Con una relativa capacidad de influencia en las decisiones económicas, cada vez menor por otra parte, es en el ámbito social donde los políticos falangistas en el régimen de Franco van a desarrollar su discurso más eficaz y trascendente. Los falangistas llegaron a las áreas de poder sin un discurso político completo y coherente, con una idea concreta del futuro Estado, privados además de sus líderes naturales. José Antonio fue condenado a muerte por los republicanos y ejecutado, Onésimo Redondo cayó en un enfrentamiento con las milicias frentepopulistas al inicio de la guerra y Ledesma Ramos fue asesinado en el Madrid del Frente Popular; junto a ellos fueron asesinados otros dirigentes provinciales y nacionales del partido[1]. En su breve carrera política José Antonio no tuvo tiempo para elaborar un desarrollo ideológico completo, ni tampoco la Falange tuvo un programa político al uso, solo una breve declaración programática. A partir de ese marco los falangistas deberían haber desarrollado doctrinalmente el conjunto de principios que les había legado su fundador, pero la realidad es que muy poco hicieron en las dos décadas siguientes a su muerte. En ese tiempo, los falangistas pugnaron por hacerse con el poder y vertebrar el régimen de Franco desde su óptica: primero, de la mano de Serrano Suñer; después, básicamente, aunque no sin disidencias, bajo la dirección de José Luis de Arrese. Independientemente de su fracaso, es indudable el peso de los conceptos falangistas en parte de las denominadas Leyes Fundamentales, la constitución abierta del régimen de Franco. No es difícil encontrar en ellas tanto los conceptos joseantonianos como las tesis de Arrese, ya que este último influyó tanto en la elaboración del Fuero de los Españoles, como en las correcciones finales a la Ley de Sucesión y en parte de lo que sería la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento, añadiéndose a lo ya incluido en el Fuero del Trabajo; pero Arrese, reténgalo el lector, perdió la batalla política de cara a la institucionalización definitiva del Régimen, en sentido falangista, en 1956.
A la par, son los políticos falangistas los que van a impregnar el discurso social, que es el discurso del franquismo social, en los años cuarenta y cincuenta; especialmente cuando tras superar las veleidades totalitarias enlazan con la DSI. Las dos figuras más representativas de esta corriente, ambos políticos de la confianza y hasta de la amistad personal de Franco, fueron: José Luis de Arrese y José Antonio Girón de Velasco. Especialmente este último, ya que Franco le mantuvo al frente del Ministerio de Trabajo durante 16 años. Los belicosos discursos sociales de ambos (Arrese no rehuía amenazar con utilizar los puños contra los que utilizaran <<los momentos difíciles para aumentar su negocio>> y Girón no perdía ocasión a la hora de molestar a la oligarquía) incluso fueron objeto de aplauso indirecto por parte de la oposición comunista, ya que no escatimaban críticas a la situación en que se vivía. En sus medios de propaganda la oposición comunista incidía en la distancia que existía entre lo que los falangistas proclamaban y la realidad, ya que temían que esas propuestas redujeran su capacidad de influencia entre la clase obrera. Así, por ejemplo, era usual encontrar esta denuncia al hablar de la situación de los campesinos, pues temían que la retórica falangista sobre la reforma agraria pudiera superarles.
Arrese asumió que era necesario estructurar y completar el discurso de José Antonio, concretar el ideario falangista que hasta ese momento era solo un esbozo lleno de antinomias y bosquejos, a ello dedicó parte de su labor. En 1940 apareció su primer trabajo, el primer libro doctrinal de la Falange (José Antonio solo había dejado discursos, artículos de prensa y pequeños ensayos) titulado La revolución social del nacionalsindicalismo al que debía acompañar un segundo volumen que nunca se publicaría con el título de La revolución agraria[2]. En 1941, Arrese se convertía en el principal político falangista del Régimen, si prescindimos del papel de Pilar Primo de Rivera, al acceder a ocupar el puesto de Ministro Secretario General[3], obteniendo inmediatamente la confianza de Franco, lo que no era algo usual. A su libro pronto se sumarían unos breviarios de doctrina nacionalsindicalista. Arrese intentó definir qué era y sobre qué bases debería realizarse esa revolución nacional-sindicalista a la que tantos, incluyendo Franco, hacían referencia.
Es interesante revisar la propuesta de Arrese porque se hace en el momento en el que la aproximación al fascismo y a las tesis del estado totalitario tienen mayor predicamento entre los falangistas y él, sin ser taxativo, teniendo en cuenta ese ambiente, propugna en la realidad un alejamiento de las mismas envuelto en solo dos citas muy genéricas de identidad que, además, chocan con la realidad[4]. Su texto, al igual que sus discursos, está muy en la línea de los escritos que José Antonio realizó en la cárcel de Alicante y cuyas líneas es posible que conociera, especialmente en lo referente al nonato libro de Primo de Rivera, Cuaderno de notas para un estudiante europeo. Arrese, iusnaturalista, desde una visión muy en sintonía con la DSI, anota que frente al problema social, desechadas las vías liberales y marxistas, solo queda la <<solución espiritual>> situándose <<tan lejos del comunismo falsamente igualitario y rencoroso que del capitalismo anónimo y explotador>>:
<<La tercera solución al problema social es la solución espiritual. Fijarse bien que no decimos fascista, aunque la gente lo dice. El fascismo ha sido la solución espiritualista de una nación, la primera si se quiere; pero el fascismo no es una solución universal, sino la adaptación italiana de esa solución.
Nosotros, que somos españoles, no podemos ser fascistas, y no lo podemos ser precisamente por su misma esencia. ¿Podríamos ser al mismo tiempo nacionales y fascistas?¿Españoles e italianos? Tendremos, sí, puntos de contacto; pero el saludo a la romana, al camisa, etc., son simples tributos de simpatía a un hermano mayor, pero son formas, no esencia del movimiento, y las personas que por ver en nosotros camisas y ricino creen que somos fascistas, ni saben lo que es el fascismo ni conocen el nacionalsindicalismo. Es como si creyeran que porque dos ciudades tuvieran calles que se llamaran igual habían de ser la misma ciudad>>[5].
La revolución tiene para Arrese tres <<grandes aspectos a realizar: primero, espiritualizar la vida (espiritualismo); segunda, españolizar España (nacionismo); tercera, implantar la justicia (sindicalismo)>>. El espiritualismo implica en Arrese la <<vuelta a Dios>>, en consonancia con el esquema de pensamiento de José Antonio:
<<La revolución que queremos -clama Arrese- consiste en volver a la auténtica jerarquía de los valores, en saber, sencillamente, que por encima de nosotros está la patria y que por encima de la patria está Dios, en saber que el hombre no puede ser esclavo del hombre ni del dinero, que sobre la verdad económica existe la verdad teológica y que esa verdad teológica nos dice que no es justo que haya quien se muera de hambre, mientras otros disfrutan de todos los lujos>>.
La revolución social tendrá dos espacios de actuación: <<primera, implantando la justicia en los tres brazos de la “riqueza” o sea en el trabajo (factor de la riqueza), en la propiedad (dominio de la riqueza) y en el capital (riqueza destinada a producir); segundo, implantando la armonía entre los tres elementos de la producción: empresario, técnico y obrero>>.
<<Hagamos un sistema en el que el trabajo sea para todos una obligación y un derecho, en el que la propiedad sea amparada y respetada como se merece, pero cumpliendo su doble misión social e individual; en el que el capital sea una fuente de producción, pero no de lucro; en el que patronos, técnicos y obreros sean, en proporción al esfuerzo de cada uno, los únicos copartícipes del beneficio producido, sin odios, sin clase y habremos hecho la verdadera revolución social.
Justicia y armonía; ese es nuestro programa.
A nosotros nos repugna esa mentira frívola del privilegio y la injusticia, y nos repugna porque sabemos que no hay paz posible, que no hay armonía posible si no están basadas en la verdad y en la justicia estricta. Porque sabemos que el privilegio y la injusticia crean la desigualdad recelosa y la guerra latente entre los de arriba, que se afanan por conservar sus posiciones, y los de abajo, que se revuelven para conseguirlas.
Nosotros borramos del diccionario la palabra privilegio. Nosotros daremos al obrero, al técnico y al empresario todo, absolutamente todo lo que sea justo; pero ni un ápice más de lo que sea justo.
Y lo decimos ahora, cuando la promesa fácil podría conseguirnos el frenesí de las masas. Pero no queremos engañar: el obrero no es un juguete, el obrero es digno de ser tratado como hombre, cara a cara; y cara a caras, hombre a hombre no se miente.
Obrero, patrono, técnico, desde ahora te decimos: no sigas adelante si esperas encontrar en nuestras líneas un derecho que no te corresponda, una postura que no sea justa, una desigualdad que te favorezca>>[6].
La revolución social de Arrese tiene como meta la Justicia Social, para hacerla es necesario actuar sobre tres aspectos fundamentales: el trabajo, la propiedad y el capital. El trabajo tiene un valor que se cuantifica en el salario, que debe contemplar tanto lo conmutativo como lo equitativo, reconociendo así de forma real los <<derechos morales del trabajador>>:
<<Primero: creamos el salario justo, que es aquel con el que se conmuta el valor del trabajo realizado por el precio de la mercancía; pero fijando este precio de tal manera que haga que este valor sea, por lo menos, suficiente para que viva con él un obrero de necesidades mínimas (justicia conmutativa)[7].
Segundo: creamos el salario familiar, por el que se reparte equitativamente, según las necesidades familiares del obrero, un sobresalario que aumenta con dichas necesidades (justicia equitativa)>>.
El salario familiar tiene dos finalidades: primera, <<cubrir las necesidades de la familia>>; segundo, <<aumentarlas sin miedo a la miseria>>. El salario familiar será recibido por el cabeza de familia entendiendo que este alcanza a toda la familia, la mujer y los hijos, pero también a los <<familiares de primer grado imposibilitados de ganar jornal>>, con lo que Arrese introduce el concepto de la <<dependencia>> y su solución. Rechaza, como en todo el discurso falangista y así pasará al <<franquismo social>>, la consideración lineal de este salario (absoluto) defendiendo uno progresivo en función del <<número, edad, sexo, etc., de los hijos>>; para evitar que las empresas puenteen esta carga apoyando la contratación de solteros, apuesta por el establecimiento de una cuota fija por cada obrero independientemente de su situación para formar una caja con la que se abonará el salario familiar.
