dejar de tener valor de forma inmediata. La sustitución de la moneda se plantearía mucho más tarde. De hecho, el problema en la zona nacional, en esos momentos, era la falta de billetes, por ello el 21 de noviembre se hará una emisión de nuevos billetes de cien y quinientas pesetas, pero sin anular los billetes existentes. Un poco más tarde se procedería al estampillado de los billetes, por lo que estos seguían conservando su valor de pago[82]. No parece tener mucha base la explicación de Viñas. De todos modos, recordemos, Franco, si admitimos que todos eran deseos directos del Generalísimo, solo hacía una recomendación con respecto a la cantidad a entregar («en la medida de lo posible»). Además, sería necio pensar que a la hora de la verdad los negociadores no entregarían todo lo que tuvieran. Si fuera necesario, probablemente, prometerían más.
Por otro lado, en la zona nacional, donde los pormenores de las gestiones de rescate eran conocidos, en los aledaños del Cuartel General, habían surgido fuertes críticas a que tanto dinero se empleara en el rescate de una persona. Manuel Fal Conde ha dejado al respecto un importante y fundamental testimonio: «se me dijo, y lo comprobé, que en ciertas esferas se opinaba que los caudales del Estado no debían emplearse en procurar el rescate de un personaje político». Fal Conde ofreció al general Fidel Dávila un millón y medio de pesetas que le había facilitado el conde Rodríguez de San Pedro para contribuir a los intentos de rescate de José Antonio. Franco alabó el gesto de Fal y la Tradición cuando se le comunicó[83]:
«Yo –explicaba Fal Conde– solo supe lo que me informó el general Queipo de Llano una mañana del cuatro o cinco de diciembre de 1936.
Dígame usted qué le parece si a Primo de Rivera se le rescata con fondos del gobierno.
Nada –contesté–. No podía comprender el general, ni yo dejé traslucir, la hondísima huella que traía en el alma por la frustración del canje que la Junta de Navarra había preparado de cincuenta nacionalistas y rojos por Pradera, Beunza, Honorio y Maura. La orden severísima de Mola de prohibir los canjes sin expresa autorización del mando motivó una paralización, ya en camino de la frontera los presos, que al suspenderse el cumplimiento –no señalo culpa de nadie, sino mala fortuna– nuestros queridos amigos fueron fusilados en Fuenterrabía…
Yo no quería manifestarme, pero asentí a su afirmación de que sería mejor que los fondos salieran del partido, y, sin decírselo, formé el propósito de buscar la mitad del precio que, agregaba el general había quedado reducido a tres millones de pesetas, y si la falange daba la otra mitad, se tenía asegurado el éxito»[84].
Los «deseos de Franco» se cierran con la indicación de que no «interviniera el cónsul von Knobloch». Era lógico. Resulta curioso que Viñas ni se plantee que Franco pudiera acceder a una petición de Warlimont en esta cuestión, cuando esa era la condición impuesta por el vicealmirante Carls, jefe de las unidades navales en España, el mismo que debía colaborar en el bloqueo de los buques que traían la ayuda a la República. Por otro lado, Franco mantiene, en aquellos momentos, unas difíciles negociaciones con los alemanes por lo que no es descartable que cediera ante los planteamientos de la Armada germana esbozados por Warlimont: ellos negociarían el rescate y apartarían a Knobloch, actuando siempre que las gestiones no les comprometieran.
Ahora bien, si leemos el resto de las prevenciones, que indican que en esas fechas los alemanes habían transmitido a Franco una versión positiva de sus gestiones, nos tendríamos que plantear, dejando a un lado las que resultan de una lógica elemental, si el Generalísimo no buscó forzar indirectamente la intervención de Ravello y Gamero del Castillo: que no se hiciera ningún adelanto, que no se hiciera pago en tierra, que se tuviera cuidado con la identidad de la persona entregada. ¿Cómo iban los alemanes, sin el concurso de los españoles, asegurarse de que la persona entregada era José Antonio?
En definitiva, a pesar de toda la tinta vertida, el telegrama del teniente coronel Warlimont a Carls no se oponía a la liberación, tampoco entorpecía las gestiones ya que no cerraba ninguna de las vías abiertas, ni desautorizaba ninguno de los planes. Por eso, al final, Viñas tiene que admitir: «con todo el telegrama no se oponía a la operación». Esta es la realidad.
Hay que introducir en este punto una nueva coordenada que no suele mencionarse cuando se evalúan estos hechos, la situación bélica. Mientras los hombres de Aznar se entrenan y los enviados de Franco aguardan en Alicante el avance de las fuerzas nacionales es constante. El 8 de octubre las columnas que avanzan sobre Madrid al norte y al sur toman Navalperal y San Martín de Valdeiglesias. El 15 de octubre las fuerzas al mando de Castejón toman Navas del Rey. En el norte, la toma del monte Naranco abre el camino hacia Oviedo donde resiste el coronel Aranda desde julio. El 19, el presidente de la República, Manuel Azaña se traslada a Barcelona, comienzan a temer que Franco tome Madrid. Unas semanas antes, Stalin ha decidido enviar ayuda a la República a la vez que la Komintern ha impulsado la constitución de lo que serán la Brigadas Internacionales, los primeros voluntarios entran en España el 10 de octubre y a partir de ahí las llegadas se sucederán; en esos días, el carguero soviético Komsomol atraca en Cartagena con los primeros carros de combate, los T-26 y material ligero, también los primero aviones [85].
Franco estaba presionando para que tanto alemanes como italianos bloquearan la llegada de material ruso a España. El 9 de octubre había pedido a Italia que en vez de enviarle los voluntarios de la Garibaldi la marina italiana impidiera el desembarco del material soviético. El mismo 19, el día en que está fechado el telegrama sobre el rescate de José Antonio a las unidades navales alemanas, Franco se entrevista con los representantes de Italia y Alemania por separado. El Generalísimo era muy consciente de que, si no disponía de tanques, antitanques, aviones…, ante la llegada del material soviético, quedaría en una situación de clara inferioridad por lo que, en su discurso, explicó que ya no se trataba de ayudarle a él, que se trataba de «combatir al enemigo ruso», al comunismo; sabe que en el juego de las influencias y la geoestrategia hay intereses contrapuestos entre Hitler y Mussolini. Las vitales negociaciones le obligaban a ser permisivo ante los deseos germanos y ante la necesidad de mantener la ficción de la aparente neutralidad alemana. No es extraño que cediera algo en lo referente a la operación de rescate de José Antonio[86].
Las gestiones continuaron en Alicante en manos alemanas. Recordemos que el día 18 la embajada informaba de que habían tenido un ofrecimiento: por tres millones de pesetas sacarían a José Antonio y su familia de la prisión. No debió prosperar. El vicealmirante optó por activar el originario plan de von Knobloch, pero siguiendo parcialmente las instrucciones recibidas a través de Warlimont. El capitán de navío Otto Ciliax, que hacía poco tiempo que se había hecho cargo del mando, forzaría una visita cumplimentaria del gobernador al buque Admiral Scheer que ya era un clásico en el puerto de Alicante[87]. Una vez en el barco le sondearían. Los emisarios de Franco aguardarían y no participarían en la entrevista. Parece evidente que solo se les llamaría si se obtenía una respuesta positiva por parte del gobernador. El encuentro tendría lugar el jueves 22 de octubre de 1936.
Las prevenciones alemanas frustrarán el intento, porque la presencia de Gabriel Ravello hubiera sido importante. Lo que proponen los alemanes al gobernador es una concesión de asilo. Este les informa de que están en marcha «negociaciones para un canje de familiares de Primo» (posiblemente se refiriera a las gestiones con Prieto). El gobernador indica que las gestiones deberían hacerse a través de Inglaterra, que José Antonio no sería trasladado a Madrid y que no se iniciaría aún el juicio del prisionero porque las «diligencias durarán todavía bastante tiempo» (lo que, como veremos, era muy relativamente cierto). La impresión que sacan los alemanes es que la vida de José Antonio no corre peligro y que por lo tanto tienen tiempo para negociar[88]. No será así, los emisarios de Franco ni tan siquiera son consultados, pero parece evidente que el republicano Francisco Valdés no era partidario de la ejecución de José Antonio.
El 21 de octubre las fuerzas de Franco toman el nudo de comunicaciones de Navalcarnero. En los días siguientes el Generalísimo establece allí su puesto avanzado al que acudirá con regularidad pudiendo dedicar poco tiempo a cualquier otro tema. La hoja de servicios de Franco confirma esa presencia continua en el frente pues está abierto el camino hacia Madrid.
La víspera de la entrevista se recibió un nuevo telegrama de Warlimont con lo que Viñas considera, «sin duda, nuevos deseos de Franco». Deducción del profesor Viñas, porque, como parece evidente por la expresión, en el Diario de Operaciones no consta la autoría del mensaje. Tampoco este nuevo telegrama supone el abandono del prisionero a su suerte y la cancelación de la operación. Al contrario, del mismo, se desprende un cierto optimismo. Casi se da por supuesto el éxito. Se trata, simplemente, de nuevas medidas preventivas que no escapan a la lógica del momento una vez conseguido el rescate. Transcribamos pues el texto del telegrama aportado por Viñas:
«en caso de éxito ruego se mantenga el más absoluto secreto y que, con cualquier pre- texto se separe a von Knobloch de Primo sin llamar la atención. Deseamos que a Primo le informe en primer lugar un español que se enviará desde aquí. Existen dudas acerca del estado de salud mental de Primo».
Esta última parte también tiene su lógica. Como testimonia Ximénez de Sandoval, en Salamanca corrían demasiados bulos sobre el estado de José Antonio, era moneda común afirmar que había sido torturado. Y entre esas torturas figuraba la castración[89]. Tampoco hay que descartar las presiones que Franco pudiera recibir con respecto a José Antonio de quienes veían con reticencia la expansión falangista[90].
Los alemanes han decidido que las gestiones que lleva a cabo la embajada son las que deben continuar adelante: obtener la liberación a través del soborno. Von Knobloch y los emisarios de Franco deberían volver a la zona nacional. El lunes 26 de octubre daban por finalizada la misión. Algo que Franco, en ningún caso, había autorizado.
No es difícil valorar el grado de indignación que la situación debió despertar en Gamero del Castillo y Gabriel Ravello; habían ido hasta allí para nada. Von Knobloch pide que se permita a Gamero del Castillo bajar a tierra. El mando alemán se niega, pero según algunas fuentes parece que finalmente sí bajó brevemente a tierra. Ese mismo día, el director del Departamento político de la Embajada en España, es decir Völckers, recibía el telegrama número 84, que cerraba la respuesta a su informe telegráfico n.º 441:
«Para su información confidencial. El Partido no concedió autorización ninguna a Knobloch para trabajar en pos de una revolución Nacional Socialista en España».
La decisión final quedaba en manos de las autoridades de la Armada que decidieron poner punto y final a la presencia de los agentes de Franco en aguas alicantinas.
Es de sobra conocido el hecho de que cuando Knobloch volvió a la zona nacional se encontró con los representantes del NSDAP en España, Willi Köhn y Hans Kröger. Debió tratar de convencerles de lo importante que era para los intereses del partido la liberación de José Antonio. La respuesta fue inmediata: por un lado, le prohibieron que siguiera vistiendo la camisa azul; por otro, Köhn le espetó: «¿qué tenemos que ver con ese hijo de un general?». En realidad, nada. Ese fue el problema. Ninguna de las áreas de poder alemanas que intervenían en España (Partido nazi, Armada, Embajada, Abhwer, consorcio económico) tenía un interés prioritario en la liberación de Primo de Rivera. Más allá de los movimientos autónomos iniciales propiciados por Knobloch, habían ido siempre a remolque de las peticiones de Franco interviniendo decisoriamente en su desarrollo y finalización.
La operación militar que Franco ayudó a planificar.
En la reunión de octubre, Aznar le había presentado a Franco las líneas maestras de una operación armada sobre Alicante. Además de la gestión con el gobernador civil, tanto Knobloch como Gamero del Castillo debían asegurar mediante sobornos la protección de José Antonio en la prisión. Se trataba de un plan sencillo y de fácil ejecución:
«[…] necesitaba que un barco bombardease Alicante para sembrar la alarma, el pánico y el desconcierto, mientras un grupo de falangistas, dirigido por mí, asaltaba la cárcel. Le comuniqué que uno de los oficiales de prisiones con el que había hablado se comprometía a cerrar la celda para evitar que los de la CNT o FAI que estaban de guardia pudieran matarle».
Franco no solo autoriza la operación, sino que, además, junto con su jefe de Estado Mayor y hombre de confianza, Martín Moreno, contribuye a su planificación. En la documentación del Cuartel General del Generalísimo se conserva un informe elaborado por un evacuado a principios de octubre sobre la situación del enemigo en Levante. En el mismo se describe cuál es la entidad real de las unidades enemigas en Alicante. Con el texto es fácil entender que Franco estimara factible el éxito de una acción bélica con los medios que se iban a poner en juego.
