Nunca, hasta que me propusieron realizar esta investigación, había reparado en un hecho que derruye un mito: el de la omnipresencia monumental del régimen de Franco. A tenor de los relatos habituales sobre esa época y las no ausentes referencias a un personaje endiosado y megalómano, la geografía hispana, en todas sus provincias y pueblos, debería haber estado plagada de monumentos dedicados a la exaltación del protagonista y su régimen, a las batallas ganadas en la guerra civil o a la propia victoria de 1939. La realidad, sin embargo, es exactamente la contraria.
En un estudio realizado por Bartolomé Palazón Cascales sobre los monumentos públicos inaugurados en la capital de la región de Murcia entre 1939 y 1975, un total de 32 –serían 33 al no incluir la Cruz de los Caídos al no existir cuando realizó la investigación–, solo encontramos uno inaugurado a mediados de los años cuarenta dedicado a la IV División de Navarra. Ni siquiera la inauguración de nuevos edificios públicos, como la sede de la Diputación de Murcia, fue aprovechada como espacio de propaganda por la administración del «Estado del 18 de las Leyes Fundamentales» a nivel regional. Así el friso que corona el edificio, obra del destacado escultor Juan González Moreno, solo contiene relieves con alegorías murcianas. Difícilmente podría considerarse como exaltación del régimen de Franco o propaganda el hecho de que en centros oficiales figurase el escudo nacional vigente que, por otro lado, no era extraño a la heráldica española; tal y como por ejemplo sucedía en la fachada lateral del Gobierno Civil obra del arquitecto Francisco Prieto Moreno inaugurado en 1955 donde se situaba un gran relieve con el escudo nacional entonces vigente, hoy sustituido por el actual.
Todo lo anterior, y el desarrollo de esta investigación, nos lleva a estimar, a falta de otros datos, que nunca se trazó un programa nacional o regional de propaganda monumental y, por ende, de exaltación más allá de la normativa tipológica existente para la elevación de la habitual Cruz de los Caídos en todas las localidades.
Vayamos a lo concreto: ¿cuántos monumentos o estatuas se erigieron en la hoy Comunidad Autónoma de la Región de Murcia (CARM) en homenaje a Franco? En puridad ninguno, salvo un busto colocado en Cieza, hoy desaparecido. Algo que se repite en decenas de provincias (si recurrimos a las catalogaciones publicadas, antes de la muerte de Franco, difícilmente llegarían a la veintena los monumentos dedicados al Generalísimo erigidos en toda España –media docena se inaugurarían tras su muerte–). De hecho, fue a su muerte cuando se anunció, con cuestación popular, que se levantaría uno en su recuerdo en la capital murciana, abriéndose el consiguiente expediente («Expediente de adhesión a la iniciativa de erección de un monumento a Francisco Franco en Murcia», promovido por el Ayuntamiento). Naturalmente, a los pocos meses, las autoridades, aún nominalmente «franquistas», es de suponer que por «orden de la superioridad», archivaron una propuesta que comenzaba a ser molesta. Tampoco la nueva «ciudad universitaria» acabaría llevando su nombre, tal y como en la época se afirmaba que sucedería.

El mito del programa de exaltación de Franco a través de los monumentos, que nunca existió más allá de los mínimos de la lógica, no pasó de los límites de la inclusión de su nombre en el callejero urbano, sin indicación conminatoria alguna por parte del Estado. Eso sí, en todas las ciudades, pueblos, y me atrevo a afirmar que también en pedanías de la región, apareció el nombre de Franco en el callejero que, en no pocas ocasiones, fue sustituido por la cita a su grado militar, «Generalísimo», y en menor medida por el apelativo que le acompañaba desde sus tiempos de África, «Caudillo». Lógicamente otras calles fueron dedicadas a generales, ministros, políticos, alcaldes, intelectuales o a hechos significativos de la época (algunos de estos nombres, relacionados con la guerra, transcurridas dos décadas ya ni se sabía exactamente a qué se referían). Fue así, entre otras razones, porque el crecimiento urbano en la provincia de Murcia, y en especial en sus grandes poblaciones, se produjo de forma acelerada durante el régimen de Franco, como sucedió en la mayor parte de España, y la nomenclatura de las calles acabó haciendo referencia a los gobernantes o a aquellos políticos que facilitaron ensanches, construcciones, casas, obras públicas, etc. Nada, por otra parte, inusual en la historia de los callejeros españoles desde el siglo XIX. En realidad, la mayoría de los nombres usados poco tenían de exaltación pública cuando se les confirió tal denominación, estando en muchos casos, como hemos señalado, la elección del nombre vinculada a la realización de algunas obras como, por ejemplo, sucedió con el «Grupo de Viviendas de José Solís» de Alcantarilla.
Que hoy se considere exaltación del régimen de Franco la existencia de placas que indican qué organismo hizo, decidió y construyó no pocas edificaciones, como es el caso del Instituto Nacional de la Vivienda, la Delegación Nacional de Sindicatos o la Obra Social 18 de Julio (unos cuatro millones de viviendas en total), lógicamente con el escudo/anagrama de la institución, no pasa de ser una interesada reinterpretación/falsificación de la realidad impulsada por el «lobby de la memoria histórica». Grupos de viviendas de protección oficial que en pocas ocasiones tenían denominaciones «franquistas». Así en 1957, con placa incluida, se inauguraba el «Grupo San Agustín de Viviendas realizadas por la Delegación Nacional de Sindicatos» en Fuente Álamo, cuya placa, como tantas otras, fue denunciada para su retirada más de medio siglo después; lo mismo que la placa del «Grupo de Viviendas San Fulgencio» en Cartagena inaugurado en 1955, cuya desaparición pedía la Federación de Asociaciones de la Memoria Histórica de la Región de Murcia en mayo de 2023. El problema real es que la propaganda no reside en las placas, sino en la relación de estas con las propias barriadas/barrios de protección oficial, renta limitada –con inclusión de viviendas sociales– construidas facilitando el acceso a la propiedad.
Transcurrido casi medio siglo desde la muerte de Franco y caminando hacia el siglo con respecto a algunos hechos que merecieron el rótulo de una calle, salvo por razones políticas, difícilmente se puede estimar que la mayoría de aquellos nombres hoy constituyan una exaltación de nada. Es más, un porcentaje altísimo de españoles ignoran la referencia histórica o quiénes fueron personajes de relevancia entonces. Bastaría con preguntar a los que actualmente viven en la Calle 13 de Septiembre, denominación que aún se conserva en alguna localidad, sin que el «lobby de la memoria» la haya identificado, por qué esta tiene tal denominación para ver que nada significa hoy para sus habitantes (hasta tal punto es así que, con error, en algún comunicado de las asociaciones de «memoria» se haya indicado que es el recuerdo del pronunciamiento de Primo de Rivera que, en realidad, tuvo lugar el 23 de septiembre).

En la CARM, como en la mayor parte de España, el proceso de destrucción y deconstrucción de la memoria a través del borrado de la huella que la historia deja en los espacios físicos, se inició prácticamente cuando se hicieron potentes los primeros vientos de la Transición. Por señalar un momento iniciático, cabría anotar que esto sucedió tras las primeras elecciones municipales realizadas después de la muerte de Franco –en el régimen de Franco había elecciones a concejales, las últimas allá por 1973–. Así, a finales de los 70, de la mano de las corporaciones socialistas (las contraladas por comunistas eran muy pocas), arrancó el programa de destrucción de esa memoria física que representaban los hoy denominados «vestigios franquistas» con la retirada de nombres, placas, monumentos, etc. Programa que llevaba acompasada, entonces muy tímidamente aflorada, esa deconstrucción de esa memoria. Proceso que hoy resulta más que evidente al constituir la «ideología de la memoria» un componente del discurso de la izquierda socialista o comunista.
En ese proceso, iniciado mucho antes de que tomara cuerpo lo que en la actualidad constituye el «lobby de la memoria», íntimamente vinculado a la izquierda socialista y comunista, al PSOE y a las reconstrucciones del viejo PCE, antes de que se incluyera en el discurso de la izquierda la «ideología de la memoria», lo que primaron fueron las decisiones políticas. Pero para las retiradas era preciso obtener votos suficientes en los plenos municipales. Aunque durante 40 años las élites políticas provinciales del centro derecha fueron cambiando de posición en la región con respecto a la introducción de determinadas sustituciones asumiéndolas en sus discursos (básicamente la nomenclatura de la calles referida a las figuras de Franco, José Antonio y algunos generales o ministros). Por otra parte, conviene no ignorar, lo que explica la perdurabilidad de algunos nombres en el callejero o de algún monumento, que también por razones políticas, más allá de esas élites políticas dirigentes, en no pocos pueblos de la región las resistencias a los cambios y eliminación de los mal denominados «vestigios franquistas» han sido notorias hasta el último envite, amparado en la aplicación de la denominada Ley de Memoria Democrática, a partir de 2023. Todo ello, para un observador objetivo, reduce en mucho la legitimación de estas medidas en una universal reivindicación popular. Así, en febrero de 2019, elDiario.es se hacía eco de la denuncia de la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia indicando que el 80% de los ayuntamientos de la provincia incumplía, según sus datos, la LMH al conservar «vestigios franquistas», pese a que el ministerio de Justicia había solicitado a 656 ayuntamientos de España que los retiraran (en la petición del ministerio aparecían los pueblos de Albudeite, Blanca, Beniel, Las Torres de Cotillas y Ulea). El «lobby de la memoria» apuntaba que de los 45 municipios de la región 36 aún conservaban algún tipo de «vestigio franquista».
En ese camino, desde finales de los setenta hasta la actualidad, cabría estimar que, desde hace años, se ha ido acrecentando el espacio de consenso entre los dos principales partidos de la región, PP y PSOE, para la eliminación definitiva de esos rastros de la memoria. Lo que se ha puesto de manifiesto conforme el Partido Popular ha entendido, a nivel regional y también a nivel local, donde mayores han sido las resistencias, que cualquier decisión no afectaba, por la lógica del paso del tiempo, a sus horizontes electorales. Así ha sido hasta la irrupción de VOX en la región.

En todo ese recorrido hay que subrayar que el «lobby de la memoria» regional, que fue cobrando fuerza a partir de la entrada en el siglo XXI, el que apunta para que otros ejecuten, gusta de recurrir a los elementos con mayor simbolismo, con mayor visibilidad, en sus periódicas campañas de lo que en su propia propaganda, tal y como se puede ver en la web del Foro por la memoria, estos «memorialistas» denominaron «la caza del monumento fascista», publicando las sucesivas «cazadas» según su terminología.
Pese a las más de cuatro décadas de destrucción de «vestigios franquistas» en la región de Murcia, aún restan para ellos dos casus belli importantes, antes de entrar en una nueva fase en esa eliminación de la memoria que proponen a la que nos referiremos al final de este trabajo: el primero, una escultura situada en el Puerto de la Cadena; el segundo, la leyenda de «José Antonio Primo de Rivera ¡Presente!» grabada en una de las fachadas secundarias de la catedral de Murcia. La última manifestación, antes de publicarse este trabajo, amparada en el apoyo popular, convocada por las asociaciones de «memoria» para exigir al Obispado la retirada, solo consiguió reunir, bajo el grabado con el nombre de Primo de Rivera, poco más de medio centenar de personas.
Las cruces y las placas/lápidas de los caídos
Aún hoy, cuando se baja el Puerto de la Cadena en dirección a Murcia, en una de las curvas, a la derecha, sobre un pequeño montículo, entre la vegetación, destaca un maltratado monumento por cuya destrucción clama, cuando se escriben estas páginas, el «lobby de la memoria». Situado en el monte, en terrenos particulares, por razones que no vienen al caso el Ayuntamiento de Murcia ha hecho hasta ahora oídos sordos a la firma de su desmantelamiento. Atacado por izquierdistas y reparado, en silencio, por voluntarios permanece enhiesto, aunque para cualquiera que detenga por unos minutos la mirada sobre su estado actual es evidente el deseo «político» de que, convertido en ruina por falta de cuidado, perezca cuanto antes. Todo ello sin que ninguna administración, pese a la importancia de su autor, haya tomado medida alguna para su protección como patrimonio histórico cultural.
Probablemente este monumento sea el último de los dedicados a los Caídos que hoy quede en la provincia enclavado en su lugar de origen, más allá de los que han sobrevivido por resignificación, por traslado a un cementerio o porque ya estuvieran en uno de ellos, lo que no les guarnece ante un incierto futuro, porque esos traslados son solo la primera fase hasta su destrucción total, como en algunos casos han pedido caracterizados representantes del «lobby de la memoria». Todas esas Cruces han sido víctimas de lo que no son, «monumentos de exaltación franquista o de la guerra civil». Ni fueron concebidas así ni han tenido nunca ese significado como característica principal. Su origen está en una norma dictada al final de la guerra para su instalación. Hecha precisamente para evitar cualquier otra connotación o exaltación que excedieran el decoro y la intención de esos monumentos. Debían de ser monumentos muy austeros, una Cruz en piedra o mármol sin mayores aditamentos, que dejara testimonio de los asesinados por los frentepopulistas en la zona republicana, en la localidad de referencia, o, simplemente, recordara a todos los «Caídos por Dios y por España»; es decir, a los muertos del denominado «bando nacional». Pero estos, según los «lobbys de la memoria», carecen de ese derecho al recuerdo o al homenaje, quizás porque para ellos y para los autores que defienden un mito dulce con respecto a la II República y la República bajo el control del Frente Popular sí resulta un recuerdo molesto: la permanencia en la memoria de lo que fue la represión ejercida por miembros de los partidos o milicias integrantes del Frente Popular.

El monumento del Puerto de la Cadena está dedicado a un estudiante de Derecho de la Universidad de Murcia, natural de Cartagena, el falangista Manuel Bruquetas Braquehais. Fue asesinado por los frentepopulistas el 3 de agosto de 1936 cuando contaba con 16 años de edad. Vivía, como tantos estudiantes de la capital, en una pensión, de allí fue llevado a la Casa del Pueblo, establecida en el Palacio Episcopal incautado por el PSOE-UGT. Una noche le sacaron en coche, le llevaron a la zona del Puente de las Lavanderas donde le asesinaron; después sus asesinos arrojaron una piedra de grandes dimensiones sobre su cabeza para que no pudiera ser reconocido. No muy lejos, en la misma zona, en un lugar marcado con una pequeña Cruz blanca que recuerda el hecho, el 21 de julio de 1936 había sido asesinado el joven tradicionalista Francisco Robles García. El padre de Manuel Bruquetas también fue asesinado en Cartagena.
Cabría recordar que no fueron los únicos asesinados en el puerto de la Cadena. A la lista se sumaría el también falangista Rafael Carlos Roca del Villar. Su padre, Miguel Carlos Roca fue encarcelado por los republicanos y murió en prisión; su hermano, Miguel, y su cuñado, Gerardo Fraile, ambos militares, fueron asesinados en el buque prisión España n.º 3 y arrojados al mar.
Al finalizar la guerra, al conmemorarse anualmente el Día del Estudiante Caído, se solía celebrar una misa en aquel lugar. Sin embargo, hasta 1969 no se encargaría al escultor Anastasio Martínez una obra para recordar los hechos y homenajear a aquel estudiante. Esta fecha tardía permitió al escultor alejarse de una iconografía reiterativa para hacer un conjunto de bella factura, integrado en el paisaje, en el que un ángel en invocación se eleva sobre un libro para sostener el movimiento descendente de una Cruz que aloja el yugo y las flechas; se completaría con una muy reducida explanada no asfaltada circular delante. En 1970 tuvo lugar el primer acto público bajo aquella estatua y el último de importancia se realizó en 1976. Desde entonces, en alguna ocasión, se pudieron ver flores en las proximidades de las fechas de los asesinatos. Pero nada más.
Por su parte, Cambiemos Murcia, marca de la extrema izquierda, pediría su demolición en 2016 recurriendo a la demagogia y a la inexactitud. Así, su concejal Sergio Ramos alegó en su argumentario lo que significaba que «turistas y vecinos tienen que contemplar un monumento que exalta la dictadura cada vez que vuelven de la playa». En realidad, como hemos señalado, el monumento no exaltaba el régimen de Franco, sino que recordaba a unos asesinados por los frentepopulistas. En la misma línea argumentativa, en 2023 la Federación de Asociaciones de Memoria lo calificaba como «el elemento más provocativo e insultante» de los que aún quedaban, según su limitada investigación sobre los «vestigios franquistas», en la región.

La Cruz de los Caídos de la capital pereció mucho antes de que cobrara vida la Ley de la Memoria Histórica. Estaba situada en la actual Plaza de Santo Domingo. Al acabar la guerra fue rebautizada provisionalmente como Plaza del Generalísimo, pero con la expansión urbana, a partir del palacete derribado durante la II República para abrir la Gran Vía Alfonso X el Sabio, que debía concluir en una gran plaza circular, se decidió dar a esta el nombre de Plaza del Generalísimo y que Santo Domingo mantuviera su nombre tradicional.
Se aprovechó para su emplazamiento en el jardín central la elevación realizada para construir un refugio antiaéreo durante la guerra civil. Una cruz austera sobre un plinto rectangular, que desciende hacia ambos lados con estrechos bloques cúbicos para cerrarse con murillos descendentes en forma curva, en cuyo frontal se situaba el escudo nacional entonces vigente, con el águila de San Juan y la heráldica de los Reyes Católicos sobre el que se situaba la leyenda «Una, Grande, Libre», y a sus lados la leyenda «Caídos por Dios y por España», también contaba con una pequeña y escasamente profunda piscina rectangular que cerraba el espacio. Todo ello sobre una pequeña elevación en la plaza de forma cuadrada a la que se ascendía a través de dos peldaños de escasa altura, perimetrada por un pequeño parterre de vegetación baja. Cada 20 de noviembre hasta 1975 el espacio era adornado en la noche cubriéndose el pie de la Cruz con un telón con el nombre de José Antonio e iluminación de antorchas, mientras los jóvenes del Frente de Juventudes o de la OJE hacían guardia.
Durante años, tras la muerte de Franco, hasta finales de los ochenta, fue el espacio escogido para las manifestaciones en recuerdo del Generalísimo y de Primo de Rivera en los aledaños del 20 de noviembre. Desde finales de los ochenta fueron habituales las peticiones de retirada por parte de la izquierda de la Cruz. Inicialmente se optó por despojarlo de la escasa simbología que tenía: le fueron retiradas las placas y el escudo en una primera «resignificación», mucho antes de que este concepto fuera clave en las leyes de memoria para aquellos monumentos o edificios que no se pudieran derribar o retirar; se planteó después, al ser un símbolo cristiano, su posible traslado para situarla adosada a los muros de la próxima iglesia de Santo Domingo. En 1998, el Ayuntamiento, regido por Miguel Ángel Cámara Botía, alcalde del Partido Popular, amparado en la propuesta de una remodelación completa de la plaza obra del arquitecto Antonio González Serna, que también eliminaría el refugio antiaéreo, procedió al derribo de la Cruz. Constituye un ejemplo del progresivo cambio de posición de las élites políticas del Partido Popular en la región en consonancia con las orientaciones de su dirección nacional.