Las tesis de Arrese sobre el salario, que además eran compatibles con la DSI y el catolicismo social, no serán mera elucubración, pesará en la legislación socio-laboral del Régimen. Cierto es que fue implementado de forma descoordinada, a golpe de decreto y de la necesidad. La legislación, que además aparece en todos los reglamentos, será muy difusa hasta su concreción en 1962. Pero como sabemos los subsidios familiares se implantaron en 1938 mejorándose progresivamente como veremos más adelante. El franquismo social va a introducir otro elemento novedoso en los salarios: la antigüedad en el trabajo. Comenzó a aplicarse a los funcionarios -era habitual que los empleados públicos fueran los primeros en disfrutar de las mejoras- y se extendió a todos los trabajos. No se trata de un <<complemento>> salarial, aunque lo fuera, sino de un derecho que además llevaba explícitos una acumulación de derechos preferenciales para el trabajador[8].
Arrese reconoce el derecho a la propiedad que debe cumplir su misión individual y social, rechazando cualquier tipo de colectivismo. Ahora bien, asumiendo la DSI, estima que existen límites en el derecho a la propiedad. Dentro del planteamiento armonicista que Arrese defiende es al Estado a quien corresponde hacer que la propiedad cumpla su doble función, porque esos son sus límites: <<frenar la misión individual (ya que el propietario tenderá a usarla de más, no de menos) y acuciar la misión social (ya que el propietario tenderá usarla de menos, no de más>>:
<<Nadie podrá dedicar su riqueza a satisfacer únicamente los apetitos individuales: cumplirá con su doble misión, y si no la cumple, el Estado se encargará de hacer que esa riqueza no sea una charca pestilente, sino una arteria fertilizante.
Toda la riqueza del país deberá estar, después de satisfechas las necesidades individuales, al servicio de las necesidades espirituales y materiales del bien común. El Estado hará uso de ella cuando así lo crea necesario.
¿Con indemnización? Deberá ser compensada en lo posible; pero así como el Estado compensa a los que mueren por la Patria y no a los que mueren por el verdugo, así el Estado distinguirá entre los que expropia por una necesidad, a pesar de que cumplen con su misión. Y los que expropia porque además no cumplen […]
¿Que se necesitan sanatorios antituberculosos? Pues bien; ¿vamos a dejar a la España enferma, que además coincide casi siempre con la España humilde, abocada a una vida trágica y a una muerte no menos trágica porque no cabe en el presupuesto una solución completa al problema?
De ninguna manera. Si para ello es necesario un dinero que no tiene el Estado, se acude al particular, se saca de donde sea necesario; pero no se consentirá que haya un solo español que se muera en el arroyo mientras quede un lujo o un bienestar o una diversión que suprimir.
Nadie puede gozar de lo superfluo mientras haya a quien falte lo esencial.
La propiedad tiene, mirando a su misión, dos legislaciones completamente distintas:
Una para aquella parte de la riqueza destinada a satisfacer las necesidades justas del que la posee: legislación de ampro, de respeto.
Otra para aquella parte sobrante que pertenece a los ricos, pero que debe estar al servicio de los pobres: legislación de intervención.
El Estado considerará esa parte como si fuera dinero de los pobres administrado por los ricos: “administradores del dinero de los pobres”, llamó San Pablo a esos ricos. Por tanto, como a un administrador irá pidiendo lo que se vaya necesitando para los pobres.
No quedará un solo problema vital sin resolver por falta de presupuesto, porque este será de la amplitud que sea necesario y al servicio del bien común estará todo lo sobrante de la propiedad privada.
La vida será más sencilla, pero más agradable; no habrá tanto dinero, pero nos sentiremos más hermanos; haremos una vida más humilde, pero más igual.
No importa. No venimos a estar mejor, sino a ser mejores>>[9].
El capital es para Arrese, siguiendo la diferenciación entre capital y capitalismo que hacía José Antonio y que también hará el propio Franco, <<la acumulación de aquellas riquezas que tiene por destino producir (naturaleza intrínseca de la cosa)>>, por lo que aboga por la desaparición del capital que no cumple o cumple mal su misión:
<<Ese parásito egoísta que vive en la sociedad con su dinero improductivo, sin importarle nada la miseria que le rodea y el bien que pudiera hacer a los demás, y ese otro que solo saca su capital para hacer negocios fabulosos, aun a costa de amasar sus millones con el sudor y las lágrimas de sus semejantes, tiene que desaparecer definitivamente de la economía nacional.
Nuestro capital ha de ser aquel del cual se haya desterrado el capital muerto y el capital pirata; es decir, el que no cumple y el que cumple mal con su misión.
Ni el egoísta del dinero quieto ni el negrero de las especulaciones caben en el nuevo Estado, que quiere cimentar su economía en la justicia social.
No se puede consentir que un banquero sin conciencia pueda en una jugada de Bolsa arruinar a familias enteras y hasta al Estado mismo en provecho exclusivo suyo, ni que un comerciante, aprovechando la escasez, suba los precios de su mercancía; ni que haya quien, especulando con la miseria y la necesidad, intente pagar a menos precios jornales y materiales; ni quien desafíe con sus millones a la justicia; ni quien forme con dinero o con influencia un estado más fuerte que el Estado mismo, o crea poder llegar a un “trust” de empresas, dictador de precios y condiciones.
Todo esto es piratería, es cumplir mal la función social del capital […] No es el bien de pocos, sino el bien de todos lo que ha de conseguir el nuevo Estado, y claro está que al hablar del bien de todos nos referimos a que todos deben poseer el mínimo para su vida, que todos deben tener casa para vivir, tierra para cultivar, que todos deben participar en la misma empresa en que trabajan.
En una palabra, que todos deben de ser ricos, llamando rico no al que le sobra, sino al que no le falta, y todo esto sin hundir al capital que sabe cumplir con su misión.
No intentamos nosotros hacer una revolución para caer en aquella que hasta el mismo Proudhom la llama “la religión de la pobreza”.
He aquí nuestro programa: hacer todos ricos; en contraposición al programa de supresión del capital, que consiste en hacer todos pobres>>.
Coherentemente, el líder falangista no duda en presentar la revolución social nacional-sindicalista como anticapitalista, <<implacablemente anticapitalista>>. Así pues, los falangistas se presentan como contrarios a un sistema que repudian y que consideran que caerá, bien por el avance de la revolución marxista o porque sea interrumpido por <<la decisión heroica de desmontarlo aprovechando los materiales sanos>>, según anotaba el propio José Antonio. Arrese, en esta línea, siempre se manifestará de forma contundente:
<<Somos anticapitalistas porque defendemos la propiedad privada, y es que, efectivamente, el capitalismo desvía la propiedad privada hacia la especulación anónima.
Y así cuando se funden empresas e industrias, pero no para ponerse al frente de ellas y empezar la producción, sino para parcelarlas en acciones anónimas y especular con estas acciones.
Cuando se emplea el dinero, pero no para su lógica función comercial, sino para dedicarlo al préstamo y a la usura y para lucrarse del trabajo de los demás.
Cuando se abandonan los trabajos del campo por las comodidades de la ciudad, sacudiéndose todas las obligaciones, pero con la pretensión de reservarse el derecho a seguir viviendo como convidado al trabajo del campesino.
Se transforman en capitalismo los capitales industriales, comerciales y agrarios.
Luego el capitalismo, por su propia naturaleza, tiene dos características igualmente fatales y bastardas:
1.ª Deshumaniza la propiedad privada, sustituyendo al hombre propietario por el título propietario.
2.ª Implanta el reinado del dinero en sustitución al reinado del trabajo, convirtiendo al capital de un elemento de producción en el “único” elemento productor.
[…] El capitalismo no tiene razón alguna de existir: es cruel, explotador, anticristiano, egoísta, inhumano, ataca a la propiedad privada y se alimenta del sudor de las masas, va contra el patrono y contra el obrero; y todo, ¿para qué? ¿Para crear un bienestar a la Humanidad?No. Para crear un bienestar al capitalista; la Humanidad recibirá, como máximo, las migajas de sus festines>>[10].
Deudor de los esbozos de José Antonio, lo que el Secretario General de FET plantea es desmontar el capitalismo industrial, financiero y agrario, o mejor dicho, su transformación. El teórico falangista insiste en que está haciendo un desarrollo teórico en el que va abriendo posibilidades y no embriones de proyectos de ley. El obrerismo de Arrese, como no podía ser de otra forma, es sindicalista y lo que busca es la participación de los trabajadores en la empresa producto del capitalismo industrial -en ningún caso se refiere a las medianas y pequeñas empresas alejadas de ese capitalismo industrial- y no que la titularidad de la empresa vaya al Estado o al trabajador, lo que le aleja del radicalismo de algunos sectores falangistas. Entre sus propuestas para transformar ese capitalismo financiero anota: control del Estado; anulación de las acciones liberadas y de los sueldos fabulosos de los consejeros de administración[11]; limitación de las ganancias del accionista; empleo de parte de los ahorros obtenidos en rescatar las acciones en circulación de los grandes accionistas; entrega de estas acciones al Sindicato[12]; creación del accionariado del trabajo para la participación obrera en los beneficios de la empresa; realización de una nueva legislación de las sociedades anónimas.
Con respecto al capitalismo financiero Arrese no plantea la supresión del crédito, de la Banca, pues el <<crédito es necesario para la producción… nada mejor que utilizar el ahorro y el dinero muerto para esta función financiera>>, está en contra de la usura: <<prestar al 8% será un negocio para el prestamista (no una ayuda para el trabajo); pero cuando además, ese negocio se hace, ni siquiera para el dueño del dinero, sino para el banquero intermediario, ese negocio toma los caracteres de robo a mano armada>>. Para desmontar el capitalismo financiero sugiere dos reformas fundamentales: suprimir los intermediarios y abaratar el crédito, reservando para el Estado la capacidad de prestar, proponiendo la fundación de una banca nacional, algo que hoy es reclamado tanto por los seguidores de José Antonio como por quienes se sitúan en sus teóricas antípodas políticas:
<<El nacionalsindicalismo, por tanto, organiza el crédito de esta manera: funda el Banco Nacional de Créditos (puede ser el mismo Banco de España). Este Banco será el único autorizado para abrir cuentas corrientes, cartillas de ahorro, etc.; en una palabra el único autorizado para reunir los fondos que han de constituir el capital prestador.