«El elemento predominante en dicha población es la FAI, desbordando a las autoridades republicanas. Material con que cuentan es el siguiente: 2.000 fusiles Mauser, 4 ametralladoras, 4 morteros del 81 estos inutilizados, 5 morteros del 50, 4 cajas de granadas Lafitte, 4 fusiles ametralladores inutilizados y cerca de 50.000 cartuchos. Todo esto procedente del asalto al cuartel de Alicante. Del manejo de dichas armas solo es factible los fusiles pues los morteros y las granadas Laffite no pueden utilizarlo por ignorar su manejo y estar inutilizados. Ametralladoras sí pueden manejarlas por estar varios soldados del Regimiento con ellos. Puntos estratégicos: castillo de San Fernando, castillo de Santa Bárbara desde estos se domina la población. Se estima que las poblaciones pueden resistir por estar muy envenenadas de idea política […] pero han dado un contingente muy grande de milicianos y por lo tanto quedan muy pocos […] solamente con fuerza la FAI»[91].
El operativo se traza a partir de un bombardeo efectuado por el crucero Canarias. La lancha de desembarco sería transportada por otro buque a las órdenes del falangista, capitán de navío, Manuel Mora-Figueroa, el mismo que había forzado el paso del Estrecho por primera vez. El comando sería reforzado con un grupo de legionarios[92]. El armamento, con suficiente potencia de fuego para hacer frente a los milicianos y sus armas, se compondría de: subfusiles ametralladores schmeisser, granadas italianas y explosivos. Todo ello se hizo llegar a Aznar de forma inmediata[93]. El comando comenzó a concentrarse en Sevilla, en la finca el Torbiscal[94] de José de la Cámara. Parece evidente que, inicialmente, se prefiere prescindir del concurso alemán, ya que éstos no están dispuestos a comprometerse.
El domingo 11 de octubre, Knobloch, Ravello y Gamero del Castillo esperan aún para embarcar camino de Alicante, Mora-Figueroa comienza a planificar la operación de desembarco. Acompañaría al Canarias un barco mercante que remolcaría una barcaza británica tipo K, las mismas utilizadas en Alhucemas que Franco conocía bien, con capacidad para trescientos hombres, para ello se contaba con la colaboración de la naviera Ybarra. El Canarias bombardearía el norte de la ciudad mientras la barcaza llegaría hasta la playa relativamente próxima a la prisión. José Antonio, una vez liberado, sería trasladado a un barco alemán. Los últimos detalles del plan los cerraron en la Comandancia de Cádiz, José y Manuel Mora-Figueroa, Agustín Aznar, Sancho Dávila y Georg Langheld, comandante del torpedero Albatros. Esta reunión pudo tener lugar sobre el 14 de octubre de 1936. Ravello, Gamero y Knobloch ya están en Alicante.
La falta de precisión cronológica puede inducir a notables errores de apreciación sobre la actitud de Franco. La decisión de Franco de utilizar el crucero Canarias en una operación de rescate demuestra el interés del jefe del Estado. Se trataba del buque de guerra más moderno y poderoso que estaba entonces en servicio en las dos zonas, pese a que hasta diciembre no contaría con sus cañones AA.112[95]. Según los diversos testimonios, los falangistas se entrevistaron con el comandante del barco en Cádiz quien les indicó que había recibido órdenes de Franco para la operación[96].
El Canarias comenzó a ser operativo el 27 de septiembre. A finales de mes, junto con el Almirante Cervera, asegura el Estrecho. Francisco Bastarreche, comandante de la nave, no solo utiliza su poderoso buque como escolta de los transportes, también traslada efectivos militares. A principios de octubre opera con base en Ceuta o Cádiz. Mientras, el Almirante Cervera se dirige hacia las costas de Valencia y Barcelona. Sabemos que el Canarias fondeó en Cádiz el 16 de octubre. El 17 de octubre las autoridades republicanas anuncian que las unidades navales que operan en el norte volverán al Mediterráneo. Manuel Mora-Figueroa anota que este anuncio supuso un cambio en los planes, ya que el Canarias tendría que hacerse a la mar para hacer frente a esta amenaza, lo que significaba aplazar la operación si no se lanzaba de inmediato[97]. Pero hasta finales de octubre el Canarias estará operativo en la zona, por lo que se podría recurrir a él en cualquier momento. Por otro lado, según la documentación alemana, la operación contaría con el apoyo de dos cruceros. Estos no podían ser otros más que el Canarias y el Cervera. Las dos más poderosas unidades de la escuadra nacional. Que se contaba con la presencia del Canarias también se desprende de la documentación alemana usada por Viñas pues se plantea, si se iniciaba la operación, transferir a von Knobloch al crucero español.
Agustín Aznar y Sancho Dávila comenzaron a reunir falangistas: José Antonio Girón de Velasco, Gumersindo García, González Vicén, Paulino Uzcudun (encargado de abrir las puertas de la prisión a hachazos), Lucena, Mario Peña, Gavilán, González de Canales, Fernando Alzaga, Luis Vicent, Fernando Medina Garvey, Anselmo de la Iglesia… Resulta sorprendente leer en las memorias de Girón que se pedían voluntarios para el comando. Lo que evidentemente era jugar con el necesario factor sorpresa. Sin embargo, Mora-Figueroa anota que él fue quien preparó el listado de los falangistas que debían concentrarse en la capital andaluza. El hecho es que era la comidilla en Sevilla. Girón recuerda que estando en un café un individuo le dijo: «¿Usted también es de los que van a Alicante a rescatar a José Antonio?». Igualmente, Mora-Figueroa anota que la cocinera le dijo a su mujer lo del comando desmontándole su coartada. Las indiscreciones se sucedieron: Queipo alardeaba en Jerez de que había dado un millón de pesetas para sobornar a las autoridades de Alicante[98]. «Por último –anota Mora-Figueroa–, y ya para colmo, tuvimos noticias de que en Alicante se habían enterado, como no podía menos de suceder, y nos estaban esperando». Lógicamente la operación fue cancelada[99].
Es probable que, con sumo cuidado, el teniente coronel Walter Warlimont mostrara a Franco las reticencias alemanas con respecto a una operación de este tipo. ¿Cuándo fue realmente desactivada? Es imposible precisarlo, pero no antes del 21 de octubre, ya que, según la documentación alemana que hemos expuesto, ese era el día fijado para la acción. Si seguimos el testimonio de Aznar indicando que la operación estaba previsto que se pusiera en marcha en ocho o nueve días, nos situaría sobre el 15-18 de octubre, lo que coincide con lo que von Knobloch afirmó en Alicante. Si seguimos el relato de Aznar pasaron 21 días hasta que se desactivó el operativo, lo que nos llevaría a situarnos entre el 27 de octubre y el 1 de noviembre como máximo[100]. Cuando llegaron a Alicante los telegramas de Warlimont con las posibles indicaciones de Franco, la operación estaba comprometida debido a los movimientos de los navíos republicanos, pero activa. Las indiscreciones acabaron por decidir su cancelación. Solo quedaba aún abierta la vía del soborno con ayuda alemana que Warlimont, lógicamente, debió defender ante Franco.
El irreal plan de don Juan de Borbón
Tardíamente, años después de la muerte de Franco, desde la filas de los escritores monárquicos que buscaban crear un relato mitificado sobre el supuesto Juan III (don Juan de Borbón solo fue conde de Barcelona), se fabricó un relato, ilógico en su argumentación, denunciando que Franco había rechazado la ayuda de la monarquía para sacar a José Antonio de la prisión alicantina o evitar su muerte. Sin mayor compulsa que su opinión, Sainz Rodríguez y Luis María Anson se convirtieron en cita de autoridad suficiente para algunos autores.
Subrayemos, antes de proseguir, que la mayor parte de los testimonios que se suelen citar sobre las actuaciones de la Familia Real a favor de la vida de José Antonio adolecen de falta de precisión y son reelaboraciones de los hechos muy posteriores a los acontecimientos; en muchos casos, se trata de testimonios indirectos con lo que de adulteración implican[101]. Leyéndolos se tiene la impresión de que parte de estas gestiones se realizaron una vez que José Antonio fue ejecutado o al filo del 20 de noviembre, ya que, por ejemplo, consta el interés del gobierno británico por confirmar la muerte de Primo de Rivera.
Dejando a un lado las gestiones de tipo diplomático por parte de Alfonso XIII, que las hubo, aparecen las actuaciones de don Juan. Según estas, el hijo del rey habría conseguido que su madre la reina Victoria Eugenia avalara la propuesta del envío de un barco de guerra inglés a Alicante para intentar un intercambio. Naturalmente no nos dice con quién se haría el cambio ni cuándo. Que el testimonio parece inventado por quienes desconocían la situación real en Alicante lo pone de manifiesto el hecho de que no era necesario enviar barco alguno, porque ya estaban en el puerto de la ciudad y la gestión podía realizarla la embajada británica. No hacía falta solicitar a Franco permiso alguno. Como prueba del aserto, varios monárquicos, en la estela de las revelaciones, afirmaron que ellos habían visto el telegrama, incluyendo don Juan que afirmaría que él lo vio pero que se debió de perder. El telegrama de Franco decía: «No interesa». Incomprensiblemente Payne dio validez a esta historia para poder avalar que Franco comenzó a poner impedimentos. Preston prefirió no citar la cuestión, probablemente por lo ilógica de la misma. Aunque, como suele suceder, siempre pueda existir un fondo de verdad. Es posible que una confusión interesada, o un salto en la memoria, expliquen que don Juan cambiara a los protagonistas, el barco fue enviado muchísimo después para recoger en Gandía a Miguel Primo de Rivera en 1939.
Sainz Rodríguez había contado la historia, previamente, de otra forma, poniendo en boca de don Juan que este gestionó con la marina británica una intervención de rescate: «basta que haya luz verde del lado nacional. Nos personamos en Alicante con nuestros marineros, sacamos a José Antonio y no pasa nada», pero desde zona nacional les telegrafiaron: «no interesa, no interesa»[102].
Anson, en su biografía-novela sobre el conde de Barcelona, amplía la información: la propuesta contó con el apoyo de Alfonso XIII, y el resultado fue «un plan minucioso». Lástima que no nos informe sobre el contenido de tan minuciosa acción de guerra, estimamos. Como el célebre telegrama con la negativa de Franco no aparece en el archivo, y la palabra de don Juan es para él suficiente, se necesita una justificación: alguien debió destruirlo, nos dice Anson. Cuarenta años de silencio mantuvo don Juan sobre esta cuestión, a pesar de constituir un arma política de primer orden en su enfrentamiento con Franco. Ni que decir tiene qué si, en algún momento, el círculo de Estoril hubiera podido utilizar una bomba política de este tipo contra Franco, durante su largo periplo conspiratorio, lo hubiera hecho sin dudar.
Directamente habría de calificar esta historia de don Juan de mero invento de Sainz Rodríguez[103]. Reiteremos lo escrito en otras ocasiones:
«En 1936 Inglaterra era una de las naciones interesadas en mantener el conflicto aislado, era el alma de la no intervención y por supuesto no simpatizaba con los sublevados. Según este testimonio la Marina inglesa se presentaría en Alicante, libertaría a José Antonio y se marcharía, así sin más. Fuera como fuera realizada la acción podría interpretarse como un acto de guerra contra la República, contra un Estado reconocido por Inglaterra a favor de un solo bando; tesis que para el historiador no tienen ni pies ni cabeza. A pesar de todo, los monárquicos siguen repitiendo este argumento. La manipulación llega a ser tan abyecta que hace algunos años se publicó un reportaje con supuestos archivos secretos donde se repetía la calumnia y se ponía un documento fotografiado que nada tenía que ver con el tema. Lo más probable es que esta historia se la inventara Sainz Rodríguez, después de la muerte de Franco, poniéndolo en boca de don Juan para zaherirle. De hecho, don Juan procura dejarlo un tanto en el aire: «querían luz verde, y no conseguimos que nos la dieran. Yo no tengo tal telegrama, aunque sí me comunicaron su texto… A mí no me gusta decir que tuvo interés en que lo fusilasen; pero que no quería que incordiase en Burgos, eso es seguro. Para reforzar su tesis ante lectores ayunos de datos una y otra vez repite que luego eso se hizo con Miguel Primo de Rivera obviando, por supuesto, que el hermano de José Antonio fue objeto de un canje, no teniendo este lugar hasta 1939»[104].
Sumemos a lo anterior que, más allá de los lazos familiares de su madre, don Juan había estado como cadete en la armada británica, pero ello no permite suponer que en 1936 tuviera influencia alguna para una acción de ese tipo. El testimonio de Sainz Rodríguez ha merecido escaso crédito entre los historiadores, incluso entre los juanistas. Así, por ejemplo, José María Toquero se limita a indicar que don Juan hizo gestiones con el príncipe de Gales para conseguir la mediación británica y que remitió una carta a Franco (la única que curiosamente no ha aparecido)[105]. Según Suárez Fernández se trata de «especulaciones que llegan al nivel de comentarios meramente gratuitos» de quien fue un «enemigo cordial de Franco»[106].
Lo único cierto es que la Familia Real trató de buscar en Inglaterra apoyos para preservar la vida de José Antonio, siendo, posteriormente, aderezado el intento para sobredimensionarlo[107]. Sin mucho éxito, porque no consta ninguna intervención concreta, pese a que el gobernador civil de Alicante estimara, según explicó a los mandos navales alemanes, que Inglaterra podía ser un intermediario factible a finales de octubre de 1936.