Igual suerte fueron corriendo las cruces existentes en casi todas las ciudades y pueblos de la región, junto con la resignificación de los habituales jardines o paseos de los mártires; de sus enclaves queda en el callejero, en algunos lugares, el nombre de Plaza de la Cruz, que era la forma habitual de referirse a estos lugares en cada municipio. Nadie puede dudar del valor histórico de estos austeros monumentos, aunque la mayor parte tuvieran un valor artístico muy reducido o inexistente. Algunas, sin embargo, sí lo tenían y ello no fue suficiente para su conservación. Detengámonos en algunos casos.
La Cruz de los Caídos, en recuerdo de las numerosas personas de la localidad asesinadas o ejecutadas por los frentepopulistas, se erigió en Caravaca entre 1942 y 1943, siendo alcalde Antonio Guerrero Martínez, estando situada al principio de la Corredera. Hasta ese momento el homenaje a los caídos se concentraba en el Paseo de los Mártires, en la actualidad La Glorieta. Seguía, relativamente, el modelo de la capital y fue obra del arquitecto Guillermo Martínez Albaladejo. Sobre una plataforma de cuatro peldaños se levantaba una cruz de gran tamaño en mármol gris, en el plinto que era su base aparecía el Yugo y las Flechas; incorporaba, como es lógico, el escudo de España vigente. El conjunto se completaba con una pequeña piscina en su parte trasera y otras dos delante. Remataban el espacio unas columnas con luz que debían asemejar unos cirios encendidos, estando cerrado el espacio con un muro perimetral. José María Martínez Abarca añadió más tarde las astas para las banderas.
Hay que subrayar que en este caso, como en muchos otros, el dinero para la construcción de la Cruz de los Caídos no salió de las arcas públicas, sino de aportaciones populares. La recaudación fue tan elevada que permitió destinar el sobrante a otras obras: inicio de la construcción de viviendas sociales que llevarían el nombre de Santa Cruz (casas baratas se las denominaba en aquellos años) en el Camino del Huerto (denominado entonces Avenida del General Gómez-Jordana), dotación de la necesaria fuente en la pedanía de Archivel y, a petición de la Sección Femenina, adquisición de ropa para repartirla entre los niños necesitados.
Transcurridos los primeros años de la Transición, la Cruz comenzó a sufrir diversos ataques, alguno muy serio en los daños causados, que fueron reparados por el Ayuntamiento. Inicialmente se optó por realizar algunas transformaciones en el monumento, que sería despojado de lo que se consideraba simbología explícita situando ante él una escultura de San Juan de la Cruz, durante la gestión del alcalde Pedro García-Esteller de la UCD. Finalmente en 1991, siendo alcalde el socialista Antonio García Martínez-Reina, se procedió a desmontar la Cruz bajo el paraguas oficial de la remodelación del espacio.
Igual destino iba a tener el notable monumento dedicado a los caídos levantado en Cieza. Como conjunto tenía un destacado valor artístico acrecentado por su autoría. De hecho incorporaba una escultura alegórica, conocida popularmente como La Rumba, que acompañaba a la Cruz, obra del destacado escultor José Planes Peñalver, fundador, además, de la Escuela de Artes y Oficios en la capital.
El monumento, inaugurado en 1940, consistía en un espacio rectangular, perimetrado por una reja baja. Sobre una base cuadrangular se alzaba una Cruz blanca, al pie de la misma, ante uno de los laterales, algo adelantada, la escultura de una mujer que alzaba la mirada hacia lo alto, dentro de los moldes habituales de la posición de la Virgen o la Magdalena a los pies de la Cruz de Cristo. Una variante bastante inusual en la tipología de este tipo de monumentos. Se emplazó en uno de los extremos del Paseo de los Mártires. Décadas después sería trasladada a una zona más discreta en la Placeta de San Pedro.
Planes había destacado antes de la guerra y es considerado en la actualidad como el más importante de los escultores de la región en el siglo XX, además de su trabajo en la recuperación de la imaginería religiosa, tras las múltiples destrucciones realizadas por los frentepopulistas antes y durante la guerra, no era infrecuente la incorporación de alguna escultura suya a monumentos emplazados en lugares públicos. Planes también talló un Crucifijo en madera para la capilla dedicada a los Caídos sita en la Iglesia de Santa María de Gracia de Cartagena.
A principios de los 80 la campaña de la izquierda local por la retirada del monumento, con manifestaciones a favor de su preservación, era un hecho. Estaba el monumento sentenciado y desaparecería de su emplazamiento siendo el conjunto escultórico destruido. La polémica y las peticiones de retirada llegarían también a la lápida que en el cementerio recuerda a los asesinados por los frentepopulistas, tras una saca con selección de presos y traslado en manifestación hasta el cementerio, en 1936.

También en homenaje a los «mártires de Archena» se levantó un monumento que se situó en la Plaza de los Mártires. Originalmente, una balaustrada perimetraba un pequeño jardín donde quedó situado el monolito: sobre una base un pilar sostenía un obelisco que, en su cara principal, tenía una Cruz; en el pilar una placa recordaba el nombre de los caídos locales. Fue inaugurado en octubre de 1939 siendo su tipología muy usual en este tipo de monumentos en la región y fuera de ella. Mucho antes de la vigencia de las leyes de la memoria el monumento fue trasladado al cementerio. Los nombres de los caídos, a instancias del PSOE e IU fueron retirados. El monumento fue resignificado, como fue habitual en los años ochenta, con una placa con la leyenda: «En memoria de los muertos y desaparecidos de nuestra guerra civil».
Por otra parte, en julio de 1943, según acta del Ayuntamiento, se decidió el traslado de los cuerpos de los caídos a una cripta en la iglesia parroquial de San Juan Bautista en cuya entrada una lápida recordaba el nombre de los asesinados por los frentepopulistas. Los hechos tuvieron lugar entre el 16 y el 17 de octubre de 1936. Miembros de la CNT realizaron la única saca en la localidad cuyo objetivo fueron los religiosos. Cinco hombres fueron llevados hasta la desaparecida Venta de Picolo para ser asesinados. Los sacerdotes Enrique Sánchez Guillén, Pedro José Pérez Ruiz y José Sánchez Medina, a los que se sumaban José Sánchez Martínez, padre del sacerdote citado en último lugar, y el empresario del transporte José Antonio Ramírez Castillo. A ellos se añadiría una nueva víctima, el sacerdote Matías Martínez Garrido, asesinado en Castellón y cuyo cuerpo no ha sido localizado.
Abiertos los procesos de beatificación, en 2011, se decidió la exhumación de las víctimas de la represión frentepopulista y el traslado desde la cripta donde se encontraban sus restos hasta la capilla del Corazón de Jesús, donde hoy se encuentran. En 2017 el sacerdote José Sánchez Medina fue beatificado, a la ceremonia asistió Patricia Fernández, alcaldesa del PP. Aquellos sacerdotes, tras ser detenidos en 1936 fueron usados como trabajadores forzosos. El día que los milicianos de la CNT los llevaron al martirio, el padre de José pidió que le mataran a él primero para no ver cómo asesinaban a su hijo, como burla/martirio final hicieron exactamente lo contrario. En la Santa Misa oficiada en acción de gracias por la beatificación, monseñor Lorca Planes afirmó: «estos hombres han sido para todos una imagen extraordinaria del amor a Dios, un extraordinario ejemplo de fidelidad total, hasta en el extremo de haber padecido, sufrido e incluso aceptado las vejaciones que cada uno recibió antes de su muerte… y ante el martirio no tuvieron otro grito que el de ¡Viva el Señor, viva Cristo Rey! No fue el odio lo que movió a estas personas a dar la vida, sino el amor y el perdón. Dieron la vida perdonando».

Ciertas similitudes tipológicas con respecto al anterior presentaba el monumento a los Caídos inaugurado al acabar la guerra en Lorca. En este caso se trata de un obelisco de mármol blanco que se alzaba sobre una zona resaltada con un pequeño jardín de baja vegetación que simulaba una plaza con dos brazos que se prolongaban de forma paralela para formar una breve entrada. En su cara frontal aparecía en lo alto una Cruz adosada, el escudo de España entonces vigente y la leyenda «A los Caídos por Dios y por España», en su fachada lateral aparecía otra placa con el escudo de la localidad. Años después, tras la muerte de Franco, fue despojado de toda su simbología para ser resignificado siendo dedicado a todos los caídos en la Guerra Civil. El lugar donde estaba situado pasó a ser la Plaza de la Concordia. Resistió al terremoto de 2011 aunque tuvo que ser restaurado. En 2020, el Partido Popular planteó remodelar la plaza y eliminar, según explicó el concejal Francisco Javier Martínez, el «frío, viejo y desfasado monolito» para sustituirlo por una escultura que «realmente simbolice la concordia entre todos los españoles y la reconciliación nacional», que aúne los sentimientos de unidad, paz y libertad y el espacio sirva de marco para el acto institucional del Día de la Constitución.
En el cementerio San Clemente de Lorca, recientemente, fue denunciada por el «lobby de la memoria», la existencia de otra Cruz de los Caídos. Lo que revela la nueva fase de «destrucción» que alcanzará a nuevos «vestigios», entrando en este caso en el recuerdo de los deudos en las tumbas de los cementerios. Es un pequeño monumento/lápida típica de este tipo de cruces en un cementerio en la que bajo ella aparecen los nombres de cuatro personas víctimas de la represión realizada por los republicanos. Recuerda a Pascual Ibáñez, Francisco Rico, José Peñarrubia, Salvador Hernández: «vilmente asesinados en el coto minero de Lorca el día 8 de septiembre de 1936. Se ruega una oración por sus almas». Naturalmente la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de Murcia pidió su eliminación. Fundamentalmente, aunque no lo afirmen, porque este tipo de «vestigios» son en realidad barreras insoslayables en el proceso de deconstrucción de la memoria que persiguen.

Similar fue el destino del monumento a los caídos de Yecla inaugurado el 28 de octubre de 1939. Sito en la calle San Francisco, en el entorno de la Plaza de España. Desde la calle, subiendo una escalinata, flanqueada por dos ortoedros que servían de pie a dos farolas elevadas emulando cirios encendidos, se llegaba a un espacio circular en cuyo centro se alzaba un monolito blanco con forma de obelisco en cuya cara frontal aparecía una cadena que rodeaba el monolito en el nivel más alto, una Cruz que ocupaba la parte central del cuerpo del monolito y en un tercer nivel la leyenda: «Caídos por Dios y por España. ¡¡Presentes!!». Reconvertido en monumento a todos los caídos de la guerra perduró hasta 2011 sufriendo un deterioro evidente. En ese año el Ayuntamiento acometió una remodelación del espacio. El monolito fue rehecho siendo cubierto con un nuevo revestimiento de mármol. El pleno del Ayuntamiento decidió que pasaría a estar dedicado a los valores constitucionales. Sin embargo, no es extraño que hasta fecha reciente continuara denominándosele popularmente como «monumento a los caídos».
El proceso de construcción de estos monumentos, básicamente la colocación de la Cruz de los Caídos en la localidad, en contra de lo que pudiera parecer, se dilató en el tiempo. Probablemente por razones económicas. En muchos casos fueron impulsados por FET de las JONS. Así, la Cruz de la pedanía de Guadalupe (Murcia) se levantó en 1944. En algunos casos se emitieron sellos para su venta de cara a obtener fondos, algo que resulta un tanto incomprensible desde la lógica de la orientación de la administración de la época.
Algunos de estos monumentos fueron remodelados o sustituidos durante el régimen de Franco. Arquetípico puede ser el caso de la Cruz de los Caídos de la localidad de Molina de Segura. El sencillo monumento inicial fue sustituido por un diseño moderno sito en la Plaza de la Cruz de los Caídos. Una escultura blanca sin inscripciones de la silueta de una Cruz que adquiere forma simbólica de hombre. En aplicación de la Ley de Memoria Histórica se acordó su traslado al Cementerio de Nuestra Señora de la Consolación, situando ante ella un pequeño altar que sirve para oficiar las Misas de Todos los Santos y del Día de los Difuntos.
En su sesión del 9 de noviembre de 1939 el Ayuntamiento de Cehegín aprobó la propuesta de «que para inmortalizar cual se merecen los Caídos por Dios y por España, debiera levantarse un Obelisco en el lugar más bello y concurrido de esta población, pues considera que a los que dieron la vida en holocausto por la causa Nacional Sindicalista merecen perpetuar para siempre y esculpir sus nombres en piedra para que permanezcan constantemente en las mentes de todos los cehegineros». Finalmente, adecuándose a las normas dictadas, se erigió una Cruz de los Caídos. Solo a través de alguna fotografía de los actos que usualmente se celebraban en noviembre con motivo del aniversario de la ejecución de José Antonio Primo de Rivera nos permite acercarnos a su diseño original. De considerables dimensiones un enorme Yugo y Flechas con el escudo de España en el centro servía de base delantera a la Cruz. Llegada la Transición la Cruz siguió el mismo camino que otras similares, se retiró del monumento cualquier simbología y se preservó la Cruz ante el convento de San Esteban, que fue transformado en cárcel para mujeres por los republicanos durante la guerra. La Plaza de los Mártires recuperó uno de sus antiguos nombres, Plaza del Mesoncico.

En Fuente Álamo el monumento a los Caídos se limitó a una Cruz sin mayor aditamento adosada a la fachada de la iglesia de San Agustín con una balaustrada con entrada para resaltar el espacio. Tras ser colocada fue bendecida el 28 de julio de 1939 permaneciendo allí hasta finales de los 70. Sobre ella, en el muro de la iglesia, estaba una placa con la leyenda: «José Antonio. ¡Presente!». Curiosamente es en esta localidad donde, ya en las postrimerías del régimen de Franco, se inauguró un nuevo monumento a los Caídos, probablemente el último en la región. Una escultura colocada en la Plaza del Pósito con un alto relieve de inspiración neoclásica de una mujer con la cabeza inclinada y sobre ella la leyenda: «Caídos por Dios y por España Presentes».
La Cruz de los Caídos de Cartagena también experimentó diversos traslados y modificaciones en su emplazamiento. En 1940 se levantó, sustituyendo una fuente existente, en la Plaza de España. Sobre una plataforma rectangular de dos escalones un pequeño parterre se enfrentaba a un podio con elevación central sobre el que se alzaba un blanco monolito cuadrangular en cuyas caras se situaban cruces grises en relieve. Con la remodelación de la plaza y la colocación de una fuente el monolito fue trasladado al inicio de la Alameda, de tal modo que la propia fuente quedaba integrada en el conjunto. Allí permaneció hasta su destrucción.
Sin embargo, en Cartagena, durante décadas sobrevivió en la barriada de San José Obrero otra Cruz de los Caídos de no fácil localización, vandalizada en diversas ocasiones. Alzada sobre un pequeño basamento que, a modo de pirámide escalonada con cuatro niveles, sostiene la base revestida de placas de piedra grabadas sobre las que se sitúa la Cruz. El monumento se levantó en el lugar en que fue asesinado el joven Antonio (los destrozos impiden su identificación) que, según reza la inscripción, con 18 años «hecho prisionero, unos hombres acribillaron su cuerpo a balazos en este sitio que empapó con su sangre generosa»; también se dedicaba a otro joven asesinado «en sitio desconocido». De hecho, a finales de los años sesenta, cuando se decidió poner nombre a la zona se barajó la posibilidad de llamarla «Barrio de la Cruz».
Un ejemplo claro de la evolución de este tipo de monumentos la tenemos en lo sucedido en Alcantarilla. Inicialmente, al acabar la guerra, se recurrió a la creación de un jardín, el Jardín de los Mártires, inaugurado en 1940. En el mismo se situó el espacio dedicado a los Caídos. Un pequeño murete de escasa altura, con una entrada remarcada por dos farolas, daba paso a un espacio con cuatro pequeños parterres con vegetación a ambos lados que nos lleva hasta un basamento de tres escalones sobre el que un ortoedro, con la leyenda «CAÍDOS por Dios y por España ¡PRESENTES!», sostiene la Cruz; ante el pie de la misma aparece el escudo de la localidad. La Cruz y el monumento fueron retirados tras la muerte de Franco. El lugar pasó a ser en 1982 la Plaza de la Constitución, aunque popularmente es conocido en la ciudad como «Jardín de las Palomas».

Llegada la Transición, en consonancia con la idea de resignificación del momento, fruto de un aparente consenso entre la derecha y la izquierda política para dedicar algunos de los monumentos existentes a todos los caídos de la guerra, se erigió en Alcantarilla un nuevo conjunto escultórico dedicado a los caídos que se encargó al notable escultor Anastasio Martínez Valcárcel. Consiste en dos manos que levantan un monolito, recordando este una tipología no extraña a este tipo de monumentos. El monolito llevaba grabada una Cruz y una leyenda: «A los que cayeron por una España mejor». La segunda parte de la frase fue eliminada mediante picado después de su instalación. Años después, uno de los dirigentes del «lobby de la memoria», en 2021, lo calificó como «un monumento ignominioso. Estéticamente feo, y desde el punto de vista histórico y moral es un insulto a las víctimas del franquismo».
Al compás de estas retiradas se produjo la de las placas que en diversos templos de la región recordaban en las fachadas a los asesinados de la localidad. La mayoría habían desaparecido a principios del siglo XXI. Las denuncias de las asociaciones de memoria nos permiten precisar que aún restaban algunas como la situada en la iglesia de San Pablo en Abarán. En esta localidad existía un pequeño monumento a los Caídos de singular diseño. La base estaba constituida por el yugo pero sin las flechas. Tras el mismo se levantaba un pequeño podio ascendente de sillares que era la base de una Cruz hendida hasta media altura en lo que pudiera semejar una piedra pero solo en sus laterales. Una placa con el escudo nacional vigente recordaba a los Caídos cerrándose con un «¡Presentes!». Como ya hemos apuntado, el objetivo de retirar las placas con los nombres de los muertos locales era borrar de la memoria la existencia de los asesinatos cometidos por los frentepopulistas en la retaguardia republicana. Se trataba y se trata de evitar que cualquiera pudiera estimar que no sería inexacto establecer en algunos casos una relación de causa efecto con lo sucedido tras el final de la guerra y la comparecencia de determinadas personas, acusadas de esos asesinatos, ante los Consejos de Guerra.
Sin embargo, casi desafiando los tiempos, en 2004 aún se mantenía un monumento a los Caídos en la localidad de Pliego. Dos escudos «franquistas» escoltaban una Cruz de mármol según denunciaban las asociaciones de «memoria». En realidad la Cruz de los Caídos de la localidad se situó en un jardín que recibió el nombre de Glorieta de los Caídos. Un basamento de piedra sostenía una elevación piramidal blanca en tres cuerpos que constituía la base de la Cruz grisácea. En uno de los lados del basamento se abrían dos jardineras. En el frontal del primer cuerpo se encontraba el escudo vigente y la habitual leyenda: «Caídos por Dios y por España. ¡Presentes!». No sin polémica en la localidad el monumento sería desmontado y la Cruz trasladada al cementerio.
La última oleada persecutoria contra las cruces que aún persistían, de la mano del «lobby de la memoria», se produce a partir de la aplicación de las leyes de «memoria histórica» (LMH) primero y de «memoria democrática» (LMD) después. Así, por ejemplo, en 2010 la Asociación Preeminencia del Derecho se dirigió al Ayuntamiento de Torre Pacheco para que procediera a retirar el monumento a los Caídos con el argumento de que «constituye un acto de exaltación de los caídos católicos […] como lo pone de relieve la cruz y el emblema del escudo franquista con el yugo y las flechas de la Falange». Igualmente fue denunciada en 2004 la Cruz situada en la pedanía de El Jimenado ante la iglesia del lugar, que sufrió la destrucción de todas sus imágenes, incluyendo una del niño Jesús de Francisco Salzillo, a manos de los frentepopulistas durante la persecución religiosa desatada por estos. En el pie de la misma una inscripción incluía los nombres de los vecinos asesinados por los izquierdistas. Carecía de cualquier tipo de símbolo político. Sobre el podio en el que figura el nombre de los caídos se eleva la Cruz; en la intersección de los brazos se inserta un relieve circular cuyo borde recuerda una corona de laurel, y en cuyo interior, dispuesta de forma circular, aparece la leyenda: «En memoria de los caídos por Dios y por España». También fue denunciado por el Foro de la Memoria el monolito coronado por una Cruz existente en Abarán que recordaba a un falangista asesinado por los republicanos.

