INTRODUCCIÓN
La valoración histórica del franquismo sigue siendo uno de los debates más intensos de la historia contemporánea de España. Los casi cuarenta años en los que gobernó Francisco Franco dejaron una profunda huella política, social y económica en el país, cuyo análisis continúa generando interpretaciones contrapuestas.
Desde la posguerra hasta los años setenta, España atravesó distintas etapas: la reconstrucción tras la Guerra Civil, el periodo de autarquía económica, y posteriormente una fase de crecimiento acelerado conocida como el “milagro económico español”. La muerte de Franco en 1975 abrió un nuevo periodo político encabezado por el rey Juan Carlos I, que conduciría a la Transición democrática.
Examinar el balance de aquellos 39 años implica analizar tanto los objetivos proclamados por el régimen como los resultados obtenidos en ámbitos como la economía, el empleo, la estructura social o la evolución institucional del Estado.
EL TESTAMENTO DE FRANCO:
“Españoles: Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir. Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo.
Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación, en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido. No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria. Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte, «¡Arriba España! ¡Viva España!».”
LA ABDICACIÓN DE JUAN CARLOS DE BORBÓN
El 2 de junio de 2014, el rey Juan Carlos de Borbón, anunciaba su abdicación por TV, en un tono monótono y sin emoción. Aquel acontecimiento muchos españoles lo vivieron con indiferencia, y llegado el día de la proclamación del nuevo rey Felipe VI ni siquiera se llenó la plaza de Oriente de Madrid, con público que esperase el saludo en el balcón del nuevo rey. Todo aquello me hizo recordar el momento histórico en que Franco murió y se produjo el relevo en la jefatura del estado. La intensidad, la solemnidad y la incertidumbre con que se vivió todo en 1975 distorsionaba con el momento vivido 39 años después. También pensé en los 39 años que duró el franquismo comparativamente con el resultado de los 39 años del juancarlismo, algo que sin duda enojaría a todos los asalariados del discurso oficial. Se puede argumentar legítimamente que el juancarlismo ha tenido otros objetivos, incluso debatir hasta qué punto los ha conseguido, pero hoy nos centraremos en hacer el balance general de los 39 años del régimen franquista.
OBJETIVOS Y RESULTADOS DEL FRANQUISMO
La España nacional acabó con el gobierno del Frente Popular que sistemáticamente había dinamitado la legalidad republicana tras el pucherazo que dio en las elecciones de febrero de 1936, y que cuentan por escrito los presidentes de la II República, Alcalá Zamora o el propio Azaña: primero se disolvieron las cortes en las que la CEDA tenía 115 diputados, ilegalmente y antes de tiempo. No se publicaron nunca los resultados oficiales de las elecciones. El día de las votaciones las milicias de la izquierda salieron armados en grupos y causaron que muchos alcaldes, concejales y gobernadores tuvieran que huir, y que algunos de esos gobernadores civiles dimitiesen, lo que fue aprovechado por la izquierda para manipular los resultados electorales. El propio Azaña lo resume así: “Los gobernadores de Portela habían huido casi todos, nadie mandaba en ninguna parte y empezaron los motines”.
Alcalá Zamora ante el temor revolucionario, hizo a Manuel Azaña presidente de la república sin que siquiera se publicasen los resultados oficiales de la primera vuelta, y ya instalado en el poder, el Frente Popular dirigió la segunda vuelta. El 24 de febrero Manuel Becerra, que fue ministro de Justicia en el último Gobierno de Portela, le dijo a Alcalá-Zamora que al menos cincuenta actas cambiaron de la derecha a la izquierda durante el primer pucherazo. En el segundo pucherazo, se formó una comisión de actas dirigida por el socialista Indalecio Prieto en el que a la CEDA le robaron otros 13 diputados más. Además anularon el resultado de dos provincias donde había ganado la derecha como sucedió con Cuenca y Granada. Así construyó el Frente Popular una mayoría absoluta en unas elecciones que no había ganado.