Pilar Primo de Rivera ha dejado constancia de la falta de respuesta que obtuvo la Princesa Bibesco, aristócrata británica amiga de José Antonio, hija de un primer ministro inglés, del Foreign Office británico cuando planteó el tema de José Antonio[108]. Una indicación del rey al Foreign Office hubiera sido suficiente para realizar algún intento autónomo. Que sepamos solo queda algún débil rastro de algún movimiento por parte de la embajada londinense y no es posible precisar que este fuera a instancias reales. Transcurridos tantos meses y teniendo en cuenta la situación especial de Alicante con representantes de tantos países estimarían que su vida no corría peligro.
Los últimos movimientos a favor de José Antonio, una vez iniciado el juicio, impulsados por Eugenio Montes, propiciaron la intervención de Alfonso XIII. De esto sí se conserva algún documento que lo confirma. Esta se hizo con el gobierno francés, que daba la proximidad ideológica con el gobierno español podía ser la vía más adecuada:
«Excmo. Sr. Conde de Villafuente Bermeja. Gurtubay, 3.
Madrid. Querido Sancho:
Desgraciadamente, no tuve ocasión de intervenir directamente en las gestiones que se hicieron en los comienzos de la Cruzada en Francia a favor de la liberación de José Antonio. Quien en Francia intervino para lograrlo, como le oí referir a él mismo, fue el rey don Alfonso XIII, quien envió personalmente a su exministro de Estado, don Manuel González Hontoria, para que, en unión del embajador Quiñones de León, visitasen al entonces jefe del Gobierno de Francia, León Blum, e hiciesen, en nombre del monarca, cuantas gestiones fueran posibles cerca del Gobierno francés para que éste influyera en el de la República española. Según me dijo el rey, el Gobierno de Francia atendió el ruego, pero el español no le hizo caso. Parece ser que el ministro Indalecio Prieto fue el único que pretendió que el Consejo de Ministros accediese a la solicitud que el Gobierno de Francia hacía a requerimiento de Alfonso XIII.
Recibe un abrazo de tu buen amigo»[109].
La intervención argentina y el PEN Club
Una de las vías de salida de Alicante eran los navíos argentinos. El torpedero Tucumán sustituiría al ARA 25 de mayo en esta labor en aquellos meses de octubre-noviembre de 1936. La intervención del país hispano a favor del prisionero de la Provincial se iba a producir a raíz de una petición realizada por el PEN Club, una asociación de escritores creada en 1921, al gobierno español y al gobierno argentino.
Como sabemos José Antonio era miembro del PEN Club Español, que en 1935 pasó a ser el PEN Club de Madrid bajo la presidencia de Ortega y Gasset. Entidad que había presidido su buen amigo Azorín, quien, pese al riesgo, no esquivó ir a la Modelo a visitarle. Club del que formaban parte, entre otros, Melchor de Almagro San Martín, Antonio Obregón, Ramón Gómez de la Serna, Ramiro de Maeztu, Pérez de Ayala o José María Salaverría. Esta asociación tenía como finalidad crear lazos de «solidaridad y amistad entre todos los escritores del mundo». Los directivos pidieron a José Antonio su adhesión como «representación selecta de la mentalidad literaria española»[110]. A lo que él, un hombre con vocación literaria, se sumó sin pensárselo.
Fue en Argentina donde importante miembros del PEN Club, empezando por su presidente, el escritor Carlos Ibarguren, se habían posicionado en septiembre a favor de los rebeldes ante la situación que vivía España. A principios de octubre Ibarguren inició una campaña a favor de José Antonio pidiendo la intervención del gobierno argentino para conseguir la libertad de quien era un «escritor, destacado intelectual». El PEN Club argentino, según la prensa española, pidió al gobierno, a principios de octubre de 1936, su libertad. Ello provocó alguna significativa protesta en los medios españoles. Así lo hizo González Tuñón en la Nueva España con un argumentario que se comenta por sí solo, pero que revela las escasas posibilidades que tenía José Antonio de ser liberado; como no podía ser de otro modo se pedía la expulsión del PEN Club de aquellos que pedían su libertad:
«Los señores [Manuel] Gálvez, Ibarguren y [Juan Pablo] Echague, momias adherentes al Tercio Extranjero, no pueden permanecer un momento más en la comisión directiva de una entidad cuyos estatutos condenan el fascismo y la guerra.
No pueden permanecer un momento más por haber reclamado la libertad de un asesino. Mientras las hordas africanas arrasan pueblos españoles, matan, roban, violan, destruyen los monumentos históricos donde se encierran previamente con mujeres y niños, el Pen Club local reclama la libertad de un asesino.
José Antonio Primo de Rivera no es escritor ni español. Es el jefe de una banda fascista que opera en España en combinación con los moros y los legionarios del Tercio. Es, como Gil Robles, como March, un enemigo de España, un enemigo de la cultura, un enemigo de la dignidad humana.
José Antonio Primo de Rivera ha atacado a las repúblicas sudamericanas, ha insultado a los pueblos y a los gobiernos hablando frecuentemente de la “reconquista” de esas repúblicas. Y mientras el gobierno argentino prohíbe mítines pro-gobierno legal de España, permitió el 12 de octubre que salieran a la calle algunos representantes de la Falange -sección argentina[111]-, que disfrazados, vendieron banderitas monárquicas»[112].
La intervención argentina se prolongaría. El escritor Carlos Ibarguren, quien debía conocer las tesis joseantonianas, escribió también al ministro de Asuntos Exteriores argentino pidiéndole su intervención en el caso de Primo de Rivera, invitándolo a hacerlo por «razones de humanidad» y porque «la posible víctima es un alto espíritu que honra la cultura hispana» [113]. Consiguió que el entonces ministro de Interior, hasta hacía poco ministro de Justicia, Ramón S. Castillo, del Partido Demócrata Nacional apoyara su petición. El consejero encargado de la embajada de Argentina en España, Edgardo Pérez Quesada, recibió instrucciones para realizar gestiones a favor de José Antonio[114].
Estas gestiones se prolongaron hasta el final. Pérez Quesada conocía muy bien y sabía moverse en el mundo de los canjes y las influencias en la España del Frente Popular. Su peso es muy relativo, pero no será lo mismo si el embajador británico, sir Henry Getty Chilton le apoyara[115]. Habló con él consiguiendo que telegrafiara al Foreign Office para que el gobierno británico pida que no se ejecute a José Antonio en base a razones humanitarias[116].
José Antonio visto desde el Cuartel General
Cuando la Escuadrilla del Amanecer registró la casa madrileña del general Franco, sita en el n.º 16 de la calle de Jorge Juan, según se anunció, encontraron diversos documentos, «unas banderas monárquicas, toda la colección de libros sobre el fascio, publicados en español[117]; retratos, con expresivas y recientes dedicatorias, de José Antonio Primo de Rivera»[118]. Salvo algún comentario aislado, como la preocupación que mostró al periodista Jay Allen por su suerte, casi ningún testimonio existe sobre lo que Franco podía pensar sobre José Antonio y su futuro entre agosto y noviembre de 1936.
Cabría anotar, pese al relato habitual, que la situación política en la zona nacional desde principios de septiembre de 1936 se había hecho más compleja. Cierto es que, a diferencia de lo que sucedía en la zona frentepopulista, todos los grupos políticos que se habían sumado a la rebelión asumieron, porque estaban en una situación de debilidad derivada de lo que significaría ser derrotados, que lo primero era alcanzar, al lado del ejército, la victoria. Entre septiembre y noviembre de 1936 se movieron siempre dentro de un horizonte de esperanza: entrar en Madrid y a partir de ahí decidir sobre el futuro político. Lo que no quiere decir que no comenzaran a aflorar los movimientos y las disidencias entre y dentro de los diversos grupos.
Probablemente, en esos meses, Indalecio Prieto nunca llegara a sospechar hasta qué punto existía una base real para un enfrentamiento interno en el campo enemigo entre septiembre y noviembre de 1936. De ahí que no fuera tan vehemente, como hubiera podido ser, cuando especuló con la posibilidad de utilizar a José Antonio, realizando un canje, para debilitar la aparente cohesión política de la retaguardia nacional. La tensión política, una vez nombrado Franco Jefe del Estado, no solo estaba entre los diversos grupos políticos que aspiraban, situándose en su entorno, a detentar el poder en una alianza con el ejército, con la jefatura del Generalísimo, sino también entre falangistas, carlistas, monárquicos y los restos de Acción Popular ante un horizonte que por fuerza se debatía entre el monopolio de una de las fuerzas o la unificación.
Existe una abundante bibliografía sobre la posición y evolución de los dos grandes grupos, falangistas y tradicionalistas, pero siempre contaminada por el hecho de la unificación de abril de 1937, que no ha profundizado en lo acontecido entre septiembre y diciembre de 1936. Relatos que han dedicado muy poco espacio a explicar cuál era la realidad del Cuartel General y cómo desde este se contemplaban los movimientos políticos y la reorganización de carlistas, falangistas y cedistas; también cómo era la relación de todos con ese Cuartel General.
Conviene tener presente que, si entre julio y septiembre de 1936 el general Franco, que además no tenía mando territorial, estuvo alejado de la vida política en la zona rebelde, entre octubre y noviembre vivió pendiente del avance y la batalla de Madrid. Ello no fue óbice para que desde mediados de septiembre ya fuera considerado por muchos el jefe de los rebeldes. Ello no quiere decir que no tuviera algunos posicionamientos genéricos sobre el futuro. Probablemente fuera José María Pemán con quien, por primera vez, en septiembre, sostuvo una conversación con respecto a una posible unificación política. Pemán le urgía a realizarla «en sentido falangista» dada su capacidad de expansión y porque su base era «el ideal católico tradicionalista español». Franco era partidario de que «se pusieran de acuerdo las diversas orientaciones». Esa era la opción que mantendría hasta finales de 1936. En septiembre un decreto de la Junta de Defensa regulaba la vida de los «partidos políticos» en la zona nacional.
Ahora bien, en el Cuartel General, más aún una vez nombrado Jefe del Estado, sin tiempo para no atender más que a la guerra, delegó los asuntos políticos y la relaciones con los diversos grupos en su hermano Nicolás.
Tras los actos celebrados en Burgos el día de su exaltación a la Jefatura del Estado el general se dirigió al país a través de Radio Castilla con un discurso en el que trataba de conciliar las aspiraciones de los diversos grupos político-sociales que apoyaban la causa nacional. En el mismo encontramos: el anuncio de una intención constituyente que iría más allá de la instauración de una dictadura militar; su aproximación a las fórmulas corporativas; la asunción de la justicia social como horizonte. De lo que no hablará será del futuro de las organizaciones políticas en la zona nacional que se han sumado a la rebelión:
«España se organiza dentro de un amplio concepto totalitario mediante aquellas instituciones nacionales que aseguren su totalidad, su unidad y su continuidad. La implantación de los más severos principios de autoridad que implica este movimiento no tiene justificación en el carácter militar, sino en la necesidad de un regular funcionamiento de las complejas energías de la Patria.
La peculiaridad de la región será respetada en su personalidad, respondiendo a la vieja tradición nacional y sin que suponga merma o menoscabo de la más absoluta unidad nacional. El Municipio español, de abolengo histórico, se revestirá de todo su vigor para el cumplimiento de su misión celular como entidad pública.
Desprestigiado el sufragio popular inorgánico, que se manchó primero por la acción de los caciques nacionales y más tarde por la tiránica actuación de los sindicatos, puestos al servicio de intereses políticos, la voluntad nacional se manifestará oportunamente a través de aquellos órganos técnicos y corporaciones, que enraizados en la entraña misma del país representen de una manera auténtica su ideal y sus necesidades. Cuando mayor sea la fuerza del Estado nacional y más moral su desenvolvimiento, más podrán intervenir en sus funciones específicas las regiones, los Municipios, las Asociaciones y los individuos y todos gozarán de más amplia libertad dentro del supremo interés del Estado.
En su aspecto social, el trabajo tendrá una garantía absoluta, evitando que sea servidumbre al capitalismo y que se organice como clase, adoptando actitudes combativas que le inhabiliten para colaboraciones conscientes. Se implantará la seguridad del jornal, y en tanto no se dicten fórmulas relativas a los salarios y a la participación de los obreros en los beneficios de la producción, serán respetadas cuantas conquistas impliquen mejoramiento de trabajo para la sociedad y para la economía nacional. Al lado de estos derechos que se reconocen a los obreros, estarán sus deberes y obligaciones, especialmente cuanto signifique leal colaboración para la producción de la riqueza. Todos los españoles estarán obligados a trabajar sin exclusión: el nuevo Estado no puede sostener ciudadanos parásitos.
El Estado, sin ser confesional, concordará con la Iglesia Católica, respetando la tradición nacional y el sentimiento religioso de la mayoría de los españoles, sin que ello signifique intromisión ni reste libertad para la dirección de las funciones específicas del Estado.
