Ante la insistencia que se está produciendo, de un tiempo a esta parte, sobre las circunstancias que rodearon a la designación de un posible sucesor de Francisco Franco, en la Jefatura del Estado, a algún miembro de la Dinastía Borbónica, tras la finalización del Alzamiento Nacional, o tras los años difíciles de la guerra y la post-guerra mundial, con la expulsión de ESPAÑA de la ONU, o sus secuelas de aislamiento, me veo en la obligación moral de dar a conocer al pueblo español (lo que ya he relatado en un libro sobre la biografía de mi familia, publicado el 5 de Septiembre de 2015), los hechos auténticos ocurridos nada más finalizar con la Victoria del 1º de Abril de 1936, del ALZAMIENTO NACIONAL.
Y digo lo anterior, pues la paciencia ante el falseamiento de los datos por el ABC (publicando fotocopias de cinco seis años después de lo que voy a relatar, y cuya autenticidad está muy en entredicho), y la no menos falseada “verdad” de un tal sacerdote jesuita (al que jamás he visto vestido como corresponde a su condición, lo que me hace dudar sobre la actualización valida de su ordenación), que se firma FERNANDO GARCÍA DE CORTAZAR (titulándose nada menos que como historiador), y rematada allá en Febrero, por otro llamado historiador, que firma como ENRIQUE MOARADIELLOS.(¿Tiene algún titulo, nombramiento o similar, para darse esa titularidad? ¿Es académico de algo que de validez a sus afirmaciones, aparte de la inquina antifranquista que destila?)
Realmente existe una historia desconocida incluso hasta por mi propia familia, y de cuya certeza he tenido únicamente referencia por terceras personas, que me informaron, bajo juramento de no ser hacerla pública hasta que se produjeran las circunstancias que ahora se detallan, como el fallecimiento de mi padre, D. FEDERICO ORTEGA SÁNCHEZ, el 7 de Enero de 1964, y que habían sido de su absoluta confianza, aunque por haber fallecido ellos mismos ya hace algún tiempo, no estoy autorizado a dar a conocer sus nombres, que serían bien reconocidos, si se hicieran públicos, por los miembros de mi familia y por los historiadores de conocida y honrada trayectoria.
Parece ser que el Caudillo, tras la Victoria proclamada el 1º de Abril de 1939, tenía pensado, y así lo hizo, según se demuestra en lo sucedido el 10 de Agosto de ese mismo año, realizar un cambio de Gobierno, que se ajustara más a las condiciones de Paz tras la Victoria.
Por tanto, el 10 de Agosto de 1939 se produce un cambio de Gobierno, que no especifico aquí, pues es un dato que se puede constatar en cualquier documento o libro sobre la biografía del Caudillo.
El cambio afectó a todo el Gobierno, menos al “Ministerio de Educación Nacional”, pues el titular de dicha cartera, cesado el 27 de Abril anterior, casi recién finalizada la guerra, que en aquel momento era D. Pedro Sainz Rodríguez, monárquico empedernido, pretendió “sin encomendarse a Dios ni al diablo”, que Franco restituyera inmediatamente en el Trono a D. Juan de Borbón. Pero sin obrar de forma directa, sino subrepticiamente, aunque Franco nunca fue fácil de engañar con conspiraciones o maniobras subterráneas, que se pueden encontrar, repito, en cualquiera de las infinitas biografías y libros sobre Franco y el Franquismo que han sido publicadas.
Lógicamente su propuesta fue un rotundo fracaso personal del interesado, y considerada casi una traición, por el Consejo de Ministros –también conocido por algunos historiadores poco “proclives” al Caudillo, como “Gobierno de Defensa Nacional”-.