Y antes de seguir adelante, en estos fondos distinguiremos dos grupos: el de las cuentas corrientes y el del pequeño ahorro. Y en las cuentas corrientes, otros dos: el flotante de la vida comercial y los depósitos de dinero muerto.
El nacionalsindicalismo sabrá distinguir entre uno y otro y sabrá estatuir un diferente trato para el dinero actuante del trabajador y para el dinero quieto del rico (que se amontona por la abundancia y la apatía).
Pero en ambos casos de cuentas corrientes, el Estado (como a dinero en custodia) no tendrá que pagar por ellos interés alguno. Antes, los Bancos ponían ese cebo para conquistar clientes, para que el dinero no se fuera al Banco de enfrente.
Pero esto era un disparate más, porque, en realidad, lo que hacía era premiar al dinero quieto, es decir, crear capitalismo, ya que muchos, por abundancia o por dejadez se conformaban con este interés pequeño, pero seguro, y no hacían cumplir a su dinero la misión social que le correspondía.
El dinero, en cambio, del pequeño ahorro es completamente diferente. El ahorro es la cristalización del esfuerzo humano, y tan sagrado, por tanto, que todo apoyo le parecerá poco al nacionalsindicalismo.
El Banco Nacional de Créditos concederá un interés a este dinero como premio y como estímulo.
Hemos dicho, en resumen, que con todo el dinero depositado se formará el fondo prestador. Pues bien: a ese fondo prestador acudirán los Bancos Sindicales de Crédito (agrícola, comercial o industrial) que se han de fundar como sucursales o ramificaciones del Banco Nacional y que serán los encargados de prestar a los Sindicatos correspondientes, y éstos a su vez a los sindicados, a un interés módico, incluso pagable en especie, como en el caso agrícola.
Por último, una de las facetas principales de estos Bancos Sindicales, serán los pequeños créditos con garantía moral [… se prestará] a todo aquel que, por sus dotes de trabajo, habilidad y honradez, merezca ser ayudado y encumbrado>>[13].
Arrese defiende una concepción armonicista en la que <<cada fábrica, cada industria, cada comercio, es una sociedad de productores en la que cada uno pone la aportación personal de su trabajo. Luego la organización social y sindical en ellos deber ser la de una serie de sociedades formadas por los patronos, técnicos y obreros que trabajan en una misma empresa y en la que todos son socios productores de la ganancia y por tanto, todos deben intervenir en la empresa y todos deben ser partícipes de los beneficios. Esta es la verdadera solución justa y esta es la que hará el nacionalsindicalismo>>[14]. Ahora bien, la armonía arresista, como la joseantoniana, implica no solo los aspectos socioeconómicos sino que su idea de la revolución permite armonizar la reivindicación social, la justicia social, con un sentido nacional (anotaba José Antonio: <<primero la devolución de un espíritu nacional colectivo; después, de una base material y humana de convivencia entre los españoles>>[15]). Así esta revolución pondrá fin a las clases y eliminará la lucha de clases.
Sin embargo, Arrese, que rechaza la noción de Estado Sindical tal y como usualmente se interpreta, se queda en la misma antinomia que José Antonio: ¿cómo será la organización política del Nuevo Estado? A ello dedicará más adelante, como teórico de la Falange, otros trabajos y el proyecto constitucional conocido como las <<Leyes de Arrese>>. En coherencia con la propuesta de Primo de Rivera establece la formación de los sindicatos verticales que crearán la organización sindicalista que será parte del Estado en una estructura jerárquica que irá de abajo a arriba (células sindicales, sindicatos integrales, sindicatos nacionales y Cámara Sindical que será el órgano director de la economía nacional). Todo ello nos invita a pensar que, al filo de la guerra civil, José Antonio se inclinaba por un modelo de representación bicameral: una cámara de representación política y otra de representación sindical.
Al hacerse cargo de la Secretaria General de FET de las JONS Arrese asumía que la revolución era algo que había que conquistar a través de la política y que eso pasaba por ganar a Franco y ganar al Ejército. Pese a la retórica y al exceso, cuando Arrese publicó finalmente su libro en 1940, algunas de sus propuestas estaban en marcha (salario familiar, sindicatos, Magistratura de Trabajo, mejoras laborales… y el Fuero del Trabajo que abría la posibilidad de hacer real gran parte de su propia propuesta) y la Falange y los falangistas ocupaban una parte importante del poder político, contando además con un imponente aparato de propaganda y penetración social. Franco, además, defendía la necesidad de una revolución, solo en parte concomitante con la descrita por Arrese, y mantenía un discurso formalmente anticapitalista y contrario a la oligarquía, pero al mismo tiempo su planteamiento era reformista, solo limitador y corrector de los excesos y en esa línea se mantendría a lo largo de su gobierno:
<<Existe, a nuestro juicio, en lo conservador una parte de doctrina pura y verdadera: el orden económico no es un capricho, sino un proceso alcanzado por la aportación de siglos y basado en los principios de la propiedad y de la iniciativa privada; en cambio encontramos bastardo el defender con este noble escudo los abusos del capital, las explotaciones sociales o el mantenimiento de posiciones injustas o arbitrariamente alcanzadas. Así también, considerando puro y plausible el ideal de elevar y dignificar al hombre redimiéndole por la justicia social de sus miserias y necesidades, condenamos de la manera más absoluta la explotación de estos anhelos de las masas para incurrir en la aberración de destruir un orden económico que desaparecido sumiría a las naciones en la catástrofe, y que forzosamente, con el tiempo, habría que volver a levantar>>[16].
Tanto para Arrese, como para Girón, como para el propio Franco, como para los falangistas o los católicos, pasando por todas las derechas de la época, que habían hecho del anticomunismo un elemento ideológico (al igual que lo había hecho la izquierda del antifascismo), el objetivo de la acción política era poner fin al comunismo, lo que se enmarcaba perfectamente con la acción política internacional del mundo occidental en la configuración de la Guerra Fría. Para los políticos falangistas y también para Franco esa lucha contra el comunismo, contra la revolución, pasaba no por el enfrentamiento directo sino por arrancar a las masas trabajadoras de sus filas a las que habían sido atraídas por la falta de Justicia Social.
<<Hoy ya no se trata de guerras; más aún, sería suicida hablar de violencias cuando acabamos de salir de la más violenta de las luchas, y además de suicida sería inútil porque si la victoria había de ser para continuar viviendo como hasta hoy, no habríamos hecho nada, porque seguiría siendo el comunismo la única consecuencia lógica a tanta injusticia, como la cosecha es la consecuencia natural que sigue a la siembra.
Lo que hay que hacer hoy es meditar un momento sobre las razones que hacen del comunismo una doctrina atrayente incluso para los hombres occidentales; porque seríamos ciegos si quisiéramos negar al comunismo una razón de ser y de existir y afirmáramos que el comunismo está ahí por el solo hecho de la fuerza bruta. No; las grandes revoluciones obedecen a grandes razones que van implícitas en el sistema anterior… el comunismo tiene su motivo en la injusta situación social de nuestros días. Por lo tanto, no se trata de predicar la guerra santa; se trata de ver si es posible quitar al comunismo la razón que tiene para destruir la cultura occidental>>[17].
Se equivocan conscientemente quienes tratan de explicar todo lo que el franquismo social creó en función del control social que el régimen de Franco trazó para mantenerse en el poder. Al contrario, era fruto de un posicionamiento ideológico claramente expresado: al comunismo, a la revolución, se le gana eliminando las causas que hacen que existan hombres empujados a la revolución. De ahí que se reconozca tanto la lógica, como la legitimidad o la necesidad que tenían esos hombres de serlo en tanto en cuanto no existiera la Justicia Social. Este era el planteamiento y es una manipulación presentar los avances sociales, fragmentando los discursos, como una actuación impelida por el deseo de control social para el mantenimiento del poder[18].
Arrese, a lo largo de los años cuarenta y cincuenta, mantuvo el discurso falangista, asumido en gran medida por Franco, en el que la ruptura de la Fe[19] y la aparición del liberalismo trajo como consecuencia el triunfo de la economía capitalista que engendró el modelo de clases sociales con el que pretendían acabar. El capitalismo dividía el mundo no entre ricos y pobres, sino entre trabajadores y capitalistas (los que venden y compran el trabajo); al atribuir el beneficio solo a unos elevó la injusticia condenando a la sociedad a la lucha. La injusticia y la necesidad de defensa ante ella unió a los desheredados a seguir la bandera levantada por Marx y Engels. Fue el capitalismo el que <<produjo la fórmula comunista>> como respuesta creando un estado totalitario[20] basado en el colectivismo que finalmente acaba arrebatando al hombre sus derechos al cambiar al <<amo-Empresa por el amo-Estado>>. Cierto es, apunta Arrese, que los partidos de derechas, ante el problema social, inventan el <<centrismo>> y <<aplican a la política los procedimientos de la morfina>> utilizando en el camino al cristianismo para defender el capitalismo, pero sus políticas <<no tienen nada que ver con la fórmula cristiana>>. Para enfrentarse al problema social, al igual que el marxismo, también surgió el fascismo, pero este movimiento es considerado como fracasado al no ser una fórmula completa[21]. Llegado a este punto lo que Arrese estructura como eje de su discurso es la necesidad de edificar una fórmula nueva basada en el cristianismo que pondrá fin al comunismo:
<<Buscar esa nueva fórmula, en la seguridad de que buscarla es hoy la tarea más urgente que tiene sobre sus espaldas el hombre cristiano, y de que al hacerlo alejamos, ciertamente, de la sociedad el privilegio capitalista; pero alejamos más ciertamente todavía de ella el peligro de acabar desapareciendo en la horrible matanza del comunismo.
