El asedio del Alcázar de Toledo, desarrollado entre el 18 de julio y el 28 de septiembre de 1936, constituye uno de los episodios más prolongados, duros y simbólicos de la Guerra Civil Española. Durante más de setenta días, la fortaleza toledana resistió un cerco continuo, caracterizado por bombardeos de artillería pesada, ataques aéreos, intentos reiterados de asalto y la voladura de minas bajo sus cimientos.
En el interior del Alcázar se concentraron fuerzas militares, guardias civiles, falangistas y personal civil —incluidas mujeres, niños y heridos— bajo el mando del coronel José Moscardó, Comandante Militar de la Plaza. Aislados casi por completo del exterior, con recursos cada vez más escasos y sometidos a una presión constante, los defensores mantuvieron la resistencia hasta la llegada de las fuerzas de socorro procedentes del sur, al mando del general José Enrique Varela, integradas en las columnas del Ejército Nacional.
La presente cronología recoge día a día, con criterio estrictamente descriptivo, los hechos ocurridos durante el asedio: movimientos enemigos, acciones de artillería y aviación, intentos de asalto, trabajos de mina, reorganización interior, situación de víveres, moral de la guarnición y balance de bajas. El relato se basa en partes y anotaciones contemporáneas, conservando el lenguaje, la terminología y el enfoque militar de la época, sin reinterpretaciones posteriores.
Más allá de su valor estratégico, el asedio del Alcázar tuvo una enorme repercusión moral, política y propagandística, tanto en España como en el extranjero, convirtiéndose en un símbolo de resistencia durante los primeros compases de la guerra. La cronología que sigue permite al lector reconstruir con precisión el desarrollo de los acontecimientos y comprender la magnitud humana y material de uno de los sitios más célebres del siglo XX en España.
Por la noche se presentó el diputado socialista Prats en el Gobierno Civil con la orden de que se enviasen inmediatamente todas las municiones a Madrid y de que la Guardia Civil entregase su armamento a las milicias del Frente Popular, así como el disponible en la Academia de Infantería, Caballería e Intendencia.
Moscardó, en su calidad de Comandante Militar de la Plaza, se negó rotundamente a dicho requerimiento, por lo que fue llamado por teléfono desde el Ministerio de la Guerra por una persona que dijo ser Juan Hernández Sarabia —quien el 6 de agosto sustituiría al general Luis Castelló Pantoja en la cartera de Guerra—. En la llamada se reiteró con urgencia la orden de enviar las municiones a Madrid durante todo el día siguiente, produciéndose nuevamente la negativa de Moscardó tanto al envío de las municiones como a la entrega de las armas.
Por la noche se presentó el diputado socialista Prats en el Gobierno Civil con la orden de que se enviasen inmediatamente todas las municiones a Madrid y de que la Guardia Civil entregase su armamento a las milicias del Frente Popular, así como el disponible en la Academia de Infantería, Caballería e Intendencia.
Moscardó, en su calidad de Comandante Militar de la Plaza, se negó rotundamente a dicho requerimiento, por lo que fue llamado por teléfono desde el Ministerio de la Guerra por una persona que decía ser Juan Hernández Sarabia —quien el 6 de agosto sustituiría al general Luis Castelló Pantoja en la cartera de Guerra—, reiterando con urgencia el envío de las municiones a Madrid durante todo el día siguiente, produciéndose nuevamente la negativa por parte de Moscardó tanto al envío de las municiones como a la entrega de las armas.
El inspector de la Guardia Civil, el general de brigada Sebastián Pozas Perea, conminó al jefe de la Comandancia, el teniente coronel Pedro Romero Bassart, a que cumpliese las órdenes, ya que, en caso contrario, le amenazó con el envío de una columna y el bombardeo de la Plaza.
Ante estas intimidaciones, en la noche del día 20 se concentró la Guardia Civil y sus familias en el Alcázar.
Se procedió a ocupar y reforzar el Hospital Tavera, el Convento de los Carmelitas, la Fábrica de Armas, el Ayuntamiento, la Catedral, las sedes de los Bancos, Correos, Telégrafos y Teléfonos, el Cuartel de Asalto, la plaza de Zocodover, el Miradero y las puertas y puentes de la ciudad.
A las 9:30 se presentó un avión enemigo lanzando proclamas invitando a la rendición, comenzando el tiroteo por parte de los milicianos desde todos los puntos de la ciudad. A las 15:30 apareció otro avión que arrojó las primeras doce bombas sobre el Alcázar y sus dependencias, causando desperfectos. A las 18:00 horas se presentó una escuadrilla de tres aviones que bombardeó el mismo objetivo, causando bajas en la fuerza que guarnecía el Alcázar. Entre ambos bombardeos el enemigo hostilizó desde todos los frentes con mucha intensidad.
Por la noche, el General de División José Riquelme y López-Bago llamó desde Toledo al Comandante Militar, conminándole a la rendición y preguntándole los motivos de la actitud adoptada, contestándole que eran, ante todo, el amor a España que se veía en poder del marxismo, la confianza ciega en el General Franco y la deshonrosa e indigna orden de entregar a las milicias rojas el armamento de los Caballeros Cadetes.
Sobre las 17:00 horas apareció una columna enemiga por las cercanías del Cementerio, procedente de Madrid, dirigiéndose una parte hacia la Fábrica de Armas y otra sobre el Hospital Tavera. Esta columna del General Riquelme estaba provista de armas automáticas y apoyada por cuatro coches blindados.
Ante el peligro de que ocupasen la Fábrica y se apoderaran de las municiones, objetivo preferente, Moscardó dispuso que todas las existencias fueran trasladadas al Alcázar, organizándose un convoy de camiones dirigido por el Comandante de Artillería del Taller de Precisión, Pedro Méndez Parada, a cuyas órdenes estaban diecisiete oficiales de Artillería que, de curso en dicho Taller, se encontraban de prácticas, y que subieron a la fortaleza unos setecientos mil cartuchos.
Se habían recibido noticias del mando de que la actitud del coronel de la Fábrica no era la más apropiada para la defensa de la misma, ya que ante la sola presencia de un cabo enviado como parlamentario por la columna, se mostró muy vacilante y falto de energía.
Bajas en este día: un guardia y un soldado de la Academia muertos; tres heridos y ocho contusos.
A la misma hora aproximadamente, el Gobernador Civil, desde la Diputación Provincial, llamó al Comandante Militar, dándole dos horas de plazo para la rendición. Tras una reunión de Jefes, se contestó con una negativa enérgica, acordada por la gran mayoría.
A las 16:00 horas volvió de nuevo la aviación, que bombardeó el Hospital de Tavera y el Alcázar, a consecuencia de lo cual sufrieron desperfectos estos edificios e incendiándose una manzana de casas correspondientes a la Cuesta del Alcázar y la Plaza de Zocodover. Durante este tiempo, el “paqueo” en todos los frentes fue muy intenso.
A consecuencia de la presión enemiga ejercida por la columna, que puso en acción su artillería y aviación, además de dos coches blindados, y al no verse fuego por la Fábrica ni responder ésta a las llamadas que desde el Hospital de Tavera se le hacían, se supuso que se había entregado al enemigo y que el esfuerzo principal de la columna se dirigía contra el Hospital. Ello obligó al Comandante Jefe del Destacamento a evacuar el edificio, haciéndolo antes todo el personal civil alojado en él.
Durante el trayecto hasta el Alcázar desaparecieron el Capitán Médico Andrés Gato, el practicante José Mena, el Brigada Emilio Valero, los Sargentos Catalino Corrochano y Francisco Barroso, los Auxiliares del Cuerpo Auxiliar Subalterno del Ejército Pedro Villoria, Juan de Dios Moreno y Luis López del Campo, un corneta, un soldado de 1ª y cinco de 2ª, todos pertenecientes a la Escuela Central de Gimnasia; un soldado de 2ª de la Academia de Infantería y dos Guardias Civiles.
Todos los destacamentos de la Guardia Civil se replegaron ante la presión del enemigo, a excepción de los de la Radio y el Banco de España. Al anochecer se incorporaron al Alcázar los Tenientes de Artillería Dorda y Ros, que pudieron evadirse de la Fábrica, a cuya plantilla pertenecían.
A las 21:00 horas llamó por teléfono desde Toledo el Ministro de Instrucción Pública, Francisco Barnes, al Comandante Militar, y con todo género de razonamientos trató de convencerle para la rendición. Acto seguido se reunieron todos los Jefes de Unidad, incluidos los del elemento civil, bajo la Presidencia del Comandante Militar, y acordaron, por aplastante mayoría, continuar la resistencia hasta el último instante.
A consecuencia del bombardeo, el Alcázar y sus dependencias quedaron sin fluido eléctrico.
Bajas en este día: un muerto, cinco heridos y siete contusos.
A las 10:00 horas el Jefe de las Milicias llamó por teléfono al Comandante Militar, notificándole que tenía en su poder a un hijo suyo y que lo mandaría fusilar si antes de diez minutos no se rendía. Para demostrar que era verdad, hizo poner al hijo al aparato, el cual, con gran tranquilidad, dijo a su padre que no ocurría nada, cambiándose entre padre e hijo frases de despedida de gran patriotismo y fervor religioso.
Al ponerse nuevamente al habla el Comandante Militar con el Jefe de las Milicias, le manifestó que podía ahorrarse los diez minutos de plazo que le había dado para el fusilamiento de su hijo, ya que de ninguna manera se rendiría el Alcázar.
A las 20:00 horas fue bombardeado el Alcázar por un avión trimotor, que arrojó unas quince bombas.
Bajas en este día: dos Capitanes muertos, un guardia herido y un contuso.
La salida se efectuó a las 12:30 horas por las 1ª y 2ª Compañías de la Guardia Civil, llegando por distintos itinerarios, una a Zocodover y otra a la Cuesta de Belén, regresando inmediatamente sin cumplir su objetivo debido a la superioridad del enemigo. No obstante, tomaron como rehenes a tres mujeres y un hombre, familia de un significado dirigente, y causaron bajas al enemigo.
A las 14:00 horas un avión trimotor bombardeó el Alcázar en combinación con una pieza de 15,5 cm, operación que repitió a las 17:30 horas, causando grandes destrozos en la Puerta Principal y en las habitaciones de la fachada norte.
En este día fue incendiado el torreón noroeste a consecuencia del bombardeo de la aviación, ocurriendo lo mismo en la Parroquia de la Magdalena. Los muertos fueron enterrados de madrugada en el ángulo suroeste del Picadero.
Bajas en este día: tres muertos, tres heridos y seis contusos.
Al anochecer, una escuadrilla de tres aviones voló sobre el Alcázar arrojando proclamas que invitaban a los soldados a la deserción y a la desobediencia a sus Jefes.
Continuaron los incendios de iglesias en el barrio de San Justo. En todos los bombardeos, tanto de artillería como de aviación, los “pacos” intensificaron su acción en todos los frentes.
A las 21:30 horas marchó el Capitán Alba, de la Escuela Central de Gimnasia, con objeto de establecer contacto con las fuerzas del General Mola en la Sierra de Guadarrama y explicar la situación, ignorada por el resto de España, ya que debido a la falta de fluido no podía funcionar el aparato de la estación de radio receptora de la Comandancia de la Guardia Civil, ni existían medios para proporcionar energía con los elementos disponibles en el Alcázar.
La situación era muy crítica, pues “Unión Radio”, desde Madrid, dio como verídica la noticia de la rendición del Alcázar, e incluso hubo un periódico que publicó una composición con la salida de las fuerzas del Alcázar, lo que indudablemente podía contribuir a que el Alto Mando Nacional, creyendo en la desaparición de los defensores, dirigiese su atención a otros objetivos considerados más importantes.
