INTRODUCCIÓN
En la primavera de 1936, en un clima de creciente polarización política, conflictividad social y descrédito institucional, sectores vinculados a la Falange difundieron entre mandos y cuadros del Ejército español un manifiesto que constituye hoy un documento clave para comprender la retórica, los miedos y las justificaciones ideológicas que precedieron al golpe de Estado de julio.
El texto apela de forma directa al honor militar, a la disciplina castrense y a una idea esencializada de la “Patria” presentada como un cuerpo moribundo que debía ser salvado mediante una intervención armada. A través de un lenguaje hiperbólico, emocional y beligerante, el manifiesto construye un enemigo absoluto —el “marxismo”, el Frente Popular y la República— y legitima el alzamiento como un “deber sagrado”, no como una ruptura del orden legal.
Su lectura permite observar con claridad cómo la propaganda política se infiltró en el ámbito militar, preparando psicológicamente a oficiales y suboficiales para aceptar —y ejecutar— una sublevación que, pocas semanas después, desembocaría en la Guerra Civil española.
MANIFIESTO FALANGISTA DIRIGIDO A LOS JEFES, OFICIALES Y CLASES DEL EJÉRCITO ESPAÑOL EN LA PRIMAVERA DE 1936
España está en trance de muerte. Nuestra sangre generosa de soldados, que tantos de nosotros derramamos por la Patria, hierve de indignación desesperada. Sentimos inquietud y ansia de acción. Sonrojo de no ofrendar nuestras vidas por España. Vergüenza ante el deshonor a que se nos quiere condenar.
No es ya solo la existencia de las instituciones armadas, el porvenir de los nuestros, el honor del uniforme, el propio decoro de los soldados. Está en juego la vida de la Patria, de gloriosa historia, de porvenir radiante. Nos traspasa a todos el dolor de España, de la madre España.
El marxismo acecha en nuestro solar su presa segura. Con inteligente y simbólica frialdad, Moscú lanza sus consignas, ciegamente seguidas por sus secuaces y cómplices de España.
FRENTE POPULAR. Primero, desbordamiento de la izquierda republicana y del socialismo después. Paso cauto, taimado y traidor en el avance. Movimientos sociales que siembren la inquietud, la ruina y la desesperación en las clases sociales obreras. Bancarrota de la Hacienda y de la economía. Exaltación de la disgregación y del separatismo. Persecución implacable contra todo español capaz de reacción y de defensa. Destrucción del Ejército y de las fuerzas armadas, atacando su honor y dignidad, minando su disciplina. Entrega final de una España rota, maniatada, desangrada, al terror de hordas salvajes al dictado de Moscú.
Con éxito y decisión avanzan en su camino. Los actos repugnantes ya cometidos constituyen un baldón para todo español, para todo hombre civilizado.
La fuerza pública se pone al servicio de las comparsas grotescas de las milicias rojas. El poder público obra al dictado de un poder extranjero, bajo la presión de una chusma que nada tiene que ver con el honrado pueblo trabajador de España y sus legítimas ansias de justicia y de mejora. Millares de ciudadanos honrados, encarcelados inicuamente por el hecho de actuar como españoles, o cazados por la espalda una vez que se les despoja de los medios adecuados para la defensa, en tanto que impunemente se permite el armamento de las turbas revolucionarias.
Todos los días, con intensidad creciente y calculada graduación, ultrajes al Ejército y a la fuerza armada. Saqueos y violencias. Huelgas y sabotajes. Invasiones y persecuciones. Incautaciones. Amenazas. Profanaciones. Incendios de iglesias y monasterios, que concentran el tesoro espiritual de una raza que dio vida, lengua, cultura y creencias en todo un continente y está hoy en trance de sucumbir.
En Yecla fueron paseados en triunfo los descuartizados cuerpos de unos mártires de España. En Madrid, docenas de religiosos y señoras abnegadas fueron escarnecidas, linchadas, abandonadas como piltrafas humanas en el arroyo. En Alcira son desenterrados y profanados trágicamente los cadáveres. En sin número de ocasiones la fuerza pública es agredida, desarmada y ultrajada con obligada inacción; los guardias civiles, asesinados y descuartizados por la canalla… ¿Para qué seguir? España se desangra en estertores de agonía.
¿Qué hacer ante estos hechos?
Soldados de España, estaos decididos a salir en defensa, a ofrecer la vida por la Patria. La disciplina, el honor, la fe jurada nos obligan. El alzamiento contra los asesinos de España no es ya solo un derecho: es un sagrado deber. No se trata de una sublevación más, sino de un sublime y supremo acto de servicio patrio.
A nadie falta el arrojo y la decisión necesarios para cumplir con el deber. En todos asoma, no obstante, la desilusión, la desconfianza y la inquietud de que una superior unidad articulada no recoja el vehemente afán de las Fuerzas Armadas de la Patria.
