Roy Campbell había escrito en 1939 un largo poema sobre la guerra en España, Fusil Florido. Justificaba la muerte de Lorca en estos términos:
La sorprendente cantidad de papel malgastado en esta casi única tacha de las armas nacionalistas es típica de la prensa anglosajona. Cuando los nacionalistas entraron en Granada, los increíbles excesos perpetrados por los rojos les hicieron dar gusto al dedo fusilando a todos los corruptores de niños, notorios pervertidos y maníacos sexuales. Una reacción natural teniendo en cuenta que la semana anterior los rojos habían torturado y asesinado a toda persona sospechosa de cualquier especie de decencia. Maetzu, Calvo Sotelo, Muñoz Seca, el padre Eusebio, que estaba a punto de ser canonizado, Primo de Rivera, etcétera, todos estos fueron matados no por sus vicios, sino por sus virtudes. Eran intelectuales de mucha más categoría y murieron mejor que el cobarde de Lorca. Si el autor de este poema, superior poeta que Lorca, como Borges, el gran crítico sudamericano, señala no hubiese sido fértil en recursos, podía haber muerto como Lorca, pero a manos de los rojos.
