INTRODUCCIÓN
Durante décadas, una parte de la izquierda ha construido un relato épico en torno al maquis, presentándolo como una resistencia heroica contra el franquismo. Sin embargo, al analizar los hechos documentados, el balance de su actividad dista mucho de esa imagen romántica. Lejos de ser una lucha por la libertad, las guerrillas del maquis protagonizaron una campaña de violencia organizada en el medio rural, con un alto número de víctimas civiles, secuestros, sabotajes y atentados indiscriminados. Este artículo expone datos, cifras y episodios concretos que permiten entender la verdadera naturaleza de estas partidas armadas entre 1939 y 1952.
El maquis fue una banda terrorista, controlada a partir de 1944 por el Partido Comunista de España, sobre la que la izquierda ha forjado una leyenda romántica que presenta a estos criminales como luchadores por la libertad. Nada más lejos de la realidad. La actividad terrorista de las guerrillas del maquis estaba orientada a la instauración del comunismo en España, una ideología que ha establecido las mayores tiranías y los episodios de represión y crímenes más sanguinarios de la historia de la humanidad. Están documentados casi 100 millones de asesinatos, de ellos una parte corresponden a estos terroristas que actuaron en España entre 1939 hasta su derrota en 1952 por parte de la Guardia Civil.
La realidad pone a cada uno en su sitio y los datos criminales de los terroristas del maquis son más que elocuentes. Entre 1939 y 1952, años de mayor actividad criminal de estas partidas que empezaron siendo anarquistas pero que acabaron controladas por el PCE, asesinaron a 1.260 personas. De ellas, 953 eran civiles, 257 guardias civiles, 27 eran miembros del Ejército, y 23 pertenecían a la Policía Armada. Pero no fueron estas sus únicas acciones para sembrar el terror en el mundo rural en el que actuaron principalmente.
Llevaron a cabo, también, 834 secuestros, de los que más de la mitad acabó con el asesinato de las víctimas. Para financiarse y obtener víveres y munición cometieron 5.963 atracos, en 103 de ellos causaron víctimas mortales y realizaron 538 sabotajes, alguno de ellos especialmente sanguinario, como veremos más adelante.
Hay algunos hechos criminales cometidos por estos terroristas, a los que la izquierda venera sin rubor alguno, que destacan por su crueldad y por la búsqueda de víctimas civiles que nada tenían que ver con el régimen franquista al que decían combatir. Es más, el hecho de que más de tres cuartas partes de sus víctimas sean civiles, muchos de ellos asesinados por los comunistas en atentados indiscriminados, muestra su interés –como haría después la banda terrorista ETA- por sembrar el pánico entre los españoles.
Un caso de especial crueldad tuvo lugar en 1946 en Gúdar. Allí fue detenida la mujer de un sanguinario guerrillero llamado Florenci Guillén “el Pinchol”. Estaba acusada de haber lanzado una bomba contra el domicilio del alcalde cuando estaba reunido con varios guardias civiles y sus mujeres, asesinando a seis de ellos. Fue enviada al municipio de Rubielos de Mora, donde murió unos días después. La versión oficial fue que se suicidó, pero los maquis sembraron la duda al propagar el bulo de que la había sido asesinada. La respuesta de la partida guerrillera de “el Pinchol” fue tremendamente cruel. Primero asesinaron al ex alcalde de Gúdar, poco después a un labrador y a su hijo de 15 años. Pero no contentos con esta venganza, volvieron un año después y, tras inundar el pueblo de octavillas que relacionaban los asesinatos con la muerte de Felisa, la esposa de “el Pinchol”, asaltaron la localidad de Gúdar y asesinaron a sangre fría a ocho vecinos, entre ellos tres niños de corta edad.
Quizá el mayor atentado cometido por el maquis fue el sabotaje contra un tren al que hicieron descarrilar causando 40 muertos y más de cien heridos. Ocurrió en febrero de 1946 en la línea que unía Guamer y Mora la Nueva. Allí, en el puente que salvaba el barranco Ull de Asma, cortaron parte de uno de los raíles ocasionando un accidente en el que las víctimas fueron en su mayoría mujeres y niños.
En Domeño (Valencia), el juez de paz y tres de sus hijos fueron asesinados mientras trabajaban en el campo en labores agrícolas. En la localidad de Varea de la Dehesa (Cuenca), Francisco Lucio y su hijo de 17 años fueron atados a un árbol e hicieron prácticas de tiro con ellos. Entre los dos cuerpos se encontraron 31 impactos de bala.
En Arás de los Olmos (Valencia), asesinaron a tres vecinos que se negaron a entregar la cosecha y el dinero que tenían en sus casas. Y en Losa del Obispo (Valencia), una partida de guerrilleros del maquis arrasó el pueblo lanzando granadas contra los locales comerciales causando una docena de muertos. Acto seguido asesinaron al comandante del puesto de la guardia civil y a su mujer y dejaron malherida a la hija de estos que tenía 16 años.
Estas son solamente algunas de las acciones de este grupo terrorista que hoy la izquierda no duda en ensalzar, como ocurre con otros muchos criminales que recogen las páginas de este volumen.
CONCLUSIÓN
La historia del maquis no puede entenderse desde el prisma de la épica o la romantización ideológica. Los hechos documentados muestran una dinámica de terrorismo rural que castigó de forma brutal a la población civil, especialmente en pequeños municipios alejados de los centros de poder del régimen. Convertir a estos grupos en símbolos de lucha por la libertad implica ignorar el sufrimiento de cientos de víctimas inocentes y blanquear una violencia política que, lejos de liberar a nadie, sembró miedo y muerte en la España de la posguerra. Recuperar una visión crítica y basada en datos es imprescindible para abordar el pasado con rigor histórico y sin mitificaciones interesadas.