Bajas en este día: un muerto, un herido y once contusos.
Por la tarde la artillería volvió a reanudar el fuego, sin causar desperfectos, al encontrarse muy descorregido, no alcanzando ni al edificio ni a sus dependencias.
En la explanada del Picadero se colocó el cañón de acompañamiento con objeto de batir un tanque que la noche anterior había sido visto pasando el Puente Nuevo en dirección a la Estación del Ferrocarril, por si regresaba por el mismo itinerario, el cual se encontraba perfectamente batido y a muy poca distancia.
Al anochecer, otro avión enemigo realizó un reconocimiento, marchándose inmediatamente. El “paqueo” fue algo intenso por todos los frentes durante toda la jornada.
Bajas en este día: un herido y un contuso.
Al haberse terminado la harina, se distribuyó pan de trigo tostado hasta preparar los elementos necesarios para la fabricación de pan. Existían 3.000 kilos de trigo destinados al ganado y muchos más de cebada, para el caso de que se agotase el primero.
Por la falta de carne, se comenzó también en este día a sacrificar caballos para poder mantener a la guarnición, lo que proporcionó una cierta tranquilidad a este gravísimo problema, ya que había en las distintas cuadras de la Academia unos ciento setenta caballos pertenecientes a ésta y veintinueve que poseía la Guardia Civil.
El problema del agua, también de primera magnitud, quedó satisfactoriamente resuelto al disponer la Academia de varios pozos-aljibes con cantidad suficiente para poder resistir durante mucho tiempo. La falta de agua procedente del exterior fue debida a una bomba de aviación que cayó en la Elevadora de agua.
El día transcurrió con “paqueo”, pero con tranquilidad, y lo mismo la noche.
Bajas en este día: dos heridos y un contuso.
Gracias a las medidas de higiene adoptadas, el estado de salud fue perfecto. Mientras se buscaban elementos para la molturación del trigo, se continuó tomando éste en las comidas en lugar de pan.
En este día no hubo que lamentar ninguna baja.
A las 9:45 horas un avión procedente del sur pasó sobre el Alcázar en dirección a Madrid. A las 18:00 horas llegó otro procedente de Madrid, efectuó un reconocimiento sobre el Alcázar y marchó seguidamente.
El “paqueo” se intensificó desde las 23:00 hasta la 1:00 de la madrugada.
Bajas en este día: dos muertos y tres contusos.
A las 17:00 horas un avión enemigo, procedente de Madrid, efectuó un reconocimiento y se marchó nuevamente en dirección a la capital.
A las 19:00 horas, piezas de 7,5 cm hostilizaron con diez granadas, batiendo sin resultado eficaz la fachada norte del Alcázar y el distribuidor de la cocina. Estas piezas se encontraban emplazadas en la Dehesa de Pinedo.
Bajas en este día: un muerto.
No hubo bajas, únicamente dos contusos.
Se dispararon unas ciento cuarenta granadas de todas clases, en su mayoría rompedoras, prolongándose el fuego hasta las 19:00 horas. A esta hora se observó que el Picadero estaba incendiado, ardiendo por completo durante el resto de la jornada.
Bajas en este día: cuatro heridos y cuatro contusos.
Por la tarde, a las 14:00 horas, un avión enemigo bombardeó sin precisión alguna, marchándose poco después.
A las 19:00 horas la batería de Pinedo reanudó el fuego, teniendo como objetivo la explanada oriental y el Paso Curvo, acusando desperfectos este último e incendiando uno de los coches estacionados en la explanada.
El “paqueo” fue intermitente y sin gran intensidad.
Bajas en este día: un muerto, dos heridos y dos contusos.
Durante el día se produjo “paqueo” desde distintos puntos de la población y desde San Servando. Sobre las 18:00 horas se observó que las piezas se trasladaban de su emplazamiento, sin poder determinar con certeza el itinerario seguido.
Posteriormente rompieron el fuego tres piezas de 10,5 cm sobre el Alcázar, la explanada oriental, el Paso Curvo y Capuchinos, causando grandes desperfectos con los treinta proyectiles que dispararon durante hora y media.
Por una confidencia, el Comandante Militar tuvo conocimiento de que en una casa próxima a la explanada del Picadero existía gran cantidad de trigo de muy buena calidad, propiedad de un Banco de Toledo, por lo que se dispuso que el Comandante Araujo, de servicio aquella noche, efectuase una requisa con fuerzas de la Guardia Civil y Falange. La operación se realizó sin novedad, introduciéndose veintitrés sacos de noventa kilos de un trigo superior.
Se comenzó a utilizar dicho trigo para la fabricación de pan, empleándose una molturadora de Intendencia a la que, por falta de fluido eléctrico, se le acopló una motocicleta. Se fabricó un pan diario por persona, con un peso aproximado de ciento cincuenta gramos.
El resto de la noche transcurrió con tranquilidad.
Bajas en este día: un muerto, un herido y un contuso.
Durante este ataque se dispararon ciento setenta proyectiles, causando importantes desperfectos.
Al anochecer, y por orden del Comandante Araujo, se requisaron cuarenta y tres sacos más de trigo.
El resto de la noche transcurrió sin novedad.
Bajas en este día: un herido.
A las 17:40 horas la artillería disparó siete proyectiles contra la puerta principal del Alcázar, causando pequeños desperfectos.
A las 18:00 horas llegó de Madrid un avión enemigo, que efectuó un reconocimiento del Alcázar y sus dependencias, alejándose seguidamente en dirección a Madrid. A la llegada del avión se intensificó el “paqueo”, que duró unos cuarenta y cinco minutos; posteriormente decreció y el resto del día transcurrió con tranquilidad.
Bajas en este día: cinco heridos y cinco contusos.
Se realizaron requisas y reconocimientos en las casas de los alrededores de Capuchinos, con resultados satisfactorios, lo que produjo gran contento en la guarnición.
Bajas en este día: dos muertos y dos heridos.
El Comandante Militar dio orden de que el agua se suministrase una sola vez al día, con objeto de facilitar esta penosa tarea.
Por la noche se efectuó una requisa en una casa de la Cuesta del Alcázar, encontrándose una pequeña cantidad de víveres.
No hubo bajas en este día.
Tras la marcha de este avión llegó otro, que lanzó sobre el Alcázar granadas de gases lacrimógenos, penetrando tres de ellas en el patio central, produciendo únicamente pequeñas molestias, ya que fueron cubiertas de tierra y se encendieron hogueras para facilitar su evaporación.
El resto del día y la noche transcurrieron con tranquilidad.
Bajas en este día: cuatro muertos, dos heridos y cuatro contusos.
Continuó el “paqueo”, que creció de forma rapidísima al aparecer un avión de bombardeo que, conjuntamente con la artillería, bombardeó y cañoneó el Alcázar, dando la impresión de ser una preparación para un asalto, que no llegó a producirse, a pesar de la intensidad del ataque por los frentes noreste y oeste, y que tuvo una duración de dos horas.
Por la tarde, a las 18:00 horas, un avión enemigo efectuó un reconocimiento y se marchó en dirección a Madrid, de donde había procedido.
Se citó en la Orden como distinguidos durante el bombardeo a veinte Guardias Civiles, propuestos por el Comandante Méndez Parada, y a cuatro guardias y dos soldados de la Academia, propuestos por el Capitán retirado de Caballería Frejo, por su buen comportamiento en situación de verdadero peligro.
Bajas en este día: tres muertos, cinco heridos y dos contusos.
Por la Comandancia Militar se dio orden limitando el consumo de leche, excepto para niños menores de tres años y medio y enfermos, por ir escaseando este elemento. Asimismo, se limitó el consumo de agua a un litro diario por persona, para evitar el gran despilfarro que de este elemento de primera necesidad se venía realizando.
En la noche anterior, y por la 4ª Cuadra, desertaron dos cabos y siete soldados de la Academia, por lo que el Coronel Comandante Militar nombró Jefe permanente del Sector Santiago, Cocinas, Picadero, Cuadras y Pabellones al Teniente Coronel de Infantería Tuero.
Al anochecer completamente, salió el Capitán Vela con algunos miembros de Falange y de la Escuela de Gimnasia a requisar plátanos, que se sabía había en un almacén de los alrededores, no pudiendo traer ninguno por encontrarse en estado de descomposición.
La noche fue tranquila.
Bajas en este día: un muerto y un herido.
El Coronel Moscardó dictó una Orden disponiendo la formación de una columna para el caso de tener que efectuar una salida, compuesta por Plana Mayor y dos batallones de seis compañías de cuarenta hombres cada una.
Se realizó una salida a un almacén de comestibles con hombres de Falange y de la Escuela de Gimnasia, no pudiéndose retirar nada al encontrarse ocupado por los extremistas.
Por la madrugada se intentó, por fuerzas de Falange y Renovación Española, a las órdenes del Capitán Vela, disponer de fluido eléctrico en las proximidades del Carmen, no lográndose por no estar correctamente efectuado el empalme y por falta de medios. Con dicho fluido se perseguían dos fines: alimentar la estación emisora-receptora de la Guardia Civil y realizar la molturación, ahorrando la gasolina que ésta consume.
Por la noche de este día desertaron seis individuos de la sección de tropa de la Academia, por lo que se tomaron medidas para evitar la repetición de estos hechos.
Bajas en este día: un muerto y un fallecido de muerte natural.
Al anochecer salieron falangistas a efectuar una requisa en las casas situadas frente a la Puerta de los Carros, trayendo muy pocos víveres.
Bajas en este día: dos heridos.
A las 19:30 horas la batería repitió el fuego sobre el mismo objetivo, con una duración de treinta y cinco minutos, durante los cuales se lanzaron cuarenta y un proyectiles. Por la noche volvió a repetirse el tiro de artillería, disparándose treinta y ocho proyectiles.
No se sabe a ciencia cierta si por la artillería o de forma intencionada, prendió fuego una casa de la calle del Carmen, frente a las cuadras.
Al anochecer, el Capitán de la 3ª Compañía de la Guardia Civil, Miguel Ossorio, con su gente efectuó una requisa en las casas de Capuchinos, trayendo escasos víveres.
Por la noche se observó la instalación de reflectores en Zocodover, con objeto de iluminar la Cuesta del Alcázar. En la madrugada desertaron dos soldados de la sección de tropa de la Academia.
Por el Comandante Militar se dictó una Orden disponiendo que las comidas se realizasen a las 10:30 y a las 17:30 horas, con el fin de evitar que el enemigo cañonease durante las horas de comida, ya que el horario anterior habría sido, sin duda, facilitado por los desertores.
Bajas en este día: seis heridos y dos contusos.
A consecuencia del cañoneo se incendió un coche en la explanada este. Por la noche se observó la instalación de otro reflector que iluminaba el Arco de la Sangre y la Cuesta del Carmen.
A la fuerza establecida en la Puerta de Hierro se le arrojó desde una ventana de Santa Cruz una pequeña bomba y gasolina, que roció a un centinela de la 4ª Cuadra, sin que llegara a arder, tanto por la ineficacia del intento como por el tiroteo realizado por nuestras fuerzas.
Con la radio de campaña y otras particulares se captó Unión Radio, tan tendenciosa en sus informaciones; sin embargo, era tal el espíritu que animaba a la guarnición que, de dichas noticias, se iba extrayendo la realidad de la situación, sin preocuparse de esos informes, gracias a la confianza ciega en el éxito de las causas de España.
No obstante, todos los esfuerzos se encaminaban a establecer contacto con las radios de nuestras columnas, enviando con gran frecuencia mensajes por medio de la radio de campaña, que por su escaso alcance y longitud de onda especial no pudieron ser escuchados por los nuestros.