Como los militares –también según afirman los “prestigiosos” historiadores mencionados- se consideraban autorizados moralmente a aconsejar al Caudillo en los asuntos de política gubernamental, pues nunca llegaron a comprender que no era una persona que se dejase influir por nadie, el General Kindelán –posteriormente muy citado como “conspirador”-, tras fracasar en su intento de ser nombrado Ministro del Ejercito del Aire, se unió a la propuesta de Sainz Rodríguez, y quiso influir de alguna manera en lo que ya se preveía como una futura crisis de Gobierno, y propusieron al Generalísimo el nombre de D. Jesús Pavón, que se podía considerar como amigo y gran colaborador de Franco durante el periodo de la Guerra, en las tareas de propaganda.
Pese a ello el Caudillo, al que se acusa estupidamente de tendencia a elegir a colaboradores falangistas, buscó el apoyo de dos personalidades que, “curiosamente”, en la época tuvieron una gran influencia, que aumentó mucho, años más tarde, y que fueron el P. Ayala (Fundador de la A.N.D.P.C.), y al, ya entonces seminarista y Fundador del Debate y, en ese momento del DIARIO YA, casi sacerdote, Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Ángel Herrera Oria –años después nombrado Obispo de Málaga y posteriormente Cardenal por el Papa Pablo VI, tras finalizar el Concilio Vaticano II.
Pues bien, según esas fuentes, ambos “asesores”, de firmes convicciones religiosas, que no se pueden poner en duda, puestos de acuerdo decidieron proponer al Generalísimo un nombre, que le sorprendió en un principio, pero que le causó una gran impresión cuando le fue relatada su dilatada biografía dentro del Magisterio, del periodismo y de la política y, sobre todo, su característica de católico ejemplar, (como correspondía al discípulo predilecto del Rvdo. P. D. Andrés Manjón y Manjón).
(Creo que no es este el momento de especificar minuciosamente la biografía de mi padre y sujeto de la noticia que estamos relatando, de lo que se encargaron los “asesores” mencionados. Si ha ello hubiera lugar, no tengo el menor inconveniente en hacerlo detallada y minuciosamente, con la documentación que lo demuestre, pues, aunque parezca debilidad filial, es una de las más grandes de nuestra historia reciente.).
Ese nombre no era otro que el de D. FEDERICO ORTEGA SÁNCHEZ, del que dijeron: “Sería el mejor Ministro de Educación que se podía encontrar en aquellos momentos de post-guerra, en los que había que restablecer una educación católica, y borrar de un plumazo lo destrozado por los distintos Gobiernos republicanos, en ese aspecto de la educación de todos los niveles”..
Franco escuchó la propuesta y quiso conocer personalmente a aquel “mirlo blanco” del que le hablaban personalidades tan relevantes. Lo que ocurrió un 15 de Abril de 1939, en el mismo Burgos.
Lo que a mí me ha llegado,es que Franco le propuso que presentara un programa que supusiera la renovación total desde la Enseñanza Primaria –que se decía entonces- hasta la Universitaria, utilizando su formación “Manjoniana”, y que para ello aceptara el cargo de Ministro de Educación Nacional.
Mí padre, cuya virtud destacada era la honradez intelectual y la falta de ambición, rechazó la propuesta, cosa que puede parecer increíble frente al Vencedor de una Guerra crudelísima y con una personalidad acreditada de no aceptar negativas a sus “ordenes” . Pero dada su honradez intelectual, personal y política, si se hace comprensible, a los que tuvimos la enorme fortuna de conocer esa base ideológica en la que fundamentaba su actitud ante la vida, cualesquiera fueran las circunstancias en que se encontraba.
Sin embargo, basándose en esa honradez intelectual y personal, se atrevió a proponer a su Excelencia, un nombre que el consideraba más idóneo, dadas sus cualidades y formación, y por ser también “Propagandista”, de la escuela del P. Herrera, y Profesor Universitario de gran prestigio: D. José Ibáñez Martín. Y ciertamente que la propuesta fue aprobada sin el menor reparo. El tiempo demostró lo acertado de la misma.