No se trata de resucitar el fascismo. Ya hemos dicho que el fascismo ni nos gusta ni puede llenar la inmensa ambición de un propósito cristiano; se trata de devolver al mundo la mística precisa para oponerse con éxito al avance bárbaro y, sobre todo, se trata de hacer esto de aquella forma, que para ser completa y definitiva ha de buscarse en el campo de la justicia y el amor, tal como una noche dos veces milenaria nos fue mostrada en la fría soledad de un Diciembre eterno>>[22].
Arrese va a plantear como opción una fórmula cristiana para restaurar “el triple orden religioso, político y social del mundo>> en la que el <<hombre y el Estado>> pasan a ser <<piezas fundamentales>>, rechazando tanto el individualismo como el totalitarismo. En esa vuelta al hombre que proclama es necesario revertir el proceso deshumanizador defendiendo un concepto total del hombre que busca cumplir su <<destino espiritual y eterno>> para lo que debe unirse a otros hombres en la <<comunidad de destino>>. Todo ello debe dar a luz a una nueva teoría del Estado encargado de <<constituir una unidad de destino determinada por la Historia>>. Un Estado en el que existirá no la división de poderes sino la separación de funciones, en el que el poder corresponde al pueblo por lo que tendrá que participar en las funciones del Estado; pero <<decir pueblo es referirse a una abstracción… por lo que es necesario transformar la idea abstracta del pueblo en algo concreto y tangible>>:
<<Ahora bien, la colaboración, para ser racional ha de ser configurada conforme a las funciones que el poder del Estado realiza. Ya sabemos que estas funciones son dos: la administrativa y la política […] La colaboración con el poder del Estado no es un pasatiempo, sino que constituye en el que colabora una función tan importante como la que realiza el titular de ese poder. Lo primero que la colaboración exige de quien la realiza es que éste se encuentre, no de un modo superficial, sino íntegramente, encajado en la función en que va a colaborar.
Y esto nos lleva a una importante consecuencia: la colaboración del pueblo en el poder del Estado ha de ser diferentemente obtenida para una y otra función. La razón de ello es evidente; colaborar con el estado no significa, no debe significar, ostentar una confusa condición oficial de ciudadano, sino llenar realmente y con carácter insustituible una auténtica tarea. La colaboración, igual que para el que ostenta el poder del Estado, para el pueblo, es una verdadera función. El pueblo “hace” también justicia y “hace” política aunque no ejerza directamente el poder del mando. Se trata de dos “haceres” bien diferenciados; y a cada uno de los cuales habrá de corresponder, por tanto, procedimientos y órganos diferentes.
Ello no quiere decir que se limite la intervención del pueblo a tales o cuales sectores o a tales o cuales personas, sino que esa intervención se ha de llevar a cabo diciéndole de antemano si se le llama para intervenir en la función administrativa o en la política y organizándole adecuadamente para cada una de las dos llamadas. En ambos casos se llama a colaborar al pueblo, a todo el pueblo, sin que esta discriminación elimine a nadie; pero sin olvidar tampoco que una vez diferenciadas las dos funciones hay que diferenciar también las dos formas de intervención, so pena de hacer en alguno de los defectos que acompañaron a los sistemas liberal y marxista […] el poder, dijimos corresponde al jefe nacional del movimiento como representante y protector del pueblo; se trata de la colaboración del pueblo en el ejercicio de las dos funciones que el poder encierra y en este sentido decimos que esta colaboración ha de ser diferenciada y ha de llevarse a cabo por “todo” el pueblo; no solamente, como sucede en el comunismo, por los componentes del partido único o de la clase triunfadora, sino por todo el pueblo>>[23].
En el esquema de Arrese el pueblo participará en las tareas del Estado a través del sindicato que es, a la vez, un instrumento de Estado, al igual que lo hará a través de la familia o el municipio, pero estima necesario introducir en el esquema, para el debate político, a los partidos[24]. Coherentemente, tras criticar ampliamente el capitalismo, juzga preciso Arrese difundir una nueva teoría económica acorde con su propuesta, el cooperativismo. Manteniendo lo que ha sido el discurso habitual desde la guerra, el trabajo <<ni es una mercancía ni puede ser objeto de enajenación>> y es, a la vez, fuente de producción y de propiedad. Por lo tanto, se debe diseñar una nueva Empresa con los tres elementos productores que deberán de repartirse los beneficios: <<el ideal no es que el obrero gane cada vez más, sino que la vida cueste cada vez menos; es decir, que lo que gana tenga cada vez mayor capacidad de adquisición>>[25].
Además de Arrese y su intento de dotar a un ideario coherente y completo al falangismo a partir de las líneas establecidas por Primo de Rivera y abrir una institucionalización de un Estado que por fuerza tendría que ser social, hemos de fijarnos en el discurso y la acción social de José Antonio Girón de Velasco[26]. A diferencia de Arrese el palentino José Antonio Girón siempre explicó que carecía del <<armamento intelectual necesario>> para ser un teórico, pero era un animal político capaz de leer perfectamente los equilibrios que Franco realizaba entre los diversos grupos del régimen y hasta dónde se podía llegar. Tanto Arrese como Girón pertenecían al sector católico del falangismo. En Girón es fácil encontrar en sus discursos continuas alusiones religiosas y una fundamentación conceptual cristiana. Este era el nexo de unión de ambos, sus carreras políticas en el poder van a coincidir en el tiempo, con el sector católico que trataría de hacerse con el poder en oposición a los falangistas entre 1945 y 1957. Arrese, sin embargo, concitó todos los odios y numerosos enemigos dentro de las filas de los políticos católicos. Girón asumió que la revolución iba a ser un proceso largo y que debía iniciarse con la revolución social, ya que la ocupación del poder por parte de los falangistas pronto pasó a ser una quimera, a no ser que se ganara una amplia base social que desequilibrara el juego político a su favor.
Si se repasan con atención los numerosos discursos pronunciados por Girón y la orientación de su acción política como Ministro de Trabajo, parece evidente que su horizonte pasaba por crear una base social falangista entre los trabajadores que se uniera a las otras dos grandes bases sociales de la época, los jóvenes falangistas del Frente de Juventudes y las muchachas de la Sección Femenina, quizás soñara con esas bases para hacer real el futuro asalto falangista al poder.
<<La incorporación de las masas trabajadoras al sentido del Movimiento Nacional-Sindicalista es un objetivo esencial de la Revolución para todos los que no consideramos esta palabra como un banderín de propaganda sin sentido real, para los que no podemos conformarnos con una transformación superficial en las fórmulas y en los estilos. Porque si no queremos hacer obras muertas, si queremos evitar el peligro de las palabras hinchadas y vacías y de las nuevas estructuras artificiales, que encubran con formas nuevas las mismas viejas concepciones, nos hace falta crear un clima ardiente en las masas españolas honradas, un ambiente de fe nacional-sindicalista que respalde la acción concreta de la minoría que ha de conducirlas>>[27].
Para atraer a los trabajadores era preciso un <<paciente y largo proceso de desintoxicación>> en el que habría que demostrar que se estaba realizando una auténtica revolución social. Nuevo concepto que Girón utiliza de forma reiterada como sinónimo de la revolución nacionalsindicalista y cuyo objetivo será alcanzar la justicia social. Concepto que en su vertiente cristiana forma parte del discurso obrero de Girón. Entre otras razones, además de la coherencia con su propio discurso, porque asumió que el nacionalsindicalismo tenía que convivir con el nacionalcatolicismo en los años 40-50. Sintonizaba así perfectamente con la visión del propio Franco, quien en 1944 en Badajoz recordaba: <<sobre el pan y la justicia, ha puesto el Movimiento el reinado de la Cruz>>.
A diferencia de otros políticos del Régimen, quizás excluyendo a Carrero Blanco, pero este por razón de su proximidad a Franco, en sus 16 años al frente del Ministerio de Trabajo acumulará un enorme poder político que es a la vez poder de acción, pero no consiguió centralizar toda la acción social y por tanto optimizar los recursos lo que limitó las posibilidades de alcanzar totalmente sus proyectos. Girón asumía que no podía forzar los hechos, los espacios pequeños del poder ni aún entre los teóricamente suyos. No pocos de los políticos de la época han recordado que Girón era el Ministro que nunca tenía que pedir su parecer a Franco, ya que este apoyó sus decisiones lo que le dio una enorme autonomía. Girón utilizará su privilegiado puesto para falangistizar la política social y laboral del Régimen. Conviene subrayar que desde el Ministerio de Trabajo, de una forma u otra, Girón controlaba la poderosa Organización Sindical que acabaría adecuando a su visión tras la derrota política de Gerardo Salvador Merino; iba a tener bajo su dirección la mayor parte de la acción social, tanto directa como indirectamente; dominaba el Instituto Nacional de Previsión; influía en el Instituto Nacional de la Vivienda… Además, al igual que Arrese, defenderá la alianza entre la Falange y el Ejército bajo la capitanía de Franco[28].
Es usual encontrar las calificaciones de populista y demagogo aplicadas a Girón. Con un verbo incendiario, de tonos radicales, aunque adornado con fuertes imágenes religiosas y patrióticas, era capaz de atraer a los viejos enemigos políticos mostrando un particular empeño a la hora de conseguir el trasvase de la militancia de base anarquista, sociológicamente antifranquista, a las filas del falangismo, lo que consiguió sin que tengamos constancia documental de hasta dónde llegó en este propósito; pero lo cierto es que ganó para su causa a no pocos sectores obreros[29]:
<<Trabajadores, empresarios y obreros, camaradas:
Acaso se estime por algunos que son nuestras palabras demasiado secas y tienen muchas aristas nuestras concepciones, pero preferimos el exceso en la sinceridad. Sólo rompiendo con los falsos convencionalismos de la diplomacia se deja al aire el pensamiento entero y podemos saber cada uno dónde estamos y el camino que hemos de seguir para abrazarnos o para herirnos. Por eso no nos importa reconocer que no estamos hablando a una multitud convencida; por eso nuestras primeras palabras son para decir que no queremos que nadie nos mienta ni siquiera con el gesto, que ninguno disfrace su convicción con asentimientos corteses, porque estamos hablando entre hombres, y para la meditación es bastante el silencio. No sé si vosotros habréis pensado alguna vez que estáis viviendo el reverso de todas las historias, que no son los mismos caminos los que recorremos, porque la trayectoria obligada de todas las políticas era buscar la masa como un apoyo para subir, no adueñarse de los mandos con el propio esfuerzo y a costa de la propia sangre. Os considero a todos sobradamente inteligentes para desechar durante la vida de los que estamos aquí la posibilidad de un cambio favorable a lo antiguo. Y es, obreros de Vizcaya, en estas circunstancias, después de todo lo que pasó, cuando hemos venido a hablar con vosotros. Debéis reconocer que esto no es lo egoísta, no es lo interesado, no es lo de siempre, y si hay entre vosotros un enemigo honrado, yo le exijo que crea en nuestra buena fe. A muchos, este lenguaje les parecerá extraño; a otros, atrevido; pero los nuestros saben que es duro y abierto el estilo de las viejas consignas, que casi siempre «el empezar a tiros es la mejor manera de llegar a entenderse».
