El día 12 de mayo de 1980 y por ser militante de Unión de Centro Democrático pasa a la historia Ramón Baglietto Martínez, concejal durante unos años en la localidad de Azcoitia y gran amigo de su compañero de partido y corporación José Tomás Larrañaga Arenas, (Txiki), que también sería asesinado tiempo después por el mismo motivo.
Su óbito se produce al ser ametrallado cuando transitaba con su vehículo por las cercanías de la localidad de Elgóibar, (Guipúzcoa), donde regentaba un negocio, por tres terroristas, uno de ellos Juan Ignacio Zuazolazigorraga Larrañaga. El vehículo detiene violentamente la marcha al chocar contra un árbol y es un tercer miembro del comando, Cándido Aspiazu Beristain, el que se acerca al lugar donde aún con vida se encuentra la víctima y tras acercar una pistola a su cabeza lo remata impunemente. Estos dos últimos son detenidos cinco días más tarde tras perpetrar otros hechos similares.
Condenados en 1981 a 49 años de prisión salen en libertad en 1995 al reconocérsele que se habían desvinculado de la banda y beneficiarse de una serie de medidas que son derivadas del viejo Código Penal del año 1973, sobre la redención de penas.
Lo que el lector ve hasta aquí es un caso que no se saldría de lo normal y cotidiano en aquella época, salvo que ignoremos lo que sigue a continuación.
Uno de los autores, Cándido Aspiazu Beristain, está a punto de fallecer en 1962 en un accidente de tráfico cuando tranquilamente iba por la acera en compañía de su hermano, algo mayor que él, y en brazos de su madre. Por una pelota que se va a la carretera y un niño que corre detrás, la madre sale detrás para intentar cogerlo, y a punto ya de ser aplastados por un camión un ángel de la guarda lo arranca del regazo de su madre salvando con esto su vida. No así la de su madre Mari Nieves y su hermano José Manuel de dos años por los que no puede hacer nada y que fallecen en ese accidente. Así pues vemos que el terrorista es salvado de perecer sin remedio ese día por una persona a la que podríamos definir como un héroe, pero sin que reclamara nada para él nos encontramos con una de los más retorcidos giros del destino pues estamos hablando del propio Ramón Baglietto Martínez, que salva la vida de quien había de rematarle dieciocho años más tarde de un tiro en la sien. Deben creerlo, es cierto.

Si pensamos que la historia aún podría contener un poco más de argumento, lo podríamos conseguir mencionando que el propio terrorista no tuvo mejor idea después de lo anterior que poner un negocio tras salir de prisión en los bajos de la vivienda donde vivía la viuda de Ramón Baglietto. Esto hacía que aparte del dolor por la pérdida de su marido hubiera que sumar el pesar de tener que cruzarse a diario con su asesino.
En una de las pocas veces que vemos que hay una reacción adecuada a situaciones como esta, tras la denuncia de la familia la Audiencia Nacional procede con cierta rapidez a intervenir y subastar el negocio, y lo que se consiguió fue convenientemente dirigido a sufragar parte de las indemnizaciones pendientes por los crímenes cometidos.