La España nacional acabó con la violencia desatada durante la II República, y que se recrudeció tras el pucherazo de las elecciones de febrero de 1936 al reanudar la izquierda el proceso revolucionario que fracasó en octubre de 1934. En aquel momento la mayoría de los que no habían votado a las izquierdas llegaron a la conclusión y en palabras de Gil Robles de que “era más peligroso no rebelarse que hacerlo” contra aquel gobierno ilegítimo que amenazaba a sus vidas, a su fe y a sus haciendas. El propio Gil Robles de la CEDA, se libró de ser asesinado al estar ausente de su casa, cuando fueron a buscarle la misma noche que los guardaespaldas del socialista Indalecio Prieto asesinaron al líder de la oposición José Calvo Sotelo, estos hechos sucedían 5 días antes del estallido de la guerra civil.
De haber ganado la izquierda marxista la guerra, se hubiera producido un previsible exterminio del 10% de la población, al ser declarados cientos de miles, e incluso millones como “enemigos del pueblo”, no por ser acusados de delitos concretos sino por su condición social, religiosa o política, como sucedió en todos los países en los que actuó el marxismo revolucionario. Una imaginable situación que contrasta con los 23.000 fusilados de las fuerzas nacionales tras el fin de la contienda, de hecho las cifras de fusilados durante la guerra son superiores en la España revolucionaria que en la nacional, sin olvidar que la represión se hizo de una forma más sádica en las numerosas chekas repartidas por toda la geografía, basta ver el ejemplo de los mártires católicos. De haber ganado la guerra la izquierda, se hubiera impuesto una “república socialista popular” al estilo de lo que fueron poco después las repúblicas del este de Europa, con un gobierno totalitario y genocida que hubiera dado paso a una economía socialista que hubiera acabado en un fracaso económico, como ha sucedido en todas las economías del “socialismo real”; el fracaso de la revolución evitó que España se quedase con el bajo nivel de vida de los países excomunistas, como Rumanía o Polonia, y no con el de los países capitalistas de la Europa occidental.
El franquismo evitó la entrada de España en la II Guerra Mundial, y también acabó con el “maquis” que era el intento de la izquierda de volver a la guerra civil, pero sin tener éxito ni apoyo popular.
El franquismo tras la guerra pacificó el país, los españoles olvidaron la política y se pusieron a trabajar. Dejaron atrás los horrores de la guerra, y en un sentimiento de que “todos habían sido culpables” según el socialista Simeón Vidarte el país comenzó la reconciliación. En las familias del franquismo no se hablaba de la guerra, los hijos se casaban sin saber de qué bando habían sido sus padres, pues la vuelta al guerracivilismo es un fenómeno reciente, en el que también es más fácil manipular unos hechos históricos que sucedieron hace 80 años y que por edad ya pocos vivieron. El franquismo dejó un país además de reconciliado, muy próspero, lo que facilitó una pacífica transición a partir de 1975, gracias a que había creado una sociedad de clases medias que no estaba dispuesta a inmiscuirse en nuevas aventuras políticas previsiblemente violentas.
La obra de la España nacional hizo progresar al país en todos los aspectos, lo electrificó, lo alfabetizó, aumentó el número de universitarios, se incentivaron numeras viviendas sociales, se industrializó el país sin olvidar la importante industria estatal del INI, acabó con el desempleo, se modernizó la agricultura y la pesca, el país se abrió al turismo y a la inversión extranjera, etc.
DICEN QUE LAS COMPARACIONES SIEMPRE SON ODIOSAS
Pero puestos a enojar a los apologistas de la mentira histórica, nada más divertido que estudiar un régimen recurriendo a la elemental comparación:
a) Del 2% de paro al 27%.
En 1976 empezó a funcionar la EPA, la Encuesta de Población Activa. Su gráfica refleja que en 1976, pocos meses después de fallecer el general Franco, había un desempleo de sólo el 3%. Si miramos los datos de la OCDE vemos que el desempleo de los años 60 hasta 1975 giraba en torno al 2%, es decir, que al ser menor al 4%, según los expertos era una sociedad de pleno empleo.
Posteriormente y desde que comienza el régimen partitocrático, el desempleo empieza a crecer, con los repuntes escandalosos de los gobiernos socialistas por encima del 20%. En ningún momento, con burbuja inmobiliaria o sin ella, se ha alcanzado los niveles de empleo de la España franquista y que siguen sin ser tan extraños en la Europa del norte.
b) De la 9 potencia industrial a la número 14.
