Mucho se ha escrito y comentado sobre las relaciones personales y políticas que mantuvieron Francisco Franco Bahamonde y don Juan de Borbón y Battenberg. Para centrar estas variadas y, en numerosas ocasiones encontradas y enconadas opiniones, es esclarecedor transcribir unos párrafos del libro Testigo de la Historia, del fallecido maestro del periodismo Emilio Romero, que con certera visión de la reciente historia española, dejó plasmado en cien de sus mejores artículos, -que fueron seleccionados por amigos y discípulos- de entre los millares de trabajos que a lo largo de más de medio siglo fueron publicados por este gran periodista y escritor de periódicos. Así, en el que titula Una monarquía sin monárquicos, podemos leer:
[…] El gran problema de los monárquicos es su propia desorientación, un día u otro, porque los reyes “lógicamente” no están para complacer a los monárquicos, sino para asumir las responsabilidades de su país y defender la Corona.El alzamiento militar de 1936 fue, en sus materiales principales, una obra de militares y de monárquicos alfonsinos. En seguida se incorporó a este alzamiento militar toda aquella España de la derecha que respiraba contra la República, y se añadían los falangistas y los carlistas, que eran otra cosa, pero que movilizaban las juventudes más valerosas o violentas, contra las juventudes violentas y valerosas del comunismo, del socialismo y del anarquismo.
El fervor de los monárquicos por el general Franco y todo aquello fue tan grande que hasta propiciaron la llegada a los frentes de combate del heredero de don Alfonso XIII, don Juan de Borbón, y entonces tuvieron que impedirlo el general Mola y el general Franco, porque tenían en su cabeza la restauración de la monarquía, cuando llegase su momento, y no querían poner en riesgo al sucesor de la Corona.
En el libro Don Juan de Borbón: por fin toda la verdad (Ed. Fénix, 1997) su autor, Ricardo de la Cierva, llega a las siguientes conclusiones:
1). Don Juan de Borbón fue un pretendiente variable. No mantuvo una línea recta ni continua ni coherente en relación con la democracia y con Franco. Cambió muchas veces de dirección. Toda su vida pública fue una sucesión de contradicciones. Carece de un pensamiento y de una dirección. No sabía lo que quería –fuera de la Corona- ni a dónde iba. Careció siempre de un proyecto para España.
2). Don Juan nunca fue Juan III ni debe pasar a la Historia con ese nombre. No fue rey de hecho ni de derecho. Considerarle Rey de derecho entre 1975 y 1977, fecha de su renuncia, equivale a decir que en ese período don Juan Carlos fue rey de hecho y no de derecho, es decir, un simple usurpador, lo cual choca contra la voluntad del pueblo español expresada en la Ley para la Reforma Política de 1976, anterior a la Constitución.
3). Don Juan se adhirió seis veces a programas antidemocráticos y sólo tres a programas democráticos, pero en conversaciones íntimas repudió a dos de éstos, los Manifiestos de Lausana y Estoril.
4). Se alineó, más o menos forzado, durante doce años contra Franco; y veintisiete años con Franco.
5). Desautorizó reiteradamente a sus consejeros, dejándoles en muy mal lugar.
6). Los principales consejeros de don Juan de Borbón le engañaron sistemáticamente y fueron la causa principal de que no alcanzase el trono que Franco quería darle. Presentar a don Juan como el hombre inquebrantable que prefirió perder el trono a aceptar los principios del Movimiento es falso; después aceptó varias veces, documentalmente, esos Principios.
7). La monarquía y la dinastía de Borbón volvieron a España en 1975 gracias a Franco y a la visión política del príncipe Juan Carlos, la princesa Sofía y la Condesa de Barcelona. Don Juan y sus consejeros hicieron todo lo posible, sin saberlo, para que la monarquía y la dinastía no volviesen jamás.
8). Desde 1993 se está creando conscientemente una leyenda absurda sobre don Juan de Borbón, una leyenda que nada tiene que ver con la realidad.
9). Después de 1939, apenas quedaban en España unas docenas de monárquicos juanistas. Hasta 1975, muerte de Franco, los monárquicos partidarios de Franco eran infinitamente superiores en número a la minoría mínima de juanistas. Los enlaces entre Franco y don Juan, fieles a Franco, hicieron mil veces más por la monarquía que los consejeros de don Juan, que estuvieron a punto de impedirla.
La correspondencia dividida en etapas la puedes leer en los siguientes artículos:
Correspondencia entre Franco y Don Juan. La Ley de Sucesión y el Manifiesto de Estoril
