La carrera de un revolucionario profesional
José Vissariónovich Djugashvili nació en el poblachón georgiano de Gori, lejos de la capital Tiflis, el 9 de diciembre de 1879 según el calendario juliano (retrasado doce días respecto del gregoriano, usado en el resto del mundo hasta 1900, cuando el retraso se acrecentó en un día más hasta febrero de 1918 en que se produjo la equiparación de los dos calendarios). Habían muerto niños sus tres hermanos mayores. El padre, Vissarión (Besarión), era zapatero y la madre, hija de siervos, poseía un carácter dulce y sumiso. La familia era pobre en aquella región caucásica que acababa de poner en explotación su riqueza petrolífera y sus comunicaciones ferroviarias.
Un mosaico de antiguas naciones sometidas por el imperio de los zares, que las asimilaban con una intensa presión rusificadora. Al pequeño se le llamaba en georgiano «Soso»; trabajó en el taller de su padre y aprendió las primeras letras en el seminario menor. Cantaba como solista en el coro y actuaba como jefe de su grupo de amigos. En medio de una fuerte agitación nacionalista y antirrusa ingresó a los quince años en el seminario mayor de Tiflis. No era mal estudiante pero pronto dio señales de rebeldía. Leía a Tolstoi, Dostoievski, Shakespeare, Schiller y Víctor Hugo, que alternaba con los clásicos del socialismo, empezando por las obras de Carlos Marx. A los dieciocho años se adhirió al «Tercer Grupo», una organización revolucionaria de signo marxista.
Recibió en el seminario mayor el sobrenombre de «Koba», que conservó muchos años. Observó con interés creciente la industrialización y la construcción de ferrocarriles en Georgia. En 1898 intervino en los alborotos obreros de Tiflis como miembro del Partido Social Demócrata, la gran organización marxista rusa. Al año siguiente abandonó el seminario para dedicarse a la revolución.
Desde hacía seis años antes Lenin publicaba sus primeros opúsculos de teoría revolucionaria. El Partido Obrero Social Demócrata de Rusia había sido fundado por Plejánov en 1898. El propio Plejánov, en el exilio, dirigía el órgano del partido, «Iskra» («La chispa»), en el que colaboraban Lenin y un revolucionario judío, Bronstein, que se hacía llamar Trotski, evadido ya de Siberia. Nadezda Krúpskaia, que sería compañera de Lenin, reclutó a Koba como distribuidor de «Iskra» en el Cáucaso y Lenin le empezó a denominar «milagroso georgiano».
Por su acción clandestina Koba robó una imprenta, lo que admiró mucho a Lenin. Desde entonces vivía la revolución dentro de ella y dentro de ella conocería el poder en el resto de su vida.
El 1 de mayo de 1901 Koba organizó una manifestación revolucionaria en Tiflis; actúa en Batum contra las refinerías de la Casa Rothschild. Corre la sangre y sufre su primer encarcelamiento, del que se evade y se hace presente en todo el Cáucaso durante diez años, jalonados por nuevos encarcelamientos y evasiones.
En 1903, durante el II Congreso del POSDR en Londres, se produce la escisión entre bolcheviques (la mayoría) y mencheviques. Los bolcheviques, guiados por Lenin, siguen la doctrina de la dictadura del proletariado y diseñan un partido restringido de revolucionarios profesionales. Ganan por estrecho margen pero perderán la mayoría y pasarán a llamarse «mayoritarios».
Koba estaba deportado cerca de Irkutsk, en Siberia, pero pronto se escapa y vuelve a la actividad revolucionaria. Acompañado por los mencheviques de Georgia, profesionales liberales y brillantes, se suma a los bolcheviques y se casa con Catalina Svanidze, piadosa y dedicada a su marido. La hermosa Catalina, a la que Koba amó realmente, le dio un hijo que murió de tuberculosis.
La guerra de Extremo Oriente entre los imperios de Rusia y Japón, iniciada en 1904, estaba destinada a cambiar los rumbos del mundo. El 2 de enero de 1905 las fuerzas japonesas consiguen la rendición de la base naval rusa de Port Arthur. El 22 de enero siguiente una procesión dirigida por el pope Gapón, agente provocador del gobierno, caminó hacia el Palacio para solicitar humildemente reformas al zar, pero la guardia disparó a matar y causó al menos un millar de manifestantes.
