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La capital del Estado Nacional era Burgos. Sede de la Sexta División Orgánica (en la que se encuadraba Mola, el ‘Director’), allí se había establecido la Junta de Defensa Nacional montada por Mola al producirse la muerte de Sanjurjo.
Franco pudo sorprender, de entrada, con una decisión muy especial: la separación entre la incipiente capital de los nacionales de su personal Cuartel General supremo. Establecido éste inmediatamente en Salamanca, no quiso llevarse consigo la capital administrativa.
Ricardo de la Cierva interpreta así la elección[1]:
“¿Por qué Salamanca? La ciudad del Tormes estaba relativamente próxima a los centros de operaciones que más preocupaban a Franco a primeros de octubre: Oviedo y Madrid”.
Y podemos añadir que esa separación geográfica le permitía concentrarse en la dirección de la guerra y hurtarse un tanto a los trámites cotidianos de la retaguardia. Otros podrán añadir que fortalecía su propia base de poder, distanciándose de la anterior Junta de Defensa Nacional y de la correspondiente Junta Técnica. Quedémonos con el hecho.
Franco había sido elegido para ganar la guerra y se concentró en ello: no se dedicó a viajar para inspeccionar a los nuevos subordinados, ni a visitar todos los frentes, ni a buscar vitoreos de los civiles por las ciudades.
Toledo y Oviedo, antes que Madrid
Ahora bien, la anterior referencia a Oviedo es oportunísima, porque, en tanto la conversión hacia Toledo desde Maqueda apenas demoró unos días y era conveniente, el socorro a Oviedo distrajo efectivos muy considerables proporcionalmente. Doble asunto que merece una amplia digresión sobre tiempos y efectivos en un caso y en otro:
La conversión sobre Toledo es el caso sobre el que más reiteradamente se ha polemizado. Hace falta decir:
1.– Que la decisión no se tomó en Maqueda.
2.– Cuál fue el verdadero retraso que ocasionó.
3.– Si Franco fue inconsciente del riesgo asumido para la victoria definitiva.
4.– Si realmente la liberación del Alcázar de Toledo costó a los nacionales la pérdida de una rápida victoria en la guerra.
5.– Qué motivos pudieron empujar a Franco a tomar la decisión.
6.– Si los factores morales a los que se remitió Franco rindieron efectivamente beneficios.
1.– La decisión de liberar el Alcázar no se tomó al llegar a Maqueda. Como hemos visto en el capítulo anterior, entraba ya en los propósitos de Franco desde antes y así se lo había prometido a los interesados. Además, el eco internacional alcanzado por su resistencia implicaba una demanda generalizada de que se operara en ese sentido. Vemos que el ABC de Sevilla de 12-IX se hacía eco de una entrevista concedida al enviado especial del Diario de Lisboa:
“Preguntado sobre si antes de lanzarse sobre Madrid las tropas irán a Toledo, dijo el general Franco: Tenemos varios objetivos; uno de ellos es Toledo”.
No importa si Franco lo admitió implícitamente, para no informar al enemigo de sus planes exactos; lo importante es que la gesta del Alcázar atraía la atención nacional e internacional –el mismo número del diario informaba de la marcha de aquella defensa– y no hubiera entendido bien que no se procurara su liberación.
Si el propósito de liberar el Alcázar existía ya, la dramática jornada de la voladura de la mina (18-IX-36), tan publicitada por los republicanos, y los ataques sin tregua sucesivos, constituían un acicate más, que la convertía en apremiante y urgentísima, no dilatable ni un minuto, perentoria. Y, sobre una decisión ya tomada, la orden para la ocupación de Toledo propiamente dicha la firmó Franco en Cáceres el 24-IX[2], después de que el 21 hubiese ordenado en Maqueda la conversión de la marcha en esa dirección. [F 067]
2.– ¿Cuál fue el verdadero retraso ocasionado?
Maqueda, sobre la carretera nacional radial a Extremadura, se tomó por los nacionales en recio combate el 21-IX. A partir de ahí los avances tomaron la dirección de Toledo. Hasta el 6 de octubre –quince días después– no entraron los nacionales en los siguientes pueblos de aquella carretera en dirección a Madrid: Quismondo y Santa Cruz de Retamar.
Pero este desvío –y retraso– del Ejército Expedicionario no fue el primero en la ruta directa hacia Madrid. El 11-VIII había entrado en Mérida y conectado con las fuerzas cacereñas en Aljucén. Sin embargo, Franco dirigió la ‘columna Madrid’ de Yagüe no sobre Talavera, sino sobre Badajoz, en sentido abiertamente divergente.
Entre Mérida y Navalmoral de la Mata el Ejército Expedicionario se movió por territorio dominado, sin combates. Eran 130 kilómetros en línea recta. Y, sin embargo, las primeras fuerzas africanas no llegaron a Navalmoral sino el 21-VIII, no quedaron concentradas hasta el 27 y sólo retomaron el avance el 28 (Calzada de Oropesa). Simplemente, porque se quiso eliminar la amenaza para el flanco izquierdo que suponía Badajoz y apoyarlo en la frontera portuguesa. Y también porque se acudió en socorro de los sitiados en el Monasterio de Guadalupe, excéntrico a la carretera de Extremadura. Fueron dos semanas de consolidación, concentración, reorganización y descanso.
¿Dónde están las críticas de que en esos días decisivos se perdió Madrid? No aparecen porque no interesan: no sirven para enlodar la gesta del Alcázar y la elección de Franco, que es lo único de que se trata. En cambio, sirven para mostrar cómo se procede normalmente al cerrar un ciclo de operaciones.
Volvamos a la pregunta inicial: el Alcázar se liberó al anochecer del 27-IX, en la ciudad se entró el 28 y los últimos reductos republicanos en el Seminario no cayeron hasta el 30. De las dos semanas de la pausa en el avance hacia Madrid que hemos visto, sólo una puede imputarse directamente al avance en socorro de los sitiados y ocupación de Toledo.
Antes de reemprender la marcha central sobre Madrid, entre el 21-IX y el 5-X, los nacionales habían realizado muchas más cosas que liberar el Alcázar y ocupar una capital de provincia:
––– El simple lego apreciará que habían apoyado vagamente en el Tajo el flanco derecho del avance y reducido la bolsa creada en el flanco izquierdo. Efectivamente, el día 30-IX las líneas nacionales marcaban una flecha y una bolsa muy pronunciadas: mientras Toledo se encontraba unos 30 kilómetros más al este de Maqueda, casi todo el valle del Alberche estaba en posesión de los republicanos, de modo que mantenían poblaciones como Sotillo de la Adrada (no ocupada hasta el 8-X), a unos 20 kilómetros más al oeste que Maqueda. Se imponía una rectificación de un frente con tan acusados entrantes y salientes. Y de eso se ocuparon.
––– Además de eso, aunque sea menos visible, las tropas necesitan siempre, y más si avanzan a pie y sin cesar de combatir, descansos periódicos y avances de las bases logísticas. Alguna detención al efecto hubiera sido igualmente imprescindible, entonces, o poco más adelante.
––– Y, sobre todo, se había procedido a una amplia y profunda reorganización de las columnas que convergían sobre Madrid, que ahora dependían todas de Mola, desde el Tajo a la Alcarria. Al tiempo, con mayor alcance todavía, los nacionales habían unificado y reorganizado por fin sus fuerzas con un mando supremo: en esas dos semanas habían tenido lugar las dos reuniones de Salamanca y la proclamación en Burgos. Providencias más importantes para el buen fin de la guerra que la propia conquista de Madrid.
El retraso total en proseguir el avance por la carretera de Extremadura fue de 15 días (21-IX / 6-X), lo cual suena a un plazo incluso más grande del que uno pudiera tener en la cabeza. Pero sólo transcurrieron 9 desde Maqueda, y la orden de conversión de la marcha, al dominio completo de Toledo (22 a 30-IX), el resto corresponden a la pausa, la reorganización y los nuevos mandos. Franco recibió el puesto de Generalísimo el 1-X y ese mismo día emitió el decreto por el que Mola ampliaba su responsabilidad a las columnas del Tajo, y la nueva decisión operativa de éste lleva fecha del 3-X. Con o sin Toledo tal ‘retraso’ debiera haberse producido.
3.– Franco no traicionó por ignorancia o torpeza el objetivo principal, Madrid.
Consta que Yagüe le mostró su desacuerdo en la ocasión –y también lo estuvo Mola, pero no Kindelán– y que Franco dijo ser consciente, pero que ponderaba los factores morales en juego[3].
La pregunta que Kindelán dice haber planteado a Franco fue “¿Sabe, mi general, que Toledo puede costarle Madrid?” contiene una palabra clave, que hemos resaltado. Que pudiera llegarse antes a Madrid facilitaba, pero no implicaba, que se pudiera entrar en Madrid. De hecho, si hubieran proseguido en una posible fecha anterior, todavía habrían dependido en exclusiva del Puente Aéreo, pues sólo después del 29-IX los cruceros Canarias y Almirante Cervera se hicieron con el dominio marítimo del Estrecho. Y que pudieran entrar en Madrid podría haber acortado la guerra, pero no implicaba terminarla sin más. De hecho, cuando el gobierno republicano evacuó Madrid en noviembre de 1936 contaba con perder la capital, pero proseguir la guerra.
La consideración más importante es que de los múltiples factores que influyen en el curso bélico no es el de menor importancia el enemigo. De éste habrían dependido todos esos ‘puede’, ‘pudiera’ o ‘podría’ encadenados[4].
Supongamos lo contrario. Que Franco hubiera proseguido en Maqueda hacia Madrid. Posibilidad de la que se ramifican otras: que llegara a Madrid y lo tomara, o que no; que entre tanto cayera el Alcázar o resistiera todavía otro mes largo (aunque resistir no es algo que se pueda prolongar a voluntad, y menos tanto tiempo después de tanto padecido). Incluso en ese último caso ¿qué críticas no se levantarían contra ese Caudillo que, por frialdad y ambición de poder, no prestaba auxilio a sus compañeros de armas? Para sus detractores, de entonces y después, siempre cabía –y cabrá– la crítica.
Veamos, sin embargo, la opinión de un militar contemporáneo que combatió en la guerra de España. Sabido es que los militares italianos y alemanes no ocultaron su disgusto y críticas a los españoles a los que ayudaron. En particular a sus mandos superiores y a su conducción ‘lenta’ de la guerra. Al fin y al cabo, ellos habían luchado en los frentes europeos de la Gran Guerra, maniobrando con grandes masas de combatientes, en tanto los militares españoles solamente poseían –los que la tenían– la experiencia bélica colonial de Marruecos. Además, muchos de estos generales extranjeros amigos lo eran de división –y aun tenientes generales–, en tanto sólo Franco y Queipo habían alcanzado el nivel de divisionarios, siendo todos los demás generales de brigada (como Mola), coroneles ascendidos durante la contienda (como Moscardó y Aranda) o jefes habilitados de generales, sin haber dirigido –ni conocido como subordinados siquiera– operaciones de gran tamaño, con la excepción relativa del desembarco de Alhucemas.
Interesa, pues, el juicio de éstos como profesionales expertos y nada indulgentes, más allá de las exageraciones públicas, obligadas por la cortesía diplomática.
El teniente coronel Emilio Faldella (a) ‘Ferraris’ fue oficial de enlace en el Cuartel General de Franco y jefe de Estado Mayor del CTV en las campañas de Málaga y Guadalajara. Escribió unas memorias de su intervención al término de la guerra que sólo se publicaron en Italia, y en ellas leemos lo siguiente:
“Da quando il mondo aveva saputo che nell’Alcazar di Toledo un grupo di valorosi resisteva all’assedio rosso, l’aspettativa per l’esito dell’impari lotta sembrava dominare lo sviluppo di tutta la guerra, quasi che la capacità del generale Franco a liberare gli eroi, o del governo di Madrid ad annientarli, dovesse constituiré la pietra di paragone atta a stabilire chi sarebbe statto il vincitore della più grande contesa.
“I Nazionali non potevano abbandonare i defensori dell’Alcazar: la marcia su Madrid doveva per forza subire una deviazione verso Toledo; lo chiedeva l’opinione pubblica, lo sentivano i combattenti, e dovette piegarsi a questa necesittà il generale Franco, che pur aveva chiara e ferma idea che la pura ragione militare non sempre può avere il sopravvento sulle esigenze spirituali; diciamolo pure: il generale Franco non poteva agire altrimenti di como agì”[5].
Convertir la marcha sobre Madrid en una simple carrera de velocidad, insistiendo sobre los datos de distancias y tiempos es un error. La guerra es, más que eso, choque entre fuerzas enemigas.
El ejército expedicionario de Franco se cifraba en 12 unidades de tipo batallón tanto inmediatamente antes como justo a continuación de la ocupación de Toledo: 7.000 hombres, si acaso. Se enfrentaba a unas fuerzas superiores numéricamente, cada vez más fogueadas y recias, que, sólo a caballo de la carretera de Extremadura eran 6.264, a las órdenes de Sánchez-Plaza y Mena, el 7-X-36. Y la columna de Toledo, concentrada en asediar el Alcázar, ascendía a otros 5.610 hombres en 23-IX-36 a las órdenes de Burillo[6].
Si Franco hubiera proseguido fijamente hacia Madrid habría dejado a su flanco, casi a sus espaldas, a una fracción considerable, que quedaría libre –y con alta moral– en cuanto consiguiera el aplastamiento final del Alcázar, tremendamente quebrantado ya. En esas condiciones, batir, castigar y dispersar a la fracción más débil del enemigo, antes de volverse contra la principal no parece un error táctico.
4.– ¿Toledo le costó a Franco Madrid?
Aquí ya no se trata de escudriñar cursos alternativos del pasado, sino de más: de dar firmes garantías de los futuribles. Excede con mucho a nuestra capacidad, y aun de las bolas de cristal.
Sólo podemos presentar hechos realmente sucedidos como bases a las extrapolaciones para quien las quiera hacer. Los nacionales entraron en Talavera el 3-IX; tras reorganizaciones, flanqueos y contraataques entraron en Maqueda el 21-IX; es decir, sólo habían cubierto 40 kilómetros en línea recta en 18 días. Está muy claro que después de Talavera el avance encontró otra resistencia diferente y progresó más lentamente que en Extremadura.
De Maqueda al Manzanares mediaban otros 68 km, que, al mismo ritmo, hubieran precisado otros 31 días. Así pues ¿se habría llegado a Madrid sobre el 21 de octubre? Pese a todo el retraso habido, ese lapso de un mes fue el que medió entre la reanudación del avance desde Maqueda (6-X) y la llegada a sus arrabales y el lanzamiento del asalto el 7-XI-36, lo cual no está nada mal, sabiendo que los efectivos republicanos, más que crecer, se multiplicaron tras la pérdida de Talavera. Sin el desvío a Toledo, pero con la reorganización intermedia, nos colocamos en el 27 de octubre, cuando la primera vez que operaron tanques y carros soviéticos fue el 29. Parece, pues, que existió una teórica ventana de oportunidad, pero muy pequeña, para que las fuerzas de Varela intentaran traspasar el foso y talud edificado del Manzanares, que se extendía a lo largo de más de siete kilómetros.
Con un margen tan estrecho no se puede pontificar con la seguridad de la que algunos alardean: el resultado hubiera estado en el alero. Todo hubiera dependido, más bien, de la moral de los defensores: si éstos hubieran prestado resistencia en el casco urbano o lo cedieran huyendo. Porque las mejores fuerzas se diluyen en la lucha de calles aun teniendo superioridad numérica, y no era éste el caso.
Resulta curioso constatar que una crítica en hipótesis planteada por sus colegas militares a Franco terminó convertida por éste en una válida excusa. Y que seguir incidiendo en la cuestión le sigue justificando.
En una entrevista del invierno de 1936 con el periodista portugués Armando Boaventura, publicado por el Diario de Noticias de Lisboa, Franco se explayo así:
“Pero nosotros cometimos un error militar y cometímoslo de propósito. Fue la toma de Toledo la que nos obligó a desviar nuestras fuerzas colocadas en el frente de Madrid. […]
“Si no hubiéramos ido a libertarlos, hubieran sucumbido forzosamente a manos de los rojos, y con ellos la ruina completa de la vieja e histórica ciudad, símbolo de la unidad de Castilla […]
“Fue esa la razón principal por la que, aun con grave riesgo militar, nos desviamos de las posiciones ocupadas que nos permitían entonces apoderarnos de Madrid, para ir en socorro de Toledo y el efecto, como es sabido, fue formidable, no sólo nacional, sino internacionalmente”[7].
En la guerra vale todo, y para explicar la frustración ante Madrid era mejor atribuirla al coste de un gesto romántico, que ganaba simpatías. Hacer hincapié en esto, igual que enfatizar la llegada de ‘los rusos’ y ‘los internacionales’, era mucho más asumible para la propaganda interior que reconocer la verdad. A saber:
Las fuerzas africanas expedicionarias habían alcanzado el límite de su capacidad ofensiva, en tanto que los republicanos consiguieron acumular una masa de defensores muy superior a la atacante, por fin suficientemente organizada –primeras brigadas mixtas–, y con una firme moral de combate. Aspectos estos que ya se venían manifestando a lo largo del mes de octubre en los contraataques a Illescas, Seseña y Torrejón de Velasco. Finalmente, la defensiva del nuevo Ejército Popular, apoyada en un enorme casco urbano había triunfado.
En realidad, la presunta crítica profesional por la liberación de Toledo concluye resaltando un puntal propagandístico de la figura de Franco.
5.– ¿Por qué asumió Franco ese riesgo?
Parece que la respuesta más sencilla deriva de lo anterior. Liberar Toledo estaba en su mano con más facilidad. Posibilidad por posibilidad, Toledo era ‘seguro’ y Madrid no tanto.
Puestos a pensar siempre mal de Franco, aunque sea a costa de hacer de él un personaje incongruente, hay quienes le acusan alternativamente de manifiesta incapacidad profesional y de taimado maquiavelismo (que la exige superlativa), volviendo a cada poco a la acusación que más les cuadra.
Cuando Franco dio la orden específica de marchar sobre Toledo (24-IX) ya habría sido elegido Generalísimo (21-IX) aunque no se hubiera publicado. Por otra parte, si de acumular bazas por el poder se tratara, mayor punto sería haber tomado la capital de España que liberado el Alcázar.
En cuanto a que deliberadamente perdía tiempo para prolongar la guerra y asentar un poder omnímodo sobre un país exhausto, tal creencia le sitúa en un nivel de conocimiento del futuro y certeza apodíctica de su victoria que alcanza lo preternatural. Así le endiosan, sin querer, sus enemigos.
Cualquier cosa, antes de que Franco pueda decir la verdad o tener la razón. Y menos, las dos cosas juntas.
Ante Kindelán, Franco esgrimió factores morales que consideró de suma importancia en la guerra, y más en una guerra civil de motivaciones ideológicas. Hoy se considera que tuvo que mentir, que le guiaba una maquinación egoísta y, encima, que erraba.
Es cierto que Kindelán llegó a escribir que “A partir de Navalcarnero o Méntrida [¿Maqueda?] las operaciones dejaron de ser regidas por el Arte Militar […] cerramos los tratados de Táctica y abrimos el gran libro del corazón”[8], lo cual puede ser correcto, pero sin duda es exagerado. Máxime, cuando algunos quieren retrotraer la censura a las decisiones de desviarse a Toledo y reforzar el socorro a Oviedo.
Sucede que ante estos dos asedios Franco actuó de acuerdo con su experiencia africana y el espíritu legionario: no abandonar jamás a un hombre aislado. Y ahora se trataba de guarniciones numerosas.
Tan heroicas defensas merecían de por sí auxilio; además, el factor sentimental coadyubaba: el Alcázar era la Academia en que él había estudiado, y Oviedo, uno de sus destinos y ciudad de su esposa, no podía dejar de ser socorrida como ya lo había sido en 1934 en operación coordinada por él.
