Almería, año 1970, todavía no se había producido el atentado terrorista contra Carrero Blanco, pero ya se atisban los primeros núcleos de oposición al franquismo que, aprovechando la inviolabilidad de templos y dependencias eclesiales establecidas en el Concordato de 1953, aprovechan la cobertura brindada por grupos cristianos de base y de oposición al franquismo, dentro de la “legalidad”, como la J.I.C. (Juventud Independiente Católica), la J.E.C. (Juventud de Estudiantes Católicos), la H.O.A.C. (Hermandad Obrera de Acción Católica) y la J.O.C. (Juventud Obrera Cristiana), para las actividades clandestinas que los grupos de oposición al régimen, formados por la vertiente sindical, los sindicatos U.S.O. (Unión Sindical Obrera) y CC.OO. (Comisiones Obreras) y la rama política, los partidos de la izquierda radical tales como el P.T.E. (Partido del Trabajo de España), con su organización juvenil la J.G.R. (Joven Guardia Roja), la O.R.T. (Organización Revolucionaria de Trabajadores), el M.C E. (Movimiento Comunista de España) y la L.C.R. (Liga Comunista Revolucionaria), realizaban en esa época; así, futuros miembros de éstas organizaciones como Miguel Navarro, Javier Ayestaran, que era un religioso marianista, Mari Carmen López, Pedro Baldo y otros, como Javier Verdejo de la Joven Guardia Roja y Josefina Jiménez Bethancort de la Organización de Izquierda Comunista, fueron protegidos por la iglesia, en concreto por el párroco de San Roque de la barriada de Pescadería, Mariano Álvarez, o el padre Antonio Vivas, responsable de los grupos scouts católicos de las barriadas de Piedras Redondas y de La Chanca; el PSOE, que en los momentos anteriores al Congreso de Suresnes, contaba con poco más de un millar de militantes activos en toda España, unas decenas en toda la provincia de Almería, ni estaba, ni se le esperaba, y el PCE, más activo, era visto por los más jóvenes como un grupo de intelectuales y filósofos de clase media anclados en los años 30.
Todos éstos grupos, cristianos de base, utilizados unos, convencidos de lo que hacían otros, por un lado, sindicalistas y radicales de izquierdas por otro, cuál huevos de la serpiente, se fueron integrando en los órganos de participación del franquismo, entrismo en la organización sindical vertical por parte de CC.OO. y USO; en las asociaciones de vecinos de la Palmera en la colonia de los Ángeles, la de San Antón, la del Barrio Alto, la de Artes de Arcos y la de Pescadería, la Traiña, todas legalizadas en el franquismo, con directivas de la izquierda radical y a las cuales las respectivas parroquias cedían sus locales; en las organizaciones juveniles, la OJE en concreto, las culturales como los cine-clubes, las asociaciones estudiantiles, el SEU desapareció destruido desde dentro, siendo sustituido por estudiantes de la J.G.R., B.R. y de la L.C.R., dichos órganos de participación del franquismo, aunque estaban regidos desde arriba por personas fieles al régimen, incluían en su base la semilla de la serpiente, no así los grupos de scouts católicos dependientes de los jesuitas así como los asociaciones cristianas de base antes mencionadas, la J.E.C., la J.I.C. la H.O.A.C. y la J.O.C., que apostaban claramente por un cambio hacia la democracia y la libertad (sic); éstos grupos resultaban simpáticos, graciosos e, incluso, inspiraban compasión, eran vistos como una especie del famoso “espíritu del 12 de febrero” creado por Carlos Arias Navarro; pero cuando fueron creciendo, una vez que el huevo eclosiona y la culebrilla sale, se vuelve incontrolable, nadie puede pararlo y el mal está hecho. Las pequeñas “culebrillas” se fueron expandiendo por todos los poderes fácticos de la sociedad, de tal forma que se volvieron incontrolables para el propio régimen que los había visto, y dejado crecer, actuando, posteriormente, en su contra.