En su aspecto tributario, el Estado organizará los impuestos de forma que recaigan especialmente sobre quien por su capacidad económica deba soportarlos. En el aspecto agrario, sin aplicar fórmulas que solo pueden concebirse en hipótesis, la actuación del Estado será de constante ayuda a la independencia del campesino, preocupándose específicamente por su bienestar. Tal misión será llevada a la práctica con preferencia».
Que la unificación estaba en su mente es evidente, dado que el 6 de octubre, en una cena tras la recepción al consejero de la embajada alemana en Lisboa, habló de unir a los falangistas, tradicionalistas y CEDA. A través de una interesante correspondencia entre el jefe nacional de milicias de la JAP y representante de Gil Robles en España, Luciano de la Calzada, con el líder de la CEDA podemos aproximarnos a cuál fue entre octubre y noviembre de 1936 la posición en el Cuartel General con respecto a esta cuestión que, según algunos autores, pudo tener incidencia en la actuación de Franco con respecto a los intentos de rescate de José Antonio y lo que su presencia podría significar en la España nacional, pero olvidando que la idea de la «unificación» estaba en el general cuando autorizó cuantas propuestas se le hicieron para intentar liberarlo.
Cuando entre finales de noviembre y las primeras semanas de diciembre Luciano de la Calzada explica a Gil Robles cuál era su visión sobre cómo se abordaban las cuestiones políticas en el Cuartel General, indicaba que «Franco está cercado por una camarilla que no deja llegar a él más que lo que les conviene que llegue»[119], pero ello estaba en función del hecho de que ni él ni Gil Robles tuvieron acceso a otros que no fueran Nicolás Franco o Fernández Águila. Su visión dependía de las confidencias de Fernández Águila, quien le indicó en diciembre: «Le mentiría a Vd. si le dijera que existe hoy un plan político»[120].
De la correspondencia se deduce que lo que existía era una idea muy genérica de unificación a través de un pacto y aceptación del caudillaje de Franco. Eso es lo que el 8 de noviembre explicó a Calzada su interlocutor:
«esa fusión que por Franco se desea, solo podrá hacerse bajo su presidencia en una posición de igualdad absoluta con todos los controles y garantías que se precisaran y no para la constitución de un nuevo organismo, sino como reconocimiento de un caudillaje común por las dos únicas fuerzas de contextura y extensión nacional que hoy existen».
Sin embargo, leyendo la documentación, lo que se torna evidente es que tanto Nicolás Franco como Fernández Águila, desde esa idea, se movieron a favor de su propio posicionamiento y en este José Antonio y los falangistas no eran la primera opción, pudiendo estar sus interlocutores más próximos a los planteamientos de Gil Robles y a la idea de recuperarle.
A finales de octubre, Calzada, con autorización de Gil Robles ya trabajaba en la reconstrucción de Acción Popular, contando como base en una pequeña estructura miliciana que había enviado unas pocas compañías al frente. A la vez que desde las filas falangistas existía una fuerte campaña contra el máximo dirigente de la CEDA.
En la retaguardia nacional se estaban perfilando dos bloques: uno, el falangista también en plena reorganización del partido; otro, más difuso, con los carlistas dirigidos por Fal Conde al frente. Aunque no se indica en la correspondencia, es evidente que, pesaba la fuerte expansión de la Falange. En estas circunstancias Calzada inicia una serie de gestiones que conducen a plantear la posibilidad de una alianza con los carlistas, haciendo correr la «posibilidad de que por instinto defensivo y ante la persecución de que se nos hacía objeto, llegáramos, ante la imposibilidad de seguir viviendo, a un enlace con los tradicionalistas». Una alianza que, en caso de producirse, arrastraría a los restos de Renovación Española: «Yo sabía de antemano que esto había de alarmarle [a Franco] profundamente, ya que equivalía a la formación de un frente de defensa ante Falange y además hacer imposibles los intentos de unificación política que es la idea central y casi única del pensamiento político de Franco».
En la reunión mantenida el 8 de noviembre, Fernández Águila le precisó la oposición de Franco a esa alianza política:
«el enlace entre Acción Popular y Tradicionalistas tenía para visión política de Franco dos gravísimos inconvenientes, uno el escindir la vida nacional en dos grandes núcleos repitiendo otra vez la dualidad característica de la vida pública española. Que eso era volver a la existencia de la derecha y de la izquierda y que esto era contrario a la concepción futura del Estado Español»[121].
En esa reunión, en un momento determinado, Fernández Águila, le pregunta a Calzada por José Antonio:
«De pronto él me preguntó.
¿Qué juicio le merece a Vd. el Jefe de Falange?
Yo tenté la contestación hablándole de su inteligencia, de la amistad que con él tenía, etc. etc. y él me apremió la respuesta.
No le pregunto a Vd. por su opinión desde un punto de vista personal, sino desde un punto de vista político como gobernante, es decir, ¿Vd. le cree capaz de asumir en sí todos los papeles dificilísimos que forzosamente ha de caer sobre el caudillo de la nueva España?
Y yo le dije: Desde luego que no. Y él añadió, con eso me basta. A continuación me habló con absoluta sinceridad sobre este problema, me dijo que la conducta de Franco estaba supeditada a la posibilidad de su existencia.
Que Franco había hecho todo lo que era posible para recuperarle con objeto de que nadie pudiera lanzar sobre él una acusación en este sentido, pero que no pasaba de una complacencia a los que le siguen, ya que todo lo juzgaba inútil».
Era lógico que Franco estimara en las proximidades del 8 de noviembre, con el proceso de José Antonio anunciado, y dos meses de intentos sin conseguir resultados, sin que ninguna propuesta de canje hubiera sido aceptada, que poco se podía esperar (tampoco tenía noticias de la última propuesta realizada el día 4 personalmente por él). Leyendo a la inversa es fácil estimar que, en el entorno de Franco, en el Cuartel General, existían posiciones, como la de Fernández Águila, como mínimo, no favorables a José Antonio; que estaba planteado un enfrentamiento entre dos posiciones que, en un momento, de forma confidencial, como opinión propia Fernández Águila explica a Calzada:
«que él [Fernández Águila] tenía una doble visión del problema, o la de ir inmediatamente a la fusión, bajo el caudillaje de Franco de la dos únicas fuerzas nacionales que existen, la de Acción Popular y la de Falange hecho por Franco tratando de igual a igual y con todas las garantía que Gil Robles quisiera exigir. O en otro caso esperar hasta ver qué pasaba del jefe de Falange y que si Franco estimaba conveniente esta segunda posición, en ese caso, se comenzaría inmediatamente una campaña de vitalización y vigorización de Acción Popular, ordenando que se la prestigiara».
Resulta evidente que en las conversaciones lo que aflora es un proyecto propio, vinculado a Fernández Águila y, probablemente, a Nicolás Franco, en el que se prescinde de los carlistas, que se aleja de la idea del propio Franco, que es unificar a falangistas y requetés, y que busca traer a Gil Robles:
«Recogí de nuevo el tema del enlace entre las fuerzas tantas veces mencionadas y me dijo que el papel de Acción Popular no era sumar su fuerza a otra como la Tradicionalista, caduca, envejecido y sin porvenir, sino la de transformar a Falange conseguir centrarla arrancándola de sus posiciones a la izquierda y purificarla por la agregación de personal sano»[122].
Resulta evidente que Franco decidió esperar a José Antonio. El 23 de noviembre Calzada remite una nueva carta-informe a Gil Robles. En esta se indica que en Cuartel General se asume la muerte de José Antonio remitiendo sus impresiones tras una nueva entrevista con Fernández Águila quien, ahora, vuelve a transmitirle su propia opción que enlaza con la anterior; pero, aunque se había hablado de una campaña a favor de AP, esta no se había producido. Sin embargo, mezclando lo que Franco piensa con lo que él propone, insiste en la vía Gil Robles:
«Franco, se me dijo por Fernández Águila, ha pensado detenidamente sobre el problema político que quedó planteado en la última entrevista.
El conoce a fondo a Gil Robles y sabe que no es hombre que engañan, ni emplea subterfugios y por eso está seguro que cuando Gil Robles ha puesto sus fuerzas a disposición de Franco, este ofrecimiento es absolutamente sincero.
[según Fernández Águila, Franco no estima posible la unión con AP y los Tradicionalistas] que Franco quería la unión con Falange, partiendo de la base de un trato de igual a igual, de un reconocimiento e incorporación a la suya de nuestras jerarquías y concretamente, no para ser absorbidas por Falange, sino para formar una nueva organización fruto de un pacto y bajo el caudillaje de Franco. Este había dicho que la carencia de hombres en Falange haría necesario que a la vuelta de dos meses Gil Robles de acuerdo con él fuera el Jefe efectivo de ese Organismo resultante de la fusión».Prueba de que este era un planteamiento que circulaba por el Cuartel General y no era exactamente el del propio Franco es que nada de lo anunciado sucedió.
Franco hace un último intento
¿Y la guerra? Desde el 10 de octubre están arribando a varios puertos (Barcelona, Valencia) lo que serán los primeros voluntarios de las Brigadas Internacionales. La República ha cerrado el acuerdo para comprar armas y suministros en la URSS para lo que se decidirá enviar a la potencia comunista las reservas de oro y plata de la que era la cuarta nación del mundo en acumulación de metales. El día 26 de octubre varios mercantes salen de Cartagena llevando las reservas españolas. En esos días el objetivo de las columnas de Franco es tomar Getafe y su aeropuerto. El 27 de octubre el avance de las fuerzas de Franco sobre Madrid continua. Ese día se toman Seseña, Griñón y Torrejón de la Calzada.
El 30 de octubre las columnas de Franco están en Brunete a escasos kilómetros de Madrid. El gobierno de Largo Caballero asume que pueden perder Madrid y ordena la movilización general que en la práctica movilizará un número reducido de hombres y mujeres. El 29 de octubre, aniversario de la fundación de la Falange, en Madrid son asesinados Ramiro de Maeztu y Ramiro Ledesma Ramos; José Antonio no llegará a saberlo. Ese mismo día, las fuerzas de Varela repelen un contrataque republicano en Seseña donde intervienen los primeros carros soviéticos, los T-26. El 2 de noviembre las fuerzas de Franco toman Villaviciosa de Odón, Fuenlabrada, Pinto y Móstoles. Largo Caballero, ante la cada vez más complicada situación, decide reforzar su gobierno intentando conciliar las diversas tendencias: cuatro ministros anarquistas ocupan las carteras de Justicia, Sanidad, Industria y Comercio. El propósito del nuevo ministro de Justicia, el anarquista García Oliver es juzgar, condenar y ejecutar a José Antonio.
Ese mismo día las fuerzas del Caudillo toman el aeropuerto de Getafe junto con Alcorcón y Leganés. El optimismo entre los nacionales es muy alto, todos creen que se va a tomar la capital y con ello se abriría el final de la guerra. Tanto Alemania como Italia se preparan para reconocer el gobierno de Franco. Las primeras unidades de las Brigadas Internacionales salen con premura de Albacete para llegar a Madrid, también están en la capital las primeras unidades de los aviones soviéticos, muy superiores a los que disponen las fuerzas de Franco, los Polikarpov 1-15. El carguero que lleva las últimas reservas del oro español ya está en el Mar Negro.
Poco tiempo tuvo Franco en las dos últimas semanas de octubre para pensar en el prisionero de Alicante.
Tras el abandono forzado de las aguas alicantinas de von Knobloch, Ravello y Gamero del Castillo y la cancelación de la operación sobre Alicante, la representación diplomática alemana en la ciudad continuó con las negociaciones para el soborno en Alicante donde disponen de los 3 o 4 millones de pesetas enviados que no han vuelto con los delegados españoles y von Knobloch, lo que es un dato a retener sobre lo que desde zona nacional se ha decidido.
Franco pudo haber dejado que continuaran las negociaciones sin más, pero debió, en algún momento, reflexionar sobre el prisionero de Alicante. El día 4 la flota recibe un nuevo telegrama. El Generalísimo pide que se añada a la negociación la posibilidad de liberar al destacado diputado socialista Graciano Antuña Álvarez, al que sin duda conocía de sus continuadas estancias en Asturias.
Sorprendentemente Graciano Antuña, pese a su trágica historia, es hoy un desconocido, lo que podría llevar a la conclusión de que era uno más. Sin embargo, Franco sabe muy bien lo que está haciendo. Aquel socialista era un líder minero y héroe de la revolución de Asturias, aunaba en su persona circunstancias que podían pesar en el ánimo del gobierno del Frente Popular, especialmente a su ala socialista, a Indalecio Prieto y al propio Largo Caballero. Solo desconociendo el valor político y simbólico de Graciano Antuña se puede, como se ha hecho, ignorar o borrar de la historia.
Graciano era un líder joven, nacido el mismo año que José Antonio. A diferencia del líder falangista estaba casado y tenía una niña. Socialista desde muy joven ocupaba un cargo destacado de la UGT; como dirigente había formado parte de la Alianza Obrera en la revolución de Asturias (acuerdo entre socialistas y anarquistas). Para evitar la represión, tras la derrota, se exilió en Francia y en la URSS. En febrero de 1936 fue elegido diputado por Asturias. Al estallar la sublevación formó parte de la resistencia contra las fuerzas del coronel Aranda que dominaron Oviedo. Fue detenido y en noviembre estaba en prisión.
