INTRODUCCIÓN
La persecución religiosa en España durante los años de la Segunda República y la Guerra Civil constituye uno de los episodios más violentos y silenciados de la historia contemporánea europea. Lejos de tratarse de excesos aislados o de episodios fruto del caos bélico, la represión contra la Iglesia católica respondió a un clima ideológico de odio sistemático hacia lo religioso, alimentado por sectores revolucionarios que veían en la fe un obstáculo a erradicar.
Las cifras hablan por sí solas: miles de sacerdotes, monjas, religiosos y seminaristas fueron asesinados únicamente por su condición religiosa. Iglesias, conventos, colegios y bibliotecas ardieron en una espiral de violencia que buscaba no solo eliminar físicamente al clero, sino borrar cualquier presencia pública de la fe cristiana. Este exterminio no fue un daño colateral de la guerra, sino una auténtica persecución por motivos religiosos que dejó una huella profunda en la memoria de España.
El odio extremo que la izquierda mostró contra los religiosos católicos -un odio que curiosamente no mostraron contra sacerdotes o pastores de ninguna otra religión o confesión- queda claro en los ejemplos que traemos en esta selección de textos escritos entre 2015 y 2017.
El ensañamiento con el que se desarrollaban los asesinatos de religiosos durante los años treinta a manos de anarquistas, socialistas y comunistas deja claro que no se trataba solamente de una orden o planificación de exterminio. Disfrutaban realizando las mayores atrocidades que, a menudo, pasaban por torturas, mutilaciones, palizas, agresiones sexuales…
La represión republicana se desarrolló con especial ensañamiento con los sacerdotes, monjas, seminaristas, monjes y jerarquías de la Iglesia. No existe un solo grupo o colectivo que padeciese la represión en ninguna de las dos retaguardias que llegase a los datos y las formas empleadas con éstos. Casi el 20% del clero español fue asesinado en la zona republicana. Para que nos hagamos una idea, para que ese porcentaje se repitiese en el conjunto de la población que vivía en la zona bajo control republicano en julio de 1936, la represión debería haber superado el millón de ejecuciones. Estas cifras, puestas en contexto, demuestran que había un especial interés por acabar con la presencia de la institución religiosa en España. Y hacerlo, además, causando el mayor daño posible para que sirviera de ejemplo y escarmiento a quienes pensasen en mantener cualquier atisbo público de su fe.
Ni que decir tiene que los textos que se reproducen a continuación no pretenden ser una recopilación exhaustiva de los crímenes cometidos por el comunismo y sus socios contra los religiosos. Es solamente una muestra que, eso sí, es muy representativa de cómo se actuaba contra obispos, monjas, sacerdotes y novicios. Una muestra que deja claro un odio fuera de toda duda que, como veremos en el capítulo siguiente, se reproduce también contra quienes, desde fuera de la vida consagrada, también formaban parte de la Iglesia.
Persecución religiosa en España, matar por odio a la fe
Marx, padre del comunismo y autor intelectual de sus desmanes, señaló desde el principio cuál era el objetivo, el enemigo a batir, el chivo expiatorio que debía encauzar las iras del populacho que se sumara a su criminal doctrina política. Y lo enunció con una de esas frases grandilocuentes con las que tan fácilmente se embauca a los que no tienen formación suficiente como para saber que le están manipulando: “La religión es el opio del pueblo”.
En España, la Iglesia Católica ha sido siempre objetivo de las iras de la extrema izquierda a pesar de que la mayor parte de la asistencia social desde el siglo XIX sea obra religiosa y de que cientos de miles de hijos de obreros y campesinos aprendieran a leer y escribir gracias a las obras pías.
Centrándonos solamente en el periodo republicano, tres han sido las principales oleadas de asesinatos y ataques contra la Iglesia y lo que representa en España.
El primero se produjo cuando la Segunda República no había cumplido todavía un mes, entre el 10 y el 13 de mayo de 1931. Para protestar contra la inauguración del círculo monárquico de Madrid, la extrema izquierda radical -sobre todo socialistas, comunistas y anarquistas-, desencadenó una oleada de ataques contra religiosos y edificios de la Iglesia.
18 religiosos y empleados de los centros atacados murieron en los disturbios -6 de ellos quemados-, en los días siguientes fallecieron casi otros quince como consecuencia de las heridas y las quemaduras. Cien edificios fueron destruidos por las llamas –iglesias, bibliotecas, residencias, asilos y colegios de beneficencia- y resultó destruida o dañada una importante parte del patrimonio artístico y cultural que albergaban los centros atacados, entre ellos cuadros, tallas, custodias y los más de 90.000 libros de la biblioteca de los jesuitas de Madrid.
La siguiente tanda de asesinatos de religiosos la encontramos en la Revolución de Octubre de 1934, en Asturias. Allí fueron torturados y asesinados 34 religiosos, además de la destrucción de importantes obras de arte del patrimonio español sumándose un total de 58 incendios de edificios religiosos.
Las mayores brutalidades se cometieron en la localidad de Turrón, donde los nueve religiosos que atendían las Escuelas Cristianas fueron torturados y asesinados. En el seminario de Oviedo también fueron asesinados seis seminaristas de entre 18 y 21 años.
En muchas pequeñas localidades también se cometieron atrocidades contra los sacerdotes, como en el municipio de Rebolledo, donde el párroco fue asesinado a culatazos de escopeta; o en Valdecuna, donde el párroco fue fusilado tras sufrir amputaciones; o en Mieres, donde dos novicios pasionistas fueron ahogados en el río.
La gran matanza de religiosos y cristianos se produjo durante la Guerra Civil. En la zona bajo control del Frente Popular fueron asesinados 6.832 religiosos, además de 3.911 seglares y casi 1.000 seminaristas.
Un total de 11.743 personas asesinadas por el odio a la fe y que murieron, en muchos de los casos, tras haber sufrido torturas aberrantes. En Madrid, por ejemplo, varios sacerdotes fueron echados vivos a las jaulas de los leones que había en la Casa de Fieras del Parque del Retiro. En Barbastro, el obispo don Florentino Asensio, sufrió severas amputaciones antes de ser asesinado. En Camuñas, Toledo, tres sacerdotes fueron arrojados vivos a un pozo de treinta metros al que se lanzaron después objetos pesados para aplastarlos cuando todavía estaban vivos.
De las 283 religiosas asesinadas, 124 fueron violadas antes de morir. Y así hasta los casi 12.000 casos que están perfectamente documentados. Además de las religiosas, también murieron a manos de la saña de los marxistas 4.184 sacerdotes, 13 obispos y 2.365 religiosos.
CONCLUSIÓN
La persecución religiosa en la España de los años treinta no puede entenderse como un fenómeno espontáneo ni como un simple exceso derivado de un conflicto civil. Los datos, testimonios y documentos históricos muestran con claridad que existió una voluntad explícita de erradicar la presencia de la Iglesia mediante el terror, el asesinato y la humillación pública de quienes representaban la fe católica.
Más allá del debate ideológico, la magnitud del exterminio de religiosos constituye un crimen contra la dignidad humana y contra la libertad religiosa. Recordar estos hechos no es reabrir heridas, sino impedir que la manipulación del pasado convierta a las víctimas en culpables o diluya la responsabilidad histórica de quienes promovieron y ejecutaron esta persecución. La memoria de los miles de religiosos asesinados por odio a la fe exige verdad, rigor histórico y justicia moral.