Durante los años anteriores a la muerte de Franco, años 73, 74 y 75 el huevo de la serpiente fue creciendo y su poder de destrucción también, así, una vez muerto Franco se vivieron los primeros atentados contra lo que ellos consideraban vestigios de la dictadura franquista, como el monumento al Jefe de Centuria existente en el Campamento del Frente de Juventudes Juan de Austria existente en Aguadulce, el monolito de la Garrofa que aún está en la carretera del Cañarete, en el que destruyeron la lápida con el nombre de los 27 asesinados en ese lugar, así como el yugo y las flechas, la Cruz de Borgoña y la Cruz de mármol de Macael, una estatua existente en el parque de José Antonio, hoy Nicolás Salmerón, y que representaba a un picapedrero de los que ayudaron a construir el puerto, así como causaron daños en las lápidas y cruces de los caídos existentes en toda la geografía provincial. Hay que decir que en ésta labor de hacer desaparecer cualquier vestigio franquista, hubo una pequeña “colaboración” del grupo de Falange Auténtica, que se encargó, por su cuenta y riesgo, de quitar varios yugos y flechas de las existentes a la entrada de los pueblos…
A éstas acciones, realizadas por pequeños grupos de radicales, a mediados/finales de los 70 le siguieron, una vez llegados los socialistas al poder municipal, regional y estatal los primeros cambios de nombre en las calles y espacios más representativos del franquismo, así el Paseo del Generalísimo pasó a llamarse Paseo de Almería en 1979, el parque de José Antonio recibió el nombre de Nicolás Salmerón, el presidente de la I República natural de Alhama de Almería, la calle general Saliquet recobró el antiguo nombre de calle Granada y la avenida de Carrero Blanco pasó a denominarse avenida del Mediterráneo. Aunque lo más significativo fue la “resignificación” de la mayoría de las Cruces de los Caídos existentes en la provincia, que fueron desprovistas de todo significado “fascista” aunque otras, como la de Huércal de Almería y otros pueblos más significativamente de izquierdas, simplemente desaparecieron por completo de la noche a la mañana. Por otro lado, la casi totalidad de las viviendas de la Obra Sindical existentes en la capital y provincia de Almería sufrieron la retirada de las placas que dejaban bien a las claras quien las había construido, los encargados de ello fueron elementos de los grupúsculos de izquierdas más activos, la P.L.O. (Plataforma de Lucha Obrera) en Pescadería y B.R. (Bandera Roja) y J.G.R. en la zona de la Plaza de Toros y el Tagarete…”un par de golpes de picota y se acabó el problema” decían orgullosos los talibanes de la libertad; aunque algunas siguen ahí, eso sí, pintadas, con toda la intención del mundo, del mismo color del edificio como un intento, a medias, de hacerlas invisibles, una forma de hacer las cosas que no contenta ni a tirios ni a troyanos. Otros “vestigios” que recordaban los crímenes de las izquierdas en Almería, como los tristemente famosos pozos de La Lagarta en Tabernas y de Cantavieja en Tahal, donde fueron asesinadas más de 200 personas por el grave delito de ser religiosos, de derechas o falangistas, simplemente se dejaron caer por falta de mantenimiento, aunque en los últimos años, una parroquia de la localidad de Albox se está ocupando del mantenimiento del monolito existente en Tahal, por lo que, a diferencia del pozo de la Lagarta en Tabernas, mantiene intacta su dignidad. Aquí hay que hacer de nuevo un pequeño hincapié y decir que los dirigentes socialistas de finales de los 80 y principios de los 90 eran los jóvenes que habían militado en grupúsculos de la izquierda radical cómo el maoísta MCA, Fernando Martínez López que llegó a ser alcalde de Almería y ahora es, por desgracia, Director de la Memoria Democrática, es un ejemplo de ello, otros procedían de familias franco falangistas como Pedro Molina y Miguel Moya, comunistas e hijos de profesores falangistas, Francisco Aznar, hijo de un teniente coronel del Ejército en activo, Santiago Martínez Cabrejas, hijo de guardia civil o José María Batlles Paniagua de padre falangista y abuelo asesinado en los pozos de Cantavieja en Tahal, también existen indicios de antecedentes familiares falangistas en el caso del dirigente socialista Nono Amate. Otros casos muy famosos fueron los de Javier Verdejo, militante de la Joven Guardia Roja, su padre fue alcalde de la ciudad de Almería con Franco y Pina López Gay, también de la J.G.R. hija del aguerrido falangista almeriense Mario López Rodríguez, que estuvo a punto de ser asesinado por milicianos izquierdistas en la guerra civil…aquí tendríamos que apelar al impulso freudiano, digno de estudio psicológico, de matar al padre, es decir, la necesidad que sienten los adolescentes hacia la rebeldía y la separación de lo que la figura paterna representa.