No nos interesa la masa, porque sabemos que cuatro hombres resueltos bastan para derrotar a una muchedumbre; pero necesitamos descubrir entre vosotros las individualidades de excepción capaces de romper la cadena de los prejuicios marxistas y pensar serenamente por sí mismos en la hora actual de la Patria. Nos interesa el verdadero rebelde, capaz de tener una fe y de batirse por ella, y no podemos, precisamente por ser intransigentes con nuestra consigna de unidad entre los hombres de España, hacer imposible a nadie la reivindicación de su propia vida. Es nuestro deber despertar a los que tienen los ojos todavía dormidos en la amargura estéril de la derrota para que se den cuenta de una vez de la trascendencia del instante y tengan la conciencia del suicidio a que les conduce su pasividad.
Para exponeros sencillamente la realidad de estas cosas hemos venido aquí, no para prometeros panoramas sociales atrayentes; para deciros que nosotros estamos donde siempre, y para intentar que os preguntéis a vosotros mismos qué puesto os señala ahora vuestro deber o en qué postura vuestro interés os aconseja situaros. No perdemos la serenidad o la fe aunque todo esté en contra de nosotros.
Las consecuencias de nuestra guerra y de la actual, la escasez de transportes y víveres, el sabotaje del amigo y del enemigo, la dificultad en la importación de artículos indispensables, la oposición encubierta de los que temen que nuestra Revolución sea verdad y de los que temen que nuestra Revolución sea mentira. En uno y otro lado hay hombres resueltos, de buena voluntad, para los que siempre tenemos abiertos nuestros banderines de enganche. Pero aunque no acudan a nuestra llamada no nos importa. Por situaciones peores hemos pasado y obstáculos más peligrosos tendremos aún que rebasar. Estamos con un jefe acostumbrado a llevarnos a la victoria sin precipitaciones ni titubeos, y tenemos más fe y más entusiasmo que nunca. Todos los que tienen la esperanza de que el desánimo ante la lentitud del avance nos haga retirarnos de la brecha compungidos y refunfuñando como niños mal criados pueden ir abandonándola, porque nosotros aprendimos una moral heroica y las retiradas son casi siempre de cobardes.
Que no venga a nosotros quien sea capaz de desertar, de abandonar su puesto sin luchar en todas las formas necesarias. Queremos insistir en que esto no es un mitin algarero de propaganda. Estamos aquí, sencillamente, para exigiros que meditéis sobre una conducta, sobre una realidad y sobre un futuro inminente.
Nosotros no engañamos a nadie. No ofrecemos amnistía porque nos falta doblez para explotar la credulidad de la desgracia y nos sobra fuerza para tener que buscar apoyo en la transigencia con el crimen.
No somos obreristas porque no entendemos de clases sociales, sino de clases de hombres, los útiles a la Patria y los que no quieren serlo, los que la engrandecen con su servicio eficaz y los que se divierten a su costa, los que la elevan con su inteligencia y con sus brazos y los que son un lastre para todos. Nuestra primera consigna en lo social es evitar esta convivencia intolerable. Porque, camaradas, a ver si os dais cuenta de una vez de que el verdadero enemigo no es el jefe de la empresa donde trabajáis. El Estado ha de ser quien limite su beneficio en lo que tenga de injusto comparado con el vuestro. El verdadero enemigo es el jefe de las empresas posibles donde no trabaja nadie, porque niega a la Patria su dinero y su actividad.
Tenemos respeto para los que cayeron y perdón para los equivocados, pero no olvidaremos nunca a los cautos embaucadores capaces de inmolar vidas inocentes al servicio de una ambición sin riesgo y sin bizarría.
Y nada más tenemos que decir a los obreros vascos en nuestra primera entrevista. Tal vez esperaseis programas concretos o panegíricos de nuestra doctrina, pero hemos querido prescindir de todo lo que pueda sonar a promesa porque sabemos demasiado que lo interesante es la fe en los hombres que representan o personifican fórmulas permanentes. Por eso no hablamos de la batalla entablada para dar al salario mayor poder adquisitivo, a base de la baja de los precios, nada de los que dificultan nuestra labor amparados en una economía débil que hace peligrosas las decisiones precipitadas. Solamente hablaremos de esto cuando hayamos conseguido el objetivo, para evitar que nuestras palabras puedan ser interpretadas como hijas de la disculpa o de la impotencia. Adelantamos solamente que la empresa es muy delicada y requiere mucha serenidad y mucho estudio, porque un paso en falso sería catastrófico para la Patria.
En la batalla por la Revolución roja y negra podréis colocaros al margen, enfrente o a nuestro lado, pero lo que no podréis hacer es escapar a sus consecuencias. No queremos que mañana podáis cargar sobre nosotros la responsabilidad de no haberos expuesto claramente estas cosas. Por eso hemos venido aquí a haceros meditar. Vuestra rebeldía puede hacerse justicia en nuestras manos y ser fuerza viva para la Patria bajo nuestras banderas. Y quiera Dios que no os clave el cuerpo mañana vuestra quietud de hoy, ni os muerda el alma el remordimiento de haber dejado solos a quienes tuvieron la nobleza de ofreceros en sus escuadras un puesto de combate contra la injusticia. Que estas últimas palabras sean motivo para vuestra primera meditación: en nuestras filas no hay capitanes Araña, porque nuestros cuatro primeros jefes murieron vestidos de cara a los fusiles>>[30].
Coincidía con Franco, porque también formaba parte del discurso falangista, con la necesidad de ganar a los obreros para la Patria, a esas clases trabajadoras <<ávidas de participar en la gloriosa responsabilidad de conducir a su Patria, esa Patria a la que unas minorías egoístas han estado negando durante siglos la apasionada colaboración de los humildes a los que de vez en cuando, eso sí, pedían su sangre, tantas y tantas veces generosamente demandada>>[31]. Blanco favorito de Girón fue la oligarquía, <<esos grupos dirigentes que se servían de unas masas previamente adormecidas para satisfacer sus apetitos de mando, de Poder y de negocio>>, y los que se habían aprovechado, a su servicio, de <<las legítimas exigencias de la criatura humana esclavizada>>:
<<Porque muchas veces, a través de las agitaciones que han convulsionado a los trabajadores, se encontró la coincidencia de los grandes cártells [sic] industriales o financieros y de las grandes agrupaciones imperialistas con los agitadores políticos, que servían, cínicamente, por un puñado de monedas, los intereses del más desenfrenado capitalismo cuando no servían lisa y llanamente a las consignas, pagadas en buenos doblones de oro, de potencias extranjeras que habían caído como buitres de garras doradas sobre la cansada tierra de España que, después de haber labrado la corona de su propia majestad con los ricos metales de sus entrañas, acaba dando el cobre y el hierro de sus minas al extranjero para forjar las cadenas de su propia esclavitud>>[32].
Girón, al asumir el Ministerio de Trabajo, tenía que hacer frente a dos problemas básicos: los sindicatos y la creación de un sistema de protección social en un nuevo marco de relaciones laborales. Legislativamente era una labor que se emprendía <<desde un desierto en que apenas teníamos unos tímidos antecedentes que para nuestra ambición eran puras sombras de legislación social>>. Había que definir las bases de la revolución social. Para Girón, en consonancia con el espíritu del Fuero del Trabajo y las tesis de José Antonio, el sujeto de la legislación social no es solo el trabajador, sino que es el trabajador con su familia, y en esto la legislación española iba a ir más allá en sus presupuestos que no pocas de las políticas occidentales tras la II Guerra Mundial. La familia es, en esta tesis, la célula originaria de la sociedad, el elemento germinal del Estado y el sujeto de la revolución, siendo el primer peldaño de esta devolver al hombre su dignidad:
<<El Movimiento Nacional atendió desde el principio a la elevación de la dignidad del hombre español. Había que levantarle de muchos abatimientos: había que alzarle de muchas ignominias, había que redimirle de muchas esclavitudes, había que rescatarle de muchas servidumbres, había que devolverle muchos tesoros y había que hacerle avanzar desde las sombras a la luz, desde el abismo a la superficie, desde la mazmorra de una vida infrahumana a la liberación más elemental>>[33].
La revolución social que preconiza es la de la consecución de los derechos reales frente a los derechos teóricos, porque ellos son los que hacen posible la libertad real, siendo su consecución el objetivo de la política:
<<Si por política se entiende el honesto gobierno del pueblo, el dotarle del instrumental necesario para alcanzar su libertad económica y su libertad espiritual; si por política se entiende el crear el clima material y moral que el pueblo necesita para su progreso y bienestar; si por política se entiende la redención de las tierras yermas, la distribución equitativa de los bienes esenciales para la dignidad de la vida humana, es decir, la alimentación, la vivienda, el vestido, la asistencia sanitaria, la adquisición de la cultura, el honor de la familia; y si por política se entiende el sembrar la Patria de Escuelas desde la población más populosa a la última cortijada serrana; y si por política se entiende hacer llegar a todos los españoles la posibilidad de ejercer unos derechos y unos deberes de superior jerarquía; si por política se entiende el deseo de llegar al Municipio, al Sindicato y a las más altas cimas de la gobernación del Estado mediante el libre ejercicio de capacidades y de dialécticas; si por política se entiende la ambición legítima de capacitarse para mandar, para intervenir en la vida del país hasta sus últimas capas y con conocimiento de todos sus secretos, y si por política se entiende el deseo de contribuir a la grandeza de la Patria mediante la aportación de un esfuerzo intelectual a través de los Organismos creados por la Revolución para su libre empleo por los trabajadores, entonces, señores, sí queremos la política y esa es precisamente la política que venimos a propugnar.