Finalmente, en África Franco ya había realizado operaciones de auxilio a posiciones cercadas, importantes desde el punto de vista militar y psicológico. Y también había visto otras frustradas por falta de decisión superior:
––– El 24-VII-21 fue casi el primero en llegar con su bandera a Melilla, tras el desastre de Annual. Pero luego hubo de asistir a la decisión de una junta de generales que consideraba imprudente intentar el rescate de las posiciones que seguían resistiendo[9]. Esto último era una poderosa y profunda lección por vía negativa.
––– En cambio, en agosto de 1923, tuvo un papel decisivo entre los fuertes contingentes de tierra e Infantería de Marina, con apoyo aéreo y naval, que consiguieron romper el poderoso asedio de Tifarauin, posición a la que se le comunicó su nombre como garantía del socorro[10].
Franco había asistido a todo ello como protagonista y en vanguardia. Se comprende que le dejara una huella profundísima. Su biógrafo Hills ha sabido percibir y resaltar este aspecto en su decisión de conversión sobre el Alcázar y también en la de socorrer Teruel[11]. [F 067]
Al conocer la persistencia de la defensa del Alcázar, Franco había enviado inmediatamente un mensaje por avión: “iremos a socorreros”. Que no se sintiera obligado en última instancia en la fidelidad al régimen, no implica que no se considerara atado por otras promesas, en particular a sus compañeros de milicia. Y si a los cuatro días de la liberación pudo presentarla como una muestra de que los militares sabían cumplir sus promesas, lo que implicaba que sabrían cumplir las ulteriores[12], no es necesario inferir que se desvió a Toledo sólo por añadir ese argumento a su arsenal propagandístico. El compromiso con los compañeros sitiados, sin más, tuvo que estar presente en su decisión.
6.– Desdeñar la ponderación de los factores morales en la guerra supone incurrir en la misma simplificación materialista que tan cara costó a los norteamericanos en Vietnam.
Ante una defensa heroica en el más estricto sentido, gloria de las armas españolas, merece detenerse un poco más y recoger la glosa del general Casas de la Vega:
“La resistencia llevada a sus últimas consecuencias trasciende su propio ámbito y crea un ambiente de total confianza en el triunfo final. Pero una confianza razonada, seria, incontrovertible.
“No es poco. Hay en ello un ejemplo al cual se van a referir los hechos sucesivos. Como el Alcázar, bien; menos que el Alcázar, mal. Quizá cobardía, quizá traición. El Alcázar establece el arquetipo propio del Ejército nacional. El límite del valor y el sacrificio exigibles.
“Pero aún es más. El del Alcázar es el camino cierto, seguro, probado, para la victoria. Pudimos hacer aquello, podremos hacer lo que sea hasta vencer. El enemigo se propuso y no pudo vencer; análogamente, en el futuro tampoco podrá hacer lo que se proponga”[13].
La liberación del Alcázar no fue sólo una victoria propagandística, sino que tuvo relevante repercusión en los frentes en repetidas ocasiones: contribuyó sin duda a forjar las pequeñas resistencias decisivas de las batallas de Brunete y Belchite (no sólo de esta población, también de Codo y Quinto), y también la defensa de Teruel, injustamente denostada ¡por no haber llegado a tiempo el rescate después de tres semanas! Y muchas otras defensas numantinas, desde las aragonesas Gavín, Albarracín o la Muela de Sarrión, a las extremeñas sierras Trapera y Mesegara en I-39.
Una minucia más. Discusiones sin fin aparte, parece que la liberación del Alcázar de Toledo resultó una victoria táctica absoluta, que permitió dar un final feliz a una gesta heroica de alcance mundial. Si el criterio de Franco, criticado después, e incluso entonces, lo decidió, parece justo recordar que, ante todo, fue una victoria importante y exclusiva de Franco (como el paso del Convoy de la Victoria) para su palmarés. Eso es lo seguro, y lo demás, opinable (y no con demasiada razón).
En el caso del socorro a Oviedo la decisión de Franco se explica bien por tratarse de una entera capital de provincia, que ya había sufrido asedio dos años antes y había sido liberada bajo su dirección. Se trataba de culminar la repetición de la estrategia de 1934 dirigida por Franco: liberar Oviedo con fuerzas africanas (pero ahora sin disponer del mar), en un terreno mucho más dificultoso que el valle del Tajo y con fuerte enemigo de muy alta moral.
Su influencia en la marcha sobre Madrid no es tanto la de un retraso de las columnas operantes cuanto una notable detracción de fuerzas.
Al comenzar octubre, la columna expedicionaria sobre Madrid contaba sólo con 13 unidades africanas (7 tabores de regulares, 4 banderas legionarias, la Harka del Rif y la Bandera de Falange de Marruecos). A Oviedo se destinarán la mayor parte de las unidades marroquíes que cruzaron el Estrecho en barco tras el combate de cabo Espartel (29-IX): nada menos que 5 tabores de Regulares y 4 de Mehala[14]: en total 7/9 unidades[15].
La simultaneidad que se ha señalado del contacto con los cercados ovetenses y el nuevo avance del ala derecha expedicionaria (17-X) no es relevante, eran operaciones totalmente independientes. Lo importante es observar que, en esa fecha, Varela cuenta con 4 banderas de la Legión y 7 tabores de Regulares y que en Asturias combaten 1 bandera y 6 tabores, más las Mehalas. Más se aprecia una división de fuerzas casi equilibrada (hacia Oviedo marcharon el 40% de esas 18 unidades del Tercio y Regulares) que la pertinente concentración de esfuerzos, guiada por la ambición de poder focalizada en Madrid.
Y esa apreciación debe completarse con la consideración del despliegue de los efectivos aéreos nacionales.
En la primera quincena de octubre, aparte de los aviones de preguerra, la fuerza ofensiva nacional se basaba en 8 bombarderos S-81 italianos y 18/20 Ju-52 alemanes, la mitad de estos con tripulación española, que habían ido pasando de los servicios de transporte del Puente Aéreo a operar como bombarderos. Ese número creciente de trimotores había cubierto en general la marcha de las tropas africanas desde Sevilla hasta Toledo, intercalando ataques a Madrid y sus aeródromos.
Pues bien, al aeródromo de León se fueron incorporando para actuar en la liberación de Oviedo 3 Ju-52 españoles el 9-X, otros 3 el 13-X y había ya otros 2 más el 15-X; el día 16 se les añadieron 3 Savoia S-81. Como es propio de la Aviación, estos aviones retornaron enseguida a los aeródromos del Tajo entre los días 18 y 21. Sin embargo, brevemente, y coincidiendo con la pausa en el avance después de Toledo, la columna Madrid se quedó, por causa de Oviedo, con los bombarderos que la apoyaban reducidos a la mitad[16]. En cuanto a los cazas importados, a principios de octubre los nacionales habían recibido en la Península 15 Heinkel He-51 y 21 Fiat CR-32, de los cuales restaban 14 y 18, no todos en servicio. Como de esa treintena se afectaron temporalmente a Asturias 6 He-51 (que ascendieron a 8 el 29-X) y 3 Fiat con pilotos españoles (que ascendieron a 15 aparatos el 18-X), vemos que parte muy considerable llegó a ser detraída del avance hacia Madrid coincidiendo con la pausa en el avance.
Desde el punto de vista de los efectivos, terrestres y aéreos, los socorros in extremis al Alcázar y Oviedo, que en el tiempo se encadenaron, comparten la responsabilidad de la interrupción del avance sobre Madrid. No es justo ni exacto cargarlo todo en exclusiva al desvío hacia Toledo. De todos modos, el socorro a Oviedo también fue una elección de Franco como jefe –ahora Generalísimo– y se le podría objetar lo mismo: debió abandonarlo a su suerte también y centrarse exclusivamente en el objetivo principal. Claro que así se doblarían con seguridad las derrotas y posiciones perdidas, y la repercusión moral de Oviedo, como ciudad entera y como culminación de lo que los revolucionarios no habían conseguido en 1934, hubiera sido mucho más negativa en España.
Incidir sobre el caso de Oviedo es corroborar las intenciones de unos y de otros al tratar del desvío hacia Toledo, porque la decisión en Asturias se tomó y se ejecutó cuando Franco ya era Generalísimo y no necesitaba ‘marcarse puntos’ para conseguirlo: parecería, pues, que su finalidad de socorrer era primaria, puesto que volvió a manifestarse en Oviedo cuando –Generalísimo ya– podía no haber desviado esas fuerzas de Madrid. En cambio, para los críticos a Franco (en uno u otro bando) prescindir de fuerzas tan considerables, que bien se deben apuntar en las causas de no entrar en Madrid, apenas interesa, pues por la fecha no sirve para apuntalar el infundio de la ambición a cualquier precio, sino brindarle la aureola del compañerismo.
Con todo lo dicho, y pese a cuanto pueda sugerir La Cierva respecto a la elección de Salamanca, Franco no compareció nunca en el frente del Nalón, aunque más tarde sí le veremos en Astorga o en la liquidación del Consejo Soberano astur. Pero eso no es óbice para afirmar que veló con atención por la suerte de Oviedo: concentró su atención directa en el objetivo madrileño, pero envió con las fuerzas liberadoras a dos colaboradores de su máxima confianza, el general Orgaz –otra vez– y Martín Moreno.
El nuevo puesto
El 1º de Octubre Franco pernoctó en Burgos después de su alocución por Radio Castilla a las diez y media de la noche, colofón de una intensa jornada de trabajo.
Al día siguiente (2-X) regresó a Cáceres en trimotor a las 09:15[17], para levantar su Cuartel General.
Pero el 3-X-36 volvió a Burgos sobre las 12:30 en avión[18], pasó el domingo 4 entero en Burgos[19], y el lunes 5-X-36 se estableció en el palacio episcopal de Salamanca[20]. Entre medias, Maíz sitúa dos entrevistas con Mola, que debemos reducir a una[21].
Como Generalísimo, es ahora Franco quien recibirá en Salamanca visitas de generales, muchas en avión. Son frecuentísimas las de Mola, y por la hoja de servicios de Haya constan las de Queipo de Llano (17-X y 16-XI). Se pueden recordar también reuniones con mandos aéreos y navales, nacionales o extranjeros. Para nuestro propósito, estos datos tienen también su importancia, porque, si no nos informan de movimientos de Franco, al situarlo en su Cuartel General nos ayudan a despejar la duda de si en esa fecha hubo viajes no detectados[22]. A la postre nuestras lagunas no son en este periodo tantas.
La larga permanencia del Cuartel General del Generalísimo en Salamanca (casi un año) puede dividirse en tres periodos:
––– Los seis meses del invierno centrado en Madrid (X-36 / III-37);
––– La primavera de la campaña de Vizcaya, hasta la muerte de Mola (III-37 / 3-VI-37),
––– Y la continuación de la campaña del Norte, con el paréntesis de la batalla de Brunete, en que Burgos se va convirtiendo de hecho en la sede del Cuartel General, aunque el traslado no se completa formalmente hasta el 13-VIII-37.
––– Intercaladas, existen varias circunstancias políticas que exigirán que el Generalísimo se desplace a retaguardia o permanezca en ella determinadas fechas.
Las fuentes y sus lagunas
Hasta su investidura como Generalísimo, Franco se había hecho presente en primera línea con gran frecuencia. Al fin y al cabo, la columna de Madrid era de su incumbencia única y directa (además de supervisar la base marroquí) y ese frente era mucho más corto que el de cualquier otro general nacional.
Nos interesa saber ahora si con la asunción de las responsabilidades de General en Jefe para toda España, y puesto que Salamanca distaba más del frente toledano y éste se alejaba un poco más cada día, Franco siguió acercándose al frente como antes o no. La columna de Madrid, que ahora sí es un verdadero ejército expedicionario, no es ya de su incumbencia única y directa: Varela al frente de ella, en coordinación con Saliquet, jefe de la 7ª División, dependen, a su vez, de Mola.
Precisamente, para el trimestre final de 1936 su ayudante, Franco Salgado, no aporta ni un solo dato. Encima, tampoco parecen sostenibles, por sugestivas que resulten, las afirmaciones de La Cierva de que Franco firmó órdenes de operaciones en Navalcarnero o que asistió al asalto de Madrid el 7 de noviembre desde el palacio de San José de Valderas[23] [F 068]. En cuanto a situar en ese palacio el puesto de mando del frente madrileño, peca de anacronismo: fue posterior. En noviembre Varela asentaba su cuartel general en Yuncos y su puesto de mando avanzado en Leganés y, en ocasiones, Cuatro Vientos[24].
Y, sin embargo, la ausencia de viajes al frente durante quince días seguidos (entre el 3 y el 17 de noviembre), precisamente en el momento que se esperaba culminante de la campaña, el asalto a Madrid, parece en principio poco verosímil. Se ha de tratar más bien de una laguna en nuestras fuentes, donde cabe suponer más de una aproximación desde Salamanca, pero no podemos concretarla, ni menos contabilizarla.
Y es que solamente podemos apoyarnos en:
––– La relación indirecta de sus viajes, que procede de confrontar las entrevistas de Mola con Franco: véanse la relación de B. Félix Maíz y el diario de los viajes de Mola confeccionado por su ayudante, entonces comandante Emiliano Fernández Cordón[25]. En el caso de Maíz aceptaremos en principio todas sus afirmaciones, aunque nadie las corrobore, excepto en los casos en que razonadamente debamos darlas por erróneas.
––– Y diarios de vuelos de aviadores que conste hayan transportado a Franco. En el caso del capitán Haya existen muchos otros vuelos de transporte en los que consta condujo a otros generales, como Mola, Queipo, Kindelán e incluso Cabanellas, sin que se detecten más posibilidades que las ya dichas de que coincidiera con Franco, incluso sin decirlo.
Como punto de partida, suponemos que en sus desplazamientos aéreos Franco empleó siempre aviones grandes y seguros; no pequeños aparatos de enlace, en los que habría tenido que ser el único pasajero, sino el DC-2 o los trimotores Ju-52, diseñados para el transporte, aunque en España se emplearan para el bombardeo.
Entre 1973 y 1974, el entonces comandante de Ingenieros de Aeronáutica Jesús Salas Larrazábal publicó una serie de ocho artículos entre los números 391 a 399 de la Revista de Aeronáutica y Astronáutica sobre el “Historial de los Junkers Ju-52”. En ellos proporcionaba los nombres de casi todos los tripulantes de esos trimotores, del piloto al último, según se iban incorporando a las escuadrillas, y el encuadramiento de tripulantes y aparatos en ellas. Esto nos ha facilitado sobremanera la búsqueda, orientándonos hacia unas docenas de oficiales que pudieran haber desempeñado la función de pilotos de Franco.
En concreto, con la solícita e inapreciable ayuda de D. Eloy Blanco, técnico de archivos y responsable del Área de Referencias del Archivo Histórico del Ejército del Aire, hemos consultado las hojas de vuelo de los 74 pilotos siguientes:
| Alonso Pimentel | Francisco | Marchenco Larinof | Vsevold | |||||
| Álvarez Pardo | José | Martínez Culler | Ángel | |||||
| Andrés | Julio | Martínez Vara de Rey | Fernando | |||||
| Ansaldo | Cayo | Mas Juan de Ayelo | Abel | |||||
| Ansaldo Vejarano | Joaquín | Mazarredo Trenor | Rafael | |||||
| Atauri Manchola | Pedro | Mendizábal Amezaga | Rafael | |||||
| Atienza Benjumea | Pablo | Millas Prendergast | Luis | |||||
| Avilés Bascuas | José | Montel Touzet | Arturo | |||||
| Belmonte de Viguera | Rafael | Muntadas Salvadó de Prim | Carlos | |||||
| Bengoechea Bahamonde | Luis | Nadal | Enrique | |||||
| Benjumea Lora | Pablo | Navarro Garnica | Luis | |||||
| Calderón Gaztelu | José | Osborne Vázquez | José María | |||||
| Carrillo Durán | Alfonso | Palacios Martos | Francisco | |||||
| Cayo Rodríguez | Pablo | Pardo-Pimentel Gamazo | Cándido | |||||
| Conejos Manén | Ricardo | Pardo Prieto | Luis | |||||
| Díaz de Rivera | Jaime | Penche Martínez | Máximo | |||||
| Díaz Trechuelo | Francisco | Pérez | Lisardo | |||||
| Domenech y Ramírez de Arellano | Jesús | Prado Castro | Eduardo | |||||
| Fernández Matamoros | Álvaro | Presa Alonso | Manuel | |||||
| Flores Solís | Fernando | Puga | Augusto | |||||
| Gallo Ruibérriz | Luis | Ragosin Deijman | Nicolás | |||||
| Gil Delgado y Armada | Álvaro | Ramos | ||||||
| Gil Mendizábal | Vicente | Recuenco Gómez | Francisco | |||||
| Gómez Martín | Gregorio | Rodríguez y Díaz de Lecea | José | |||||
| Gómez Trenor | Juan Antonio | Romero Ruiz | Manuel | |||||
| Gross Huertas | Eugenio | Rueda Ureta | Antonio | |||||
| Guerrrero López | Ricardo | Ruiz de Alda | Eustaquio | |||||
| Hernández Díez | Ángel | Rute Villanova | Carlos | |||||
| Higuero y Pérez de Vera | Rafael | Salvo Safont | José | |||||
| Ibarra Bergé | Ignacio María | San Juan | Ananías | |||||
| Jack Caruncho | Eugenio | Sanchiz | José | |||||
| Kindelán Núñez del Pino | Alfredo | Segovia Martínez | Quintín | |||||
| Kindelán Núñez del Pino | Ultano | Serra de Pablo Romero | Carlos | |||||
| Larios Fernández Villavicencio | José | Taillefer | Francisco | |||||
| Larrauri Mercadillo | José | Ureña y J. Coronado | Mario | |||||
| Lezama Leguizamón | Fernando | Villalobos Gómez | Antonio |
Los resultados no han sido demasiado satisfactorios: además de Haya, sólo hemos encontrado menciones a viajes conduciendo a Franco en los expedientes de los pilotos Bengoechea, Guerrero, Larrauri, Navarro y Ureña[26].
Hay que explicar las limitaciones del rastreo y de la escasez de resultados en el mismo.
Muchos expedientes personales no resultan útiles, porque carecen de las hojas de vuelo de 1936 y 1937, sobre todo –aunque no sólo– aquellas de pilotos caídos después en combate a los que se incoó ascensos o recompensas póstumas. También hay hojas de servicios de una vaguedad sorprendente, que apenas aluden a la unidad en las que se realizaron cierto número de servicios y de horas de vuelo cada mes. Y las hay que aluden a servicios de transportes o viajes sin alusión expresa a Franco. Por eso creemos muy posible que alguno más, del amplio conjunto de pilotos rastreados, condujera a Franco en más de una ocasión, se registrara o no, aunque no nos haya llegado la documentación pertinente. Se trataría, incluso, de vuelos cuya fecha y destino sí conocemos por otras fuentes.
Las posibilidades lógicas que se abren a resultas del rastreo son:
––– que no hubo más vuelos que los localizados;
––– para aceptar que realizó más vuelos deberíamos admitir:
o que alguno de los pilotos investigados, habiendo pilotado para Franco, no lo hizo constar en sus hojas de servicio y de vuelo (vistos otros expedientes, sería raro, pero no imposible);
o que no ha quedado documentación de ellos por las Hojas de servicio custodiadas en el AHEA, pero cabe su aparición en otros archivos no rastreados;
o que le condujeran pilotos ajenos a las plantillas de las escuadrillas de Ju-52, ya fueran del Ejército, de la Armada o civiles militarizados, e incluso extranjeros (posibilidad que no creemos verosímil, aunque conozcamos un caso excepcional), en cuyo caso debería haber existido un aparato reservado para su servicio, que no nos consta;
finalmente, cabe la posibilidad de que cuando Mola se reunía con Franco en su avión y proseguían viaje juntos (como en el caso de Astorga) lo hicieran en el avión de Mola, pero tampoco disponemos de la Hoja de Servicios de Navarro, piloto de aquél y muerto con él.