Franco sabía bien lo que estaba ofreciendo, ya que preservar la vida y obtener la liberación de este héroe socialista debería de haber sido un objetivo fundamental tanto para Largo Caballero como para Indalecio Prieto. En el lenguaje real, que Prieto y Largo entendían a la perfección, no solo se ofrecía un canje, sino que además era una velada advertencia de que la vida de uno guardaba la del otro[123].
En esas fechas Franco va a intentar tomar Madrid. No está en la mejor posición para el asalto, pero hasta ese momento nadie ha sido capaz de frenar a sus fuerzas, además conoce a la perfección a los generales que tiene enfrente. Es evidente que si la capital hubiera caído, las circunstancias hubieran variado notablemente, lo que también habría tenido su incidencia en la suerte del prisionero de Alicante.
Mientras su propuesta para la liberación de José Antonio está en el tablero, el gobierno ha huido hacia Valencia y el general Miaja asume la jefatura de la Junta de Defensa de Madrid. Él y Sebastián Pozas saben muy bien el dominio que el Generalísimo tiene operando con columnas. Entre los rebeldes al Frente Popular, a uno y otro lado de la línea de guerra, el optimismo es muy alto. Los mandos falangistas se preparan para la entrada en Madrid. El día 6 caen en manos de las fuerzas nacionales Carabanchel alto, Campamento y Villaverde. Algunos países como Guatemala y Ecuador reconocen al gobierno de Franco. El día 7 las unidades de Rada están en Colmenar Viejo y las de Monasterio en el cerro de los Ángeles. Franco da la orden de ataque pese a su inferioridad numérica: Varela penetra por la Casa de Campo hacia el Manzanares; Barrón se precipita sobre Carabanchel. Un golpe de suerte es lo que, en realidad, a juicio del propio Franco, va a detener la progresión. El general Miaja se hace con el plan de operaciones enemigas por lo que, moviéndose por líneas internas, puede maniobrar con mucha rapidez usando las nuevas brigadas mixtas y sobre todo las Brigadas Internacionales que, como fuerza de choque, pueden taponar los puntos de penetración revelados por los planos.
El 8 de noviembre Varela da orden a sus hombres de avanzar: es el ataque definitivo. Los anarquistas presionan para que su líder, Buenaventura Durruti, que va a marchar hacia Madrid con una columna anarquista, sea nombrado jefe militar de Madrid[124]. El 10 de noviembre las líneas se han estabilizado en la Ciudad Universitaria y se lucha en Garabitas; Varela intenta progresar por Carabanchel.
En plena batalla por la capital, el 11 de noviembre, cuando el juicio contra José Antonio está a punto de comenzar, incomprensiblemente, el representante alemán en Alicante, doctor Völckers, se mostraba optimista y pedía más dinero[125]. Lo más verosímil es que Franco, en esos momentos, tras el pesimismo de primeros de noviembre, creyera que con el tiempo se podría lograr el canje del jefe falangista. Ahora, para todos, el centro de atención era Madrid.
El optimismo de los alemanes en Alicante no era ficticio. Según declaraciones ante el instructor de la Causa General, el fiscal Vidal Gil Tirado, en aquellos días, «desbarató un plan en el que al parecer estaban complicados los elementos del buque de guerra alemán Deutschland que habían ofrecido dos millones de pesetas oro para rescatar a José Antonio»[126]. Unos días después se iniciaba el juicio en Alicante, las posibilidades se diluían y los alemanes se preparaban para abandonar la zona frentepopulista.
La realidad es que esta propuesta personal de Francisco Franco desmorona las tesis de quienes plantean no ya la «oposición», insostenible con la documentación, sino una actuación consciente destinada a «torpedear» los intentos de rescate/liberación. Curiosamente no son pocos los autores que, para mantener su razonamiento, eliminan de un plumazo en sus textos esta propuesta que los alemanes pudieron utilizar en sus gestiones[127].
[1] Viuda de Fernando Primo de Rivera asesinado en Madrid.
[2] Destacado miembro del partido comunista alemán, de origen socialdemócrata, protagonista de la revuelta espartaquista, se había enfrentado a Hitler en las elecciones presidenciales de 1932. Había sido detenido en Alemania en 1933. En 1936 aún no había sido sometido a juicio y era apoyado por un importante movimiento de solidaridad internacional por parte de la izquierda. Así pues, la propuesta de von Knobloch que incluso podía llevar a un canje no era una locura dado el valor simbólico de Thälmann. Cabría recordar que en España hubo durante la guerra primero un Batallón Thälmann en las Brigadas Internacionales y luego recibió su nombre la XI Brigada. Thälmann sería ejecutado en 1944 en el campo de concentración de Buchenwald.
[3] José de Mora-Figueroa habló con Knobloch sobre este tema. Le contestó con una nota que transcribimos: «[el radio se dirigió] no a la flota alemana en el Mediterráneo, sino al Gobierno Alemán por medio del alto mando de la Marina alemana. Este mensaje lo envié a los pocos días de estallar el Movimiento, más o menos dos meses antes de la llegada del Dr. Völckers con el personal de la Embajada Alemana a Alicante. Pedí en él que se me pusiera en contacto directo con la Falange en la parte nacional. No recibí respuesta». MORA-FIGUEROA, José de: Datos para la historia de la Falange gaditana, 1934-1939, Jerez 1974, p. 110.
[4] VIÑAS: «Intentos…», pp. 70-71.
[5] Como quienes escriben estas cosas carecen de capacidad crítica bastaría preguntarles que de ser cierta esta frase de Franco cómo después decidió arriesgar primero 10 vidas, luego 3 y también toda una operación de 200-300 hombres más las tripulaciones de los navíos de guerra que debían llevarlos a Alicante.
[6] En realidad, el mando italiano se decidió por el envío de dos submarinos de forma secreta para ayudar a los nacionales a finales de octubre. Aunque la tripulación era italiana se incorporaría un oficial español que, en caso de ser necesario, se identificaría como comandante del submarino.
[7] TORRES GARCÍA, Francisco: Franco. La hoja de servicios de un soldado, Madrid: SND Editores, 2022, p. 390.
[8] Hace poco más de 40 años tuve la oportunidad de leer el documento completo y tomar algunas notas merced a un familiar directo de Agustín Aznar. Escrito muchos años después de los hechos es de indudable valor, no siendo realizado para ser publicado ni con interés de reconocimiento alguno, distando muy lejos de otros testimonios en lo que cada uno busca colocarse como el gran protagonista. Ha sido reproducido, de forma incompleta en diversas ocasiones. Cfr. FERNÁNDEZ-CUESTA: op. cit., pp. 162-166; ZAVALA, José María: La pasión de Pilar Primo de Rivera, pp. 210-220; TORRES GARCÍA: El último José Antonio, .
[9] En sus notas al texto de Aznar, el escritor José María Zavala estima, ya que el jefe falangista le aplica el grado de almirante, que se trataba del vicealmirante –no era aún almirante– Rolf Hans Wilhem Karls Carls, que llegaría posteriormente a España al frente de las unidades pesadas de la Armada que operarían en las costas españolas reforzando el grupo ligero. En las fuentes consultadas hay alguna imprecisión con respecto a su grado en estos momentos. Según los datos ascendería a vicealmirante estando al mando de las unidades navales alemanas en España, pero no alcanzaría el grado de almirante hasta 1937.
[10] Según recuerda Santiago Rayuela, recogiendo el testimonio de Carlavilla, este abandonó el proyecto cuando se encontró con Aznar y su grupo de hombres armados dispuestos a embarcarse para Alicante, no así Miguel Primo de Rivera que pasó a formar parte del comando. Mauricio Carlavilla no creía factible el plan de Aznar y continuó trabajando en el canje por el hijo de Largo Caballero y otros prisioneros republicanos.
[11] Algunos de los integrantes del comando, en diferentes momentos, hicieron declaraciones sobre su participación en los hechos, a veces con errores en los datos, algo propio del recurso a la memoria, pero coincidentes en lo básico. Cfr. Entrevista a Federico Ménendez Gundín: En Pie (1974), también en La Nueva España, 26-11-1972; RODRÍGUEZ DE VALCÁRCEL, Carlos María: «La frustrada salvación de José Antonio», Información del Lunes (Cádiz), 21-11-1941.
[12] Según Pavón y Río Cisneros también ordenó al «jefe del Ejército del Sur que les facilitara el respaldo bélico que el proyecto exigiese». El comando iba armado y preparado para llegado el caso asaltar la prisión. Los procesos…, p. 225.
[13] Transcurridas varias décadas, algunos biógrafos «oficiosos» de Queipo de Llano, constantes en tratar de acrecentar el «antifranquismo» del general, apuntaron que él dio el dinero para el rescate mientras Franco ponía unas pegas que carecen de todo fundamento según los testigos directos. Sin embargo, Martínez de Salazar, uno de los leales a Fal Conde, ha dejado el testimonio de una charla del dirigente carlista con Queipo de Llano, en la que este mostraría su enfado porque, desde Salamanca –en realidad sería desde Cáceres si se refiere a la propuesta primera, aunque es posible que se refiera a la relacionada con la posterior gestión para un canje a través de Prieto–, se le hubiera ordenado dar el dinero no siendo partidario de que el Estado empleara fondos propios en la gestión.
[14] Gavilán no estuvo entre los seleccionados por Aznar para acompañarle, por lo que con resignación anotaría años después, «les deseé suerte». FERNÁNDEZ-COPPEL, Jorge: General Gavilán. Memorias, Madrid: La esfera de los libros, 2005, p. 75.
[15] Este es un elemento importante en todo lo sucedido: «cabe destacar que Boehm, Warlimont y el alto mando de la marina, a la luz de los documentos utilizados, vinculaban esta operación a Franco: Los falangistas que intervinieron en ella aparecen siempre caracterizados como emisarios del general». VIÑAS: Guerra…, p. 78.
[16] Viñas reproduce las partes correspondientes del Diario de Operaciones donde se anotan todos los detalles. VIÑAS: op. cit. pp. 72-74.
[17] VIÑAS: Guerra…, p. 64.
[18] Al mando del capitán de navío Miguel A. Ferreira llegó a Alicante, enviado por el gobierno argentino, el 22 de agosto de 1936. Realizaría desde allí tres viajes poniendo a salvo a cerca de 300 personas, pese a las limitaciones para acomodar a pasajeros en un buque de guerra. Cfr. CAMPOAMOR, Clara y FERNÁNDEZ CASTILLEJO, Federico: Heroísmo criollo: la marina argentina en el drama español, Buenos Aires: Instituto de Publicaciones Navales, 1983.
[19] El Tucumán llegó a Alicante en noviembre y siguió realizando viajes con huidos desde Alicante hasta junio de 1937. Estaba al mando del capitán de fragata Mario Casari. Realizó un total de 12 viajes poniendo a salvo a 1.240 personas exprimiendo al máximo los escasos espacios disponibles en el navío. Al acabar la guerra, el cónsul argentino y el capitán del navío recibieron en Alicante la medalla de oro de la ciudad.
[20] VIÑAS: Intentos…, p. 73. Uno de los testimonios de Agustín Aznar sobre estas gestiones es recogido por Antonio Gibello en su obra José Antonio ese desconocido, pp. 289-290.
[21] Actuó como agente nacional en Alicante transmitiendo datos de llegada y salida de navíos extranjeros. Igualmente señalaba la posición de los barcos para los aviones nacionales.
[22] También es probable que consiguieran comunicar con José Antonio a través de su hermano Ramón Pérez que sufría prisión en la Provincial.
[23] Carlos Rojas fue quien apuntó este nombre, tesis que comparte Gibello y que suscribimos en este trabajo.
[24] Aznar en su testimonio indica que eran de la CNT.
[25] En esos meses era posible sobornar a la FAI por unas cuarenta mil pesetas para conseguir escapar de Alicante. ALONSO VIDAL, José: Levante 1936: la increíble retaguardia, Madrid: Editora Nacional 1973, p. 142.
[26] Libertad (Valladolid), 20-11-1965.
[27] CHIPONT, Emilio: Alicante 1936-1939, Madrid: Editora Nacional, 1974, p. 35.
[28] José María Zavala deduce que el Vaselina era Antonio Cañizares, lo que leyendo los testimonios no parece posible. En su relato ha debido confundir las gestiones de Aznar con las de von Knobloch. ZAVALA: op. cit., p. 158.
[29] Zavala, como otros, cae en el error de introducir el texto de esta noticia en relación con el comando que comenzó a prepararse en Sevilla para una segunda operación tras el fracaso de la primera. ZAVALA: op. cit., p. 164.