Lo que menos se podía esperar era que el contacto se estableciese —así se creyó— por medio del periodista Villa, quien en su charla o arenga por el micrófono de Unión Radio, tras asegurar que el Gobierno había comunicado en dos ocasiones la rendición del Alcázar, afirmó que en Toledo aún existían y resistían en el Alcázar un centenar de locos con sus familias, noticia que sería escuchada con sorpresa y satisfacción por los defensores.
No hubo bajas en este día.
La artillería disparó quince proyectiles y la aviación arrojó ocho bombas, ocasionando el incendio de uno de los coches situados en la explanada este.
Por la tarde, a las 19:00 horas, se reanudó el fuego de la artillería y también el de mortero de 50 mm sobre los mismos objetivos de la mañana, prolongándose el ataque hasta las 21:00 horas y lanzándose unos doscientos proyectiles.
Durante este día, y mediante teléfono de campaña, se estableció comunicación entre el Alcázar, la Sección de Tropa y la 4ª Cuadra y Pabellones, ya que al ser batido por la artillería el paso entre estos frentes, el enlace directo se hacía extremadamente peligroso.
Bajas en este día: no hubo.
A las 18:30 horas volvió a romper el fuego la batería contra la fachada norte, disparando diez proyectiles, cesando a las 18:45 horas.
Durante la mañana y parte de la tarde se oyeron ruidos subterráneos hacia la parte suroeste del Alcázar. Escuchados por personal técnico, se dedujo que podían corresponder a trabajos para construir una mina que partiese de las casas situadas frente al torreón suroeste y que pretendiesen llevarla bajo dicho torreón, por ser el trayecto más corto. Informaron asimismo los técnicos que se trataba de un trabajo lento, muy difícil, de larga duración y casi ineficaz, ya que todo el terreno en que se asienta el Alcázar, así como el que lo rodea, es de roca viva, y además parecía que los trabajos se realizaban con maza y barreno.
Por falta de víveres se utilizó trigo en las comidas en sustitución de garbanzos, arroz y alubias, lo que no resultó agradable, al observarse que no se ablandaba ni se digería bien, por lo que se dispuso triturarlo previamente, consiguiéndose así que resultara aceptable y perfectamente digerible.
Al atardecer se vio regresar desde el suroeste una cuadrilla de tres aviones que días antes había pasado en esa dirección y que no voló sobre Toledo ni sobre el Alcázar.
A las 11:00 horas, varios individuos de la Escuela, acompañados por un paisano propietario de la casa a reconocer, efectuaron una requisa de chocolate, unas quince libras, que fueron entregadas, como todas las requisas, a la enfermería.
Los puestos que dan a la Cuesta del Alcázar reforzaron con alambreras sus ventanas, ya que desde la casa de enfrente se les arrojaban granadas de mano.
Mediante combinaciones realizadas con todos los receptores existentes en el Alcázar y sus válvulas, se consiguió por la noche captar la estación portuguesa Radio Club Portugués y algunas emisoras italianas, elevando este hecho aún más el espíritu y la moral, pues sus noticias no eran tendenciosas y permitían descubrir la verdad de la situación, ya deducida frente a las informaciones parciales de Unión Radio.
Bajas en este día: dos contusos.
Las piezas dispararon más de ciento cincuenta granadas. El resto del día transcurrió con tranquilidad, salvo algún cañonazo aislado contra la fachada norte.
Al anochecer completamente, se efectuó por fuerzas de la Guardia Civil, Falange y Escuela, al mando de los Capitanes Vela y Ossorio, una salida en la que se requisaron treinta sacos de trigo.
Por informes de observadores se tuvo conocimiento de que algunas de las calles que rodean el Alcázar por el sur y oeste estaban provistas de alambradas y barricadas, lo que, unido a la instalación de reflectores, hacía pensar que el enemigo temía la realización de alguna salida por nuestra parte.
Bajas en este día: un herido.
En vista del humo tan abundante que producía la cocina en su emplazamiento del Paso Curvo y la Piscina, se ordenó su traslado al rellano de la izquierda de la escalera principal.
Por la tarde el enemigo disparó sobre distintos puntos unas veinte granadas de mortero.
Asimismo, durante la tarde se comprobaron nuevamente los ruidos subterráneos, por lo que se dispuso incendiar la casa de la que se creía partía la mina.
Bajas en este día: cuatro heridos.
Por la tarde el enemigo hostilizó con mortero.
Como se habían producido confusiones con los aparatos de aviación, al suponerse en algunas ocasiones que eran propios, y por tener conocimiento a través de radios extranjeras de las marchas de nuestras columnas, se colocaron paneles en el patio y en la explanada este, indicando el emplazamiento de las piezas de 15,5 cm.
Al ir agotándose la leche, se dispuso que la que quedaba se distribuyese únicamente a los heridos.
A las 23:00 horas se puso en ejecución el plan de incendiar la casa de la que se suponía partía la mina, lo que se consiguió plenamente por medio de granadas incendiarias de mano y botellas de gasolina. El enemigo, al darse cuenta, apagó la luz de muchos sectores de la población y abrió fuego con artillería de 7,5 cm, aunque sin eficacia.
El resto de la noche transcurrió con tranquilidad.
Bajas en este día: dos heridos.
Ante el temor de que la artillería pudiera matar el ganado que quedaba en la 4ª Cuadra y el que se había subido a los Fregaderos, se dispuso su traslado a los sótanos del lado sur (Piscina), lugar más resguardado, realizándose esta operación con gran celeridad.
A las 11:00 horas salieron hacia una casa de la Cuesta del Alcázar un inquilino de la misma, acompañado por el Alférez Sierra y dos o tres más, retirando los pocos enseres que quedaban en ella. Observaron enemigos ocupando la casa contigua. Esta requisa se efectuó porque el fuego de la casa incendiada el día anterior se propagaba hacia las casas de la misma acera.
A las 16:00 horas rompieron el fuego las piezas de 15,5 cm, teniendo como objetivo la fachada norte del Alcázar, la cual, a consecuencia de los innumerables proyectiles recibidos con anterioridad, presentaba ya grandes desperfectos en el material que la cubre y en sus adornos. Se dispararon unas veinticinco granadas, predominando las de hierro fundido, que se fragmentan profusamente.
A las 21:00 horas se observó la instalación de un reflector dentro del Castillo de San Servando, que iluminaba el Puente Nuevo, así como otros reflectores establecidos en la Magdalena y en el Paseo de la Barca del Valle.
Bajas en este día: hay que lamentar el fallecimiento de un niño.
Ante el temor de que la artillería pudiera matar el ganado que quedaba en la 4ª Cuadra y el que se había subido a los Fregaderos, se dispuso su traslado a los sótanos del lado sur (Piscina), lugar más resguardado, realizándose esta operación con gran celeridad.
A las 11:00 horas salieron hacia una casa de la Cuesta del Alcázar un inquilino de la misma, acompañado por el Alférez Sierra y dos o tres más, retirando los pocos enseres que quedaban en ella. Observaron enemigos ocupando la casa contigua. Esta requisa se efectuó porque el fuego de la casa incendiada el día anterior se propagaba hacia las casas de la misma acera.
A las 16:00 horas rompieron el fuego las piezas de 15,5 cm, teniendo como objetivo la fachada norte del Alcázar, la cual, a consecuencia de los innumerables proyectiles recibidos con anterioridad, presentaba ya grandes desperfectos en el material que la cubre y en sus adornos. Se dispararon unas veinticinco granadas, predominando las de hierro fundido, que se fragmentan profusamente.
A las 21:00 horas se observó la instalación de un reflector dentro del Castillo de San Servando, que iluminaba el Puente Nuevo, así como otros reflectores establecidos en la Magdalena y en el Paseo de la Barca del Valle.
Bajas en este día: hay que lamentar el fallecimiento de un niño.
A las 7:00 horas se produjo “paqueo” con cierta intensidad por parte del enemigo, que hostilizó con morteros a la Sección de Tropa.
A las 10:00 horas, procedentes de Madrid, aparecieron un trimotor y un caza que, tras evolucionar sobre el Alcázar y sus alrededores, bombardearon arrojando doce bombas, la mayoría de las cuales cayeron fuera del recinto, debido principalmente al fuego de ametralladoras y fusiles, que les obligó a volar alto y perder precisión. Alternando con las bombas arrojaron latas de gasolina con objeto de provocar incendios en el Alcázar, lo que no consiguieron al caer bombas y latas en lugares distintos.
Al mismo tiempo actuaron las piezas de 15,5 cm y ametralladoras desde distintos puntos enemigos. Las piezas pesadas dispararon ocho proyectiles, de los cuales dos penetraron en el patio. El fuego duró hasta las 11:45 horas, momento en que se retiraron los aparatos.
A las 18:30 horas, ya casi al anochecer, sorprendió a todos un avión procedente del sur que, a gran velocidad y volando muy bajo, pasó sobre el patio y arrojó un gran paquete metálico que, al golpear el suelo, se fragmentó en numerosos paquetes pequeños. Superado el primer momento de estupor, se comprobó con gran alegría que su contenido eran víveres, lo que dio lugar a comentarios que confirmaban que el primer avión había sido de los nuestros, realizando el reconocimiento por la mañana y trayendo los víveres por la tarde.
Este avión arrojó otro paquete en las inmediaciones de la Puerta de Hierro, recogiéndose la mayor cantidad posible, ya que a consecuencia del choque se rompió. Entre los elementos más valiosos se encontraban leche condensada y harina lacteada, lo que permitió durante algunos días más la manutención de niños y enfermos.
Acto seguido, el enemigo abrió fuego disparando setenta y cuatro proyectiles de 15,5 cm, que batieron reiteradamente la fachada norte, con el consiguiente quebranto, dada la enorme potencia de los proyectiles.
Por la tarde, a las 17:00 horas, ante la intensa molestia causada desde San Servando con morteros, ametralladoras y fusilería, se decidió batir esa posición desde la fachada este y la explanada del Picadero, organizándose un tiroteo intensísimo que duró unos quince minutos.
El resto del día transcurrió con gran alegría y sin novedad. La batería de 7,5 cm fue trasladada al Campamento de Alijares.
Bajas en este día: un muerto, un fallecido, cinco heridos y tres contusos.
Las cartas, una vez leídas por el Mando, se expusieron en el patio para que fuesen vistas por toda la guarnición, colocándose inmediatamente en el patio y en la explanada este los paneles para comunicar a nuestra aviación que se podía resistir.
Las cartas decían textualmente:
«General Jefe del Ejército y de África y Sur y Norte de España:
A los bravos defensores del Alcázar Toledano.
Nos enteramos de vuestra heroica resistencia y os llevamos un adelanto del auxilio que os vamos a prestar. Pronto llegaremos a esa, mientras resistir a toda costa, que os iremos llevando los pequeños socorros que podamos.
¡Viva España!
El General. Francisco Franco. Rubricado».
La otra carta:
«Un abrazo de este Ejército a los bravos defensores del Alcázar. Nos acercamos a vosotros, iremos a socorreros; mientras, resistir, para ello os llevaremos pequeños auxilios. Vencidas todas las dificultades, avanzan nuestras columnas destruyendo resistencia.
¡Viva España! ¡Vivan los bravos defensores del Alcázar!
El General. Francisco Franco. Rubricado.
22 de agosto de 1936».
A las 7:00 horas el enemigo disparó algunas granadas de mortero sobre su objetivo preferido, el Comedor y la Sección de Tropa. A las 7:15 horas rompieron el fuego las piezas de 15,5 cm, lanzando diecisiete granadas contra la fachada norte, cesando el fuego a las 8:30 horas y causando desperfectos en la misma. Hasta las 12:00 horas dispararon de cuando en cuando con el mortero de 50 mm.