Estad tranquilos. Se labora sin interrupción, venciendo obstáculos insuperables, luchando con la doble resistencia de la revolución desencadenada y del Poder Público, aliado suicida o cómplice inconsciente de la misma, sorteando la delación y el espionaje. La unidad se articulará cuantas veces se intente desquiciarla, por encima de la persecución, superando todos los obstáculos.
¿… cuántos actuaremos?
No puede demorarse mucho la operación quirúrgica salvadora, a realizar sobre el cuerpo bendito de España, por más que el dolor y el sufrimiento estén purificando la sociedad española para prepararla a horizontes de gloria, de claridad y de justicia.
Un retraso podría constituir la catástrofe suprema. Una actuación ligera, irreflexivamente pasional, impremeditada, puede, por el contrario, provocar y justificar el desastre, abrir las compuertas del anarquismo, convertir a España en colonia destrozada de Rusia.
No son momentos de gallardas aventuras impremeditadas.
Es preciso saber jugar la carta y ganarla.
No es la hora de la crítica negativa de cuarto de banderas, sino de la cautela, la reflexión y la serena audacia, porque en nuestra mano está la suerte de España.
No es tiempo de indisciplinas, con subversión de jerarquías en desprecio de mandos de prestigio y patriotismo probado, sino de interna cohesión.
¿… cómo y para qué actuaremos?
El Ejército es el brazo armado de la Patria cuando actúa unido y trabajando por el ideal y la disciplina. En caso contrario, puede convertirse en facción; el movimiento llevará en sí mismo, aunque triunfe, el germen de su propia destrucción.
Estamos decididos a saltar por encima de los cobardes y de los traidores, cualquiera que sea su número y jerarquía, pues a eso obliga el honor y la disciplina; pero no es lícito recurrir al ejemplo de los oficiales japoneses ni caer en el error de los pronunciamientos y cuarteladas de países donde el Ejército no alcanzó nunca el grado de cohesión, de dignidad y de prestigio del español.
Nuestro movimiento tendrá carácter nacional; nuestras miras no son políticas ni tienen por fin salvar intereses de clase.
Ni ambicionamos gobernar ni queremos salirnos de nuestra misión, pero tenemos el deber supremo de salvar a España antes de que se consume su destrucción.
Por encima de todo partidismo político, alienta, no obstante, en nosotros la decisión de impedir que vuelvan a imperar en España sistemas, procedimientos, doctrinas y normas que, fatalmente, habrían de conducirnos de nuevo a la ruina definitiva.
Sin ánimo de suplantar funciones de gobierno, que no nos corresponden, constituye para nosotros un deber encauzar el porvenir de la Patria, en tanto las circunstancias exigen nuestro concurso.
… ¡Consigna!
Confianza. Unidad. Silencio. Seriedad. Decisión.
Paralelamente, el impulso del corazón y el círculo frío del raciocinio.
¡Atentos todos: jefes, oficiales y clases, a la voz de España!
No importa morir en el empeño si es con honor.
¡Que nos sigan solo quienes sientan vocación de arriesgar la vida por la Patria!
… Pero sepan los traidores, los desleales, quienes ultrajan sus uniformes desmoralizando la gloriosa institución del Ejército; los que no tienen el valor de cumplir con su deber, que con ellos no cuenta la disciplina, porque no puede considerarse como tal la obediencia y sumisión a quienes, dentro del Ejército, actúan como ruines enemigos de España.
¡LA PATRIA ESTÁ EN PELIGRO!
En nuestras manos está la salvación del tesoro glorioso del pasado, de la sangre de los mártires de España, de un porvenir radiante, de regeneración, de justicia social y de grandeza nacional.
¡LA PATRIA ESTÁ EN PELIGRO!
Jefes, oficiales y clases de las Fuerzas Armadas de la Patria:
¡Todos dispuestos a cumplir vuestro deber!
¡Viva España!
Nota. — El presente manifiesto se dirige únicamente a los jefes, oficiales y clases de las Fuerzas Armadas de España y no debe extenderse fuera de ellas su publicación. Quien lo tenga en su poder, hágalo conocer a sus compañeros de armas, excluidos los traidores.
(Fuente: Archivo Histórico Nacional, Fondos Contemporáneos, Causa General de Almería, leg. 1158-2).
CONCLUSIÓN (para cerrar el artículo)
El manifiesto falangista dirigido a los jefes, oficiales y clases del Ejército español en 1936 no fue un texto aislado ni una simple proclama ideológica: formó parte de una estrategia sistemática de movilización política de las Fuerzas Armadas, orientada a legitimar moralmente el golpe de Estado y a presentar la insurrección como un acto de salvación nacional.
Analizar hoy este tipo de textos no implica asumir su discurso, sino comprender los procesos de radicalización que erosionaron la legalidad republicana y condujeron a uno de los episodios más traumáticos de la historia contemporánea de España. La memoria crítica de estos documentos resulta imprescindible para entender cómo se construyen los relatos que preceden a la violencia política y cómo se normaliza la ruptura del orden democrático.