[30] José María Zavala, que incurre a veces en el error de aceptar los testimonios sin trazar una análisis crítico de los mismos porque cuadran en su relato, siguiendo las confesiones de los hijos de Rafael Garcerán, anota que este consiguió bajar a tierra, aunque no indica cómo consiguió que los alemanes le autorizaran dada la prohibición del contraalmirante, y que estuvo con Aznar deambulando por Alicante, lo que no es cierto. Según el hijo de Garcerán, su padre estaba con Aznar el día que les reconocieron y tuvieron que salir «pitando, perseguidos por todo Alicante», ambos se metieron en una «especie de baños turcos», lo que tampoco es cierto. Después se separaron y Aznar se fue a la embajada y él al barco. En el informe realizado por Aznar no aparece nada de esto, ni tampoco concuerda con la versión conocida de la fuga de Aznar del restaurante, donde tampoco se menciona la presencia de Garcerán. Conviene precisar, cuando se tiene experiencia en el trabajo con fuentes orales indirectas, que los hechos son alterados con suma frecuencia tanto por el protagonista como por los que guardan el recuerdo, desvirtuando en forma de exageración la participación real en los hechos. Es así hasta el punto que ellos mismos acaban asumiendo como real lo que no transcurrió exactamente así. ZAVALA: op. cit., pp. 159-160.
[31] XIMÉNEZ DE SANDOVAL: José Antonio (Biografía apasionada), pp. 516-517.
[32] Anotar que al finalizar la II Guerra Mundial este crucero fue entregado a la URSS siendo rebautizado con el nombre de Admiral Makarov.
[33] VIÑAS: Intentos…, p. 76.
[34] El Luchador, 29-9-1936 y 13-10-1936.
[35] Sobre el proceso seguido y las ejecuciones remitimos al lector a nuestro trabajo sobre el tema. TORRRES GARCÍA, Francisco: La vida por José Antonio. Entre la represión y el olvido, Madrid 2016: Ediciones Barbarroja , pp. 84-99.
[36] La Nación de Buenos Aires, 23-10-1936.
[37] La fuente originaria sobre este intento es el testimonio recogido por Maximiano García Venero en su libro publicado por la editorial antifranquista Ruedo Ibérico en 1967. No existe ninguna otra fuente sobre el mismo. Preston, manipulando la fuente, dice que Franco negó el salvoconducto (lo que primero hubiera obligado a Casaña a tratar con él y revelarle el objetivo de su plan). Zavala, puesto a reproducir como si fuera resultado de investigación propia, afirma que Casaña tuvo el visto bueno de Agustín Aznar, lo que sabemos que no sucedió, y que la propuesta entregada al amigo de Miaja era para entregársela a este en Orán. Ernesto Milá, que en vez de ir a las fuentes sigue a Zavala y Preston, asume que Aznar dio su aprobación; en lo referente a Franco anota que «no parece que existan pruebas de que Franco negara los salvoconductos directamente para obstaculizar el canje», cuando de lo que existe el testimonio es que no se le consultó ni a él ni a Hedilla. Y a partir de ahí se dedica a teorizar, sin consultar la fuente, para concluir: «como máximo se podría decir [ante la evidencia de que Franco no obstaculizó las gestiones de canje] que no le gustaron alguna de las tres condiciones que Casaña transmitió al hijo de Miaja [que fuera al hijo de Miaja es gratuito] y que no apoyó suficientemente la iniciativa». Cfr. GARCÍA VENERO, Maximiano: Falange en la guerra de España: la Unificación y Hedilla, Ruedo Ibérico 1967, pp. 205-207; PRESTON: op. cit. p. 247; MILÁ, Ernesto: «Franco y José Antonio ¿Hizo todo lo posible Franco por salvar a José Antonio?», Revista Histórica del Fascismo, nº XXXI (abril-mayo 2014), pp. 91-97 y 104, ZAVALA: op. cit. pp. 170-171.
[38] En caso de acceder, Miaja cobraría el doble de su sueldo de general a lo largo de toda su vida. Además, se le brindaría la posibilidad de incorporarse al ejército nacional. GARCÍA VENERO: op. cit. p. 206.
[39] PAYNE: Franco y…, pp. 354-355, 375; PRESTON: op. cit., pp. 246-247; GARCÍA VENERO: Falange…, pp. 205-207; BRANTS: op. cit., p. 69.
[40] PAYNE: Franco y…, p. 354; PRESTON: op. cit. p. 246-257; GIBELLO: op. cit. p. 288.
[41] FERNÁNDEZ DÍAZ, María Elena: Violencia política y represión. Melilla después del Alzamiento: el campo de concentración de Zeluán, (Tesis doctoral), Madrid: UNED, 2015 (copia digital), p. 54.
[42] Que el hijo de Miaja era un rehén importante no puede ponerse en duda y que fuera retenido por esta razón tampoco; que cualquier canje podría ser posible también. Se equivoca Bello Landrove al seguir parcialmente a Preston (sin explicar el previo canje de los otros familiares de Miaja), sin comprobación de sus afirmaciones, al hablar de la «gratuita venganza» de Franco sobre Miaja a cuentas de su hijo. Sigue a Preston al aceptar que ello era debido a viejos rencores en África (nunca existieron) o a que el general Miaja lo había parado en la defensa de Madrid. Preston es hábil inventando/achacando a Franco intenciones similares. Solo indicar que Miaja, en África, había prestado declaración en el juicio contradictorio para uno de sus ascensos por méritos de guerra de modo altamente favorable a Franco: «por sus dotes de mando y clara ojeada militar y gran cultura». Por otro lado, Franco estimó que su «fracaso» en noviembre –nunca lo consideró tal– se debió a que Miaja conocía el plan de operaciones y la intervención de las Brigadas Internacionales. Además, nunca tuvo confianza en aquel asalto efectuado en clara inferioridad. Con respecto a las batallas en torno a Madrid, cuya resultante tampoco pueden considerarse un fracaso como tal, no consta que Franco expresara nunca ningún resquemor. Preston no investigó el caso, sino que se limitó a reutilizar el testimonio recogido por el médico de Franco en 1961 que presenta algunas contradicciones, aunque anota que Franco, a resultas de una propuesta, planteó el canje por Miguel Primo de Rivera. Cfr. BELLO LANDROVE: op. cit.; PRESTON, Paul: «Franco y la represión: la venganza del justiciero», Actas del II Congreso de Historia de nuestro tiempo, Logroño: Universidad de La Rioja, 2010, p. 63; SORIANO, Ramón: La mano izquierda de Franco, Barcelona: Planeta 1981, pp. 146-147; TORRES GARCÍA: Franco. La hoja de servicios de un soldado, p. 205.
[43] GIBSON: op. cit., pp. 300-308; OCEC, vol. II, pp. 1.566-1.588; BRAVO, Francisco: op. cit., pp. 138-142.
[44] Allen consiguió la entrevista merced a sus contactos. Había llegado a Madrid en 1930. Hombre de izquierdas acogió en su casa, tras la revolución de octubre, a Negrín, Araquistain, Álvarez del Vayo y Rodolfo Llopis. Este último, subsecretario de la presidencia fue quien allanó el camino para la entrevista. Ello le permitió llegar hasta el gobernador civil alicantino, Francisco Valdés, pero al final la decisión dependía del Comité del Frente Popular (Allen anota los nombres de sus integrantes: Prieto, Carmelo, Alberola, Marín Bautista y José Cases), al que convenció. Retornó a los Estados Unidos donde junto con Herbert R. Southworth creó una oficina de apoyo a la República. Ello le permitió entrar en los círculos izquierdistas de la mujer del presidente americano Eleanor Roosevelt. No parece creíble que, con estos antecedentes, en la zona nacional se le diera una alta credibilidad a un reportaje de Allen.
[45] Agradezco a mi mujer Celia, profesora de inglés, que realizara una comprobación de la traducción, que me precisaron la exactitud de algunas partes de los textos con el uso de algunas expresiones.
[46] De hecho, en la prensa se indicó que el artículo era de un redactor del News Chronicle. La Batalla. Órgano Central del Partido Obrero de Unificación Marxista, 7-11-1936.
[47] En 1939 Francisco Bravo incluyó en su libro José Antonio, el hombre, el jefe, el camarada una versión de la entrevista: ni eliminó las referencias a Franco, ni su crítica a las derechas, ni la frase que hacía referencia a su vuelta a una prisión si el movimiento triunfante resultara reaccionario.
[48] Allen en su artículo opinaba con dureza de la actividad de los falangistas: «jóvenes que antes alquilaban pistoleros o jugaban a pistoleros, y que ahora merodeaban por la España rebelde liquidando no solo a marxistas, sino a todos los elementos liberales a quienes pueden echar mano». OCEC, vol. II, p. 1587.
[49] Expresión que en aquellos momentos se refería al movimiento militar.
[50] Resulta significativo que, pese a conocerse las palabras de José Antonio en el proceso desde 1963, se le haya dado, por escritores falangistas de tendencia «antifranquista», una relevancia política a este artículo que no tiene.
[51] Algún testimonio ha indicado que el 6 de octubre dos enviados de Largo Caballero, Justo Martínez Amutio y Fernando Arias visitaron a José Antonio en la prisión con motivo de la entrevista realizada por Allen. Le llevarían el texto que se iba a publicar para que lo revisara, lo que Primo de Rivera haría. José Antonio aprovecharía para volver a plantear su intento de mediación. Tras informar a Largo Caballero, este lo trasladaría a Prieto. Sin embargo, Allen decidió publicar una versión distinta. Relato que en principio no parece muy creíble.
[52] «I know nothing. I hope it is no true, but it is, it is a mistake».
[53] En realidad, fueron las autoridades republicanas del Frente Popular las que trataron de pactar con Alemania e Italia para que retiraran su apoyo a Franco. Se iniciaron contactos en el Tercer Reich para la venta de las Canarias. Documentalmente, como ha demostrado Manuel Aguilera, también ofrecieron a Mussolini territorio en las Baleares. Contaron estos contactos con la autorización de Manuel Azaña, Largo Caballero y Álvarez del Vayo. Las negociaciones se abrieron en marzo de 1937 y acabaron con la caída del gobierno de Caballero. Según Aguilera también Azaña y Prieto estuvieron dispuestos a enajenar los puertos de Mahón y Cartagena. Cfr. AGUILERA POVEDANO, Manuel: El oro de Mussolini. Como la República planeó vender parte de España al fascismo, Arzalia, 2022.
[54] «I’d say was untrue!».
[55] Cfr. Diario de Almería, 7-11-1936, El Liberal (Murcia), 7-11-1936.
[56] Hubiera sido un documento excepcional si Allen, en vez de dos artículos similares, hubiera trascrito toda su conversación. En este párrafo, de traducción más o menos acertada, nótense tres cosas: la primera, que en un momento dado José Antonio da como posible la victoria de los rebeldes y su posible participación en el gobierno; segunda, que rectifica inmediatamente para indicar cuáles serían sus condiciones para participar en el mismo; tercera, concluye, escamoteando así el peso de lo que acaba de decir, con las consecuencias que de cara a un proceso podría tener, recurriendo a hablar de la posibilidad de que también fuera encarcelado en la otra zona. El Liberal de Murcia rotuló su resumen del artículo indicando: «Si los rebeldes se proponen llevar a cabo una restauración no estaría de acuerdo con ellos».
[57] El actor Fernando Fernández de Córdoba, famoso por leer el último parte de guerra en la radio, fue acusado de ser el delator de los «rojos» del rodaje en el que también participaba. Sin embargo, en sus memorias publicadas en 1939 (Memorias de un soldado locutor) indica que fue él quien consiguió que la actriz fuera liberada.
[58] Este bulo ha perdurado y hace no mucho tiempo alguna asociación de memoria histórica se hizo eco del bulo como real, para después retirarlo.
[59] FORMICA, Mercedes: Visto y vivido 1931-1937, Barcelona: Planeta, 1987, pp. 243-244; GAVILÁN SÁNCHEZ, Juan Antonio: «El Genio Alegre. Una película que empezó republicana y acabó franquista», IV Jornadas Niceto Alcalá-Zamora y su época, Córdoba: Diputación de Córdoba, 1999, pp. 161-186; BARBERO, Edmundo: El infierno azul. 6 meses en feudo de Queipo (en sobrecubierta Seis meses en terreno faccioso), Madrid: Talleres socializados del S.U.I.G. 1937; FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, Fernando: Memorias de un soldado locutor, Madrid: Ediciones españolas, 1939.
[60] Si seguimos las confidencias de Franco Salgado-Araujo, el Generalísimo tenía cierto aprecio por Asensio al que llamaba «Pepito». Según estas creía que era un militar que carecía de ideal al subordinarlo todo a su «estómago» (en la zona frentepopulista el PC en su campaña contra él denunciaba su vida disoluta), que su adscripción fue «geográfica» y que si hubiera creído en el triunfo o estado en Marruecos en julio de 1936 se habría sublevado. Según Franco, cuando fue Jefe del Estado Mayor Central, Asensio Torrado se puso a su disposición. FRANCO SALGADO-ARAUJO: Mis conversaciones…, p. 276
[61] La familia del general fue inicialmente detenida y trasladada a Valladolid ingresando en prisión. El general Saliquet ordenó que Mario, el hijo del general, fuera confiado al Convento de San Pablo y su hermana al de las carmelitas de Santa Teresa, por lo que quedaron protegidos. Carlota, esposa de Asensio, sería más tarde trasladada al convento con su hija. En febrero de 1937 se ordenó su libertad. Cfr. PALOMARES IBÁÑEZ, Jesús María: «Vida conventual y conflicto político (1931-1945)», Investigaciones Históricas, época moderna y contemporánea, Extraordinario 1 (2021), pp. 627-658.