Pasadas las 12:00 horas apareció el avión de bombardeo acompañado de un sesquiplano que, como el día anterior, repitieron la operación de bombardear y arrojar latas de gasolina, con idéntico resultado nulo. Entre ambos arrojaron unas veinticuatro bombas y doce latas de gasolina, cayendo seis en el patio y en los tejados. Al mismo tiempo, las piezas pesadas lanzaron veintiocho proyectiles, actuando también los morteros y los cañones de Alijares, que efectuaron unos doce disparos.
Como el mensaje del General Franco traía cintas de la bandera bicolor, se dio orden de reponerla, operación que realizaron las mujeres, procurándose todos escarapelas y cintas bicolor que se ostentaron como distintivo de la España sana.
La primera comida fue extraordinaria, ya que además del plato diario se añadió lo que el avión había traído: sardinas, mortadela y fruta en dulce.
El Coronel dispuso que se reforzaran los servicios en el Comedor y en el Zig-Zag, y que en los torreones hubiese un servicio permanente de vigilancia de todas las carreteras que afluyen a Toledo.
Por la noche se atacó desde Santa Cruz hacia la Puerta de Hierro con granadas de mano, sin producir bajas. Una ametralladora emplazada en una ventana de Santa Cruz disparó sobre un puesto, atravesando el parapeto e hiriendo gravemente al Guardia Civil de la 3ª Compañía, José Pérez Serrano. Aunque su estado fue muy grave, desde ese momento hasta su fallecimiento en la enfermería dio pruebas de su gran patriotismo, valor y fe en la victoria, con vivas a España, alegría por morir por ella y exhortaciones a los demás para no cejar en la defensa, pues la victoria definitiva era segura. La Orden de la Comandancia le citó como «Muy distinguido».
Bajas en este día: un muerto, dos heridos y dos contusos.
El Coronel dictó una Orden para la formación del censo de la población del Alcázar, a efectos futuros.
A las 15:30 horas volvieron a disparar las piezas de 15,5 cm, abriendo aún más la brecha con las treinta y cinco granadas que lanzaron. Al mismo tiempo, el mortero y los cañones de 7,5 cm de Alijares batieron la Cocina, el Comedor y la Sección de Tropa.
El Coronel Moscardó dictó una Orden disponiendo que desde la Sección de Tropa se ejerciese una vigilancia muy estrecha sobre el Puente Nuevo, con objeto de evitar que pudiera ser minado, lo que supondría un grave obstáculo para una columna que avanzaba sobre Toledo.
La Orden de la Comandancia publicó una relación de distinguidos en la que figuraban todos los Tenientes de Artillería y los cornetas de la Sección de Tropa y de la Guardia Civil, por su extraordinaria labor de observación y aviso de los disparos de las piezas pesadas, lo que permitía dar tiempo a que todo el personal se cubriese, evitando así ser alcanzado por los proyectiles.
Ya de noche cerrada, el Capitán Ossorio, de la Guardia Civil, con elementos a sus órdenes, subió cincuenta sacos de trigo del almacén acostumbrado.
Se oyeron nuevamente ruidos subterráneos, asegurándose que se trataba de una perforadora accionada por un compresor, por lo que se dispuso intensificar la observación y la escucha para determinar si, en efecto, era una perforadora y localizar su emplazamiento, con objeto de decidir las medidas oportunas.
Bajas en este día: un herido.
A las 14:30 horas se presentó un trimotor enemigo que, con gran prisa, bombardeó lanzando diez bombas, de las cuales ninguna cayó dentro del Alcázar, haciéndolo en cambio a gran distancia.
La tarde transcurrió con normalidad y por la noche el enemigo situado en Santa Cruz hostilizó con petardos la Puerta de Hierro, que a toda costa intentaban incendiar.
Los ruidos de la perforadora no se volvieron a oír por el momento.
Bajas en este día: un herido y un contuso.
Las cartas, una vez leídas por el Mando, se expusieron en el patio para que fuesen vistas por toda la guarnición, colocándose inmediatamente en el patio y en la explanada este los paneles para comunicar a nuestra aviación que se podía resistir.
Las cartas decían textualmente:
«General Jefe del Ejército y de África y Sur y Norte de España:
A los bravos defensores del Alcázar Toledano.
Nos enteramos de vuestra heroica resistencia y os llevamos un adelanto del auxilio que os vamos a prestar. Pronto llegaremos a esa, mientras resistir a toda costa, que os iremos llevando los pequeños socorros que podamos.
¡Viva España!
El General. Francisco Franco. Rubricado».
La otra carta:
«Un abrazo de este Ejército a los bravos defensores del Alcázar. Nos acercamos a vosotros, iremos a socorreros; mientras, resistir, para ello os llevaremos pequeños auxilios. Vencidas todas las dificultades, avanzan nuestras columnas destruyendo resistencia.
¡Viva España! ¡Vivan los bravos defensores del Alcázar!
El General. Francisco Franco. Rubricado.
22 de agosto de 1936».
A las 7:00 horas el enemigo disparó algunas granadas de mortero sobre su objetivo preferido, el Comedor y la Sección de Tropa. A las 7:15 horas rompieron el fuego las piezas de 15,5 cm, lanzando diecisiete granadas contra la fachada norte, cesando el fuego a las 8:30 horas y causando desperfectos en la misma. Hasta las 12:00 horas dispararon de cuando en cuando con el mortero de 50 mm.
Pasadas las 12:00 horas apareció el avión de bombardeo acompañado de un sesquiplano que, como el día anterior, repitieron la operación de bombardear y arrojar latas de gasolina, con idéntico resultado nulo. Entre ambos arrojaron unas veinticuatro bombas y doce latas de gasolina, cayendo seis en el patio y en los tejados. Al mismo tiempo, las piezas pesadas lanzaron veintiocho proyectiles, actuando también los morteros y los cañones de Alijares, que efectuaron unos doce disparos.
Como el mensaje del General Franco traía cintas de la bandera bicolor, se dio orden de reponerla, operación que realizaron las mujeres, procurándose todos escarapelas y cintas bicolor que se ostentaron como distintivo de la España sana.
La primera comida fue extraordinaria, ya que además del plato diario se añadió lo que el avión había traído: sardinas, mortadela y fruta en dulce.
El Coronel dispuso que se reforzaran los servicios en el Comedor y en el Zig-Zag, y que en los torreones hubiese un servicio permanente de vigilancia de todas las carreteras que afluyen a Toledo.
Por la noche se atacó desde Santa Cruz hacia la Puerta de Hierro con granadas de mano, sin producir bajas. Una ametralladora emplazada en una ventana de Santa Cruz disparó sobre un puesto, atravesando el parapeto e hiriendo gravemente al Guardia Civil de la 3ª Compañía, José Pérez Serrano. Aunque su estado fue muy grave, desde ese momento hasta su fallecimiento en la enfermería dio pruebas de su gran patriotismo, valor y fe en la victoria, con vivas a España, alegría por morir por ella y exhortaciones a los demás para no cejar en la defensa, pues la victoria definitiva era segura. La Orden de la Comandancia le citó como «Muy distinguido».
Bajas en este día: un muerto, dos heridos y dos contusos.
El cañón de 7,5 cm emplazado en los Alijares hostilizó de vez en cuando la Sección de Tropa.
A las 18:00 horas cesó el fuego y el resto del día transcurrió sin novedad.
Bajas en este día: un muerto, cuatro heridos y dos contusos.
Mientras tanto, en San Servando se colocaron dentro de una casa dos cañones de 7,5 cm, muy próximos a la Sección de Tropa, efectuando algunos disparos sobre la explanada oriental. De inmediato se emplazaron ametralladoras en la fachada este, que impidieron continuar el fuego, reduciéndolos al silencio.
Asimismo, se observaron tres ametralladoras en San Servando, que en caso de actuar podrían ser batidas por las nuestras, al encontrarse éstas en posición más dominante.
A las 20:00 horas, y desde Santa Cruz, se hostilizó con petardos de trilita a las fuerzas de las cuadras del Carmen, así como con morteros que se suponían emplazados en el Miradero, sin que ninguno de estos ataques causara bajas.
El Capitán Ossorio requisó por la zona de Capuchinos algo de vinagre y sal.
Bajas en este día: no hubo.
A las 16:35 horas volvió a comenzar el fuego de artillería, batiendo ambas piezas de 15,5 cm la brecha de la fachada norte, logrando abrirla completamente y derribando dos columnas, una de la fachada norte y otra de la fachada sur. Se dispararon treinta proyectiles, finalizando el fuego a las 18:50 horas.
A las 19:00 horas, con una pieza de 7,5 cm que se suponía emplazada en la puerta de la Iglesia de la Concepción, se hostilizó a los Pabellones y a la 4ª Cuadra de la Puerta de Hierro, disparándose diez proyectiles que no causaron bajas.
El resto del día y de la noche transcurrió sin novedad.
Bajas en este día: dos contusos.
Por la Comandancia se dictó una Orden en la que se hacía constar que los destrozos causados el día anterior por la artillería afectaban más a la visualidad que a la resistencia del edificio, que seguía siendo tan inexpugnable como al principio, y que dichos destrozos, lejos de contraer el espíritu, debían ensalzarlo, pues ya poco era el tiempo que faltaba para recoger el fruto de las penalidades y sufrimientos.
A las 10:00 horas de la mañana, los cañones emplazados en los Alijares efectuaron varios disparos sobre la explanada del Picadero.
A las 13:00 horas, con una botella de gasolina, el enemigo incendió la parte alta de la Puerta de Hierro, lanzando además petardos con el fin de impedir que se apagasen las llamas. Desde el Alcázar se enviaron hombres con extintores y agua, logrando dominar el incendio, a pesar de que continuaron lanzando petardos, a los que se contestó con fuego de fusiles y fusiles ametralladores hasta reducirlos al silencio.
A las 15:55 horas rompieron el fuego las piezas de 15,5 cm, lanzando veintitrés proyectiles sobre el torreón noreste, cesando el fuego a las 19:00 horas.
El enemigo incendió una casa del frente sur, junto a la que había sido quemada por nuestras fuerzas el día 11. A las 18:30 horas volvieron a atacar la Puerta de Hierro con petardos, sin efecto notable.
El día terminó con “paqueo” poco intenso.
Bajas en este día: un herido y dos contusos.
A las 10:00 horas el enemigo, desde Santa Cruz, atacó la Puerta de Hierro con petardos de dinamita y trilita. La casa que el enemigo había incendiado el día anterior continuó ardiendo, observándose que la estaban apagando con una manga de agua. No se les hostilizó, aun estando a nuestro alcance, por convenir a este frente que dichas casas no desapareciesen, ya que protegían del fuego de fusil y de las vistas de esa parte de la ciudad.
A las 9:00 horas se reanudó el ataque contra la Puerta de Hierro, lanzando, además de petardos, algodones impregnados de gasolina y botellas de líquido inflamable, sin conseguir provocar incendio alguno.
A las 12:00 horas volvió a repetirse el ataque contra la Puerta de Hierro con petardos, siendo estos ataques contestados desde el Alcázar con fuego de mortero, fusil ametrallador y mosquetón.
El día terminó con tranquilidad, siendo el “paqueo” casi nulo y no efectuándose fuego alguno por las piezas de 15,5 cm.
Bajas en esta jornada: dos contusos.
Al mismo tiempo de comenzar el cañoneo enemigo, las fuerzas situadas en Santa Cruz atacaron la Puerta de Hierro con petardos y botellas de líquido inflamable, sin conseguir provocar incendios.