Mayor relieve alcanzó en 2016 el caso de la Cruz de los Caídos de La Aljorra que se venía arrastrando desde las peticiones del «lobby de la memoria» iniciadas, como mínimo, en 2009 por la Asociación de Memoria Histórica de Cartagena. Caso que nos permite ejemplificar el modo de actuar desde la izquierda y el funcionamiento final del consenso institucional para la eliminación de estos monumentos. En primer lugar es el «lobby de la memoria» el que denuncia su presencia, amparado siempre en el seguro apoyo mediático que suele secundar sus tesis, invocando la denominada Ley de la Memoria Histórica. El revuelo mediático-político cobró cierto relieve porque se trataba, según recogía la prensa, del único símbolo «relacionado con la dictadura franquista que queda en toda Cartagena y que aún debe ser retirado». El asunto se eleva a la comisión de memoria, (para ello se crearía la Comisión Técnica de Memoria Histórica), la corporación pide informes a la Dirección General de Bienes Culturales de la Región de Murcia, por si existiera alguna salvedad por estar catalogado el monumento. Se producen en 2016 diversas manifestaciones populares y recogidas de firmas entre los habitantes del pueblo para que se mantenga la Cruz. En 2016 el Ayuntamiento, con los votos de PSOE, Ciudadanos, Cartagena Sí se Puede, Movimiento Ciudadano y la abstención del PP, aprueba la retirada. Los vecinos presentaron, avaladas con 900 firmas, sus alegaciones a favor de su permanencia que, naturalmente, fueron desestimadas, conteniendo algunas de sus opiniones:
«El monolito forma parte de nuestra historia.
¿No hay otras necesidades en el pueblo que dedicarse a destruir, con los medios que cuesta retirarlo no se podría hacer algo de utilidad en La Aljorra?
El monolito sirve para explicarles a mis hijos la guerra civil y para que aprendan que esto no se puede volver a repetir»
Los vecinos recordaban que en las recientes elecciones en el programa de Movimiento Ciudadano no se mencionaba nada de memoria histórica y en el del PSOE no se hacía referencia a retirar el nombre de las calles. Con respecto al monolito explicaban:
«El monolito que parece que se pretende retirar total o parcialmente no se considera por los habitantes de La Aljorra un monumento de exaltación de nada, sino como un elemento de nuestra historia, le pedimos que este no se retire total o parcialmente, y escuche a los más de 900 vecinos de La Aljorra que firman contra esta medida y haga llegar nuestra petición al resto de grupos municipales.
La Cruz del monolito es un signo religioso, el yugo es el símbolo heráldico de Fernando de Aragón y las flechas el de Isabel de Castilla, los Reyes Católicos, símbolos que después otros utilizarían. El monolito tiene una parte que está adosada a la fachada de la Iglesia, teniendo la consideración tanto la fachada como la torre de “fachada histórica” y por el mismo motivo que no permiten la limpieza de la fachada con agua a presión, no se debe permitir el dejar un hueco en la fachada. Además de lo anteriormente expuesto solicitamos que no se retire también por petición popular de 900 firmas y si no fuera suficiente, se organizaría una votación.
Sobre la placa a los caídos en la base del monolito: Podría retirarse, así se le quitaría simbolismo al monolito y ya no se podría considerar por nadie como un elemento de exaltación de nada, sino como un elemento de la historia de los aljorreños y de nuestro país por la reunificación de Castilla (flechas) y Aragón (yugo)»
¿Qué había contestado la Dirección General de Bienes Culturales a partir de resolución del Servicio de Patrimonio Histórico en una Comunidad regida por el Partido Popular? En escrito dirigido a la Corporación cartagenera María Comas Gabarrón, directora general, anota sobre el monumento: «Constituye en realidad un monumento a los caídos del bando franquista, utilizando como motivo central la simbología adoptada por Falange. Produce un efecto distorsionante en la fachada de la iglesia de la Inmaculada, bien catalogado por su relevancia cultural, por lo que debe ser retirado».
El monumento a los Caídos fue retirado con inusual relevancia mediática, pero se optó, finalmente, por eliminar el yugo y las flechas y dejar la Cruz adosada a la iglesia; la placa relativa a los «Caídos por Dios y por España» se la había llevado «alguien», probablemente para guardarla. La propia parroquia había retirado la inscripción que aparecía con el nombre de José Antonio en el muro de la iglesia; también estaba la mención al párroco Antonio Pascual Navarro asesinado por los republicanos el 18 de octubre de 1936 y que tenía causa abierta de beatificación como mártir.
Polémico fue también el destino del monumento a los Caídos existente en la localidad de San Javier. Aunque las fuentes sobre el mismo son contradictorias. Al acabar la guerra se dedicó una calle principal a los mártires. Allí se situó una primera Cruz de los Caídos ante la que el 30 de octubre de 1939 tuvo lugar el acto de homenaje que abría el traslado al cementerio de los restos de los 22 asesinados por los frentepopulistas en la localidad. Después se levantó un monolito con el nombre de los caídos situado en la fachada posterior de la Iglesia que desapareció con la remodelación de la plaza. En el cementerio, prácticamente al lado de su entrada principal, encontramos aún el monumento a estos caídos en el lugar donde están enterrados, seriamente amenazado por las asociaciones de «memoria». Como es habitual, para intentar esquivar administrativamente las imposiciones de la LMH y la LMD, torpemente, se han cubierto con pintura blanca algunas inscripciones.
De notable presencia un pequeño muro de sillares de escasa altura, con entrada frontal, delimita el espacio de fosa sobre el que se eleva un monolito piramidal truncado sobre una basa con tres niveles. En las caras frontal y trasera emerge la Cruz que es abrazada por los sillares del monolito. Realizado en piedra tenía varias inscripciones. En la frontal aún se puede apreciar la leyenda «Caídos por Dios y por España». En las cuatro caras de la base del monolito aparecían otros nombres grabados en la piedra de los que hoy solo resulta legible el de Emilio Mola. En uno de los laterales existía una placa/bajograbado hoy oculto con pintura blanca; en el contrario otro grabado reflejaba el yugo y las flechas. El monumento se completa con un segundo espacio trasero, un panteón cerrado por un muro y coronado por una Cruz en el que en la piedra aún se mantienen los nombres de los asesinados en dos columnas, quedando en el espacio central la leyenda usual: «Caídos por Dios y por España ¡¡¡Presentes!!!». Dejemos constancia, ya que su continuidad se encuentra amenazada, de los nombres de los ejecutados por los frentepopulistas: Adolfo Ros Abadía, Manuel Ballester Carcano, Joaquín Ballester Fernández, Moisés Gallego Cegarra, Antonio Tárraga Lorca, Antonio López Arraga, Manuel López Jiménez, Juan B. Lledó Alemán, Antonio Pardo Alcaraz, Silvestre Zapata Gómez, Francisco Carrión Valverde, Arsenio Sánchez López, Antonio M. Zapata Sánchez, Petronilo Martínez Sánchez, Ángel Meroño Sánchez, Francisco Meroño Sánchez, Diego Ros Abadía, Juan Zapata García, José Lorca Hernández, Francisco Mateo Sánchez, Ricardo Bastida Martínez.

En 2019 la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia en su reunión con el Director General de Memoria Histórica, el socialista Fernando Martínez López, incluyó el monumento a los Caídos en el cementerio dentro de los «vestigios franquistas» que debían de ser eliminados.
No debemos cerrar este apartado sin hacer mención a los monolitos que existían en los acuartelamientos militares. De tipo genérico, consistían en un monolito blanco situado en un pequeño parterre, en cuyo frente aparecía un relieve con un fusil enlazado con una rama ascendente de hojas de laurel con una inscripción que decía: «1936 1939. ESPAÑOL lee y divulga…» citando el número de bajas sufridas por el Ejército (el Ejército Nacional) durante la guerra civil. Estos desaparecieron de forma definitiva con el cierre de los principales acuartelamientos militares en la región (Murcia, Lorca y Cartagena).
Tampoco debemos ignorar, por lo que puede implicar a futuro, que la denominada «ideología de la memoria», también la «cultura de la cancelación», que conforma el actual discurso de la izquierda, plasmada en el espíritu de las leyes de memoria histórica/democrática, va más allá en sus objetivos finales de los denominados «monumentos franquistas». De ahí que, cuando comenzó el largo rosario de cambios del callejero, se incluyeran, no sin chanza por parte de no pocos, nombres referidos a etapas históricas muy alejadas temporalmente del régimen de Franco, remontándonos hasta los Reyes Católicos. Ello, sin embargo, formará a futuro parte de la aplicación de las «políticas de cancelación» y de «memoria democrática». Ejemplo de ello es la artificial polémica creada a partir de la petición de la retirada del Cristo de Monteagudo, situado sobre el cerro del mismo nombre, planteada por una asociación que opera dentro de los parámetros del «lobby de la memoria», la Asociación Preeminencia del Derecho, amparándose en la tesis de que se trata de un símbolo «netamente religioso […] cachorro del brazo religioso de la Gloriosa Cruzada concluida en 1939, coronando un monte que históricamente fue de titularidad pública, oprimiendo y desluciendo una fortaleza-castillo del siglo XI, desde octubre de 1951 en que fue levantada, lleva señoreando esta estatua del fundador del cristianismo las vistas del valle de la ciudad de Murcia lanzando el mensaje de aquí mandamos los católicos y estaremos en hegemonía hasta el final de los tiempos». Al mismo tiempo lo comparaban, para sostener la necesidad de su destrucción, con la Cruz del Valle de los Caídos.
El monumento, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, es una escultura de Cristo con los brazos abiertos de 14 metros de altura, realizada en 1941 por el escultor Nicolás Martínez erigida merced a aportaciones particulares. Se hizo para recuperar el monumento preexistente inaugurado en 1926 obra del escultor Francisco Martínez García, siendo destruido por los frentepopulistas, como muestra de su «odio a la fe» ejercido en el «martirio de las cosas», en 1936. El caso llegó hasta el Tribunal Superior de Justicia de Madrid quien desestimó el recurso presentado por el abogado José Luis Mazón, entendiendo que era un símbolo religioso y un elemento cultural murciano de carácter tradicional.
El monumento al Castillo de Olite
En octubre de 1957, durante su visita a Cartagena para inaugurar la Central Térmica de Escombreras y el nuevo monumento dedicado a la memoria de los Caídos en el hundimiento del Castillo de Olite en 1939, al referirse a este, Franco afirmó: «Todo esto que hoy vemos, será inservible en el curso del tiempo y llegará a ser chatarra que habrá de venderse. Lo que nunca será chatarra será esa cruz del Castillo de Olite, la cual nos servirá de recuerdo de los que lo dieron todo por España». La Central Térmica sigue hoy funcionando con el grupo de ciclo convencional, lógicamente sin la placa que recordaba la inauguración, pero la Cruz hace años que fue desmontada por orden de la autoridad portuaria, concretamente en 2001, y los trozos probablemente vendidos como chatarra.

El sábado 4 de marzo de 1939 se produjo en la Cartagena frentepopulista una sublevación militar contra el gobierno de Negrín, en la estela de lo que se conoce en la historiografía como el «golpe de Casado». La jefatura de la rebelión recayó en el capitán de navío Fernando Oliva con el apoyo de la quinta columna nacional que operaba en la Ciudad. El 5 de marzo se anuncia que la importante base naval está a las órdenes de Franco. Ante la inesperada situación creada el mando nacional improvisó una rápida operación para el envío de tropas que permitiera asegurar el dominio de la base naval y la ciudad. Con enorme celeridad, ante la existencia de lo que en el argot militar era una cabeza de puente en territorio enemigo, se ordenó la salida de 30 navíos de la Armada nacional con el crucero Canarias al frente que pondría proa a Cartagena. Sin embargo, en la noche del día 6 las fuerzas frentepopulistas dominaban el Arsenal mientras la flota nacional se dirigía hacia la ciudad. En el amanecer del 7, al comprobar que la resistencia había cesado, sin cabeza de puente, el desembarco de las fuerzas no contaba ya con ese punto de asalto, los navíos nacionales recibieron orden de volver pues no tenían un plan de desembarco previo para intentarlo en una zona dominada por el enemigo (al contrario de lo que opina algún autor, los navíos tenían suficiente poder de fuego contra las defensas enemigas). El vapor de transporte Castillo de Olite (2 batallones de Infantería, 1 grupo de Sanidad, 1 grupo de Artillería y otras unidades menores) que aún se dirigía hacia aguas de Cartagena no recibió la oportuna comunicación y siguió adelante, lo mismo le sucedió al Castillo de Peñafiel. La poderosa batería de Costa conocida como La Parajola alcanzó el navío y uno de los proyectiles impactó en la santabárbara produciéndose la consiguiente explosión. El transporte se hundió rápidamente sin que diera tiempo a evacuar la nave. El Castillo de Peñafiel, tras ser alcanzado, pudo abandonar aquellas aguas. El hundimiento de aquel navío está considerado como uno de los más graves naufragios en la historia de la Armada española. No se sabe exactamente cuántos hombres murieron (entre 1.223 y 1.476), más de 300 resultaron heridos y 294 fueron hechos prisioneros; algunos consiguieron llegar a nado hasta la costa permaneciendo escondidos hasta el final de la guerra.
Tras la victoria comenzaron los homenajes. Aún se podía ver desde la costa la punta del mástil del navío hundido. Tras levantarse la Cruz de los Caídos en la cartagenera Plaza de España se depositaron coronas en recuerdo a aquellos Caídos. La visita de altas autoridades, como la realizada por el ministro de Marina en abril de 1940, obligaba al ritual de desplazarse en un navío hasta el lugar y lanzar al mar dos coronas: una por los caídos del Castillo de Olite; otra, por los jefes y oficiales de la Armada asesinados en los navíos España n.º 3 y Río Sil (convertidos en barcos-prisión alojaban a jefes y oficiales de la Armada detenidos en Cartagena junto con jefes y oficiales de la base de San Javier, la noche del 15 al 16 de agosto de 1936 se hicieron a la mar, diez oficiales habían sido linchados el día anterior durante un traslado desde los navíos. Aquellos prisioneros fueron asesinados y sus cuerpos lanzados al mar, no pocos de los prisioneros del Río Sil fueron arrojados vivos con grilletes con lastre para que se ahogaran. En total entre 211 y 214 víctimas). La evidencia de que no existió un programa concreto de edificación de monumentos a los caídos y a hechos de la guerra civil es que no se realizara ninguno dedicado a los jefes y oficiales de la armada asesinados por los frentepopulistas.
En julio de 1939 se levantaba, a propuesta de María del Carmen Hevia de Saavedra, una pequeña Cruz de los Caídos de piedra colocada en tierra, en una altura, frente al punto en el que el navío estaba hundido, costó 1.500 pesetas. En las placas situadas a la derecha y a la izquierda de la Cruz se leía: «A los gloriosos caídos del transporte de guerra Castillo de Olite que intentó liberar Cartagena del poder marxista. 7-III-1939»; «Fiel a los muertos en el año de la victoria el Frente de Juventudes renueva su juramento de servicio a España y lealtad al Caudillo. Hermandad en la Falange. MURCIA, año MCMXLIX. Por el Imperio hacia Dios. Viva Franco. Arriba España». Aquel monumento se mantuvo hasta 1956.

En abril de 1946 Franco visitó Cartagena, acudió al Astillero y a bordo del submarino C-4 se dirigió hacia el punto en que reposaban los restos del navío. Sobre la cubierta improvisó unas breves palabras, conservándose una grabación en película no muy buena sin sonido, lanzando una corona al mar. Franco afirmó: «Héroes del Castillo de Olite y marinos caídos: Que Dios os dé descanso eterno y lo niegue a los criminales que os asesinaron y que alejados en el extranjero difaman a España».
En 1947, sobre un proyecto de 1940, se inició la puesta en marcha de lo que acabaría siendo el Complejo de Escombreras. El desarroyo de las instalaciones y la construcción de la Central Térmica llevó aparejada la desaparición del viejo monumento y la decisión de hacer uno de mayor entidad dedicado a las víctimas del hundimiento del Castillo de Olite, que ya no estaría sujeto a las normas de posguerra sobre las Cruces para los Caídos. Consistió en una Cruz metálica de 10 metros de altura colocada en un escalón de la ladera de la montaña. Una Cruz simbólica, porque sus dos brazos tienen la forma del plano horizontal de dos navíos. Más abajo, en una pequeña explanada, a modo de altar aparece un conjunto escultórico apoyado en un bloque cúbico de piedra blanca que representa a una madre/virgen que en su regazo recoge al que ha dado la vida por la Patria; ante el bloque se sitúa el pequeño altar. Para la base delantera del altar se recuperaron las placas del primer monumento y bajo el grupo escultórico una nueva placa de bronce con dos niveles: el superior es un sol con rayos que parece emerger sobre la línea del horizonte en cuyo círculo central aparece la leyenda «Todo por la Patria»; el inferior contine la dedicatoria «A los héroes del Castillo de Olite».
En octubre. de 1957 Franco acude a Cartagena, visita las instalaciones petrolíferas de Escombreras, la planta de lubricantes, inaugura la nueva Central Térmica y preside la bendición del monumento a los Caídos del Castillo de Olite. Andando el tiempo, con más recuerdo mitificado que realidad, el cronista Francisco José Franco, en la revista Cuadernos Republicanos, en un artículo titulado «Franco y el extraño viaje a Cartagena» presentó una curiosa «teoría sobre el encubrimiento» y sobre el discurso de Franco y una posible autocensura de aquel discurso «escondido». Pero el discurso aparece íntegro, con las referencias que pudieron motivar esa posible censura, en el volumen correspondiente editado en 1960, referido al periodo 1955-1959. En el mismo sentido se pronuncia sobre la información del NODO, pero lo cierto es que el programa fechado el 14 de octubre de aquel año (NODO 771B), dedicó a los actos 2.20 minutos con las imágenes de los mismos. Como era usual el noticiario cinematográfico no recogía el sonido, sino que eran imágenes contadas por un narrador a modo de crónica.
Los actos de homenaje y recuerdo por parte de los supervivientes no fueron inusuales en los años posteriores. En 1964 una nueva placa se añadió al conjunto: «En el XXV Aniversario de la Gesta los supervivientes, las autoridades civiles y militares y el pueblo de Cartagena les rinden fervoroso homenaje Cartagena 1-III-1964».
Las calles dedicadas al Castillo de Olite fueron usuales tanto en la región como fuera de ella y algunas se han mantenido hasta los últimos cambios realizados a partir de la publicación de la LMH y la LMD. Aunque resulta difícil de comprender por qué el recuerdo a las víctimas del hundimiento del navío constituye una exaltación del régimen de Franco o es una muestra de menosprecio a las víctimas del franquismo. El «lobby de la memoria» señaló el nombre de estas calles siendo retiradas, especialmente a partir de la aprobación de las leyes de memoria, pese a la resistencia en numerosos municipios a ello.
Señalemos cómo la historia tiene extraños giros. Una parte importante de los supervivientes del naufragio fueron conducidos a Fuente Álamo, donde permanecieron detenidos hasta el final de la guerra. La Hermandad de Supervivientes del Castillo de Olite creada después, en sus diversas reuniones, volvió a la localidad. Aprovechando esos actos, coincidentes con el XXV aniversario del hundimiento, el Ayuntamiento decidió que la Gran Vía fuera renombrada como Avenida de los Mártires del Castillo de Olite (Gran Vía de los Mártires del Castillo de Olite). En correspondencia fue la Hermandad de Supervivientes del Castillo de Olite la que pidió al Ministerio de la Gobernación la concesión a la villa de Fuente Álamo de los títulos de «Muy Noble y Muy Leal». Lo que el Consejo de Ministros, presidido por Franco, en enero de 1966 concedió. Es posible que a futuro, el «lobby de la memoria» planteara la retirada de la consideración debido a que fue concedida por Franco a instancias de aquellos que sobrevivieron al naufragio del navío al que se retiran los nombres de las calles que en numerosos lugares de España tuvieron.

Destruido el monumento, el grupo escultórico, sin su base y placas con referencias, fue trasladado al monte Calvario de Cartagena, situándose ante una Cruz de madera. Dándose el contrasentido de que fuera nuevamente bendecido en 2009 en su nuevo emplazamiento como si hubiera salido de la nada.
A vueltas con Franco
Anotábamos al iniciar este trabajo, como hecho destacado, que en toda la provincia difícilmente existen rastros de un monumento específico dedicado a Francisco Franco, más allá de la existencia de calles dedicadas al Caudillo, al Generalísimo o con su nombre.
Sabemos que existió un busto de Franco colocado en Cieza en la esquina del Convento junto con otro de José Antonio situado en la Plaza Mayor. Hemos encontrado alguna referencia a la existencia de otro busto en lugar público en una localidad pero sin confirmación. El busto de Cieza desapareció en los primeros años de la Transición no pudiendo confirmar su destino. Evidentemente existieron otros bustos, tanto del Jefe del Estado como de Primo de Rivera, en este último caso era usual en todas las delegaciones de FET de las JONS/Movimiento Nacional. Algunos de notable valor por su autoría, como en el caso de los realizados por José Planes en 1940 de Franco y José Antonio. El del Generalísimo parece que se preserva en los almacenes del Museo de Bellas Artes de Murcia.
Lógicamente, en numerosos centros oficiales nacionales o locales, incluyendo los acuartelamientos militares, existieron bustos o retratos de Francisco Franco. Los de los centros oficiales fueron retirados rápidamente, aunque se mantuvieron durante años en el Gobierno Militar o algunos acuartelamientos dado que por disposición gubernativa Franco seguía al frente de los escalafones. Según informaciones de prensa de algunos cuadros nunca más se supo, pese a su valor histórico o económico según la firma del autor; alguno, como el realizado por Antonio González Conte, parece estar en los fondos del Museo de Bellas Artes de Murcia. Los que estaban en centros militares, teóricamente, se conservan entre las obras no expuestas del Museo del Ejército.

Sí permanecieron algunos retratos del Generalísimo en otros centros privados de asociaciones. Cuando han sido localizados se ha producido la presión del «lobby de la memoria» para su retirada. Así, por ejemplo, en 2017 se denunció que un retrato de Franco permanecía en la sala de la Hermandad de la Real e Ilustre Cofradía de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca. Estaba allí junto con los de otros «Hermanos Mayores Honoríficos de la Cofradía». Fue finalmente retirado.
La persecución llega hasta los límites del absurdo. La aparición de una referencia a Franco en cualquier exposición puede dar lugar a la actuación represora/censora del «lobby de la memoria». Así, en diciembre 2023, en el Centro Cultural Alcalde José María Campoy de Lorca, en la exposición «Pintura al óleo», se incluían 2 retratos de Franco. Parte de ella eran cuadros de personalidades realizados por el autor. Ello motivó que el PSOE pidiera su retirada inmediata, lo que equivalía a una «censura artística». La concejala socialista, Isabel Casalduero, demandó al gobierno municipal que se explicaran los motivos para exhibir «los retratos del dictador fascista en una instalación municipal», considerando que su presencia suponía hacer «apología del franquismo», siendo un «insulto a las víctimas y represaliados del franquismo y a sus familiares». El concejal de Cultura explicó que «cuando se monta una exposición, hay que aceptar la libertad de los artistas».
La retirada del nombre de Franco del callejero de la región ha llegado hasta prácticamente 2024. Cierto es que, a finales de los 70, el nombre de Franco (o Caudillo o Generalísimo), comenzó a desaparecer de las grandes ciudades de la provincia de la mano de las corporaciones socialistas. Sin embargo, en no pocas localidades, las corporaciones mantuvieron los nombres de las calles hasta ese último periodo que señalamos votando en contra de la retirada.
Algo similar sucedería con respecto a las distinciones otorgadas a Franco. Probablemente haya más de las denunciadas en los últimos veinte años por las asociaciones de «memoria», pero su rastro se desvaneció con el paso del tiempo. Al menos 3 Cofradías de la región dieron al Generalísimo el título de Hermano Mayor. El «lobby de la memoria» promovió peticiones para que se le retirara tal consideración. Lo hizo ignorando que el título de Hermano Mayor cesa con el fallecimiento del titular, por lo que no se podía retirar lo que había dejado de existir.