[62] A diferencia de lo señalado, la derrota de los republicanos y la caída de Málaga, en febrero de 1937 provocó el fin de la carrera de Asensio Torrado, figura esencial en la formación del Ejército Popular. El PC movió los hilos y acabó consiguiendo que fuera acusado de traición. Fue procesado y enviado a la cárcel. En mayo de 1938 el caso fue sobreseído pero el general no fue realmente rehabilitado permaneciendo apartado del mando de tropas. En enero de 1939 se le destinó como agregado militar a Washington. En el exilio ingresaría en la masonería. En 1941 se difundió que participaría en una operación para ocupar Canarias con el apoyo de los EEUU. Andando el tiempo llegaría a formar parte del gobierno de la República en el exilio. Se le había ofrecido la posibilidad de volver a España pero la rechazó. Cfr. ASENSIO TORRADO, José: El general Asensio. Su lealtad a la República, Barcelona: Artes Gráficas – CNT, 1938; SUERO ROCA, María Teresa: «Un mando incomprendido: José Asensio Torrado», Tiempo de Historia n.º 42, (mayo 1978); PUEL DE LA VILLA, Fernando: José Asensio Torrado. General de División», GARCÍA FERNÁNDEZ, Javier (Coord.): 25 militares de la República, Madrid: Ministerio de Defensa, 2011, pp. 67-98.
[63] La Falange. Órgano de Extremadura de Falange Española de las JONS, 7-10-1936 (Cáceres).
[64] Comandante de submarinos en la I Guerra Mundial, tras la misma alcanzó el grado de jefe de estado mayor de la flota alemana (1933). Al estallar la guerra civil fue nombrado comandante de las fuerzas navales alemanas en España. Durante la II Guerra Mundial participó en las operaciones sobre Dinamarca, Noruega y en la parte naval de la Operación Barbarroja. Dejó el servicio activo en 1943 pasando a ser alcalde de Stormam. Murió en un bombardeo aliado en abril de 1945 sobre Bad Oldesloe (Hamburgo). Por su actuación en España se le había concedido la Cruz Española de oro con espadas. Es usual que en los relatos aparezca como almirante al ser el jefe de las unidades, pero en 1936 era aún contraalmirante. Sería por su labor al frente de la flota en España cuando ascendería a vicealmirante y en junio de 1937 alcanzaría el grado de almirante.
[65] Valdés Casas, doctor en Derecho, era un hombre de Azaña, militante de Izquierda Republicana, ejemplo de los republicanos burgueses de centro-izquierda. Tras ser alcalde de Talavera de la Reina y gobernador civil de León llegó a Alicante para ocupar el cargo de gobernador civil tras las elecciones de febrero de 1936 (20-2-1936). En 1937 pasaría a ser presidente de la Diputación alicantina. Al acabar la guerra se establecerá en México.
[66] Perteneciente a la ACNP y a la CEDA durante la II República en 1936 fue el número uno en las oposiciones a letrado del Consejo de Estado. Se afilió a la Falange en septiembre de aquel año. Vinculado después al grupo de Serrano Suñer, dentro de FET de las JONS, sería Gobernador Civil de Sevilla (cargo que abandonó para alistarse en el Canarias). Fue ministro en el segundo gobierno de Franco, Vicesecretario del Partido, Consejero Nacional y procurador en Cortes hasta 1946. Su posicionamiento político dentro del régimen fue variando: primero, se vinculó a la línea germanófila de FET de las JONS estando muy influido por el nacionalsocialismo; segundo, tras ser cesado por Franco, pasó al Consejo de Estado para acabar en 1943 en la disidencia monárquica; tercero, abandonó la política activa para dedicarse al mundo de las finanzas entrando también en el Consejo Privado del conde de Barcelona.
[67] Curiosamente Ernesto Milá anota que Gamero «fue probablemente comisionado por Serrano Suñer para estar cerca de José Antonio en los primeros momentos después de ser liberado». Esto es sencillamente imposible porque Serrano estaba en la zona frentepopulista; primero preso en la Modelo, donde consiguió escapar de las sacas, y después refugiarse en una clínica merced a las gestiones de Manuel Irujo. Sus hermanos fueron asesinados en Aravaca. En enero de 1937 protagonizó una fuga vestido de mujer refugiándose en la embajada de los Países Bajos. Con documentación falsa consiguió llegar a Alicante donde embarcó en el destructor Tucumán (vía de escape usual), llegando a Francia para marchar después a Salamanca el 20 de febrero de 1937. MILÁ, Ernesto: «Franco y José Antonio…», pp. 128-129.
[68] TORRES: El último…, p. 388.
[69] Al mando del Kapitänleutnant Friedrich Kothe, este torpedero de tipo 24 botado en 1928 operó en las acciones de control sobre la navegación en función de los acuerdos del Comité de No Intervención. Formaba parte de la escuadra que acompañaba a los cruceros Admiral Scheer y Deutschland. Sus cinco cañones y 6 tubos de torpedos le daban una potencia de fuego más que suficiente. Participó en el ataque a Almería en castigo por el bombardeo republicano al Deutschland. Al estallar la guerra mundial, operaría en el Báltico y en el Mar del Norte siendo hundido en julio de 1940.
[70] ROJAS: op. cit., pp. 193-199. En la publicación de los documentos alemanes aparece con el número 102, signatura 47/31721-722. Otra traducción en MIRATVILLES, Jaume: Los comunicados secretos de Franco, Hitler y Mussolini, Barcelona: Plaza & Janés 1977, pp. 259-261. Puntualizaciones en VIÑAS: Guerra…, pp. 85-87.
[71] Viñas traduce: «una suma de dinero de cuantía ilimitada».
[72] En la traducción de Viñas no aparece esta referencia a los amigos, que se referiría, como mínimo, a Miguel.
[73] Viñas traduce este párrafo del siguiente modo: «El almirante Carls rehusó intervenir en tales planes antes de la victoria porque la pondrían en peligro y porque no le resultan verosímiles; ni él ni la Embajada tenían instrucciones. Yo tomé la misma actitud. Llamo la atención sobre el hecho de que los planes de Knobloch –quien no puede bajar a tierra y quiere usar el aparato de la Embajada– pondrían en peligro la realización de tareas de esta, aún en el caso de éxito. Intento de liberación por la fuerza pondría en cuestión la estancia aquí de la Embajada».
[74] Viñas lo traduce como: «Si el presunto plan de inspiración de un espíritu revolucionario nacional-socialista cuenta en realidad con aprobación de importantes círculos alemanes».
[75] La respuesta desde Berlín fue negativa.
[76] VIÑAS: op. cit., pp. 82-87.
[77] Guardo entre mis muchos papeles unas notas sobre otro plan alemán que, inicialmente, se antoja un tanto fantasioso y del que no se ha hecho mención. Es muy probable que sea producto de una reconstrucción muy posterior en la que se mezcla el deseo de protagonismo de la fuente, lo que conoce, y otros intentos de rescate. El relato ofrece demasiadas contradicciones e imposibilidades. Según éste, el general de la Luftwaffe Helmut Wilberg (responsable de la doctrina táctica de la Luftwaffe) habría recibido el encargo de preparar una acción de rescate. Dos comandos alemanes llegarían hasta la playa en lanchas silenciosas desde dos U-Boot. Aguardarían que otro comando formado por falangistas pudiera llegar hasta José Antonio gracias al soborno realizado a uno de los jefes de la prisión conduciéndolo hasta la playa junto con su hermano Miguel. José Antonio y su hermano serían trasladados a los submarinos y los comandos a otros barcos. No existe corroboración documental alguna. Ahora bien, no es descartable que los alemanes, al conocer el proyecto del desembarco español prepararan el suyo propio. También es posible que la referencia se correspondiera con el primer intento de rescate en Alicante realizado por Aznar o bien a la forma en que sacarían a José Antonio si prosperaba el soborno que se consideraba factible en octubre. La referencia a los U-Boot induce a pensar que se trata de una reconstrucción posterior de los hechos, ya que estos submarinos no operaron en aguas españolas hasta después de la ejecución de José Antonio y lo hicieron en secreto. Sin embargo, el secretario de Azaña, Santos Martínez, anota en sus memorias que se especulaba con una acción semejante llevada a cabo por submarinos alemanes. Por otro lado, en los archivos de la Causa General se encuentran referencias a un último intento que se proyectaba llevar a cabo desde el acorazado alemán Deutschland al filo de la ejecución. Cfr. MARTÍNEZ SAURA, Santos: Memorias del Secretario de Azaña, Barcelona: Planeta 1999, p. 475.
[78] Testimonio de Knobloch en GARCÍA VENERO: op. cit., p. 204.
[79] VIÑAS: Guerra…, p. 88.
[80] VIÑAS: Franco, Hitler…, pp. 371-386.
[81] VIÑAS: «Berlín…», p. 48.
[82] Los únicos billetes invalidados fueron aquellos emitidos por la República después del 18 de julio, pero de estos no había en la zona nacional en aquellas fechas. Cfr. El papel de la peseta, El País-Aguilar, Madrid 2002; ÁLVAREZ MOLINA, Francisco y PÉREZ PUCHE, Francisco: Adiós peseta, Madrid: Alianza 2001. MONTSERRAT CAVALLER, Joaquín: Joaquín Bau Nolla y la restauración de la monarquía, Madrid: Actas 2001, pp. 128-131.
[83] Testimonio de Fal Conde en GARCÍA VENERO: op. cit., p. 205. Este ofrecimiento se produjo cuando José Antonio ya había sido fusilado. Precisiones en el ya citado artículo de MARTÍNEZ DE SALAZAR: «Fal Conde y el rescate de José Antonio».
[84] Fal Conde se debe estar refiriendo a la propuesta de canje a través de Prieto para la que se necesitaban 6 millones de pesetas.
[85] Sería hundido el 5 de diciembre de 1936 tras los disparos de advertencia de la poderosa artillería del crucero nacional Canarias. Algunos autores han estimado que no sería descartable la actuación de un submarino italiano. El comandante del buque soviético, dándolo por perdido, ordenó la evacuación y lo incendió, ante lo que el Canarias, recogida la tripulación enemiga, abrió fuego. Resulta tan sorprendente como revelador que en la zona republicana se hiciera una campaña de recogida de fondos para adquirir otro carguero que no consiguió el objetivo. La URSS intentó aprovechar el incidente para forzar a las armadas francesa y británica a actuar contra los buques españoles. El Almirantazgo británico fue tajante desestimando esa posibilidad. Era el riesgo que se corría cuando se transportaban armas. En total, la armada nacional consiguió, sin ser una cifra exacta, capturar o hundir una decena de navíos soviéticos.
[86] Cfr. VIÑAS, Ángel: La soledad de la República. El abandono de las democracias y el viraje hacia la Unión Soviética, Barcelona, Crítica 2007, pp. 352-354.
[87] El capitán Otto Ciliax había participado en la I Guerra Mundial en lanchas torpederas y submarinos. Estuvo al mando del Admiral Scheer en las misiones que desarrolló entre el 2 de octubre y la segunda mitad de diciembre de 1936, fue condecorado en 1939 con la Cruz de Oro con Espadas por su actuación en España. El grupo de navíos lo formaban junto al crucero los torpederos Seadler, Albatros, Luchs y Leopard. Durante la II Guerra Mundial destacó al mando del mismo y del Tirpitz, siendo comandante de la flota del Báltico y de la Armada en Noruega. Fue hecho prisionero al concluir la guerra pasando un año en prisión. Estaba en posesión de la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. En 1939 España le concedió la Cruz del Mérito de la Marina.
[88] VIÑAS: op. cit, pp. 89-90.
[89] Algunos autores han especulado con el hecho de que Franco pudiera estar informado del intento de negociación con Martínez Barrio para un cese de la guerra. Es bastante improbable por no decir imposible dado el secreto con el que lo mantuvieron las autoridades republicanas. Por otra parte, desde principios de agosto en que se planteó por parte de Primo de Rivera había pasado mucho tiempo y no había tenido trascendencia, ni en la zona republicana se le había dado mayor publicidad.
[90] Otros autores han indicado que quizás las prevenciones de Franco remitidas tuvieran algo que ver con el contenido del artículo-entrevista de Jay Allen. Como indicamos, Allen no era alguien fiable sino un propagandista. De lo que no tendría duda es de que el grado de desinformación sobre la zona nacional que debiera tener José Antonio sería muy alto. No sería extraño que Franco pensara en enviar a alguien de confianza para informarle. Si hubiera que ponerle nombre, probablemente sería Antonio Barroso.
[91] AGMAV 1217/45.
[92] Al publicar nuestro trabajo El último José Antonio, nos contactó el hijo de un militar republicano que nos explicó que su padre comentaba que un día le llegaron algunos legionarios capturados y que confesaron que habían sido seleccionados para formar parte del refuerzo que iba a ser enviado para la operación de desembarco falangista en Alicante.
