INTRODUCCIÓN
En noviembre de 1937, Francisco Franco concedió unas declaraciones al periódico francés L’Echo de Paris que constituyen uno de los testimonios más explícitos de la interpretación ideológica que el bando sublevado quiso dar a la Guerra Civil española. Lejos de presentarla como un conflicto político o social, Franco la definió como una auténtica “Cruzada religiosa”, enfrentamiento entre la fe y el ateísmo, entre la tradición cristiana y el materialismo revolucionario. Dirigidas a la opinión pública de Francia, Europa y América, sus palabras buscaban legitimar internacionalmente la causa nacional y atraer la simpatía de los países de tradición católica. Este artículo analiza el contenido y el alcance de aquel mensaje propagandístico.
Lo que yo quisiera que llevaseis al convencimiento de Francia, de Europa, de América, países de gente religiosa, es que nuestra guerra no es una guerra Civil, una guerra de partido, una guerra de pronunciamiento, sino una Cruzada de los hombres que creen en Dios, que creen en el alma humana, que creen en el bien en el ideal, en el sacrificio, que luchan contra los hombres sin fe, sin moral, sin nobleza (de los que también tenéis en Francia buena parte), de aquellos que quieren la semana de cuarenta horas con salarios de ochenta, salarios en detrimento de los, obreros antiguos y elegidos.
Sí; nuestra guerra es una guerra religiosa. Nosotros, todos los que combatimos, cristianos o musulmanes, somos soldados de Dios y no luchamos contra otros hombres, sino contra el ateísmo y el materialismo, contra todo lo que rebaja la dignidad humana, que nosotros queremos elevar, purificar y ennoblecer. Nuestro campo es el campo de la fe y de la abnegación.
Mis más bravos soldados son esos requetés navarros, que solamente quieren ganar el Cielo dejándose matar, y esa elegida Falange, para la que a la vez es España madre y señora, esos moros que invocan a Alá y a su Profeta. Vea usted, nosotros tenemos la fe. Y si he rehusado organizar una propaganda análoga a esa propaganda soviética que se ha lanzado sobre la opinión mundial, ha sido porque yo mismo tengo fe en que está escrito que contra la verdad no prevalecerá la mentira.
CONCLUSIÓN
Las declaraciones a L’Echo de Paris reflejan con claridad la estrategia discursiva del franquismo en 1937: presentar la contienda española como un combate espiritual y moral, más que como una lucha entre proyectos políticos. Al calificar la guerra de “Cruzada”, Franco pretendía situarse en un plano trascendente que justificara la dureza del conflicto y deslegitimara a la República como encarnación del ateísmo y el desorden social. Este relato, cuidadosamente dirigido al exterior, contribuyó a forjar la imagen internacional del régimen y a cimentar la alianza con los sectores católicos europeos. Hoy, la lectura de estas palabras permite comprender cómo la dimensión religiosa fue utilizada como uno de los pilares fundamentales de la propaganda franquista y de su posterior legitimación histórica.
