En 1939 un conjunto de poetas rindió homenaje a Jose Antonio con la edición de Corona de sonetos en homenaje a José Antonio Primo de Rivera. Pasear hoy por los veinticinco sonetos supone un sugestivo viaje por la magia de las palabras, por el carisma de los sentimientos. El libro fue publicado por Ediciones Jerarquía en 1939.
Contiene Sonetos de: Antonio Tovar, Ignacio Agustí, José María Alfaro, Manuel Augusto, Álvaro Cunqueiro, Gerardo Diego, Manuel Díez Crespo, Carlos Foyaca, Román Jiménez de Castro, Pedro Laín Entralgo, Eduardo Llosent y Marañón, Manuel Machado, Eduardo Marquina, Eugenio Montes, Alfonso Moreno, Eugenio D’Ors, Leopoldo Panero, José María Pemán, Fray Justo Pérez de Urbel, P. Pérez Clotet, Dionisio Riduejo, Félix Ros, Luis Rosales, Juan Sierra, Adriano del Valle, Luis Felipe Vivanco.
Contemplamos la presencia de poetas ilustres como Gerardo Diego, Manuel Machado, Luis Rosales, Vivanco o José María Pemán, amén de Leopoldo Panero, siempre con su personalísima voz .
Alvaro Cunqueiro, voz primera de las letras gallegas y españolas escribe en su soneto:
Muerte cegó tus ojos y usó el frío hierro en tus pies, cadenas destinadas a privarte del aire y del rocío.
No falta el equipo cultural que montara Dionisio Ridruejo en el que fueron figuras capitales Pedro Laín Entralgo y Antonio Tovar. Ridruejo, entonces aún inmerso en una acción política de la que luego se ausentaría – aun sin olvidar nunca a José Antonio – recordaba en su verso cálido :
Jose Antonio va a reír la primavera
Y solo tú nos faltas en la risa
Pero tu voz nos llega como antaño
Por su parte Luis Felipe Vivanco comenzaba su soneto con bello cuarteto no exento de reflexión:
Jose Antonio, mi voz acostumbrada
a renovar la duda en la alegría,
tierna y secreta en el umbral del día
también ha sido fiel a tu llamada.
Reproducir íntegros los sonetos de Manuel Machado y Eugenio d’Ors cautivará al lector desprejuiciado. El primero teje una auténtica oración de ausencia y ansia de perfección (toda belleza fue tu vida clara). D,Ors en una de sus escasas incursiones poéticas abunda en el estilo de su pensamiento filosófico (el ángel) y estético creando un poema de resonancias clásicas y a la vez modernistas en la estela de Rubén Darío .
José Antonio, ¡Maestro!… ¿En qué lucero,
en qué sol, en qué estrella peregrina
montas la guardia? Cuando a la divina
bóveda miro, tu respuesta espero.
Toda belleza fue tu vida clara.
Sublime entendimiento, ánimo fuerte,
y en pleno ardor triunfal, temprana muerte
porque la juventud no te faltara.
Háblanos tú… de tu perfecta gloria
hoy nos enturbia la lección el llanto;
mas ya el sagrado nimbo te acompaña
y en la portada de su nueva historia
la Patria inscribe ya tu nombre santo…
¡José Antonio! ¡Presente! ¡Arriba España!”
MANUEL MACHADO
He aquí a Jacob, en soledades ásperas,
Que, lejos de las tiendas de sus nómadas,
Nocturnamente pugna con un Ángel
Miembros promiscuos y fundidos hálitos.
Éste, así, mozo frágil y este dolmen.
Por tres vegadas milenario sílice,
Ara en que tres culturas desangráronse,
Trabados veo, como nupciales púgiles.
Amor, amor, divina antropofagia;
Amor, que tanto como escupes, bebes.
«¡Te quiero, ruge, porque no me gustas!»
A la aurora, ya el Ángel, derribado,
Cedía al vencedor su propio nombre
Y José Antonio se decía España.
EUGENIO D ORS