En 1942, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Murcia, conocida popularmente como la de los Salzillos, tras el fallecimiento de Alfonso XIII, último Hermano Mayor Honorario, decidió nombrar como tal al jefe del Estado, a Francisco Franco (el ministro murciano de Educación, Ibáñez Martín, fue nombrado Mayordomo Honorario). Tras la muerte del Generalísimo, se recuperaría, para el rey Juan Carlos I, el título que llevó su abuelo de Mayordomo Mayor Honorario.
No muy distante es el caso de la Real e Ilustre Cofradía de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca que también dio el título de Hermano Mayor Honorario de la Hermandad a Franco. Ello provocó nuevas denuncias del «lobby de la memoria» en 2017.
En Cartagena, la hoy Pontificia, Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús en el Dolor, Paso del Prendimiento y Esperanza de la Salvación de las Almas, conocida popularmente con el nombre de «los californios», el 16 de septiembre de 1939, acordó dar a Franco el título de Hermano Mayor Honorario:
«En uso de la palabra el Consiliario D. Dionisio Martínez y solicita de la Junta se acuerde nombrar Mayordomo Mayor Honorario al Generalísimo e interviniendo los Sres. […] y Calvache y se acuerda con gran entusiasmo los siguientes nombramientos:
Hermano Mayor Honorario S. E. el Generalísimo Excmo. Sr. Don Francisco Franco Bahamonde.
Mayordomo Honorario: Excmo. Sr. D. Ramón Serrano Suñer.
Mayordomo Honorario: Excmo. Sr. D. Juan Pujol.
Se acuerda telegrafiar a dichos Srs. estos nombramientos; así como al Sr. Obispo de la Diócesis dándole a conocer (nuestra) la continuación de esta Cofradía y la restauración de nuestra Capilla y local»
Curiosamente Franco recibió la «patente de Hermano» de la Pontificia, Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Paso del Prendimiento del nombramiento estando en el Pazo de Meirás. El 12 de octubre contestó a la Cofradía expresándole «su sincero agradecimiento». El «lobby de la memoria» presionaría para que se le retirara por parte de la Cofradía el nombramiento. Una nueva presión se añadió hace unos años para que la Cofradía dejara de sacar en procesión uno de los tres guiones que figuraban a la cabeza de su procesión desde 1940, por ser el guión de Franco. En 2024 dejó de procesionar por imposición de la actual Ley de Memoria Democrática, aunque en Murcia no existe ninguna legislación específica para la CARM, pese a la reiterada petición de la izquierda por la oposición a la tramitación de una ley de LMH/LMD regional por parte del PP y VOX.
Al menos 4 ciudades de la región otorgaron a Franco la medalla de oro de la localidad: Murcia, Cartagena, Lorca y Águilas. Es posible que alguna más lo hiciera pero no se ha encontrado referencias a ello.
El 18 de mayo de 1945 en un pleno extraordinario el Ayuntamiento de Cartagena acordaba crear la Medalla de Oro de la ciudad, otorgando la primera a Francisco Franco «como expresión de respeto, gratitud y lealtad inquebrantable a su persona». La distinción sería entregada al Generalísimo en el Ayuntamiento durante su visita a la ciudad en abril de 1957. El «lobby de la memoria» inició, entrado el siglo XXI, la petición de la retirada de la condecoración. En 2009 se votó la petición realizada amparada por el PSOE para ello. Fue desestimada por 15 votos en contra de los concejales del PP frente a los 6 votos a favor de los concejales socialistas (los 2 concejales del Movimiento Ciudadano se abstuvieron). Pese a las reiteradas campañas, en 2022 Franco aún «conservaba» tal distinción. Anunciando entonces el Ayuntamiento que, en función de la LMD, se abría un informe sobre la retirada y revisión de honores y distinciones. No solo el Generalísimo tenía tal distinción, también: el almirante de la Armada Francisco Bastarreche y Díez de Bulnes; el ministro Juan Antonio Suanzes; el ministro de Obras Públicas Conde Vallellano; general Jorge Vigón Suero-Díaz, ministro de Obras Públicas; Licinio de la Fuente, ministro de Trabajo.
El Ayuntamiento de Murcia concedió a Franco la Medalla de Oro de la ciudad en 1946, aunque el camino de la propuesta había empezado en 1945. En 2018, una de las marcas políticas de la extrema izquierda, Ahora Murcia, pidió la retirada de la misma al no existir aún ningún procedimiento abierto para ello, instando a que la corporación revisara todas las distinciones otorgadas a «distintos personajes de la dictadura franquista». La moción presentada por Ahora Murcia fue votada afirmativamente en 2018 en el pleno con la abstención del PP. Sin embargo, al ser solo un acuerdo para la ejecución tendría que esperar. Franco también estaba en posesión de la Medalla de Oro de la Diputación.

En 1965 el pleno del Ayuntamiento de Lorca otorgaba a Franco la Medalla de Oro de la Ciudad, que el alcalde Lucas Guirao entregaría personalmente al Caudillo en el Palacio de El Pardo. En cinco ocasiones el «lobby de la memoria» ha pedido, infructuosamente su retirada desde 2007; en 2008 lo hizo mediante la Asociación Amigos de los Caídos por la Libertad (1939-1945). La última, amparándose en su interpretación de la LMD, en marzo de 2024 cursada por parte de otra de sus diversas asociaciones, la Asociación Memorialista Archivo Guerra Civil y Exilio advirtiendo que recurrirá a acciones judiciales si no se atendía afirmativamente a su petición. En la anterior ocasión, en 2022, el PSOE no apoyó la propuesta pese a estar en el gobierno municipal.
El Ayuntamiento de Águilas, el 1 de agosto de 1968, acordó entregar la Medalla de Oro de la Villa a Francisco Franco. También el «lobby de la memoria» mediante la asociación Amanecer 31 ha pedido en tres ocasiones su retirada, la última en marzo de 2024, amparándose en su interpretación de la LMD. La propuesta fue sustentada por el coordinador de la asociación, Pedro Javier López, en la siguiente argumentación: «Es bochornoso que la máxima distinción otorgada por el municipio recaiga sobre una persona que es el último responsable del bombardeo que sufrió la ciudad en el verano de 1938, cobrándose la vida de más de una treintena de vecinos, del fusilamiento de al menos cinco aguileños y la condena a prisión de más de trescientos, en el proceso represivo más feroz que ha sufrido esta población murciana en toda su historia».
Durante mucho tiempo las asociaciones de «memoria» fijaron su objetivo en la retirada de las placas que existían en el pantano del Cenajo y en el embalse de Camarillas. Estas construcciones dependientes de la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) fueron inauguradas por el Generalísimo en 1963. En el pantano se colocó una lápida conmemorativa del hecho con el siguiente texto:
«Este embalse lo mandó construir Franco, caudillo de España. Dominó las aguas turbulentas del río Segura para que fecundizaran apaciblemente unas tierras ubérrimas. Redimió a los hombres que las trabajan del milenario temor a las inundaciones y a la sequía. Con su presencia se inauguró el día 6 de junio de 1963»
En el embalse de Camarillas otra más modesta indicaba: «El caudillo de España Francisco Franco inauguró este embalse de Camarillas construido durante la paz fecunda de su gobierno».
Ha sido en la última década cuando se ha procedido a retirar la mayor parte de las placas alusivas que, recordando la autoría o el momento, existían en cientos de pantanos, tanto en los inaugurados personalmente por Franco como en las centenas construidos durante su régimen. Como anotaba el diario La Razón, formaba parte del «objetivo: borrar el nombre de Franco de los pantanos, su legado más emblemático. Se han eliminado o modificado menciones en las principales cuencas hidrográficas».
Para el «lobby de memoria» regional la retirada de los existentes en las ya citadas obras hidráulicas se convirtió en un objetivo fundamental. Finalmente, en 2016, la CHS eliminó las existentes. Habían estado allí casi medio siglo. En la actualidad la única referencia a su historia es: «Embalse del Cenajo. Puesta en servicio año 1963. Confederación Hidrográfica del Segura». En sintonía, el «lobby de la memoria» ha pedido el cambio de nombre de algunas calles que en diversas localidades mantienen la denominación «Pantano del Cenajo» como «vestigio del franquismo» incompatible con la LMH y la LMD.
Sobre la memoria, los vestigios y el pantano del Cenajo, aunque sea algo anecdótico, señalar que cuando se construyó se estimó posible aprovechar la zona para lo que hoy denominamos «turismo rural», como de hecho sucedió en otros pantanos que poblaron el país de mares interiores, en una no reconocida acción que ha evitado la expansión del proceso de desertificación en algunas zonas de España. Ello llevó a la edificación de un hotel dentro del complejo que, naturalmente, algunos medios han llegado a calificar como «palacete franquista» (Véase el digital antifranquista retrospectivo elDiario.es). Para la inauguración se habilitó la habitación n.º 135 para que Franco pudiera descansar llegado el caso. Durante mucho tiempo, como sucedió por ejemplo en algunos Paradores como el de Santiago, se utilizó esta circunstancia como reclamo para los visitantes.

Algunas placas más con el nombre de Francisco Franco fueron retiradas en diversos edificios públicos en las que, como es habitual hasta la actualidad en este tipo de menciones, la referencia estaba vinculada al hecho de que fuera en esos momentos el jefe del Estado, pero este proceso comenzó mucho antes de la vigencia de la LMH. Fuera de estas solo tenemos constancia de la existencia en el acuartelamiento del Regimiento de Artillería Antiaérea n.º 73 de Cartagena de un monolito con una placa que reproducía un fragmento del discurso de Franco sobre la disciplina, pronunciado con motivo del cierre de la Academia General Militar de Zaragoza en 1931:
«¡Disciplina! Nunca bien definida y comprendida… ¡Disciplina! Que no encierra mérito alguno cuando la condición del mando no es grata y llevadera.
¡Disciplina! Que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía o cuando la arbitrariedad y el error van unidos a la acción del mando.
Esta es la disciplina que os inculcamos, esta es la disciplina que practicamos, este es el ejemplo que os ofrecemos.
Francisco Franco»
Localizado el monolito por el «lobby de la memoria» en diciembre de 2022 arreciaron los movimientos pidiendo su retirada, auspiciados por los medios regionales. Fue retirado por orden del Ministerio de Defensa regido por la socialista Margarita Robles.
Que el nombre de Francisco Franco aparezca en cualquier lápida situada en un monumento puede acabar «convirtiéndolo» en «vestigio franquista». Es la amenaza que pende sobre el monumento a la Inmaculada Concepción, obra de Juan González Moreno, sito desde 1954 en la Plaza de Santa Catalina de la capital. Presentado a veces como ejemplo del mal llamado «nacionalcatolicismo», es señalado por el dedo acusador de las asociaciones de «memoria» amparándose en el contenido de las placas que están a los lados de los cuerpos que forman la basa de la columna-pilastra que sostiene la imagen de la Inmaculada; junto con la inclusión en la parte trasera del escudo vigente en 1954. En cuanto a las placas, denunciadas también en varias ocasiones, aunque es difícil su modificación por ser un monumento protegido en grado máximo, por un lado se hace mención al alcalde que lo hizo posible, Ángel Fernández Picón; por otro, aparece la siguiente mención a Francisco Franco:
«SIENDO SUMO PONTÍFICE S.S. EL PAPA PÍO XII
JEFE DEL ESTADO EL EXCMO. SR. DON FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE
OBISPO DE LA DIÓCESIS EL EXCMO. Y RVDM. SR. DOCTOR DON RAMÓN
SANAHUJA Y MARCE
SE INAUGURÓ ESTE MONUMENTO EL DÍA 8 DE DICIEMBRE DE 1954
AL CUMPLIRSE EL PRIMER CENTENARIO DE LA DECLARACIÓN COMO DOGMA
DE FE DEL SUBLIME MISTERIO DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN»
Cuando el «lobby de la memoria» denuncia la existencia de estas placas/lápidas lo hace tergiversando y manipulando su realidad para adecuarlo a su discurso. Así la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia, al presentar en 2019 un listado con los «símbolos franquistas» a eliminar (el documento lleva el título de «¡Por una Región de Murcia libre de símbolos franquistas!»), anota que es un «escudo exaltando la figura de Franco». Juzgue el lector.
Cerremos este punto citando la existencia de algunos centros educativos con el nombre de Francisco Franco que, naturalmente, perdieron tal denominación hace mucho tiempo. De vez en cuando, en estos años, Franco vuelve a resucitar por la existencia de denominaciones antiguas en el buscador de Google. Así sucedió en 2008 cuando se descubrió que seguía apareciendo el Conjunto Residencial Francisco Franco. Lo cierto es que no era un error, ese era el nombre que tenía un conjunto de edificios creado para albergar residencias de ancianos y un centro ocupacional para enfermos síquicos.
Fue un proyecto impulsado por la Diputación Provincial en 1969 para construir un complejo residencial para niños y ancianos. Dispondría de residencias para ellos, un colegio de educación especial, un centro de rehabilitación para minusválidos, casa-cuna, iglesia y teatro. El 14 de abril de 1970 fue inaugurado por el ministro de la Gobernación Tomás Garicano Goñi. A propuesta de la Diputación llevaría el nombre de Francisco Franco. Como era habitual en la época había que proponérselo al propio Jefe del Estado quien aceptó que el conjunto llevara su nombre. En la época fue todo un avance en la ayuda a la discapacidad y a los derechos de las personas que durante cuarenta años pasaron por sus instalaciones y se formaron. Transcurridos unos años desde la muerte de Franco pasó a denominarse Conjunto Residencial de Espinardo. Pese a su valor arquitectónico fue deteriorándose hasta su cierre en 2013 con protestas populares por el fin del más que conocido y valorado Centro Ocupacional. Obra del arquitecto Enrique Sancho Ruano el conjunto fue declarado en 2016, por su valor arquitectónico, bien inventariado, ya que se trata de un conjunto edificado dentro de los parámetros del Modern Movement. La Comunidad Autónoma vio frustrado finalmente su intención de deshacerse de aquel conjunto que llevó un día el nombre de Francisco Franco, que continúa amenazado por el abandono y el saqueo.
En la misma línea, aunque sin valor arquitectónico, cabría hablar de otro edificio. Al acabar la guerra fueron numerosos los regalos que muchos particulares le hicieron a Francisco Franco en gratitud por su victoria. Conservó muy pocos. Uno de ellos fue el palacio de los Condes del Valle San Juan situado en la subida a la Fuensanta desde La Alberca. Como sucedió de forma constante Franco cedió la titularidad del regalo a organizaciones como el Frente de Juventudes. En esta ocasión fue destinado a lo que hoy denominaríamos fines culturales, sociales o juveniles. El palacio se convirtió en un colegio para niños huérfanos. Hoy, pese a su magnífico enclave, se encuentra abandonado y en ruinas.

Escasos son los monumentos calificados como franquistas
Salvo porque fueron erigidos durante el régimen de Franco, el Estado de las Leyes Fundamentales, no sería fácil explicar la razón de esa definición de «franquistas» aplicada a algunos monumentos.
Sin que puedan alcanzar el calificativo de monumentos cabría, para ser exactos, recordar que al acabar la guerra lo que sí se produjo fue la instalación del Yugo y las Flechas a la entrada de los pueblos o en lugares significativos de algunas localidades. Así, por ejemplo, en Caravaca se colocó en una torre del castillo. Cayeron en desuso y con el paso del tiempo algunos ya fueron retirados antes de la muerte de Franco y la mayoría en los años siguientes a su muerte sin mayor polémica por otra parte.
Prescindiendo de lo anterior, según nuestros datos, solo contamos con cinco monumentos que tengan la consideración citada en la provincia, ninguno espectacular ni de grandes dimensiones o trascendencia: 4 de ellos retirados y uno resignificado. Tan escaso número, incluyendo uno erigido muy posteriormente a la muerte de Franco, vuelve a incidir en lo señalado al inicio de este trabajo: la falta de un plan preconcebido de propaganda a través de monumentos, tal y como la lógica pudiera estimar.
Dos de ellos se corresponden con monolitos dedicados a los caídos de la IV División de Navarra que, al mando del general Camilo Alonso Vega, fue la que entró en Murcia y Cartagena a finales de marzo de 1939, cuando ya previamente, por ejemplo, la Quinta Columna se había hecho con el control de la capital. Esta fogueada unidad es herencia directa de la IV Brigada de Navarra, compuesta básicamente por voluntarios carlistas. En la guerra las brigadas navarras alcanzaron muy pronto la consideración de unidades de choque como lo eran los legionarios o los regulares en el Ejército Nacional. Hicieron toda la campaña del Norte y en 1937 se transformaron en Divisiones Navarras. Después participarían en todas las operaciones en Aragón, Cataluña y Levante. La IV, como unidad de choque, cosechó un número importante de bajas y condecoraciones. Al acabar la guerra fue disuelta perviviendo una Hermandad de Excombatientes. Por iniciativa e impulso de esta se levantaron algunos monumentos en recuerdo de los caídos de la unidad, todos ellos muy similares, en diversos puntos de España. No se trata pues de monumentos a la victoria en la guerra o en recuerdo y exaltación de la misma, sino de monumentos a los caídos. Pero casi todos han corrido la misma suerte siendo demolidos.

En Murcia y Cartagena se levantaron dos monumentos-monolito a esta unidad. El de la capital, inaugurado años después de acabar la guerra, aún permanece en el céntrico y popular Jardín de Floridablanca, siendo lo más probable que fuera contemporáneo al levantado en Cartagena. Hecho en granito, con formas geométricas superpuestas con forma triangular en su elevación hacia lo alto, en su frontal tiene una cruz tallada y una placa con la leyenda. Su base la forman piedras irregulares. En el grabado original, situado bajo la Cruz, se leía: «A la memoria de los Caídos de la IV División Navarra que ocupó esta plaza el día 31-3-1939». Fue resignificado en 1998 retirando su dedicatoria y sustituyéndola por una lápida con la leyenda: «Por la Paz». Su nombre actual es «Monumento por la Paz», a resultas de una propuesta realizada por la comunista Izquierda Unida. A pesar de ello, en 2004 la Asociación Amigos de los Caídos por la Libertad seguía considerando el monumento como un «vestigio franquista» dedicado a la «brigada que invadió Murcia», que debía de ser eliminado.
El situado en Cartagena estaba en los jardines de la Muralla del Mar; fue inaugurado el 11 de junio de 1946 y mantenía esta inscripción: «En memoria de los caídos de la IV División Navarra que liberó Cartagena el 31 de marzo de 1939». Su retirada había sido pedida reiteradamente por las asociaciones de «memoria», siendo desmontado, tras acuerdo del Ayuntamiento, en febrero de 2018. En el informe firmado por la Directora General de Bienes Culturales de la Región de Murcia, con respecto a la consulta previa sobre su valor para el aval de Patrimonio para su retirada, no sin errores en la interpretación, se indicaba: «Carece de cualquier tipo de valor artístico, representando tan solo un valor documental de la guerra civil y de los años inmediatos de posguerra, como testimonio del interés del régimen dictatorial por enaltecer los principales hitos de la contienda, ensalzando en este caso a la unidad militar que certificó la caída de la ciudad de Cartagena en manos de las tropas de Franco, el 31 de marzo de 1939, poniendo fin a la guerra». Su retirada fue acogida por el diario La Verdad con el titular: «Retiran el último monumento en Cartagena en aplicación de la Ley de Memoria Histórica».
En lo referente a estatuas relacionadas con el régimen de Franco solo se han localizado tres: la primera del General López Pinto; la segunda y la tercera del almirante Bastarreche. Dos situadas en Cartagena y otra en Alhama hasta su relativamente reciente retirada.
El general de Artillería José López-Pinto Berizo era natural de Cartagena. En 1952, coincidiendo con el décimo aniversario de su fallecimiento, se instaló en la ciudad un monumento obra de Rafel Puch. El busto, obra del escultor Víctor Gutiérrez, estaba situado sobre un monolito colocado en una pequeña fuente con surtidores. Allí permaneció hasta su retirada por la remodelación de la plaza en que se encontraba ante el cuartel de Artillería. El busto, sin más aditamentos, fue recolocado en uno de los lados de la entrada del cuartel en 2009. Ello provocó la movilización del «lobby de la memoria» pidiendo su retirada, realizándose un acto en el que participó el profesor de Historia de la Universidad de Murcia, vinculado a estos grupos, Pedro María Egea Bruno. El razonamiento esgrimido para su retirada era que este militar «traicionó a la República» al sublevarse en 1936 en Cádiz. En realidad la decisión de elevar el monumento poco tenía que ver con aquel hecho. El general siempre estuvo muy vinculado a su ciudad natal siendo, además, Hermano Mayor de los marrajos. Más que por su carrera militar era recordado porque incorporó el sistema de iluminación para los desfiles procesionales cartageneros.

