Álvaro de Laiglesia fue una de las figuras más destacadas del humor español del siglo XX. Periodista, escritor, dramaturgo y director de La Codorniz durante más de treinta años, su nombre quedó asociado a una forma de entender el humor basada en la ironía, el ingenio y la sátira inteligente. Su trayectoria profesional estuvo estrechamente vinculada a algunas de las publicaciones más influyentes de la España de su tiempo y a la evolución del periodismo humorístico durante varias décadas.
Desde sus primeros trabajos como reportero adolescente hasta convertirse en uno de los autores más populares del país, Laiglesia desarrolló una intensa actividad creativa que abarcó la prensa, la literatura, el teatro, la radio y la televisión. Su capacidad para conectar con los lectores y su extraordinaria productividad lo situaron entre los grandes referentes de la cultura popular española.
La carrera de Álvaro de Laiglesia representa una de las trayectorias más singulares del panorama cultural español del siglo XX. Como director de La Codorniz, contribuyó decisivamente a consolidar la publicación como una referencia imprescindible del humor y la sátira, mientras que como novelista alcanzó una enorme popularidad gracias a un estilo personal, desenfadado y accesible para el gran público.
Su legado trasciende las circunstancias históricas de la época en la que desarrolló su actividad. Tanto sus novelas como su labor periodística y teatral continúan siendo una muestra del papel que el humor puede desempeñar como herramienta de observación social y de crítica inteligente. Décadas después de su desaparición, Álvaro de Laiglesia sigue ocupando un lugar destacado entre los grandes humoristas y escritores de la historia contemporánea de España.
Laiglesia González, Álvaro de. San Sebastián (Guipúzcoa), 9.IX.1922 – Manchester (Reino Unido), 1.VIII.1981. Escritor.
Pertenecía a una familia acomodada de ideología monárquica (su abuelo, Francisco de Laiglesia, fundó el Banco Español de Crédito). Cursó el bachillerato en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Antes de estallar la Guerra Civil, se trasladó con su madre a San Sebastián, donde trabajó como recadero en la Jefatura Nacional. Con tan sólo catorce años publicó sus primeros reportajes en Fotos y en Unidad. Poco después, fue subdirector de la revista infantil Flecha y comenzó a colaborar en La Ametralladora (1937- 1939), semanario humorístico del bando nacional dirigido por Miguel Mihura. Estrenó su primera comedia, Carmencito niño gordo, en 1938, en el teatro Principal de San Sebastián. Terminada la Guerra Civil y de nuevo en la capital, colaboró en las páginas de Informaciones y ocupó el puesto de redactor jefe de La Codorniz. El 13 de junio de 1941 salió hacia el frente como voluntario de la División Azul, hasta que fue evacuado a causa de una herida de metralla en la pierna. Reincorporado al equipo de La Codorniz, ascendió al puesto de director en abril de 1944, cuando Mihura decidió vender la revista. Después de treinta y tres años, logró convertir la publicación en la “decana de la prensa humorística”. Compaginó el éxito de La Codorniz con una intensa labor como conferenciante, comediógrafo —con Mihura escribió El caso de la mujer asesinadita (1946)—, guionista de televisión —Vivir para ver, Historias naturales, Animales racionales— y, sobre todo, novelista: Un náufrago en la sopa, sucedáneo jardielesco, e inauguró en 1947 una trayectoria de humorista muy prolífico y popular hasta su muerte.

Álvaro Delaiglesia dio pauta al humorismo fino a muchos otros escritores posteriores nacionales y del extranjero. Hablo con la convicción de que los venezolanos Aquiles y Aníbal Nazoa, Otrova Gomas, Zapata y otros como ellos tienen la misma escuela. Lo vine a descubrir al llegarme alguno de sus libros, entren ellos «Los que se fueron a la Porra».