La dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad son valores eternos e intangibles. Pero sólo es de veras libre quien forma parte de una nación fuerte y libre.
A nadie le será lícito usar su libertad contra la unión, la fortaleza y la libertad de la Patria. Una disciplina rigurosa impedirá todo intento dirigido a envenenar, a desunir a los españoles o a moverlos contra el destino de la Patria.
Este Punto es de una trascendencia capital, trascendencia a la vez política y religiosa. Por él se garantiza y establece la libertad y se rechaza una de las ideas más absurdas y perniciosas del mundo moderno: el liberalismo, que aunque a primera vista afirma la libertad, a la larga la niega y la destruye.
Por él se anatemiza la doctrina que sirve de base al comunismo, y que en definitiva lleva también a la esclavitud del hombre, a la negación de su dignidad y su grandeza: el materialismo histórico y económico. El Nacional-Sindicalismo va a armonizar de una manera maravillosa el sentido de la unidad con la idea de la libertad.
Dice el comunismo: la vida de la humanidad no es más que una lucha que el hombre emprende contra la naturaleza para la satisfacción de sus necesidades vitales. La misión del hombre es luchar contra las fuerzas elementales, para obtener su alimento, su habitación, su vestido, que es lo único que en realidad necesita. Su vida no tiene otro fundamento que la economía y el trabajo productivo. Las creencias religiosas, las ideas filosóficas, la conciencia moral, la creación artística, son una pura ilusión, espejismo creado por el deseo.
Dice el Nacional-Sindicalismo: la dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad, son valores eternos e intangibles.
Nada de materialismo. Se proclama la dignidad del hombre; no es una fuerza bruta, no es una máquina destinada a gastarse sin sentido ninguno ante la resistencia cósmica; es una criatura racional capaz de conocer a Dios y de amarle, es un hijo de Dios que tiene ciertamente su vida material, pero con ella otras necesidades superiores, una vida más alta: la vida espiritual con sus más sublimes aspiraciones.
Se proclama la integridad del hombre; no es solamente un ser económico, un puñado de materia que se reúne al azar, se alimenta, se desarrolla a fuerza de una lucha despiadada para disgregarse un día y perderse en la nada, a pesar de todos los esfuerzos; es un compuesto de alma y cuerpo que lleva dentro de sí la centella de un espíritu inmortal, que no vive únicamente de pan, sino que se alimenta de verdad y de amor. Se proclama la libertad del hombre; es dueño de sus destinos, dueño ante la naturaleza, dueño ante los demás hombres y dueño ante el mismo Dios, y necesita de su libertad para desarrollar su vida moral y para conseguir su último fin. De este principio de la libertad humana arranca todo el orden Nacional-Sindicalista. Si el comunismo convierte al hombre en un esclavo destinado al servicio del Estado, el Nacional-Sindicalismo empieza por reconocer su libertad individual: no el individuo para el Estado, sino el Estado para el individuo, según aquellas palabras de JOSE ANTONIO: «OINGANLO LOS QUE NOS ACUSAN DE PROFESAR EL PANTEISMO ESTATAL: NOSOTROS CONSIDERAMOS AL INDIVIDUO COMO UNIDAD FUNDAMENTAL, PORQUE ESTE ES EL SENTIDO DE ESPAÑA, QUE SIEMPRE HA CONSIDERADO AL HOMBRE PORTADOR DE VALORES ETERNOS»[1].
Pero el mismo JOSE ANTONIO añadía: «EL HOMBRE TIENE QUE SER LIBRE, PERO NO EXISTE LA LIBERTAD SINO DENTRO DEL ORDEN»[2]. Este profundo pensamiento es el que inspira el segundo postulado del Punto 7: «Sólo es de veras libre el que forma parte de una nación fuerte y libre». El hombre es bueno naturalmente y es la sociedad quien le corrompe, afirmaba la filosofía imbécil de Rousseau. El hombre salió bueno de las manos de Dios, pero usando mal de su libertad se hizo malo, afirma el Nacional-Sindicalismo, de acuerdo con la doctrina cristiana. La existencia del pecado original explica la necesidad de ese orden dentro del cual puede ser verdaderamente libre. Es lo que decía San Isidoro, uno de los más fervientes españoles que han existido: «A causa del pecado del primer hombre se dió como castigo de sujeción, y así depara Dios misericordiosamente la servidumbre a los que perjudica la libertad»[3]. Limitando y regulando las libertades de todos, de manera que no sea lesionada la de ninguno, ese orden defenderá su libertad contra la debilidad de sí mismo y contra la malicia de los que le rodean, ya sea dentro de su misma nación, ya sea fuera de ella.
Un orden riguroso reprimirá todos los conatos que puedan poner en peligro el desarrollo legítimo de los individuos dentro de una misma nación; una nación fuerte será dueña de sus propios destinos y asegurará su propio espíritu y el progreso moral y espiritual de sus súbditos, frente a las presiones o violencias que le puedan venir de otras naciones.
Con menos palabrería liberal, con menos sofismas acerca del libre albedrío del hombre, sofismas creadores de ese libertinaje que ha estado a punto de amordazar todos los postulados de la vida humana, para dejar la rienda suelta a todos los perversos instintos, el Nacional-Sindicalismo profesa el más alto respeto a la libertad profunda del hombre. Sabe que la libertad de cada español se fundamenta en la libertad de la Patria y la libertad de la Patria en su fortaleza, y la fortaleza en su unidad, y por eso establece una disciplina rigurosa, un mando único, una autoridad firme, una vigilancia severa para con aquellos que intentan usar de su libertad contra la unión, la fortaleza y la libertad de la Patria.
[1] En mayúsculas en el original.
[2] En mayúsculas en el original.
[3] Cita de las Sentencias (612-615 d.C.), cap. XLVIII, 1035.