Entre tanto, lo posible y más prudente es que el resto de los desplazamientos no indicados expresamente como aéreos, y los otros que pudieran haber sucedido y no hemos detectado, los consideremos efectuados por superficie (es decir en automóvil, porque no parece que empleara nunca el ferrocarril).
Para cerrar este tema, hagamos alusión a las fuentes gráficas.
En realidad, de pocas fotos por sí mismas se puede garantizar el lugar o la fecha, ni aun los retratados. Sólo si aparece algún monumento conocido o personaje reconocido.
El invierno ante Madrid
Objetivo Madrid
Con esas fuentes, proponemos la siguiente relación de viajes tempranos del Generalísimo, que casi todos son visitas a los frentes. Indicaremos el medio empleado si consta o lo reseñaremos como medio indefinido (y vuelo posible) en caso contrario:
Con Franco iniciando su gestión como Generalísimo, con todo se registran cuatro viajes suyos desde Salamanca en octubre:
––– 10-X-36. Entrevista con Mola en Valladolid, según la relación de entrevistas de Maíz. Transporte no conocido.
––– 18-X-36. En la jornada viaja a su antiguo cuartel general de Cáceres; sabemos de este viaje por la hoja de vuelos del mes de octubre del capitán Haya, que lo indica expresamente. El viaje no se relaciona con su antiguo cuartel general, sino que tuvo por objeto revistar a las incipientes fuerzas acorazadas en el castillo de las Arguijuelas: la Compagnia Legionaria Carri d’Asalto (con CV-35), que salió a continuación para el frente, y las dos compañías que integraban el Batallón de Carros Ligeros de Combate (dotado con Pz-I), que ese día se constituía. [F 070]
Justo cuando Franco alcanza el rango de Generalísimo, el capitán Haya fue dejando de volar con ‘su’ Douglas para él. Hasta el 18-X había operado fundamentalmente por Marruecos y Andalucía, haciendo constar entre sus pasajeros al Gran Visir, a Queipo de Llano y a las Hermanas de la Caridad. Luego, después de llevar a Kindelán de Salamanca a León, no reaparecen misiones de transporte (excepto para Queipo de Llano), sino de bombardeos nocturnos, suministros al Santuario y diversas pruebas, o vuelos en monomotores, con centro en Sevilla. Y así seguirá, centrado en Sevilla hasta el 16-I, como veremos.
En el resto de enero y febrero de 1937 predominan las misiones de aprovisionamiento a Santa María de la Cabeza y transportes de Queipo, salvo otro vuelo con Franco el 19-II. La relación con Franco se ha hecho excepcional y se cerrará con el vuelo desde Sevilla de 3-IV. No extrañará que, al cabo de un tiempo más, terminara sustituido formalmente en el puesto oficioso que tuvo al principio de la guerra.
––– 24-X-36. Entrevista con Mola en Talavera, según la relación de entrevistas de Maíz. No nos son conocidas las circunstancias exactas del viaje.
Puesto que Jesús Salas Larrazábal afirma brevísimamente que “El 23 [de septiembre] Bengoechea llevó a Franco a Burgos”[27] y tal viaje es imposible (con toda probabilidad estaba en Maqueda y su presencia en Burgos habría sido bien notada, tanto en septiembre como en octubre) sugerimos que, por la coincidencia de piloto y casi de fecha, se relacione con este viaje en particular de un mes más tarde (ya vimos la indefinida anotación en su hoja de servicios).
Por otra parte, el 14-X-36 figura un vuelo de transporte de Haya desde Salamanca a Talavera y vuelta. Cabe de nuevo la posibilidad de una errata, ahora en la fecha: 24 por 14.
––– 29-X-36. Entrevista con Mola en Navalcarnero, según la relación de Maíz[28]. Esa jornada había sido la del enérgico contraataque republicano por Seseña, que sorprendió desagradablemente a los nacionales por su vigor y el nuevo material exhibido, bien que fuera finalmente rechazado. El transporte empleado no nos es conocido.
Llegado noviembre, el mes del ataque directo a Madrid, anotamos otros cuatro viajes: dos a y otros dos a Torrijos y Leganés.
––– Vuelos del 2-XI-36, con Ureña como piloto, hasta Torrijos-Barcience y vuelta, según explicamos suficientemente en la primera parte de este trabajo. A estas fechas, si no a ese viaje en concreto, han de aplicarse las líneas finales de este párrafo aportado por Martínez Bande[29]:
“Hills cuenta que el entonces comandante don Antonio Barroso, del Cuartel General del Generalísimo, le refirió una conversación suya con Franco, en la que le puso los máximos reparos al ataque a Madrid: «No se puede hacer; no tenemos fuerza. Es una empresa desesperada». A lo que Franco respondió: «Dejemos que Varela lo intente. Siempre ha tenido mucha suerte. La conquista de Madrid es, psicológicamente, muy importante». A Varela Franco le había dicho antes: «Siempre tienes suerte. Haz un intento por tomar Madrid. Si nos damos prisa aún podemos conseguirlo»”.
––– El 18-XI Franco conferencia en Ávila con Mola[30]. Transporte no conocido.
Habían transcurrido dos semanas de forcejeo frontal para no conseguir sino alcanzar el Manzanares en un mínimo tramo por la Casa de Campo y se está luchando denodadamente para ocupar algunos edificios de la Ciudad Universitaria; todavía se emplearán esa jornada y la siguiente para completar el dominio del Hospital Clínico.
Ciertamente, sorprende mucho que Franco no se hubiera acercado al frente de Madrid durante más de dos semanas, precisamente en los momentos del asalto decisivo: hay que subrayar que cabe siempre que hiciera más viajes que estos que hemos localizado[31].
––– A mediodía del 23 de noviembre[32], en Leganés, Franco se reúne con Mola, Saliquet y Varela y los respectivos jefes de Estado Mayor. El viaje tuvo lugar en automóviles salidos el día anterior de Salamanca y presumiremos que el regreso fuera por los mismos medios, quizá ya el día 24.
Habían transcurrido dos semanas de forcejeo frontal para no alcanzar sino el Manzanares en un mínimo tramo por la Casa de Campo y para ocupar denodadamente algunos edificios de la Ciudad Universitaria. Y se decide por fin abandonar el ataque directo a Madrid[33]. [F 070 bis]
En consecuencia, se van a intentar sobre Madrid, sucesivamente, tres operaciones todavía: el avance por el flanco izquierdo (se requerirán tres tentativas para tomar Boadilla, Pozuelo y la Cuesta de las Perdices), por el flanco derecho (intento de cortar la carretera de Valencia; dará lugar a la batalla del Jarama) y de revés desde el lejano frente de Sigüenza (será la batalla de Guadalajara)[34].
Después de intentarlo de frente (para mayor brevedad e invocando la suerte) y de perseverar reiterando esfuerzos, Franco desistió y cambió sus planes. En una posición parecida, Hitler se obstinó en proseguir el ataque frontal y en punta a Stalingrado, ofreciendo largos flancos poco cubiertos. Para Mola, interesado en reactivar el frente vasco cuanto antes, parece que ni siquiera se deberían haber intentado las subsiguientes operaciones que vamos a ver, a pesar del mal trazado del frente alcanzado, del que posiblemente habría sido preciso retirarse parcialmente, de haber cesado todos los intentos por Madrid en noviembre.
De todos modos, para esa fecha Franco ha obtenido una victoria ¡sobre sus aliados! Alemania e Italia habían ofrecido el reconocimiento diplomático en cuanto hiciera su entrada en Madrid. Pese a no conseguirlo, habiéndose comprometido aquéllos ya mucho, y ante la aparición de las Brigadas Internacionales, dan el paso oficial el 18 de noviembre. Es una diferencia considerable el crédito que merece ahora Franco si lo comparamos con el también fracasado D. Carlos María Isidro ante Bilbao un siglo antes. A partir de ese momento podrán llegar la Legión Cóndor y el CTV (Corpo di Truppe Volontarie), pues hasta entonces los auxilios recibidos se limitaban a cierta cantidad de aviones y a tres compañías de carros de combate ligeros, de una y otra procedencia.
Se ha escrito una verdad que sugiere una falsa relación de causa – efecto. Se eligió mando único para ganar la guerra y, precisamente después de elegido, los grandes avances cesaron, vino el fracaso ante Madrid y los triunfos no reanudaron sino a los cinco meses en Málaga. Hechos ciertos, interpretación sugerida falsa.
El gobierno de Largo Caballero había procedido a iniciar una organización militar y a disponer de los recursos armamentísticos recibidos: el contrario de Franco no era pasivo, se reforzaba y disputaba la victoria. A igual evolución, sin Generalísimo o con otro, los nacionales no parece que hubieran dejado de estrellarse ante Madrid. La existencia del mando único permitió entonces la reorganización militar para una guerra larga, con la que consiguió imponerse. Es más que dudoso que el mando colectivo (una junta, tan grata a Cabanellas y a los críticos), hubiera sido capaz de superar aquel invierno adverso. Tener mando único consiguió superarlo a la postre, no sin dificultad.
Sigamos nuestro itinerario de Franco:
––– 29-XI-36. Entrevista con Mola en Ávila, según la relación de entrevistas de Maíz. Medio de transporte no conocido.
Llegado diciembre, las conferencias con Mola en el cuartel general salmantino y las visitas al frente aumentan:
––– 7-XII-36. Nueva entrevista con Mola en Ávila, según la relación de Maíz. Tampoco el transporte nos es conocido.
––– El 11-XII-36 Franco y Mola, se entrevistan con Varela, esta vez en Navalcarnero[35]. Asegurar el más amenazado de los flancos de la flecha del Ejército Expedicionario ya era vital. El primer intento apenas había conseguido un avance minúsculo. Como consecuencia de esta visita Martínez Bande escribirá: “El 13 de diciembre el general Varela redacta –siguiendo directrices superiores– una orden…”[36] para el corte de la carretera de La Coruña. Pero la operación, la ‘batalla de la niebla’, apenas conseguirá posesionarse de Boadilla. Transporte no conocido.
––– 19-XII-36. Entrevista con Mola en Burgos, según la relación de entrevistas de Maíz.
Resultaría interesante conocer el motivo de este desplazamiento en sábado a la capital formal de la España nacional, que no dejó rastro en el Diario de Burgos aparecido esa fecha ni el lunes (era diario vespertino como sabemos)[37] ni en alguna disposición importante del Boletín Oficial del Estado aparecida en días inmediatos.
No siendo aparentemente muy seguro este viaje, menos noticia aún poseemos del medio por el que hubiera viajado Franco. Ahora bien, si atendemos a la relación de Maíz, Franco y Mola se reunieron en cuatro lugares diferentes a lo largo de cinco días (del 18 en Salamanca al 22 en Ávila); resulta tentadora la idea de que estuvieran viajando juntos, resolviendo diferentes cuestiones.
––– 21-XII-36. Entrevista con Mola en Navalcarnero, según la relación de entrevistas de Maíz.
––– 22-XII-36. Entrevista con Mola en Ávila, según la relación de Maíz.
A estos dos viajes se les aplica lo que avanzamos: aunque el transporte no nos es conocido, parece probable que viajara en compañía de Mola. ¿Hubo un solo viaje por parte de Franco, Salamanca – Navalcarnero – Ávila – Salamanca? No sabemos.
Nos produce sospecha que Torres no acoja estos dos viajes y afirme otros dos sin aportar la fuente: 28-XII, Ávila y 30-XII, Navalcarnero: una pareja de viajes que podría ser eco de esta otra, con error de fechas.
––– En retaguardia, el 29-XII obtiene Franco otra preciosa victoria diplomática: el cardenal Gomá le presenta en Salamanca sus credenciales vaticanas como representante confidencial y oficioso.
El invierno y la lucha prosiguen, pero entra 1937. En enero de ese año registramos otros cuatro viajes de Franco desde Salamanca:
––– El 2-I-37 se presenta en Griñón[38]. El desplazamiento de Franco atiende a dos circunstancias: el día de Navidad Varela ha sufrido tres heridas por fuego de carro T-26, con pronóstico muy grave (le valieron el título de Caballero Mutilado). Franco le visita en el hospital del propio Griñón, pero también atiende a la inminente operación sobre la Cuesta de las Perdices, al NW de Madrid, que se desencadenaría al día siguiente.
La anterior circunstancia explica que el siguiente viaje, recogido de la hoja de servicios del ayudante del Caudillo, no pueda constar en las actividades de Varela, todavía convaleciente[39]:
––– 11-I-37. Viaje a Navalcarnero que coincide con el final del avance proyectado y el comienzo de los contraataques en el sector de la carretera de La Coruña. En la Hoja de vuelos del capitán Haya constan ese día los vuelos de Salamanca a Escalona y de Escalona a Salamanca, figurando para este último la anotación entre paréntesis “con el Generalísimo Franco”, que entendemos válido para los dos, aunque Franco Salgado sólo se refiere a vuelo para la vuelta. De paso nos está informando del aeródromo del que se servía la comunicación aérea a Navalcarnero.
––– 16-I-37. Entrevista con Mola en Ávila, de acuerdo a la relación de entrevistas de Maíz. Según el diario de vuelos de Haya, éste efectuó ese día un vuelo de ida y vuelta de Salamanca a Ávila. Para la ida figura la anotación “Generales Franco y Mola”. Como Maíz sitúa el 14 a Mola en Salamanca, parece que el retorno de éste se demoró hasta esta fecha en el avión de Franco, que volvió a ser el ‘Douglas’.
––– 19-I-37. Este día Franco inaugura solemnemente en Salamanca Radio Nacional de España. Por entonces unos furgones aparcados frente al frontón de San Bernardo con material entregado por Alemania.
––– El siguiente viaje anotado por Franco Salgado para el frente de Madrid corresponde ya, aunque no lo parezca a primera vista, a la batalla del Jarama: el 1-II-37 Franco “se trasladó al frente de Madrid, visitando Navalcarnero, Getafe, Pinto, Parla y Toledo, regresando a Salamanca el mismo día”[40]. No es sino la inspección de las fuerzas y el sector por los que se iba a operar (operación que ya llevaba ocho días de retraso por el mal tiempo y se demoraría otros cinco, conocida como batalla del Jarama), mientras él se trasladaba a Andalucía. Transporte no conocido.
Han llegado los italianos
Durante cuatro meses, desde octubre de 1936 a completar enero de 1937, todos los viajes que hemos rastreado de Franco se han dirigido, con una excepción a Burgos, al frente de Madrid (ni siquiera a las sierras del Centro), con límites extremos en las líneas Valladolid-Ávila y Cáceres-Toledo, pero centrado sobre Navalcarnero – Griñón.
La segunda mitad del periodo salmantino va a ser mucho más amplia en sus movimientos: dos desplazamientos a Andalucía, visitas a los sectores del Jarama y de la División de Soria, y, como novedad absoluta el frente Norte: la visita a Astorga, relacionada con Asturias, y la repetida presencia en Vitoria, centro de la ofensiva sobre Vizcaya.
La muerte de Mola le hará proseguir sus viajes a Vizcaya sin él, pero primero pulsar los otros sectores que habían dependido del Ejército del Norte, con la única y llamativa excepción de Aragón, que no parece haber visitado nunca hasta los días de la batalla de Teruel. Se puede decir que es la estapa en que el itinerario del Caudillo se hace más disperso y muestra una atención más amplia dentro del conjunto de España, porque la característica fundamental de su itinerario es la concentración en un objetivo principal cada vez.
––– Como curiosidad, Franco y su esposa actuaron como padrino y madrina de una boda nobiliaria (martes, 2-II) en la finca de La Alcubilla (municipio de Terradillos pero casi en Mozárbez, Salamanca, a sólo 12 Km de la catedral): la de su reciente anfitrión en Cáceres, Gonzalo López de Montenegro, con María Hurtado de Mendoza[41].
––– En este invierno, que sigue centrado en Madrid, se intercala una visita al frente andaluz:
Aunque Franco toma como oportunidad el desencadenamiento de la fase decisiva de la operación sobre Málaga, Sevilla ya no es la jurisdicción de un igual (Queipo de Llano) en la que se aloja de huésped, sino la primera vez que hace sentir la nueva autoridad sobre su único rival. Viaja el 3-II en avión a Sevilla[42] y, primero (4-II), reconoce el frente donde se acaba de avanzar en diciembre-enero, Guadalquivir arriba con fuerte resistencia hasta Lopera y Porcuna: visita Montoro, Bujalance –sometido en ese momento a bombardeo artillero– y Villa del Río. Al día siguiente (5-II) se hace presente en Antequera, puesto de mando de Queipo para la ruptura del frente malagueño. Queipo de Llano hace hincapié en que no quiso que se diera conocimiento ni se tomaran fotos de dicha presencia.
Y el 6-II regresa a Salamanca[43], pero ha detenido antes en Cáceres para revistar la Bandera de voluntarios irlandeses, que ha gestionado personalmente y en la que depositó expectativas que no se cumplieron[44]. Franco estaba ya en Salamanca en la tarde del 8, recibiendo en el palacio episcopal el homenaje de una manifestación salida de la Plaza Mayor, a la que arengó[45].
––– El avance hacia el Jarama se había lanzado por fin el día 6-II-37. Sin embargo, Franco dirige su siguiente viaje (11-II) a Miranda de Ebro y Vitoria para revistar fuerzas[46]: se trata, respectivamente, de ‘Media Brigada Mixta’[47] y de la brigada navarra del frente. Pernoctó en Burgos, a donde llegó hacia mediodía[48]; en la mañana del día siguiente (12), en Burgo de Osma y Aranda de Duero, revista a los ‘legionarios’ italianos recién organizados en divisiones[49]: estaba intentando poner en marcha el ataque en pinza coordinado con el Jarama que no pudo lanzarse. Y el 13-II regresó de Burgos a Salamanca. Transporte desconocido.
––– El mismo día 13 sostuvo una importante conferencia con Faldella, jefe del Estado Mayor del CTV, sobre al futuro empleo de dichas fuerzas. Se opuso terminantemente a que se emplearan hacia Valencia desde Teruel, por tratarse de la capital republicana en ese momento, que había de corresponder a fuerzas españolas[50].
––– 14-II-37. Entrevista con Mola en Ávila, según la relación de entrevistas de Maíz. Transporte no conocido.
––– Por Franco Salgado no consta que el Generalísimo hiciera acto de presencia en el puesto de mando de Orgaz frente al valle del Jarama (en el caserío de Gózquez) sino el 19-II, tras haber enviado las últimas reservas disponibles. Nos dice expresamente que regresó en avión, pero nada podemos asegurar de la ida. Pudo, pues, observar personalmente los feroces combates por el Pingarrón. En Ciempozuelos se reúnen Franco, Mola, Saliquet y Orgaz para constatar el fracaso estratégico de la operación[51].
Ese mismo día, en su relación, Maíz sitúa en Toledo una nueva entrevista con Mola. El Diario de vuelos de Haya completa la perspectiva de este viaje: Haya había regresado de Córdoba a Escalona ese día con su Douglas, se desplazó a Torrijos para recoger a Franco y le llevó hasta Ávila, para proseguir el 20 a Salamanca; lo más lógico es que la escala se debiera a dejar de camino a Mola en su cuartel general y que Franco pernoctara allí, al no poder continuar el vuelo por la noche[52].
Marzo de 1937:
––– Fracasado el avance propio más allá del Jarama, y a duras penas contenido el contrataque a la cabeza de puente, llega el momento de la batalla de Guadalajara, que se emprendió desfasada en el tiempo con la primera por pura necesidad.
Franco no visitó el frente alcarreño por el que iba a avanzar el CTV, ni el primer día de la ofensiva (8-III), ni los anteriores. Por el contrario, dedicó los días previos a recibir solemnemente la presentación de credenciales de los embajadores italiano, Roberto Cantalupo, y alemán, general Von Faupel (1 y 3-III-37 respectivamente)[53], la cual, por cierto, tuvo lugar en su residencia de Salamanca y no en la teórica capital, Burgos. [F 071]
Y el día anterior a las operaciones (7-III) recibió en su despacho al jefe de las fuerzas italianas, general Roatta para darle instrucciones[54].