En marzo el ejército ruso fue derrotado por los japoneses junto a Mukden, en Manchuria, y el 27 de mayo la flota rusa del Báltico se hundió frente a los navíos japoneses en la batalla de Tsushima. La paz con Japón se firmó a fines de septiembre de 1905, pero el prestigio del Imperio y de la Corona rusa había caído por los suelos.
Poco después los obreros de San Petersburgo eligieron un consejo revolucionario o soviet cuyo vicepresidente era León Trotski. Koba intentó aprovechar las derrotas en la guerra para promover agitaciones revolucionarias en el Cáucaso, aunque con escaso éxito.
A finales de ese año Koba asistió como delegado a la conferencia bolchevique de Tammerfors, convocada por Lenin. Cuando el líder bolchevique propuso participar en las elecciones a la Duma, Koba, que utilizaba el seudónimo «Ivanovich», se opuso. Lenin terminó dándole la razón y, durante el viaje de regreso, le otorgó el sobrenombre de Stalin, con el que sería conocido desde entonces.
En el IV Congreso del POSDR celebrado en Estocolmo en 1907 asistió Stalin y se aprobó la reunificación de mencheviques y bolcheviques. Ese mismo año murió la esposa de Stalin al dar a luz y él se refugió en el terrorismo revolucionario del Cáucaso.
Stalin conoció a Trotski en el V Congreso celebrado en Londres en 1907 y entre ambos nació una antipatía duradera. Trotski consideraba a Stalin un personaje tosco y atrasado, mientras Stalin veía en Trotski el principal obstáculo para su futura ascensión al poder.
La dura represión del primer ministro Stolypin llevó a Stalin a la cárcel y a nuevas deportaciones, mientras Lenin se veía obligado al exilio. Stalin alternó entonces periodos de prisión, deportación y fugas, regresando una y otra vez al Cáucaso y a San Petersburgo, donde comenzó a consolidar un aparato clandestino relativamente independiente de los grandes exiliados.
En 1912 participó en la creación del diario bolchevique «Pravda». Tras una nueva detención y fuga se refugió temporalmente en Polonia y escribió sobre la cuestión nacional en el imperio ruso. Ese mismo año Lenin le incorporó al Comité Central del partido.
En 1913 fue nuevamente detenido y enviado a Siberia, donde permaneció hasta marzo de 1917, poco antes de la revolución. Antes de esta detención contrajo matrimonio con Nadezhda Allilúyeva, hija de la familia que le había protegido y madre de su hija Svetlana.
El 28 de junio de 1914 el asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando y de su esposa desencadenó la Primera Guerra Mundial. Rusia acudió en apoyo de Serbia frente a Austria-Hungría y Alemania, mientras Francia, Gran Bretaña y posteriormente Estados Unidos apoyaban al bloque aliado.
Los ejércitos del zar obtuvieron inicialmente algunas victorias, pero pronto sufrieron graves derrotas frente a Alemania y Austria-Hungría. A comienzos de 1917 el esfuerzo de guerra, el hambre y el descontento social habían debilitado profundamente al régimen zarista.
Stalin en la revolución de 1917
La Revolución de 1917 se desarrolló en dos fases: la revolución de febrero, que provocó la caída del zar y el establecimiento de un gobierno provisional liberal, y la revolución de octubre, cuando los bolcheviques tomaron el poder y eliminaron las instituciones del antiguo régimen.
En febrero de 1917 Lenin permanecía exiliado en Zúrich, Trotski se encontraba en América y Stalin seguía deportado en Siberia. El 23 de febrero una manifestación de mujeres reclamando pan desencadenó una huelga general en Petrogrado. Los soviets de obreros y soldados canalizaron la protesta y el 2 de marzo el zar abdicó.
Se formó entonces un gobierno provisional presidido por el príncipe Lvov y con Kerenski como figura política principal. Lenin rechazó el nuevo régimen y exigió el fin inmediato de la guerra.
Stalin regresó del exilio siberiano y asumió el control del diario bolchevique «Pravda», desde el que apoyó inicialmente al gobierno provisional, aunque con reservas. Lenin desaprobó esta posición y le obligó a rectificar.
A comienzos de abril Lenin regresó a Rusia atravesando Alemania en un tren sellado y presentó sus Tesis de Abril, en las que defendía la revolución inmediata y la toma del poder por los soviets. Inicialmente la dirección bolchevique, incluido Stalin, se mostró reticente, pero finalmente Lenin impuso su línea política. Desde el verano de 1917 Stalin se alineó plenamente con Lenin y comenzó a desempeñar un papel cada vez más relevante dentro del partido bolchevique.