Si por política se entiende el que los trabajadores puedan prevenirse en plena libertad contra la desventura de la ancianidad y de la orfandad y contra los riesgos que todavía les amenazan y amenazan a su prole; si por política, finalmente, se entiende el alto honor de escalar una cima más alta de deberes y la satisfacción de poderlos cumplir gracias a una capacitación cultural, entonces sí, entonces sí queremos la política y en esa política es en la que queremos embarcar resueltamente al trabajador español, porque lo merece y porque la Patria lo necesita.
Solamente entendida de esta manera la política, solamente ejercida en esa dirección que acabamos de examinar, el hombre se encuentra en el camino de luchar cada día pro su libertad y se encuentra cada día en disposición de morir por ella>>.
La meta de la Revolución Social, que tiene una dimensión espiritual (<<volver a Dios>>) y otra material, es alcanzar con la legislación la igualdad real: <<si los hombres no son iguales a la hora de mandar, deben ser iguales, rigurosamente iguales, a la hora de comer, a la hora de estar enfermos, a la hora de saber, a la hora de cobijarse y a la hora de morir. Cuanto más elevado sea el mínimo legal de esa igualdad, más perfecta será una sociedad, y la meta que nos hemos señalado en este orden es la más ambiciosa que movimiento político alguno se haya señalado jamás en este mundo>>. Pero es que, además, al acuñar Girón la idea del <<mínimo legal>> de igualdad, de protección al trabajador, estima ese mínimo como un vector dinámico que debe elevarse de forma constante.
<<La medicina social forma parte de las materias a que nos referimos, en las que habremos forzosamente de coincidir con otros Estados que antes que nosotros sintieron, honda, la necesidad de una renovación de las injustas concepciones sociales de hace medio siglo, porque no es toda ella sino una consecuencia del fracaso del Estado liberal en la solución de los problemas que en el orden económico se plantean a las clases sociales más débiles.
Es indudable que la calidad física influye decisivamente en la capacidad de empresa y en el potencial esfuerzo de los pueblos. No puede abandonarse tan importante elemento cuando se quiere preparar a la Patria para horas gloriosas en que es preciso afinar hasta el límite las posibilidades; cuando se profesa la moral falangista, de la que es dogma primordial la unidad de los hombres y de las clases, es deber hacerla posible con una protección estatal a las zonas débiles que ayude a igualar los desniveles naturales. Una razón de eficacia y un imperativo de justicia son, pues el móvil de nuestra labor médico-social […] preocupa a la Falange la solución del gran problema. Una solución definitiva que lo aborde de frente, basada no en el eventual auxilio de las crisis, en protecciones parciales, sino en la salvaguardia continua de la salud de cada hombre a lo largo del ciclo de su vida, para lo que es necesaria una red de instituciones bien dotadas, capaces de llevar a cabo ampliamente la misión para que se crean. Ellas han de ocuparse de hacer cumplir las prescripciones de la higiene prenatal, de recoger a la madre en sus secciones de maternología para lograr el parto en las más favorables condiciones. Misión suya es acoger al niño en establecimientos de puericultura que le procuren una infancia llena de salud y de fuerza. Más tarde, los Institutos de Orientación Profesional le dirigirán sobre la carrera u oficio para el que posee más condiciones innatas.
Secciones de higiene del trabajo garantizarán la inmunidad del productor a través de las difíciles circunstancias en que, por imposición de la técnica, se desarrolla a veces el trabajo. En fin, cuando llega la enfermedad, el Estado vela porque no mengüen sus ingresos durante la necesaria inactividad, y lo recoge en dispensarios y hospitales, sin olvidar la amplia protección que merecen el accidente y la vejez.
Toda esta magnífica obra precisa, esencialmente, perfecta organización, a la que debemos rendir un culto ferviente, porque en ella está el secreto de todos los éxitos. Solamente a base de organización, de sistematización cuidadosa de las cuestiones, se pueden lograr realidades en una hora del mundo en que, acaso desgraciadamente para la idiosincrasia española, no se ganan las batallas, ni la paz con bizarrías ni con improvisaciones.
En el Seguro encontramos un magnífico auxiliar del Estado para llevar a cabo la labor que hemos expuesto, aunque no sea preciso buscar en el derecho que el pago de sus cuotas le confiere una explicación que salve la dignidad del protegido. Es en su condición de escuadrista de vanguardia dentro de la gran Patria española donde arrancan el deber y el derecho de un Estado como el Nacional-Sindicalista para subvenir las necesidades más urgentes. Porque en la paz, es al fin brega para conseguir el objetivo a que nos acercó la guerra, es justo que se garantice al trabajador la misma protección y los mismos cuidados que encontró el soldado en los hospitales de sangre>>[34].
El pensamiento táctico de Girón, de un modo u otro reiterado a lo largo de los años, es bastante diáfano. Asume que, ni por formación ni por pensamiento, Franco es un revolucionario, pero que es el Generalísimo, el Jefe del Estado, y el Jefe de la Revolución Nacional. En este marco es a otros a quienes corresponde ir realizando la revolución, llevar adelante el programa revolucionario que defienden dentro de la coalición gobernante en la que no tienen mayoría aunque, en los años cuarenta, tengan los falangistas un poder muy amplio. Girón va a contar en su labor, como apuntamos, con el apoyo de Franco, porque como anotaba con acierto Amando de Miguel, es uno de esos políticos cuya acción es paralela a la del propio Franco.
A diferencia de otros políticos, Girón se va a empeñar en poner los cimientos reales de su revolución a través de la legislación en una doble vertiente: la protección social y el marco de relaciones laborales. Todo el andamiaje que va a poner en pie no tiene como objetivo una cobertura universal sino que está destinado a proteger a los trabajadores. El modelo de desarrollo es muy similar: primero, los trabajadores industriales; después, los agrarios; y más tarde o al mismo tiempo, los funcionarios junto con algunos otros colectivos. Pero lo realmente significativo, destacable, es que estos cambios en materia de protección y previsión social, que usualmente habían puesto en marcha en Europa, desde Bismarck, políticos conservadores, se hacía en momentos de crisis y dificultad económica, cuando lo usual era que se hicieran en tiempos de bonanza. Quizás precisamente por ello las autoridades del Ministerio de Trabajo pudieron ser mucho más radicales, porque era la forma de actuar subversivamente ante el problema de unos salarios que se mantenían muy bajos ante la inflación de la posguerra y la oposición a su subida[35]. No es menos cierto que para mantener el sistema que se estaba creando se necesitaban enormes recursos económicos incrementando la aportación del Estado, pero para ello era necesario implementar una nueva política fiscal, uno de los talones de Aquiles de la política social y económica del régimen de Franco.
Lo trascendente, además de la ampliación constante en la protección y prevención, es que cualquier mejora laboral y salarial que se implementaba no era algo coyuntural, sino que se transformaba en un derecho que se iba a mantener durante todo el régimen de Franco, que a la vez se iba ampliando conforme avanzaba el tiempo y mejorara la situación económica, tal y como se había afirmado discurso tras discurso. Antes de entrar en cómo fueron implementándose desde el Boletín Oficial del Estado estas mejoras así como la prevención y protección, detengámonos en el punto final del régimen de Franco, en la última legislación sobre relaciones laborales cuando la Seguridad Social cubría a más de 28 millones de españoles, a todos los trabajadores.
| Tabla 19 Comparativa entre las reivindicaciones y la última Ley de Relaciones Laborales | |
| Ley de Relaciones Laborales | Reivindicaciones del <<movimiento obrero antifranquista>> |
| -Jornada máxima de 44 horas semanales*
-1,5 días de descanso semanal -21 días laborables de vacaciones** -21 días de paga extra*** -50% del incremento del valor del jornal en horas extras**** -Periodo máximo de prueba para trabajadores no cualificados de 2 semanas. |
-Jornada de 40 horas semanales
-2 días de descanso semanal -30 días de vacaciones -Pagas extra igual al salario real -Pago por parte de la empresa del IRTP y Seguridad Social |
| *En realidad muchos convenios colectivos ya estaban en las 40 horas.
**También había convenios colectivos diversos que establecían los 30 días. ***No eran inusuales los convenios colectivos que ya establecían el pago en las extras de 30 días. **** La ley fijaba así el valor de las horas extraordinarias que en los convenios se movía entre el 40% y el 50%. Los convenios colectivos establecían en esa época horquillas del 4% al 7% para establecer los trienios por antigüedad. Donde sí había diferencias era a la hora de incluir las pagas de beneficios. |
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Si durante los años cuarenta y cincuenta fue fundamental la decisión política del Ministro de Trabajo a la hora de impulsar los cambios que se dimanaban y construían el franquismo social, en una constante retroalimentación, en los años sesenta (incluyendo los primeras huelgas derivadas del crecimiento económico a principios de los cincuenta) y setenta, debemos tener presente la influencia de las reivindicaciones de los trabajadores, bien dentro del propio organigrama del sindicalismo franquista -basta con repasar los debates en las Cortes y las intervenciones de los procuradores sindicales-, desde las filas del cada vez menos influyente falangismo, como desde los propios trabajadores así como de la oposición al franquismo que había practicado la táctica de la infiltración en el sindicalismo del Régimen y que utilizaba las demandas laborales para recuperar su influencia sobre la clase trabajadora. Ciñámonos a la discusión sobre la última legislación laboral del franquismo, la Ley de Relaciones Laborales, aprobada finalmente después de morir Franco por el calendario del trámite parlamentario. Recordemos que la Ley lo que establecía eran los mínimos para a partir de ahí establecer los Convenios Colectivos. Comparémosla con las peticiones más radicales de la oposición sindical al franquismo[36] controlada por CCOO y saque cada cuál sus conclusiones porque algunas de las reivindicaciones aún hoy siguen siendo eso (Tabla 19).