Según otra fuente, precisamente en esa jornada Franco viajó a Astorga en compañía de Mola, por medios no definidos, para entrevistarse con Aranda:
“Hoy, 7 de marzo, viaje a Salamanca y en unión con el Generalísimo viaje a Astorga para la conferencia con Aranda […] Hoy se ha celebrado la 52 entrevista con el Generalísimo Franco a partir del día 13 de agosto en que fui a Sevilla por primera vez”[55].
Las dos afirmaciones no son absolutamente incompatibles, porque Franco pudo recibir a Roatta en tanto esperaba a Mola o a su vuelta, igual que puede tratarse de una errata más en la fecha de cualquiera de los dos. Debemos retener dos cosas: la visita de Franco a Astorga desde Salamanca –medio de transporte no conocido–, reafirmada en el posterior libro del mismo Maíz[56], que se explica por la gran ofensiva desencadenada sobre Oviedo y su pasillo desde mediados de febrero de 1937 y que perduraba en esa fecha; y las 52 reuniones mantenidas entre Mola y Franco en un lapso de 207 días –¡casi cada cuatro días de media!– que implican muy posiblemente viajes de Franco no detectados, incluso si Mola, como inferior, fuera el que se desplazara más veces desde el nombramiento de generalísimo.
Ese 7-III-37 Haya voló en el Junkers 22-101 de Salamanca a León, pero prosiguió el día siguiente a efectuar un servicio de reconocimiento sobre la costa cantábrica y no regresó a Salamanca –siempre con este aparato– hasta el día 12, por lo que no parece que condujera él a Franco, o sólo pudo hacerlo a la ida. Nos consta por sus hojas de servicio que hubo otros varios pilotos que ese día realizaron el mismo vuelo. Además de suponer que marcharan en coche, cabe la alternativa de que lo hicieran en el avión de Mola. Ignoramos por ahora más confirmaciones y detalles.
Entre tanto, el 6-III-37, Navarro queda formalmente asignado como piloto del Jefe del Estado. Se incorporó a Salamanca el día 12-III.
El capitán Navarro Garnica había tenido un desempeño de transportes del máximo rango al comienzo de la guerra: el 20-VII recogió en Zaragoza el DH-89 con el que había llegado Núñez de Prado; el 21-VII condujo a Mola de Logroño a Zaragoza y vuelta, y más tarde a Burgos[57]; el 23 condujo a Cabanellas de Zaragoza a Burgos, para presidir la Junta de Defensa Nacional; y los 26-27 efectuó una comisión para Mola en Biarritz. Entre tanto, siempre con el Dragon efectuó vuelos de combate sobre los frentes de Somosierra, Guipúzcoa y Asturias.
A fines de agosto pasó del bimotor De Havilland a un trimotor Fokker, cumpliendo misiones de bombardeo sobre los frentes cantábricos. Y a fines de septiembre se hizo cargo en Sevilla de la formación de una escuadrilla de Ju-52 con la que participó en los combates del frente de Madrid.
Acabando el año, ascendido a comandante, toma el mando del grupo de Breguet de Granada, participando en la primera fase de los avances sobre Málaga.
Volviendo a la batalla de Guadalajara, sólo el 15-III, atascado en Trijueque el avance inicial, hizo acto de presencia en el sector el Generalísimo (transporte no conocido, aunque el mal tiempo no abona un viaje aéreo), que conferenció en el ayuntamiento de Arcos de Jalón (no el de ahora) con el mando italiano (Roatta), Mola y Kindelán[58]; el 16 regresó a Salamanca tras pernoctar en Burgos. Pero cuando la batalla de Guadalajara se tuerza definitivamente (18-III), Roatta estará conferenciando con Franco en Salamanca[59]. Franco Salgado nos informa, más exactamente, que anteriormente se había trasladado al frente de Madrid[60].
“El día 17 salió para Ciempozuelos, acompañando a S.E., pernoctando en Navalcarnero. El día 18 salió para Boadilla del Monte acompañando a S.E. presenciando las operaciones que se desarrollaban en este sector”[61].
Obsérvese que se mezclan en el viaje dos finalidades algo distintas: visitar el sector recién detenido del Jarama (que no había podido conjugar un nuevo ataque con los italianos) y reconocer el lugar de los combates del mes de enero. Ese día 18-III coinciden en volar (¿quizá en el mismo avión?) de Salamanca a Escalona de Toledo y vuelta, tanto Haya como Navarro. Éste último anota que realiza el servicio en el Douglas, en tanto que el primero menciona expresamente el transporte de Franco. Resulta atractivo suponer que, para este primer servicio al Caudillo, el anterior piloto de éste le acompañara.
En principio, no sabemos cómo llegara el día anterior al frente de Madrid, pero sí proponemos otra suposición razonable: atendiendo a la relación de Maíz, que coloca cinco entrevistas de Mola y Franco (tanto en Salamanca como fuera de ella) en seis días (14 a 19), puede pensarse que los dos marcharon juntos (o al tiempo) desde Salamanca, tanto a entrevistarse con los mandos del CTV en crisis, como a intentar impulsar a continuación los ataques por el Jarama[62] y, finalmente, regresaron a sus puestos de mando para apuntalar el sector alcarreño, tras el revés padecido.
Retornando a nuestro hilo, todo lo anterior no hace sino corroborar una cierta reserva del Generalísimo respecto de la operación que los italianos reputaban como decisiva. Y cuadra perfectamente con las palabras que después le atribuye el comandante Medrano, de su Estado Mayor:
“Esto nos viene perfectamente, porque ahora podré montar la operación del frente Norte, que tanta importancia estratégica tiene para el desarrollo de las operaciones en aquel sector”[63].
Se trata de un nuevo y definitivo desistimiento, todavía más trascendental que el anterior. Franco posee una voluntad firme, y reitera habitualmente esfuerzos, pero no llega a aferrarse tanto a ellos que se paralice en sus designios. Y llegado a ese punto decide, en cambio, muy rápido: el mismo 21-III, según testimonio de Kindelán, había fijado en una cuartilla su nueva decisión de estrategia general[64]. Otros, como Mola al parecer, le censuran por haber tardado demasiado en abandonar el espejuelo de Madrid.
Esta decisión, y la anterior de tres meses antes, son las que mejor deberían mostrar y acreditar el juicio militar de Franco: si guardó equilibrio entre la fijeza de la voluntad y la flexibilidad en sus planes, o no.
A posteriori es más fácil acusarle de haber mantenido demasiado tiempo a Madrid como objetivo principal, insistiendo sin resultados. En la época sería más difícil dictaminar: no era tan fácil desviarse a otra empresa porque los republicanos también convertían defender Madrid en punto decisivo (estratégico y psicológico) y allí situaban el grueso de un amenazador nuevo ejército que se debía intentar batir. Hasta la primavera Franco no contó con divisiones operativas ni con grandes unidades de reserva, reduciéndose sus bazas al ejército marroquí frente a Madrid y al bisoño CTV.
Además, de no fortalecerse los flancos propios y castigar al ejército enemigo, hubiera debido procederse a una retirada parcial de funestas implicaciones para la moral combativa, por rebajar la propia y acrecer la contraria[65].
Respecto de las retiradas militarmente ortodoxas y el mantenimiento a ultranza de lo ya liberado, conviene comparar el caso de Málaga en el otro bando de la misma guerra.
La profunda bolsa de Málaga, con largo frente, pobre guarnición y precarias comunicaciones, no reforzable (por existir prioridades mayores), estaba destinada a caer en manos nacionales a poco que éstos se esforzaran. Cuando así sucedió, los generales del Estado Mayor de Largo Caballero, queriendo hacer de la necesidad virtud, llegaron a decir ante oídos malagueños que el frente posterior era más ventajoso. Desde entonces, hasta el mismo día de hoy, la voz de ‘abandono doloso’, cuando no la de ‘traición’, ha encontrado eco en los oídos de las izquierdas malagueñas, más allá de toda consideración de los principios militares y del interés superior de la República.
Vistos tales resultados, parece que al menos algo de razón se le debe conceder a Franco por seguir la conducta contraria: socorrer posiciones sitiadas y no abandonar nunca terreno liberado.
El Norte, nuevo objetivo
Muy rápidamente se pone en marcha la campaña de Vizcaya: el 31-III se produce la primera ruptura del frente.
Bilbao es el objetivo clave del Norte, y la eliminación completa de este frente concederá a los nacionales la ventaja decisiva en la guerra. No es de extrañar que abundaran las visitas de Franco a la lenta y trabajosa campaña de Vizcaya[66].
Abril de 1937:
Las siguientes fechas de sus viajes han de ponerse en relación con los acontecimientos en ese frente, al que hemos dedicado mapa específico.
––– Pese a lo usado otras veces, Franco no asistió a la primera ruptura del frente vizcaíno al sur de la divisoria cantábrica (31-III-37), Mola le merecía plena confianza. Por el contrario, entre los días 1 y 3 de abril viajó a Sevilla para recibir el agradecimiento de los notables marroquíes por la peregrinación facilitada a La Meca en el Dómine que ha remontado el Guadalquivir. Técnicamente, Marruecos era el mayor aliado internacional de la España nacional –y el de mayor aportación en hombres– y merecía atenderse exquisitamente las relaciones con él. El gesto de patrocinar y sufragar la peregrinación ritual musulmana (que se repitió en 1938 y 1939) fue completado con una fastuosa recepción, ambientada absolutamente a tono en los Reales Alcázares sevillanos, con sus jardines y su arquitectura mudéjar. [F 072]
Por el Diario de vuelos de Haya consta que el 3-IV regresó con éste en el Junkers 22-47. No nos consta nada del viaje de ida y es curioso que el vuelo no lo haya pilotado ya Navarro.
––– Los días 6 y 7 de abril Franco llegó hasta Ochandiano, pernoctó en Burgos y regresó a Salamanca[67]. Pudo observar el avance lmitado y los fuertes contrataques de la primera ruptura sobre Vizcaya, pese a su éxito. Desconocemos el medio de transporte. En cambio, conocemos que su visita al frente transcurrió por el puerto de Arlabán, Urbina, Arechavaleta y que contempló la conquista del Sebigáin, dominando el puerto de Urquiola[68]. [F 073]
––– El 30-IV Franco vuela[69] a Vitoria, visita Durango, Marquina, Éibar, Elgóibar y Echevarría, regresando el día siguiente (1-V) a Salamanca[70]. Parece que las tres semanas anteriores, la Unificación, con sus preliminares y desarrollo, le habían mantenido alejado de las líneas de combate. Por la fecha, y de creer a Calderón, en este viaje acompañó Dª Carmen a su marido, lo cual no deja de ser una curiosidad destacable que recuerda de lejos a la campaña carlista de D. Alfonso Carlos y Dª María de las Nieves[71]. Ricardo de la Cierva insiste en que Franco y Dª Carmen no se separaron en toda la guerra. Es cierto que hay fotos de ella incluso junto a los vehículos del Cuartel General móvil, aunque posiblemente cuando estaban aparcados en Pedrola. [F 074 y F 075]
Es la Unificación hito fundamental –aunque político, no geográfico– de la trayectoria de Franco en el que merece que nos detengamos de nuevo con alguna extensión.
El discurso de su anuncio, emitido por Radio Nacional, tuvo lugar en la tarde del domingo 18, pero el Decreto efectivo llevó fecha del lunes 19-IV-37 y se radió a la noche de ese día, aunque no apareció en el Boletín Oficial del Estado hasta el día 20.
Para tratarse del destino del ‘partido de masas’ del Nuevo Estado nada se desarrolló más entre bambalinas y con menos participación política ni menos celebración multitudinaria que la Unificación: un discurso radiado –no ante público–[72], un Decreto y una aprobación generalizada de la prensa. Fue aceptada sin oposición activa por causa del arraigo en el bando nacional de la cultura del sacrificio por el bien común, la coyuntura bélica de vida o muerte, una aceptación acrítica de los más y el sacrificio consciente de los dirigentes afectados (cuya fuerza real no habría sido suficiente para oponerse con éxito, tan sólo –si acaso– para hundir el bando nacional en luchas intestinas cuando todavía no había conseguido una victoria decisiva).
Frente al típico golpe de estado realizado –o intentado– por diversos partidos en el siglo XX, la Unificación fue un atípico ‘golpe de partido’ dado por el Jefe del Estado. En las décadas veinte y treinta hubo también multitud de dictaduras que prohibieron los partidos políticos para luego inventar un partido gubernamental en el papel del partido único de los bolcheviques, fascistas o nazis.
Franco repitió, mejorada, la experiencia primorriverista: en vez de fundar desde arriba un partido sin garra, ‘nacionalizó’ los dos partidos más importantes y combativos de la retaguardia nacional para ponerlos al servicio de la política del dictador. El partido resultante tuvo con ello una base militante muy superior a cualquier otro experimento de partido gubernamental. Y, por otra parte, la mística de la época (masas disciplinadas movilizadas por la Patria y a la orden de los caudillos respectivos) satisfacía la voluntad de servicio de los militantes medios, que veían resultados prácticos para sus esfuerzos.
Que el partido se convirtiera en un conjunto de servicios de voluntariado gubernamentales[73] (Sección Femenina, Organizaciones Juveniles, incluso las Milicias), con secciones especializadas y programas formativos para todos, es lo que había sucedido en otros países de partido único, siendo el régimen español caso más mitigado. Eso sí, FET y de las JONS no fue cauce de inquietudes y opiniones políticas, y los únicos y grandes perjudicados fueron los dirigentes superiores y más ideologizados.
Franco buscaba con la Unificación cortar de raíz todo disenso político que estorbara desde la retaguardia el esfuerzo de guerra. Pero también conseguía coronar el intento frustrado, por el cual se habían llegado a hacer sondeos en Salamanca: un partido ‘franquista’[74].
La Unificación confería al bando nacional una identidad política positiva y concreta de lo que hasta ese momento había sido un consenso general antirrevolucionario. Desde ese punto de vista fue un gran acierto y un éxito, atribuibles en último término a Franco.
La Unificación orgánica facilitaba a los frentes una retaguardia política absolutamente militarizada, puesto que el líder omnipotente del partido único era militar y sus miras prioritarias se centraban en ganar la guerra.
Resulta interesantísima, por la amplitud de miras proveniente de un afectado contrario, el siguiente juicio resumen de Alberto Ruiz de Galarreta, el cual también recuerdo haberle escuchado de viva voz más de una vez:
“A pesar de que no tengo ninguna simpatía a Franco y de considerar que acabó con nosotros, reconozco que como «Generalísimo del Ejército Nacional» estuvo insuperable en conseguir que no se le pudriera la retaguardia, en lograr que aquel aparato ortopédico que inventó con la unificación –que en mi opinión podía haber sido francamente mejor, diferente, o al menos transitorio– evitara la descomposición de la retaguardia nacional, como sucedió entre los rojos.
“La unificación y Franco acabaron con nosotros. Durante la Segunda República al carlismo se le freía con detenciones, con asesinatos, con multas, con clausuras de locales y periódicos… nos hacían todo el daño que podían, pero eran heridas accidentales, graves, pero no mortales, de las que con sacrificio y entrega lográbamos recuperarnos. La República nos intentó hacer desaparecer, pero no suspendió el ente Comunión Tradicionalista. Sin embargo, por el Decreto de Unificación, Franco nos asestó una herida mortal de necesidad: nuestra desaparición como ente y como grupo político. No nos asestó heridas accidentales, nos negó el ser por el Decreto de Unificación y con ello hirió de muerte al carlismo”[75].
Sin duda la preferencia política de Franco no era la hiperpolitización fascista, sino una dictadura apaciguadora y regeneracionista, como la de Primo de Rivera, a veces con tintes parafascistas, como la de Salazar.
El Partico (único), luego el Movimiento, no fue nunca lo que establecería posteriormente la Ley orgánica del Movimiento y de su Consejo Nacional[76]: una comunión de españoles, abierta a todos ellos, en los Principios Fundamentales para “promover la vida política en régimen de ordenada concurrencia de criterios”. Sus secciones eran órganos ejecutores –no promotores– de la política de Franco, la cual se definía en su gobierno. Franco no había sido promovido por el Movimiento y la militancia en el mismo no facilitaba ningún cauce específico para expresar, difundir y debatir criterios de la vida política; más voz se alcanzaba en su Régimen desde el ejercicio de funciones públicas, ya fuera en las Cortes o en otros órganos colegiados, de Ayuntamientos a Sindicatos.
El régimen de Franco, dictadura sin duda[77], fue, además, especialmente en los primeros años, sumamente personalista; así vemos a Franco apoyarse en un círculo íntimo muy reducido con notable recurso a los familiares: su hermano Nicolás o su cuñado Serrano Suñer. No sólo no era una élite emergida de los círculos políticos, sino que, como subraya el marqués de Valdeiglesias[78], Franco –y otros militares– pretendía gobernar apoyándose en expertos –luego tecnócratas– desconfiando sistemáticamente de todos los políticos, hasta el punto de que las personalidades políticas destacadas afines al Movimiento sólo eran aceptadas en la Junta Técnica o las Diputaciones Provinciales “en último extremo”[79].
De nuevo, la crítica a la dictadura personal de Franco desde el lado republicano no es sino un argumento más en la confrontación con cuanto significaban los nacionales. Mucho más interesante resulta sugerir la ineluctabilidad del signo democrático de nuestra era. En los años treinta del siglo XX dominaban hacia la derecha todo tipo de planteamientos que tenían en común el antiliberalismo, la reticencia al parlamentarismo, el énfasis en las soluciones de autoridad y la prohibición de los partidos políticos. Estos mismos adalides de las doctrinas caudillistas, fascistas, e incluso de ‘el rey reina y gobierna’, son los que en el bando nacional criticaron a Franco cuando éste obró exactamente de esa manera, pero sin concordar plenamente con los criterios de los aspirantes a consejeros desdeñados. A la hora de la verdad, los líderes antipartidistas querían que se adoptara su programa, y a ellos como ejecutores… o preservar la identidad de su grupo.
Retornemos al itinerario del Caudillo donde lo dejamos, en mayo de 1937. Tenemos en él que conciliar tres fuentes: las hojas de servicios de Franco Salgado, Martínez Maza y el piloto Navarro Garnica.
Franco Salgado y Martínez Maza recuerdan hasta tres viajes de Franco hasta Vitoria (en el frente de Vizcaya se libran los combates más enconados para avances muy pobres), pero Navarro señala cuatro, y por su atención profesional a los vuelos es más difícil que sea él quien invente de la nada un desplazamiento (como veremos más circunstanciados los cuatro) que los ayudantes omitan uno y yerren en las fechas.
––– El 10-V el piloto Navarro registra un viaje de Franco en su avión, de ida y vuelta hasta Burgos; Martínez Maza también coincide en fecha y destino, en tanto que el 12-V registra Franco Salgado análogo desplazamiento hasta Vitoria, especificando que ida y vuelta se realizaron en avión.
Frente al testimonio concorde de los dos primeros hemos de concluir que Franco Salgado padece un nuevo trastocamiento de fechas. Además, Navarro Garnica no pudo ser el aviador para esa otra fecha, puesto que precisamente consta que hace un viaje a Cáceres en la jornada y deberíamos introducir otro avión y piloto.
––– El siguiente viaje a Vitoria se produce el 19 de mayo, pero con regreso el 20. El medio de transporte es confuso: es segura la ida en avión, no así el retorno[80].
––– El 26-V es la Hoja de servicios de Navarro Garnica, exclusivamente, la que indica un viaje de Salamanca a Vitoria, subrayando expresamente que condujo al Generalísimo, y omitiendo toda referencia al regreso, que puede entenderse implícito o excluido (tras un punto y coma, vuelve a despegar de Salamanca).
