Ficha del documento
Tipo de documento: Entrevista / Declaraciones
Medio: Agencia Reuter
Fecha: Febrero de 1938
Protagonista: Francisco Franco
Ámbito: Guerra Civil española – política internacional
Temas principales: propaganda soviética, Mediterráneo, relaciones hispano-británicas, no intervención
Fuente: Transcripción histórica
Introducción
En febrero de 1938, Francisco Franco concedió unas declaraciones a la Agencia Reuter centradas casi exclusivamente en la dimensión internacional de la Guerra Civil. El general abordó la tensión en el Mediterráneo, los incidentes marítimos que afectaban a buques británicos y el papel que, a su juicio, desempeñaba la Unión Soviética en la política europea. Sus palabras reflejan la preocupación del bando nacional por influir en la opinión pública inglesa y por presentarse como garante del orden frente a lo que definía como “propaganda roja”. El documento permite observar cómo el franquismo articuló un discurso diplomático destinado a debilitar la política de No Intervención y a aproximarse estratégicamente al Reino Unido.
Transcripción del documento
Fuente histórica – reproducción literal
– ¿Qué opina S. E. I de la .actual confusión internacional?
– Esas son nubecillas internacionales, fruto de la propaganda soviética. Contra ella esgrimimos nosotros aquí, en política, la verdad y, en la guerra, la victoria.
– ¿Quién: podría ser el responsable de esta situación.
– La actual situación es. un triunfo’ para los rusos en sus manejos en Europa. Hemos de reconocer que la política soviética está demostrando ser más astuta y más eficaz que la inglesa. En el Mediterráneo tiene usted a las escuadras inglesas y francesas moviéndose al compás de la música soviética: Hoy un submarino rojo hunde un barco. Anticipadamente, ya se ha montado en Europa todo el tinglado de la propaganda para que la noticia no se pierda y tenga toda la resonancia a que se aspira. No falta tampoco el diputado o el partido de oposición encargado de las respectivas interpelaciones. Todo se lo explicará usted sabiendo que pasan de doscientos cincuenta millones de pesetas oro, las empleadas por los rojos en su propaganda por Europa para este fin.
– ¿Cómo se explica S. E. la impresión que dicen que causó a la opinión pública inglesa el hundimiento de los barcos?
– Es la reacción natural de un pueblo que recibe una noticia elaborada al gusto de las agencias. Le dicen que su bandera ya no es respetada, que a la Gran Bretaña se le hunden los barcos; y el pueblo, simplista por esencia, cree en las falsas intrigas que le cuentan de Italia y de Alemania y en esa media verdad que se les sirve. La reacción hubiese sido muy otra, si lo que se le hubiera contado hubiese sido la auténtica verdad: si se le hubiese dicho que el bombardeo de un puesto enemigo en tiempo de guerra es una cosa indiscutible, que sus barcos atracados en el puerto de Tarragona o Valencia son un punto visto desde el aire, que lo que se bombardea es el tráfico, el lugar por donde entran los contrabandos de guerra, pero que nosotros bombardeamos noblemente.
No es honrado decir a un pueblo que estos bombardeos son una agresión deliberada. ¿ Qué han podido hacerles a nuestros aviadores esos pobres tripulantes muertos o heridos? En la España Nacional somos bien sensibles al dolor ajeno. Por otra parte, en el aspecto económico, estos barcos conocen el peligro y viajan con riesgo asegurado.
– ¿Existe realmente la piratería en el Mediterráneo?
– Sí, pero de otros órdenes. Existe el negocio, el tráfico ilícito. Existe esa compañía roja fundada con el oro robado. Y es evidente, que, a las naciones todas y al prestigio de sus pabellones respectivos, corresponde cortar este tráfico que, por otra parte, sienta un precedente funesto en el Derecho Internacional marítimo.
– ¿Qué opina S. E. sobre las medidas tomadas para combatir la piratería por los Gobiernos francés e inglés?
– La tal medida niega una realidad, que es la beligerancia nacional, que podrá no reconocerse, pero que es un hecho. Por otra parte, la eficacia de tal medida es nula, pues siempre podrán salir submarinos rojos y rusos de sus puertos a atacar a barcos neutrales, y el mar es tan grande, que se agotarán las escuadras en perseguir fantasmas.