Stalin actuó durante aquellos meses como organizador en la sombra, mediador en los conflictos internos y conciliador entre las distintas tendencias del bolchevismo. También contribuyó a la bolchevización de los sóviets, la red de órganos populares que había canalizado buena parte de las energías revolucionarias.
A finales de octubre Lenin regresó de su escondite en Finlandia y propuso la toma inmediata del poder por los bolcheviques. Zinóviev y Kámenev se opusieron, mientras Trotski y Stalin apoyaron la iniciativa. Como recompensa a su lealtad, Lenin elevó a Stalin al Buró Político, máximo órgano dirigente del partido.
El 24 de octubre de 1917 comenzó la fase decisiva de la revolución. El doble poder existente durante los meses del gobierno provisional dio paso al poder bolchevique. En el Instituto Smolny se reunió el II Congreso Panruso de los Sóviets, donde los bolcheviques disponían ya de mayoría y aprobaron la insurrección armada.
Las milicias bolcheviques, los llamados «guardias rojos», ocuparon los puntos estratégicos de Petrogrado y durante la noche del 25 de octubre Lenin se instaló en el Smolny junto a Stalin para dirigir las operaciones. Kerenski huyó de la capital y el crucero Aurora disparó contra el Palacio de Invierno, sede del gobierno provisional.
Tras la toma del Palacio de Invierno los bolcheviques se hicieron con el poder. Lenin creó el Consejo de Comisarios del Pueblo y Stalin fue nombrado comisario para las nacionalidades. El nuevo gobierno implantó el régimen marxista, nacionalizó la tierra y la industria e instauró la dictadura del proletariado, que en la práctica se identificaba con el dominio del Partido Bolchevique.
En las elecciones para la Asamblea Constituyente los bolcheviques no obtuvieron la mayoría, pero mantuvieron el poder ignorando el resultado electoral. Poco después firmaron el armisticio con Alemania y posteriormente la paz, aceptando importantes pérdidas territoriales.
Lenin pretende eliminar a Stalin
Lenin dispuso únicamente de unos pocos años para consolidar el nuevo régimen surgido de la revolución y afrontar la guerra civil que estalló inmediatamente después. Los antiguos partidarios del zar recibieron apoyos exteriores y el nuevo gobierno recurrió al terror político como principal instrumento para conservar el poder.
La represión quedó centralizada en la Cheka, la policía política del régimen soviético. Stalin formó parte desde el principio de esta organización y se convirtió en uno de los principales especialistas en la utilización del terror como instrumento político.
Trotski y Stalin participaron activamente en la guerra civil, aunque con funciones muy diferentes. Trotski creó y dirigió el Ejército Rojo y fue considerado el principal responsable de la victoria bolchevique. Stalin, por el contrario, actuó principalmente como dirigente político y organizador.
En marzo de 1918 el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia pasó a denominarse Partido Comunista y Stalin comenzó a controlar progresivamente sus mecanismos internos. Dirigió operaciones en Tsaritsin —la futura Stalingrado— y en el Cáucaso, donde mantuvo frecuentes enfrentamientos con Trotski y recurrió con amplitud al terror político.
La situación de la Rusia soviética parecía desesperada durante la primavera de 1918. Japoneses, británicos, franceses y otros aliados apoyaban distintos frentes contra el nuevo régimen, mientras los ejércitos blancos trataban de derribar al poder bolchevique.
La derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial alteró el equilibrio internacional y obligó a los dirigentes soviéticos a abandonar temporalmente sus proyectos de revolución mundial para concentrarse en la consolidación del poder en Rusia.
Lenin, sin embargo, no renunció a la expansión internacional de la revolución y en 1919 creó la Internacional Comunista o Komintern. Stalin, más pragmático, la consideró principalmente un instrumento al servicio de la política exterior soviética.
En marzo de 1919 Stalin fue nombrado comisario encargado del control del Estado, una posición decisiva dentro de la administración soviética y del Partido Comunista. Paralelamente continuó dirigiendo operaciones militares en el sur y en el Cáucaso y en 1921 intervino en Georgia, donde sofocó los movimientos independentistas.
En 1921 la guerra civil concluyó dejando un país devastado y asolado por el hambre. Lenin impulsó entonces la Nueva Política Económica (NEP), que introducía ciertos mecanismos de mercado para reconstruir la economía.