––– Los días 30 y 31 de mayo son de nuevo viaje a Vitoria desde Salamanca, por aire, con pernocta intermedia en Burgos y regreso desde Vitoria. En este caso concuerdan perfectamente nuestras tres fuentes. Se da el caso de que Navarro indica que “el 30 efectúa un vuelo de Salamanca a Vitoria”, en tanto “el 31 Vitoria – Logroño y regreso y Vitoria – Salamanca llevando a bordo a S.E. el Generalísimo”. La diferencia la explica en sus memorias Franco Salgado: en el aeródromo salmantino coincidieron con salir destino a Vitoria Franco y “Sruder” (errata por ‘Sander’ el nom de guerre de Sperrle, jefe entonces de la Legión Cóndor); éste le invitó a viajar en su aparato, que él mismo pilotaba, y el piloto de Franco (al que Franco Salgado confunde con Haya) los acompañó en el vuelo, pero con su aparato de vacío[81]. [F 076]
La relación de Maíz termina la lista de encuentros entre Mola y Franco el 14 de mayo en Salamanca. Sin embargo, al parecer hubo una conversación entre ellos con motivo del ataque republicano a Segovia, el cual se convirtió en batalla de La Granja. Mola le habría dicho “te los has dejado meter”. La fecha del 30 de mayo en Vitoria parece la única ocasión apropiada para tales palabras[82].
La muerte en accidente aéreo de Mola (jueves, 3-VI-37)[83] trastorna todo el esquema orgánico de los nacionales. Franco divide las excesivas atribuciones que recaían sobre Mola: crea el ejército del Centro al mando de Saliquet y entrega el resto del ejército del Norte a Dávila. Pero en realidad, va a asumir su dirección práctica, como la de frente principal. Por eso, asistimos a unos cortos viajes en que toma el pulso a varios sectores (aunque no a Aragón). [F 077 y F 078]
Con motivo de la muerte de Mola es frecuente acotar que los papeles personales de éste desaparecieron de su mesa de trabajo en Vitoria inmediatamente. Sustraídos. Es habitual insinuar –pasar a más es imposible– que se hizo por orden de Franco. Se sugiere igualmente que se trataba de papeles ‘molestos’ para él, aunque también, con más razón, puede considerarse que guardaba papeles de Estado y es lógico que el Jefe del Estado los requiriera.
Tales ‘papeles’ de ignorado contenido no han aparecido nunca, tampoco entre los que dejó Franco a su muerte. Parece que hubieran sido destruidos. El general Dávila Álvarez sugiere una autoría muy diferente a esa desaparición: remitiéndose a las memorias inéditas del general Solchaga, supone que el forzamiento de una maleta y la desaparición de cartas y documentos se relaciona con los preliminares del Alzamiento y aquellos que se ofrecieron y luego se echaban para atrás, incluso si al final se sumaron[84].
La trascendencia de la muerte en avión de Mola es grande en la historia de España, tanto por dejar a Franco como única cabeza indiscutida, cuanto como hito en el itinerario del Generalísimo, que interrumpió radicalmente sus viajes en avión. Por eso, a partir de este momento ya no habrá en nuestras páginas alusión al seguro, posible o desconocido medio de transporte empleado: se tratará siempre de una caravana de automóviles, salvo cuando emplee el Términus ferroviario en la batalla de Teruel.
Como para algunos el mero accidente (por causas atmosféricas, mecánicas o humanas) no es nunca explicación satisfactoria suficiente[85], se manejaron y mueven desde entonces hipótesis conspiratorias descabelladas, que no queremos hurtar. Porque no sólo se encaminaban contra Franco. Hasta llegó a decirse en medios anarquistas que el piloto, capitán Chamorro, era libertario y había estrellado el avión intencionadamente.
Ciertamente, la niebla no fue sino la causa última de que el avión, que daba vueltas y parecía querer aterrizar, encontrara un obstáculo oculto al aproximarse a tierra. Pero es porque antes el vuelo del avión se había visto alterado: la hipótesis conspiratoria no ha supuesto un sabotaje de los motores, sino la intoxicación de la comida o el café del piloto. Pues añádase esta otra posibilidad: un piloto republicano, González Feo, contó a Vicente Talón (en 1981) que ese día, pilotando un caza I-15 sobre Orduña, entre las nubes se encontró un momento con un bimotor, sobre el que disparó instintivamente antes de desaparecer de nuevo. Bien podría ser que lo hubiese alcanzado y los daños fueran la causa que desencadenó el accidente final[86]. Para los pilotos, la desorientación en el interior de una nube sigue siendo causa más que suficiente, y la más sencilla.
––– Franco se personó en la capilla ardiente de Burgos a mediodía del 4-VI y presidió las exequias (el cuerpo fue conducido a Navarra para ser enterrado allí). Se entrevistó con otros generales y retornó a Salamanca. [F 079]
Según Franco Salgado –que omite en su hoja de servicios la comparecencia anterior– el 5 salió Franco para Burgos y Vitoria, pernoctando en la primera[87], para dar posesión a Dávila del mando del ejército del Norte[88]. Con motivo del relevo, Franco va a pulsar diversos sectores de ese ejército, aunque no al de Oviedo ni a ninguna parte del extenso frente aragonés. En la práctica, también va a instalar en Burgos su residencia dos semanas.
El día siguiente (6-VI) pasó por Vitoria para reconocer el frente del sector de Orduña[89]; el 7 volvió a salir de Burgos para el sector de Villarcayo[90]; el 8 hizo lo mismo en La Robla (León), y el 9 acudió a Robregordo (sector de Somosierra). Después ya se centró de nuevo en el frente de Vizcaya, cuya campaña había alcanzado el momento decisivo. Recordemos que ya no vuela, ni lo volverá a hacer.
––– El 10-VI Franco vuelve a acudir a Vitoria y no se nos dice si prosiguió al frente desde allí, ni a cuál. Regresa a dormir en Burgos. Al parecer se entrevistó con ‘Doria’[91].
––– El 11-VI Franco asiste a la operación preliminar de ruptura del Cinturón de Hierro, hace noche en Vitoria y el 12 presencia la acción definitiva, repitiendo su comparecencia el 13, día en el cual vuelve a la noche a Burgos (lo cual implica que ha pernoctado los días anteriores en Vitoria)[92].
––– El 15 vuelve al frente vizcaíno.
––– Y el 16 de junio estuvo visitando el propio lugar por donde se forzó el Cinturón de Hierro, durmiendo de nuevo en Burgos.
––– El 18 llega hasta Algorta por Bermeo y Plencia y duerme en Vitoria. El 19 contempla la entrada en Bilbao sin participar en ella y el 20 se acerca hasta la propia ciudad (no oficialmente) para dormir en Burgos[93].
––– Y nueva ida y vuelta por Vitoria el 22, donde nos consta que firma una respuesta al Estado Mayor del CTV preparando su operación sobre la bolsa de Reinosa[94].
––– Sólo el 23, después de dieciocho días de ausencia, Franco retorna a Salamanca desde Burgos y permanece entonces en la ciudad –que sepamos– tres semanas seguidas sin noticias.
Si algo extraña de todas estas aproximaciones al frente es que una y otra vez se retirara a acostarse en Burgos y no lo hiciera en Vitoria sino ya al final. Y su Cuartel General seguía oficialmente en Salamanca, aunque su traslado a la ciudad castellana se ha ido imponiendo de hecho. A falta de otros motivos conocidos habrá que achacarlo a la parsimonia de Franco en modificar sus hábitos.
El fallecimiento en accidente de Mola trastorna también nuestro seguimiento del itinerario bélico de Franco. Al renunciar éste a los viajes aéreos para siempre perdemos nosotros desde ese momento las fuentes auxiliares de los diarios de vuelos y movimientos de aviones. Las cuales, como hemos venido viendo, resultaban muy convenientes para completar y precisar los que indican la hoja de servicios de Franco Salgado y sus memorias.
Pero hay que aclarar una cosa. ¿Tomó Franco miedo al avión y nunca más en su vida volvió a tomar uno? No exactamente. Se plegó al criterio razonable de los encargados de su seguridad por más de treinta años. Para tres veces que salió al extranjero le bastó con el tren (Hendaya, 1940), el coche (Bordighera, 1940) y el crucero Cervantes (Lisboa, 1949). Y dentro de España le bastaban los medios terrestres de comunicación, menos para Mallorca (visitas de 1947 y 1957) y Canarias (1950), a donde viajó en buques de la Armada. Pero ya con los 75 años cumplidos volvió a tomar un avión con motivo de aterrizar en el aeropuerto de Almería por su inauguración (6-II-1968)[95], y desde entonces efectuó nuevos vuelos; así, en 1971 se ahorró el viaje por carretera a Meirás volando a Santiago. Es necesario hacer justicia completa a nuestro personaje, que a su vez respetaba las competencias ajenas, en su caso las de los encargados de su seguridad.
El paréntesis de Brunete
Franco preparaba ya las operaciones sobre Santander, sin dar tiempo a la recuperación del enemigo, retirado en derrota desde Vizcaya, cuando le sorprende la infiltración republicana en Brunete[96]. La operación de distracción se había montado para ‘salvar Bilbao’, pero se retrasó y no consiguió llegar a tiempo para ello. De todos modos, era una iniciativa ambiciosísima en sus medios y objetivos:
Dos cuerpos de ejército pretendían envolver desde el Norte todo el dispositivo nacional frente a Madrid; un tercer cuerpo de ejército, en ataque frontal por el SE de la capital debía cerrar la tenaza. No se apuntaba sólo a distraer la atención del frente Norte, ni a ganar la iniciativa, sino a destruir una porción considerable y muy escogida del ejército nacional. Y en otros frentes se lanzaron ataques de distracción considerables, principalmente en Albarracín, por mucho que fracasaran finalmente.
Una victoria en Brunete del Ejército Popular de la República hubiera sido un triunfo de gran alcance y le hubiera concedido la oportunidad de seguir mejorando fuerza y posición; de otro modo, una derrota en empresa de tal magnitud y ambición, llevada a cabo con el máximo esfuerzo, cercenaría su crecimiento y esperanzas[97]. En todos los aspectos, el mes que media entre la ruptura del Cinturón de Hierro y la disputa de Brunete constituyó el fulcro de la guerra, tras cuya resolución el desarrollo posterior quedaba definido. En adelante el Ejército Popular pudo plantearse objetivos parciales y prolongar la resistencia, pero no invertir el curso general de la contienda.
La infiltración republicana se produjo en la noche del 5 al 6 de julio. En la misma jornada del martes 6, Franco canceló sus planes norteños y comenzó a ordenar y organizar la marcha de refuerzos de muy distintas procedencias que confluyeran en el teatro de operaciones elegido por el enemigo.
––– Según Franco Salgado, sólo al cabo de cinco días, el domingo 11, efectuó un desplazamiento a Ávila. Y el día 12-VII acudió por primera vez al frente de la batalla (al que ‘Pacón’ se refiere como sector de Chapinería)[98].
En cambio, Martínez Bande adelanta al día 8-VII su primera visita a ese frente:
“El general Franco, que ha recibido en la jornada anterior el informe sobre la batalla del comandante Medrano, se persona en este día 8, acompañado del teniente coronel Barroso, en el puesto de mando del general Barrón, situado al norte del cementerio de Sevilla la Nueva. Esta visita es fundamental, pues como consecuencia de ella, el Generalísimo, ya con una visión directa de la situación y circunstancias de la lucha, tomará las medidas pertinentes”[99].
El Diario de Operaciones de Varela corrobora esta vez a Franco Salgado, e informa de que el día 12 se reunieron en El Rincón Franco y Saliquet (con sus respectivos jefes de Estado Mayor) con Varela, Yagüe y Barrón. Franco volvió aquella misma tarde a Salamanca, una vez concertados los planes de contrataque[100].
Como se ve en este caso, la exacta disposición del tiempo de Franco en guerra no es fácil de alcanzar, aunque tampoco varía sensiblemente.
––– En cualquier caso, regresó a Salamanca por exigencias de su cargo como Jefe del Estado. A la mañana del 14 Franco recibió colectivamente a los corresponsales de la prensa extranjera acreditados en Salamanca. Por esos días también concede una entrevista al marqués de Luca de Tena que aparece en ‘la tercera’ del dominical extraordinario del ABC sevillano (18-VII-37).
Y el 18 de Julio, a las diez y media de la noche, pronunció un discurso desde su despacho, emitido por Radio Nacional, con motivo del aniversario del Alzamiento y comienzo de la guerra. Se imponía la intervención política en retaguardia.
––– Inmediatamente de lo cual, Franco se puso en camino para el frente el 19, y del 20 al 26 de julio se reincorporó a su cuartel general, que se instaló en la Dehesa del Rincón de Villa del Prado[101], que venían empleando los generales del frente afectado, encabezados por Saliquet y donde Varela estableció su despacho el 15 como jefe, si bien pernoctaba en la finca Las Pilitas del mismo municipio desde el día 8[102]. Ahora bien, este emplazamiento no está sino relativamente próximo al sector del combate y “En Sevilla la Nueva, que constituía por aquellos días la primera línea nacional, en un viejo caserón que era cuartel general del general Varela, se establecía casi todas las mañanas el general Franco y desde allí dirigía los movimientos de la batalla”[103]. Se trataba de la Casa Grande o Palacio de Baena. [F 081] Franco Salgado dirá que se trasladaba muy temprano “a los puestos de mando de los jefes de división, siendo el más frecuentado el del general Barrón”[104].
Con motivo de las localizaciones de Franco en el paréntesis de Brunete hay que dejar constancia de que el su ayudante Sánchez Maza anota en su Hoja de Servicios –que sigue Torres– que los días 24 y 25 pernoctó (¿acaso sin Franco?) en Guisando, nada menos que 76 kilómetros más al Oeste de la Villa de Rincón.
Ello carece de lógica y va contra todos los testimonios existentes, máxime en los días culminantes de la batalla. Sin embargo, ello nos ilumina acerca de la ruta seguida entre Salamanca y Villa del Prado. Nuestra convencional línea recta para evaluar distancias, más justificable cuando cabían los desplazamientos en avión, desprecia las necesidades de la red viaria, forzadas por el relieve. El camino real exige marchar a Ávila y descender al alto Alberche por malas carreteras o desviarse antes para tomar el puerto del Pico hasta Arenas de San Pedro y proseguir por el valle del Tiétar. Si se hubiera tomado esa vía el día 26, en que Franco inició el regreso por la tarde, sería fácil conceder la pernocta de ese día en Guisando (o sus alrededores) por cualquier circunstancia que se pesentara.
La actitud al final de la batalla de Brunete, según el testimonio de Luca de Tena, que estaba presente, ilumina mucho los presuntos errores estratégicos y militares de Franco.
A la vista de la desbandada que cundió en las filas republicanas con motivo de perder el cementerio de Brunete (25-VII-36), Varela y los jefes de las divisiones madrileñas (Barrón, Asensio) veían ya la oportunidad de explotar el éxito hasta Madrid[105] y se encontraron con que Franco se impuso a todos ellos como superior y ordenó fortificar la línea alcanzada y devolver al frente Norte las IVª y Vª brigadas de Navarra para la casi inmediata campaña de Santander y la eliminación total de aquél.
No cabe duda de que los generales madrileños le acusaban en ese momento de no saber aprovechar la oportunidad, como antes el equipo de Mola le achacaba no haberse decidido por la campaña del Norte enseguida del fracaso frontal ante Madrid.
Y en ambos casos juzgaban unos interesados en dar protagonismo a su frente, perdiendo la visión del conjunto. En el primer caso, durante el invierno persistía el inicial objetivo madrileño como fundamental, más desde que el otro bando se empeñó en la defensa[106]; en el caso de Brunete la idea primitiva de contrataque ya había sido la de reducir con la de Brunete la bolsa de El Escorial desde el Sur como explotación lógica, y se vio excesivamente ambiciosa ante la fuerza enemiga.
¿Diremos que Madrid, objetivo de interés ya secundario desde que se emprendió la campaña del Norte, volvía a ser decisivo porque se veía la posibilidad (o se creía ver) de ocuparlo? ¿Qué se hubiera dicho si los combates se prolongan y, entrando en Madrid (o incluso sin conseguirlo), hubiera llegado el invierno sin reducir la resistencia astur-cántabra? ¿Que era un oportunista sin una visión estratégica amplia y fija?
Desde luego, sí se podría decir que Franco había bailado al son estratégico que le tocaba Rojo y que éste había conseguido plenamente la finalidad de distracción. Pero Franco recuperó la iniciativa para sus propios planes. Había aplicado el principio de la reiteración de esfuerzos ante Madrid y luego, trazada una estrategia global (eliminación del Norte, creación de masa de maniobra, operar por el valle del Ebro hacia el Mediterráneo), no se dejó apartar de la idea hija de un análisis frío y pausado por un objetivo meramente de oportunidad que parecía a la mano… y podía no estarlo tanto.
Con motivo de la batalla de Brunete se produjo una anécdota que merece reseñarse en un itinerario de Franco: el Boletín Oficial del Estado de 22-VII-37 publicó sendos decretos de fecha 20 y 21 dados en Villa del Prado con la firma del Jefe del Estado. No se podía ser más indiscreto acerca de la posición cerca del frente del Generalísimo para todo amigo o enemigo que leyera este documento público. De todos modos, dado que dicha ‘Dehesa’ que ocupaban dista sus buenos 24 km de Brunete, no parece que esa indiscreción deba asociarse directamente a los bombardeos artilleros que Calderón refiere que sufrió el grupo de acompañantes del Caudillo en esa batalla. Parece que el fuego lo atrajeron los coches de los generales y que se encontraba en las proximidades de un cementerio (que bien pudo ser el de Sevilla la Nueva)[107].
Y referida a la batalla de Brunete existe otra curiosidad ligada a los ‘lugares de Franco’: mientras Franco dirige su bando desde el fondo sur de la bolsa y en bajo, sus contrincantes Miaja y Rojo lo hacen desde un prominente observatorio privilegiado: Canto del Pico, casa situada en un promontorio al norte del monte de El Pardo. Construido en 1920 para el conde de las Almenas –José María del Palacio y Abárzuza–, en el palacete había fallecido Antonio Maura y terminó siendo legado a Franco, a título personal, en 1940. [F 082]
Concluyamos de considerar el paréntesis de Brunete en el itinerario general de Franco:
––– El mes de julio de 1937 se cierra, ya en retaguardia, con la recepción de monseñor Ildebrando Antoniutti (31-VII), por el momento carente de nombramiento público, precedida el día antes por una nueva entrevista con Gomá. [F 083] Al día siguiente (1-VIII), del que recibe las cartas credenciales es del nuevo embajador italiano, Viola.
––– De los inicios del mes de agosto sabemos que Franco encomendó a Yagüe un reconocimiento de los frentes asturianos el día 7, aunque Togores se anticipe a situar ya en Burgos el Cuartel General del Generalísimo, en lugar de en Salamanca[108].