[1] En realidad en la zona republicana se produjo un auténtico exterminio de los falangistas. La investigación sobre las víctimas de los republicanos es aún muy somera, se tienen datos genéricos pero no un retrato fiel de la realidad. Algunos estudios locales comienza a presentar un balance claro. Además de la persecución/exterminio de los religiosos, que constituiría un genocidio porque esa era su finalidad, el exterminio total al que se añadiría el asesinato de dirigentes locales de organizaciones como la Acción Católica, de la lógica ejecución de los jefes y oficiales que intentaron rebelarse y fracasaron o aquellos otros que eran sospechosos por ser militares, tenemos que subrayar la decisión de acabar con los falangistas. En nuestro estudio sobre lo sucedido en Alicante donde estuvo preso hasta su ejecución José Antonio, teniendo en cuenta que los falangistas eran pocos comparativamente hablando con otros sospechosos de simpatías con los sublevados, el porcentaje de falangistas asesinados -siempre datos mínimos- se situaría en un 25%-30% del total de víctimas de los republicanos, probablemente, como grupo, la cifra más alta, superior a las víctimas de la persecución religiosa. Cfr. TORRES, Francisco: La vida por José Antonio. Entre la represión y el olvido. Barbarroja; Madrid, 2016.
[2] Cualquiera que haya profundizado en la historia de los falangistas puede constatar la permanencia en sus filas de un cainismo tanto entre sus tendencias como entre sus políticos más destacados; además las lealtades entre ellos fueron muy cambiantes por lo que el historiador tiene que poner en cuarentena los juicios que unos lanzan sobre otros en sus memorias y recuerdos. Es fácil encontrar referencias a que Arrese no pertenecía a la Falange antes de febrero de 1936 y que formaba parte del poderoso grupo de los familiares de José Antonio al estar casado con una prima del líder falangista (ya muerto Franco en algún comentario Arrese indicó que estaba con José Antonio desde 1933). Arrese afirmó que su libro era fruto de un encargo realizado por José Antonio -las citas a los discursos de Primo de Rivera son constantes- y que no se publicó por el estallido de la guerra. Algunos falangistas, críticos con Arrese años después por sus propuestas, como Valdés Larrañaga, procuraron descalificar su libro invocando una crítica del propio José Antonio (afirmar que esta obra está vinculada a la Democracia Cristiana es un exceso difícil de sostener). Sus inclinaciones sociales eran evidentes ya que había fundado la Federación Española de Trabajadores. Es evidente que militaba en el partido en 1936, su cuñado caía asesinado en abril de aquel año; Arrese contrataba trabajadores de las CONS falangistas en sus obras y participa en la organización de la sublevación en Granada. Al estallar la sublevación consigue refugiarse con su esposa en la embajada de Noruega, lo que sin duda les libró de la muerte en Paracuellos del Jarama donde fueron asesinados su suegro Gregorio y sus cuñados Joaquín y José. Consiguió pasar a la zona nacional (1937). Vinculado por muchos a Hedilla -lo que no deja de ser un tanto extraño ya que el grupo familiar se oponía a Hedilla- y a la oposición al Decreto de Unificación, a la que inicialmente también se opusieron los familiares de Primo de Rivera encabezados por Sancho Dávila y Pilar, fue juzgado por un Consejo de Guerra y condenado a dos años de prisión, pero fue puesto muy pronto en libertad. En 1939 era nombrado Jefe Provincial y Gobernador Civil de Málaga. Arrese se hará muy popular en Málaga por conseguir abastecimientos de trigo para una ciudad asediada por el hambre, por poner en marcha un ambicioso plan de construcción de viviendas sociales, por sus entregas de juguetes para niños necesitados en Navidad y por su campaña de persecución a especuladores y estraperlistas. Fue Ministro Secretario General en dos ocasiones, entre 1941 y 1945 (cargo del que salió pese a la oposición de un Franco que cedió ante la presión de quienes le pedían la cabeza de Arrese, convertido en la bestia negra de parte del sector monárquico-católico) y entre febrero de 1956 y febrero de 1957. Redactó personalmente la ley fundacional de las Cortes (1942). Consejero Nacional del Movimiento fue procurador en Cortes en todas las legislaturas. En 1948, Franco le nombró Consejero del Reino. Tras su salida de la Secretaria General fue Ministro de Vivienda entre 1957 y 1960. Tenía una mala salud de hierro. Pese a los dicterios de Serrano Suñer, quien siempre lo consideró su enemigo político dentro del falangismo, era un intelectual notable, autor de numerosos libros y artículos tanto políticos como profesionales. También creó la Medalla de la Vieja Guardia y la Orden de Cisneros al Mérito Político -él mismo diseñó el emblema-. Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la de San Telmo, vocal del CSIC. En 1976 estaba ausente de las Cortes cuando se votó la Ley para la Reforma Política.
[3] Hay diversas explicaciones, poco satisfactorias, de cómo llegó Arrese a la Secretaria General. Una está su acción social en Málaga. Otra, muy importante, creo que tiene que ver con la posición religiosa de Arrese y la exposición ante Franco de su propio proyecto político independiente del de Serrano Suñer. Contaba además con el aval de Pilar Primo de Rivera lo que pudo influir en ese momento en el Caudillo. Por otra parte, Arrese tenía antecedentes familiares carlistas y había pasado por la Asociación de Estudiantes Católicos, lo que también le favorecía.
[4] En cierto modo Arrese se distanciaba del otro gran intento de desarrollo de la doctrina falangista realizado por Luis Legaz Lacambra con su Introducción a la teoría del Estado nacionalsindicalista y Luis del Valle en su obra El Estado nacionalista-totalitario-autoritario, en consonancia con las tesis del Estado-partido moderado por el peso del cristianismo, lo que a Legaz Lacambra le lleva a hablar del <<humanismo totalitario>>.
[5] ARRESE MAGRA, José Luis de: La revolución social del nacionalsindicalismo. Ediciones del Movimiento; Madrid, 1959 (primera edición 1940).
[6] ARRESE: op. cit. p. 46.
[7] Según Arrese este se compondría en el nacional-sindicalismo de una parte fija destinada a cubrir las necesidades de la vida y de una parte variable que saldrá de los beneficios en correspondencia de la participación de cada uno en la producción de los mismos. Ibíd. p. 58.
[8] La antigüedad, los trienios y los sexenios, entraban a formar parte de las indemnizaciones en caso de despido incrementando la cuantía a pagar. Por otra parte, como en el ejército, la antigüedad era un grado para la promoción interna, el ascenso, la concesión de viviendas -no pocas empresas construyeron viviendas para sus trabajadores-, traslado… junto con otro tipo de premios que fueron estableciéndose a lo largo del régimen.
[9] En realidad lo que Arrese propone, tal y como anota, es que llegado el caso el dinero salga del capital privado a través de contribuciones especiales. Tampoco es contrario a las nacionalizaciones. Así, por ejemplo, al hablar de la especulación de algunos laboratorios aborda la cuestión de la propiedad de las fórmulas de los medicamentos, anota: <<no permitirá que se especule con la necesidad ajena, y una de dos: o nacionalizará las fórmulas declaradas de interés sanitario y las elaborará en el “laboratorio nacional del sindicato de sanidad” o marcará los precios a que podrá elaborarlas el laboratorio particular>>, lo que evidentemente no se hará. En todo este apartado se apoya en la DSI, en la Rerum Novarum, la Quadragésimo Anno y la Divini Redemptoris señalando su identidad de esta con el pensamiento de José Antonio: <<“Ni puede pretender nadie eximirse con pequeñas dádivas de misericordia de los grandes deberes impuestos por la justicia”, dice Pío XI. “Creen que el cumplimiento inexorable de unas leyes económicas e históricas se atenúa diciendo a los obreros una buenas palabras y mandándoles unos abriguitos de punto para los niños”, dice José Antonio>>. Ibíd. p. 94-97.
[10] ARRESE: op. cit. pp. 107-112.
[11] Entendemos que estas palabras de Arrese pueden sonar al lector de mucha actualidad.
[12] <<Al poner las acciones del gran capitalista en manos del Sindicato no se perjudica a la marcha de la industria, que no haría más que cambiar de dueño; pero habría la ventaja de que este dueño, por no ser individual y anónimo, sino colectivo y concreto, no incurriría en los vicios del capitalismo>>. Ibíd. p. 117.
[13] ARRESE: op. cit. pp. 120-122.
[14] Arrese indica que en la nueva organización sindical no habrá huelgas ni lockouts, los conflictos que se planearan deberían resolverse en un Tribunal de Trabajo. Ibíd. p. 138.
[15] PRIMO DE RIVERA, José Antonio: Discurso en el cine Madrid (2-5-1935).
[16] FRANCO: Discurso en la Inauguración de las emisiones para América de Radio Nacional (21-6-1945).
[17] Arrese, escribió un nuevo libro tras su salida de la Secretaría General en la remodelación de 1945 que suponía un paso más en la definición ideológica de la Falange que él pretendía. En este trabajo trata de exponer la validez que la fórmula española, la cristiana, puede tener como solución ante la configuración de la guerra fría y el enfrentamiento entre occidente y el comunismo. Es en el cristianismo, al que debe volver Europa, donde está la solución: <<solo volviendo a él, podrá lograr Europa una política verdadera, a través de la cual el hombre no tenga que vivir entre la tentación de trivializarse y la tentación de arrojarse a los pies de Leviatán, sino que le permita ser hombre íntegramente y sentirse ligado en un común destino con los demás hombres, sus prójimos, sus hermanos>>. Para ello Arrese propone, sin utilizar el término, partidos realmente cristianos (<<organizar de nuevo las falanges del Cristianismo>>). En este sentido, España ya tendría creado el suyo, <<inservible para la exportación>>, que sería una <<falange propia, nacional, española>> que se podría integrar en ese <<ejército que necesita la cristiandad>>. ARRESE: Capitalismo, comunismo, cristianismo. Ediciones Radar. Madrid 1947.
[18] Es curioso que quienes sostienen esta tontería no miren a su alrededor. Así pues, el socialismo o los partidos comunistas o herederos de los comunistas actuales no tendrían en sus planteamientos más horizonte social que aprovecharse de la necesidad para ganar votos o mantenerse en el poder y no por una razón ideológica.
