Es, naturalmente, imposible dar respuesta exacta a esta pregunta, sobre la que apenas si podemos formular conjeturas. La historiografía socialista responde con rotundidad presentando una identidad de significado con los títulos de Duce y Führer. Pero Franco jamás aludió, directa ni indirectamente, a esta semejanza y sí, en cambio, al precedente establecido por los primeros adalides de la Reconquista sobre los que el Fuero de Navarra también se fundamentaba.
Algunos exaltados partidarios de aquella hora, como Juan Beigbeder, llegaban a decir «mi» Caudillo; pero esto no pasó los límites de la correspondencia privada. Lo que, indudablemente, Franco pensaba de sí mismo en relación con aquella fecha del 1 de octubre de 1936, era que había recogido un depósito, España, esencia histórica, despojada ya de cualquier forma de Estado, a punto de desintegrarse, de perder su ser. Estaba obligado a reconquistarla y, simultáneamente, a crear un Estado que, por fuerza, era «nuevo».
Algunos pensadores contemporáneos trataron de explicarlo. Para Juan Beneyto Pérez, que en 1939 publicó un libro que titulaba El nuevo Estado español, «el concepto de caudillo es una síntesis de la razón y de la necesidad ideal: no es sólo fuerza, sino también espíritu, y constituye una nueva técnica, por ser la encarnación del alma nacional y hasta de la fisonomía nacional».
Raimundo Fernández Cuesta dijo en cierta ocasión que un Caudillo no es «ni un jefe de gobierno ni un dictador vulgar, sino el jefe carismático, el hombre concedido por la Providencia para salvar a su pueblo».
En un libro que se hizo famoso, aunque sus enemigos le tacharan de oportunista, Francisco Javier Conde, Contribución a la teoría del Caudillaje, se apunta una observación que ha sido recogida y matizada recientemente por Jesús Fueyo Alvarez: Franco era caudillo antes y no después de su elección; era reclamado por su autoridad —como Octavio César, que fue llamado «auctor», Augusto— para convertirse en el autor de la construcción del nuevo Estado.
Descendiendo al terreno de los hechos, esto último resulta cierto. Franco convirtió en tarea fundamental de su vida la edificación, paso a paso, de un nuevo Estado que pensaba podía rematarse con el restablecimiento de la Monarquía, a fin de evitar situaciones excepcionales como la suya en el futuro.
No deja de ser curioso que la Constitución española de 1978 haya introducido la novedad de contemplar la figura de un Jefe de Estado —condición que ostenta el Rey— respondiendo a la necesidad que, desde fechas muy lejanas, Franco vislumbrara.
Si bien él, amigo y admirador de Víctor Pradera, contemplaba esa magistratura como arbitral, rica de contenido, y no como la de un «augusto cero» según la conocida frase cáustica del pensador tradicionalista.
La aceptación por Francisco Franco del título de Caudillo estuvo relacionada con una concepción política que iba mucho más allá de la simple denominación de un jefe militar. El término terminó representando una determinada idea de autoridad y quedó ligado a la construcción del nuevo Estado surgido durante la Guerra Civil.
Los autores que posteriormente trataron de explicar el concepto —entre ellos Juan Beneyto Pérez, Raimundo Fernández Cuesta o Francisco Javier Conde— lo interpretaron desde perspectivas diferentes, aunque coincidieron en presentar al Caudillo como una figura situada en el centro de la construcción política del nuevo régimen.
En el caso de Franco, resulta especialmente significativo que su proyecto político no se limitara a ejercer el poder durante una situación excepcional. Como recoge el texto que sirve de base a este artículo, convirtió en una tarea fundamental la edificación progresiva de un nuevo Estado, que llegó a concebir como susceptible de culminar algún día con el restablecimiento de la Monarquía.
Así, el título de Caudillo terminó siendo mucho más que un tratamiento honorífico. Se convirtió en la expresión política y simbólica de la posición que Franco ocupó durante décadas al frente del Estado español y en uno de los conceptos imprescindibles para comprender la evolución del régimen nacido en 1936.