Tabla. Viajes con Salamanca como Cuartel General
Resumen de viajes y localizaciones de Franco durante la guerra con Cuartel General en Salamanca
(2-X-1936 / 12-VIII-37)
Mínimos seguros
| FECHA | PARTIDA | PUNTOS INTERMEDIOS / DESTINO | DESTINO /
REGRESO |
Km
(en línea recta) |
Km | MOTIVO | FUENTE | |
| Super-ficie | Aire | |||||||
| 1 | 2-X-36 | Burgos | ––– | Cáceres | 391
Junkers |
Regreso de asunción de poderes | Larrauri | |
| 2-X-36 | Cáceres | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 3-X-36 | Cáceres | ––– | Burgos | 391
Junkers |
Cambio de Cuartel General | Bengoe-chea ? | ||
| 4-X-36 | Burgos | Despachando en Burgos | ||||||
| 5-X-36 | Burgos | ––– | Salamanca | 224 | Cambio de Cuartel General | Medrano | ||
| 6-X-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 9-X-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 2 | 10-X-36 | Salamanca | Valladolid | Salamanca | 218 | Conferencia con Mola | Maíz | |
| 13-X-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 16-X-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 17-X-36 | Salamanca | Conferencia con Queipo | Haya | |||||
| 3 | 18-X-36 | Salamanca |
Cáceres Castillo de Arguijuelas
|
Salamanca | 354
40-1 |
Revista de tropas acorazadas | Haya | |
| 23-X-36 | Salamanca | Conferencia con Mola | Maíz | |||||
| 4 | 24-X-36 | Salamanca | Talavera de la Reina | Salamanca | 264 | Visita al frente | Maíz | |
| 26-X-36 | Salamanca | Audiencia al cardenal Gomá | La Cierva | |||||
| 5 | 29-X-36 | Salamanca | Navalcarnero | Salamanca | 350 | Visita al frente | Maíz | |
| 6 | 2-XI-36 | Salamanca |
Barcience / Torrijos
|
Salamanca | 320
22-53 |
Visita al frente | Ureña | |
| 3-XI-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 6-XI-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 10-XI-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 11-XI-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 16-XI-36 | Salamanca | Recibe a Queipo | Haya | |||||
| 7 | 18-XI-36 | Salamanca | Ávila | Salamanca | 178 | Conferencia con Mola | Maíz | |
| 8 | 22-XI-36 | Salamanca | ¿? | 390 | ||||
| 23-XI-36 | ¿? | Leganés | ¿Navalcar-nero? | Conferencia de Leganés | ||||
| 24-XI-36 | ¿? | ––– | Salamanca | |||||
| 26-XI-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 9 | 29-XI-36 | Salamanca | Ávila | Salamanca | 178 | Conferencia con Mola | Maíz | |
| 2-XII-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 3-XII-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 6-XII-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 10 | 7-XII-36 | Salamanca | Ávila | Salamanca | 178 | Conferencia con Mola | Maíz | |
| 11 | 11-XII-36 | Salamanca | Navalcarnero | Salamanca | 350 | Entrevista con Mola y Varela | ||
| 18-XII-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 12 | 19-XII-36 | Salamanca | Burgos | Salamanca | 448 | Conferencia con Mola | Maíz | |
| 20-XII-36 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 13 | 21-XII-36 | Salamanca | Navalcarnero | Salamanca | 350 | Conferencia con Mola | Maíz | |
| 14 | 22-XII-36 | Salamanca | Ávila | Salamanca | 178 | Conferencia con Mola | Maíz | |
| 29-XII-36 | Salamanca | Credenciales oficiosas de Gomá | ||||||
| 15 | 2-I-37 | Salamanca | Griñón | Salamanca | 370 | Visita a Varela, herido grave | ||
| 6-I-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 10-I-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 16 | 11-I-37 | Salamanca | Escalona – Navalcarnero | Salamanca | 74 | 276 | FFSA y Haya | |
| 14-I-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 17 | 16-I-37 | Salamanca | Ávila | Salamanca | 178 | Conferencia con Mola | FFSA, Maíz y Haya | |
| 20-I-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 23-I-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 28-I-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 18 | 1-II-37 | Salamanca | Navalcarnero, Getafe, Pinto, Parla y Toledo | Salamanca | 446 | FFSA | ||
| 19 | 3-II-37 | Salamanca | –––– | Sevilla | 400 | FFSA | ||
| 4-II-37 | Sevilla | Montoro – Bujalance – Villa del Río | Sevilla | 350 | Visita del frente reciente | |||
| 5-II-37 | Sevilla | Antequera | Sevilla | 266 | Ruptura hacia Málaga | |||
| 6-II-37 | Sevilla | Cáceres | Salamanca | 413 | ||||
| 7-II-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 20 | 11-II-37 | Salamanca | Miranda – Vitoria | Burgos | 426 | ‘Media brigada mixta’ (FF.NN.) | FFSA | |
| 12-II-37 | Burgos | Burgo de Osma – Aranda de Duero | Burgos | 226 | Fuerzas legionarias | |||
| 13-II-37 | Burgos | ––– | Salamanca | 224 | ||||
| 13-II-37 | Salamanca | Reunión con Faldella | ||||||
| 21 | 14-II-37 | Salamanca | Ávila | Salamanca | 178 | Conferencia con Mola | Maíz | |
| 16-II-37 | Salamanca | Conferencia con Mola | Maíz | |||||
| 22 | 19-II-37 | Salamanca | Gózquez – Ciempozuelos – ¿Toledo? – Torrijos | Ávila | 290 | 83 | Constata el fracaso en el Jarama | FFSA – Maíz – Haya |
| 20-II-37 | Ávila | ––– | Salamanca | 89 | ||||
| 20-II-37 | Salamanca | Reunión de EE.MM. con CTV | ||||||
| 24-II-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 1-III-37 | Salamanca | Credenciales de Cantaluppo | ||||||
| 3-III-37 | Salamanca | Credenciales de von Faupel | ||||||
| 7-III-37 | Salamanca | ¿Instrucciones a Roatta? | ||||||
| 23 | 7-III-37 | Salamanca | Astorga | Salamanca | 324 | Aranda (Oviedo) | Maíz | |
| 13-III-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 14-III-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 24 | 15-III-37 | Salamanca | Arcos de Medinaceli – Almazán – Burgo de Osma | Burgos | 463 | Crisis de la batalla de Guadalajara | FFSA
Maíz |
|
| 16-III-37 | Burgos | ––– | Salamanca | 224 | ||||
| 25 | 17-III-37 | Salamanca | Ciempozuelos | Navalcarnero | 103 | 138 | Conferencia con Mola | Maíz
Haya – Navarro |
| 18-III-37 | Navalcarnero | Boadilla del Monte – Pozuelo | Salamanca | 82 | 138 | Conferencia con Mola | Maíz
Haya – Navarro |
|
| 19-III-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 24-III-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 26 | 1-IV-37 | Salamanca | Sevilla | 400 | ||||
| 2-IV-37 | Sevilla | Recepción de los notables marroquíes a su regreso de La Meca | ||||||
| 3-IV-37 | Sevilla | Salamanca | 400
Junkers 22-47 |
Haya | ||||
| 4-IV-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 27 | 6-IV-37 | Salamanca | Vitoria
Ochandiano |
Burgos | 487 | Sebigáin
Conferencia con Mola |
Maíz | |
| 7-IV-37 | Burgos | ––– | Salamanca | 224 | Conferencia con Mola | Maíz | ||
| 18-IV-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 18-IV-37 | Salamanca | Unificación. Discurso | ||||||
| 19-IV-37 | Salamanca | Unificación.
Decreto |
||||||
| 28 | 30-IV-37 | Salamanca | Vitoria – Marquina – Durango – Éibar – Elgóibar – Echeva-rría – Vitoria | Burgos | 221 | 325 | Avanzado por Vizcaya | Navarro |
| 1-V-37 | Burgos | Vitoria | Salamanca | 224 | Vitoria – Conferencia con Mola | Navarro
Maíz |
||
| 29 | 10-V-37 | Salamanca | Burgos | Salamanca | 448 | ––– | Navarro | |
| 14-V-37 | Salamanca | Recibe a Mola | Maíz | |||||
| 30 | 19-V-37 | Salamanca | Vitoria | 325 | Navarro | |||
| 20-V-37 | Salamanca | 325 | FFSA | |||||
| 31 | 26-V-37 | Salamanca | Vitoria | Salamanca | 650 | Navarro | ||
| 32 | 30-V-37 | Salamanca | Vitoria | Burgos | 101 | 325 | Conferencia con Mola | FFSA
Navarro (Sperrle) |
| 31-V-37 | Burgos | Vitoria | Salamanca | 101 | 325 | Navarro | ||
| 33 | 4-VI-37 | Salamanca | Burgos | Salamanca | 448 | Comitiva de Mola | FFSA | |
| 34 | 5-VI-37 | Salamanca | Vitoria | Burgos | 224 | FFSA | ||
| 6-VI-37 | Burgos | Vitoria – Orduña | Burgos | 262 | ||||
| 7-VI-37 | Burgos | Villarcayo | Burgos | 134 | ||||
| 8-VI-37 | Burgos | La Robla | Burgos | 332 | ||||
| 9-VI-37 | Burgos | Robregordo | Burgos | 276 | ||||
| 35 | 10-VI-37 | Burgos | Vitoria | Burgos | 202 | FFSA | ||
| 36 | 11-VI-37 | Burgos | Ermita de Sta. Cruz | Vitoria | 217 | Preliminar de la ruptura | FFSA
M. Maza |
|
| 12-VI-37 | Vitoria | Ermita de Sta. Cruz | ¿Vitoria? | 116 | Ruptura del Cinturón | |||
| 13-VI-37 | ¿Vitoria? | Ermita de Sta. Cruz | Burgos | 217 | Vizcaya | |||
| 14-VI-37 | Burgos | |||||||
| 37 | 15-VI-37 | Burgos | Santa Cruz | Vitoria | 217 | Vizcaya | FFSA
M. Maza |
|
| 16-VI-37 | Vitoria | Gaztelumendi | Burgos | 227 | Vizcaya | |||
| 17-VI-37 | Burgos | |||||||
| 38 | 18-VI-37 | Burgos | Bermeo – Plencia – Algorta | Vitoria | 281 | Vizcaya | FFSA
M. Maza |
|
| 19-VI-37 | Vitoria | ¿Santa Cruz? | Vitoria | 116 | Vizcaya | |||
| 20-VI-37 | Vitoria | Begoña | Burgos | 247 | Vizcaya | |||
| 21-VI-37 | Burgos | |||||||
| 39 | 22-VI-37 | Burgos | Vitoria | Burgos | 202 | Vizcaya | FFSA | |
| 40 | 23-VI-37 | Burgos | ––– | Salamanca | 224 | Regreso | FFSA | |
|
|
SALAMANCA | |||||||
| 41 | 11-VII-37 | Salamanca | Ávila | Salamanca | 178 | Brunete | ||
| 42 | 12-VII-37 | Salamanca | Sector de Chapinería | Salamanca | 274 | Brunete | ||
| 14-VII-37 | Salamanca | Recepción oficial | ||||||
| 18-VII-37 | Salamanca | Discurso por radio en el aniversario | ||||||
| 43 | 19-VII-37 | Salamanca | Villa del Prado | 137 | Visitas al frente. Batalla de Brunete | |||
| 20-VII-37 | Villa del Prado | 44 | ||||||
| 21-VII-37 | 44 | |||||||
| 22-VII-37 | 44 | |||||||
| 23-VII-37 | 44 | |||||||
| 24-VII-37 | 44 | |||||||
| 25-VII-37 | 44 | |||||||
| 26-VII-37 | Villa del Prado | Guisando | 119 | |||||
| 27-VII-37 | Guisando | Salamanca | 94 | |||||
| 31-VII-37 | Salamanca | Antoniutti | ||||||
| 1-VIII-37 | Salamanca | Viola | ||||||
| TOTAL | 14.232 | 6.180 | ||||||
Resumen
*** Días: 2-X-36 / 12-VIII-1937 = 315
*** Jornadas de viaje o en puesto de mando avanzado: 82 (26 %)
*** Kilómetros: 20.412, de los cuales 6.180 por aire (30%) en 27 vuelos. Y es posible que la cantidad y proporción de viajes aéreos fuera todavía algo mayor.
Más que nunca se hace preciso advertir que se trata de un mínimo, por el modo de cómputo adoptado, por los posibles viajes al frente no reseñados. Y por la atribución al avión de los viajes en los cuales no hemos detectado piloto, pese a que las distancias inclinen a pensar que fueron viajes aéreos.
*** A razón de 64,8 km/día y 249 km/jornada fuera del Cuartel General.
Comparado este periodo con el anterior, mucho más breve, se observa una disminución de los recorridos medios, tanto sobre la duración total, cuanto sobre los días de salida (recordemos: 96 y 342). No deja de ser lógico, por cuanto aquel primer periodo incluye el desplazamiento desde Canarias, en tanto que después, terminada la guerra de columnas, los cuarteles generales se establecen, precisamente, para minimizar los desplazamientos. Si acaso, sorprende que la reducción no fuera mayor.
Lo que no disminuye prácticamente es la tasa de días de salida respecto al calendario total (28/32% al 26%). Eso significa que Franco, una vez llegado a la cima (de su ambición, añadirían algunos) no dejó de visitar a sus subordinados y los frentes, no se encerró en su cuartel general y siguió manteniendo la tónica anterior, de un general de campo.
Si alguien aprecia una presencia más continuada en Vizcaya (lejana ya de Salamanca) que en el Centro, puede pensarse en atribuirla la pérdida de Mola, al carácter decisivo que tomó la batalla y a la importancia estratégica que iba a tener.
[1] Ricardo de la Cierva, Franco (1986), p. 185.
[2] Como detalle anecdótico, la orden fechada el 21 para las Columnas de Vanguardia se firmó en nombre de Yagüe y la del 22 ya de Varela (Vid. José Manuel Martínez Bande, La marcha sobre Madrid, pp. 181 y 184). En este relevo se ha querido ver tradicionalmente un relevo de Yagüe por su disconformidad con el retraso, pero ¿no cabe siquiera la posibilidad de que la salud de Yagüe, tan repetidamente quebrantada, fuera la causa real? Porque a Yagüe tampoco se le ocultaría que el objetivo de la operación estaba a la vuelta de unos días y la gloria que conseguiría quien mandara las fuerzas liberadoras.
Lo que excede de lo anecdótico es que el propio Mola estuvo presente en Maqueda el 23-IX. Maíz lo confirma y pone la fecha como una de las entrevistas de éste con Franco. Ramón Salas Larrazábal omite a este último y escribe: “para darla a conocer [la decisión de acudir a Toledo], Mola reunió en Maqueda a los jefes de columna, de los que se aconsejó previamente y entregó el mando …” (Historia del Ejército Popular de la República, tomo I, p. 475). No parece que Franco hubiera actuado aquí en oposición a sus colegas, o bien éstos se plegaron finalmente a su criterio. En el mismo párrafo Ramón Salas habla de la decisión “de acuerdo con Mola” y, siendo tan crítico con tantas decisiones del inminente Caudillo tacha ésta de medida “en general bien acogida” y de acertada “sin duda alguna”.
[3] Vid. Alfredo Kindelán, Mis cuadernos de guerra (1982), p. 86.
No sólo lo sabía y lo reconocía, sino que lo decía sin ambages: Eugenio Vegas recuerda de su entrevista el 22-IX en Cáceres (cinco días antes de la liberación) que “Aunque reconociese que desde un punto de vista táctico era un «disparate», no juzgaba posible dejar a un lado el Alcázar y continuar hacia Madrid, por tratarse de «un objetivo sentimental», del que estaban pendientes Europa y el mundo entero” (Eugenio Vegas, Los caminos del desengaño, p. 75).
[4] Sobre este punto incide reiteradamente José Semprún (El genio militar de Franco, pp. 57 y ss.). Es obra que merece leerse por las ideas que sabe sugerir y, literariamente, por sus aportaciones a los géneros de la diatriba y el sarcasmo.
[5] Emilio Faldella, Venti mesi di guerra in Spagna, Felice le Monnier, Florencia, 1939, p. 88.
[6] Tomamos estos datos de José Manuel Martínez Bande, La marcha sobre Madrid, pp. 181-182, 213 y 215.
[7] Vid. Ricardo de la Cierva, Francisco Franco, un siglo de España, tomo I, p. 502.
[8] Alfredo Kindelán, Mis cuadernos de guerra (1982), p. 90. Otro aviador sigue sus pasos y titula uno de los apartados del capítulo VII de su magna obra “Las operaciones dejan de estar regidas por el Arte militar” (Jesús Salas Larrazábal, Guerra aérea 1936/39, tomo I, p. 187).
[9] En ‘Annual’ se manifestaron innumerables deficiencias del Ejército español en movilización, armamento, equipo y adiestramiento, tanto antiguas como del momento, de modo que desde las líneas avanzadas de El Atalayón prácticamente se vio sucumbir a los sitiados en Zeluán (unos 500, el 2-VIII, a 15 km) y Monte Arruit (3.000 hombres, el 9-VIII, a 25 km), que fueron luego salvajemente masacrados, incluso cuando había existido rendición. Puede verse que las cifras indicadas son una considerable fracción de los 12.000 muertos que padecimos en total en el Desastre. En realidad, muchas otras pequeñas posiciones aisladas a mayores distancias resistieron cuatro y cinco días hasta sucumbir; ninguna fue socorrida y sólo una pudo ser evacuada parcialmente por mar.
En Melilla se reunió a las órdenes de Berenguer un ejército más numeroso que las harkas que los cercaban (alcanzaba ya los 25.000 efectivos el 9-VIII), pero mal provisto de armas y pertrechos y con mandos militares y políticos poco decididos, que renunciaron a todo ‘insensato’ intento de socorro durante dos semanas, para autorizar luego una rendición pactada a cambio de la vida que no fue respetada. Hasta el 17-IX no se puso en marcha el ejército de reconquista, que empleó más de un mes en llegar a Zeluán y Monte Arruit, para encontrar los miles de cadáveres terriblemente profanados e insepultos.
Digamos por último que, junto con Mola, Franco suscribiría una carta de Cabanellas –trío premonitorio– dirigida a los militares junteros de la Península, cuya frase clave era: “Acabamos de ocupar Zeluán, donde hemos enterrado quinientos cadáveres de oficiales y soldados. El no tener el país unos millares de soldados organizados le hizo sucumbir. Ante estos cuadros de horror no puedo menos que enviarles mi más dura censura. Creo a ustedes los primeros responsables…”.
[10] Dirigir el socorro a posiciones cercadas, salvando compañeros y ahorrando bajas propias, fue una constante de su trayectoria militar en África. Valga recordar Casabona (1921), Tizzi Azza (1922 y 1924), Sidi Mesaud y Cobba Darsa (1924), como había contribuido decisivamente al rescate del cadáver del capitán Izarduy en 1913.
La lección positiva quedó inscrita en el Credo Legionario: “Espíritu de Compañerismo. Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo, hasta perecer todos”.
[11] Vid. George Hills, Franco. El hombre y su nación, pp. 119-121, 252 y 290.
[12] Alocución en Burgos el 1-X-36.
[13] Rafael Casas de la Vega, El Alcázar, p. 348.
[14] Se unían a la IIIª bandera de la Legión y III tabor de Ceuta, que habían llegado al frente asturiano el día 4 de octubre, pero procedían del Puente Aéreo.
[15] Frente a esas 7/9 unidades (valorados así porque los tabores de Mehala eran menores y operaron emparejados) enviados a Oviedo, las 12/13 de la columna Madrid recibieron como refuerzos africanos a lo largo de octubre 5/8 unidades (3 banderas de la Legión –pero una levantada en Talavera–, 1 tabor de Regulares, otro de Ifni y 5 de Mehalas, con lo que se elevaron a 17/21. Si hubieran recibido los efectivos empeñados en Asturias habrían ascendido a 24/30: alrededor de un 50% más.
[16] Vid. Jesús Salas Larrazábal, Guerra aérea 1936/39, tomo I, pp. 224-227.
[17] Jesús Salas (Revista de Aeronáutica y Astronáutica nº 392 (1973), p. 522) pone este vuelo en el mismo día 1 y dice que lo efectuó el capitán Larrauri en el Junkers 22-61; ésa es, efectivamente, la anotación de la Hoja de servicios de dicho piloto, pero no cabe duda de que la reconstruir el viaje se debió guiar por la fecha más recordada del 1-X.
Franco Salgado precisa “Al día siguiente de tan emocionante y patriótica jornada, después de breves horas de descanso, nos marchamos el Caudillo, Martín Moreno y yo en avión a Cáceres, donde Franco reunió a varios jefes que mandaban columnas, dándoles sus instrucciones para proseguir el avance hacia Madrid. Se ocupó detalladamente de la marcha hacia Oviedo de las columnas gallegas y dio a Canarias instrucciones para la ocupación de Bata en Guinea, etc.” (p. 211). Se comprende que Mola estuviera presente. Varela no asistió.
[18] Pese a que el Diario de Burgos (3-X-36, p. 2) dé a entender que se trataba del mismo avión, nos consta, por su hoja de servicios, que, en todo caso, no lo pilotaba Larrauri. Es muy posible que fuera a los mandos Bengoechea, en cuya hoja de servicios, para octubre de 1936, se lee:
“Durante el mes de octubre [de 1936] actúa con su Escuadrilla en el frente de Madrid y realiza un viaje de lª [¿línea?] llevando a bordo a S.E. el Generalísimo y su E.M. y doce servicios de guerra …”.