[19] Criterio no muy distante al sostenido por el papa Juan Pablo I o Benedicto XVI.
[20] Recordemos que el estado totalitario no es una creación del fascismo sino del comunismo.
[21] <<La fórmula que el fascismo ha llevado al mundo del trabajo es la corporativa. Pues bien, el corporativismo, que, dicho sea en su honor, supone un avance para el obrero si se le compara con cualquier otra solución anterior, no llega, sin embargo a resolver el problema social, porque no abdica del error capitalista de las clases>>. Aunque el Régimen iba a proscribir la lucha de clases al modo que se entendía lo cierto es que en muchos aspectos se aproximó a un modelo particular de régimen corporativo. ARRESE: op. cit. p. 105.
[22] Ibíd. p. 117.
[23] Ibíd. pp. 219-221.
[24] Arrese plantea, y es interesante referirlo, en unos momentos en los que el régimen de Franco sigue buscando una institucionalización completa tras su proclamación como reino, un modelo político con dos cámaras de participación política: la cámara política y la cámara administrativa. Para la cámara administrativa propone la participación corporativa (familia, municipio y sindicato); para la cámara política <<la integración de los partidos>> en ella al rechazar la participación a través del partido único (<<los partidos políticos no son mala cosa cuando se trata de hacer política y cuando se han establecido unos principios fundamentales universalmente respetados por todos>>). Lo que Arrese proponía en 1948 era la creación de los partidos del Movimiento; dar entidad real a lo que se suelen denominar las <<familias del régimen>>, a algo que ya existía en la realidad y que se puso de manifiesto, por ejemplo, en las elecciones municipales de esa época. Un debate que se iba a mantener durante años hasta la tramitación en Cortes de la Ley de Asociaciones, aunque poco tuviera que ver realmente con la propuesta de Arrese. Ibíd. pp. 336-348.
[25] Arrese seguirá defendiendo la necesidad de una nueva ordenación de la Banca basándose en la idea de que el <<dinero es un elemento de cambio y no de lucro>> y que el <<crédito no puede ser un negocio>> (<<el préstamo es una ayuda al trabajo>> que se debe basar en la noción cristiana de la caridad, por lo que el <<interés cobrado no está instituido para “producir beneficios”, sino para no “producir perjuicios” al portador; de aquí que Santo Tomás cuando aceptaba el interés del préstamo no lo dejaba en función del ánimo de lucro de cada uno, sino en función del daño emergente, del riesgo probable y de la función cesante>>). En coherencia propone la nacionalización del crédito (<<todo el ahorro nacional se puede y se debe destinar al auxilio del trabajo, pero sin ventosas intermedias que neutralicen una parte del efecto. Por lo tanto, un Estado que no busque la destrucción de la vida financiera, pero tampoco tolere que el ahorro de los unos y el trabajo de los otros sea empleado para alimentar el negocio de unos terceros, ha de llevar a la práctica esta receta: impedir que la función del crédito sea un negocio para nadie>> siendo preciso <<o fundar Bancos o nacionalizar otros ya existentes, que con capital estatal puedan dedicar al crédito gratuito todo el ahorro de la nación>>. Ibíd. pp. 261-264.
[26] Girón había nacido en 1911 en Herrera del Pisuerga. Aunque no blasonaba de ello terminó la carrera de derecho en 1932, pero ya llevaba un año de activismo político en Valladolid al lado de Onésimo Redondo en las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica. Al contrario de otros de sus camaradas fue siempre partidario de las unificaciones y apoyó las sucesivas uniones con Ledesma Ramos y finalmente con el grupo de FE de Primo de Rivera. Hombre de acción, conocido por sus muchos enfrentamientos con los grupos de izquierda, en julio de 1936 era el Jefe de Milicias de la Falange en Valladolid. Al producirse la sublevación sale al frente de las centurias falangistas para ocupar un punto vital, el Alto de los Leones, puesto que mantendrán a la espera del avance desde el Norte hacia Madrid. Tras la muerte de Onésimo Redondo, personalmente acabará con el mando ejercido por Andrés Redondo, hermano del primero al que consideraba excesivamente próximo a la CEDA. Terminará la guerra como Capitán y en su guerrera lucirá la Medalla Militar Individual. Considerado un mito entre los combatientes falangistas será designado Consejero Nacional de FET de las JONS y Delegado Nacional de Excombatientes. Girón siempre creyó que a los Excombatientes correspondía un puesto fundamental en el Estado y que deberían ser la más firme base social y política del Régimen -como de hecho lo fueron-. En 1941, Franco decidió nombrarlo, por sorpresa, Ministro de Trabajo. Según Girón porque era el representante de los Excombatientes de filas y porque Franco vio en él -ya eran notorios sus discursos- a un hombre que sintonizaba con sus planteamientos sociales. Entre 1941 y 1957 fue Ministro de Trabajo, desde su creación fue procurador en Cortes al ser Consejero Nacional del Movimiento por designación directa de Franco. Tras su salida del gobierno se retiró de la política directa aunque siempre pesaron y eran temidas sus opiniones por los denominados <<aperturistas>>. Muchos años después volvería a ser el máximo dirigente de las organizaciones de excombatientes. Desde finales de los sesenta su nombre volvió a sonar como posible presidente del gobierno si Franco se decidía a deslindar esa función de su jefatura. También intentó recomponer la Falange cuando ya era evidente que los falangistas carecían de toda influencia real en el gobierno, solo en algunos aspectos personal, para ello sondeó a los viejos dirigentes -siempre fue renuente a asumir la posición de jefe-, entre ellos a Serrano Suñer. En el tardofranquismo volvió a adquirir un cierto protagonismo. Él mismo ha contado cómo, estando ya enfermo de muerte Franco, recibió el yugo y las flechas con los tres luceros de Jefe Nacional que el Caudillo siempre llevó sobre el uniforme, Franco acababa de nombrarle en ese sentido el heredero -el en puertas rey de España no sería Jefe Nacional del Movimiento-. En 1976 votaría en las Cortes en contra de la aprobación de la Ley para la Reforma Política. En la Transición no supo leer correctamente el guión pues, como toda su generación, miró hacia la posible vuelta a la convulsa situación de los años treinta. Políticamente se vio entre dos opciones, apoyar a la amalgama de grupos falangistas o franquistas o apoyar a la Alianza Popular, simiente del PP. Convencido de que era necesario frenar a la izquierda acabó cediendo ante la tesis del voto útil, ya que no pocos de sus colaboradores eran de Alianza Popular o tenían claras conexiones con el partido de Manuel Fraga, pero en esto no fue distante de otros líderes falangistas.
[27] GIRÓN DE VELASCO, José Antonio: <<El V Aniversario de la liberación de Asturias>>. Escritos y discursos. Ediciones de la Vicesecretaría de Educación Popular; Madrid, 1943, p. 24.
[28] GIRÓN DE VELASCO, José Antonio: <<Falsificadores intencionados>> (artículo publicado en Arriba en diciembre de 1941). Ibíd. pp. 8-9.
[29] Serían innumerables los casos de antiguos combatientes republicanos que entraron en la Organización Sindical siguiendo la propuesta de Girón. Refiramos uno entre tantos: el de José Manuel Sierra Haya. Al estallar la guerra estaba en Barcelona, forma parte de una División Acorazada Republicana en la contienda. Al concluir la lucha pasa a Francia. Combatirá contra los alemanes y se fugará de un campo para acabar en la Legión Francesa y en la resistencia siendo condecorado. Volvió a España y se integra en los sindicatos franquistas. Entra en el Sindicato de Seguros siendo Jurado de Empresa. En Barcelona era vocal de la Asociación de Cabezas de Familia de su Barriada. Aquel <<rojo>> acabaría siendo, sin ninguna cortapisa, Procurador en Cortes y uno de los representantes españoles en las reuniones internacionales de la OIT en Ginebra. Andando el tiempo, en 1970, se intentaría una condena en la OIT de la Organización Sindical Española y el reconocimiento de unos supuestos representantes de los trabajadores antifranquistas. La OIT prohibió a la exigua representación cualquier acción en sus instalaciones, pues la única representación reconocida era la oficial. Los antifranquistas intentaron dar una rueda de prensa en los jardines de la sede de la OIT en Ginebra lo que fue prohibido (1971). Allí se presentaron los representantes españoles reconocidos ante la OIT encabezados por José Manuel Sierra dispuestos a impedir cualquier manifestación contra España poniendo fin al intento. Según su amigo, el también procurador sindical, Ángel López, Sierra fue <<un caso de asimilación y vinculación mayor por convencimiento sucesivo, porque ahí creía poder y quería defender los derechos y avances sociales de los trabajadores y también por amistad, fortalecida día a día, con los hombres que allí había encontrado>>.
[30] GIRÓN DE VELASCO, José Antonio: Discurso en la fábrica Echevarría (21-2-1942). Escritos y Discursos. Vicesecretaría de Educación Popular. Madrid, 1943. pp. 47-48.
[31] GIRÓN DE VELASCO, José Antonio: La libertad del hombre meta de la revolución social española. Altamira; Madrid, 1951, p. 18.
[32] Ibíd. pp. 12-13.
[33] Ibíd. p. 10.
[34] GIRÓN: <<Aspectos de la política social en el Estado Nacional-Sindicalista>>, Ser (febrero de 1942). Madrid.
[35] Conviene precisar que el proyecto no era para todos los españoles. Desde el inicio, con las sucesivas ampliaciones en los máximos de renta para poder quedar asegurado, se distinguía entre los que por su posición podían pagar la atención y por lo tanto quedaban fuera del sistema y quienes, por sus percepciones, demandaban este salario social indirecto que actuaba como redistribuidor de la riqueza. En líneas generales podríamos afirmar, con todas los errores achacables a la reducción en la interpretación subrayables, que el <<franquismo social>> optaba por unos beneficios para los que consideraba que los necesitaban y no para todos, pues la universalización en la época implicaba dar nuevos beneficios a los que más tenían y detraerlos de la percepción que podían recibir los que lo necesitaran.
[36] No incluimos en el análisis la petición común, que el lector ya conoce, de libertad sindical.