No fue el monumento el único reconocimiento al general en la ciudad. El ejército dio su nombre al Acuartelamiento Antiaéreo n.º 73. También en este caso la Asociación de Memoria Histórica de Cartagena pidió su cambio, lo que el ministerio de Defensa realizó en 2010.
El informe emitido por la Comunidad Autónoma sobre el monumento anota que solo tiene «interés como elemento documental», siendo «aconsejable» su conservación en un museo. Destacaba también, secundando la tesis de los «memorialistas», que el personaje aparece en su «versión guerrera, con atuendo de campaña, en una representación que ensalza su papel determinante en el golpe de Estado y la guerra civil, muy alejada de esta otra vertiente de trascendencia local, en calidad de Hermano Mayor de la Cofradía de los Marrajos, donde en las primeras décadas del siglo XX desarrolló el sistema de iluminación eléctrica de las procesiones».
El segundo monumento en la ciudad era el dedicado al almirante Francisco Bastarreche y Díez de Bulnes. Contra su permanencia inició una campaña tardía, sobre 2010, el «lobby de la memoria» calificándolo de «golpista y criminal de guerra» cuando no de «asesino», indicando que había firmado 57 penas de muerte a resultas de los Consejos de Guerra efectuados tras el fin de la contienda como máxima autoridad militar.
El marino, como la mayoría de los jefes y oficiales de la Armada partidario de la rebelión, tras sublevarse en julio de 1936, estuvo al mando del crucero más potente de la Armada nacional, el Canarias. En 1941 Franco le ascendió al empleo de almirante, siendo nombrado comandante general del Departamento Marítimo de Cartagena. En Cartagena fue un personaje muy popular siendo recordado por haber hecho realidad el proyecto de la llegada de las aguas del Taibilla a Cartagena (1946), ejerciendo de Delegado del Gobierno en la Mancomunidad de Canales del Taibilla. Los memorialistas tejieron un relato ficticio refiriendo que el proyecto era muy anterior, de los tiempos de la Restauración, pero lo cierto es que las obras no se ejecutaron en lo referido a la llegada a Cartagena y otras poblaciones hasta después de la guerra. En ese relato se llega al dislate de estimar que el máximo dirigente de este organismo, un militar con mando, nada tuvo que ver en ese proceso.
En 2010 le fue retirado su nombre al I.E.S Almirante Bastarreche de Cartagena que pasaría a denominarse IES Santa Lucía. En 2016 se presentaría por parte del PSOE una moción para retirar su busto de la Plaza de Bastarreche, para la que también se pedía el cambio de nombre. El «lobby de la memoria» incluirá el nombre de las diversas calles que le fueron dedicadas en otras poblaciones entre los «vestigios franquistas» a eliminar. El Ayuntamiento se comprometió a eliminar el busto en el futuro. El concejal de Patrimonio mantuvo que la razón de la existencia del monumento al almirante era su participación en la consecución de que el agua potable llegara a Cartagena y a otros pueblos, no por su actuación militar. En el debate recordó al concejal socialista que la posición de su partido no era la misma cuando el monumento se inauguró en 1984.
El monumento situado en una placita consistía en un espacio circular con dos alturas en cuyo centro un pilar de piedra servía de base al busto del almirante. Este era obra del escultor Manuel Ardil Pagán. En el pilar sobre el que se colocó se podía leer: «D. Fco Bastarreche y Díez Bulnes. II-VIII-1882 12-V-1962. Capitán General del Departamento Marítimo de Cartagena. Hijo adoptivo de la ciudad. Octubre 1984». Unas anclas tumbadas horizontalmente en inclinación formando como una pequeña proa recordaban el mando del marino sobre los navíos.
La realidad es que no se trataba realmente de un «vestigio franquista» o de exaltación del franquismo. Como hemos apuntado fue colocado en aquel lugar casi una década después de la muerte de Franco, realizada la Transición, aprobada la Constitución (1978) y ocupando la presidencia del gobierno el líder socialista Felipe González. Incluso, tal y como afloró durante el debate en el Ayuntamiento, la placa había sido sugerencia de un concejal socialista que para ello obtuvo una partida de 28.000 pesetas con el apoyo de todos los concejales.
La petición de la retirada por parte de la Asociación de Memoria Histórica de Cartagena se derivó al Grupo de Trabajo de Expertos creado en el Ayuntamiento que, naturalmente, dio su aprobación a la retirada de nombres de calles y monumentos entre los que se encontraba el dedicado a Francisco Bastarreche.
La consecución de la retirada tardó en ejecutarse. La petición de la Asociación de Memoria Histórica de Cartagena pasó a la Comisión Histórica para el cumplimiento de la LMH. En marzo de 2016 el Ayuntamiento recibía el informe sobre la consulta realizada al Servicio de Patrimonio Histórico de la Consejería de la Comunidad, firmado por la Directora General de Bienes Culturales:
«Se trata de un monumento construido por acumulación de diferentes piezas, sin una idea unitaria de monumento (placas, anclas, monolito, busto), ubicado en una isleta divisoria del tráfico en la plaza del mismo nombre (Almirante Bastarreche), y fuera de escala en el contexto urbano espacial y de volumen de tráfico donde se encuentra.
El elemento más relevante del conjunto es el busto retrato de Bastarreche. Se trata de un discreto trabajo de fundición, obra del escultor Manuel Ardil Pagán en 1984. Por su estimable valor retratístico y, en este sentido, valor documental de un personaje de la reciente historia, parece aconsejable su conservación como elemento ilustrativo en una contextualización adecuada (museo histórico, archivo)»
En junio de 2016 se procedió a la retirada del busto del almirante con la supervisión en persona del concejal de interior, el socialista Francisco Aznar. Aún así continuó la particular persecución por parte del «lobby de la memoria» que denunciaba que dentro del Arsenal aún se utilizaba la denominación de Bastarreche para uno de los muelles.

En Alhama también existía otro busto del almirante Bastarreche. Se había situado sobre un pilar en una fuente que estaba en el Jardín de los Patos. En Alhama también existía una avenida dedicada a él. Por otro lado, había sido nombrado hijo adoptivo de la ciudad. Como en otros lugares, todos estos reconocimientos obedecían al hecho de su participación en la llegada del agua del Taibilla a la localidad. Resulta curioso que en el argumentario del Ayuntamiento se indique, en consonancia con las tesis de los «memorialistas», que «en este caso, no se ha encontrado en las Actas Municipales, publicaciones de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla, y hemeroteca de la época ninguna documentación ni referencia que acredite la colaboración con la villa de Alhama del Almirante Bastarreche», para luego recordar que en esa época el almirante era el presidente de la Mancomunidad de Aguas del Taibilla. El pleno del Ayuntamiento de 28 de marzo de 2017 aprobó el cambio de nombre de la avenida, la retirada del monumento y del título de hijo adoptivo.
Citemos el caso de algún monumento que se proyectó durante el régimen de Franco, con su respectivo expediente de realización, y que no llegó a realizarse. A mediados de los años cincuenta, en la nueva Plaza del Generalísimo (hoy Plaza Circular) de la capital, se decidió erigir un monumento a los caídos de la División Azul. Finalmente el proyecto quedó relegado al olvido a finales de los años cincuenta cuando los falangistas perdieron la larga batalla política librada en el seno del régimen. En compensación se dedicó una calle a la unidad militar española no sin protestas por parte de los propios excombatientes, ya que se trataba de un espacio de conexión de escasos metros, entre la Gran Vía y la Plaza de Santa Catalina, y sin ningún número de vivienda. La calle sería eliminada por el Ayuntamiento de Murcia antes de que naciera la LMH. La última calle dedicada a la División Azul en la Región aguantaría estoicamente hasta fecha reciente en la localidad de San Javier.
Juan de la Cierva en el centro de la diana.
Si alguien hubiera preguntado, aún si lo conjugamos en tiempo presente, hace décadas por qué el ingeniero Juan de la Cierva y Codorníu cuenta con tantas calles, centros educativos, reconocimientos y hasta premios con su nombre en España, la respuesta hubiera sido unánime: por ser el inventor del autogiro. Si alguien hubiera preguntado por su posición política probablemente muy pocos hubieran hecho referencia a su abuelo, reiterado ministro en los gobiernos de Alfonso XIII y líder del partido conservador. Para los españoles entre 1941 y 1947 era un rostro familiar, ya que una serie de sellos de correos lo mostraba junto con su invento, el autogiro. En los años sesenta, cuando se planteó la necesidad de que Murcia contara con un aeropuerto ya se estimó, por parte de las autoridades de la provincia, que el nombre más adecuado para el mismo sería el de Juan de la Cierva. Como inventor Murcia, por iniciativa popular, le dedicaría un monumento tardío inaugurado en 1973 sufragado a través de aportaciones particulares. Obra de Francisco Toledo y los arquitectos Enrique Sancho y Daniel Carbonell que también ha sido señalado por el «lobby de la memoria». En esta ocasión con nulo respaldo político y mediático.
Sería excesivo incluir aquí la relación de localidades con calles dedicadas a este personaje o los centros educativos que llevaban o llevan su nombre, a veces solo con su nombre y a veces con la leyenda «ingeniero Juan de la Cierva». Ciertamente Juan de la Cierva, monárquico, diputado en la Restauración hasta la disolución de las Cortes por el general Primo de Rivera, había alcanzado fama internacional, residiendo en los años treinta prácticamente en Londres. El apoyo monárquico a la rebelión le llevó a participar en la compra del avión que debía llevar a Franco desde Canarias hasta el Protectorado para asumir el mando del Ejército de África. Después actuaría como agente nacional en Londres gestionando la compra de material de guerra, desplazándose a la España rebelde en ocasiones. Falleció en un extraño accidente aéreo, no siendo descartable que fuera provocado por el eficaz servicio de información republicano, no trayéndose sus restos a España hasta 1946. Su hermano sería asesinado por los frentepopulistas en Paracuellos del Jarama.
La lista de honores y condecoraciones españolas y extranjeras en reconocimiento a su trabajo es muy larga. Entre ellas hay de España, Francia, Italia, EEUU, Bélgica o Brasil. A título póstumo Franco le concedió la Gran Cruz del Mérito Aeronáutico, el empleo de Comandante Honorario del Cuerpo de Ingenieros Aeronáuticos del Ejército del Aire creando en 1954 el Condado de la Cierva. Curiosamente la II República le había concedido, también por sus méritos, la Banda de la Orden de la República. Detalles que el «lobby de la memoria» suele obviar.
La biografía de Juan de la Cierva era sobradamente conocida, incluyendo su participación en la guerra civil junto con la posición política suya y de toda su familia. Ello no fue óbice para que en 2001, con vigencia hasta 2021, existiera el Premio Nacional de Investigación Juan de la Cierva. Creado en la legislatura de José María Aznar (PP), mantenido sin pega alguna por el impulsor político de la «ideología de la memoria» José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) entre 2004 y 2011, por Mariano Rajoy (PP) y por Pedro Sánchez (PSOE) entre 2018 y 2021. En la misma línea se creó en 2004 el Programa Juan de la Cierva para la contratación de investigadores-doctores.
El «lobby de la memoria» provincial puso en el punto de mira el nombre de Juan de la Cierva haciendo un casus belli de ello, aunque en sus listados de 2004 sobre «vestigios» no se hiciera referencia a los dedicados al inventor. Todo ello alcanzó una dimensión nacional cuando se anunció que el nuevo aeropuerto situado en la localidad de Corvera llevaría el nombre del inventor. En 2017 había sido aprobada la propuesta a formular para la denominación de la nueva instalación como Aeropuerto Internacional Murcia-Juan de la Cierva, con los votos en contra de PSOE y PODEMOS, muy influenciados por el «lobby de la memoria». Debatida la iniciativa en la Comisión de Fomento del Congreso de los Diputados los socialistas se abstuvieron y solo votó en contra la ultraizquierda representada por Podemos y Compromis. Es curioso señalar que el nombre de Juan de la Cierva, al que se sumaban otros como el de Salvador Dalí, ya había aparecido en listados de nombres susceptibles de ser retirados en aplicación de la leyes de memoria. Así sucedió en 2016 en Madrid, pero Manuela Carmena, alcaldesa de ideología comunista por Ahora Madrid, desestimó su inclusión.

A principios de 2019 el ministerio de Fomento, a cuyo frente estaba el socialista José Luis Ábalos, daba su conformidad al nombre propuesto. Ábalos ignoraba que poco antes la delegación de la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia se había entrevistado con el Director General de Memoria Histórica del gobierno, Fernando Martínez, en la que se presentó un largo listado de «vestigios franquistas», para que este organismo presionara a los ayuntamientos que según ellos incumplían la LMH, incluyendo las calles que ostentaban el nombre de Juan de la Cierva en diversos municipios y la denominación de varios centros educativos con su nombre. En tal sentido también se dirigieron a AENA y a los ministerios de Justicia y Fomento. El aeropuerto fue inaugurado con presencia de los Reyes y con un busto de Juan de la Cierva.
Aunque el gobierno de la Comunidad Autónoma optó por mantener el pulso abierto con la decisión del ejecutivo que, tras cambiar su posición, manifestó que no toleraría que el aeropuerto llevara el nombre del inventor, lo cierto es que finalmente el nombre sería retirado, pese a la movilización institucional murciana. El gobierno socialista, pese a las protestas, retiró los nombres de Juan de la Cierva al premio y el proyecto citado. Y, en puridad, aplicando la LMH y LMD los nombres de las calles y los centros educativos, deportivos o universitarios que en toda España aún llevan el nombre del inventor están sentenciados a expensas de las denuncias y presiones del «lobby de la memoria». Que este es el futuro lo demuestra el hecho de que en 2023 Correos anunciara la emisión de un sello conmemorativo del centenario del primer vuelo del autogiro. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica anunció que solicitaría a Correos la retirada de la emisión por ser «un golpista que hizo un enorme daño a nuestra sociedad», pero la realidad es que el sello solo llevaba la imagen del autogiro y la leyenda: «Efemérides. Centenario del primer vuelo del autogiro Juan de la Cierva 1923», lo que nada tenía que ver ni con la LMH ni con la LMD, pero en esta historia, como estamos viendo, eso es lo de menos.
Calles y placas
Es casi imposible registrar en un trabajo como este los cambios realizados en el callejero de la provincia desde 1979 hasta hoy derivados de la eliminación de lo que hoy se denominan incorrectamente «símbolos o vestigios franquistas». Sobre todo porque los nombres que han sido objeto de persecución, de «caza» en el argot de algunos «memorialistas», no han hecho sino incrementarse. Mucho más si tenemos en cuenta las proyecciones que se puedan hacer en función de la aplicación de la LMD según los parámetros interpretativos del «lobby de la memoria» y de la ideología de la cancelación, lo que afectaría a cualquier calle dedicada a quienes desempeñaran alguna función pública durante el régimen de Franco.
Recordemos que la denominación de una calle, plaza o avenida es una decisión estrictamente municipal, con aprobación en los plenos correspondientes. El cambio del nombre de una calle, según corrieran los vientos políticos, no era inusual desde el siglo XIX y así ha sucedido hasta la actualidad. La II República también puso en práctica su particular damnatio memoriae con respecto a las referencias monárquicas en el callejero. Tras la victoria en la guerra civil las corporaciones procedieron, en sus primeras reuniones, a cambiar de nombre algunas sustituidas previamente por los republicanos. Traigamos a colación un ejemplo. Según las actas del Ayuntamiento de Archena se produjeron las siguientes modificaciones: la calle Miguel Medina pasó a ser la Avenida del Generalísimo; la Libertad se dedicó a José Antonio Primo de Rivera; Martínez Barrio se transmutó en Calvo Sotelo; la de Largo Caballero en Víctor Pradera; Manuel Azaña dejó sitio a Juan Vázquez de Mella; algunas recuperaron nombres religiosos como la Soledad o la del Carmen; Fernando Ríos entregó el testigo al general Moscardó y también tuvieron su calle los generales Yagüe, Queipo de Llano o Aranda.
En un primer momento, transcurridos pocos años desde la muerte de Franco, en las grandes ciudades, se cambiaron los nombres de las calles, avenidas y plazas dedicadas a Franco, José Antonio Primo de Rivera, Alonso Vega, Muñoz Grandes, José Solís, 18 de julio y similares. Con eso se juzgaba suficiente. Hubo en esos momentos algunas propuestas por parte de la izquierda para el cambio de otras denominaciones «sospechosas». Quizás como ejemplo de hasta el punto que se puede llegar, citar la polémica sobre si la Glorieta de España en la capital debía de seguir llevando la palabra España. Su nombre original era Glorieta del Arenal (tenía un monumento a Fernando VII destruido en 1837), luego fue Plaza de la Constitución, Glorieta Alfonso XII, Glorieta Reina Victoria, Plaza del 14 de Abril y, finalmente, Glorieta de España que es como se mantiene en la actualidad.
Por otra parte, los cambios propuestos permitían renombrar estas arterias, usualmente principales, con nombres vinculados al nuevo tiempo político (rey Juan Carlos, Juan Carlos I, Constitución, Libertad), lo que allanaba la justificación, o bien usar su nombre común (la Gran Vía José Antonio quedó como Gran Vía en la capital), o recuperar algunas denominaciones tradicionales que también se habían conservado en el lenguaje de calle. Las corporaciones gobernadas por el centro derecha (UCD primero, y el AP-Partido Popular después) se mostraron remisas a la hora de realizar más cambios, tanto por razones ideológicas como por razones electorales. En un segundo momento se incluyeron algunas referidos a la División Azul, Alféreces Provisionales y similares.
A principios del siglo XXI el número de calles que mantenían lo que hoy se denominan «vestigios del franquismo» en toda la CARM era muy alto; al igual que se conservaban las placas que en las viviendas recordaban su origen. Fundamentalmente, como señalamos, Sindicatos o el Instituto Nacional de la Vivienda (INV). Pero estas placas aguardarían mayoritariamente en su lugar hasta la llegada de LMH y la LMD. Si bien las del INV, que mantenían en su logo el Yugo y las Flechas falangista, indicaban que esas viviendas fueron construidas por este organismo del Estado que llenó el país de propietarios, las construidas por los Sindicatos del Régimen de Franco, eran en gran parte grupos de viviendas de tipo social que reflejaban el número de casas que cada grupo había puesto en pie y entregado. Quizás ello explique por qué el «lobby de la memoria» estimó como esencial la retirada de esas placas (en el cuadro incluido podemos ver algunos ejemplos).
| Delegación Nacional de Sindicatos | |||
| Nombre | Emplazamiento | Viviendas | Año |
| Grupo Federico Servet | Mazarrón | 100 | 1954 |
| Grupo Antonio Ramos Carratalá | Alcantarilla | 200 | 1958 |
| Grupo José Solís | Alcantarilla | 144 | 1954 |
| Grupo Crucero Baleares | Águilas | 84 | 1954 |
| Grupo San Fulgencio | Cartagena | 96 | 1955 |
| Grupo Sanz Orrio | Cieza | 192 | 1954 |
| Grupo Ambrosio López | Cieza | 200 | 1958 |
| Grupo Veinte de Noviembre | Cieza | 100 | 1962 |
| Grupo del Rosario | La Unión | 72 | 1971 |
| Grupo Santa Bárbara | La Unión | 100 | 1955 |
| Grupo San Felipe | Mula | 50 | 1957 |
| Grupo San Isidro Labrador | Zeneta | 50 | 1957 |
| Grupo Onésimo Redondo | Puerto Lumbreras | 50 | 1969 |
Es en lo sucedido con los nombres de las calles y las peticiones de cambio donde mejor se aprecia el peso creciente del «lobby de la memoria», y como este va ampliando progresivamente sus objetivos para pasar de la escala nacional a la local, momento abierto en la actualidad merced a las vías abiertas por la interpretación de la LMD. Hay que subrayar, y quizás el lector se sorprenda, que solo mediante las sucesivas leyes de memoria (LMH y LMD), que obligan a la retirada mediante un proceso administrativo, se ha podido imponer el cambio de los nombres de las calles a las corporaciones, pues no pocas se pronunciaban abiertamente contra la retirada.
A las peticiones genéricas, sin mayor precisión o con algunos nombres muy concretos y evidentes, se sucedieron los listados de «símbolos franquistas» a retirar que tienen mucho que ver con la geografía político-electoral de la región.
En 2004 el Foro por la Memoria y la Asociación de Amigos de los Caídos por la Libertad, presentaba un primer listado denunciando que 40 localidades mantenían estos símbolos. Es interesante reproducir este documento y analizarlo con cierto detenimiento, porque iba a servir de base para mociones presentadas por la izquierda en diversos Ayuntamientos a favor de la retirada contribuyendo a dar visibilidad a la nueva táctica «guerracivilista» impulsada por el PSOE bajo la dirección de José Luis Rodríguez Zapatero:
Calles
Abanilla: Carrero Blanco y Federico Servet.
Alguazas: Capitán Cortés.
Barqueros: 18 de Julio, Moscardó.
Beniaján: José Viudes Guirao.
Beniel: Calvo Sotelo, General Sanjurjo y General Mola.
Blanca: 18 de Julio, Queipo de Llano, Federico Servet.
Cehegín: Onésimo Redondo.
Corvera: Alcázar de Toledo, 18 de Julio.
El Albujón: Capitán Cortés, General Alonso Vega, General Fanjul.
Fuente Álamo: Gran Vía Castillo de Olite, Alonso Vega.
La Manga: Puerto Tomás Maestre.
Lobosillo: Alféreces Provisionales, García Morato, Mola, Moscardó, Sanjurjo, Yagüe, Calvo Sotelo.
Los Belones: Muñoz Grandes.
Los Martínez del Puerto: Onésimo Redondo.
Los Nietos: Muñoz Grandes.
San Javier: Camilo Alonso Vega, Muñoz Grandes, Crucero Baleares, General Mola, Varela, Herrero Tejedor.
Santiago de la Ribera: Carrero Blanco, Millán Astray, General Varela.
Santo Ángel: Federico Servet y General Sanjurjo.
Santomera: Federico Servet.
Torre Pacheco: Almirante Bastarreche, Cortés, Calvo Sotelo.
Totana: Onésimo Redondo, General Mola, General Asensio, Calvo Sotelo, Muñoz Grandes.
Yecla: General Cabanellas.
A Franco y José Antonio: También hay calles dedicadas en Aledo, Avileses, Balsicas, Beniel, Blanca, Corvera, Dolores de Pacheco, El Albujón, Lobosillo, Los Martínez, Javalí Nuevo, La Aljorra, Los Nietos, Ojós, Ricote, Roldán.
Colegios:
Murcia: Colegio José Antonio
Fuente Álamo: José Antonio
Monumentos:
Catedral de Murcia: Inscripción en la fachada lateral: José Antonio Primo de Rivera, ¡Presente!
Puerto de la Cadena: Monumento al coronel Bruquetas, primer mártir falangista en Murcia.
A la IV Brigada de Navarra: Monumento en el jardín de Floridablanca a la brigada que invadió Murcia.
Cruces de los Caídos:
Ubicadas en San Javier y La Aljorra
Escudos: Diseminados en diferentes localidades e instituciones como la biblioteca de Abarán.
El documento revela no pocas deficiencias en el trabajo de campo, ni tan siquiera los nombres de las calles citadas son exactos. Por otro lado, el número de los posibles casos y localidades era muy superior, y revela o bien una notoria falta de información o bien un relativo interés. Sorprende la inexplicable ausencia de determinados municipios importantes de la región, salvo que se añada en la interpretación del hecho el factor político. También hay que señalar los errores manifiestos que influyen en la calificación o en la aparente justificación para la retirada de determinados nombres, como es el caso de indicar que el monumento del Puerto de la Cadena es al coronel Bruquetas y que este fuera el primer mártir falangista: ni lo uno ni lo otro.
Por otro lado, se puede apreciar en la relación algo en lo que incidiremos que es en la presentación de algunos elementos interpretativos forzando lo que realmente eran. Así sucede con el monumento a la IV Brigada de Navarra que, como sabemos, era a los caídos de esa unidad militar. Subrayemos algunos nombres que van a aparecer y desaparecer de estos listados, pero que revelan la intención de que a futuro la proscripción se extienda a todos los que de un modo u otro formaron parte de la clase política del régimen de Franco a nivel local o provincial (Tomás Maestre, José Viudes…). Pero la inmensa mayoría no pasan de ser militares muy conocidos de la guerra sobre los que no es necesario incluir en este trabajo información alguna.
Lo que sí enlaza con lo anterior es el hecho de que el PSOE comenzara a presentar mociones en varias localidades para la retirada de los nombres y monumentos «franquistas» referidos, especialmente en 2008.
Caso singular, anecdótico, podríamos traer aquí lo sucedido en Barinas, pedanía de Abanilla. El PSOE presentó en el Ayuntamiento sucesivas menciones para la retirada/cambio de nombre de diversas calles del municipio. Todas ellas fueron rechazadas por el Partido Popular. El entonces alcalde ejercía como tal con gran apoyo en las urnas, hasta el punto que la oposición lo juzgaba como «vitalicio». El alcalde anunció que reuniría una Comisión de Estudio sobre el tema, que según el PSOE, «nunca ha llegado a reunirse, ni parece que lo vaya a hacer jamás». Más adelante, en 2010, algunas personas atacaron cuatro rótulos amparadas en las siglas «Comando Fuera-KK»: el nombre de Avenida del Generalísimo fue sustituido por Avenida de la Libertad; también borraron la placa de la calle dedicada a José Antonio. Además pintaron en varias fachadas de particulares el logo del PP. En el pueblo pocos tuvieron dudas a la hora de señalar como responsables de la inspiración a los socialistas. Esto motivó, por parte del PSOE local, acusado de guardar silencio, la emisión de un comunicado condenatorio:

«El PSOE de Abanilla rechaza las pintadas en los rótulos de calles de Barinas y culpa al gobierno del PP de desidia municipal.
Tras conocer los incívicos actos acaecidos en la pedanía de Barinas, donde se han borrado los nombres de determinadas placas de calles con nombres referentes a personajes de la Guerra Civil, y ha realizado pintadas escribiendo otros nombres; desde el PSOE de Abanilla queremos manifestar nuestro rechazo ante tal acto»
El mantenimiento de los nombres por parte de la corporación situó a la localidad en el mapa acusatorio del «lobby de la memoria», pudiendo leerse justificaciones/denuncias tan escasamente ajustadas a la realidad histórica como que «desde 1939 mantiene dos avenidas dedicadas a exaltar al “Generalísimo” y a su socio de aventura golpista, José Antonio Primo de Rivera».
En esta línea, en mayo de 2008, el PSOE de Cartagena presentaba una moción en el Ayuntamiento para la retirada de los símbolos franquistas en la que se incluía una relación de denominaciones a cambiar que vamos a reproducir:
CALLES:
Cartagena: Ronda Ferrol del Caudillo, Plaza Almirante Bastarreche, Plaza General López Pinto, Avenida Pío XII, Calle Aviador Franco, Calle Belchite, Calle Brunete.
Cartagena-Los Barreros: Calle Mecánico Rada.
Cartagena-Los Dolores: Calle José Antonio.
Cartagena-San Antonio Abad: Calle Antonio Ramos.
Cartagena-Sana Ana: Calle García Morato, Calle General Martín Alonso, Calle General Millán Astray, Calle General Orgaz, Calle General Saliquet, Calle General Serrano Montaner, Calle General Solchaga, Calle General Varela.
Cartagena-El Albujón: Calle Capitán Cortés, Calle Capitán Haya, Calle General Alonso Vega, Calle General Cabanellas, Calle General Dávila, Calle General Fanjul, Calle General Moscardó.
Cartagena-El Beal: Plaza de los Caídos.
Cartagena-Llano del Beal: Calle del General Vives, Plaza Hogar del Productor.
Cartagena-La Aljorra: Calle José Antonio, Calle Francisco Franco.
Cartagena-La Palma: Calle Antonio Ramos.
Cartagena-Pozo Estrecho: Calle Antonio Ramos.
Cartagena-La Puebla: Avenida del Generalísimo.
Cartagena-Los Urrutias: Calle Ramos Carratalá.
Cartagena-Los Nietos: Avenida José Antonio.
Cartagena-Los Belones: Calle Muñoz Grandes, Calle General Mola.
BUSTOS: Almirante Bastarreche (situado en la plaza del mismo nombre) y General López Pinto (situado en la plaza del mismo nombre).
PLACAS: Delegación de Sindicatos (Bada. San Fulgencio, Avda. de los Toreros); José Antonio Primo de Rivera, Antonio Pascual y Francisco Bernal Navarro (Pl. de la Iglesia de La Aljorra); A los Caídos por España (Pl. de la Iglesia de La Aljorra, en el monumento); Llamamiento a la Disciplina de Francisco Franco (Parque de Artillería); Aula de la CAM «Antonio Ramos Carratalá» (Calle Mayor).
MONUMENTOS: A los caídos por España (Pl. de la Iglesia de La Aljorra).
NOMBRES DE CENTROS EDUCATIVOS: IES «Almirante Bastarreche» y CEIP «Antonio Ramos Carratalá».
Destaquemos en esta relación el hecho de que se pidiera, por ejemplo, la eliminación de las calles dedicadas a la tripulación del Plus Ultra que, en 1926, protagonizó el mundialmente famoso raid aéreo, a resultas del cual en numerosas localidades hispanas se dio el nombre de alguno de ellos a una calle. En esta ocasión el PSOE, siguiendo las peticiones de los «memorialistas», pide la eliminación de: Calle Aviador Franco y Calle Mecánico Rada. Ambas, evidentemente, vinculadas a aquel momento histórico de la aviación española. La petición, sorprendentemente, se repetiría en otros municipios.
Suscrita la petición por el «lobby de la memoria» resaltemos cómo se reduce la teórica justificación exhibida para adecuarla a la aplicación de la LMH a conveniencia de estos grupos. El aviador Franco es Ramón Franco, hermano del Generalísimo y ante ello, para un «memorialista», sobra cualquier alegación. En uno de los resúmenes publicados sobre las razones para su petición se puede leer: «Ramón Franco Bahamonde. Se unió a la sublevación. Ostentó el mando de la base sublevada de Baleares». Obviamente eliminan todo lo relativo al famoso raid aéreo, a su militancia republicana o a haber sido diputado por ERC durante la II República.
Más grave y sectaria parece la justificación ad hoc para el caso del mecánico Rada: «Huyó a Buenos Aires con 20 millones de francos que le entregó el gobierno para comprar armas en Francia» (lo que es una falacia). La verdad es que el mecánico Pablo Rada Ustarróz, republicano como Ramón, participó en la conspiración de Cuatro Vientos, tuvo que exilarse; se presentó a las elecciones de 1931 por la Candidatura Republicana Federal Revolucionaria; durante la guerra fue enviado a Francia realizando múltiples acciones al servicio del gobierno republicano; al acabar la guerra se exiló en Colombia y Venezuela; en 1969, gravemente enfermo y en peligro de muerte, solicitó volver a España, lo que se le concedió; falleció poco después y se determinó que fuera enterrado en el Panteón de la Armada en Madrid (en 2001 se le rindió un homenaje inaugurando un monumento en su localidad natal y dándole su nombre a una calle. No sabemos si las asociaciones de «memoria» de la zona habrán pedido su retirada).
Hasta la fecha los «memorialistas» no han seguido el mismo criterio con respecto a Julio Ruiz de Alda, otro de los héroes del vuelo del Plus Ultra, fundador de Falange Española y asesinado en un saca realizada por los frentepopulistas en Madrid. En 1940, en Santiago de la Rivera, Ayuntamiento de San Javier, el Ejército del Aire creaba la Colonia Julio Ruiz de Alda, conocida popularmente como Ciudad del Aire, lugar de residencia de los militares de la base aérea. Allí se sitúa el CDSCM Ruiz de Alda. También den San Javier existe el IES Ruiz de Alda. Entre las más recientes denuncias pidiendo la retirada de su nombre se ha incluido la de alguna calle en otra localidad.
Aparecen en esta relación nombres que también se encuentran en otras localidades que se corresponden con lo que podríamos estimar como una nueva ampliación de «objetivos» ligada a la política local. En este sentido destaquemos o ejemplifiquemos con el nombre de Antonio Ramos Carratalá. La justificación exhibida por las asociaciones de «memoria», ocultando por qué se le dedicaron las calles, se reduce a anotar: «Activo quinto columnista era el director de la Caja de Ahorros Monte de Piedad. Perteneció a la llamada asociación del Socorro blanco, organización clandestina que apoyaba a los presos derechistas y a sus familias. Fue detenido por participar en los sucesos del 5 de marzo de 1939. Comisario del Gobierno en 1940. Hijo Predilecto de Cartagena en 1958».
En realidad Antonio Ramos, nacido en Cartagena y fallecido en accidente de tráfico, fue el fundador de la Caja de Ahorros del Sureste de España, posteriormente Caja de Ahorros del Mediterráneo, en los años veinte participó en la fundación de la Federación de Cajas de Ahorros de Levante. Contribuyó al desarrollo cultural creando diversas bibliotecas, aulas de cultura y salas de exposiciones, dispensarios sanitarios, organizaciones musicales… La obra social de su Caja de Ahorros fue un elemento importantísimo tanto en la región de Murcia como en Alicante. Por eso se le dedicaron calles y centros educativos en ambas provincias.
Uno de los nombres inusuales en este tipo de peticiones es el del general Francisco Vives Camino. La escueta razón alegada por los «memorialistas» para pedir la eliminación de su nombre del callejero era que, como «capitán de Aviación se sublevó presentándose a López Pinto con las órdenes de represión de Queipo de Llano que debían ser tan crueles que López Pinto le pidió su relevo para que le mandara al frente», lo que es una historia inventada ad hoc. En realidad, Francisco Vives destacó en la aviación en los años veinte, participó en la guerra de África. En 1936 era ingeniero en una empresa sumándose a la rebelión en la base de Tablada. A partir de ahí intervino como piloto y como Jefe del Servicio de Combustibles del Arma Aérea; aquel capitán de aviación no se dedicaba a ser correo de Queipo de Llano, sino que se incorporó al pequeño cuartel de Franco en el avance de las columnas desde Sevilla para llevar todo lo referido al vital suministro de combustible una vez que se reintegró al servicio, siendo habilitado como comandante. Entre sus acciones de guerra destaca su participación en el socorro por aire a los resistentes refugiados en el santuario de Santa María de la Cabeza. Al acabar la contienda fue presidente por breve tiempo del Athletic Aviación Club (antecedente del Atlético de Madrid) y director general de infraestructuras del Ejército del Aire. Fue una de las figuras importantes en el desarrollo de la aviación en España tras la guerra. Es probable que la propuesta de rotular una calle con su nombre estuviera vinculada al auxilio a los defensores del santuario de Santa María de la Cabeza ya que encontramos otros rótulos dedicados al capitán Cortés (líder de la resistencia) o al capitán Haya que realizó los servicios de auxilio aéreo a la posición.
Señalemos que la heroica defensa del santuario y sus protagonistas, especialmente el capitán Cortés, con su trágico final, alcanzó importantes cotas de popularidad en la España de la posguerra por lo que las calles, placas y monumentos dedicadas a ello, como se puede observar en este libro, se extendieron por toda la geografía. Subrayar que antes de que la LMH estuviera vigente, la izquierda ya las señaló como objetivo. Natural de Valdepeñas, el monumento que se erigió a Cortés en su pueblo natal fue una obra a destruir por parte del PSOE local, lo que se llevó a efecto en 1991. Desde entonces hasta hoy.
En no pocas localidades aún quedaban entrado el siglo XXI calles dedicadas al falangista Federico Servet. Jefe de FE de las JONS, en 1936 participó en el intento de sublevación en Murcia tras una espectacular fuga de la Cárcel Provincial unos meses antes, quedando a las órdenes directas de José Antonio preso en Alicante. Detenido compareció ante un Tribunal Especial Popular que le condenó a muerte. El ministro de Justicia, el murciano Mariano Ruiz-Funes, era partidario de aplicar el indulto. Una manifestación convenientemente preparada se dirigió a la prisión para realizar un linchamiento. Servet se ofreció como trofeo para evitar el asesinato de los otros 9 condenados. El gobernador civil o el director de la prisión, o ambos, estimaron más conveniente fusilarlos a todos. El «lobby de la memoria» justifica sus peticiones de retirada de su nombre en los callejeros por participar en la rebelión y ser un «pistolero», lo que no era cierto.
Otro de los nombres para los que se pedía la proscripción era el de Francisco Bernal Navarro. La justificación presentada por las asociaciones de «memoria» en sus informes no recogía, como es habitual toda la verdad: «soldado de 23 años de filiación falangista implicado en la conspiración contra la República, murió en los sucesos del 5 de marzo de 1939». Natural de la pedanía de La Aljorra, los vecinos salieron en defensa del mantenimiento de la dedicatoria: «fue asesinado durante la Guerra Civil, no fue un torturador o un asesino (nos gustaría tener el informe que ha servido para solicitar la retirada de la calle con el nombre de esta persona), fue simplemente un muchacho que salió andando hacia Cartagena, probablemente manifestando alguna opinión política y a la altura de San Antón le dispararon unos soldados o milicianos y lo mataron. No representaba nada, no representaba ningún símbolo, es tan solo un vecino de La Aljorra, muy libre de tener la ideología que quisiera, que no mató a nadie y a él sí lo mataron».
Desde 2007, con un formulario tipo, las asociaciones de «memoria», iniciaron una campaña para que se presentaran denuncias en los Ayuntamientos para forzar los cambios en las calles y la retirada de cualquier tipo de «vestigio franquista». Contando con el viento a favor no hacía falta mucho apoyo probatorio, reduciéndose a afirmar que con su continuidad se incumplía el artículo 15 de la Ley 52/2007 (LMH). En la segunda década del siglo XXI se intensificó la presión sobre no pocas corporaciones para que se produjera la retirada definitiva de todos los «vestigios franquistas».
Aunque no siempre fueron recogidos por la prensa, en medio de la polémica, en algunas localidades los «vestigios franquistas» fueron vandalizados. Esto, a nivel local, preocupaba por sus repercusiones a los propios promotores de las peticiones de retirada. Así, en la noche de Reyes de enero de 2016, la fachada principal de la iglesia de San Pablo en Abarán, recién restaurada, fue objeto de pintadas y vertido de pintura sobre la placa «en memoria de los caídos» que se situaba en el muro. Tanto IU como PODEMOS en Abarán, que piden la retirada de la placa, corrieron a desvincularse de lo sucedido:
«[Pablo J. Rodríguez, portavoz de IU] Como coordinador local de IU Verdes de Abarán, hago este comunicado para desvincular a todos y todas quienes formamos esta agrupación local de la pintada que hoy ha aparecido en la fachada de la iglesia. Pensamos que ese no es el foro para hacer esa reivindicación, ni tampoco es el día. Hoy es el día para compartir en familia y con amigos»
«Queremos remarcar nuestra desvinculación total con el acto ocurrido anoche en la fachada de la iglesia de San Pablo. Queremos manifestar nuestra repulsa hacia cualquier tipo de vandalismo. Nosotros creemos que las cosas se cambian desde las instituciones mediante el diálogo y el consenso, no con actos destructivos durante la noche» [Isaac Moreno, secretario general de PODEMOS Abarán]
Pese a la presión, en mayo de 2023, la lápida que recordaba a los Caídos de Jumilla continuaba en la fachada de la iglesia de San Pablo, por lo que la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica se dirigió a la Secretaría de Estado de Memoria Democrática para que actuara forzando su retirada.
Con la justificación legal citada, tanto socialistas como las marcas de PODEMOS o Izquierda Unida, insistirán en las peticiones de retirada. Así, por ejemplo, en 2016, PODEMOS denunciaba la existencia de calles dedicadas a Yagüe, al Generalísimo, a Sanjurjo, a los generales Mola y Moscardó o al teniente Pérez Redondo. A este último fueron dedicadas varias calles en la región. Natural de Totana tenía 27 años cuando tras ser condenado por un Tribunal Popular (el jurado estaba formado por un representante de cada partido del FP), estando prisionero en la Cárcel Provincial de Murcia, fue ejecutado junto con el teniente Eladio Rodríguez Chamorro y el capitán Ricardo Balaca, cuyos nombres también era posible encontrar en el callejero regional. Un nuevo e incompleto listado sobre «vestigios franquistas» de esa época permite al lector seguir la evolución del proceso de retirada y las resistencias:
Abanilla: Carrero Blanco y Federico Servet.
Abarán: Lápida a los Caídos por Dios y por España, monolito a los caídos.
Aledo: Plaza del Caudillo y José Antonio.
Alguazas: Capitán Cortés y General Moscardó.
Alhama: Almirante Bastarreche (calle y estatua), Falangista Federico Servet.
Balsicas: 18 de Julio, General Franco y José Antonio.
Barinas: José Antonio, Generalísimo, 18 de Julio, General Moscardó.
Beniel: Calvo Sotelo, José Antonio, General Sanjurjo, Caudillo y General Mola.
Blanca: Plaza 18 de Julio, José Antonio, Queipo de Llano, General Mola, Generalísimo, Federico Servet, General Aranda y Cruz de los Caídos.
Bullas: General Varela.
Cehegín: Onésimo Redondo.
Dolores de Pacheco: General Franco.
Fuente Álamo: Castillo de Olite, Colegio Público José Antonio, Monumento a los Caídos.
Lorca: Instituto José Ibáñez Martín.
Avilés-Lorca: Matías Montero.
La Paca-Lorca: Cura Fulgencio Martínez.
Zarzilla de Ramos-Lorca: Presbítero Miguel Coronel.
Molina de Segura: General Aranda, General Varela, Millán Astray y Plaza de la Cruz de los Caídos.
Ojós: Generalísimo.
Ricote: José Antonio.
Roldán: Caudillo, Generalísimo.
San Cayetano: 18 de Julio.
San Javier: Camilo Alonso Vega, Crucero Baleares, División Azul, General Mola, General Varela, Generalísimo, Herrero Tejedor, José Antonio, Millán Astray y Alcázar de Toledo.
San Pedro del Pinatar: Calvo Sotelo, Crucero Canarias, García Morato, General Sanjurjo, Héroes del Alcázar de Toledo, General Mola.
Santiago de la Rivera: Carrero Blanco, García Morato, General Millán Astray, General Varela y Francisco Franco.
Santomera: Federico Servet.
Torre Pacheco: José Antonio, Almirante Bastarreche, Capitán Cortés, Generalísimo, Calvo Sotelo y Aniceto León.
Totana: General Mola, Onésimo Redondo, Calvo Sotelo, General Muñoz Grandes, General Sanjurjo, General Moscardó, General Asensio, General Varela, Teniente Pérez Redondo, Falangista Federico Servet.
Ulea: José Antonio, Calvo Sotelo.
Yecla: General Cabanellas.
Murcia: Primo de Rivera, Capitán Balaca, Fontes Pagán, Teniente Marcos Pérez Redondo, Federico Servet, General Yagüe y Tomás Maestre.
Avileses-Murcia: José Antonio, Generalísimo.
Barqueros-Murcia: José Antonio, 18 de julio y General Moscardó.
Beniaján-Murcia: José Viudes Guirao.
Cabezo de Torres-Murcia: Primo de Rivera.
Casillas-Murcia: Capitán Vereda.
Corvera-Murcia: Generalísimo, Alcázar de Toledo, General Sanjurjo.
Churra-Murcia: Generalísimo.
El Palmar-Murcia: General Mola, General Moscardó, Onésimo Redondo.
El Puntal-Murcia: José Antonio.
El Raal-Murcia: José Antonio, General Mola y General Moscardó.
Javalí Nuevo-Murcia: Avenida Generalísimo y Primo de Rivera.
La Alberca-Murcia: General Sanjurjo.
Los Martínez del Puerto-Murcia: Generalísimo, Travesía Generalísimo, José Antonio y Onésimo Redondo.
Lobosillo-Murcia: Alféreces Provisionales, Francisco Franco, García Morato, General Mola, General Moscardó, General Sanjurjo, General Yagüe, José Calvo Sotelo, Onésimo Redondo y Manuel Bruquetas.
Los Ramos-Murcia: Generalísimo, Travesía Generalísimo.
Llano de Brujas-Murcia: José Antonio.
Nonduermas-Murcia: Generalísimo Franco.
Puebla de Soto-Murcia: Generalísimo. Travesía Generalísimo y José Antonio.
Sangonera la Verde-Murcia: Generalísimo, Travesía Generalísimo y José Antonio.
Santa Cruz-Murcia: José Antonio.
Santiago y Zaraiche-Murcia: José Antonio y Avenida de los Mártires.
Santo Ángel-Murcia: Federico Servet, General Sanjurjo y Capitán Cortés.
Sucina-Murcia: Federico Servet.
Torreagüera-Murcia: José Antonio.
Zeneta-Murcia: 29 de Marzo, José Antonio.
Cartagena Centro: Ronda Ferrol del Caudillo y las plazas Almirante Bastarreche y López Pinto.
Barrio Peral-Cartagena: Aviador Franco, Belchite y Brunete.
Los Barreros-Cartagena: Mecánico Rada.
Los Dolores-Cartagena: José Antonio.
San Antonio Abad-Cartagena: Antonio Ramos.
Santa Ana-Cartagena: García Morato, General Martín Alonso, General Millán Astray, General Orgaz, General Saliquet, General Serrano Montaner, General Solchaga y General Varela.
El Albujón-Cartagena: Capitán Cortés, Capitán Haya, General Alonso Vega, General Cabanellas, General Dávila, General Fanjul, Millán Astray y General Moscardó.
El Beal-Cartagena: Plaza de los Caídos.
El Llano del Beal-Cartagena: General Vives y Plaza Hogar del Productor.
La Aljorra-Cartagena: José Antonio y Francisco Bernal.
La Palma-Cartagena: Antonio Ramos.
Pozo Estrecho-Cartagena: Antonio Ramos.
La Puebla-Cartagena: Avenida Generalísimo.
Los Nietos-Cartagena: Avenida José Antonio.
Los Belones-Cartagena: Muñoz Grandes y General Mola.
Monumentos:
Abarán: Lápida a los caídos y el monolito.
La presión tuvo su resultado en función de la orientación política de los gobiernos municipales existentes. En octubre de 2015, el Ayuntamiento de San Javier anunciaba que, tras acuerdo unánime, se iba a proceder al cambio de los nombres y proponía a los ciudadanos que expresaran sus opciones. Las calles eran: Avenida Francisco Franco, Calle Millán Astray, Calle Crucero Baleares, Calle División Azul, Calle Herrero Tejedor, Calle Alcázar de Toledo, Avenida Camilo Alonso Vega y Calle Muñoz Grandes. En abril de 2016 era el Ayuntamiento de Totana el que comunicaba que en dos fases recibirían nuevo nombre las calles afectadas, el acuerdo había sido aprobado por Ganar Totana-IU y PSOE con los votos en contra del PP y la abstención de Ciudadanos.
| Cambio de calles en Totana | |
| Denominación | Nueva Denominación |
| Calle General Muñoz Grandes | Calle Antonio Martínez Garrido |
| Calle General Asensio | Calle Alfonso Sánchez Mateo |
| Calle General Mola | Calle Narcisa Navarro Morales |
| Calle General Moscardó | Calle Emilio Cobo Sánchez |
| Calle General Varela | Calle Ambrosio López Carrasco |
| Calle Federico Servet | Calle Matilde Casinello Clares |
| Calle General Sanjurjo | Calle Romualdo López Cánovas |
| Calle Calvo Sotelo | Calle Alberto Gray Peinado |
| Calle Onésimo Redondo | Calle Soledad Perellón Almagro |
En agosto de 2016 el Ayuntamiento de Blanca cambiaba los nombres de las calles dedicadas al Generalísimo, José Antonio, Federico Servet y 18 de Julio. En febrero de 2017, por aplicación de la LMH se anunciaba el cambio de denominación de 15 calles en Cartagena.
| Cambio de Calles de Cartagena | ||
| Nombre | Nombre propuesto | Entidad |
| Plaza Almirante Bastarreche | Plaza Puertas de San José | Cartagena |
| Calle General Martín Alonso | Calle el Molino | Santa Ana |
| Calle General Millán Astray | Calle Alegría | Santa Ana |
| Calle General Orgaz | Calle San Joaquín | Santa Ana |
| Calle General Saliquet | Calle La Cerca | Santa Ana |
| Calle General Serrano Montaner | Calle Romería | Santa Ana |
| Calle General Solchaga | Calle La Patrona | Santa Ana |
| Calle General Varela | Calle El Horno | Santa Ana |
| Calle General Alonso Vega | Calle La Rondalla | Santa Ana |
| Calle General Moscardó | Avd. Constitución Española | El Albujón |
| Calle Capitán Cortés | Calle Batalla de El Albujón | El Albujón |
| Calle General Cabanellas | Calle Cristo del Perdón | El Albujón |
| Calle General Dávila | Calle del Jilguero | El Albujón |
| Calle General Fanjul | Calle de la Torre | El Albujón |
| Calle Capitán Haya | Calle Hogueras de San Juan | El Albujón |
Similar fue la reacción del Ayuntamiento de Jumilla que comenzó a retirar, en abril de 2017, los «vestigios franquistas»: el escudo nacional con el águila de San Juan que permanecía en el colegio público Mariano Suárez, el existente en el instituto Arzobispo Lozano, las placas de las 104 viviendas del Arsenal y la lápida que existía relativa a los caídos en la iglesia de El Salvador con los siguientes nombres de asesinados/ejecutados por los frentepopulistas: Jesús Martínez Eraso, Juan Gomariz Palazón, José Martínez Martínez, Domingo Navarro Carrión, Alfredo García Mira, Diego Cerezo Bernal-Quirós, Pedro Luis Pérez de los Cobos, Plácido González Pérez y Calixto Poveda García.
En la prensa las denuncias del «lobby de la memoria» fueron recurrentes. Así por ejemplo, en 2018, Toñi Méndez Espejo, concejala de San Javier y secretaria de Memoria Histórica del PSOE Región de Murcia, siguiendo la táctica que marca la subyacente «ideología de la memoria», culpabilizaba a los sucesivos gobiernos del PP de la localidad por su negativa a dar cumplimiento a la LMH: «se han conseguido cambiar unas pocas calles, aunque aún quedan muchas. Por ejemplo, para cambiar el nombre a la calle Alcázar de Toledo transcurrieron más de dos años. El gobierno del PP ha prometido cambiar el nombre de la Avenida Francisco Franco, veremos cuándo se produce».
Habitual fue el recurso a este tema en el Ayuntamiento de la capital por parte de la izquierda. El número de denominaciones existentes en la ciudad y en sus pedanías, susceptibles de denuncia por las asociaciones de «memoria» o por los partidos de izquierda era amplio. En 2018 se aprobó la retirada de diversas calles y en 2019 se constituyó una Comisión Consultiva para la Denominación de Calles. PODEMOS protestaba porque había localizado en Zeneta una calle rotulada como 29 de Marzo, el día de la entrada de las fuerzas de la IV de Navarra en una ciudad previamente tomada por la quinta columna.
En 2019, se denunciaba que aún quedaban calles dedicadas al Generalísimo en Lo Pagán, Blanca y Ojós, o que aún se mantenía el nombre de Ibáñez Martín, ministro de Educación Nacional de 1939 a 1951, en un instituto de Lorca con un alto relieve «franquista». El Ayuntamiento de Murcia tardó en aplicar algunos cambios, lo que no hizo hasta 2021 cuando la Calle General Yagüe pasó a ser Periodista Enrique Llanes, la Comandante González Bans se transmutó en Calle Escuela Oficial de Idiomas, la dedicada al Comandante Mariano Tejera recibió el nombre de Calle de la Pérgola; en la pedanía de La Alberca el General Prieto dejaba paso a la Calle de la Igualdad.
Pero seguían quedando muchas según los «memorialistas» y los partidos de izquierda. Además de que el «lobby de la memoria» indicaba que velaba para comprobar que se retiraban las viejas placas, no siendo extrañas las declaraciones, en el mismo sentido, de representantes municipales, como los de Izquierda Unida, anunciando que vigilarían que se aplicara la LMD. Denunciaba el «lobby de la memoria» en esas fechas que en Santo Ángel el falangista Federico Servet tenía calle, y el general Yagüe otra en Lobosillo. En 2022 el Ayuntamiento de San Pedro del Pinatar era señalado como el que más calles con nombres franquistas mantenía en la CARM por parte del censo elaborado por CCOO, entre 26 y 31; o que Aledo aún tenía una Calle del Caudillo.