No hay indicaciones de origen, destino ni fecha. Pero la compañía del Estado Mayor en pleno correspondería perfectamente al traslado de cuartel general desde Salamanca vía Burgos.
[19] El Diario de Burgos del martes 6 informa de minucias tales como que Franco fue a Misa en la catedral, estuvo trabajando y recibió personalidades, en tanto fuera el cambio de la guardia revistió vistosidad y fue contemplado por numeroso público. Pero es de interés el titular, en que se concede a Franco el título de ‘Presidente’ (‘El domingo del Presidente’), y se habla de ‘palacio presidencial’, en tanto en el texto se repite el oficial ‘Jefe del Gobierno del Estado’ (5-X-36, p. 1).
[20] Eso es lo que indica la Hoja de servicios de Franco Salgado. La de Medrano especifica que su desplazamiento se hizo en automóvil. Parece lógica una caravana por carretera para tal conjunto de hombres, documentación e impedimenta. En cuanto a Franco, sólo podemos presumir que marchó con su séquito y no independientemente.
El ABC de Sevilla ya informaba el día 4 (p. 7) que el cuartel general de Franco –no él– se había trasladado el 3 de Cáceres a Salamanca; el día anterior (p. 5) había dicho que dicho cuartel general había dejado de estar en Cáceres y especulaba con que se establecería en Valladolid.
[21] Maíz sitúa reuniones de Mola con Franco el día 2 en Cáceres y el 4 en Talavera de la Reina. Esta última no sólo no consta en las memorias y hoja de servicio de Franco Salgado, sino tampoco en el Diario de operaciones de Varela, que en ningún momento menciona a Franco: “A las 8,15 salió S.E. [Varela] con su cuartel general y escolta para el aeródromo [había pernoctado en Talavera] con objeto de recibir al general Mola que venía de Valladolid y que llegó a las 8,45, marchando ambos generales a Toledo y regresando a Talavera a las 12,55. A las 14,25 marcharon al aeródromo en donde el general Mola embarcó con su estado mayor y ayudantes en el trimotor que les condujo a su residencia” (p. 51). Y por la prensa burgalesa sabemos que el domingo 4-X lo pasó entero Franco en Burgos, escuchando Misa en la catedral. Maíz debió confundir la entrevista con de Mola con Varela con una nueva reunión con Franco, que hubiera tenido poco sentido después de las dos inmediatas.
Aquél era el primer contacto de Mola con su nuevo subordinado, al concentrar el mando de todas las fuerzas que convergían sobre Madrid. El 3-X Mola había reorganizado las fuerzas de la 7ª División, con un sector norte a las órdenes de Valdés Cabanillas, asentado en Ávila y otro sur mandado por Varela desde Talavera, cuya línea teórica de separación la fijaban las localidades de Cebreros – El Tiemblo – San Martín de Valdeiglesias. Ese mismo día 3-X había dictado Mola su decisión: “ocupado Toledo, procede seguir las operaciones sobre Madrid” (José Manuel Martínez Bande, La marcha sobre Madrid, pp. 205-206 y 214-216).
[22] De acuerdo con la repetida relación de Maíz, recibió a Mola los días 6, 9, 13, 16, 23 y 30 de octubre, los 3, 6, 10, 11 y 26 de noviembre; en 2, 3, 6, 18 y 20 de diciembre; en enero los 6, 10, 14, 20, 23 y 28; en febrero los días 7, 13, 16 y 24; en marzo los 1, 3, 13, 14, 19 y 24; en fechas 4 y 18 de abril, y en mayo el día 14.
[23] Llega a escribir que “Franco y Mola llegan a primera línea y establecen su cuartel general en el palacio de San José de Valderas, el 7 de noviembre” (Ricardo de la Cierva, Francisco Franco, un siglo de España, tomo I, pp. 546-547 y 567). De hecho, la foto de la casa de los Sandovales la retiró en ediciones posteriores, no así las fotos y afirmaciones referentes al palacio de Valderas: vid. Francisco Franco. Biografía histórica (1982), tomo III, pp. 55 y 61 y Franco (1986), pp. 188 y 190. [F 069]
En otro pasaje pretende que la reunión de Leganés fuera “quizá más exactamente en San José de Valderas” (Respectivamente, (1972) I-552 y (1982) III-66, pero no ya en 1986).
[24] Vid. José Manuel Martínez Bande, La marcha sobre Madrid (1982), p. 288.
[25] B. Félix Maíz, Mola frente a Franco, pp. 291-292 y Archivo General Militar de Ávila, signaturas C-2099,18 y 2102,8.
[26] Fiel a su fértil inventiva, Manuel Calderón escribe que en la ocasión de un vuelo inconcreto –e inverosímil– pilotaba el avión de Franco “Pepín Justy” (Memorias de un marino vasco, p. 138). Se trataría, en todo caso, del capitán aviador del Cuartel general José Juste Iraola.
[27] Revista de Aeronáutica y Astronáutica, nº 392 (1973). p. 520.
[28] En el Diario de operaciones de Varela (p. 68), se anota que éste conferenció con Saliquet y Mola en un lugar indeterminado: ¿Yuncos, que era su cuartel general? ¿Navalcarnero quizá? ¿Es que Franco se entrevistó con Mola en Navalcarnero a mediodía cuando éste regresaba de Yuncos?
También hay que considerar seriamente que el Diario de operaciones de Varela silencie por algún motivo la participación de Franco en juntas de generales, como nos plantearemos de nuevo, o que Maíz haya convertido en entrevistas con Franco reuniones de Mola con otros generales, así como no cuente las juntas de varios generales.
Navalcarnero no tenía aeródromo y ésta es la primera visita que nos consta de Franco a los frentes en la provincia de Madrid, de los cuales no se nos indica por lo general el medio de transporte. Como en la ocasión del 11-I-37 sí se especifica que se trata de Escalona (en Toledo), para todos los demás desplazamientos indicados adoptaremos la convención de un recorrido por tierra con origen y término en esa localidad a la hora de cuantificar los desplazamientos.
[29] José Manuel Martínez Bande, La marcha sobre Madrid (1982), p. 287.
[30] En ello coinciden Ricardo de la Cierva, Franco (1986), p. 192 y la relación de Maíz (Mola frente a Franco, p. 291). Después de la entrevista, sabemos por la Orden de operaciones aéreas de la jornada que Mola voló a Talavera.
[31] Según La Cierva, “El día 20, cuando Franco sale de Salamanca para una nueva entrevista con Mola en Ávila” es fusilado José Antonio Primo de Rivera (Franco –1986–, p. 193). Pero tal presunta entrevista no se refleja en la lista de Maíz. Y tenemos ésta en Ávila dos días antes.
En las jornadas del asalto a Madrid no hemos podido encontrar ninguna mención sólida a la comparecencia de Franco en el frente. En sentido contrario hemos hallado un vuelo curioso: en la hoja de servicios del piloto Nicolás Ragosin consta que el 5-XI-36 transportó a Salamanca unos prisioneros del frente madrileño para su interrogatorio. ¿Y qué otro mando que no fuera Franco radicaba allí esa fecha?
[32] José Manuel Martínez Bande, La marcha sobre Madrid (1968), pp. 144-145; Diario de operaciones de Varela, p. 90). Franco llegó con Mola a las 13:00, después de Varela y Saliquet. Franco Salgado no indica vuelo ninguno, por el contrario, dice que salieron en coche el día 22 (p. 215). Maíz omite esta coincidencia de los dos personajes en su relación de encuentros de Mola y Franco.
El lugar exacto (testimonio de Medrano) fue el cuartel –hasta principios de la guerra– de los dos regimientos de Ferrocarriles existentes, que ocuparía después de ella el regimiento Saboya. El edificio, al borde de las posteriores vías del tren, fue construido por Sabatini para cuartel de Guardias Walonas y pertenece hoy a la Universidad Carlos III.
[33] Maíz (Franco frente a Mola, pp. 318-323) introduce el 26-XI-36 (¡después de la decisión de Leganés!), un intento de asalto postrero a Madrid por Carabanchel, librado con dureza, dirigido personalmente por Franco, omitido en los partes, evidentemente rechazado, y seguido de una cena en Navalcarnero con los generales Mola, Varela y Orgaz. Tras esa jornada aciaga Mola pidió permiso para levantar su cuartel general de Talavera y él y Franco se citaron para dos días después en Salamanca.
Un recuerdo tan largo –¿o es una reconstrucción tejida por el autor, que habla por referencias?– debería corresponder a una realidad, pero en el mismo libro Maíz relaciona entrevistas de Mola y Franco el 26-XI en Salamanca y el 29-XI en Ávila (p. 291), que resultan incompatibles con el relato anterior. Se comprueba una vez más que no hay fuentes exentas de errores. Y en el caso de este libro póstumo, y tan alejado de los hechos, baja la credibilidad de toda la obra. Lo más probable, simplemente, es que ese relato se trate de un eco deformado de la reunión de Leganés, quizá mezclado con otro.
Unas páginas más adelante Maíz parece aludir de nuevo a una “reunión de generales con S.E. el Generalísimo a la cual le había sido imposible asistir al general Varela” (pp. 338-339), pero éste asistió tanto a la comprobada del 23-XI como a la dudosa que sitúa Maíz el 26-XI. De modo que estos testimonios de oídas de Maíz se complican todavía más. Con los datos que hemos conseguido recabar nos es imposible confirmar que tal jornada tuviera lugar, ni en la fecha dicha ni en otra. Más creemos que se trate de una reconstrucción hecha a la medida de su hilo argumental y que no merece crédito.
[34] Por supuesto, hubiera sido preferible efectuar una operación doble en tenaza, simultaneando los ataques del Jarama y la Alcarria. Pero Franco carecía de efectivos en ese momento; la primera operación, muy demorada por el tiempo reinante, no podía retrasarse más, y para entonces el contingente italiano estaba todavía fogueándose en Málaga. Cuando éste estuvo disponible en tierras alcarreñas, las fuerzas del Jarama se encontraban absolutamente agotadas.
[35] Diario de operaciones de Varela (p. 99), consta también en la relación de entrevistas Mola-Franco de Maíz.
[36] Martínez Bande, La lucha en torno a Madrid, p. 54.
[37] Se puede consultar en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica:
https://prensahistorica.mcu.es/es/inicio/inicio.do
[38] Viaje que Ricardo de la Cierva da a entender erróneamente como realizado el Primero de Año en todas sus versiones (p. I,570 de 1972, p. III,86 de 1982 y p. 198 de 1986). A la fecha real del viaje se refieren la Hoja de servicios de Franco Salgado y el Diario de operaciones de Varela (p. 143).
Obsérvese que no se habla en ningún momento de avión: nos encontramos en los meses invernales, de mal tiempo habitual.
[39] Varela estuvo internado en el hospital de Griñón hasta el 16-I-37 en que pasó a su residencia en Yuncos; fue dado de alta el 23 y el 24 tomó el mando, en Pinto, de la agrupación de Fuerzas de Vanguardia de la División Reforzada de Madrid, bajo las órdenes de Orgaz.
Eso no justifica, de ningún modo, que por su ausencia firmara Franco en Navalcarnero la orden de operaciones de 1-I-37 –Franco no había llegado– como pretende La Cierva (1971, I-570; 1986, 198).
[40] La Cierva coloca esta visita el día 2: “El 2 de febrero, por la mañana, el Generalísimo visita detenidamente los lugares donde se acaba de extinguir la «batalla de la niebla»: Las Rozas, Pozuelo, Aravaca. Como en Marruecos, departe sonriente con los heridos en el hospital de sangre improvisado a las afueras de Brunete” (Un siglo de España, tomo I, p. 583; Franco (1986), p. 201).
[41] ABC de Sevilla publicó la crónica y posteriormente una foto (números de 3 y 6-II-37).
[42] La afirmación es de Franco Salgado, sin que hayamos podido identificar el piloto que realizara tal vuelo, del que no se puede dudar que fuera viaje aére por los testimonios de la prensa y Queipo.
[43] Franco Salgado no dice que el regreso tuviera lugar en avión, sino que recorrió los frentes de Extremadura y que aun soportó un ataque aéreo cerca de Mérida. Hemos de inferir, a falta de testimonio en contrario, que el regreso fue íntegramente terrestre.
[44] Vid. Pere Soler Parício, Irlanda y la Guerra Civil Española, pp. 279-280. Allí se sostiene que Franco volaba y “el aeroplano tuvo que detenerse en Cáceres a medio vuelo”, lo cual nos parece mera hipótesis falta de fundamento.
[45] Véase ABC de Sevilla, 9-II-37, p. 11. Que Franco saludara en Sevilla a una manifestación por la toma de Málaga y no regresara hasta el 11 es un sinsentido en el que cae La Cierva (Franco, p. 202), sin duda por una mala lectura.
[46] Seguimos la Hoja de servicios de Franco Salgado. Habían transcurrido ya más de dos meses desde la tentativa del presidente autonómo Aguirre de alcanzar ‘Gazteiz’, que fue detenida en Villarreal. Aunque Franco acostumbrara a visitar los lugares donde se había combatido, y aunque ya se empezara a considerar operar por el frente Norte, se trataba, sobre todo, de tomar el primer contacto con las fuerzas italianas recién llegadas y engreídas por el triunfo de Málaga.
[47] La mención ‘brigada mixta’ no se refiere a las mixtas de distintas armas y servicios creadas en el Ejército Popular, sino a su composición italo-española. Hubo dos, denominadas ‘Flechas Negras’ y ‘Flechas Azules’, pero en las memorias de su jefe y uno de sus oficiales no hay traza no ya de tal revista, sino de haberse encontrado en Miranda de Ebro o al Norte del Guadiana en esas fechas ni próximas. Debió tratarse de algún contingente italiano que iba a incorporarse a ellas, o Franco Salgado así lo creyó y recordó.
[48] La prensa local (Diario de Burgos, días 11 y 12) informó de que llegó en automóvil y le acompañaba su esposa. ¿Había atravesado antes Burgos sin detenerse?, ¿o había volado, en cuyo caso ella también?
El periódico hace alusión repetidamente a la “residencia oficial” del Caudillo y a “Palacio”, aparentemente distintos y sin mayores explicaciones. Por la noche se celebró una manifestación a la que Franco arengó después de que el público entonara el himno de Falange, “que S.E. escuchó saludando a estilo romano”. Y finalmente presidió el desfile de las milicias:
“En primer lugar marchaba la Falange, cuya banda de música, entre una gran ovación, interpretaba el Oriamendi. Después iba el requeté, cuya música interpretaba el Cara al sol, y finalmente los milicianos de Acción Popular […] Cuando llegaban las milicias al Arco de Santa María un falangista dio un estentóreo viva a los requetés que fue coronado con una enorme salva de aplausos y contestado por los boinas rojas con calurosas aclamaciones a la Falange. El Jefe del Estado cambió breves palabras con las autoridades burgalesas, ante las que mostró su satisfacción por el magnífico espectáculo que acababa de presenciar, haciéndolas notar la grata impresión que le había producido la simpática nota del desfile […]”.
Se trata de una noticia que merecía transcribirse para conocer el tono popular imperante, más allá de las jerarquías respectivas.
[49] Sin embargo, la discusión sobre su empleo definitivo parece que tuvo lugar en Salamanca a su regreso: vid. Carlos Murias, Carlos Castañón y José María Manrique, Militares italianos en la Guerra Civil Española, pp. 67-70.
[50] Martínez Bande, La lucha en torno a Madrid, pp. 171-172.
[51] Martínez Bande se hizo eco de otro libro según el cual Franco regresa de Vitoria a Salamanca para, a continuación, desplazarse a presenciar el paso del Jarama el día 11 (La lucha en torno a Madrid, 1984, p. 113). En la primera edición de su obra (1968) Martínez Bande aludía a la entrevista de los cuatro generales del día 19 y, además, haciéndose eco de otras dos obras, situaba el 24-II otra visita de Franco y Orgaz a Varela (p. 103, final de la nota 113). En la segunda redacción han desaparecido las referencias a esas dos supuestas visitas al Jarama, ninguna de las cuales figura tampoco en el Diario de operaciones de Varela, pese a que la del 19 debemos tenerla por segura, lo que permite suponer como posibles otras omisiones de dicho Diario.
[52] Martínez Bande sitúa la reunión de los cuarteles generales del CTV y del Generalísimo en Salamanca el día 19 (La lucha en torno a Madrid, p. 172). Por ser esto imposible nos vemos obligados a situarla el 20.
[53] Son días que también hace constar Maíz como entrevistas de Mola con Franco.
[54] Mi vida junto a Franco, p. 222.
[55] B. Félix Maíz, Mola, aquel hombre, p. 325. Por supuesto, consta en la relación del mismo autor Mola frente a Franco.
[56] B. Félix Maíz, Mola frente a Franco. Guerra y muerte del General Mola, p. 291.
[57] Al culminar este vuelo un avión republicano sobrevoló el aeródromo burgalés, Navarro volvió a su avión, remontó y alcanzó al enemigo, obligándole a aterrizar en territorio propio. Eso lo dijo la prensa de la época, y puede parecer una historia inventada más, de las que los dos bandos imprimieron tantas. Lo raro es que tal episodio lo hizo figurar en su hoja de servicios, diciendo que había recibido una felicitación del mando por su acción, y que personajes que acudieron a recibir a Mola lo incluyen en sus memorias sin que necesiten depender del rumor o la prensa.
Iribarren se hace eco de este hecho en nota al final de su capítulo XV, como Dávila Álvarez en el suyo (p. 111), pero tiene más peso el testimonio del marqués de Valdeiglesias, quien, con Vegas, Sáinz Rodríguez y Vigón, estuvo esperando a Mola en Gamonal (Así empezó, pp. 49-50): parece difícil que se hiciera eco de una invención de cabo a rabo sólo por haberla leído después.
Transcribimos de la hoja de servicio de Navarro Garnica:
“[…] el día 21 se traslada en vuelo a Zaragoza llevando al Excmo. Sr. General Mola, regresando con él a Logroño y efectuando en este vuelo de regreso un ametrallamiento sobre los alrededores del pueblo de Alagón, consiguiendo que las fuerzas nacionales tomaran dicho pueblo. En la tarde de ese día se traslada en vuelo a Burgos llevando al Excmo. Sr. General Mola, que iba a posesionarse del mando del Ejército del Norte; al llegar al aeródromo apareció un avión rojo, saliendo en su persecución y obligándole a tomar tierra en las inmediaciones de Aranda de Duero, haciendo prisioneros a los dos ocupantes y rescatando el avión en perfectas condiciones de vuelo. Por este hecho fue felicitado por el Excmo. Sr. General del Ejército del Norte”.
Y, sin embargo, en la historia elaborada con posterioridad, ni nacionales ni republicanos hacen alusión a esa pérdida de un avión y dos aviadores, de suerte muy poco envidiable a priori. Permanecen anónimos por hoy, con lo que suscitan una duda natural. Hay aquí otra leyenda aeronáutica de la guerra que esclarecer.
Puede que la pista la suministre el vespertino Diario de Burgos del propio 21-VII, a renglón seguido de cubrir extensamente la llegada de Mola: “Un avión que se suma al movimiento. – El aparato 157, procedente de Getafe, que al parecer venía con el propósito de bombardear esta ciudad, se ha sumado al movimiento militar”. Obsérvese el tono dudoso empleado. Si hubo miedo de que intentara bombardear, cosa normalísima en esos primeros momentos, pero terminó en un aterrizaje forzado y unos pasados efectivos (después de las correspondientes explicaciones), se entendería que la Asociación de Aviadores de la República no presente ningún nombre de fusilados, como lo habrían sido de otro modo.