A las 16:55 horas rompieron nuevamente el fuego las piezas de 15,5 cm, disparando treinta y siete granadas, que incrementaron los destrozos de la fachada de tal modo que un gran número de proyectiles penetraron y explotaron en el Patio Principal y, por la línea de tiro, batieron el ángulo suroeste del mismo.
Terminado el fuego de artillería a las 19:00 horas, el “paqueo” fue casi nulo.
Bajas en este día: dos contusos.
A las 7:00 horas, la pieza de 7,5 cm emplazada en los Alijares disparó cuatro proyectiles sin causar efectos notables.
A las 10:55 horas rompió el fuego una de las piezas de 15,5 cm, lanzando dieciséis granadas contra el torreón noreste, por encima del Gabinete de Física. A las 13:55 horas volvió a romper el fuego la misma pieza, disparando cuatro proyectiles sobre el mismo torreón, y a las 16:20 horas reanudó nuevamente el fuego contra el mismo objetivo, comenzando a abrir brecha.
El “paqueo” durante el día no fue intenso.
La cocina y el horno de campaña se trasladaron al local de la Enfermería.
Bajas en este día: dos contusos.
A las 8:00 horas el cañón de 7,5 cm realizó varios disparos sin causar daños, finalizando el fuego a las 11:30 horas. El objetivo fue en todo momento el torreón noreste, al que se le fue abriendo cada vez más la brecha con los treinta disparos efectuados.
Por funcionar mejor y encontrarse más protegidos, se dio la Orden de trasladar la cocina y el horno al sótano, al lugar destinado a los almacenes.
A las 16:30 horas volvió a iniciar el fuego la pieza de 15,5 cm, nuevamente sobre el torreón noreste. El cañón de 7,5 cm disparó también de vez en cuando, sin causar efectos notables, cesando el fuego de esta pieza a las 19:00 horas, después de disparar veintitrés proyectiles, que dejaron el torreón noreste muy quebrantado, quedando la cúpula casi en el aire.
El “paqueo”, al terminar el fuego de la artillería, fue más intenso que en días anteriores.
El ruido del motor que se supone mueve la perforadora se continuó oyendo, sin haberse podido localizar todavía su emplazamiento.
El resto de la noche transcurrió con tranquilidad.
Bajas en este día: tres muertos y dos contusos.
El fuego de artillería se prolongó hasta las 13:10 horas, disparándose cuarenta y ocho granadas de 15,5 cm y unas doscientas setenta y cinco de 7,5 cm. El mortero de 50 mm, así como los “pacos”, colaboraron también con su fuego.
Durante el cañoneo se efectuó una salida a una casa del Corralillo con objeto de realizar un empalme para captar energía destinada a la radio, pero no se encontró fluido.
A consecuencia de que desde Santa Cruz el enemigo arrojase líquidos inflamables sobre la Puerta de Hierro, se incendió la Farmacia y, a través de ésta, el fuego se propagó al resto del edificio, tomando grandes proporciones. No fue posible atajarlo con los medios disponibles, viéndose obligada la fuerza a abandonar la posición y retirarse en perfecto orden al Sector Santiago.
A las 18:15 horas volvieron a romper el fuego las piezas de 15,5 cm y de 7,5 cm, batiendo las primeras el torreón noroeste y las segundas la Sección de Tropa, disparándose veintitrés granadas de 15,5 cm y unas veinte de 7,5 cm.
A consecuencia del primer cañoneo, en la Sala de Motores del Gabinete de Física se incendiaron las anaquelerías, incendio que pudo ser sofocado con facilidad.
Durante el día y la noche el “paqueo” fue más intenso que en jornadas anteriores.
El Coronel Moscardó dio instrucciones al Jefe del Sector Santiago–Puerta de Hierro, Teniente Coronel Tuero, relativas a los puestos y a la forma de prestar el servicio en su sector, como consecuencia de la retirada de la Puerta de Hierro.
Al anochecer y bajo la dirección del Comandante Araujo, se sacaron cincuenta y tres sacos de trigo.
Bajas en este día: tres heridos y un contuso.
A las 7:15 horas rompieron el fuego las piezas de 15,5 cm y de 7,5 cm, batiendo las primeras la fachada norte y las segundas la Sección de Tropa. Las piezas pesadas realizaron un recorrido sobre la fachada norte, por lo que las granadas penetraron en el Patio, produciendo el derrumbamiento total del lado sur del ángulo sureste del Patio en sus dos pisos, que ya amenazaban ruina desde el día anterior. Las piezas de 7,5 cm batieron la entrada de la Compañía de Tropa, causando grandes desperfectos.
El fuego duró hasta las 10:55 horas, disparándose cuarenta y nueve granadas de 15,5 cm y unas cien de 7,5 cm.
A las 16:40 horas rompieron nuevamente el fuego ambas clases de piezas de artillería, teniendo las primeras como objetivo el torreón noreste y las segundas la Compañía de Tropa, disparándose diecinueve granadas de 15,5 cm y unas cuarenta de 7,5 cm.
Sobre las 17:30 horas la observación avisó de que a la Puerta de Hierro de los Pabellones de la Caridad había llegado una camioneta de enemigos; inmediatamente se abrió fuego, saliendo una sección a ocupar el parapeto avanzado del camino cubierto para retenerlos, y al mismo tiempo se ordenó la construcción de un parapeto delante de la Puerta Principal del Comedor, que bate todo el camino hacia los Pabellones.
La fuerza, en una reacción soberbia, ocupó la 4ª Cuadra, a pesar del incendio del edificio, y poco después efectuó un reconocimiento por la casa del guarda y las inmediatas, llegando hasta la verja, que volvieron a cerrar, ya que el enemigo, aprovechando que el edificio estaba desocupado a causa del incendio, entró y se llevó algunas colchonetas existentes en la 4ª Cuadra y un camión de los que cerraban el paso a la verja. Durante estas acciones el enemigo huyó.
En la Orden de la Comandancia Militar apareció ascendido a cabo por Méritos de Guerra un soldado de la Academia, por su buen comportamiento durante el incendio de los Pabellones de la Caridad bajo el fuego enemigo, así como citados como distinguidos un soldado de la Academia, otro del Regimiento de Infantería nº 2 y un paisano perteneciente a Falange.
El Coronel hizo saber en la misma Orden a toda la guarnición que, aunque el Alcázar sufriese grandes desperfectos, no ofrecía peligro alguno, y que la intensificación del fuego enemigo se debía a la presión ejercida por nuestras columnas.
Al anochecer y bajo la dirección del Comandante de Caballería Pablo González Herrera, se retiraron treinta y seis sacos de trigo.
Por la noche se efectuó una salida a la casa de Lucio, que se había intentado incendiar la noche anterior sin éxito, con objeto de observar dónde trabajaba el compresor, retirándose después sin novedad. Se precisó la existencia de dos compresores, uno en la Plaza de la Magdalena y otro hacia el Teatro Rojas, creyéndose por lo observado que se trataba de una mina dirigida contra el Alcázar, aunque al seguir oyéndose explosiones no se pudo concretar con certeza si se trataba de una mina o de trabajos para preparar las calles e impedir una posible salida.
La noche transcurrió sin novedad.
Bajas en este día: un fallecido, nueve heridos y dos contusos.
A las 16:40 horas rompieron nuevamente el fuego las mismas piezas y sobre los mismos objetivos, especialmente contra el torreón noroeste, disparándose cincuenta y cuatro granadas de 15,5 cm hasta las 18:45 horas, momento en que cesó el fuego de artillería, causando grandes desperfectos en dicho torreón.
La Orden de la Comandancia publicó instrucciones para caso de alarma, así como relaciones de distinguidos por diversos servicios y el ascenso por méritos de guerra de un cabo de la Guardia Civil.
La observación acusó durante la tarde y la noche la salida de familias de Toledo y la llegada de numerosos coches por la carretera de Ávila.
Al anochecer y dirigidos por el Comandante Araujo, fuerzas de la Guardia Civil efectuaron la retirada de cuarenta sacos de trigo, operación que se realizó sin novedad.
Por la noche se salió por la Puerta de Carros con objeto de observar el trabajo de la perforadora para concretar su posición y la clase de trabajo que se realizaba. Salieron el Capitán Vela Hidalgo, el Jefe de Falange Villaescusa y el Teniente de Ingenieros Barber como técnico, apreciando que se trataba de un trabajo de mina, que avanzaba aproximadamente a la altura del pretil de la Cuesta del Alcázar y que, para llegar a los cimientos del mismo, necesitarían unos ocho días. Asimismo, estimaron que, por la calidad del barreno empleado, no debían ser técnicos quienes dirigían los trabajos, ya que utilizaban barrenos grandes que podían producir desviaciones notables en la dirección, en lugar de emplear muchos barrenos pequeños.
La Puerta de Hierro fue hostilizada sin intensidad. El resto de la noche transcurrió sin novedad.
Bajas en este día: un herido.
Por la tarde, a las 16:45 horas, volvió a romper el fuego la artillería sobre los mismos objetivos, prolongándose hasta las 18:35 horas y disparándose treinta y cinco granadas de 15,5 cm, sin conseguir todavía el derrumbamiento del torreón.
A las 18:00 horas llegó de Madrid un trimotor enemigo que bombardeó el Alcázar, arrojando diecisiete bombas, algunas de cincuenta kilos, causando desperfectos en las puertas de la galería del Patio Principal. El bombardeo duró cuarenta y cinco minutos.
Por la mañana, a las 11:30 horas, varios falangistas efectuaron una salida, resultando muerto el falangista Maximiliano Flink, quedando su cadáver en un punto muy batido. Salió a recogerlo su compañero Godofredo Bravo, que murió en el cruce de calles, igualmente en un lugar muy batido. Un tercero, José Canosa, logró atar el cadáver del primero, y un cuarto, José Berzosa, retiró el del segundo, quedando el de Flink pendiente de retirada nocturna para evitar mayores bajas. Se distinguió notablemente en estas operaciones el falangista José Conde, que resultó herido.
Sobre las 22:00 horas salieron los falangistas a retirar el cadáver de Flink, logrando hacerlo valerosamente en medio de un nutrido fuego enemigo, que mostraba gran empeño no solo en impedir la retirada del cadáver, sino también en apoderarse de él.
El “paqueo” durante la noche y la madrugada fue bastante intenso por el frente sur, lugar donde habían caído los falangistas por la mañana.
Los ruidos subterráneos continuaron oyéndose con mayor intensidad.
Bajas en este día: cuatro muertos y nueve heridos.
El resto del día transcurrió con tranquilidad.
A las 22:30 horas, desde las casas del frente sur, un parlamentario, el Comandante Rojo, solicitó una entrevista con el Coronel, la cual fue concedida para las 9:00 horas del día siguiente, otorgándosele toda clase de garantías.
Bajas en este día: tres heridos.
Trajo condiciones de rendición que, como todas las anteriores, fueron rechazadas. Ante esta negativa, formuló amenazas de estrechar al máximo el cerco, el bombardeo y el asedio por todos los medios.
A las 10:45 horas comenzó el fuego de artillería de todos los calibres, teniendo las piezas de 15,5 cm como objetivo la fachada norte, en su parte occidental y el comienzo de la 2ª Compañía, disparando treinta y cuatro granadas.
A las 16:10 horas se presentó una escuadrilla de tres aviones que arrojaron bombas sobre el Cerro de los Palos, la Cuesta del Alcázar y una sobre el torreón noroeste, que no llegó a explotar tras atravesar el techo y dos pisos. No pudo determinarse con exactitud si se trataba de aparatos enemigos o propios, aunque por la altura de vuelo, el modo de bombardear y los objetivos batidos, la mayoría opinó que eran aviones de los nuestros. Evolucionaron hasta las 16:55 horas.