[93] El falangista José Ramón Gavilán y Ponce de León formaría parte de los seleccionados. En sus memorias deja constancia de que recibieron el armamento: «bombas de mano y subfusiles Schemeisser que eran fantásticos». En ellas comenta las limitaciones del entrenamiento para un comando. Comenta cómo el boxeador Paulino Uzcudum, se preparaba con una sierra especial y un día perseguía una vaca para partirla y comérsela. Gavilán haría los cursos de alférez provisional, ingresaría en aviación durante la guerra, marcharía después a combatir en el frente ruso con la Escuadrilla Azul. En 1968 ascendió a general de Brigada y en 1973 a general de División. Pasaría a la reserva como teniente general del Ejército del Aire, había sido jefe militar de la Casa de Su Excelencia el Generalísimo. GAVILÁN: op. cit. pp. 77-78. La concentración de falangistas para liberar a José Antonio inspiró la novela de RODRÍGUEZ CENTENO, Juan Carlos: La paciencia de la araña, Samarcanda, 2019.
[94] Es una gran finca situada en el término de Utrera.
[95] GARCÍA FLÓREZ, Dionisio, “Canarias: buque insignia de la Armada Española”, Serga, nº 5 (mayo-junio 2000), pp. 2-11.
[96] Según Mora-Figueroa se entrevistaron con el capitán de navío Salvador Moreno, comandante del Canarias, pero el primer comandante del buque era el capitán de navío Francisco Bastarreche; Salvador Moreno era el comandante del crucero Almirante Cervera, que operaba desde finales de septiembre en el Estrecho (batalla del cabo Espartel); la escuadra que formaban estos navíos estaba a las órdenes del capitán de navío Francisco Moreno. Es probable que en sus memorias confundiera los nombres. MORA-FIGUEROA: op. cit., p. 109.
[97] Testimonio del capitán de navío Francisco Bastarreche recogido en Crónica de la Guerra Española, vol. 2, Codex, Buenos Aires 1966, pp. 369-377; HCE, vol. VII, pp. 313-318.
[98] José María Gironella, de forma novelada en su obra Un millón de muertos, se hizo eco de los acontecimientos anotando que «dos de nuestros camaradas se emborracharon y se fueron de la lengua en un café, con unas mujerucas. De ahí la denuncia de la emisora africana, que fue la de Tánger».
[99] GIRÓN DE VELASCO, José Antonio: Si la memoria no me falla, Barcelona: Planeta 1994, pp. 42- 43; Mora Figueroa, op. cit., p. 119. Según García Venero la operación estuvo preparándose durante mes y medio, lo que supondría que no se abandonaría hasta entrado noviembre, pero parece inexacto y poco probable. GARCÍA VENERO: op. cit., p. 204.
[100] FERNÁNDEZ-CUESTA: op. cit., p. 165.
[101] GÓMEZ MOLINA: op. cit., pp. 268-269.
[102] Ximénez de Sandoval recoge la noticia publicada en 1961 de que la embajada británica pidió, al poco de ser ejecutado José Antonio, un certificado de defunción, quizás «para satisfacer los deseos de alguna de las personalidades británicas interesadas en salvarle». En el artículo se indica que el juez Enjuto tuvo que volver a Alicante para proceder a una exhumación y extender el certificado. El juez Enjuto afirmará en 1946 que procedió a la apertura de la fosa. Pudiera ser, aunque también es posible que en realidad se limitara a comprobar las fichas del cementerio, lo que parece mucho más lógico. XIMÉNEZ DE SALDOVAL: op. cit., p. 547.
[103] Alfonso Ussía, que profesa un antifranquismo anímico, ha llegado a decir que él llegó a ver el telegrama, pero don Juan, con mayor honestidad reconoce que no lo tiene, que debió ser destruido. El testimonio completo en Sainz Rodríguez, Un reinado en la sombra, Planeta, Barcelona, pp. 277-278. El juanista Víctor Salmador fue el autor de una serie sensacionalista en la revista Tiempo donde se aludía a las gestiones de don Juan y la reina Victoria que cosecharon de Burgos el telegrama con el «no interesa», pero entonces Franco estaba en Salamanca.
[104] TORRES GARCÍA, Francisco: ¿Por qué Juan Carlos? Franco y la restauración de la monarquía, Madrid: Fuerza Nueva-Denuncia, 1999, pp. 163-164.
[105] TOQUERO, José María: Don Juan de Borbón. El Rey Padre, Plaza & Janés, Madrid 1993, p. 98.
[106] SUÁREZ FERNÁNDEZ, Luis: “Salvar a José Antonio” en Cuadernos de Encuentro.
[107] Xavier Casals suscribe en parte nuestra tesis. La escasa credibilidad del testimonio de Sainz Rodríguez hace que ni Thomàs, ni Pecharromán se ocupen del mismo. CASALS: Franco y los Borbones, Planeta, Barcelona 2005, pp. 140-141.
[108] PRIMO DE RIVERA, Pilar: op. cit., p. 101.
[109] DÁVILA, Sancho: op. cit., p. 90.
[110] Carta a José Antonio Primo de Rivera (s/f). Papeles…, p. 122.
[111] Los simpatizantes en Argentina de la Falange, que iniciaron sus actividades en la primavera, abrieron la primera sede el 1 de agosto de 1936 en Buenos Aires. Se convertiría en un centro de apoyo a los nacionales y buscaría financiación para que los que quisieran pudieran ir a combatir a España, dedicándose a la propaganda en defensa de la causa nacional. En 1938 tenían representación en 60 localidades. Cfr. NOEMÍ FERREYRA, Alejandra: «Las publicaciones de Falange Española en Buenos Aires: estrategias de propaganda y movilización política durante la Guerra Civil (1936-1939)», Historia Contemporánea, n.º 70 (2022), pp. 821-854 https://doi.org/10.1387/hc.21896; VELASCO MARTÍNEZ, Luis (Coord.): Camisas azules en Hispanoamérica 1936-1978, Organización política y prosopografía del falangismo en Ultramar, Dykinson-Universidad Juan Carlos I, 2021; JEREZ RIESCO, José Luis: Voluntad de Imperio: la Falange en Argentina, ENR, 2008.
[112] GONZÁLEZ TUÑÓN, Raúl: «¡Acuso al PEN Club argentino», La Nueva España, 18-10-1936
[113] Historiador, abogado y Académico de la lengua y de la historia, historiador y abogado tenía en 1936 una notable influencia en el gobierno argentino. Había sido ministro de Justicia e Instrucción Pública. Desde el liberalismo pasó a fundar el Partido Demócrata Progresista para asumir en los años treinta las tesis corporativistas. Posteriormente se alineó con el peronismo influyendo en el propio general Perón.
[114] Cabe subrayar que el cuerpo diplomático de las naciones, mayoritariamente hispanoamericanas, amparándose en el derecho de asilo consiguió salvar a más de 12.000 personas de la amenaza del Frente Popular mediante la acogida en embajadas y salida del país, especialmente en los buques de guerra argentinos. El embajador haría un demoledor informe de los asesinatos masivos perpetrados por los frentepopulistas en Paracuellos del Jarama que remitiría también a Londres. Los diplomáticos expusieron su vida, sufrieron una campaña en contra de ellos por parte de las publicaciones anarquistas y comunistas. El gobierno ordenó la salida del territorio del Frente Popular a los embajadores de Argentina, Noruega, México y Brasil, entre otros. Se intentó asesinar al noruego Félix Schlayer. Fue asesinado el barón Borchgrave, agregado de la embajada belga por la Brigada de Servicios Especiales de la Dirección de Seguridad. Cfr. MORAL RONCAL, Antonio Manuel: «El asilo diplomático argentino durante la Guerra Civil», Estudios históricos de Historia Contemporánea, n.º 19-20, Universidad de Salamanca, 2001-2002, pp. 271-294; NÚÑEZ DE PRADO CLAVELL, Sara y RODRÍGUEZ ABENGÓZAR, Javier: «La quinta columna y el cuerpo diplomático en la Guerra Civil española», Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, n.º 19, Universidad de Alicante, 2019, pp. 183-203; AGUILAR, Enrique y PONCE, Julio: Memorias de José Cruz Conde. Notas de un asilo diplomático, Córdoba: Almuzara, 2011; CRESPO BALLESTEROS, Mario: «Féliz Schlayer: Asilo diplomático y humanitarismo en la Guerra Civil española», VV.AA: Cuadernos de la Escuela Diplomática, n.º 53, (Selección de memorias del curso selectivo de funcionarios de la Carrera Diplomática), Madrid: Escuela Diplomática, 2014, pp. 249-330; MORAL RONCAL, Antonio Manuel: (2008). Diplomacia, Humanitarismo y espionaje en la Guerra Civil española, Madrid: Biblioteca Nueva, 2008; MORLA LYNCH, Carlos: Informes diplomáticos. Memoria presentada al Gobierno de Chile correspondiente a la labor realizada al frente de la Embajada en Madrid durante la guerra civil 1937-39, Buenos Aires: Espuela de Plata, 2015; MERINO, Tomás: «El asilo diplomático y naval argentino durante la guerra civil española», Boletín del Centro Naval, n.º 844, (Septiembre-diciembre 2016).
[115] El responsable de la legación diplomática británica era simpatizante de los rebeldes, había sido muy crítico con respecto al Frente Popular y sus informes a Londres fueron demoledores. La embajada británica se trasladó a Hendaya al iniciarse la guerra dada la falta de garantía que ofrecía Madrid. El embajador Chilton debió de aceptar de inmediato la petición del embajador argentino.
[116] ROJAS, Carlos: op. cit., pp. 188-189.
[117] Probablemente se refiera a los ejemplares de la revista Acción Española que recibía.
[118] «También se encontraron un fusil ametralladora y varios fusiles corrientes y pistolas». ABC, 22-8-1936.
[119] Carta sin fechar de Luciano de la Calzada a Gil Robles, probablemente de fecha posterior al 10 de noviembre. AFTG/ALC-Correspondencia.
[120] En la documentación los nombres vienen cifrados de forma numérica. Poseemos parte de la clave, pero no íntegra, lo que nos impide descifrar algunas líneas. En alguna ocasión he estimado posible que Fernández Águila y Nicolás Franco fueran la misma persona ya que, curiosamente, no existe clave para Nicolás Franco. Solo en una ocasión la cifra parecer indicar «hermano de Franco»»
[121] Carta de Luciano de la Calzada a Gil Robles, 9-11-1936. AFTG/ALC-Correspondencia.
[122] Alguna parte de la conversación registrada por Calzada muestra bien cómo Fernández Águila trata de llegar atraer al jefe de las milicias de la JAP a sus posiciones. Sobre Falange le dice: «Me afirmó que al general Franco se le había ofrecido la Jefatura de Falange, pero que eso aceptado equivaldría a empequeñecer su figura que por otra parte Franco no confiaba él, la fidelidad a su persona de Falange y que en la futura Organización Nacional precisaba una fuerza consagrada a su división personal. Yo le dije a Fernández Águila que comprendía todo esto, pero que notaba una falta de fervor en torno de Franco. Me dijo que eso era obra de Falange para así valorar en más su crecimiento y no crear un ídolo que acabara devorándose a sus fieles».
[123] Como el lector habrá podido estimar Graciano Antuña Álvarez no era un político cualquiera, aunque curiosamente no se sepa casi nada de él en la actualidad. Nacido en 1903 había ingresado en el PSOE en 1925, siendo elegido muy joven concejal de San Martín del Rey Aurelio. Formó, como dirigente de la UGT, parte del Comité de dirección de la Alianza Obrera en la revolución de Asturias, para evitar la represión se exilió pasando por Francia y la URSS. Había ocupado cargos destacados, entre ellos el de presidente de la Federación Socialista Asturiana y en 1936 fue elegido diputado por la lista del Frente Popular. Al estallar la guerra fue detenido en Oviedo tras intentar organizar la resistencia a las fuerzas del coronel Aranda. Al no ser canjeado sería sometido a Consejo de Guerra en mayo de 1937 siendo condenado a muerte y ejecutado el 13 de mayo.
[124] Dadas las extrañas circunstancias de la muerte de Durruti y las diversas teorías sobre el origen de los disparos que pusieron fin a su vida, esta petición realizada por el ministro anarquista Juan García Oliver ha abierto vías a la especulación. Es evidente que los socialistas no admitirían esa posibilidad.
[125] VIÑAS: Guerra…, p. 94.
[126] 158 AHN-CDMH/Causa General, legajo 1.501/2.
[127] Un ejemplo de ello es Jeroni Mas Rigó, un autor obsesionado en demostrar la «culpabilidad» de Franco en la muerte de José Antonio. Así, en su artículo «El proceso de José Antonio en Alicante. Cronología», reproducido en algunos medios, no incluye esta propuesta del 4 de noviembre. Cfr. www.procesojoseantonio.blogspot.com/2006/06/el-proceso- de-jose-antonio-en-alicante.html, (entrada 28-10-2009). Sucede algo similar en los textos de García de Tuñón, Gómez Molina, etc. Por su parte, José María Zavala escribe gratuitamente, sin mayor base que su propia consideración, que «Franco proponía sin excesiva convicción un posible canje», para poder mantener la sombra de la sospecha sobre la actitud del jefe del Estado que se infiere de su texto amparándose en los testimonios de los hijos de Knobloch y Garcerán. Cualquier investigador se plantearía cómo puede deducir que lo hacía «sin excesiva convicción» en el sentido que lo hace. ZAVALA: op. cit., p.182.