Trotski defendía una planificación económica mucho más profunda, mientras Stalin se mostró inicialmente contrario a ella aunque más adelante adoptaría posiciones similares cuando consolidó su poder.
En 1922 la salud de Lenin comenzó a deteriorarse seriamente. Ese mismo año Stalin fue nombrado secretario general del Comité Central, un cargo aparentemente administrativo pero que acabaría convirtiéndose en la principal fuente de poder político dentro del partido.
Mientras Lenin permanecía enfermo, Stalin fue aumentando su control sobre el aparato del partido y limitando el acceso al líder revolucionario. Lenin terminó criticando abiertamente el estilo autoritario y burocrático de Stalin y manifestó su preocupación por la acumulación de poder en sus manos.
Poco antes de la desaparición de Lenin, Stalin estableció una alianza con Zinóviev y Kámenev para impedir que Trotski se convirtiera en el sucesor natural del líder bolchevique. Lenin, en sus últimos meses de vida, se inclinó cada vez más hacia Trotski, pero Stalin logró impedir la difusión pública de esas posiciones.
Trotski llegó a afirmar posteriormente que Stalin había contribuido a acelerar la muerte de Lenin, fallecido el 21 de enero de 1924. Tras su desaparición, la dirección soviética quedó inicialmente en manos de la llamada «troika», formada por Zinóviev, Kámenev y Stalin.
La eliminación política de Trotski
Stalin carecía del carisma y de la brillantez intelectual de Trotski, pero disponía de dos ventajas decisivas: el control del aparato del Partido Comunista y de la administración soviética, y su dominio de los mecanismos represivos heredados de la guerra civil.
Trotski era considerado el heredero natural de Lenin: había sido el organizador del Ejército Rojo y uno de los principales dirigentes de la revolución. Sin embargo, carecía de la capacidad de maniobra política de Stalin y de su dominio del aparato burocrático del partido.
En el VIII Congreso bolchevique Stalin consiguió impedir la difusión del llamado «testamento de Lenin», documento en el que el líder revolucionario expresaba sus reservas respecto a la continuidad de Stalin en puestos de responsabilidad.
Stalin defendió la teoría del «socialismo en un solo país», frente a la idea trotskista de la revolución permanente e internacional. Esta posición le permitió consolidar apoyos dentro del partido y aislar progresivamente a su rival.
Durante 1925 Zinóviev y Kámenev rompieron con Stalin y se unieron a Trotski en la denominada «oposición unificada», que defendía una mayor planificación económica y la colectivización de la agricultura.
A finales de 1925 Trotski fue derrotado políticamente dentro del Partido Comunista y perdió progresivamente todas sus posiciones de poder. En 1926 Stalin impulsó un pacto de no agresión con Alemania mientras concentraba sus esfuerzos en la eliminación definitiva de su principal rival.
Trotski fue expulsado del partido y posteriormente enviado al exilio, desde donde continuó su oposición al régimen soviético.
En 1928 Stalin puso en marcha el primero de sus planes quinquenales, orientados hacia la rápida industrialización y el desarrollo de la industria pesada. La colectivización forzosa de la agricultura y la represión contra quienes se opusieron a estas medidas provocaron enormes costes humanos y sociales.
Millones de campesinos fueron deportados o murieron durante este proceso, especialmente durante las grandes hambrunas de comienzos de la década de 1930.
Al mismo tiempo Stalin reforzó el control ideológico sobre la cultura, la ciencia, la educación y los medios de comunicación, consolidando un sistema político y social sometido al control absoluto del Estado y del Partido Comunista.
La red del terror rojo: de la Cheka a la KGB
Tras la revolución, los bolcheviques aprovecharon buena parte de la experiencia acumulada por la policía política zarista, la Ojrana, para construir sus propios mecanismos represivos. El principal instrumento fue la Cheka, creada inmediatamente después de la toma del poder y dirigida por Félix Dzerzhinski. Además de la persecución política, la organización asumió funciones de vigilancia, censura, contraespionaje, control religioso y administración del sistema de campos de trabajo.
Durante la guerra civil apareció también la GRU, la inteligencia militar soviética, que coexistió con los organismos policiales y represivos del partido y del Estado.
A lo largo de la década de 1920 y especialmente bajo Stalin, la policía política fue cambiando sucesivamente de nombre y estructura administrativa —GPU, OGPU, NKVD, NKGB y posteriormente MGB—, aunque mantuvo esencialmente las mismas funciones de control político y represión.