Pero no sólo era una renuncia generosa o ideológica, ante la persona más importante del Estado en aquel momento, El Caudillo, pues mi padre, “ni corto ni perezoso”, se atrevió a presentar la siguiente petición, según repito, me confiaron los que podían hacerlo:
“Excelencia: yo no he pasado por todas las vicisitudes y calamidades que V.E. conoce, incluida la pérdida de un hermano y de un amigo, que para mí era considerado como tal, y cuyos nombres y biografías, repito, conoce bien; ni mí familia ha soportado tres años de angustias indescriptibles, para ahora recoger la cosecha de unos puestos destacados en el desarrollo del MOVIMIENTO NACIONAL, sin que ello lleve a V.E. a considerar mí respuesta como una desconsideración o falta de respeto y afecto a Vuestra Excelencia, sino por considerar que existen personas más cualificadas y con mayores méritos Académicos que los míos. De ahí nace la propuesta que hago a V.E. de la persona de D. José Ibáñez Martín, que estoy seguro que algún día reconocerá como acertada y totalmente desinteresada”.
“Eso sí, Excelencia: me voy a atrever a solicitar a V.E. la ayuda necesaria para llevar a cabo una tarea, que se encuentra clavada en mí alma, porque la memoria y la gratitud hacía mí Maestro y Mentor, Rvdo. D. ANDRÉS MANJÓN Y MANJÓN, desde hace muchos años, por la inmensa labor pedagógica y caritativa, realizada en el Sacromonte granadino y extendida por muchas ciudades de España, un homenaje. Sobre todo por haber sido el creador de un innovador método de enseñanza para los niños pequeños, precisamente en los barrios más desfavorecidos de aquellos lugares en los que se levantan las Escuelas del “Ave María”: ENSEÑAR DELEITANDO”.
“¡¡¡Ese es mí único deseo Excelencia: Rescatar su memoria y su obra, aquí en Madrid, en el barrio más pobre que encuentre, y a la que pondré el nombre de mí Maestro y Mentor, para que perdure en el tiempo, si ello es voluntad de Dios y de V. E .!!!
Ante estas palabras, el Caudillo, que dicen era de pocas palabras y pocas demostraciones emocionales, prometió: “Que había decidido sobre la marcha, dar orden, a la Dirección General de Regiones Devastadas –de reciente creación- que esa obra tendría preferencia sobre todas las demás, y siempre bajo la Dirección y criterio de D. Federico Ortega Sánchez”.
Y si mis informadores no me mintieron, ¡cosa difícil de creer!, la obra se hizo –ahí está desde hace casi 80 años, aunque ahora con un distinto cometido-, pero tan firme y moderna, que pese a su “ancianidad”, parece construida ayer: el “Grupo Escolar Andrés Manjón”. Pero que resulta increíble y casi milagroso, que en esos años se pudiera levantar -¡en solo nueve meses!- semejante edificio, con unas características que hubieran merecido ¡seguro! la aprobación de D. Andrés y la de algún arquitecto de la actualidad.
Es de destacar que mi padre eligió un barrio bien pobre, que en aquellos días era conocido como “El de los basureros”, pues cerca de allí se hallaban situadas las chabolas de los gitanos y de gente de muy baja escala social, que se dedicaban, con sus carros, a ir por las calles de Madrid recogiendo, de madrugada, las basuras de la ciudad, pues entonces no existían los servicios municipales de recogida de basura.
Y allí, al borde de la llamada desde siempre “Dehesa de la Villa”, se construyó el colegio el lo que fue considerado un tiempo record, más aún dada la situación económica del País. Pero la orden taxativa de su Excelencia, era: “Para el Colegio Andrés Manjón, y para el proyecto de D. Federico Ortega, lo que necesite. Prioridad 1”..
De su inauguración me ha sido imposible encontrar datos, pues los protagonistas murieron hace muchos años, y en los Archivos del actual Ministerio de Educación, Cultura y Deporte es imposible conseguir las facilidades necesarias para averiguar este tipo de datos. Y más tratándose de una de las obras primigenias tras la Victoria y siendo un “deseo personal del Generalísimo”.