En 1975 una España industrializada se había convertido en la 9 potencia económica, aproximándose a los países europeos occidentales. Al progreso del sector privado y financiero, se sumó el de la industria estatal que el franquismo creó o desarrolló con grandes empresas nacionales, como la SEAT, los altos hornos, los astilleros, la CAMPSA, la RENFE, la TELEFÓNICA, etc. Es importante resaltar también que el acuerdo del equipo de Alberto Ullastres con la CEE, ministro promotor del milagro económico durante el franquismo, fue mucho más ventajoso al desastre del posterior gobierno socialista que para entrar en la CEE “cómo sea”, pagó el absurdo precio de desindustrializar a España, y destruir la industria pesquera, agrícola, lechera, etc.
Actualmente los datos indican que España ha descendido al puesto número 14 en el ranking de economías del mundo. La industria que representaba el 36% del PIB en 1975, fue desmantelada y hoy representa sólo el 14%. España se ha convertido en un país desindustrializado, que apostó por el sector servicios y por la especulación, y ahora tras la resaca se encuentra con una fuerte tasa de paro. Por su lado, las grandes empresas del INI se malvendieron para pagar la deuda creciente del estado en época de González y Aznar, y para mayor despropósito en algún caso, como en el de las
eléctricas, se ha convertido en un lesivo oligopolio, en los que no existe la libre competencia. Ironías de la vida, Franco fue el mayor socialista de la historia de España, en el sentido de que nunca hubo una industria tan amplia en manos del estado como en aquel periodo. Sin olvidar el impulso que los gobiernos franquistas dieron a toda una legislación laboral en defensa de los trabajadores, gracias a la influencia del socialismo azul de Falange.
c) Del 7% de deuda al 100% del PIB y subiendo.
Si buscamos en internet la evolución de la deuda española comprobaremos que la deuda del estado español heredada de la postguerra, de la guerra civil, de la II República y de los tiempos de Alfonso XIII… va descendiendo año tras año, pues los presupuestos se diseñaban con superávit respondiendo a la filosofía de no gastar más de lo que se ingresa, siguiendo la sana filosofía conservadora tan de boga entonces.
En las gráficas vemos que la deuda disminuye durante el franquismo en casi todos los años hasta llegar al mínimo histórico del 7% del PIB en 1975, es decir el año en que muere Franco. A partir de ese año comienza la nueva política del régimen juancarlista, con el despilfarro autonómico y el estreno de una democracia que curiosamente cuesta 60 veces más que la dictadura franquista. Una democracia dirigida por la exponencial casta política parasitaria, plagada de políticos corruptos y manirrotos. A partir de 1976, observamos en la gráfica que el estado empieza inmediatamente a gastar más de lo que recauda y paulatinamente va endeudándose. Sólo con los gobiernos de Aznar y con la burbuja inmobiliaria la deuda retrocede sin acercarse al bajo nivel de 1975, para después volver a dispararse otra vez en período de crisis, pues la partitocracia no está dispuesta a renunciar a su dispendio a costa del contribuyente, ni a una administración plagada de duplicidades ni a sus variopintos privilegios. Nunca en esta democracia, con boom económico o en período de crisis, se ha alcanzado la cifra tan baja de deuda del denostado franquismo.
En 2015 la deuda alcanzó el 100% del PIB, y sigue subiendo constantemente; ya se debe 1 billón de euros que cada vez reclama más pago de intereses y que la casta política hará pagar a los contribuyentes sin saber cómo, de momento sólo receta subidas de impuestos sin acometer la reducción drástica del gasto innecesario; y con cada subida de impuestos mayor freno para la creación de empleo. Y mientras tanto la deuda del estado se traga el crédito de la banca que debería ir para los autónomos, las empresas y las familias. Hasta ahora los gobiernos del PP y del PSOE han seguido con su política confiscatoria de robo y de saqueo a los españoles.
d) Del 12% de crecimiento a tasas ridículas.
Desde la llegada en 1959 de los ministros tecnócratas del Opus Dei, con los Planes de Estabilización y de Desarrollo, se produce en España hasta 1975 lo que se llamó como “el milagro económico español”, con un crecimiento asombroso del 7,7% del PIB de media, incluso en algún año se alcanzó un increíble 12%. España era el país que más crecía del mundo sólo por detrás de Japón. Fue la época en que surgió la clase media española que compraba el piso en la ciudad, el SEAT 600, que veraneaba en Torremolinos junto a las suecas y mandaba a sus hijos a las universidades laborales. Fue una época de realización de proyectos personales, en la que a los jóvenes de entonces se les proporcionó un futuro de trabajo y de oportunidades en el que iban a vivir mejor que sus padres.