Resta tan sólo individualizar a qué vuelo, de los varios efectuados por esas fechas desde Getafe y Cuatro Vientos a Burgos, corresponde el suceso en cuestión. Todo apunta al vuelo, cuya peripecia se resume habitualmente diciendo que acabó en Burgos, del capitán Rafael Jiménez Ben Hamú (transcrito con muchas otras grafías, hasta Benamú), con el alférez Juan Terrones. Puesto que el primero sí se integró en la aviación nacional, falleciendo en acción en XII-36, en tanto que el segundo quedó preso y fue condenado en consejo de guerra a doce años y un día de prisión (luego reducidos), se entendería muy bien la forma vacilante en que se abordó la narración del hecho, correspondiendo al modo mismo en que se realizó la acción. Dejamos apuntada la cuestión, que no hemos podido resolver.
[58] Ibídem. Vid. José Manuel Martínez Bande, La lucha en torno a Madrid (1984), pp. 217-218. En su relación, Maíz emplaza la entrevista de Mola y Franco en Almazán.
[59] Parece que Franco convocó a Roatta y ambos se pusieron en camino para Salamanca desde sus respectivas localizaciones, de modo que recibieron la noticia de la pérdida de Brihuega allí (Carlos Murias, Carlos Castañón y José María Manrique, Militares italianos en la Guerra Civil Española, p. 89).
La Cierva le sitúa en Burgos, cenando con los generales Dávila, Gil Yuste, su hermano Nicolás y su cuñado Serrano Suñer “para preparar un nuevo cambio del cuartel general, que se producirá dos semanas más tarde” (Franco, p. 205) y regresando al día siguiente. La contradicción con cuanto conocemos con certeza (tampoco hubo cambio de cuartel general) es demasiado grande y hemos de inclinarnos por los datos más circunstanciados y verosímiles. Desgraciadamente para nuestro interés, queda en el aire la fecha en que pudo realizarse, si acaso, la cena así descrita.
[60] Es decir, a la que debía ser la otra mandíbula de la tenaza sobre Madrid, sobre la cual insistía sin cesar el mando italiano.
[61] Cosa que corrobora la tabla de entrevistas con Mola de Maíz: 17 en Navalcarnero y 18 en Pozuelo.
[62] Saliquet, jefe del ejército del Centro, dio el 16-III una nueva orden que contemplaba de nuevo llegar hasta Alcalá de Henares, pero los combates, iniciados ya antes, carecían de mordiente, obtuvieron mínimos resultados y padecieron severos contrataques. Sobre ellos y las críticas italianas a la falta de apoyo desde el sector del Jarama vid. Martínez Bande, La lucha en torno a Madrid, pp. 217-219; Alcofar Nassaes, Los legionarios italianos en la Guerra Civil Española, p. 104 y Carlos Murias, Carlos Castañón y José María Manrique, Militares italianos en la Guerra Civil Española, p. 95.
[63] Martínez Bande, La lucha en torno a Madrid, p. 235.
[64] Alfredo Kindelán, Mis cuadernos de guerra (1982), p. 119.
[65] “… varias veces hablamos de que era preciso volver a disponer como fuerza maniobrera de las unidades excelentes que perdían forma en las trincheras del Basurero o en las ruinas del Hospital Clínico. Especialmente había de cristalizar este propósito en decisiones en los momentos tristes de Guadalajara, en marzo de 1937, sin que, sin embargo, se llevase a la práctica el propósito por consideraciones psicológicas que quizá no deban en buenos principios posponerse [sic] a las reglas del arte militar, pero que si alguna vez está justificado hacerlo es en las guerras civiles.
“En realidad, sólo en el caso de un desistimiento total de conquistar Madrid hubiese constituido deber ineludible el retroceso previsto de nuestras tropas, pero en rigor no se desistió en toda la guerra de la toma de Madrid por asalto o por maniobra de envolvimiento.
“No era sólo la sospecha de que una retirada voluntaria y bien preparada de nuestras tropas hasta colocarse detrás de los ríos Jarama y Guadarrama en posición mucho más sólida, bien aprovechada por la propaganda roja, habría dado nuevos ánimos al enemigo; era también, y era sobre todo, que nuestra alma estaba en Madrid, que de nuestra imaginación no se apartaban ni un momento los millares de hermanos que sufrían penalidades sin cuento en su recinto, y para quienes significaba consuelo el sabernos tan cerca y hubiese significado una decepción extraordinaria cualquier retroceso, que tendría apariencias de abandono.
“He aquí la explicación de que Franco no se decidiera a hacer lo que mandaba la táctica y que él no ignoraba. Si hubo en ello falta, debo asociarme a ella, pues al preguntarle yo a principios de abril por qué dilataba la ejecución de la proyectada retirada, me dijo que la aplazaba por razones psicológicas hasta que tomáramos Bilbao; más tarde lo retrasó hasta que cayera Santander, y por último hasta que terminara la campaña del Norte. En las tres ocasiones me vinieron a la memoria estas promesas y anuncios, y en las tres procuré no tratar de ello ni suscitar el recuerdo. Había tanta espiritualidad en nuestra Cruzada que los fríos conceptos tácticos se abrasaban muchas veces en el fuego del entusiasmo” (Alfredo Kindelán, Mis cuadernos de guerra (1982), pp. 115-116).
[66] Casi tres meses para ocupar la segunda más pequeña provincia española en extensión. Aunque también es cierto que las fuerzas atacantes no gozaban siquiera de superioridad numérica en Infantería. La concentración de la Artillería y la Aviación de toda la España nacional, junto con la capacidad de maniobra, serían las que terminaran imponiéndose.
[67] Maíz coloca los dos días entrevistas con Mola en Vitoria.
A partir de ahora, y con más motivo, consideraremos, como es necesario geográficamente, que en todas las visitas al frente de Vizcaya partiera de Vitoria.
Existen de esta visita unas fotos que Jorge Vigón incluye en su libro (por haber formado parte del grupo de jefes reunido): una la fecha en 6-V-36 (¡la guerra no había comenzado!) y otra en 6-V-37, pero en esa fecha la I brigada de Navarra se aprestaba a disputar el Bizcargui y no tiene sentido que su puesto de mando estuviera cerca de Ochandiano: debe tratarse de una doble errata por el 6 de abril del 37.
De todos modos, hay que hacer hincapié en que, si las fuentes secundarias redactadas a posteriori contienen erratas o errores, hemos visto que las mismas hojas de servicios son susceptibles de incurrir en ellos. Aparte de las lagunas, la precisión absoluta no siempre puede garantizarse y cabe la aparición de algún documento o testimonio que obligue a reconsiderar una fecha.
[68] Rafael Dávila Álvarez, La Guerra Civil en el Norte, pp. 255-256.
[69] Navarro Garnica sólo indica en su Hoja de servicios la ida y la vuelta a Vitoria en dos días consecutivos; Franco Salgado, en la suya, precisa que pernoctaron en Burgos y al día siguiente volvieron a Vitoria, desde donde tomaron el avión. Maíz incluye esta fecha entre sus reuniones con Mola.
[70] Dávila Álvarez coloca esta visita y la entrevista con Solchaga el día 27, que es el del bombardeo de Guernica (La Guerra Civil en el Norte, p. 257). Por su parte, Torres duplica este viaje en fecha 20, cuando tales poblaciones no habían sido todavía conquistadas.
[71] De sus palabras se sigue que tan pronto acompañó a su marido en alguna de sus visitas como que éste le relataba después las peripecias aéreas (Vid. Manuel Calderón, Memorias de un marino vasco, pp. 138-139).
[72] Pese a ello, una vez escuchado el discurso por la radio, se congregó un gentío ante ‘el Cuartel general’, entendemos que el Palacio de la Diputación, al cual arengó brevemente (se conserva la grabación de sus palabras: hemos encontrado este video sobre su voz https://www.youtube.com/watch?v=4PVksDRtbPc , y seguro que se podrán encontrar en más lugares de la Red si se rastrea).
[73] Obsérvese la contraposición, no necesariamente desfavorable, con la multitud de Organizaciones No Gubernamentales, muchas de ellas sin apenas voluntarios y con directivos con emolumentos a cargo de las subvenciones públicas.
[74] A ello va aludiendo Ricardo de La Cierva, siempre vagamente, en varios pasajes: Véase Un siglo de España, tomo I, pp. 542-543, 563-566, 574, 582, 591, 604 y 606; no todos ellos han encontrado hueco en la refundición de 1986 –Franco, pp. 196-197, 203, 208–, por lo que conviene atender a esa versión primitiva que incluye alusiones más extensas.
Sobre la cuestión vid. Maximiano García Venero, Historia de la Unificación, p. 162; recogido y ampliado en Testimonio de Manuel Hedilla, pp. 362-365.
Aporta dos consideraciones agudas: el corrimiento hacia un ‘franquismo’ de parte de la retaguardia nacional implicaba la falta de convicción real de neofalangistas, neotradicionalistas y neoalfonsinos ‘de guerra’; un partido franquista, añadido a los existentes, hubiera debido competir y polemizar con ellos desde la inferioridad ideológica, histórica y militante, y habría rebajado a Franco de su altura presidencial a la de contendiente político. El partido político franquista llegó finalmente de un modo que salvó ese obstáculo.
[75] Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra-Sesúmaga, Requetés. De las trincheras al olvido, pp. 392-394.
[76] Ley 43/1967 de 28 de junio en su preámbulo y artículo 1.
[77] La dictadura es una magistratura suprema y unipersonal no prevista en el orden político normal, pero ello no entraña que sea ‘tiranía’ necesariamente. Es más, muchos tiranos efectivos se esfuerzan por titularse presidentes y revestirse de elecciones amañadas.
Por el contrario, la tiranía puede acaecer en un régimen formalmente ordinario, e incluso democrático. Para un cristiano, una legalización de aborto o eutanasia es absolutamente tiránica, aunque proceda de parlamentos legalmente elegidos y hasta si se aprobara en referéndum popular. No debe olvidarse que la transformación del canciller Hitler en Führer se hizo en un parlamento elegido en la República de Weimar y ‘de la Ley a la Ley’. Y, por considerarse el Frente Popular tiránico, se produjo el Alzamiento Nacional de 1936, encabezado por militares, pero de mayor amplitud que sólo de éstos.
[78] José Ignacio Escobar, Así empezó…, p. 152.
[79] Quien no crea las antedichas condiciones de “apoliticismo y eficiencia” consulte las Instrucciones quinta y octava de 5-X-1936 para el funcionamiento del Gobierno General del Estado: “bien entendido que la ideología de los que acrediten en tal cometido a dichas entidades deberán ser personas de eficiencia en su labor y carentes de significado político, aceptando en último extremo el de tendencias afines a la causa nacional” (BOE nº 2 de 6-X-36).
[80] De nuevo discrepan las hojas de servicios de Franco Salgado y Navarro Garnica: la del primero reza “Este día [20] sale de Salamanca para Vitoria en avión, regresando el día siguiente a Salamanca”, en tanto la del piloto anota “el 19 efectúa un vuelo Salamanca-Vitoria llevando a S.E. el Generalísimo y otro Vitoria-Logroño. El 20 se traslada en vuelo de Logroño-Salamanca”. Martínez Maza vuelve a coincidir en la fecha con Navarro e indica la vuelta el mismo día a Salamanca. Ésta pudo ser con otro avión y piloto o en automóvil.
El cuartel general de Vitoria se encontraba emplazado frente al palacio de los Ajuria (hoy sede el presidente autonómico vasco).
[81] Mi vida junto a Franco, p. 226. No deja de ser curioso los dichos ofrecimiento y aceptación de compartir el avión, después del enfado de Mola y Franco por el bombardeo de Guernica un mes antes. También pudo ser un modo de reducir la tensión. La guerra imponía miramientos con los aliados que había suscitado.
[82] La frase la transmite Ricardo de la Cierva (Franco, p. 217), que sitúa arbitrariamente la entrevista en Segovia y el 1 de junio. No consta en los relatos de aquella batalla que ninguno de los dos se hubiera hecho presente en el frente segoviano.
[83] Recordemos que los muertos fueron cinco: con el general Mola, su ayudante el teniente coronel Gabriel Pozas Perea, el comandante de Estado Mayor Francisco Senac Sánchez, el piloto capitán Ángel Chamorro García y el sargento de Aviación Luis Fernández Barredo. Mola proyectaba hacer escala en Burgos, pero su destino era Valladolid, que seguía siendo el cuartel general de todo el Norte, aunque Mola llevara meses dedicado a Vizcaya.
[84] Rafael Dávila Álvarez, La Guerra Civil en el Norte, pp. 76-77.
[85] Es una constante de dicha tendencia que las explicaciones más normales y frecuentes nunca sean satisfactorio colofón, sino precisamente la única opción excluida. Llega un momento en que el no querer creer en cierta posibilidad no es ya espíritu crítico, sino endurecimiento del corazón y verdadera culpa, incluso a los ojos más benévolos.
[86] Vicente Talón, Memoria de la guerra de Euzkadi de 1936, tomo II, pp. 441-442.
[87] Lo confirma el Diario de Burgos, que especifica que Franco llegó acompañado de su esposa –otra vez– a medianoche del sábado 5 y escuchó misa en la catedral al día siguiente.
[88] Coincide con ello el testimonio del interesado que recoge Rafael Dávila Álvarez, La Guerra Civil en el Norte, p. 266.
[89] Nanclares, Subijana, Berberana… (Vid. Rafael Dávila Álvarez, La Guerra Civil en el Norte, p. 272).
[90] Dávila había estado el día antes. Allí se encontraba el cuartel general del CTV. Ninguno de los dos consiguió convencer al general italiano –Bastico (a) ‘Doria’–, remiso a intervenir desde ese sector en Vizcaya.
[91] Rafael Dávila Álvarez, La Guerra Civil en el Norte, p. 272.
[92] Franco Salgado pormenoriza bien estas idas y venidas. Franco se vuelva sobre el objetivo ‘Bilbao’ que será el fulcro de la guerra. Debemos complementar un detalle más: ¿a qué parte del frente se dirige exactamente Franco? Su ayudante Martínez Maza se refiere al itinerario Guernica – Rigoitia y ‘Santa Cruz’. Efectivamente, Rigoitia (desde 1986, Errigoiti) se encuentra al W de Guernica, y en su término se encuentra la ermita de Santa Cruz de Bizkaigane (43° 19’ 56” N – 2° 43’ 56” W, 387 m). Un perfecto observatorio sobre la cabecera del Butrón y a 7,5 km frente al punto de ruptura en Gaztelumendi (el monumento erigido en 1938 y derribado en julio de 2017 estuvo en 43° 17’ 10” N – 2° 47’ 49” W, 323 m de altitud). Tal posición se encontraba en manos nacionales, efectivamente, desde el 10-V-37, como explotación de la conquista del Sollube. [F 079 B]
[93] Ésa es la afirmación de la Hoja de servicios de Franco Salgado. En el mismo sentido se ha llegado a publicar que llegó a oír Misa en la basílica de la Virgen de Begoña (que propiamente está sobre la ciudad, pero fuera de ella), situando el hecho en el día 21 (Pedro de Miguel en AA.VV., Franco rompe el ‘cinturón de hierro’, p. 93.). Y es verdad: la Historia de la Cruzada publicó una foto. [F 080]
[94] Vid. Rafael Dávila Álvarez, La Guerra Civil en el Norte, pp. 285-286.
[95] Después de tan largo ayuno de vuelos, Franco realizó una auténtica vuelta a España por aire y reconoció a simple vista la mayor parte del paisaje peninsular. Sólo pasó tres horas en Almería, para las ceremonias de inauguración de aeropuerto y un grupo de viviendas sociales, pero los vuelos de ida y vuelta le ocuparon otro tanto o más, a baja altura y velocidad reducida: a la ida sobrevoló Toledo, Sevilla, Cádiz, el Estrecho y Granada; al regreso San Javier, Alicante, Valencia, Reus, Barcelona, Gerona, Pamplona y Logroño. Un auténtico capricho realizado en un DC-8 de Iberia. Y, excepto para las maniobras de despegue y aterrizaje, viajó en la cabina sentado en el puesto del copiloto. [F 079 A]
[96] Por las fuentes que hemos conseguido, no nos consta que Franco visitara el frente de las ulteriores operaciones previstas, aunque parece probable en periodo tan prolongado sin detalle alguno.
[97] Martínez Bande, La ofensiva sobre Segovia y la batalla de Brunete, pp. 225-226.
[98] No hay aquí diferencia real de destino, sino de denominación. El Ejército del Centro (mandado por Saliquet, sede en Valladolid) se componía de los Cuerpos V (Aragón), VII (Castilla) y I (Madrid), más el sector independiente de Cáceres.
El VII cuerpo (Varela, sede en Segovia), procedía del incremento de la ‘División de Ávila’. A él pertenecía la división 71 (antes 75, bajo el mando de Serrador, sede en Ávila). El sector de Chapinería de ésta comprendía los subsectores de Brunete, Navalagamella y Robledo de Chavela que enlazaban el frente serrano del Sistema Central con el frente de Madrid, sensiblemente orientado hacia el Norte.
Sin duda, Franco tuvo que pasar por este nudo de comunicaciones inmediato al frente y muy próximo al cuartel avanzado de “El Rincón”, término de Villa del Prado (10 y 14 km al Sur de Chapinería, respectivamente), que, sin embargo, era la sede de todo el Cuerpo de Ejército I, o de Madrid.
[99] Martínez Bande, La ofensiva sobre Segovia y la batalla de Brunete, p. 163.
[100] Jesús N. Núñez Calvo, General Varela. Diario de operaciones 1936-1939, p. 210. En las páginas siguientes (hasta la 220) refiere las entrevistas de Varela con muchos otros generales y testifica la presencia de Franco en la zona desde la noche del 19 hasta su partida hacia Salamanca ya a la tarde del 26. De su literalidad se seguiría que Franco era informado por Varela del curso de los combates en su cuartel general al finalizar la jornada. Pero, en realidad, nada se opone a que Franco hubiera observado directamente diversos lugares del frente durante la jornada. En línea recta, la Villa del Rincón dista de Sevilla la Nueva, frente al centro de la bolsa, 22 km. Por lo que suponer a Franco desplazamientos diarios de 44 km nos parece justificado y aun conservador.
[101] Así figura en las fuentes, pero la finca del Rincón pertenece al término municipal de Aldea del Fresno, casi equidistante entre los dos núcleos de población.
[102] Vid. Diario de operaciones del general Varela, pp. 209-221. Dicha finca se encuentra al Norte del casco urbano, a poco más de 1 kilómetro de Ayuntamiento y Parroquia.
Olav Mazarrasa, editor de las memorias de Calderón, puntualiza así por su parte: “La finca El Rincón en Villa del Prado no se trataba del ‘Palacete’, como se hizo constar oficialmente, sino de una casa señorial situada en los alrededores llamada Casa de Adelita” (Memorias de un marino vasco, p. 155). Dicha casa está dentro del casco urbano de Villa del Prado, junto al templo parroquial de Santiago ( http://www.generalisimofranco.com/opinion01/059.htm ).
[103] Luis María de Lojendio, Operaciones militares de la guerra de España, p. 332.
[104] Mi vida junto a Franco, p. 229. Que estuvo en algún momento en el Km 2 de Sevilla la Nueva a Villanueva de Perales.
[105] Parece que Varela llegó a repetir, primero por teléfono y luego ya en persona, “Mañana en El Escorial y pasado en Madrid” (Federico Martínez Roda, Varela. El general antifascista de Franco, pp. 165-166), con cierto eco del “Domani a Guadalajara, dopo domani ad Alcala e fra tre giorni a Madrid” que se le atribuye a Roatta”.
[106] Aparte de que cabe plantear si podía mantenerse la línea alcanzada sin proceder a asegurar el disputado flanco occidental ni apoyar el abierto flanco oriental en el Jarama. O si debía procederse a una retirada bajo presión enemiga y perniciosa para la moral colectiva, y hasta dónde. No era tan fácil atender al Norte como lo veían Solchaga y Mola, y nos transmite apasionadamente Maíz.
[107] Manuel Calderón, Memorias de un marino vasco, pp. 148-150.
[108] Luis E. Togores, Yagüe, el general falangista de Franco, p. 407.