Pero de lo que si tengo datos fehacientes, es que el promovido Ministro de Educación Nacional, Excm.Sr.D. José Ibáñez Martín, agradeció de forma clara a mí padre el haber propiciado su nombramiento, y trató de convencerle para que sí aceptara su nombramiento para la Dirección General de Enseñanza Primaria, a lo que D. Federico con los mismos argumentos que había usado ante el Caudillo, insistiendo en su deseo y exclusiva petición, ya comentada, y que lógicamente era ya conocida por el Sr. Ministro, que se limitó a cumplimentar las Ordenes de su Excelencia, con la mejor disposición y diligencia. Además mi padre volvió a usar de su situación y posible influencia, para repetir al Sr. Ministro su consejo, honesto y leal, como repito lo fue toda su vida, para indicarle que “la persona ideal para desempeñar el cargo que a él se le ofrecía, era quien en ese momento ya lo ocupaba, considerando que era el más idóneo y capacitado –un gran amigo-conocido suyo-: D. Romualdo de Toledo.
De todo lo relatado hasta este momento, no puedo dejar constancia documental de su veracidad (aparte de la documentación, que como decía líneas atrás, se adjunta) dado que como ya he dicho, los relatores me exigieron reserva absoluta (incluso aludiendo a mí condición y honor de Médico Militar en activo), y que ya fallecieron tiempo atrás, y no están, como es de suponer, en condiciones de confirmar o denegar lo aquí escrito.
Lo que si es cierto, y repito que el refranero español me avala: “Contra hechos, no valen palabras ni documentos no validados”
Y el hecho innegable y visible, es que hacia el final de la Calle Francos Rodríguez, frente al actual cuartel de la Policía Nacional, y del ya veterano y enorme complejo de edificios conocido como “Colegio de la Paloma”, hay un edificio , datado entre 1939 y 1940, aún en pie y muy en pie, transformado hoy en Centro Auxiliar de la UNED, después de ser durante 70 años, un Colegio Público, denominado “ANDRÉS MANJÓN”. Un edificio que cualquiera que ignore su historia, podría datar entre los años 70, dado su aspecto e incluso la modernidad de sus líneas arquitectónicas, sin que haya sufrido nunca ni la más leve reparación o modificación.
Según consta en la “Hoja de Servicios” de mí padre, fue nombrado “Director Provisional del Grupo Escolar “Andrés Manjón”, por Orden Ministerial de fecha 25 de Abril de 1939, constando la fecha de toma de posesión con fecha 1º de Mayo de 1939. Sin que exista una nueva fecha de cese, figura una nueva O.M., de fecha 4 de Junio de 1941, que da carácter definitivo al nombramiento.
Para terminar con este galimatías, que al lector le resultara incomprensible, hay una Orden de Ascenso, (con una gratificación anual de 5.000 pesetas, algo así como unas 390 pesetas mensuales), fechada el 6 de Mayo de 1942, con fecha de posesión nuevamente adelantada al 1º de Enero de 1942 y fecha de cese de 31 de Julio de 1943 (nuevamente errónea), pues figura como nombrado para el Colegio “Miguel de Unamuno, con fecha de 21de Junio de 1943 de toma de posesión, pero si una O. M. de fecha 31 de Diciembre de 1941.
Para finalizar este recorrido de un hombre entregado en cuerpo y alma a la Enseñanza y de una fidelidad ideológica al Movimiento Nacional fuera de toda duda, (había sido allá por 1931 Fundador de las JONS en Palencia), y debido a una minucia maliciosa y falsa, fue sometido en 1942 a un proceso de depuración que, lógicamente, acabo en un pronunciamiento favorable y exculpatorio. Lo que no dejó de suponer para su mentalidad cristiana y falangista, una pequeña humillación, que el tiempo se encargó de reparar.
El Autor
ANDRÉS ORTEGA MONGE