Durante los 39 años de la partitocracia juancarlista el crecimiento económico rara vez ha ido un poco más allá del 3% del PIB. En estos años la clase media no sólo se ha reducido a marchas forzadas sino que se dan las primeras generaciones de jóvenes que viven o van a vivir peor que sus padres, así era antes de la crisis y después ha sido peor. Actualmente estudiar no resulta una garantía de obtener un puesto de trabajo y muchos jóvenes habrán de emigrar o trabajar en empleos de poca cualificación después de obtener un título universitario. Pero a diferencia de la emigración de los años 60, y de aquella España en la que sí había trabajo, es que entonces se emigraba temporalmente al extranjero para obtener un mayor salario, que ahorraban para su vuelta con el fin de comprarse una casa o poner un negocio en España. Los jóvenes de hoy en día emigran porque no les queda otro remedio, pues aquí no encuentran trabajo, y tampoco tienen perspectiva de que en el futuro puedan incorporarse al mercado laboral español.
e) De una renta per cápita del 82% a caer al 73%.
El plan de Estabilización que acaba con la política autárquica, muy influenciada por el socialismo falangista, es el punto de partida para que España tenga los 16 años de mayor crecimiento de su historia, es decir, consigue pasar del 55% de renta per cápita de 1959 al 81,3% de 1975 comparándola con los 9 países de la antigua CEE. El posterior régimen partitocrático lo ha hace caer hasta el 70,8% de 1985 o hasta el 73,3 % de 2012 respecto a los mismos 9 países europeos. En 1975 España tenía 10.000 dólares de renta per cápita, la misma renta per cápita que Irlanda, actualmente España tiene 24.000 dólares de renta per cápita, y aunque por el tema de la inflación no son los dólares que los de ahora, lo interesante es subrayar que Irlanda ahora tiene 38.000 dólares de renta per cápita.
f) De tener una reducida clase política a la casta política, la burocratización y el Estado autonómico.
En 1975 no existían las autonomías, los alcaldes no podían cobrar un sueldo, era un cargo honorífico, la clase política era mínima, no había políticos profesionales sin trayectoria laboral previa y cuyo único mérito fuera militar desde la adolescencia en un partido político. En el franquismo no se pagaban impuestos indirectos, no existía el IVA ni el IRPF, el número de funcionarios sumaba sólo 700.000, y sin embargo había educación y salud pública. Pero sobre todo había trabajo, pues en contra de lo que creen los adoradores del “papá estado”, la realidad es que un estado elefantiásico es el principal estrangulador de la economía real y familiar, y cuanto mayor sea la presión fiscal, menor es el número de autónomos y de empresas que se dan de alta, y por tanto mayor es la pobreza y el desempleo.
En contraposición en la España actual hay medio millón de políticos; más la estimación del millón de enchufados en la administración que no han hecho oposiciones o han sido confeccionadas a medida, y que vienen a sumarse a otros 2 millones de funcionarios de carrera. España es después de Italia el país con más coches oficiales, cada autonomía tiene una TV pública con varios canales para el culto y la propaganda de su presidente; los sindicatos a diferencia de otros países desarrollados viven del presupuesto, al igual que los partidos políticos, cada ayuntamiento tiene como mínimo veintitantos concejales pues no existe la elección directa como en Francia, además de un personal y una deuda desproporciona. Las subvenciones y «mamandurrias» para las cosas más escandalosas se encuentran por doquier, y en general durante estos años ha habido unas cuotas inimaginables de mala gestión y despilfarro, y por consiguiente de saqueo al sufrido contribuyente.
A esta situación hay que añadir la corrupción generalizada y la inmoralidad que ha caracterizado al deficiente régimen del 78, desde el concejal de urbanismo del pueblo más pequeño a la casa real. Una corrupción escandalosa que contrasta también con el bajo nivel de corrupción de los gobiernos de la administración franquista, y que atestigua cualquier personaje que viviera aquella época, como el pensador antifranquista, Antonio García Trevijano.
g) De un jefe de estado honrado a otro que no lo fue tanto.