A esa misma hora volvieron a romper el fuego las piezas de artillería, disparando sobre los mismos objetivos cuarenta y una granadas de 15,5 cm y unas setenta y cinco de 7,5 cm, prolongándose el cañoneo hasta bien entrada la noche.
La observación acusó la entrada de varios automóviles que, al parecer, portaban reflectores, lo que se confirmó, pues sobre las 21:00 horas se emplazaron algunos que iluminaron todo el Alcázar desde el norte, presumiblemente para efectuar fuego nocturno, como así sucedió.
A las 4:00 horas de la madrugada, y conforme a órdenes del Comandante Militar, se efectuó una salida por elementos de distintas Unidades y Agrupaciones, a las órdenes del Capitán Vela Hidalgo, con el fin de localizar la boca de la mina, lo que no se consiguió. Se entabló fuego con el enemigo, al que se sorprendió durante esta operación, incendiándose varias casas que podían dificultar los trabajos de la mina.
De las observaciones realizadas se deduce que la mina que inicialmente se dirigía al torreón suroeste continúa siendo trabajada con perforadora, suponiéndose que ambas galerías se han enlazado y tengan una misma entrada. Se cree que la persistencia en la primera se deba a que la segunda se encuentra más alejada y que al enemigo le urge alcanzar cuanto antes su objetivo.
Bajas en este día: un muerto y tres heridos.
A las 6:05 horas rompieron el fuego las piezas de 15,5 cm, batiendo la fachada norte y el Patio en su centro y ángulo suroeste, causando bastantes destrozos con las noventa y cinco granadas que dispararon, hasta las 10:45 horas, en que cesó el fuego.
A las 16:55 horas volvieron a romper el fuego sobre los mismos objetivos y no cesaron hasta el día siguiente, si bien, ya entrada la noche, lo hicieron con un ritmo mucho más lento, disparando unas ciento cuarenta y nueve granadas.
A las 20:00 horas el enemigo comunicó desde las casas que ocupaba en el frente sur que el Gobierno había accedido a la petición del Coronel Comandante Militar y que enviaría al Canónigo Vázquez Camarasa para asistir espiritualmente a la guarnición. Se indicó que vendría por el mismo camino que había seguido el Comandante Rojo y que llegaría a la misma hora, permaneciendo un máximo de tres horas, que era el tiempo concedido. El Coronel Moscardó solicitó que fuese un sacerdote voluntario quien permaneciera con nosotros, pero únicamente se accedió a lo anterior.
Bajas en este día: un muerto y trece heridos.
A las 6:05 horas rompieron el fuego las piezas de 15,5 cm y las de 7,5 cm, batiendo la Compañía de Tropa y los Lavaderos, causando grandes desperfectos, así como en el Picadero y el Comedor de Alumnos. A las 9:00 horas cesó el fuego.
A esa misma hora, conforme a lo pactado, apareció por el frente sur, con un crucifijo en la mano y vestido de paisano, el Canónigo Vázquez Camarasa, quien fue introducido con las mismas formalidades que el anterior parlamentario. Durante su estancia celebró la Santa Misa y ofreció la comunión, tras dar la absolución general a heridos y enfermos. A las 12:00 horas se marchó, cumpliendo las formalidades reglamentarias.
Las granadas disparadas durante el día fueron sesenta y dos de 15,5 cm. Durante la noche se dispararon otras doce del mismo calibre, con objetivo en el Patio, sumando un total de setenta y cuatro granadas.
Entre las 19:00 y las 19:15 horas el Comandante Rojo solicitó hablar con el Coronel sobre la evacuación de mujeres y niños, recibiendo una respuesta negativa.
A las 20:30 horas se oyó un intenso fuego de fusilería y lanzamiento de petardos en dirección al Zig-Zag y a la Puerta de Carros, producido por el enemigo ante la alarma de una supuesta salida por nuestra parte.
El resto de la noche transcurrió sin novedad. Las explosiones subterráneas continuaron oyéndose con un ritmo periódico aproximado de tres horas.
Bajas en este día: un muerto y seis heridos.
Los ruidos subterráneos continuaron oyéndose y produciéndose con regularidad.
Todas las familias fueron trasladadas a los sótanos inferiores y a los sótanos este y norte.
La noche transcurrió con relativa tranquilidad.
Bajas en este día: un fallecido y dos heridos leves.
Por la noche, a las 19:00 horas, desde las casas situadas en los alrededores de la fachada sur, se anunció que un diplomático chileno deseaba hablar con el Coronel Moscardó para tratar la salida de mujeres, niños y rehenes que se encontraban en el Alcázar. Se le contestó que no era posible tratar con más parlamentarios y que cualquier gestión debía hacerse por conducto del Gobierno de Burgos, con el que se mantenía comunicación constante, y que la respuesta habría de llegar por medio de los Generales Franco o Mola y con su autógrafo.
No se pudo completar la contestación, ya que al oír la referencia al Gobierno de Burgos realizaron tres disparos contra la ventana e insultaron violentamente a los encargados de transmitir la respuesta del Coronel.
Los compresores dejaron de funcionar, por lo que se procedió a trasladar a los enfermos y heridos a locales más resguardados, de carácter provisional, mientras se preparaban los definitivos. Se desalojaron asimismo los sótanos del frente oeste y las inmediaciones de la escalera.
Bajas en este día: un herido y un contuso.
A las 8:15 horas comenzó el fuego de artillería de ambos calibres contra los objetivos acostumbrados y, con cadencia muy lenta, las piezas de 15,5 cm dispararon treinta granadas hasta las 11:30 horas, momento en que cesó el fuego, no volviéndose a disparar en todo el resto del día.
La enfermería se trasladó definitivamente a los locales más seguros, previendo el caso de que la mina llegase a funcionar.
El día fue de “paqueo” más intenso y, al anochecer, el enemigo lanzó numerosos petardos contra el frente oeste, por las proximidades de la Puerta de Carros y la Puerta de Hierro. Durante la noche se intensificó notablemente el “paqueo” por todos los frentes.
El enemigo, desde San Servando, estuvo cerca de media hora profiriendo insultos y exigiendo que se soltase a mujeres, niños y rehenes lo antes posible, advirtiendo que, de no hacerse, ya sería tarde. Se apreciaba así el gran interés por coaccionar al mando mediante este procedimiento para conseguir lo que de ninguna manera lograrían: la rendición o destrucción de la guarnición.
El Coronel Comandante Militar publicó una Orden para levantar el ánimo de la población, exhortándola a no hacer caso de los bulos propagados por el enemigo, afirmando que nuestras columnas estaban muy próximas y que era preciso resistir hasta la última hora, pues la parte peor del sacrificio ya había sido superada.
Bajas en este día: siete heridos.
La observación acusó el paso de un camión que llevaba a remolque una pieza, al parecer de calibre mediano, que se dirigía por la carretera de Cobisa a Argés.
Los ruidos subterráneos se percibieron perfectamente, apreciándose que el trabajo de la mina continuaba con normalidad, oyéndose periódicamente las explosiones.
A las 12:50 horas, desde el Campamento de los Alijares, donde había sido emplazada la pieza observada —de calibre 15,5 cm—, se abrió fuego contra la fachada este, con preferencia sobre el Paso Curvo y la escalera por su puerta de acceso. El fuego se prolongó hasta las 18:00 horas, momento en que cesó toda actuación de la artillería desde ambos emplazamientos.
La tarde y la noche fueron de intenso “paqueo” y de lanzamiento de petardos contra la avanzadilla de la Puerta de Hierro. Las explosiones de la mina continuaron oyéndose con regularidad.
Bajas en este día: cinco muertos y cuatro heridos.
A las 11:45 horas se oyeron siete explosiones subterráneas, al parecer correspondientes a la mina dirigida contra el torreón suroeste. La otra mina no trabajó durante todo el día.
A las 17:00 horas volvieron a romper el fuego las piezas de 15,5 cm y, con cadencia no muy rápida, lanzaron ciento cuarenta y cuatro granadas hasta las 18:00 horas, momento en que cesó el fuego. Las piezas de 7,5 cm realizaron también algunos disparos.
A las 11:00 horas se presentaron tres aviones de los nuestros que efectuaron un reconocimiento y bombardearon la zona de Zocodover, marchando después en dirección a Ávila. Minutos más tarde aparecieron dos cazas enemigos que evolucionaron sobre los Alijares y se retiraron en dirección a Madrid.
La tarde transcurrió con relativa tranquilidad.
Por la noche, bajo la dirección del Comandante Araujo y con fuerzas de la Compañía de Tropa de la Academia y de la Guardia Civil, se retiraron cuarenta sacos de trigo, de los cuales doce fueron repartidos entre el personal del Alcázar. Durante esta operación desapareció el Teniente don Fernando Barrientos, de la Escuela Central de Gimnasia.
El resto de la noche transcurrió con “paqueo” intenso.
Bajas en este día: un muerto, tres heridos y tres contusos.
La observación de las minas no acusó ruido subterráneo alguno, por lo que se dieron órdenes para el traslado definitivo de mujeres, niños, la Enfermería y la Capilla, quedando instalados de forma permanente en los sótanos del frente norte y anejos, así como en parte del sótano este, dejando únicamente un puesto en las proximidades de la Puerta de Carros, desde donde se enviaba ocasionalmente un observador. La Enfermería quedó establecida en el Parque de Armamento y la Capilla en la sala del antiguo botiquín.
A las 17:00 horas rompieron nuevamente el fuego las piezas de 15,5 cm de ambos frentes. Momentos antes, la observación había acusado el emplazamiento de una tercera pieza de 15,5 cm en el Campamento de los Alijares. Poco después se observó también el emplazamiento de otras dos piezas más del mismo calibre en dicho campamento, que efectuaron un disparo sobre la fachada este para corregir el tiro.
Al anochecer y durante la noche, el “paqueo” fue muy intenso en todo el frente. El motor del compresor volvió a funcionar, aparentemente con la intención de desorientar a la guarnición respecto a la terminación de la mina.
El día terminó sin más novedades.
Bajas en este día: tres heridos.
A las 6:05 horas de la mañana rompieron el fuego las piezas de 15,5 cm desde ambos emplazamientos, con un violento cañoneo contra el frente este de la Compañía de Tropa, el Patio del Alcázar y el frente oeste por el interior. A las 6:30 horas, cuando se habían disparado treinta y seis granadas, se oyó una detonación mucho más fuerte, seguida de una gran cantidad de humo negro que invadió todos los locales, haciendo creer inicialmente que se trataba de un impacto muy cercano. Se comprobó acto seguido que había sido la explosión de dos minas, que derribaron el torreón suroeste y casi toda la fachada oeste, así como todas las casas de los frentes oeste y sur en su mitad derecha.
Inmediatamente se produjo un tiroteo intensísimo en todos los frentes, especialmente en los frentes norte y oeste, anunciando el asalto, que fue rechazado con gran espíritu por todas las fuerzas defensoras. A las 13:00 horas pudo considerarse fracasado el ataque, aunque el tiroteo continuó intenso en los frentes noroeste y sur.
El enemigo, aprovechando los escombros del torreón noroeste y procedente del Zig-Zag, logró coronar esta posición y hacerse fuerte en ella, lanzando granadas de mano por el techo de las galerías y habitaciones del frente oeste. Costó gran trabajo ocupar estas ruinas, al encontrarse todas las escaleras obstruidas y rotas, pero mediante escaleras de mano empalmadas y escalas marinas se consiguió ocupar esta parte, la más peligrosa, capturando al enemigo una bandera que pretendían izar, confiados en su victoria.