-¿Cree S.E. que el malestar de la opinión inglesa ha de ser duradero?
– No lo creo. La nación inglesa tiene una sensibilidad especial, fácilmente explicable por las propagandas rojas, pero es un pueblo serio y veraz, que pronto habrá de darse cuenta de lo que realmente está ocurriendo, de que los mares son navegados por barcos robados que enarbolan banderas inglesas, de que los buques contrabandistas de armadores desaprensivos de cualquier país se cubren también con la enseña de la Gran Bretaña. No está lejano el tiempo en que el «Mar Cantábrico», fué capturado en el Norte, ostentando pabellón inglés y cargado de armas. Recordará usted que con esa bandera enarbolada se solicitó el socorro de los diputados ingleses. Como esos casos hay cien.
– ¿Podría evitarse que los barcos navegasen con un pabellón falso?
– Desde luego, y creo que es cuestión vital para la dignidad y el decoro de los países cuyo pabellón puede servir de mercancía.
– ¿Cuál ha de ser el futuro de las relaciones hispanoinglesas?
– La nación inglesa volverá a orientar su política hacia España, entre otras razones, por un imperativo geográfico, como le ocurrirá con Italia. Esa realidad geográfica se impone, y una vez descubierto el juego ruso, la política inglesa necesariamente habrá de girar hacia los países que, como Italia, son una realidad en el Mediterráneo, y un buen sentido aconseja asociar con bases firmes a la vez una paz mediterránea y la salvación en la Historia de los destinos de Europa. La diplomacia rusa, en sus actividades sobre la inmensa red que tiene extendida por todo el mundo, consigue el que a la, política anticomunista de Italia y Alemania, se la presente, sin embargo, como contraria a los intereses ingleses, cuando precisamente estos intereses, tanto de la metrópoli como de las colonias británicas, son los más directamente amenazados por el peligro comunista ruso, que es el peligro común y constante para los intereses de todos los pueblos de Europa.
– ¿Considera S. E. practicable la No Intervención y la retirada de voluntarios?
– Todos los acuerdos son practicables con buena fe, que falta del lado rojo; pero la única forma de realizarlo es señalando un número fijo de voluntarios. El querer comprobar el número total sería imposible, pues bastaría con ocultar los hombres en el conjunto del Ejército para evitarlo. ¿Si se colocan uno o dos hombres extranjeros en cada compañía, quién es capaz de encontrarlos?
– ¿Cuál es el cálculo de extranjeros en ambas zonas, a juicio de S.E.?
– No puede señalarse el número en el campo rojo, por lo tanto, no debe hacerse público el nuestro, aunque sí se puede asegurar que es muy pequeño, menos de la mitad de lo que corrientemente se dice.
Claves de lectura
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El discurso sitúa a la Unión Soviética como principal responsable de la inestabilidad europea y de los incidentes marítimos en el Mediterráneo.
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Franco intenta atraer a la opinión británica presentándose como defensor del Derecho Internacional frente al “tráfico rojo”.
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Se aprecia una estrategia de acercamiento diplomático al Reino Unido basada en el anticomunismo común.
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La entrevista cuestiona la eficacia de la política de No Intervención y justifica la presencia de voluntarios extranjeros.
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El lenguaje refleja la voluntad de internacionalizar el conflicto y desligarlo de su carácter estrictamente español.
Conclusión
Las declaraciones a la Agencia Reuter muestran a un Franco plenamente consciente de que la guerra se libraba también en el terreno de la opinión internacional. Su mensaje buscaba erosionar la imagen de neutralidad británica y presentar al bando nacional como víctima de una conspiración soviética de alcance europeo. El texto evidencia, además, la importancia que el régimen concedía al Mediterráneo como escenario estratégico y a las relaciones con Londres como pieza clave para su legitimación exterior. Como fuente histórica, esta entrevista ilustra el giro diplomático del franquismo en 1938 y su esfuerzo por reconfigurar el mapa de alianzas en los meses previos al final del conflicto.