En este debate, en abril de 2022, la corporación socialista de la capital, presidida por José Antonio Serrano Martínez, con la sola oposición de VOX, aprobaba el cambio de nombre de 51 calles. Así en Cabezo de Torres la Calle General Torres se transformaba en Calle del Carnaval; en El Palmar la Plaza Capitán García Gallego se rebautizaba como Calle Grupo Scout la Purísima. Como novedad se estimó aplicar a los cambios una perspectiva de género: en Santo Ángel, la Calle Federico Servet pasó a ser Calle Antonia Gallego La Serrana; el Alquerías el nombre de Josefa Calderón y Montalvo sustituyó al de José Antonio Primo de Rivera; en Lobosillo los Alféreces Provisionales eran descabalgados para que la primera alumna de la UMU, en el curso 1915-1916, Gabriela Fernández Vaquer, tuviera tal honor; también en Lobosillo la Calle Catedrática Francisca Moya del Baño heredaba la placa de Francisco Franco; la también catedrática María Teresa Pérez Picazo se la quitó al aviador García Morato; Concepción Sánchez-Pedreño sustituyó al General Mola en el callejero; la Calle General Moscardó fue dedicada a Josefa Hernández Marín, la primera mujer procuradora de una acequia; la primera mujer con carné de conducir, Araceli Fernández Tomás, sustituyó al estudiante falangista asesinado Manuel Bruquetas; la calle dedicada a Josefa del Toro, primera conductora de ambulancias, fue la del general Yagüe y Ángela Angulo, primera mujer con título de paracaidista, desplazó al general Sanjurjo.
En 2022 la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia publicaba un listado con los «vestigios franquistas» que, en virtud de la LMH y la LMD, aún quedaban en la región, aunque precisando que el listado distaba de ser completo y definitivo:
«Por lo pronto, os relacionamos un total de 196 vestigios reclamados a distintas corporaciones municipales; un vestigio reclamado al Ministerio de transición ecológica; 7 nombres de Instituciones educativas y un elemento franquista que incumplen la Ley 20/2022 mandadas a la Consejería de Educación con copia al Ministerio del mismo nombre; un vestigio insultante para la sensibilidad democrática, de clara visibilidad pública, en dominios del Grupo Fuertes, informados por burofax con copia a la Delegación del Gobierno; y 5 vestigios en dominios de la Iglesia Católica, también informados por burofax y con copia, igualmente, a la Delegación del Gobierno».
La relación incluida era la siguiente:
RESPONSABILIDAD DE LOS MUNICIPIOS
Abanilla: Calle Pío XII.
Abanilla-Barinas: Avenida José Antonio.
Abarán: Calle García Morato, Calle Pío XII, Escudo franquista en la Biblioteca de la Ermita.
Águilas: Placa grupo de Viviendas Crucero Baleares, Calle Armando Muñoz Calero.
Alcantarilla: Plaza Pío XII, Calle Juan de la Cierva, Calle alcalde Juan Martínez Beltrán, Calle Historiador Salas Larrazábal, Placa del Grupo de Viviendas Antonio Ramos Carratalá, Placa del Grupo de Viviendas José Solís.
Aledo: Avenida José Antonio.
Alguazas: Calle Capitán Cortés, Calle General Moscardó, Calle General García Morato, Calle General Mola, Calle Millán Astray, Plaza Pío XII.
Archena: Calle Juan de la Cierva.
Archena-La Algaida: Calle Inventor Juan de la Cierva, Plaza Inventor Juan de la Cierva.
Beniel: Calle Juan de la Cierva, Calle Nicolás de las Peñas.
Blanca: Calle Juan de la Cierva, Plaza Calvo Sotelo.
Bullas: Calle Juan de la Cierva, Calle Pío XII, Campo Municipal Nicolás de las Peñas, Calle Nicolás de las Peñas.
Campos del Río: Calle Mártires, Calle Pío XII.
Cartagena-Barrio Peral: Calle General Pedro Portau, Calle Ruiz de Alda.
Cartagena-Santa Ana: Calle Fernández Capalleja.
Cartegena-Los Dolores: Calle José Antonio.
Cartagena-La Aljorra: Calle José Antonio, Calle Ingeniero la Cierva, Calle Pío XII.
Cartagena-Alumbres: Calle Pla y Daniel, Plaza Primo de Rivera.
Cartagena-Los Urrutias: Calle Soler Bans, Calle Ramos Carratalá.
Cartagena-La Palma: Calle Antonio Ramos.
Cartagena-Pozo Estrecho: Calle Antonio Ramos.
Cartagena-San Antonio Abad: Calle Antonio Ramos.
Ceutí: Calle Juan de la Cierva.
Cieza: Placa Grupo de Viviendas Sanz Orrio, Placa Grupo de Viviendas Ambrosio López, Placa Grupo de Viviendas Veinte de Noviembre, Placa el Balcón del Muro, Año de la Victoria, Glorieta Pío XII.
Fortuna: Avenida Juan de la Cierva.
Fuente Álamo: Calle Antonio Ramos, Calle Juan de la Cierva, Placa de Onésimo Redondo (permanece en la Calle Ganaderos), Placa falangista en la calle San José, Placa falangista en la calle Gran Vía.
Jumilla: Calle Pío XII, Calle Ingeniero de la Cierva.
La Unión: Placa Grupo de Viviendas del Rosario, Placa Grupo de Viviendas Santa Bárbara.
Las Torres de Cotillas: Calle Calvo Sotelo, Calle Capitán Cortés, Calle Federico Servet, Calle Juan de la Cierva, Calle Nicolás de las Peñas, Calle Vallejo Nájera.
Librilla: Calle Juan de la Cierva, Calle Pío XII, Calle Victoria.
Lorca: Calle Primero de Octubre, Calle Pío XII.
Lorca-La Paca: Plaza de José Antonio.
Lorquí: Avenida Ingeniero de la Cierva, Calle Victoria.
Los Alcázares: Calle Capitán Cortés.
Mazarrón: Calle Juan de la Cierva, Placa del Grupo de Viviendas Federico Servet.
Molina de Segura: Calle Juan de la Cierva, Calle Capitán Cortés, Plaza Pío XII.
Molina de Segura-Ribera de Molina: Calle José Antonio, Calle Mártires.
Molina de Segura-Torrealta: Calle Juan de la Cierva.
Mula: Calle Juan de la Cierva, Calle Victoria, Placa Grupo de Viviendas San Felipe.
Murcia: Calle Ángel Romero Elorriaga, Calle Antonio Fayrén, Calle Antonio Torrecillas, Calle Enrique Ayuso Miró, Calle Felipe Marín Fuentes, Calle Francisco Martínez García, Calle José Antonio Miró, Calle José Cánovas Pujalte, Calle José Pérez Miralles, Calle José Sánchez Pozuelo, Calle Miguel Gallego Alcaraz, Calle Pedro Sánchez Barba, Calle Ramón Gallud, Calle Teniente Chamorro, Calle Teniente Pérez Redondo, Calle Darío Valcárcel, Calle Luis Fontes Pagán, Calle José Castaño, Calle Marqués de Ordoño, Calle José María Pemán, Calle Muñoz de la Peña, Calle Juan de la Cierva, Calle Muñoz Pedrero, Emilio Díaz de Revenga, Calle Pío XII, Calle Mártires.
Murcia-Aljucer: Calle Victoria.
Murcia-Alquerías: Calle Agustín Virgili, Calle Gregorio Martínez Montesinos.
Murcia-Beniaján: Calle Adrián Viudes.
Murcia-Cabezo de Torres: Calle Victoria.
Murcia-Corvera: Calle Agustín Virgili, Plaza Luis Fontes Pagán.
Murcia-El Palmar: Plaza Nicolás de las Peñas.
Murcia-El Puntal: Calle Pío XII, Calle José Antonio.
Murcia-Javalí Nuevo: Calle Agustín Virgili.
Murcia-La Alberca: Calle Victoria, Calle Pemán.
Murcia-Los Garres: Calle Pío XII.
Murcia-Los Ramos: Calle Victoria.
Murcia-Monteagudo: Calle Juan de la Cierva.
Murcia-San Ginés: Calle Ingeniero Juan de la Cierva.
Murcia-San José de la Vega: Calle Victoria.
Murcia-Sangonera la Verde: Calle Juan de la Cierva.
Murcia-Santo Ángel: Calle Ángel Romero Elorriaga, Calle Juan de la Cierva.
Murcia-Sucina: Calle Federico Servet.
Murcia-Zeneta: Calle Pío XII, Placa Grupo de Viviendas San Isidro Labrador, Calle 29 de Marzo.
Murcia: Monumento franquista: Plaza de Santa Catalina (placas del Monumento a la Inmaculada), Monumento del Puerto de la Cadena.
Pliego: Calle Juan de la Cierva.
Puerto Lumbreras: Calle José María Pemán, Calle Juan de la Cierva, Placa Grupo de Viviendas Onésimo Redondo.
Ricote: Calle José Antonio, Calle Federico Servet.
San Javier: Calle Calvo Sotelo, Calle García Morato, Avenida José Antonio, Calle Millán Astray, Calle Ramos Carratalá, Calle Pío XII.
San Pedro del Pinatar: Calle General Bastarreche, Calle Almirante Carrero Blanco, Calle Almirante Cervera, Calle Almirante Nieto Antúnez, Calle Almirante Núñez Rodríguez, Calle Almirante Ruiz González, Calle Antonio Ramos Carratalá, Calle Belchite, Calle Cabanellas, Calle Calvo Sotelo, Calle Crucero Baleares, Calle Crucero Canarias, Calle García Morato, Calle General Alcubillas, Calle General Mola, Calle General Moscardó, Calle General Sanjurjo, Calle General Varela, Calle Héroes del Alcázar, Plaza Héroes del Baleares, Calle José María Pemán, Calle Juan de la Cierva, Calle Matías Montero, Calle Millán Astray, Calle Nicolás de las Peñas, Calle Onésimo Redondo, Calle Pantano del Cenajo, Calle Queipo de Llano, Calle Ruiz de Alda, Calle Silva Muñoz, Calle Víctor Pradera.
Torre Pacheco: Calle Capitán Cortés, Calle Nicolás de las Peñas.
Totana: Calle Teniente Pérez Redondo.
Ulea: Calle José Antonio, Calle Calvo Sotelo.
Yecla: Calle General Cabanellas.
RESPONSABILIDAD DE LA IGLESIA CATÓLICA
Catedral de Murcia: Inscripción «José Antonio Primo de Rivera ¡Presente!».
Cementerio de San Javier: Monumento a Calvo Sotelo, General Sanjurjo, General Mola, Primo de Rivera y a los Caídos por Dios y por España [En realidad es, como el lector ya sabe, un monumento a los asesinados/ejecutados por los frentepopulistas en San Javier con el nombre de ellos].
Iglesia de San Pablo en Abarán: Placa de los Gloriosos Caídos por Dios y por España en uno de sus muros exteriores.
Cementerio de San Clemente de Lorca: Cruz de los Caídos.
Cofradía California de Cartagena: guión de Franco al que procesionan en Semana Santa, uniéndose a esto la distinción dada por esta Cofradía como Hermano Mayor al mismo dictador.
Iglesia del Salvador en Jumilla: placa falangista en su exterior [en realidad es una relación de nombres de asesinados/ejecutados por los frentepopulistas].
RESPONSABILIDAD DEL MINISTERIO PARA LA TRANSICIÓN ECOLÓGICA
Cartagena: Placa o monumento (Parque Rafel de la Cerda).
En este documento se pone de manifiesto el inicio de una nueva fase que cierra/abre el círculo de lo que es la ideología de la memoria y de la cancelación subyacente en todo este proceso. Reiteremos que no es, como se advierte, un documento cerrado. Marca la apertura de la «persecución» a otros niveles que difícilmente entraban en el articulado de la LMH, sí en su espíritu y lectura entre líneas, pero que ahora podrían encontrar acomodo en las disposiciones de la LMD.
Ahora se busca iniciar la eliminación de la memoria física que representa el callejero, dada la limitación de otro tipo de «vestigios», de todos aquellos que de un modo u otro tuvieran una actuación a nivel regional o local, a lo largo de cuarenta años, desde el punto de vista político o cultural vinculada al régimen de Franco. Incluyendo a aquellos que tuvieran alguna dedicatoria por ser «víctimas» de la guerra al haber sido ejecutados por los frentepopulistas, cuya preservación pudiera tener amparo en la interpretación literal de la LMH. Con la LMD los «memorialistas» asientan su tesis de que esas «víctimas» deben de pasar al ostracismo por haber luchado o muerto por las ideas del bando contrario, al ser, según su tesis, contrarios a la democracia o mal ejemplo para los demócratas.
Como es habitual, y hemos ido señalando, estas incorporaciones no se producen de forma masiva, lo que podría despertar una oposición extendida, sino que se recurre a limitarlas a casos concretos para ir avanzando de forma progresiva. Así aparecen, además de los asesinados, gobernadores civiles, alcaldes, militares… Detengámonos en alguno de estos casos como carga probatoria de lo que queremos anotar para que el lector pueda tener elementos de juicio suficientes.
Fulgencio Martínez García era un sacerdote franciscano que en 1935 asumió la parroquia de las pedanías de La Paca y Don Gonzalo de Lorca. Al estallar la guerra fue detenido y encerrado en la Iglesia de San Juan de la capital convertida en prisión al estar completa la Prisión Provincial. Compareció ante el Tribunal Especial Popular presidido por el juez Lino Martín Carnicero con otras 9 personas. Pidió al Tribunal que solo se le condenase a muerte a él y no a sus acompañantes. Su decisión debió conmover al fiscal quien retiró la petición para los demás. El 4 de octubre de 1936, festividad de San Francisco, fue asesinado/ejecutado en el campo de tiro de Espinardo, tenía 25 años. La carta de despedida que pudo escribir a sus familiares terminaba con un «Que nos veamos en el cielo». Fue beatificado en 2013. Le acompañó en el martirio el también sacerdote Ginés Hurtado Lorente, al que también se le dedicaron calles en distintas localidades.
Entre los nuevos nombres que debían desaparecer del callejero encontramos a otro sacerdote, Miguel Coronel Bermejo, natural de Lorca. En 1936 ejercía su ministerio en las pedanías de Lorca, por su formación prestaba asistencia sanitaria a los parroquianos. Detenido, fue asesinado el 23 de octubre de 1936.
El listado de personas asesinadas o ejecutadas por los republicanos que tenían o aún tienen alguna calle en la que se les recuerda en la región es largo. O a ello no prestaron mucha atención los «memorialistas», bien fuera por carecer de información, bien porque era para ellos mismos difícil de explicar por qué unas «víctimas», aunque parte de estos «memorialistas» no les otorgaran tal consideración al tratarse de «enemigos de la República», no podían ser públicamente honradas y otras sí, por la propia redacción de la LMH, o, simplemente, de forma coyuntural, no consideraron conveniente entrar en ese tema. Bastante era con retirar la Cruz de los Caídos de cada lugar. Sin embargo, en los últimos años, amparándose en la LMD, estas calles con referencias a Caídos nacionales se han convertido en objetivo.
Iniciemos una breve síntesis ilustrativa sobre quiénes eran aquellos hombres con el caso de la Calle Aniceto León, cuya petición de cambio solo puede entenderse desde el sectarismo o como muestra de la liviandad con que se falsifica o manipula la realidad. La calle está dedicada al maestro y químico Aniceto León Garre natural de Torre Pacheco que destinado a Manresa creó allí una familia. Fue miembro del partido Izquierda Republicana de Manuel Azaña. La guerra le marcó dramáticamente, pues militantes de la CNT asesinaron a su padre, su padrino, su tío y su primo. En Cataluña tuvo algunos cargos de segundo nivel en retaguardia durante la contienda. Se exilió a Francia instalándose después en la República Dominicana. En 1947 solicitó su vuelta a España. En 1952, tras pedir el proceso de depuración, fue revocada su separación del cuerpo de catedráticos volviendo a la enseñanza. Es de suponer que tras la sectaria equivocación los «memorialistas» hicieron desaparecer la petición.
Más sencillo era identificar sin equivocación nombres susceptibles de petición de cambio en la capital de la región. Fundamentalmente porque el «lobby de la memoria» había puesto su mirada en el barrio de Vistabella, construido por la Obra Sindical del Hogar y por el Instituto Nacional de la Vivienda. Junto con el de Santa María de Gracia constituye un ejemplo de ensanche, con cientos de viviendas de renta limitada que alojaron a miles de personas, bien realizado, siguiendo la tesis de la ciudad jardín, iniciándose su construcción a finales de los años cuarenta. Vistabella se conformó como un barrio ordenado, con edificios de pocas alturas, con jardines, servicios, iglesia, escuela, mercado, zonas para el ocio y el paseo. Casas pensadas para familias con varios hijos hoy transformadas en cotizados lofts para unos habitantes, según los memorialistas, progresistas que para «limpiar» su «pecado» por vivir en un barrio estructuralmente «fascista» están comprometidos con los cambios. Hasta tal punto es un modelo urbanístico plausible que los habituales «memorialistas», que hablan de modelo influido por el fascismo («fue diseñado con modelos de los regímenes fascista italiano y nazi alemán para construir una especie de ciudad falangista»), tienen que reconocer que Vistabella, este «pequeño pueblo en el ensanche oriental del núcleo urbano, ha resultado ser, 60 años después, perfectamente válido, sin sufrir apenas modificaciones, en su adaptación a las necesidades de una población muy comprometida y especialmente satisfecha con el grado de habitabilidad del espacio público y privado del barrio».