Simultáneamente atacaron también por el Corralillo y la Puerta de Hierro, ataques que igualmente fueron rechazados, a pesar de intervenir en la Puerta de Hierro un carro de combate que forzó la verja y apartó los coches que formaban la barricada, viéndose obligado a retroceder ante el empuje de nuestras fuerzas de la Compañía de Tropa y de las establecidas en el Comedor y Lavaderos.
Cuando hacia las 10:20 horas el empuje enemigo comenzó a decaer, volvieron a romper el fuego las piezas de 15,5 cm emplazadas en los Alijares, que hasta las 13:10 horas dispararon setenta y dos granadas. A esta hora callaron las piezas, continuando el “paqueo” muy intenso, sobre todo por el frente sur.
A las 11:00 horas aparecieron dos aviones de los nuestros, que realizaron vuelos de reconocimiento sobre el Alcázar. Poco después aparecieron tres aviones enemigos que también efectuaron reconocimientos y, al retirarse éstos, surgieron otros cuatro aparatos enemigos que realizaron igualmente observación.
El “paqueo” continuó muy intenso y a las 18:30 horas volvieron a romper el fuego las piezas de 15,5 cm de ambos emplazamientos, que con ritmo muy lento batieron sus objetivos habituales. Dado que los caballos y mulos corrían peligro de ser batidos en la cuadra de los Fregaderos, donde habían sido llevados con anterioridad por el mismo motivo, se ordenó su traslado nuevamente a las cuadras de los sótanos laterales a la Piscina.
El fuego de la artillería continuó con ritmo lento. La comida de este día fue distinta a la habitual, por haber quedado inutilizada por la artillería de 15,5 cm la carne de caballo y mulo preparada para ese fin; la primera consistió en arroz con chorizo y bacalao, y la segunda en arroz con judías.
La artillería de 15,5 cm batió la parte oriental del Depósito de Armamento, donde se había instalado la Enfermería y parte del botiquín, por lo que se dio orden inmediata de trasladar a los enfermos a un lugar más seguro.
La noche transcurrió con “paqueo” menos intenso que durante el día. La artillería continuó con ritmo muy rápido, disparando unas setenta y cinco granadas sobre la fachada este, Lavaderos, Paso Curvo, Capuchinos y, de cuando en cuando, sobre la fachada sur por el interior. El total de proyectiles disparados durante la jornada fue de doscientos setenta y dos.
Bajas en este día: trece muertos, cuarenta y ocho heridos y once contusos.
Se produjeron grandes desperfectos en el Paso Curvo, la Puerta de entrada al sótano, la Piscina y el Torreón sureste, llegando a quedar cegado el paso de la Piscina al Paso Curvo, por lo que se comenzó a trabajar para restablecer las comunicaciones del Alcázar con el Paso Curvo, el Comedor de Alumnos y la Compañía de Tropa.
Al encontrarse en peligro el Depósito de Víveres instalado en el Depósito de Armamento, se dio orden de trasladarlo a la habitación que anteriormente ocupaban los productos farmacéuticos en la fachada sur.
Sobre las 7:00 horas, apenas cesó el fuego de artillería, comenzó un intensísimo tiroteo por todos los frentes, dando la impresión de un ataque en regla como el del día anterior; aunque muy nutrido, se observó que procedía desde los edificios que rodeaban el frente. El Corralillo parecía el punto más factible, pero no se lanzó asalto alguno. Las piezas de 15,5 cm habían disparado setenta y cinco proyectiles y las de 7,5 cm cien.
A las 9:30 horas el “paqueo” continuaba, pero con mucha menor intensidad.
Por la Comandancia Militar se publicó una Orden disponiendo que todo aquel que tuviese más de una prenda de abrigo la entregase en el almacén, con objeto de proveer a las fuerzas que realizaban el servicio nocturno a la intemperie. Asimismo, se publicó una relación de distinguidos por su comportamiento en el ataque del día anterior.
A las 13:20 horas rompieron nuevamente el fuego las piezas de 15,5 cm de ambos emplazamientos, lanzando cuarenta y dos proyectiles sobre sus objetivos habituales. Al terminar, se reprodujo el “paqueo”, aunque sin la intensidad de la mañana.
A las 16:45 horas la observación del frente este acusó el paso por la carretera de La Sisla de dos camiones que arrastraban sendas piezas de artillería, sin poder precisar inicialmente su calibre ni características. Poco después se comprobó que se trataba de piezas ligeras de campaña de 7,5 cm.
El total de granadas disparadas por la artillería durante el día fue de ochenta y ocho, causando grandes destrozos en la fachada este, el Comedor, el Distribuidor y los Lavaderos, cuya guarnición, por lo duro y peligroso del puesto, fue relevada por treinta hombres de la Escuela de Gimnasia, Falange y Cuartel de la Guardia Civil, a las órdenes del Comandante Llorente, jefe de aquel sector.
Por la tarde, a las 13:00 y a las 16:00 horas, el enemigo realizó dos intentos de asalto por el Zig-Zag y la Puerta de Hierro. Inmediatamente salieron fuerzas de Falange, Escuela y Guardia Civil, a las órdenes del Comandante Méndez, de Artillería, que efectuaron reconocimientos por dichos puntos, entablando contacto con las fuerzas de Puerta de Hierro y arrebatando al enemigo un fusil, granadas de mano y una bandera roja.
La observación acusó el emplazamiento de dos nuevas piezas en el Campamento de los Alijares, apreciándose que eran contra aeronaves, una terrestre y otra naval, llegando poco después un camión que transportaba cuarenta y cinco cajas de granadas.
El “paqueo” continuó intenso en todos los frentes.
Bajas en este día: cuatro muertos, treinta y un heridos y dos contusos.
El Coronel dio orden de relevar la guarnición de los Lavaderos por fuerzas de los mismos grupos y en igual proporción, relevándose al Comandante Llorente por el Comandante Lecanda. A las 7:30 horas se reprodujo el fuego de cañón y fusilería, batiendo con insistencia la puerta de salida de la Piscina, por lo que el relevo de la guarnición de los Lavaderos no pudo incorporarse a su puesto, al impedirlo las piezas de 15,5 cm, que disparaban con la rapidez y precisión de un fusil contra cualquiera que se asomara por la puerta, sin que fuese posible aprovechar los intervalos entre disparos, por ser completamente irregulares. En algunos momentos aumentó el fuego de fusilería de tal modo que parecía inminente un asalto, que finalmente no se produjo. En esta segunda fase del cañoneo, las piezas de 15,5 cm dispararon doscientos proyectiles.
Sobre las 13:00 horas la observación acusó la presencia del enemigo en el Zig-Zag, ordenándose una salida de la fuerza de maniobra, que rechazó al enemigo, obligándole a abandonar sus posiciones. La gran dificultad residía en la salida por la Piscina, ya que la batería actuaba como si fuera un fusil, disparando inmediatamente al menor movimiento visible, con los consiguientes y enormes destrozos.
Desde la Puerta de Hierro y la 4ª Cuadra se recibieron noticias de que el enemigo hostilizaba con cañones de 15,5 cm y 7,5 cm, además de granadas de mano y petardos, causándoles numerosas bajas. Ante esta situación, el Coronel Moscardó dispuso que resistiesen a toda costa hasta la noche para efectuar una retirada ordenada hacia el Alcázar, debiendo trasladar todos los elementos posibles, destruir los que no pudieran transportarse e incendiar los locales.
Dado el gran agotamiento del personal y la existencia de bastante trigo en la Compañía de Tropa, se ordenó que fuerzas de la Guardia Civil del Alcázar acudieran a retirarlo. El cañoneo continuó sin cesar, con ritmo variable, y hasta las 17:30 horas se dispararon cien proyectiles más en esta última fase, haciendo un total hasta ese momento de cuatrocientos cincuenta proyectiles desde que el fuego había comenzado a las 0:30 horas.
Sobre las 16:00 horas aparecieron varios aviones, tanto propios como enemigos, que evolucionaron a gran altura, retirándose posteriormente cada uno a su destino tras realizar observación y reconocimiento. La artillería continuó disparando con ritmo más lento hasta las 18:30 horas, momento en que cesó, habiendo disparado en total durante el día cuatrocientos setenta y dos proyectiles de 15,5 cm.
A las 19:30 horas quedó todo preparado para la evacuación de la 4ª Cuadra, Santiago, víveres y Fregaderos. A las 20:00 horas salieron los Tenientes Del Pino y Catalán con sesenta Guardias Civiles para retirar el trigo existente en la Compañía de Tropa. A las 22:30 horas se había efectuado, con todo orden y sin novedad, la evacuación prevista, inutilizándose el material que no pudo trasladarse e incendiándose los edificios.
El resto de la noche transcurrió con “paqueo” intenso, pero sin fuego de artillería.
Bajas en este día: siete muertos, un fallecido y cincuenta y siete heridos.
Desde que se reanudó el cañoneo, con ritmo desigual, las piezas de ambos emplazamientos batieron el frente este y, en particular, el único torreón que quedaba en pie, el suroeste, que, ya muy quebrantado por los días anteriores, lograron derribar, quedando sin defensa la Biblioteca de Infantería. Como consecuencia, la fuerza que la ocupaba tuvo que desplazarse, dejando únicamente cubiertos los frentes. Poco antes de la caída del torreón, algunos proyectiles lograron penetrar en la Biblioteca, sin producir bajas.
El fuego de la artillería cesó a las 18:00 horas, habiéndose disparado un total de doscientos treinta y ocho proyectiles.
El “paqueo”, salvo en el momento de la caída del torreón, en que fue algo más intenso, no alcanzó la intensidad de los días anteriores. El resto del día y la noche, hasta las 24:00 horas, transcurrieron con relativa tranquilidad.
Con el traslado de las fuerzas se estudió el nuevo alojamiento de las mismas para lograr una mejor defensa y disposición de los puestos.
Bajas en este día: cinco muertos, un fallecido, veinticuatro heridos y un contuso.
Desde que cesó este fuego de artillería no se produjeron nuevos disparos y, a las 10:40 horas, la observación acusó el traslado de piezas de 15,5 cm, retirándose dos del campamento —una antiaérea y otra del frente norte—, así como movimientos de personal que parecían indicar preparativos de marcha. El “paqueo” era mínimo.
A las 11:00 horas rompieron el fuego nuevamente las piezas de 15,5 cm del frente norte, lanzando unos dieciséis proyectiles, tras lo cual se produjo un intensísimo tiroteo de armas automáticas y fusilería, como si se tratase de la preparación de un asalto. Se tomaron todas las medidas defensivas, observándose que al cabo de una hora el fuego fue decreciendo hasta cesar, para recrudecerse de nuevo poco después y quedar finalmente reducido al “paqueo” ordinario, algo más intenso en el frente norte a causa de la evacuación de Puerta de Hierro. Se detectaron grupos enemigos en el Zig-Zag y en el Comedor de Alumnos, que fueron rechazados.
La observación confirmó que una pieza de 15,5 cm del frente norte permanecía en su emplazamiento, pero que las piezas ligeras y antiaéreas habían sido retiradas, así como dos piezas de 15,5 cm del Campamento de los Alijares, suponiéndose que esta retirada obedecía a la presión ejercida por nuestras columnas en su avance sobre Toledo.
A las 16:00 horas dos cazas enemigos evolucionaron sobre Toledo y, a las 18:00 horas, un trimotor de los nuestros bombardeó Zocodover, el Seminario y los Cigarrales de San Servando, siendo señalado en su vuelo por el enemigo con numerosos disparos de bengalas rojas.
El resto de la tarde quedó reducido al “paqueo”. Por la noche, a las 22:45 horas, se produjo una alarma en el sótano oeste al oírse un derrumbamiento en los escombros de la Puerta de Carros, que se supuso provocado por el enemigo, observándose al mismo tiempo un fogonazo. La tranquilidad se restableció de inmediato.