Una vez acabada la primera época de furia iconoclasta de finales de los 70 y principios de los 80 y por si ésto no hubiera sido bastante, cuando ya todo estaba olvidado, llegó Zapatero y su infame ley 52/2007 de la Memoria Histórica que, tal vez, respondía a su conocida intención de tensar la política española…”tensión, nos conviene que haya tensión”, susurró a Iñaki Gabilondo, y bien que lo consiguió. Hay que reconocer que dicha ley fue un triunfo de Zapatero, sí, a partir de ahí, se tensiono tanto la política nacional, que Bildu y ERC, pasaron a ser unos aliados fieles del PSOE, alianzas que desplazaron, según la izquierda, al PP hacia el “fascismo” y, así volver, de ésta manera, a una época de confrontación que ya creíamos olvidada desde los tiempos de la Transición en que unos y otros decidieron enterrar el hacha de guerra y empezar, desde cero, en plan de igualdad, el camino hacia democracia plena…imposible, Zapatero desenterró, de nuevo, el hacha y así llevamos 17 años, como en una película del oeste, con continuas escaramuzas para así mantener la tensión.
Al calor de la Ley 52/2007, y de la promesa de cuantiosas subvenciones, salieron una multitud de asociaciones memorialistas con diversos afanes, una de ellas, el Foro por la Memoria, con delegaciones en todas las provincias de la piel de toro; éste Foro tenía, tiene aún, una sección en su página web titulada “A la caza del monumento fascista” que hacía un llamamiento a todos los ciudadanos de cada provincia para “chivarse” de cualquier vestigio franquista que pudiera existir para después ser denunciado ante el orwelliano Ministerio de la Verdad…En Almería, según el mencionado Foro, eran 26 las calles y espacios con simbología franquista, el ayuntamiento del PP se comprometió, año 2008, a retirarlos, a día de hoy, año 2024, la mayoría siguen ahí gracias a una resolución de la Fiscalía de Almería que archivó una denuncia presentada por Izquierda Unida el año 2019 que urgía a su retirada.
Dicho ésto, es cierto que él obispado de Almería mandó retirar el yugo y las flechas de las balaustradas, verja y portón del claustro conventual de las Claras en octubre de 2009, para años después, y tras reiteradas peticiones de asociaciones memorialistas y de la izquierda socialista y comunista, retirar también la leyenda: “Caídos por Dios y por España. !Presentes!” existente en la Cruz de los caídos de dicho convento.
En su momento también se quitaron los escudos de España con el águila de diversos edificios oficiales tales como la Subdelegación del Gobierno, el palacio de Justicia, la comandancia de Marina, el banco de España y el Instituto Nacional de la Seguridad Social, y, hace pocos años, un escudo de forja con el águila de San Juan existente en la puerta principal del instituto Celia Viñas, manteniéndose, sin embargo, en otros edificios oficiales como la delegación de Hacienda y la escuela de Artes y Oficios, así como en varios grupos de viviendas sociales de la Delegación Nacional de Sindicatos y las mencionadas calles, unas veinte, con nombres relacionados con el franquismo en una u otra manera.
Para terminar hay que que decir que ésta “persecución” tuvo en Almería varios capítulos que harían sonrojar al más inepto o aficionado de los historiadores, y es que, dado ese afán de persecución, se llegó a denunciar en Tijola una calle que llevaba el nombre de “calle José Antonio” y que los denunciantes creían que era en honor del fundador de la Falange, cuando, en realidad, era en honor de José Antonio Rodríguez Soler, un vecino, fallecido en 1989, que era el propietario de la única gasolinera existente en el pueblo. Lo mismo sucedió en Huércal de Almería con otra calle “José Antonio” situada en el barrio de la Fuensanta, que no, tampoco estaba dedicada a Primo de Rivera, sino al promotor de éste barrio huercalense, un murciano afincado en Huércal. El último vestigio que los memorialistas creían franquista era un águila bicéfala que corona el pórtico de la catedral almeriense, labrado por Juan de Orea, S VXI, y que en realidad corresponde al escudo de armas del emperador Carlos V y no al general ferrolano…y es que un fallo lo tiene cualquiera.
Fuentes.
Almería y los Jesuitas. Cien años en compañía. 1911-2011 de Antonio Marín Cara. Editorial Universidad de Almería. Año 2015.
La transición política a la democracia en Almería. Volumen I y II de José Ruiz Fernández de Arráez Editores. Año 2008.
Página web del Foro por la Memoria.
Artículos varios de la prensa almeriense, Diario de Almería, Ideal y la Voz de Almería.