La colectivización forzosa y la resistencia campesina dieron un protagonismo creciente a estos organismos, que se convirtieron en piezas fundamentales del poder estalinista y de las grandes purgas de la década de 1930.
Tras la Segunda Guerra Mundial Stalin reorganizó nuevamente los servicios de seguridad y de inteligencia. Después de su muerte, en 1954, el sistema desembocó en la creación de la KGB, que se mantendría hasta la desaparición de la Unión Soviética.
La época de las grandes purgas: Stalin y la Guerra Civil española
El asesinato de Serguéi Kírov en diciembre de 1934 se convirtió en el detonante político utilizado por Stalin para desencadenar las grandes purgas. Entre 1936 y 1938 fueron eliminados numerosos dirigentes históricos del partido, militares de alta graduación y antiguos compañeros de Lenin.
Los llamados Procesos de Moscú constituyeron el instrumento judicial de esta operación política. Las confesiones fueron obtenidas mediante presiones, amenazas y métodos coercitivos, y sirvieron para justificar la eliminación de dirigentes acusados de conspiración y traición.
Entre las víctimas destacaron antiguos dirigentes bolcheviques como Zinóviev, Kámenev, Piatakov, Sokolnikov o Radek, así como numerosos oficiales del Ejército Rojo y miembros de la administración soviética.
Las purgas se extendieron igualmente a los organismos de seguridad que las habían ejecutado, de forma que muchos de los responsables de la represión terminaron siendo posteriormente víctimas del mismo sistema.
La eliminación de gran parte de la oficialidad del Ejército Rojo debilitó considerablemente la capacidad militar soviética en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.
La intervención soviética en la Guerra Civil española
La intervención soviética en España se desarrolló en varios niveles.
En el plano político, Moscú trató de reforzar su influencia sobre el Partido Comunista de España y sobre el conjunto del movimiento comunista español mediante dirigentes y asesores enviados desde la Internacional Comunista.
En el plano militar, la Unión Soviética envió consejeros, especialistas y mandos militares para colaborar con el Ejército Popular de la República y coordinar parte del esfuerzo bélico y organizativo.
En el ámbito de la inteligencia y la propaganda, los servicios soviéticos desarrollaron una intensa actividad tanto dentro de España como en otros países europeos, utilizando redes políticas, periodísticas y culturales vinculadas a la estrategia internacional de la Unión Soviética.
La actividad de los servicios soviéticos en Europa occidental y en España fue conocida posteriormente gracias a testimonios de antiguos agentes y responsables que abandonaron la Unión Soviética y publicaron sus experiencias tras romper con Stalin.
Diversos testimonios coinciden en que la política soviética hacia España combinó objetivos ideológicos, estratégicos y de política internacional. La influencia del Kremlin sobre determinados sectores del movimiento comunista europeo se ejercía tanto a través de la Internacional Comunista como mediante redes de propaganda e inteligencia.
Entre los enviados soviéticos a España destacó Mijaíl Koltsov, periodista y representante político estrechamente vinculado al régimen soviético, que desempeñó un importante papel durante los primeros años de la Guerra Civil.
A partir de 1938 la política exterior soviética experimentó un giro progresivo hacia el entendimiento con Alemania. El fracaso de las democracias occidentales para frenar la expansión nazi y la crisis internacional favorecieron este cambio de orientación.
La Guerra Civil española terminó el 1 de abril de 1939 y pocos meses después se produjo la gran sorpresa diplomática: la firma del pacto germano-soviético entre Hitler y Stalin, que alteró profundamente el equilibrio político europeo.
Stalin en la Segunda Guerra Mundial
El 1 de septiembre de 1939 Alemania invadió Polonia y dio comienzo la Segunda Guerra Mundial. Pocos días después el Ejército Rojo penetró en la parte oriental del país conforme a los acuerdos secretos alcanzados entre Berlín y Moscú para repartirse las zonas de influencia en Europa oriental.
Durante aquellos años la Unión Soviética amplió considerablemente sus fronteras mediante la incorporación de territorios en Europa oriental y en la región báltica. También intervino militarmente contra Finlandia en la denominada Guerra de Invierno.
Mientras tanto, Trotski, exiliado en México, continuó denunciando públicamente a Stalin y al régimen soviético. El 20 de agosto de 1940 fue asesinado por Ramón Mercader, agente vinculado a los servicios soviéticos.