Bajas en este día: dos muertos, veintidós heridos y cinco contusos.
La observación acusó que las piezas de 15,5 cm que habían quedado en los Alijares habían sido retiradas, sin poder precisarse si de forma definitiva o para cambiar su emplazamiento.
A las 8:00 horas se produjo un intento de asalto por el frente norte, empleando el enemigo fusiles, armas automáticas y un tanque de artillería que, desde el Zig-Zag, efectuó varios disparos sobre la parte alta de las ruinas, con objeto de batir los puestos allí situados. El ataque fue rechazado y, tras una hora de combate, el enemigo se retiró con el tanque.
A las 16:10 horas rompieron el fuego las piezas emplazadas al norte, disparando veintinueve proyectiles que batieron principalmente los escombros acumulados en la Puerta Principal, con la intención de abrir brecha y facilitar el paso al tanque. Algunos proyectiles entraron también en el Patio, sin causar grandes destrozos. El fuego de artillería cesó a las 17:30 horas.
A las 18:00 horas comenzó un nuevo asalto, nuevamente sobre la Puerta Principal y con los mismos medios que por la mañana, aunque con mayor intensidad. Este ataque fue igualmente rechazado, prolongándose el combate hasta las 19:15 horas, momento en que el enemigo se retiró, causándole numerosas bajas.
Posteriormente quedó únicamente un “paqueo” intenso, que fue decreciendo hasta quedar en su nivel normal. El resto de la noche transcurrió con tranquilidad.
Bajas en este día: un muerto, veintidós heridos y nueve contusos.
Durante la mañana hubo nutrido “paqueo” y, a las 10:30 horas, apareció un avión de los nuestros que bombardeó los alrededores de Toledo. A las 10:45 horas rompió el fuego una de las piezas de 15,5 cm emplazadas al norte y, con ritmo muy lento, batió la fachada oeste por el interior, los escombros de la Puerta Principal y la parte superior de dicha fachada, donde estaban instalados puestos de observación, logrando cegar algunos de ellos.
La Orden de la Comandancia publicó ascensos por méritos, premios en metálico y una relación de distinguidos por el comportamiento demostrado en el rechazo de los intentos de asalto enemigo de los días 18, 22 y 23.
A las 12:00 y a las 16:45 horas volvió a disparar la misma pieza, con idéntico ritmo y sobre los mismos objetivos, efectuando en total treinta disparos. Al cesar la artillería, el “paqueo” disminuyó y, aunque no fue muy intenso, resultó molesto, especialmente en los frentes oeste y norte.
La observación acusó poco movimiento de personal enemigo. Por las informaciones capciosas de Unión Radio se supuso que nuestras columnas se encontraban muy próximas, pues desde hacía varios días se ignoraba su situación exacta, al no poder captarse con claridad Radio Club Portugués ni Radio Italia. Las últimas noticias de estas emisoras situaban a nuestras fuerzas en Santa Olalla, Maqueda y en las proximidades de Torrijos.
En la emisión de las 22:30 horas de Radio Club Portugués se pudo captar que Yagüe, con su columna, había pasado Torrijos, tomando Barcience y Rielves, y en una emisión posterior se indicó que las fuerzas estaban cruzando el Guadarrama. Estas noticias elevaron notablemente el espíritu de la guarnición, aunque éste nunca había decaído, pues desde el principio todos estaban dispuestos a no rendirse, prefiriendo morir antes.
Bajas en este día: doce heridos y un contuso.
Las noticias de la radio continuaron siendo excelentes, acusando un gran castigo infligido al enemigo. Se vivían ya los últimos momentos de este asedio, sostenido con tanto sacrificio y espíritu por parte de todos.
Al avanzar la mañana, tres aviones de los nuestros bombardearon dichas baterías y, acto seguido, las baterías de nuestra columna las localizaron, corrigiendo el tiro sobre ellas y neutralizándolas. Al mismo tiempo se observó a numerosas personas que se retiraban por la carretera de Ávila, tanto a pie como en camiones, siendo batidas por nuestra artillería, lo mismo que los camiones de la batería enemiga, que se vio obligada a abandonar sus posiciones.
Sobre las 13:00 horas se observó al enemigo marchando por la carretera de Madrid en dirección a Bargas, suponiéndose que nuestras fuerzas intentarían cortar dicha carretera a esa altura, cerrándoles la retirada a las fuerzas próximas a Toledo y, en particular, a las piezas de 15,5 cm emplazadas en Pinedo, que hasta ese momento no habían efectuado un solo disparo. A las 15:00 horas se vio regresar al enemigo que había iniciado su marcha hacia Bargas.
La observación acusó gran concentración de personal enemigo en las cercanías de la Plaza de Toros, así como numerosos vehículos. Desde el sector de Ávila continuó la retirada de fuerzas por la carretera, siendo batidas por nuestra artillería. Las dos baterías enemigas que habían sido acalladas por las de nuestras fuerzas fueron retiradas de sus emplazamientos.
A las 17:00 horas sobrevolaron los alrededores de Toledo, en dirección a Ávila, tres trimotores de los nuestros y una escuadrilla de cinco cazas. La tarde concluyó sin variaciones visibles en las posiciones enemigas.
La noche transcurrió tranquila, pues el “paqueo” no fue muy intenso.
Bajas en este día: un muerto, doce heridos y un contuso.
Al amanecer se observó una batería enemiga emplazada a media ladera cerca de la casa del guarda, así como enemigos a caballo a la misma altura sobre la carretera, sin verse personal alguno ni enemigo ni propio en la cresta. La observación acusó durante la madrugada un gran movimiento de coches entre Toledo y Madrid en ambos sentidos.
A las 7:00 horas se oyó un intenso cañoneo y se observaron algunas explosiones producidas por las baterías de nuestra columna. El día fue transcurriendo con “paqueo” que en algunos momentos aumentó de intensidad, pero que volvía enseguida a su ritmo lento habitual.
Sobre la marcha de las operaciones de nuestra columna no fue posible consignar datos concretos, al ignorarse los propósitos del mando y no poder observarse desde el Alcázar el punto exacto donde se desarrollaba la acción, que se suponía tendría lugar una vez cruzado el río Guadarrama, avanzando en dirección a Bargas para ocupar las alturas que dominan la carretera de Madrid y la entrada a Toledo.
En los emplazamientos de las baterías enemigas sólo quedaban dos piezas, que al parecer disparaban en dirección a Bargas. Se observó claramente cómo un avión de caza enemigo abatió a un trimotor de bombardeo de los nuestros, arrojándose con paracaídas los cuatro tripulantes, sin poder precisarse el lugar exacto donde tomaron tierra.
Durante todo el día se oyó el cañoneo lejano, confirmando la creencia de que la operación principal consistía en tomar Bargas. Al anochecer, una batería enemiga emplazada en las proximidades de la carretera de Bargas con la de Madrid disparó en dirección a Bargas, reforzando aún más dicha suposición.
El resto del día transcurrió con “paqueo” no muy intenso.
Bajas en este día: un muerto, seis heridos y un contuso.
Inmediatamente después de la explosión y del cañoneo comenzó un intento de asalto, que, como en ocasiones anteriores, fue rechazado con gran espíritu. Sobre las 7:00 horas, cuando el fuego había decrecido, se observó en la Puerta Principal una gran columna de humo negro y llamas que se elevaban verticalmente, sin llegar a penetrar en el Patio, como era el propósito enemigo. Dichas llamas fueron producidas por el incendio de la gasolina arrojada con una bomba. El tiroteo volvió a intensificarse y este nuevo intento de asalto fue nuevamente rechazado.
La observación acusó que por el horizonte, en dirección a Bargas, se veían ya las guerrillas de nuestras columnas avanzando sin gran resistencia. Al distinguirse claramente los mandos de sección a caballo, se supuso fundadamente que se trataba del Tercio y de Regulares, corroborado por su perfecta formación en orden de combate.
La artillería de nuestra columna batió la Plaza de Toros y posteriormente las lomas de Pinedo, donde estaban emplazadas las piezas de 15,5 cm, que, apenas terminado su fuego, abandonaron el emplazamiento. Se dio orden de izar la bandera bicolor en las ruinas del Torreón noroeste y, en cuanto fue vista por el enemigo, éste intensificó notablemente su fuego.
Se adoptaron disposiciones para establecer contacto mediante heliógrafo y radio con nuestra columna, que continuaba avanzando, al parecer sin gran resistencia, muy próxima ya a la Dehesa de Carrasco. En los mensajes se les saludó y abrazó, comunicándoles que se resistía bien.
A las 10:50 horas se oyeron una serie de detonaciones subterráneas por las calles que circundan el Alcázar, suponiéndose que se trataba de las fogatas preparadas por el enemigo en los alrededores para el caso de una salida nuestra. Al mismo tiempo, nuestros aparatos bombardearon los alrededores del Alcázar y la zona de Santa Cruz.
A las 12:00 horas se vieron ya perfectamente las guerrillas de nuestra columna por las lomas que dominan el Cementerio, marchando hacia la Fábrica de Armas, sin apreciarse que recibieran fuego intenso. El Coronel Moscardó dispuso que, por conducto de los rehenes, se enviasen cartas a los dirigentes de Toledo, comunicándoles que en nuestra salida se respetarían sus familias, siempre que ellos hubiesen respetado las nuestras y las continuasen respetando hasta el último momento. Contestaron que las familias se encontraban bien y no habían sufrido daño alguno, aconsejándoseles por nuestra parte que se marchasen o rindiesen para evitar luchas fratricidas en las calles de Toledo. Aseguraron que respetarían a nuestras familias, siempre que el Tercio y los Regulares no cometiesen los desmanes que, según afirmaban, venían produciéndose en otros lugares. Todo ello fue comunicado a nuestras columnas.
El cañón de montaña de 7 cm, que estaba emplazado en el sótano frente a la Puerta de Capuchinos, fue trasladado a la Biblioteca de Caballería, desde donde se batió el camino de Algodor y la carretera de Mocejón, por donde el enemigo se retiraba. A las 16:00 horas se observó en el Cerro de los Palos un cañón disparando en dirección a la Fábrica de Armas, que fue retirado inmediatamente después por la carretera de Navalpino.
A las 17:00 horas tres trimotores de bombardeo de los nuestros, protegidos por cinco cazas, volaron sobre el Alcázar bombardeando diversos puntos de Toledo. En ese momento, la columna de nuestras fuerzas se encontraba ya sobre San Eugenio y la Pista de Caballería. A las 18:30 horas la observación avisó de la presencia de Regulares en Zocodover y en la explanada norte. Una vez identificados, un Teniente con un pelotón atravesó los escombros, llegando después sucesivamente el resto de su Compañía y la 5ª Bandera del Tercio, que pernoctó en el Alcázar.
Por la noche se consiguió establecer comunicación por señales luminosas con el General Varela, quien saludó y solicitó datos destinados a informar al General Franco y a los periodistas que acompañaban a la columna. Durante toda la noche no se oyó un solo disparo.
Bajas en este día: dos muertos, treinta y nueve heridos y dieciocho contusos.
Sobre las 10:00 horas entró el General Varela, que recorrió todas las dependencias del Alcázar. Un sacerdote que venía con la columna celebró la Santa Misa en los sótanos.
La Plana Mayor se trasladó al Hotel Castilla, donde comenzaron los trabajos de organización de la capital en sus distintos aspectos, labor que posteriormente se extendería a toda la provincia.
Bajas en este día: tres muertos, seis heridos y un contuso.

Los artículos del 18 y 19 de Julio son idénticos. Supongo que por error.
Gracias…por supuesto que un error. Muchas gracias por el aviso