Cuando se construyó se planteó que parte de sus calles recibirían nombres de caídos en la guerra civil o combatiendo en la División Azul, lo que se hizo solo muy parcialmente. Así, ahora, en aplicación de la LMD, se pide la retirada de los nombres de Felipe Marín Fuentes, José Pérez Miralles y Darío Valcárcel caídos en Rusia. A ellos se suman los nombres de los asesinados/ejecutados por los republicanos: Ángel Romero Elorriaga, Antonio Feyrén, Enrique Ayuso Miró, Francisco Martínez García, José Asensio Miró, José Cánovas Pujalte, José Sánchez Pozuelo, Miguel Gallego Alcaraz, Pedro Sánchez Barba, Ramón Gallud, Luis Fontes Pagán.
En los resúmenes facilitados en el informe titulado Listado de Vestigios Franquistas en la Región de Murcia, elaborado por la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia, para justificar la petición de retirada en función de la Ley 20/2022 (LMD) se adecua la historia cercenando parte de los hechos. En los casos citados en el párrafo anterior, los asesinados o ejecutados por los republicanos, se indica que fue considerado «Caído por Dios y por España», pero no se hace referencia al modo en que perdieron la vida. Casi todos ellos son calificados como «golpistas declarados», señalándose que fueron condenados a muerte por delito de rebelión militar, sin expresar que comparecieron ante un Tribunal Especial Popular.
Un ejemplo de evidente manipulación es la referencia a Pedro Sánchez Barba a quien se le debe quitar la calle, según el «lobby de la memoria», por ser «administrador de un periódico que incita al golpe: La Verdad». Don Pedro era sacerdote, párroco de la Iglesia de San Bartolomé. Detenido fue llevado por milicianos hasta las proximidades del cementerio de Espinardo junto con su hermano donde fueron tiroteados. Don Pedro murió pero su hermano gravemente herido, al que dieron también por muerto, salvó su vida. No es necesario mayor comentario.
Igualmente se oculta la realidad de cómo fueron asesinadas diversas personas el 13 de septiembre de 1936 que cuentan con diversas calles: Federico Servet Clemencín, Miguel Gallego Alcaraz, Ángel Romero Elorriaga, Sotero González Lerma, Antonio González Egea, Gonzalo de Haro Bustamante, Alfonso Carrasco Aracil, Fernando Ciller Hita, Victoriano García Montiel y Francisco Moya Rubio. Condenados a muerte, el ministro de Justicia, Mariano Ruíz-Funes, gestionó el «indulto» por lo que a media noche del 12 llegó el telegrama indicando que la ejecución quedaba aplazada, que era la fórmula aplicada en esos casos. Sin embargo, la poderosa CNT no estaba dispuesta a consentirlo por lo que convocó una manifestación para exigir el cumplimiento de la sentencia de muerte y, llegado el caso, como sucedió en esas fechas en no pocos lugares en la España del Frente Popular, asaltar la Cárcel Provincial y ejecutarlos. Varios miles de personas se concentraron ante la prisión tras marchar cantando: «¡Un, dos, tres, la cabeza de los diez!». Los presos intentaron organizarse para defenderse, ante la imposibilidad, uno de los condenados indultados, el jefe falangista Federico Servet, como señalamos, se ofreció como víctima a entregar para evitar la muerte de sus compañeros. Aquellos 10 hombres fueron fusilados en el patio de la prisión y sus cadáveres entregados a la masa, sus cuerpos fueron arrastrados por las calles y acabaron destrozados en las zonas de huerta a excepción de los restos del sacerdote Sotero González que fueron vejados y colgados en la Iglesia del Carmen.
Entre los asesinados estaba Ángel Romero Elorriaga. Según el resumen justificativo de la petición para la retirada de la calle a él dedicada nos dice: «Golpista declarado. Condenado a pena de muerte por delito de Rebelión Militar. Caído por Dios y por España».
Ángel Romero era médico de profesión, una vez a la semana pasaba consulta para los pobres sin cobrar, e incluso financiaba operaciones, fue presidente del Real Murcia entre 1922 y 1923. En su casa, en Santo Ángel, donde no había parroquia, se celebraba misa para todos en una capilla que tenía. Católico de profundas convicciones fue presidente de Acción Popular, el partido más importante de la derecha murciana. Al estallar la guerra, tras refugiarse en Murcia, sabiendo que los milicianos le buscaban, para evitar males mayores, se presentó voluntariamente en el Gobierno Civil el 15 de agosto donde permaneció protegido. Tras una denuncia fue encerrado en la Prisión Provincial donde dejaría la vida. Según su biógrafo, «lo juzgaron sin defensa, sin abogado defensor ni posibilidad de hablar o defenderse, utilizando testigos falsos». Tras ser asesinado, pues fue asesinado y no ejecutado, le cortaron un dedo para robarle un anillo, una oreja y un brazo, su cadáver fue arrastrado por las calles y colgado en una morera en zona de huerta. Su casa fue asaltada y su mujer María Séiquer Gayá era buscada para asesinarla. Conseguirá llegar hasta Madrid y de allí salir para Francia. Al llegar a la España nacional ingresará en un convento. Recuperada la finca y casa de Villa Pilar, la cederá para que se instale una congregación religiosa siendo los restos de su marido enterrados allí. Sería la Congregación de Hermanas Apostólicas de Cristo Crucificado de la que fue fundadora. Al acabar la guerra no quiso denunciar a nadie y su congregación atendía a todos los pobres de la zona, entre ellos familiares de los responsables de lo sucedido, atendiendo personalmente a una de las mujeres que denunció a su marido. Según uno de los secretarios de la Auditoría de Guerra evitó que nadie fuera condenado por la muerte de Ángel: «Ella buscaba al teniente coronel Sánchez Llorens. Y a nosotros, que ya teníamos preparados los expedientes para enviarlos al Consejo de Guerra, nos obligaban a no darles curso. Nosotros siempre decíamos: “Ya se ha salido esta mujer con la suya”». La madre María Séiquer fue nombrada venerable por el Papa Francisco en 2014. Tanto ella como su marido, Ángel Romero, tienen abierto proceso de canonización.
Resaltemos cómo ahora se incorporan otros nombres a los que se considera que debe retirárseles la dedicatoria de una calle, como es el caso del escritor José María Pemán, las dedicadas a Su Santidad Pío XII, o a Emilio Díaz de Revenga. El caso es que según el «lobby de la memoria», la plaza que con el nombre de este último existe en la capital, se refiere al falangista, excautivo, que fue jefe de Justicia y Derecho en los primeros años cuarenta; pero la plaza, lleva en realidad el nombre de Emilio Díaz de Revenga Vicente, abogado, político, diputado en Cortes, director de la Real Sociedad Económica de Amigos del País y escritor que falleció en 1932, que también tiene calle en otras localidades.
La petición de retirada de las calles dedicadas a Pío XII tiene según las asociaciones de «memoria» su justificación en el siguiente razonamiento: «Pío XII: Eugenio Pacelli. Elegido Papa el 3/3/1939, antes ya bendecía los cañones y los aviones italianos que masacraron a la población civil. Felicitó efusivamente a Franco el 1 de abril y homenajeó claramente a los vencedores varias veces incluso en un discurso radiado se refiere a la Guerra Civil como “la batalla que entablan los valores eternos de la religión y el espíritu contra el ateísmo materialista que estaría encarnado por los enemigos de Jesucristo” lo que se denominó como la cruzada».
Con este nuevo giro se abre, tímidamente, el capítulo de los políticos actuantes durante cuarenta años. Así aparecen entre los proscritos los gobernadores civiles Antonio Luis Soler Bans y Nicolás de las Peñas de la Peña. Este falleció con su esposa Josefina Laredo, junto con el conductor y Adoración Martín, en un accidente de tráfico en 1967 en Mota del Cuervo; diversas calles y un colegio llevaban su nombre en la región.
Sin duda por falta de información o por cuestión de estrategia, dado el número de localidades y obras que se verían afectadas, el «lobby de la memoria» solo ha pedido la retirada de las calles dedicadas a los alcaldes Gaspar Muñoz Pedrero (alcalde de Cehegín), Agustín Virgili (alcalde de Murcia y presidente de la Diputación) y Juan Martínez Beltrán (alcalde de Alcantarilla). También se incluye las dedicadas a Luis Fontes Pagán, marqués de Ordoño, alcalde de Murcia asesinado por los republicanos el 15 de diciembre de 1936. A futuro resulta evidente que se rastrearán todos los cargos municipales de la región, en este caso encontramos la petición de cambio para la calle situada en la pedanía de Alquerías dedicada a Gregorio Martínez Montesinos, teniente alcalde del Ayuntamiento de Murcia (los «memorialistas» lo justifican alegando su militancia falangista, siendo calificado como «conspirador», no indicando que fue detenido y encerrado por los republicanos).
En la misma línea se reclama la retirada en Águilas de la calle dedicada al importante cirujano Armando Muñoz Calero, excombatiente en la División Azul, procurador en Cortes, presidente de la Organización Médica Colegial de España y de la Real Federación Española de Fútbol, jefe del Departamento de Cirugía General de la Ciudad Sanitaria Francisco Franco (hoy Hospital Gregorio Marañón), profesor de medicina, jefe del Servicio Nacional de Cirugía Cardiovascular del Seguro Obligatorio de Enfermedad, presidente del Hospital de Caridad San Francisco de Águilas que durante años dedicaba parte del verano a operar de forma gratuita en su ciudad natal.
Sin duda, al «lobby de la memoria» debe molestarle que Ramón Salas Larrazábal hiciera un estudio clásico sobre la realidad de los muertos de la guerra que derruía no pocos mitos sobre la represión en ambas zonas. Solo desde esa perspectiva es posible entender la razón por la que se pide la retirada de la calle que tiene en Alcantarilla: Calle Historiador Salas Larrazábal. Según los «memorialistas» su biografía justifica la incompatibilidad de este reconocimiento con la LMD: «fue un militar, pionero en el paracaidismo e historiador español, que luchó en el bando sublevado en la guerra civil española, también combatió en la División Azul durante la Segunda Guerra Mundial al lado de la Lufwaffe [sic] de la Alemania Nazi en el frente oriental. Posteriormente realizó investigaciones históricas sobre la guerra civil española. Como capitán fue jefe de la primera Bandera Paracaidista en 1946 y fundó y organizó la Escuela Militar de Alcantarilla (Murcia), donde estuvo quince años». Muestra clara de lo que planteamos sobre la expansión de la proscripción.
En esa ampliación en virtud de la interpretación que difunden sobre la aplicación de la LMD quedan inmersas las referencias a militares que, anteriormente, no figuraban. Así, como ejemplo, encontramos, sin mayor argumentario, la petición sobre la Calle Almirante Ruiz González. Se refiere al almirante Faustino Ruiz González que, como oficial hizo la guerra en los navíos Canarias y Mar Cantábrico. Ascendió a capitán de navío al finalizar la guerra, fue Director de la Escuela Naval y destacó en su labor como gobernador militar en Guinea. Después fue Capitán General del Departamento Marítimo de Cartagena, razón por la que se le dedicó la citada calle.
También incorporaba el último listado a las peticiones del «lobby de la memoria» la calle dedicada al general Juan Fernández-Capalleja. Asturiano de nacimiento pertenecía a una familia militar. Estuvo en la Guerra de África en las Fuerzas Regulares Alhucemas n.º 5 ascendiendo por méritos de guerra. Al estallar la guerra civil ocupó el mando de 4º Tabor de Regulares con el que entró en Oviedo para levantar el cerco al que estaba sometido Aranda. Medalla Militar Individual hizo la guerra todo el tiempo en frente de combate. En 1950 pasó a ser director de la Academia General Militar de Zaragoza, probablemente por ello se le dedicó una calle en el barrio cartagenero de Santa Ana.
En algunos casos resulta evidente que la petición de retirada del nombre de algunas calles por incompatibilidad con la LMD se hace más en función del empleo del militar aludido que por cualquier otra razón. Así parece suceder en el caso del almirante Francisco Núñez Rodríguez, que no alcanzó el empleo hasta 1956, siendo su más destacada actuación ejercer como Gobernador de la Guinea Ecuatorial, en el proceso de descolonización pasó a ser Alto Comisionado. En 1966 pasó a ser Capitán General de Ferrol.
Algo similar sucede en el caso de la calle dedicada al general Antonio Alcubilla Pérez, militar de largo historial participó en la Guerra de África. En julio de 1936 estaba en Gerona donde fue detenido por los republicanos, siendo canjeado en 1938. Fue Capitán General en Burgos y Jefe del Estado Mayor Central. Asumiría en 1959 la Dirección General de la Guardia Civil. Probablemente debamos encontrar en este mando la razón por la que el «lobby de la memoria» pida la retirada de su nombre del callejero.
Regresemos, al llegar al punto y final, a los momentos iniciales del proceso sucintamente analizado, a las elecciones municipales de 1979. La ilustrativa anécdota que vamos a recoger la refirió muchos años después de acontecida su protagonista, el senador socialista José Pérez Fernández. Refería su amistad con los hermanos Fernández Picón: Bartolomé, sacerdote y eterno capellán del Frente de Juventudes; Ángel, alcalde de Murcia en los años 50 y excombatiente de la División Azul. Fue el político socialista, hijo de represaliado que pasó un tiempo en prisión, a la pedanía de Cañada de la Cruz, el pueblo natal de los Fernández Picón, para intervenir en un mitin de campaña: «nunca me he escondido de mis amistades, sino todo lo contrario, me siento orgulloso de ellos… vi sus jardines tan bien regados, sus calles tan pulcras que me dije: aquí está la mano de los Fernández Picón, y en el mitin me arriesgué y tuve un recuerdo emocionado para ellos. El salón, que estaba repleto de público, rompió en un fuerte aplauso. No pude ahogar mis sentimientos. Cañada de la Cruz votó socialista mayoritariamente, pero evidenció que quería a aquella buena gente al margen de los colores políticos».
Llegados a este punto, a pesar del valor de la anécdota, resulta evidente que tanto el proceso de proscripción como de deconstrucción de la memoria, a través del borrado de los rastros físicos que los periodos históricos siempre dejan en los espacios públicos, no ha finalizado, sino que continuará en los próximos años.












