En la primavera de 1941 Stalin seguía confiando en la vigencia del pacto con Alemania y desoyó numerosos informes sobre una inminente invasión alemana. El 22 de junio de 1941 Hitler lanzó la Operación Barbarroja, la mayor invasión terrestre de la historia.
Los ejércitos alemanes avanzaron rápidamente hacia Leningrado, Moscú y el Cáucaso. Las purgas realizadas durante los años anteriores habían debilitado considerablemente al Ejército Rojo y facilitaron los primeros éxitos alemanes.
La llegada del invierno, la inmensidad del territorio soviético y la creciente capacidad de resistencia del Ejército Rojo permitieron detener el avance alemán. La entrada de Estados Unidos en la guerra tras el ataque japonés a Pearl Harbor reforzó decisivamente al bloque aliado.
Stalin asumió entonces la dirección política y militar de la Unión Soviética y promovió una movilización nacional basada tanto en el patriotismo ruso como en la defensa del Estado soviético. Se restauraron tradiciones históricas y símbolos nacionales que habían sido relegados durante los primeros años del régimen.
La batalla de Stalingrado, desarrollada entre 1942 y 1943, marcó un punto de inflexión decisivo en la guerra. La derrota alemana abrió el camino a la gran ofensiva soviética hacia Europa central y oriental.
Desde la conferencia de Teherán de 1943 la Unión Soviética consolidó su posición como una de las grandes potencias vencedoras del conflicto y Stalin reforzó considerablemente su influencia sobre los aliados occidentales.
Tras el fracaso de las últimas ofensivas alemanas, el Ejército Rojo avanzó hacia el corazón de Europa. En 1944 alcanzó las fronteras de Polonia y posteriormente penetró en territorio alemán mientras los aliados occidentales abrían un segundo frente tras el desembarco de Normandía.
La guerra concluyó con la derrota del Tercer Reich y con la consolidación de la Unión Soviética como una de las dos grandes superpotencias del nuevo orden internacional surgido tras 1945.
En febrero de 1945 Stalin desempeñó un papel decisivo en la conferencia de Yalta, donde se acordó el reparto de áreas de influencia en la Europa de posguerra. Poco después, las tropas soviéticas y estadounidenses se encontraron en el río Elba y el Ejército Rojo tomó Berlín. La rendición alemana puso fin a la guerra en Europa.
Cumpliendo los compromisos adquiridos con los aliados, la Unión Soviética entró posteriormente en guerra contra Japón en los últimos días del conflicto.
El imperio rojo y la muerte de Stalin
Tras la victoria de 1945 Stalin consolidó el dominio soviético sobre Europa oriental mediante la creación de gobiernos comunistas estrechamente vinculados a Moscú. Nació así el bloque soviético, formado por los denominados países satélite.
Aunque oficialmente disminuyó la represión, las purgas y los mecanismos de control político continuaron durante la posguerra. Intelectuales, artistas y científicos quedaron sometidos a una estricta vigilancia ideológica y a la censura estatal.
La política cultural soviética reforzó el control sobre la literatura, el cine, la música y las artes, imponiendo criterios oficiales y limitando la libertad creativa.
Posteriormente Stalin dirigió nuevas campañas contra sectores campesinos y contra antiguos héroes militares de la guerra, al tiempo que intensificaba el culto a su personalidad y reforzaba el control sobre el aparato del Estado y del partido.
El inicio de la Guerra Fría permitió consolidar el bloque soviético y extender la influencia política e ideológica de Moscú sobre buena parte de Europa oriental y sobre numerosos partidos comunistas occidentales.
La victoria comunista en China en 1949 amplió aún más la influencia internacional del movimiento comunista, aunque pronto aparecieron tensiones entre Moscú y Pekín.
Entre 1946 y 1950 la Unión Soviética desarrolló nuevos planes quinquenales destinados a la reconstrucción económica y a la consolidación industrial del país. Paralelamente continuaron las campañas políticas internas y las sospechas de nuevas purgas.
La guerra de Corea, iniciada en 1950, inauguró uno de los principales conflictos de la Guerra Fría y situó nuevamente a las grandes potencias en una situación de enfrentamiento indirecto.
La muerte de Stalin se produjo el 4 de marzo de 1953, en circunstancias que han dado lugar a numerosas interpretaciones y controversias históricas.
Durante sus últimas horas de vida se desarrollaron intensas luchas de poder entre los principales dirigentes soviéticos que aspiraban a sucederle. Tras su fallecimiento se abrió una nueva etapa en la historia de la Unión Soviética.