En 1975 murió un jefe del estado austero al que no le han encontrado cuentas en Suiza (por mucho que las han buscado), como tampoco se le han hallado detalles privados vergonzosos, y cuyas únicas aficiones eran la caza, la pesca y la pintura. Una persona que prefirió vivir en el palacio del Pardo, y no en el fastuoso palacio real de Madrid, como los presidentes de la II República. Existen multitud de anécdotas sobre la austeridad de Franco o de sus ministros, por ejemplo, cuentan los médicos que trataron a Franco y en vídeo queda grabado, como en 1975 a pesar de que el jefe del estado se estaba muriendo se seguía cumpliendo la costumbre en el palacio del Pardo de tener las luces apagadas por la noche para… ¡ahorrar luz! Detalles que contrastan con el derroche general que ha venido después.
Hasta 2014 tuvimos un rey que llegó a España en 1948 en un estado de pobreza y que en la actualidad posee una fortuna de 1790 millones de dólares según la revista Forbes, un tema que tratamos con más detalle en otro capítulo. De la vida privada de Juan Carlos I, sabemos que ha sido muy poco ejemplar para las exigencias de su cargo y condición.
h) De pagar hipotecas de 6 años, a otras de 30 o 40 años y vivir en casa de los abuelos.
En 1975 las hipotecas se pagaban entre 5 y 8 años. Además la población tenía la sana costumbre de formar una familia, pues sus salarios les daban para tener lo que hoy se consideraría como una familia numerosa. No es casualidad que la sensación de progreso de aquella época produjera el baby boom de los años 60.
En la actualidad los bancos no conceden hipotecas y las que poco antes concedieron fue con un plazo de hasta 30 y 40 años. En un clima de degeneración social, en el que la institución de la familia tradicional es constantemente
atacada por la ideología de género, se forman pocas familias estables, y España es uno de los países con la tasa de natalidad más baja del mundo. Actualmente muchos jóvenes siguen viviendo en casa de sus padres superados los 30 años; y durante esta crisis en los casos más extremos muchos han visto cómo su subsistencia dependía de la pensión de los abuelos, sin que haya habido otra guerra.
i) De tener una pequeña población reclusa a tener las cárceles saturadas de delincuentes.
El relato de los numerosos antifranquistas, muerto Franco, que hay en la actualidad habla recurrentemente de la represión del régimen franquista, pero las cifras dicen cosas llamativas. Por ejemplo en 1975 había una población reclusa de 8500 presos, pero en la actualidad es superior a 80.000 personas. De los 8.500 presos del franquismo, tan sólo 300 lo eran por causas políticas, y no se trataba de luchadores por la democracia sino de comunistas y de terroristas, una baja cifra si la comparamos con cualquier dictadura coetánea de izquierdas.
Curiosamente el represivo régimen franquista del que nos hablan, tenía también un número de efectivos policiales muy inferior, y que no se explica si atendemos a la propaganda sobre el supuesto régimen totalitario. De este modo en 1975, los efectivos de las fuerzas de seguridad del estado sumaban cerca de 90.000 y en la actualidad superan los 200.000 miembros. Pero lo que realmente se ha multiplicado después de 1975 es la delincuencia, la sensación de impunidad e injusticia, y la idea de que no están todos los que deberían estar en la cárcel a pesar de que los centros penitenciarios tienen ya overbooking.
CONCLUSIÓN
El balance del franquismo sigue siendo objeto de interpretaciones muy diferentes dentro de la historiografía y del debate político español. Durante esos 39 años se produjeron profundas transformaciones en la sociedad española, desde la reconstrucción tras la Guerra Civil hasta el crecimiento económico de las décadas de 1960 y 1970.
Al mismo tiempo, la comparación entre aquel periodo y las décadas posteriores abre un amplio debate sobre los cambios económicos, sociales y políticos experimentados por España desde la llegada de la democracia. Analizar estos procesos con perspectiva histórica permite comprender mejor la evolución del país y el origen de muchas de las dinámicas que siguen presentes en la España actual.
En definitiva, estudiar el periodo comprendido entre 1939 y 1975 no sólo implica valorar un régimen político concreto, sino también entender cómo se configuró la sociedad española contemporánea y las bases sobre las que posteriormente se construyó el sistema democrático.
